CANCION DE CUNA
CAPITULO 04
ADAPTANDOSE A LA NUEVA VIDA
Parte 02
Habían pasado tres días desde que Rebeca había sido adoptada. Terrence esperaba por Becky fuera de la escuela, Había avisado a Robert Hataway, director de la compañía que saldría ahora un poco mas temprano, el veterano actor no podía negarle nada a su estrella predilecta que a pesar de su carácter explosivo, llenaba todos los teatros en los que se presentaba.
-¿Qué tal la escuela preciosa? – Terry abordo su auto, después que la niña hubo tomado asiento.
-Aburrido – La niña bostezo – Sobre todo esa maestra que habla raro.
-¿Cuál maestro que habla raro?
-Esa que dice, OUI OUI – Terrence se carcajeo
-Te refieres a tu maestra de francés
-Esa, en mi otra escuela no me daban esa clase, tampoco cantar ni tocar ese gran instrumento con domino.
-¿Domino? – Soltó otra carcajada - ¿Te refieres al piano? ¿Es que no te gusta?
-Me gusta más la guitarra – Expreso Becky – Papa tenía una guitarra y con ella nos cantaba a mama y a mí, todas las noches. Cuando el murió, mama la guardo en el baúl de los secretos, pero yo la sacaba algunas veces, me imaginaba que papa estaba allí, enseñándome a tocarla – La niña suspiro profundo, mientras miraba con melancolía a su alrededor.
Era curioso – Pensó el actor – La niña no aceptaba la muerte de la madre, sin embargo si la del padre.
-¿Usted tiene papa, Señor? – La pregunta lo tomo por sorpresa.
-Si, pero el vive en Inglaterra – Explico
-¿Lo ve seguido? ¿Cuando lo visita? – Interrogo Becky
-Nunca – Miro hacia el otro lado tratando de dar por terminada la conversación. Pero si Becky había heredado algo del carácter de su madre, era su terquedad.
-MmmH ¿Inglaterra esta lejos? – Ella no sabía nada de geografía.
-Aja, tienes que cruzar todo el mar para llegar allá – La niña abrió grande la boca. Cruzar todo el mar era como ir a luna se dijo Becky, seguramente para cuando uno llegara allí ya seria viejito.
-¿Tan lejos? ¿No lo extraña? – No cabía duda, la niña era muy parecida a Candice.
-A decir verdad, yo no me llevo muy bien con mi papa – La niña lo miro como si hubiera dicho una palabrota.
-¿pero porque? Los papas son muy buenos – Defendió Becky – Cuando papi vivía, no nos faltaba nada, nos compraba cosas bonitas a mami y a mi, nos llevaba a comer helado y patinar en el hielo, me enseño a hacer piruetas – Los ojos brillaban con luz propia, el rostro se le ilumino con una hermosa sonrisa infantil mientras continuaba con su relato – Mama siempre estaba feliz y decía que papa era su príncipe azul. Papa decía que mami era su cenicienta ¿Sabe el cuento de cenicienta señor? –
Terrence tenía la vista clavada en la carretera, pero parecía en otro mundo por la inflexión de sentimiento en su mirada. De manera que Becky volvió a llamarlo. Como de nueva cuenta no le hizo caso zangoloteó su brazo y le grito fuerte su nombre.
-Sr. Grandchester!!!
-¿eh si? Vive muy lejos – Le sonrió
-Sabe señor, usted me recuerda a mi mama – La niña asentó muy bien sus palabras con los gestos de mano y cara – Ella también se distrae con mucha facilidad.
-Disculpa pequeña, yo solo, estaba pensando en que hoy vendrá tu abuela a conocerte
-¿Tengo una abuela? – Pregunto la niña con emoción
-Así es, y no es cualquier abuela, es Eleanor Baker, la dama más bella de todo New York, no te la habíamos presentado porque estaba de gira, ya veraz que te gustara.
-¿Y usted cree que yo le guste a ella? – Pregunto con algo de preocupación, cosa que le pareció muy graciosa al caballero.
-Estoy seguro de ello….
Candice se detuvo frente al edificio. Varios Policías entraban y salían por la puerta. La joven mujer se adentro al lugar con paso decidido. Pudo notar como varios pares de ojos masculinos, la seguían en su andar.
Ella se sabia bonita, su esposo se lo había dicho tantas veces, que había terminado convenciéndola, pero no le daba la mayor importancia. En realidad Candy pensaba que lo que realmente hace bella a una persona se encuentra en el interior. A su mente vinieron imágenes de Elisa Leegan.
De soltera la pelirroja siempre había llamado la atención por sus ojos castaños y su abundante melena, era bonita de cuerpo. Pero desgraciadamente tenía el alma negra. Había terminado casándose por conveniencia con hombre muy rico, sin embargo, como su matrimonio estaba basado en la avaricia y no en el amor, las dificultades que siempre trae consigo el matrimonio había terminado socavando su relación y el hombre se había divorciado de ella en tan solo tres años.
De ese matrimonio había un hijo de por medio, al que siempre se le miraba triste y callado, el hombre solo le daba la manutención para el muchachito y su madre le recriminaba casi a diario su impotencia para retener a su marido.
Elisa, que no tenia la fuerza interior necesaria para salir del bache, se había hundido en la depresión, y para aliviarla se había refugiado en el alcohol, esto solo le había traído problemas, en dos años, su estilizada figura, de la cual había estado tan orgullosa y tanto presumía se había perdido, Su fortuna socavada hasta el colmo, Archi no había querido ayudarla, alegando que el no mantendría los vicios de su prima, pronto sus antiguas "amigas" la habían abandonado y Elisa Leegan había quedado sola en el mundo.
Candice en su buen corazón le perdono todo he incluso había querido ayudarla, pero la orgullosa pelirroja la había corrido diciendo que la culpable de todas las desgracias de su vida era ella, la rubia bonita a la que habían contratado para ser su dama de compañía. Candy no volvió jamás a buscarla, sabia que eso seria inútil.
Cierto día, poco antes de la muerte de su esposo, Candy caminaba rumbo al parque con Rebeca de mano, cuando en uno de los titulares leyó el sugestivo anuncio "Distinguida dama de sociedad se quita la vida" Una foto debajo del epígrafe le decía a Candice que Elisa no había podido soportar la presión de la vida. Una tristeza enorme inundo su pecho, pero ya nada podía hacer por la que alguna vez fuera su patrona de infancia
La mujer miro a su alrededor, la jefatura estaba llena de gente que pedía ayuda, una mujer golpeada y aun sangrante, gritaba diciendo que era la cuarta vez que su marido le pegaba. Otra por allá alegaba que había sido victima de una violación, un policía la empujo mientras llevaba esposada a una mujer de la calle, Un hombre suplicaba ayuda para encontrar a su hijo, que había desaparecido.
El corazón le latía de prisa.
Nadie va a ayudarme aquí – Pensó ella mientras contemplaba la catastrófica escena a su alrededor y estrujaba su bolso con fuerza.
-Esta bien, señora veremos que se puede hacer- Decía un oficial a una mujer que lloraba desconsolada.
-Disculpe – Trato de llamar la atención de un policía que pasaba pero el hombre ni siquiera la miro, la paso de largo. Se acerco a una ventanilla.
-Señor necesito que…
-¿Que tipo de delito es? – Pregunto el hombre sin mirarla, demasiado concentrado en unos papeles en sus manos. - ¿Usted lo cometió?
-¡No! – Exclamo ella, sintiéndose repentinamente muy incomprendida – Quiero poner una denuncia, han secuestrado a mi hija pequeña de…
-Los secuestros son el la ventanilla 03 - El hombre dio por terminada la conversación y Candice, miro hacia donde le habían indicado, la fila era muy pero muy larga. La rubia tomo un lugar, esperando su turno…
-¡Susana, estamos en casa! – Terry Y Becky entraron al recibidor. No hubo respuesta. Terry suspiro con frustración.
-Esta casa es muy grande – Señalo la niña – Tal vez esta en la habitación mas lejana.
-Tal vez, O tal vez finja no escuchar – Se dijo a si mismo, conocía demasiado bien a su mujer y después de lo que había pasado la noche anterior la joven rubia lo trataría con frialdad, estaba seguro.
Sin embargo no le importaba, por el mejor si no escuchaba su chillona voz, era solo que Becky no estaba acostumbrada a ese tipo de relaciones en un hogar, por lo que había Escuchado de la niña, su familia era amorosa y tranquila, no obstante el y Susana…
-¡Que bien que llegaron! – La mujer Salio de la cocina con las manos llenas de merengue – Pensé que llegarían mas tarde. Terry, pensé que irías por Eleanor.
-No, ella dijo que vendría por si sola, tenia algunos negocios que atender.
-Entiendo – Dijo Susana. Becky miraba la escena un poco extrañada, ¿es que no todos los esposos besaban a sus esposas al llegar a casa? Tal vez esa norma solo era para su papa y mama.
-¿Por qué tienes merengue en las manos? – Pregunto el con frialdad. Tomando el periódico que estaba abandonado en uno de los sillones, con una actitud que decía, no me importa la respuesta, solo no quiero el silencio delante de la niña.
-Bueno – Explico la mujer con una sonrisa fingida – Es que he preparado un delicioso pastel para Becky, ¿Te gusta el pastel Becky?
-Si, sobre todo el de fresas que hace mama – Señalo la niña con ojos brillantes.
-Ah si tu mama… Bien pues este que te hice esta delicioso, si hay algo que disfruto mas que el teatro – Explico la mujer a la niña, ya que el hombre no le prestaba la mas mínima atención – Es cocinar.
-¿Sabe cocinar muchas cosas ricas?
-Muchísimas, ya veras que de ahora en adelante vas a comer riquísimo, generalmente no cocino, ya vez que no puedo moverme con mucha libertad debido a la falta de mi pierna – Lo dijo mirando de reojo a Terry, quien endureció el rostro, sabiendo que era la sutil manera de restregarle en la cara que ella había perdido la pierna por salvar su vida. – Pero veremos que hacer, o por lo menos cocinaré una vez a la semana solo para ti. - Por respuesta la niña sonrió.
-Becky – Hablo Terry – Ven aquí. Mira estas ilustraciones – Extendió la mano y la niña corrió hacia el, trepando al sillón donde el se había sentado y mirando el dibujo que el le señalaba. Pronto Susana se vio privada de la atención de la niña.
-¡Que lindo! ¿Qué es? – Pregunto ella, muy junto a su padre adoptivo quien el paso un brazo por la espalda. La niña era una dulzura y aun cuando el sabia no era su papa realmente, se sentía como tal.
-Se llama Koala y vive en Australia un país muy lejano.
-Parece un muñeco de peluche – Observo ella
-Pero en realidad es un ser vivo, como tu y como yo – Le explico el omitiendo deliberadamente a su esposa.
-¿Y como Susana?
-Si también como ella – Dijo sin querer pronunciar el nombre – Algún día cuando seas mas grande iremos a Australia, solo tu y yo – Prometió el.
-¿Susana no ira? – La mujer los miro con ojos fijos, el le regreso la mirada fría, la niña lo percibió.
-No – Dijo secamente – Ella esta atada a esa silla de ruedas y por tanto no puede viajar, pero estoy segura que estará feliz porque nosotros lo haremos, claro que traeremos algún presenta para ella ¿Cierto querida? – A este punto no pudo evitar sentirse menospreciada, pero sabía que era la manera de contestar sus indirectas.
Terry nunca la atacaba abiertamente, siempre usaba esa cortesía tirante con ella, Cuando estaba de mal humor, la agredía de esa manera sutil, al principio no se había percatado, pero al paso de los años, se había dado cuenta inevitablemente.
Nunca demostraba su enojo abiertamente, pero ella pensó en ese momento, que era mucho mas tolerable escucharlo gritar y perder los estribos pues así le demostraría que para bien o para mal en algo le importaba, no obstante su conducta solo decía que ella no era tan importante como para desplayar su especial carácter, se pregunto entonces si acaso con Candice lo hizo alguna vez, los celos hicieron acto de presencia pero tuvo que tragárselos pues el hombre no solo ya no le prestaba atención sino que esta estaba toda dirigida ala niña rubia de ojos verdes que sentada muy junto a el miraba el libro de ilustraciones de animales que el había comprado para la pequeña.
En medio de sus meditaciones silenciosas, escucho al mayordomo anunciar a su famosa suegra, quien había sido invitada a pasar la tarde con la familia.
Donde quiera que iba encontraba solo negativas, después de hacer su denuncia en la jefatura de policía, Candy se había hecho a la tarea de encontrar empleo, no había sido fácil lo primero y lo ultimo estaba resultando ser todo una pesadilla.
Con su vestido a media pantorrilla, ese que parecía flotar con sus movimientos, maquillaje leve y el cabello recogido en un rodete, hacia entrevista tras entrevista, pero los entrevistadores parecían más interesados en la sensual boca que en el currículo impecable de la dama.
-¡Esto es inaudito! – Se dijo entonces que la belleza física solo traía problemas, todo había sido por culpa de su figura estilizada – pensó con algo de enojo – Si tan solo fuera fea y arisca, Neel Leagan no hubiera tenido la mala idea de encapricharse conmigo y mi niña estaría en casa, sana y salva – Sus ojo se tornaron melancólicos - y tal vez no batallaría tanto para encontrar el trabajo que tanta falta me hace.
Se sentó en una de las bancas del parque pensando en que hacer, todo estaba de cabeza y ella parecía no encontrar solución a ninguno de sus problemas.
-Charles, si tan solo estuvieras aquí, se que tu sabrías que hacer – Pero el hecho era que no estaba y ella solo contaba consigo misma para ayudarse. Una lágrima rodó por sus rosadas mejillas.
Candy se levanto lentamente, visitaría el ultimo hospital que había subrayado en la larga lista de su cuaderno…
-Y este se llama Canguro – Explicaba Becky a la bella dama que le miraba divertida.
-¡Qué bien! Eres una pequeña muy lista, además de agradable, ¿pero dime este que es? – Pregunto ella señalando un animal con cuerno en la nariz. – La niña lo miro fijamente mientras hacia un gracioso gesto que divertía a los presentes. Miro a Terrence con dinamismo.
-¿Cómo dijo que se llamaba este? – Le mostró la página.
-Rinoceronte – Dijo el con una sonrisa deslumbrante
-Ah si, eso, Rino-rino – Lo miro de nuevo - ¿Rino que? – El hombre y la dama volvieron a reír. Susana les miraba seria.
-Rinoceronte – Explico la dama con una mirada azul tan bella como la de su hijo.
-Usted no es como todas las abuelas – Se atrevió a señalar la niña con mirada seria después de pensárselo un minuto.
-¿A no? Y ¿Cómo se supone que son todas las abuelas? – Pregunto más que divertida, curiosa. Sabía que los niños eran sinceros e impredecibles. Aun recordaba a su pequeño Terrence, quien más que impredecible, era imprudente. Le dio una mirada fugaz a su único retoño.
-Pues son viejitos y arrugaditos, tosen mucho y tienen el pelo blanco blanco – Explico Becky con voz dulce y gestos al hablar – Además no pueden caminar bien, mucho menos correr y hablan muy chistoso, mama dice que porque no tiene dientes, y son panzones como el abuelo de Steve. El señor Thomas.
-¡Ya veo!
-Y usted es muy diferente, es muy bonita, y no habla raro ni tose, además no tiene estomago. – Terrence soltó una carcajada igual que Eleanor. Susana la reto.
-Becky esa no es manera de hablar cielo, y menos a alguien mayor como tu abuela. – La niña se puso roja como betabel, pero Terrence salio a su rescate.
-Vamos Susana, es solo un comentario inocente y no le veo lo malo a que lo exprese – Le aclaro con enojo – No quiero una ñoña boba, deseo una hija que pueda expresarse con libertad.
-¿Con la misma libertad que lo haces tu? Porque lo haces muy bien – Contraataco la rubia con rabia. Le estaba restando autoridad y Becky también era suya. – Aunque a veces querido rayas en lo grosero.
-pues lo ciento por el que se sienta ofendido – Le dijo con mirada penetrante – Así soy yo, y me gusta ser así, no me ando por las ramas con falsas adulaciones, no soy un hipócrita como otros – Le dijo con toda la intención de aventarle el saco
-Ser cortes, no es ser hipócrita – Recalco Susana – Hay manera de decir las cosas, Terrence y estoy segura que…
-Por favor – Medio Eleanor – No he venido aquí para escuchar sus pleitos tontos, he venido aquí para festejar a mi nueva nieta, una niña dulce que han tenido a bien acoger. Susana, los comentarios de Becky no me han molestado en absoluto – Señalo con voz dulzona – Todo lo contrario, me han alagado. – Acaricio la cabeza de la niña y la miro con bondad mientras que esta le regresaba una sonrisa abierta.
Candy entro arrastrando los pies a la habitación. No le preocupo que su estomago le pidiera a gritos ser saciado. Se lanzo a la cama quedando boca arriba. Había conseguido empleo en una clínica en el centro de la ciudad, se dijo que la paga no era muy buena y con los altibajos de la economía las cosas irían peor, así que trataría de ahorrar lo más posible. Aunque la verdad iba a ser imposible, sobre todo si contrataba al investigador privado.
Apenas tenía en New York dos días y parecía escasear el dinero. Un trabajo de medio turno era lo que necesitaba y por lo pronto lo había encontrado. No debía ser quejumbrosa, debía agradecer a Dios por la ayuda.
-Mañana empiezo en mi nuevo empleo – Susurro imperceptiblemente – Hacer el aseo en la clínica no era precisamente lo que esperaba, pero bueno, por algo se empieza y además ahora no estoy para ponerme los moños, será un turno de medio día y el demás tiempo, lo usare para buscar a Becky.
Recordó entonces la negativa que había recibido del periódico para poner la foto de la niña.
–Sin paga no hay anuncio, había dicho el estirado hombre a cargo...
-Es una pequeña y esta perdida en esta gran ciudad – alego ella con voz quebrada.
-Lo siento en verdad señora, pero nuestro periódico es uno de los más vendidos y no puedo ocupar un espacio que paga tanto para regalárselo a usted.
-¿pero que tipo de persona es usted? ¿Es que no tiene sentimientos? – Había ella explotado con indignación. El hombre le miro con seriedad antes de decir.
-Soy hombre de negocios y los negocios no aceptan sentimentalismos, así que voy a pedirle se retire.
-La mujer se había ido trinando de allí, no sin antes advertirle que jamás compraría su mugroso periódico – Aunque ella sabía que estaba fuera de lugar.
Candy entendía que el periódico no tenía obligación de ayudarla. Tres de los más importantes de New York habían rechazado su solicitud. Por fin uno le había tendido la mano, aunque no era muy solicitado. De hecho la tirada del mismo no sobrepasaba los 100 ejemplares y encima de eso le habían asignado un lugar en la pagina por demás pequeño he insignificante Candy sabia que no iba a ser de mucha ayuda, pero estaba tan agradecida por este gesto, que se sintió librada de gran parte de la carga que llevaba a espaldas desde el rapto de su hija.
Se dijo que no debía perder las esperanzas, todavía quedaba gente buena que querría ayudarla. Se quedo dormida en la incomoda cama, estaba tan cansada que no se percato del frío que esa noche traía consigo.
-¿Y bien? – Pregunto el hombre al encaminar a su madre hacia el coche. Deteniéndose a medio camino.
-Es una hermosa nena – Aprobó ella – Aunque no se si ayudara a tu matrimonio.
-¿A que te refieres? – La miro extrañado – Creo que la niña nos hará mucho bien.
-¿Realmente lo crees así? Le estas imponiendo una carga muy pesada a la pequeña, solucionar tus problemas conyugales –
-……
-Ambos sabemos que estos no están basados en la falta de hijos, sino en la falta de amor – Dijo ella tentativamente, sabia que a el no le agradaba hablar del asunto.
-Estas equivocada – Hablo por fin tras un largo silencio – Susana y yo nos queremos, tenemos diferentes personalidades, y nos casamos demasiado jóvenes, esa es la raíz del problema, aunado a que nunca pudimos engendrar hijos debido a la frágil condición de mi esposa. - Si que era un buen actor, se dijo Eleanor.
-Me ha dicho que te ha pedido el divorcio – Le informo Eleanor cautelosamente. Sin embargo observo el rubor cubrir el rostro de su hijo, no era de vergüenza se dijo, sino de coraje e impotencia. Sabía que el hombre no toleraba que sus problemas maritales salieran de casa.
-Eso es algo que Susana no debió decirte – Comento con la voz ahogada por el sentimiento – De cualquier manera, debes saber que no tengo pensado dárselo.
-Pero hijo, no seas necio, tu no eres feliz y ella tampoco lo es, si se separaran tal vez…
-Estamos casados porque ella así lo quiso – Dijo sin pensar, siendo ya dueño de el, sus emociones – Ahora que no venga con quejas, de todas maneras con ella y sin ella siempre he sido un infeliz y la única vez que estuve a punto de tocar la dicha total, ella me lo arrebato de las manos, ahora tiene que aguantarse y vivir conmigo como tanto deseaba, sin tan solo no… - Callo repentinamente sintiendo que ya había cometido bastantes indiscreciones para una noche
-Hijo mío, no te hagas la vida imposible, se que estas resentido con la vida por que no obtuviste lo que tanto deseabas… a esa chica.
-Esa chica tiene su nombre – Defendió inmediatamente – Y no permito se le mencione ¿entiendes? No necesito que me la recuerden, ella esta en el pasado.
-¿Por qué entonces adoptaste a la niña?
-¿Cómo dices?
-Terry, cariño, soy tu madre y conocí a Candy, no mucho pero lo suficiente para recordar su rostro – Dijo ella, notando como la sola mención del nombre de la joven, le hacia abrir los ojos y cambiar su actitud de una encolerizada a una melancólica – Solo me basto ver a la niña por un segundo para ver los motivos que tuviste para no querer adoptar ese varoncito del que habías hablado en un principio, si yo lo note, es seguro que Susana también. Ten cuidado o será Becky quien pague las consecuencias – Aconsejo la mayor.
-Por favor madre, Susana será todo lo chantajista que quieras pero nunca maltrataría a la niña solo por tener ojos verdes y cabello rizado.
-¿Quién ha hablado de maltrato? – Pregunto Eleanor al momento que su chofer abría la puerta del coche y ambos tuvieron que callar por la tercera compañía. – Solo digo que piensen muy bien lo que harán, ahora son padres de una dulce pequeña y deben tratar de llevar la fiesta en paz, si no por ustedes, por lo menos por Becky. - El hombre beso la mejilla de su madre y la elegante señora subió al coche para partir a su propia casa.
El hombre miro partir a la mujer en pleno silencio pero con las palabras de la dama retumbando en su cabeza.
(1) Erase una vez en una tierra muy lejana, un pequeño reino pacifico, prospero y rico en romances y tradiciones, aquí en una majestuosa mansión vivía un caballero viudo con su hijita cenicienta, el hombre era un padre cariñoso…
Susana leía el libro que la niña había elegido esa noche, era la primera vez que tenia oportunidad de leer para la pequeña pues su esposo había querido hacerlo desde la llegada de esta a la casa. Se sentía muy emocionada de tener la atención de la niña solo para ella.
Sin embargo el día había sido muy agotador para la pequeña que termino quedándose dormida sin más. Susana interrumpió la lectura. Casi al mismo tiempo unos pasos se escucharon en el pasillo, pronto apareció Terrence en la puerta de la habitación, todo imponente, todo arrollador pensó para si Susana, tenia que reconocer que se había casado con uno de los hombres mas apuestos que jamás había conocido.
-¿Se ha dormido? – Pregunto un tanto desilusionado.
-Si, creo que fueron demasiadas emociones para ella por este día – Susana acaricio su bracito. La niña estaba de lado con el cabello desparramado por toda la almohada.
-Lastima, me entretuve hablando con Eleanor, quería darle las buenas noches – Dijo. Se acerco y beso a la niña en la frente.
Le miro el rostro un poco extrañado. Su madre tenía razón, pensó mirando la nariz un poco respingona de Becky, se parecía mucho a Candy.
-Terry, cariño – Escucho la voz de Susana - ¿podrías llevarme a mi recamara? Estoy un tanto cansada.
-Si claro, vamos. – La tomo en brazos, ella le rodeo el cuello y Terrence llevo a su esposa a su habitación. Cuando quiso soltarla ella lo retuvo.
-Quédate conmigo esta noche – Le miraba profundamente, se dijo el.
-Susana, estoy cansado, tal vez mañana.
-Tal vez mañana, tal vez, tal vez – Ella lo miro profundamente molesta.
-Tu también debes estar cansada – Agrego – Duerme – Y sin mas salio de la habitación que ocupaba la mujer.
Afuera una ligera lluvia empezó a caer, la mujer sintió claramente el frío en su lecho. De nueva cuenta su esposo la había rechazado, ella sabia que no se debía a su defecto físico, y tampoco a que ella fuera fea, pues no lo era, mas bien, Susana sabia que el problema se reducía como siempre a un nombre, a una voz, a unos ojos verdes que ella no poseía. Se debía al amor imposible del actor… Candy.
Continuara….
Notas de Autor:
Lamento mucho el retraso de esta entrega, muchos quehaceres impedían que me sentara ante la maquina a escribir algunas líneas, no se si la semana siguiente será igual, tal vez si. Sin embargo quiero agradecer que sigan esta historia y me den ánimo para continuarla.
Quiero decirle a las chicas que siguen el Compromiso, espero terminar el capitulo que estoy escribiendo esta misma semana. Se me había ido la inspiración y solamente no me venia ala cabeza nada que escribir, a veces me sentaba frente al monitor y me levantaba para dejar el capitulo exactamente igual.
Un beso a todas. Hasta el próximo capitulo.
(1) Entrada de la película, La Cenicienta, versión antigua de Disney.
