CANCION DE CUNA

CAPITULO 07

EL ABISMO DE LA DESOLACION

Susana miro de nuevo el reloj de pared, pronto serian las tres de la mañana. El sueño no había querido visitarla, solo la melancolía, pero esta no era una buena amiga. Cerró de nuevo los ojos. Inútil.

A su mente solo acudían imágenes repetitivas y dolorosas. El rostro de Terry al descubrir quien era la madre de la niña. Jamás le había visto en semejante estado.

Su piel se volvió blanca como cera, que le daba un aire mortecino que en primera instancia le aterro, recordaba claramente haberlo visto tambalear y recargarse en el marco de la puerta, como si lo hubiesen herido de muerte.

Después había salido huyendo de la habitación sin emitir sonido. De eso habían pasado mas de 18 hras y el todavía no regresaba.

Mientras tanto ella tuvo que quedarse sola con la niña todo el día, esquivando las preguntas de esta sobre el desconocido paradero de su ahora padre y el porque de su huida, quería saber si su madre era alguien conocido por ellos...

Era increíble lo que la vida traía consigo – Pensó con una sonrisa irónica - no solo había conseguido quedarse con el hombre que aquella mujer había amado, también con su hija, ahora Rebeca tenia a Susana como madre y a Terrence como padre.

Padre… Una duda asalto la mente de la mujer, ella no desconfiaba de su esposo pero… ¡Un momento! Desde luego que desconfiaba del hombre, ese había sido su más triste calvario desde que le conociera.

Los celos la rondaban de cerca y se habían hecho su más cercana compañía.

Pero la niña no podría ser su hija – Pensó premeditadamente tratando de hurgar en su memoria si 7 años atrás el hombre la había dejado para ir a alguna gira cerca de Chicago. Le comenzó a doler la cabeza.

Un estrellarse, seguido de un sonido sordo llegaron a sus oídos desde la planta baja, tomo su muleta y trato de incorporarse.

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¿Qué sucede cuando por lo que vives deja de existir¿Cuándo nadie puede ofrecerte el consuelo que tu alma anhela? El sol se había levantado aquella mañana con brillo y calidez. Aunque estaba preocupado por su nueva hijita, sabia que pronto la niña superaría el asunto de sus padres muertos y tal vez lo hiciera¿Pero el¿Lo superaría algún día?

La oscuridad lo había envuelto repentinamente.

Desde el primer instante en que la viera supo que amaría a la niña como si fuera suya, nunca imagino a pesar del parecido físico, que ahora creía era innegable, que la niña pudiera ser hija de Candy y que por ende su antigua novia estaba muerta.

Era un dolor indescriptible ese que estaba sintiendo.

Era una desesperación incomparable, trataba de respirar pero sentía que no alcanzaba a llenar sus pulmones lo suficiente con el valioso aire como para seguir manteniendo la vida en el.

De pronto todo le parecía deslucido y escueto, sin forma y tediosamente triste. Le dolía el pecho de una manera sobrehumana y quiso morir en ese instante.

Recargo la cabeza en sus brazos mientras dejaba sus lágrimas correr por sus mejillas sin ninguna clase de pudor.

Candy… Sus ojos verdes mirándolo de una y mil formas. Candy… Su risa alegre anegando sus oídos Candy… Sus pequeñas pecas que le daban ese toque dulce Candy… Sus labios rosas y voluptuosos entreabriéndose en un delicioso beso.

¡Candy, Candy, Candy!

Todo en ella pureza, todo en ella dulzura, todo en ella amor. El hombre lloro amargamente y sin consuelo por largo tiempo

El cantinero lo miro con compasión, era obvio para el hombre tras la barra que el elegante y fino joven frente a el estaba sufriendo en demasía. Así pues, evito hacer una conversación trivial.

No supo cuanto tiempo paso allí, lo único que percibió fue que era muy tarde. Dentro de su cabeza una voz le repetía una y otra vez que esta vez no debía dejarse vencer por el dolor, recordó aquella vez en el teatro ambulante, la mirada de ella cuando el había echado a perder su vida patéticamente, a causa del dolor, aunque aquella vez había sido algo distinto, el dolor que experimentaba en ese instante era cien veces mas aplastante y demoledor, pues ahora en mas ya no había esperanza…

Sin embargo antes había estado solo, ahora había una pequeña que dependía de el.

¡Si tenía algo por lo que vivir!

Candy se había ido, pero tal vez por la providencia divina, ahora la niña que fuera hija de ella le necesitaba. Y el estaria alli.

No podía dejarla sola, ni defraudarla. Pondría su vida misma, para que la niña fuera feliz. Esa seria su misión en la vida. Rebeca le necesitaba.

-Becky – Murmuro Terrence – Ella fue tu madre, por lo tanto, serás mi gran tesoro. Mi hija.

Salio del bar totalmente perdido, cuanto añoraba sentir el roce de su mano blanca con la suya, lo había añorado por años que parecían siglos, pero ahora en mas ese anhelo se volvería una tortura, pues sabia el, jamás seria realizado.

¿Cómo le hizo para llegar a casa?

Nunca lo supo.

En su mente ese trágico día, estaba totalmente confuso, no pensaba con claridad y tampoco actuaba con conciencia. Lo último que recordaba era que había entrado por la puerta principal y entonces había perdido el equilibro llevándose consigo dos que tres jarrones de porcelana fina que adornaban la estancia.

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Susana se dirigió planta abajo con algo de dificultad, fue entonces que lo vio. Ella jamás había visto a su marido en semejante condición, tirado en el piso, llorando como un niño pequeño y totalmente ebrio.

-Terry – La mujer se acerco a el no sin antes gritar por el mayordomo. - ¿Qué te ha pasado?

-He muerto Susana – El hombro lloro como un niño. La mujer sintió en su pecho un daga ardiente - No puedo vivir sin ella, no puedo, era mucho mas fácil enfrentar el hecho de que estaba lejos pero viva y feliz y ahora, ahora no tengo nada, nada!

-Terry… Yo no se que decirte, lo lamento… Se que era tu amiga y yo…

-¿Amiga? Era el amor de mi vida, era mi aire y mi impulso, era la sangre de mis venas – Recito con lirismo a pesar de su estado de embriaguez - ¿Qué voy a hacer sin ella ahora?

Apareció el mayordomo.

-¿llamaba usted, madame? – Pregunto extrañado de ver a su patrón en semejante estado.

Era cierto que el hombre tenia un muy mal carácter… Pero jamás lo había visto así…

-Por favor – Pidió Susana – Llèvelo a su habitación…

-¡No! – Grito el – Déjame morir, quiero morir¿No entienden? La amaba, la amo aun, Dios, duele tanto, tanto –

Susana se mordió la mano para no soltarse en llanto. Estaba realmente herida por sus palabras. Ella era su esposa.

¡Ella!

El mayordomo la miro confundido.

-Por favor. Necesito que me ayude, esta ebrio no sabe lo que dice – Le repitió la rubia – Llèvelo arriba. –

No podía siquiera hablar, el sentimiento se agolpaba en su garganta.

Miro entonces como el hombre cincuentón, levantaba a su marido y este se abrazaba a el llorando, pronto ambos se encontraban subiendo por las escaleras de la gran casa. El mayordomo lo acomodo en su cama.

Momento después llego Susana y empezó a quitarle los zapatos. Terry no se resistió, con un brazo sobre sus ojos se quedo dormido.

Ella lo dejo solo.

-Sabia que era una mala idea adoptar a Becky – Se dijo Susana mirando hacia el techo.

Era cierto que la niña era muy dulce, sin embargo ahora la sombra de Candice Waith la perseguiría más de cerca.

¿Deshacerse de la niña? Ni pensarlo. Terrence jamás lo permitiría, mucho menos ahora.

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La luz se coló a trevez de la angosta ventana vieja de su lúgubre habitación, un agudo dolor de cabeza y una extraña tristeza inmensa lo hicieron su presa enseguida.

(1)"¿ Qué es más alto para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas¿Morir . . . , dormir, no más! – Recito el con una extraña mezcla de melancolía.

Durante largo tiempo Terrence había sabido mantener un balance entre sus emociones, cosa que nunca le había sido nada fácil. Ya que el era una persona que sentía todo, con todas sus fuerzas, siempre en los extremos.

Pero después y durante su compromiso con la otrora actriz Susana Marlowe, había podido lograr un extraño pero sosegado refugio En su siempre presente tristeza.

El podía llegar a ser muy alegre si se lo proponía, pero el hecho era que no encontraba ningún motivo para ser feliz, el único que recordaba, era el teatro, su pasión interminable por representar mil y un personajes, junto a una promesa hecha años atrás, era el único motivo que le mantenía en pie.

Pero ahora todo era diferente, Candy, su Candy, no estaba mas en este mundo, entonces ¿Ahora que? El rostro lloroso de Becky irrumpió en su mente con fuerza. La niña le necesitaba.

Unos tímidos golpeteos sonaron en la puerta de entrada. Terry dio un "entre" cortante y de mala gana.

Susana apareció en la puerta.

-Querido – Dijo tentativamente - ¿No bajaras a tomar el desayuno hoy? – No hizo mención de lo sucedido la noche anterior. Tampoco preguntas.

-No – contesto en el mismo tono cortante, sin mirarla. Lo único que quería era que lo dejara solo para poder recriminarse en paz el no haber estado con la rubia de ojos verdes.

-He ordenado que hicieran tu desayuno predilecto – Insistio ella con una gran sonrisa. El La miro fulminante.

Pero como Susana había vivido con el ogro frente a ella por 9 años no se intimido estaba bastante acostumbrada a que le mirara así, cuando estaba realmente molesto. Y eso se hacia cada vez mas frecuente.

Dio un paso al frente.

-Se que estas triste por lo de Candice, yo misma me he llevado una gran sorpresa, te entiendo, pero…

-¿Me entiendes¿Cómo puede una criatura como tu entender a una como yo? – Pregunto sarcásticamente y con mirada penetrante. Tú no sabes absolutamente nada de lo que siento Susana Marlow

El tono era de claro rencor. La mujer se mordió el labio, Terrence la miro fijamente, la señora Grandchester, tenía los ojos hinchados y la tez pálida. Señal innegable que había llorado toda la noche.

No había brillo en su mirada¿pero acaso alguna vez lo había tenido?

-¡Me culpas! – Exclamo ella sorprendida. – Me culpas de su muerte.

-Te equivocas, no te culpo de su muerte – Dijo el mas sosegado – Susana, sal de aquí por favor, o terminare diciendo cosas que no debo.

-Las que no debías decir, ya las has dicho anoche y repetido insistentemente - Le reprocho

-Era un secreto a voces – Terrence la miro fijamente – Siempre lo supiste

-Yo te salve la vida – Susana lo dijo sin inflexión lo había dicho tantas veces durante mas de 10 años que ya lo hacia mecánicamente.

-Si, lo hiciste, no quisiera sonar desagradecido pero la próxima vez que este en peligro de muerte, por favor, no intervengas, debiste dejarme seguir mi destino, Susana. Cualquier cosa es mejor que esto.

-No importa lo que pienses Terrence – Su rostro era frío como hielo invernal - Yo salve tu vida, no ella. Me lo debes a mí, no a ella, yo soy tu esposa y como tal te exijo tu amor. Perdí mis sueños, mi vida. Una vida de éxito, fama, fortuna, pude haber sido la diva más grande de la historia, lo sabes. En el fondo de tu corazón se que me amas – Añadió por ultimo.

-Nunca te he amado – Dijo el con hastío – Sabes bien el motivo por el cual soy tu esposo.

-Aunque no hubiera ocurrido lo del accidente, tarde o temprano lo hubieras descubierto, se que tu hubieras terminado por casarte conmigo

-Te contare un pequeño secreto, Susana. – El hombre se inclino hacia delante con la mirada fija en ella – En aquella época, cuando ocurrió lo del accidente, tenia mis propios planes. Ya había elegido a quien seria mi esposa y esa no eras tu -

Disfrutaría ver su rostro palidecer aun mas – se dijo el – sin embargo la in fraganti declaración, tuvo un efecto rebote. Pues el mismo se sintió extrañamente y repentinamente el ser más miserable sobre la tierra.

No eran buenos los recuerdos, por lo menos no los relacionados a su rompimiento con Candice Waith.

-Nuestro matrimonio ha llegado a un punto intolerable –temblaba de rabia.

-Sal de aquí, no me molestes más y que suban algo para esta condenada resaca - Se recostó de nuevo, restándole importancia a la mujer frente a el

-Por cierto – Añadió ella antes de salir dando un portazo, siempre ayudada de su fiel muleta – Llame a Robert y te reporte enfermo.- Terrence fingió no escucharla.

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Rebeca camino hacia el borde de las escaleras saltando de dos en dos. Apenas había regresado de la escuela. La casa parecía tan aburrida sin el señor Grandchester para hablar con ella. Todo parecía escueto desde el domingo que descubriera a mama.

Rebeca sospechaba que el matrimonio Grandchester estaba disgustado con ella por haber volcado el cajón y tomado la foto. ¡El señor Grandchester se había puesto terriblemente enojado!

Nunca, nadie se había puesto terriblemente enojado con ella, excepto el hombre malo, pero el señor Grandchester no era el hombre malo. Todo lo contrario.

Ella pensaba que el hecho de que descubriera la foto de mama los alegraría. Pero ahora mas que nunca pensaba que si alguna misión tenían las personas del mundo contra ella, era que olvidara a su mama. Pero ella no iba a olvidar a mama jamás, solo había una mami en el mundo. Bueno tenía que admitir que había excepciones, pero eran muy raras.

La señora Susana se había quedado muda. Había preguntado durante el domingo diversas cosas y solo recibía evasivas como respuestas

¿Por qué se fue el señor Grandchester?¿ha donde había ido?¿Cuando regresaría?¿Esta enojado conmigo?¿Quien le dio la foto?¿Esta usted enferma?¿le duele la cabeza?¿le duele el estomago?¿Va ha vomitar?¿va a tener un bebe?¿Esta usted enojada conmigo?¿Cuando vendrá mami? Quiero a mami ¿Conoce a mi mama?¿De donde?¿Cuando la conoció?¿El señor Grandchester también la conoce?¿Conoció a mi papa?¿Porque me trajeron entonces?¿El señor Granchester me llevara con mama?¿Usted me llevara con mama?

Susana había terminado con un fuerte dolor de cabeza debido a la avalancha de preguntas de la niña.

¡Becky basta! - Había sido la conclusión.

La niña había sido enviada a su cuarto, donde había pasado todo el resto del día. Añorando al adoptivo padre ausente.

Ese día había sido parecido al anterior. Terrence Ni siquiera había ido por ella a la escuela, no sabía si había regresado a la casa.

¡Estaba tan triste! Decidió que buscaría al buen hombre – Se dijo Becky.

Tal vez había sido raptado por una horrenda bruja y encerrado en un castillo, aunque pensándolo bien, el señor Grandchester no parecía una princesa encantada, más bien parecía el príncipe de la brillante armadura ¿Podían los príncipes de brillante armadura ser raptados por brujas? Trato de recordar los cuentos que mama le contaba antes de dormir.

No.

Los príncipes de brillante armadura siempre eran los héroes. Una idea vino a ella.

Tal vez por esta vez, seria una indefensa pastorcita quien rescatara al príncipe de la guarida del malvado brujo. Tal vez el hombre malo se lo había llevado y encadenado. Decidió buscar por la casa.

Recordaba que alguna vez había leído a escondidas aquel libro que su padre leyera en vida y del cual gustara tanto MmmH ¿Cómo se llamaba? Bueno no lo recordaba pero lo que si tenia muy presente era aquella graciosa frase, cuando el detective decía, elemental mi querido Watson.

A pesar de que ella prefería los cuentos de princesas, dragones y flamantes caballeros en corceles blancos, había sacado el libro del baúl de los secretos y comenzado con la lectura, La verdad no entendía muchas cosas que decía el libro había comenzado a leer por el gusto de sentir lo que su papa debió haber sentido cuando leía el grueso volumen, el separador estaba a tres capítulos del final, algo que le decía que su progenitor no había podido terminar de leerlo.

Sin embargo aun para su corta edad Rebeca era muy lista y aun cuando no entendiese todas las palabras, podía imaginar a los personajes que el autor describía.

Recordó que en una de las paginas el protagonista hablaba sobre la escena del crimen y que el criminal siempre regresaba a ella. De manera que se decidió que para encontrar a su desaparecido tutor, tendría que empezar en donde todo había comenzado. Su habitación.

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Terrence dormía todavía, a pesar de que eran cerca de las 2:00 de la tarde y no era temporada de teatro. Esta comenzaría en unas semanas.

Después de tomar el brebaje que su esposa le mandara por la mañana tras la discusión, se había refugiado entre las sabanas y el almohadón. Se sentía bastante triste y cansado como para siquiera conversar con alguien o tratar de fingir amabilidad.

Pretender que Terrence tomara las cosas con calma hubiera sido querer cambiar su naturaleza. El Era «todo fuego y espíritu y ro­cío», y los placeres y dolores de la vida le llegaban con triple in­tensidad. (2)

Las cosas ya eran lo bastante difícil por si solas como para otro despliegue de sinceridad hacia su esposa. Lamentaba lo dicho, aunque fuera la verdad de las cosas.

A simple vista parecía que el hombre dormía profundo y con un sueño reparador. Sin embargo, los nervios estaban en tal estado que a cualquier ruido interrumpía en su mente.

De manera que una risita divertida no fue la excepción y debido a su estado de alerta lo fue haciendo despertar poco a poco de su ¿Sueño?

Al abrir los enormes ojos azules como el mar bajo la tormenta, se topo con unas pupilas verdes comparables a praderas verdes en estación de lluvia.

La muchachita estaba semirecargada en la cama de el.

Descansaba el rostro en sus manos, mientras que sus codos la sostenían, y la posición del cuerpo inclinado le permitía mover uno de sus pies traviesa mente de un lado a otro. El corto vestido verde, demás esta decirlo, resaltaba el color de sus ojos, y dejaba ver un par de regordetas piernas blancas, pues correspondiente a la edad de la niña, era corto hasta las rodillas.

-Becky ¿Qué haces aquí, pequeña? – Pregunto sin enfadarse ni alzar la voz

¿Cómo podría siendo ella pedazo de su propio corazón, por ser el fruto del vientre de Candice, un pedazo vivo de ella. Además del cariño que la pequeña ya se había ganado por meritos propios.

Sin embargo la tristeza que sus pupilas denotaban fue demasiado palpable incluso para una niñita como Becky.

-¿Esta muy cansado señor Grandchester? – Pregunto la niña al verlo bostezar.

-Becky, cielo, puedes llamarme papa si lo deseas. Y si, estoy algo cansado.

-Parece triste – Asevero la niña mirándolo con curiosidad.

-¿En verdad? Tal vez tengas razón – La mirada se torno aun mas melancólica.

-Pareciese hundido en el abismo de la desolación – Aseguro Becky con todo el respaldo de sus seis añitos.

Era joven, pero había visto suficientes abismos de la desolación durante su corta vida. Uno de esos había sido el de su mami, al morir papi.

-¿Abismo de la desolación? – Pregunto el curioso, le parecía una frase demasiado trágica para ser producido por una boca tan infantil y dulce como la de Rebeca.

-Si, y es muy triste porque cuando uno esta en ese abismo es muy difícil salir. Sin embargo puede usted buscar la cuerda de la esperanza. Mama dice, que en todos los corazones que caen al abismo tienen la esperaza de encontrar esa cuerda blanca y escalar hasta la montaña de la ilusión, seguir el sendero de la vida y así encontrar el castillo de la felicidad.

Terrence miraba a Rebeca con un gran nudo en la garganta el solo hecho de que la niña mencionara a su madre, le traía a su mente un par de ojos verdes y una carita mohína que jamás volvería a ver, lo ojos se le llenaron de lagrimas.

Rebeca era muy parecida a Candice incluso el carácter era similar a su querida pecosa, pero Rebeca no era Candy, la realidad era que la mujer que amaba estaba muerta y el ni siquiera lo sabia ¿Qué estaba haciendo ese fatídico día? Se repitió la pregunta que lo había atormentado durante la noche y ese día ¿Cómo había sido?

De pronto al tener a Rebeca frente a el, una multitud de cuestiones se agolparon en su cabeza. La carita dulce y su sonrisa reconfortante, le dijeron que algo no cuadraba en todo aquel asunto, había sido un golpe de suerte que el hubiera aparecido para adoptarla, pero todo aquello no tenia sentido.

Para empezar la niña seguía insistiendo que su madre estaba viva, pero Charlote la directora del hospicio le había asegurado que la madre de la niña estaba muerta y no había más parientes que la pudieran reclamar llegado el día.

¿Cómo era posible que William Alberth Aundry hubiese permitido tal atrocidad? A menos que no lo supiese – Razonó el moreno - ¿Qué hacia la niña en New York¿Y quien era el hombre malo¿Había sido tal vez raptada? Pero eso era casi imposible, con el poder e importancia de los Aundry, aquello no hubiese podido pasar inadvertido para la prensa, que ya hubiera hecho un verdadero escándalo con el asunto ¿Qué si no iba a saberlo el? Además el poder y conexiones de semejante familia ya hubieran rendido frutos para encontrar a la niña pero ellos la habían tenido por casi dos meses y no había ni señales de que la niña hubiera sido victima de algo semejante.

Todo aquello era verdaderamente extraño.

Pero la pregunta que sin duda le quemaba mas en el alma era ¿Qué había sucedido con Candice W. Aundry? Un estremecimiento se apodero de su columna vertical. Comenzaba a marearse haciendo rápidamente en su mente conjeturas que eliminaba igualmente rápido.

Deseaba preguntar como había terminado en un asilo para niños huérfanos, pero no se atrevía a cuestionar a Becky de semejantes dilemas, después de todo solo era una niña pequeña de seis años.

-Señor Grandchester - Interrumpió Rebeca en sus meditaciones.

-¿Qué sucede Becky? – El le miro con ternura, y un asomo de sonrisa en sus labios.

La niña extendió la mano hacia el hombre. Sostenía la foto de la desaparecida madre de la niña

¿Esta enojado porque tome la foto de mami? – Terrence no supo que contestarle.

Tomo el papel entre sus manos. La manita pequeña y blanca de Becky se perdió en la mano grande y morena de Terrence.

-Por supuesto que no Becky, no estoy enojado contigo ni con nadie mas – Extendió su brazo hacia ella indicándole que subiera con el a la cama.

La niña se acurruco en su abrazo.

Mintio. Estaba furioso consigo mismo y por alguna razón desconocida con Susana.

-Mami se ve muy bonita en esta foto. ¿Usted la conoce, señor Grandchester?

Terrence miro A Rebeca.

Se había quedado mudo. Temía contestarle, sabia que cualquier respuesta que le diera, esta llevaría a más preguntas, que no sabia si debía dar.

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Candy tomo el sobre con desesperación y comenzó a rasgarlo sin consideración alguna. Estaba al borde de un colapso nervioso, el investigador que había contratado había llegado apenas ayer a Chicago y ya se había puesto en contacto con los Thompson, los últimos en ver a Becky por ultima vez.

El telegrama no daba mucha información, solo la suficiente para que ella supiera que el hombre y su equipo de investigación ya trabajaban en los retratos hablados de los captores de Rebeca. Bueno, eso era mejor a nada.

Jacke le había dicho que se mantuviera al margen del asunto, pero ella no podía estar mano atada en algo tan importante, así que se había dado a la tarea de hacer sus propias conjeturas. Tal vez no era un método tan práctico como el del señor Dickens pero en algo tenia que ayudar.

Había escrito en una libreta, todo lo que recordaba acerca de Neal, las palabras dichas en aquella habitación, la noche que la atacara, recordaba vividamente como el terror caía sobre ella cuando el hombre había mirado a la niña con un odio irracional.

Puso por escrito también, lo que recordaba acerca de lo dicho en la mansión Leegan, cuando ella fue a buscar a su hija con la esperanza de que Neal se la regresaría. Comenzó a leer lo escrito, tratando de encontrar algo que pudiera indicarlo, aunque sea vagamente el paradero de hijita.

-¿Qué¿Me amenazas? Juegas con fuego querida Candy, ya no soy un niño y puedo destruirte con solo alzar una mano. No se donde esta tu pequeña hospiciana Ahora largo de mi casa.

-¿Por qué la llamo hospiciana? – Se pregunto la mujer. Debía ser el hecho de que como hija suya, le adjudicaba títulos que no le correspondían, como hospiciana.

Becky nunca había vivido en el hogar de Pony.

Cuando ella y Charles contrajeron nupcias decidieron vivir en una pequeña casa cerca del lugar, pues como todos los recién casados deseaban tener intimidad para poder estar el uno con el otro. Dio la vuelta a las hojas de papel para encontrarse con lo escrito referente a su fugaz encuentro con el captor de la niña.

-Fui uno de los captores de Rebeca – Aseguro el hombre – la niña fue enviada a New York, valla a New York, la pequeña no esta mas en Chicago.

-Vaya a New York señora Donovith, la niña la necesita. Ahora quédese tumbada y no voltee hacia atrás. Cuente hasta cien.

Sorpresivamente la claridad vino a su mente, como la luz del día vence a la oscuridad nocturna.

¡¡¡La ha enviado a un orfanato aquí en New York!!! – Se dijo ella. Su corazón latía salvajemente.

Continuara……

Notas de la Autora:

¿Qué tal como les ha ido? A mi muy bien, gracias a Dios. Pues aquí les dejo otro capitulo de Canción de Cuna.

Espero que el capitulo haya sido de su agrado.

Tendré que confesar que en verdad batalle para hacer este capitulo, creo que describir el sufrimiento de Terrence al perder a aun ser tan querido para el no es nada fácil, no si tomamos en cuenta que este personaje en particular no puede sentir las cosas a medias.

Gracias a todas las chicas que preguntan por este trabajo y me animan con sus amables comentarios

Besos a todos y que tengan una feliz semana.

(1) Hamlet de William Shakespeare

(2) Esta descripción que originalmente era para Ana Shirley, le va muy bien a nuestro muchacho.