Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.
Sí, amo
Siete:
Amargo.
Ella lo veía por todos lados, en todos los lugares. ¿Es que se lo estaba imaginando?
.
Septiembre 18, 2007.
&.
Estaba demasiado concentrada en mis pensamientos como para prestarle atención al maestro Kakashi, quien se adulaba normalmente en la clase de Trigonometría —una de mis odiadas, debo añadir. No me fijé en ningún momento en la pizarra o en las anotaciones que el Sr. Hatake transcribía en ella; y eso era raro en mí. Para ser completamente sincera tenía cierta melodía pegada a la cabeza, y los odiosos números no parecían tener el efecto que yo deseaba: borrar la música, el sonido del piano, de mi mente.
Admito que el maestro me llamó la atención varias veces. Karin me picó con un lápiz la espalda, toda la hora que me sentí miserable entre las notas del piano en mi subconsciente; al parecer, mi «adorada» compañera quería saber algún chisme diario, y yo no tenía ninguno para entregarle.
Cuando la campana sonó, anunciando la hora del almuerzo, fui consciente apenas del molesto ruido que me acompañó por más de cuatro años de estar aquí. Tomé mis cosas lentamente, con ojos vacíos que, claramente, no veían nada más allá de lo evidente. Supuse que desde otro punto de vista debía de verme como la más patética imitación de zombie que pudo existir nunca. Pero, sinceramente, no me importaba.
Después de la tarde de ayer, poco me importaba.
En el momento menos pensado los ojos de Sasuke Uchiha venían a mis recuerdos. Podía revivir claramente el mínimo brillo de sus orbes al momento de hacer contacto con mis ojos. Estaba triste, y por un motivo que yo desconocía, y deseaba más que nada saber. Había sido una mirada tan… íntima, que casi me hacía estremecer de sólo recordarla.
También podía recordar el calor de mis mejillas, el golpeteo rápido y frenético de mi corazón, y la incomodidad del silencio en un cuarto compartido por Sasuke y por mí. Y su melodía, tan triste, hacía mella en mi interior, y no podía dejar de pensar en ella.
Y se me pegaba la melancolía.
«Time… Forgets»
El tiempo olvida.
La verdad no sabía qué demonios estaba pasándome, y me asustaba cada vez más la idea del desconocido sentimiento que me abatía por dentro. Me sentía ansiosa en algunas ocasiones, y mi último pensamiento la noche pasada habían sido los abatidos y tristes ojos de Sasuke Uchiha en el cuarto del piano.
Resultó que la persona quien tocaba la puerta ayer por la tarde era Mikoto, que acaba de llegar del mercado. Cuando la vi atravesar la puerta, aproveché de romper el contacto visual con Sasuke; y la verdad es que ya me sentía bastante cohibida por sus penetrantes ojos negros —que cada vez me gustaban más. Estoy casi segura de que, cuando me fui, lo vi sonreírme torcidamente —sí, esa sonrisa que también me gustaba, peligrosamente, demasiado—, y mi corazón, sin razón alguna, salió disparado, al igual que mis pies, yendo a ayudar a Mikoto con las bolsas. Él, por su parte, se quedó ahí, en el taburete del piano, y comenzó a tocar una melodía que nunca antes había oído. Y fueron, aproximadamente, los veinte segundos más melancólicos de mi vida; pero se detuvo ahí, al inicio, justo cuando la melodía ya se había pintado de esperanza y dulzura. Sasuke se levantó del piano, y se fue escaleras arriba —hacia su cuarto, deduje—, sin decir ni una palabra.
Salí a trompicones del salón que ya casi estaba vació. Abracé mis cuadernos contra mi pecho, y caminé viendo solamente el suelo, que cada vez se me hacía más y más interesante. Las pequeñas piedras de colores hacían deformes mosaicos artísticos en el centro de las baldosas del instituto; las miré embelesada, como si fueran lo más hermoso que jamás haya visto. Una pequeña piedra, del tamaño de mi uña, quizás, era de un color gris oscuro, casi ónice; no pude evitar el pensar en él. También habían ciertas azuladas, rayando en el azul oscuro. ¿Para qué mencionar que su cabellera era, más o menos, de ese color?
Definitivamente, el destino me jugaba malas pasadas siempre que necesitaba estar tranquila. ¡Por el carajo amor de Dios! ¿Puedo estar tranquilamente un día sin tener a Sasuke Uchiha en mi cabeza?
Suspiré pesadamente, y al momento de cerrar mis ojos, choqué con otra persona.
—Lo siento.
Mi pregunta, anteriormente formulada, se podía ir al diablo.
Había dos cosas en esto, era algo así como «la noticia buena y la mala».
Empecemos por la mala. Desde ayer a la tarde, no sé desde qué hora, pero ya se había puesto el sol; desde que Sasuke Uchiha me había dejado delante de mi casa, se había despedido y después largado en su estúpido y flamante Volvo; desde que di un paso en mi casa, no había podido sacarlo de mi cabeza. Sus ojos fueron lo último que pensé antes de dormir, y, puedo aventurar a decir que soñé con él. O bueno no, no estoy segura, quizás estoy exagerando. En fin, el punto es: ¡Podía verlo en todas partes! ¿Es que acaso ahora el señor-omnipresente también tenía que presentarse ante mí? Y yo que ni quería verlo. Hum. ¡Porque sí, no quiero verlo!
—¿Sakura? —estúpida voz aterciopelada, ¡pero no caeré en tu juego! ¡No!
Y si ahora vamos por la «noticia» buena de esto…
¡La buena noticia…!
Lo bueno de esto…
¿…?
¡Al carajo! ¿Es que nadie ve que no hay nada de bueno en esto? Yo quiero sacarme de la cabeza al chico, y él aparece como si, silenciosamente, me estuviera torturando y diciendo «Saaakuraaa —con tono fantasmal—, nooo me olviides, noo me olviides». Dios, era ridículo. Estúpido Sasuke.
—¿Sakura estás bien? ¿Tienes fiebre? Estás caliente.
Fue en ese momento que me di cuenta de varias cosas. La primera, era que su voz era suave, preocupada, dulce, tal vez un poco conciliadora. No era la voz a la que yo estaba acostumbrada, la fría e indiferente, a veces egocéntrica. No, esta voz era muy parecida a la que mencionó mi nombre el día de mi cumpleaños.
De lo segundo que me di cuenta —y que fue a causa de lo primero— era que mi corazón había empezado a latir rápidamente, y desde que supe que su voz era tan suave como el terciopelo, mi pobre músculo había incrementado su carrera. Me costaba respirar del todo bien, y temía por mi integridad física y mis pulmones, a los que, prácticamente, no les llegaba nada de oxígeno. Nada de nada.
Lo tercero, es que no había levantado la vista del suelo. Sí, no me había dignado a mirarle desde que escuché su voz, desde que me di cuenta de que era él. Y es que ¡maldición! ¿No podía ser cualquier otra persona? De los trescientos y muchos estudiantes del instituto de Konoha, ¿tenía que chocarme cada vez con él? ¿Era ese mi destino? Lo odio, en serio.
Lo cuarto —sí, son muchas cosas—, era que el rostro me ardía, y mucho. No había que ser un genio para darse cuenta de que estaba sonrojada, y que, por ende, estaba caliente. ¿Pero podía alguien tan listo como Uchiha desviarse a vías estúpidas como la fiebre? Sí, sí podía.
Lo quinto —y último, y peor—, era que una de las manos de Sasuke estaba sobre mi frente, midiendo mi temperatura, o eso creo. Lo malo del asunto, era que no me desagradaba para nada el hecho de que su piel tocara la mía; y eso hacía que mi mente trabajara a mil por hora, para asimilar los hechos. Los cinco puntos estaban en mi contra, contando sobre todo a mi corazón, que parecía no cansarse de la alocada y solitaria carrera.
—¡Sakura, estás ardiendo! —susurró, bajito. Sasuke podía ser discreto cuando quería —o cuando lo necesitaba—, y yo dudaba mucho que él quisiera miradas furtivas sobre nosotros. Pero era tarde, porque ya algunos nos miraban raro, si no es que los cotilleos ya habían empezado. ¡Agh! ¡Cómo odio ser el centro de atención!
—Estúpido —mascullé bajísimo, y sé que ni siquiera él pudo oírlo.
¡Sasuke Uchiha era un estúpido! ¡Tan estúpido! Por su culpa todos nos miraban y se susurraban y muchas cosas feas más que no me gustaban.
Pero, lo peor, peor de todo, es que aparecía donde quiera que mi vista se fijaba. Y ya me comenzaba a hartar de eso. ¿Es que acaso me estaba siguiendo?
Y entonces, pasó algo que nunca podré creer que pasó de verdad: Una de las inexplicablemente frías manos de Sasuke me tomó del mentón, y alzó mi rostro para que lo mirara. Dios, ¿él decía que yo estaba caliente? ¡Pero si su sólo tacto me quemaba! Esto era una completa locura. Los ojos negros de Sasuke se posaron sobre mis ojos, observándome detalladamente, como si buscara algún insignificante micro-facción en mi rostro. Su mano seguía en el mismo lugar.
No está para más decir que mi pobre corazón ya casi no podía soportarlo. ¿Qué es lo que me hacía este chico? De un momento a otro ponía mi mente patas arriba. ¡Y yo…! ¡Yo no iba a permitir que el idiota de Uchiha se divirtiera así conmigo!
¡Hey! ¿Qué le parecía tan gracioso? ¿Por qué sonreía?
Oh, no. Es esa sonrisa.
Tipo tarado, de la sonrisa estúpidamente bella. En cualquier otro se vería mejor. Como en… Ah, ¿Lee? ¡Ew! No, Lee no era merecedor de esa sonrisa tan linda. ¡Asco! ¿Por qué ando comparando a otros chicos con este… tipo? Definitivamente necesito un lavado de cerebro, y ya.
Fue en el momento en que me di cuenta que más de algún alumno se había detenido a mirarnos, cuando me digné a abrir la boca. La cercanía del rostro de Sasuke con el mío era peligrosamente escasa. Demasiado escasa. Súper escasa. ¿Y se seguía acercando?
¡No!
—¡Quítame las manos de encim…!
Pregunto, ¿qué es peor? ¿Que todos los alumnos de algún pasillo de tu escuela te queden mirando porque tu barbilla es acariciada por el codiciado capitán de tu equipo de basket, a quien, por cierto, debes una esclavitud de dos meses? ¿O que en el intento de quitar esa mano de tu barbilla le tomes su mano frente a todos esos alumnos que se detuvieron anteriormente a verte, y que cambie el juego y sea él quien te tome la mano?
No había colores demasiado expresivos en mi rostro que llegaran a gritar la vergüenza que sentía en esos momentos.
¡Malditos murmullos! Cállense de una vez.
Esto era su culpa. ¡Iba a golpearlo! ¡Iba a golpearlo, en serio! Mira que venir a hacerme pasar esta vergüenza delante de todos. Sasuke Uchiha sólo quería humillarme, o algo así se me ocurría.
Hice de un puño mi mano libre, ya que la otra se había transformado en una presa entre la suya, y había mandado mil descargas eléctricas dentro de mi cuerpo. Era una sensación agridulce que no podría sacarme de la cabeza. Mascullé un perfecto «Idiota» antes de levantar mi brazo y prepararme para el estruendo sonido del golpe de mi mano contra su mejilla.
Qué mierda que él era mucho más rápido que yo.
Y, carajo, ya no me quedaban manos.
Los murmullos aumentaron, e intenté con todas mis fuerzas de no prestarles atención. Ahora, todo lo que mis ojos veían eran los de Sasuke.
Quien sonrió con mucha satisfacción por un hecho que me fue desconocido. Sentía que me perdía un chiste privado, pero, por alguna razón, no quise saberlo después de todo.
—Hoy —susurró en mi oído cuando inmovilizó mis dos brazos, y, por ende, mi cuerpo— almorzarás conmigo.
Luego levantó el rostro, y se quedó rectamente parado frente a mí. Me soltó con suavidad las manos, fue cuando me di cuenta que tenía los dedos medio acalambrados. Le había sujetado con demasiada fuerza, inconscientemente.
—Pero, por supuesto —dijo, encogiéndose de hombros y restándole importancia a lo que sea que fuera a decir—, me servirás el almuerzo; últimamente me siento cansado.
¿Por qué ponía esas poses tan teatrales y cerraba los ojos como si estuviera recitando algún manuscrito? Este hombre me sacaría de mis casillas muy pronto.
—Vamos —dijo simplemente, cruzándose de brazos tras su nuca y caminando de manera despreocupada.
Me quedé ahí para, preguntándome qué demonios estaba pasando. Tardé unos segundos en procesar la información que mi amo —ah, cómo odio esa palabra— me había entregado. ¿A-Almorzar con él? ¿Sólo con él? ¿Él y yo? ¡Dios, ¿qué hice para merecer esto?!
—¡Vamos! —gritó su voz aterciopelada. Fui consciente de que más de algún chismoso o curioso se dio la vuelta para mirarme, o bien, los que ya se habían detenido a ver la escena estaban más intrigados que antes. Iba a matar a Sasuke, lo juro—. ¡Tengo hambre, Haruno! Andando.
Fue el viaje hacia la cafetería más largo de toda mi vida. Caminé detrás de Sasuke sin decir ni una palabra, y ni siquiera me dignaba a mirarlo. Estaba con el ceño fruncido por su impertinencia y egocentrismo, y nada me haría cambiar de opinión.
Cuando llegamos a la fila para pedir el almuerzo, Sasuke me indicó que pasara delante de él, para que pudiera yo coger la comida que él quería. Esto era de lo más humillante de mi vida; mentalmente me prometí no hacer una apuesta con un castigo como este —tal vez si la oportunidad estaba en que yo ganara, entonces sí lo haría.
Estar en la fila del almuerzo con el capitán Sasuke Uchiha a tu lado era igual que ser el nuevo bicho raro del instituto: todos te miran. Sentía docenas de miradas clavadas en mi espalda, y comencé a tiritar levemente; me ponía bastante nerviosa siendo el centro de una atención inmerecida. Peor, ser el centro de cotilleos sin piedad y susurros crueles.
—Sakura, quiero un trozo de pizza —dijo Sasuke detrás de mí, inclinándose para hablarme al oído. Su frío aliento me hizo estremecer.
—Pues, sírvetelo —escupí. Se me estaba yendo la paciencia.
—No, no —negó Sasuke, moviendo su dedo delante de mí—. Te ordeno que me lo sirvas tú.
Tomé un plato con rudeza, y pedí —nada amablemente— un trozo de la estúpida pizza que Sasuke quería. La cocinera me miró reprobatoriamente ante el confuso mal humor que me dominaba. Claro, ella no sabía lo que era tratar con una bestia como con la que yo estaba tratando; moriría al primer día.
Cuando íbamos camino a cualquier mesa, lo más apartado posible de las demás, rogué; miré de reojo a Sasuke, iba con una estúpida sonrisa en su rostro, se veía casi angelical. Pero sólo casi.
Me miró, y comenzó a reírse por lo bajo. Algo de mi expresión debió divertirlo.
—Eres un… —susurré, pensando en él, claro.
—Humm —murmuró cerca de mi oído—, no es esa la forma en que habla una dama.
—Pues —dije, volteándome violentamente— no hay caballero con el que tratar.
—Me hieres —dramatizó.
—Como si me importara —susurré lo más bajito posible, poniendo los ojos en blanco.
Porque no me importaba. ¡Hum!
Eran las seis de la tarde, y estaba en la casa del Sr. Fugaku. Me encontraba haciendo la tarea de literatura, esta vez sin ayuda, por supuesto, muy centrada en poder describir la personalidad de Darcy para un informe de Sasuke —en el cual yo había elegido como personaje a Heathcliff, de Cumbres Borrascosas—, el cual me estaba llevando ya bastante tiempo.
En un momento determinado tocaron a la puerta, y me dirigía a abrir cuando apareció Sasuke y me dijo que él abriría.
Era Neji.
Pensé que buscaría a Tenten, pero resultó que venía a ver Sasuke por un motivo desconocido para mí. Decidí dejarlo pasar, pensando que serían cosas de chicos. Ambos subieron al segundo piso, asique desistí de la suposición de que irían al cuarto de Sasuke. Luego escuché un ruido, era música, supuse que habían prendido el estéreo y seguí con mi trabajo.
Diez minutos después había terminado, y me disponía a dejar el cuaderno en el cuarto de Sasuke cuando los escuché hablar. Y escuché también el ruido. Alguien estaba tocando guitarra; intuí que sería Neji, porque si era Sasuke me enojaría. ¿Había algo que él no pudiera hacer?
Neji y Sasuke charlaban bajito, sus voces eran murmullos que apenas podía identificar.
Mi lado curioso se prendió cuando creí oír mi nombre.
Las suelas de mis zapatillas hicieron el menor ruido posible cuando caminé de puntillas hacia la habitación en la que los chicos se encontraban. Era una habitación a la que no recordaba haber entrado.
Me apoyé delicadamente sobre la puerta, quería tener total acceso a la conversación que se llevaba acabo.
—Estoy confundido —le dijo Sasuke a Neji, con un extraño tono de pesar—, no me había pasado antes. Es... raro.
—¿Ni siquiera con Hinata? —le preguntó Neji.
Mi corazón se detuvo cuando escuché aquella pregunta. Comprendí en dos segundos los que significaba. Una parte de mí, se negaba a creerlo.
—Ni siquiera con Hinata.
Sasuke estaba enamorado de Hinata.
Comencé a negar con la cabeza sin saber el motivo de porqué, un lado de mi mente, se deprimía poco a poco. Bueno, él quería a otra chica, y a mí qué. Sasuke es libre de hacer su vida y yo no pensaba interferir en ella de todos modos.
Oh, ¿por qué de pronto siento un nudo en la garganta y me cuesta tragar? ¡Me arden los ojos! Demonios, no pienso llorar.
Me fui lentamente alejando de la puerta, sin prestar atención a los murmullos que se llevaban acabo dentro. Subí a pasos rápidos a la habitación de Sasuke y dejé el reporte sobre su cama. Luego, sin saber cómo no me caí, bajé las escaleras a pasos rápidos, casi corriendo.
Tomé mi mochila, que yacía junto a la de Sasuke, me la colgué al hombro y salí disparada de la casa. Poco me importó que no tuviera vehículo con el cual irme, y poco me importaría si él llegase a enojarse conmigo. De alguna manera, poco me importaban las cosas en ese momento.
«Septiembre 19, 2007.
Querido diario:
Son las dos de la mañana, y por alguna razón no puedo pegar el ojo. Se me vienen a la cabeza imágenes que nunca antes creí que me desvelarían y aterrarían, y todas se basan en Sasuke y Hinata. Es ridículo, Hinata tiene a Sasori, y todos lo saben. ¿Por qué Sasuke está enamorado de ella? Es decir, ella es una buena chica, es linda —mucho más linda que yo, claro está—, es inteligente, bondadosa, alegre…
¡Demonios, es perfecta!
Y claro, Sasuke, increíblemente guapo, inteligente, deportista, misterioso, decente, etc, etc. ¿Hay algo que él no sea? Ugh, es un egocéntrico bipolar ¡enamorado de una de mis amigas!
La parte mala de esto, es que no sé por qué me afecta tanto. Poco debería importarme, pero aquí estoy. He de confesar que casi me pongo a llorar, lo cual es verdaderamente humillante para mí.
Llegué a casa corriendo, no me detuve en los escasos tres kilómetros que parecieron tres metros. Me caí un par de veces, pero nada grave o fuera de lo normal. Yasuo aún no había llegado cuando crucé el umbral de la puerta, y eso fue un alivio. Pronto comencé a prepararle la cena, yo no tenía hambre. Y, apenas llegó, me despedí y subí a mi cuarto.
Tenten me ha llamado, le respondí con la voz quebrada y se preocupó al instante sobre mi bienestar —emocional o físico, normalmente es el físico. Le dije que no pasaba nada, que no se preocupara, que todo estaba bien. No pareció convencida cuando colgó.
Ni siquiera la ducha nocturna me despejó, sentía mis músculos agarrotados por la carrera, y probablemente no iría a clases mañana. Por mi cuerpo, y porque no tendría el valor de mirarle a él si lo que había descubierto era verdad. ¡Me da tanta rabia!
No puedo dormir, y no quiero dormir. Temo cerrar los ojos y ver cosas que no quiero ver. Ya me preguntaba yo qué me había hecho Sasuke Uchiha, y ahora que, tal vez, lo descubrí, me da miedo el pensarlo siquiera.
Y creo que, por ahora, no quiero pensar en eso. Ni en nada.
Es demasiado para mí.»
-
Leer: Esto es una adaptación de un fic de Crepúsculo a Naruto. Claro que va a tener concidencias y todo eso, pero yo no voy a cambiar las cosas como 'el volvo plateado' por que se hace muy Crepúsculo, ¿no? Quiero que entiendan eso por que muchas chicas me dicen que tiene concidencias, y piensan que yo lo hago a próposito o algo. La autora de esta historia esta en mi profile, por si quieren visitarla. Besos.
