Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.


Sí, amo

Ocho:
Fuego que no arde.

Si ella se deprimía... ¿sería otro el que intentaría alegrarla y secarle las lágrimas?

.

«Septiembre 19, 2007. (Otra vez).

No fui a clase.

Le di la patética excusa a Yasuo de que me sentía enferma; él me creyó y se fue a la estación.

Por extraño que parezca, creo que no fue del todo una mentira. Siento que me duele la cabeza, y el estómago se me revuelve cada tanto. Sé que no me he contagiado de nada. Quiero ver cosas donde no las hay, supongo. No quiero mentirle a Yasuo, pero, realmente, no me siento del todo con ánimo para asistir a clases.

Después de todo, siempre es la misma monotonía de un maestro tras otro, explicando materias que, tal vez, poco nos servirían en un futuro.

El pequeño recuerdo del Festival vagó en mi cabeza durante unos momentos, y una parte de mí quiso practicar la canción; la otra parte simplemente mandó todo al diablo.

Aún estoy confundida, no sé explicar lo que siento en estos momentos. Tal vez demasiada ansiedad, tristeza, una mezcla de sentimientos que me confunde. No creo que sea lo que se me pasó hace un rato por la cabeza, porque sería completamente absurdo. Tal vez Tenten se ponga a dar saltitos si le cuento lo que me está pasando, y saque conclusiones apresuradas que me confundirán aún más.

No quiero sentir algo que en verdad no siento.

Peor aún si creo que lo siento y no es correspondido.

Quiero estar segura, y para eso tengo que recorrer un pequeño y difícil camino.

La verdad es que, si fuera por mí, jamás lo aceptaría —ni por todo el oro del mundo—, nunca. Me hace sentir algo patética y con hormonas descontroladas.

Pero, vale, te prometo que serás el primero en saber si lo que creo es verdad.

Apenas me de cuenta de que me gusta Sasuke Uchiha, lo escribiré aquí. Inclusive antes de contárselo a Tenten.

Si me doy cuenta…»


Cerré lentamente el cuaderno de la tapa roja, al tiempo que, de alguna manera, cerraba mi mente también.

Había demasiadas cosas en las que tenía que pensar, pero no iba hacerlo, porque no quería. Mi corazón me ordenaba una y otra vez que repasara los hechos, que deshiciera los hilos de esa pregunta que rondaba alrededor mío. ¿Sería que tal vez tenía miedo de darme cuenta de algo de lo que no quería que fuera verdad?

¿Yo no quería que me gustara Sasuke Uchiha?

En fin. Mi mente me decía que olvidara todo, que eran delirios de una típica adolecente. Por más que yo misma negara eso.

Después de todo, él era completamente inalcanzable, era cosa de mirarlo. Nunca me pregunté qué le veían las chicas del instituto, siempre estuvo frente a mis ojos. ¿Existía criatura más hermosa que Sasuke? Físicamente hablando, no.

Suspiré pesadamente antes de tirarme sobre la cama. Hacía horas ya que Yasuo se había marchado. Me había bañado, vestido y presentado para estar frente un ojo humano. Me preparé un desayuno suculento —de esos que no preparas casi nunca— con huevos, jugo de naranja, tostadas y leche. Y eso que no tenía mucha hambre. Me revolví en mi cama perezosamente durante minutos que parecieron horas. Efectivamente el tiempo se me hacía pasar mucho más lento.

Hoy sería otro día de esos.

Pequeños recuerdos vinieron a mi mente cuando pensé aquello. No era la primera vez que pensaba aquello. Ese día había pensado eso. El día en que todo había comenzado.

Me parecía de lo más irreal darme cuenta de que casi eran dos semanas de lo que llevaba de este castigo. Me parecían meses, demasiadas semanas; quizás el tiempo deseaba pasar despacio para mí, a pesar de que yo anhelaba que corriera más deprisa.

Eran las 11:15 a.m. cuando recibí la primera llamada del día. ¿De quién podría ser? Como si no lo supiera. Era tiempo de receso en el instituto.

La pantalla de mi nuevo Sony Ericsson W380i —uno de los tantos regalos de mi cumpleaños— indicó el nombre de mi mejor amiga, Tenten Ama, acompañado de una foto que yo nunca había sacado. Después de todo el celular había sido presente de Neji, tenía fotos y los números de cada uno de los de la familia suya y de ella —sí, y Uchiha—, y los Hyuga.

Ahora que lo pensaba, anteriormente nunca le había pedido el número a él. ¡Bah! Ni que fuera a necesitarlo. Estúpido.

Mientras la melodiosa introducción pianística de The Scientist (1) inundaba el ambiente mudo de mi habitación, me permití recordar mi antiguo y consentido solo de piano que solía usar como ringtone. La voz de Chris Martin (2) ya comenzaba a sonar cuando alcancé el móvil —que estaba sobre el escritorio.

Pensando en los hermosos ojos del vocalista de Coldplay (3) contesté.

—T… —tenía las claras intenciones de decir «Tenten». Pero no fue.

¿Quieres salir conmigo en la tarde?

Rodé los ojos. Ni siquiera tardé más de dos segundos en darme cuenta de que salir y Tenten juntos no sonaban bien. Al menos no para mí. Ya que ambos daban un igual a compras. Y no quería pasar viendo de tienda en tienda y comprándome cosas que sé que no usaré.

Bueno, eso no es del cien por ciento cierto, ya que yo no me compraría esas cosas. Sería Tenten.

Definitivamente no.

—Hola Tenten. Hola Sakura —hice la imitación más estúpida, humillante y patética de la cantarina voz de Tenten—, ¿cómo estás? Bien, gracias. ¿Una salida dices? No lo creo. ¿Necesitas algo más? ¿No? Adiós.

Fue sorprendente como logre decir todo eso en menos de diez segundos.

Una parte de mi mente comenzó a idear el por qué de la invitación de Tenten. Ayer cuando llamó le había dicho que quería estar sola y pensar "en el problema que tenía". No creo que Tenten pueda imaginarse que mi problema vive en la misma casa que lo hace ella.

¡No, Sakura! —exclamó, pensando en que yo colgaría—. Escúchame, estoy preocupada por ti. No me dices lo que te pasa y sabes que sacaré mis conclusiones apresuradas. Por favor, no pienses mal de mí —suspiró—. ¿Tiene esto que ver con Sasuke?

Se me formó un nudo en la garganta.

Pero pude tragarlo perfectamente cuando contesté.

—No —crucé los dedos tras mi espalda. Estaba mintiéndole a mi mejor amiga. Pero sabía que si le decía a Tenten, estaría jugando en terreno peligroso. Tenten era Tenten. Hermanastra de Sasuke. Mi mejor amiga. Y tenía una extraña obsesión en que nos veíamos bien juntos.

Demasiado peligroso para mí.

¿De verdad? —¿era yo, o la voz de Tenten se me hacía cada vez más molesta siempre que tocaba el tema?

—De verdad Tenten, y no quiero salir, lo siento. Mañana hay clases y…

¡O sea que vendrás mañana!

La respuesta me tomó raramente desprevenida.

¿Iría yo mañana? ¿Le vería a consecuencia de asistir a clases? Tenía una mezcla de sentimientos que me impedía pensar con la claridad necesaria. Sólo podía debatirme entre lo que llegaba a sentir. Quería y no quería. Sí y no.

Quería verlo, sí, preguntarle si lo que había oído era verdad. Estaba ansiosa ante la ausencia de su presencia frente a mí. Pero, por otro lado, no quería verlo. Tal vez me costara admitirlo, tal vez sea demasiado orgullosa para mi propio bien, pero no sabría qué hacer si la respuesta que me daría Sasuke fuera Sí. Y no quería que él me viera en el estado en el cual me hallé al escuchar aquello la primera vez.

Por eso…

Sakura —rogó Tenten—, prométeme que vendrás mañana. Además… —rió bajito— hay alguien que quiere verte —cantó, extendiendo la última «e».

Ni siquiera me detuve a pensar en su nombre cuando una imagen suya apareció en mi mente.

Sakura, Sakura, Sakura, Sakura, Sakura, Sakura, Sakura—cantó, poniéndome los pelos de punta ante tan agudo sonido, ¿me quería volver loca a caso? ¡Pobre de Neji al tener una novia tan desesperante! En fin, la quería mucho —él y yo—, después de todo—. Promételo, promételo, promételo, promételo. ¡Por favor! ¡Por fis, por fis, por fis, por fis!

—¡Está bien! —grité— ¡Sí, Tenten, iré! Iré y te odiaré cada instante de mañana por hacerme tanto show ¡y a través del teléfono! ¿Cuánta gente te está mirando ahora? ¿Estás dando saltitos?

No rió de la supuesta broma. En vez de eso sólo me dijo «Mañana vienes sí o sí, o te arrastraré sobre tu trasero para traerte», imaginé su sonrisa al despedirse y colgó.

Suspiré. Tenten Ama podía ser un tornado.

Dejé el móvil sobre el escritorio y volví a escuchar música en mi nuevo reproductor de CD's —otro regaló de cumpleaños—; me repantigué en la cama como sólo yo podía hacerlo y me puse los auriculares. Qué lastima que antes de presionar Play el móvil había vuelto a sonar.

Tarareando la primera parte de The Scientist, volví a contestar.

—¿Tenten, qué se te olvidó ahora?

—¿Sakura? —no fue la voz de Tenten la que me respondió.

Me quedé estática en mi lugar, esperando a que continuara hablando, pero no lo hizo. Podía escuchar su acompasada y suave respiración. Demonios, ¿hasta para respirar era perfecto?

No pasó mucho tiempo hasta que sus palabras me llegaron de lleno a la mente. Él no tenía por qué estar llamándome a mí. Él debería estar llamando a Hinata.

Con el ceño fruncido, colgué.

No pasó mucho rato antes de que el celular volviera a sonar. Pero no era ya el nombre de Tenten el que se indicaba en la pantalla. Con una foto que yo nunca había sacado, él aparecía estúpida y irrealmente guapo. Si no fuera tan bipolar, egocéntrico y desesperante no me costaría tanto fingir que me gustaba —o, en su defecto, admitirlo, pero no podía estar segura. Debajo de esa foto, rezaba el nombre que con tanto esmero había ignorado.

«Sasuke Uchiha»

Por favor Neji, ¡como si fuera a conocer a otro Sasuke! Tal vez, sólo tal vez, cambiaría el nombre después. Si no borraba el número en un ataque de irracional ira.

¿Qué hace llamándome ahora? ¿Me iba a reclamar porque ahora no tenía quién le sirviera su estúpido almuerzo?

No tuve que pensar mucho antes de rechazar la llamada y dejar el celular en silencio. Quizás vibró durante un minuto, y en unas cuantas ocasiones más, pero lo ignoré. Me puse los auriculares del reproductor de CD mientras seleccionaba alguna canción del disco.

Iba ya en el coro de Don't Cry (4) cuando me quedé dormida.


Era ya pasado el mediodía cuando desperté. Me sentía grogui. No sabía de dónde demonios había sacado el cansancio para echarme una siesta, pero en el fondo lo agradecía.

No sabía si tenía que rodar los ojos o sonrojarme al ver la cantidad de llamadas perdidas en mi móvil. ¡12! ¡Y todas de él! Dios mío, seguro no se podía limpiar bien la nariz después de estornudar y por eso llamó. Rodé los ojos ante el pensamiento y borré el historial de llamadas. Mi estómago rogaba por comida.

Fue cuando estaba lavando los platos de la reciente pasta ya ingerida cuando tocaron la puerta. No sabía bien quién podía ser, ¿Yasuo? Aunque mi mente viajó a cierta duendecilla hiperactiva e hiper-adicta a las compras. Crucé el pasillo del salón para llegar a la puerta. ¡Cuál fue mi sorpresa al apreciar dos ojos tan claros como el cielo que me miraban con suficiencia! Qué conocida se me hacía esa sonrisa trigueña.

—¡Naruto, oh por Dios! ¡Naruto! —no faltó mucho para que me tirara a sus brazos.

—Hey, Sakura-chan, ¿cómo estás? —sus grandes manotas me acariciaban la cabeza con dulzura. ¡Cómo quería a este idiota alto y musculoso!

—Bien —ahora, después de verlo, era verdad—. Pero, ¡pasa, ándale! ¿Qué haces aquí? ¿No tienes escuela? ¡Oh! ¿Te escapaste? ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¿Tú…? —un dedo silenció mis labios.

Naruto rió tranquilamente y rodó los ojos ante mi entusiasmo.

Él había asistido a mi fiesta, me había dado un gran abrazo de oso —parecido a los de Kiba— y me había felicitado. Lástima que no pude estar prácticamente nada con él. En un abrir y cerrar de ojos ya nos estábamos despidiendo en la entrada de la casa del Sr. Fugaku.

Le tomé la mano con toda la confianza del mundo. Era mi mejor amigo. Del que no sabía nada desde hacía mucho tiempo. Naruto había ingresado ya a la secundaria y casi no tenía tiempo —yo menos, con el reciente castigo. Creo que en un momento de la fiesta se lo dije de pasada. Nos dirigimos juntos hacia la sala y nos sentamos en el sofá, yo a su lado, por supuesto.

—Bien, cuéntame todo —exigí en cuenta su cuerpo golpeó contra el mueble.

—Veamos… —murmuró mientras se acariciaba la barbilla—, ugh, la secundaria apesta.

Rodé los ojos.

—Cuéntame algo que no sepa, por favor.

—¿El color de mis bóxers?

—¿Rosa?

—Demonios.

Me reí estúpidamente a pesar de que sabía que era mentira. Una relación con Naruto era así de fácil, tan fácil como respirar. ¡Cómo le había extrañado esos años en Kumogakure! Después de una vida entera de verle todos los días nos habíamos reducido a cartas, correos electrónicos y escasas llamadas. Naruto era, al fin y al cabo, el hijo del mejor amigo de mi padre, así que de alguna u otra forma terminaríamos así como estábamos ahora.

¿Debo admitir que, cuando era pequeña, Naruto me gustaba mucho?

Pero claro, él ya había encontrado a su otra mitad.

—Bueno, ¿qué haces aquí? —le pregunté.

—¿No puedo venir a ver a mi mejor amiga? —dijo con una sonrisa en su rostro.

¿Debo admitir que me gusta mucho la sonrisa de Naruto?

—¿Por qué no estás en la escuela?

—Bueno —suspiró—, a unos cuantos maniáticos se les dio por reclamar algunos defectos de la escuela de La Hoja. Se hicieron los machos y tomaron el colegio, ya sabes, de ese estilo de poner sillas y mesas en la entrada principal y que nadie pueda pasar —rió por lo bajo, tal vez recordando algún acontecimiento que yo no había presenciado. Me encontré sonriendo como estúpida—. El punto es que no tengo clase hasta que esos cerebritos hagan un acuerdo con la directora, y creo que falta mucho para aquello.

—¡Dios, qué suerte tienes! —exclamé.

Él asintió y pasó los brazos tras su cabeza. Quería parecer la espectacular pose de la despreocupación.

—Lo sé —y me mostró todos sus relucientes dientes en una sonrisa arrogante; Naruto era de esas personas que sonreían con facilidad —otro factor que hizo que me gustara mucho.

Me levanté del sofá y le dije que prepararía bocadillos. ¡Hablamos durante horas! Me contó de cómo estaban sus amigos en La Hoja, y me dijo que la próxima vez los traería. Había detalle tras detalle, y anécdotas que ni yo misma hubiera podido inventar. ¡Y es que los amigos de Naruto eran otro terremoto mortal! ¡Salto de acantilado! Creo que lo haría sólo si estuviera desesperada y quisiera suicidarme.

También hablé yo. Le conté de los pequeños mandados. De las habituales tardes de labor en la casa de Fugaku. Y… el reciente torbellino de sentimientos que me abarcaba por dentro. Yo no tenía problemas en decirle a Naruto cómo me sentía respecto al retoño del doctor Fugaku, podía confiar en él —pensando también que no se pondría celoso. Al fin y al cabo, Naruto tenía a Shion, la chica más bonita de la reserva. Y aunque tal vez ninguna chica sea lo bastante buena para él, la hija mayor me caía de maravillas.

—Creo que te gusta —sentenció Naruto.

—¡No! —grité—. Es egocéntrico, bipolar, engreído. ¡Un libro que no puedo leer! ¿Cómo me va a gustar alguien de quien no conozco prácticamente nada?

Naruto suspiró y me acarició la cabeza, ahora él parecía más grande que yo, tanto en edad como sabiduría y madurez. Repentinamente lo rodeó un aura adulta.

—Tal vez te gusta lo poco que conoces de él. ¿Quién sabe? Si conoces las otras caras de la moneda puedes llevarte sorpresas —gratas y no deseadas.

Bajé el rostro, escondiendo el leve rubor que sentí sobre mis mejillas, ¿lo que decía Naruto era cierto?

—No quiero arriesgarme —susurré.

Él suspiró antes de seguir hablando, parecía muy dominado en el tema.

—El amor es así, supongo —cuando vio que iba a hablar para negar el hecho de que alguien habló de amor me cayó con su enorme mano sobre mi boca—. A veces hay que hacer cosas que no nos gustan. ¿Quién sabe y, después de todo, él era sólo un capricho? Ya sabes, de esos enamoramientos adolescentes.

Me quité su mano de la boca con la mayor fuerza que pude sacar. Qué lástima que apenas sí la moví.

—¿Quién ha hablado de un enamoramiento? ¡Sal de mi casa, Naruto Uzumaki! Ofendes mi orgullo y mis puntos morales.

Naruto rodó los ojos y dio otro largo suspiro.

—Vale, ¿y…? ¿Qué tal tu vida aparte de tu queridísimo amo?

—Ya, Naruto, te largas ahora.

Él simplemente rió, y supo distraerme con otra conversación. Era muy difícil estar enojada con él. Para mí, supongo, era difícil estar enojada con todos…

…excepto una persona.

—Por cierto, ten —dijo en un momento, entregándome una bolsita artesanal que había sacado del bolsillo de sus vaqueros—. No pude entregártelo para tu cumpleaños. Ojalá te guste.

No lo abrí enseguida. Le agradecí por el detalle, y nos sumergimos una vez más en esas conversaciones tan simples como respirar.

Yasuo nos interrumpió en el momento en que hacíamos recuerdos de nuestra niñez. Cuando mi padre vio a Naruto sentado en el sofá lo saludó con un enorme abrazo y palmaditas en la espalda. Preguntó por Minato, y le dijo a Naruto que le dijera a su padre que pronto lo iríamos a visitar.

Me quedé entusiasmada con el tema aún después de que mi mejor amigo se hubo marchado a su casa. Lo vi alejarse en una motocicleta negra que rugía como un león enojado. Él parecía muy pagado de sí mismo cuando me dijo que la había arreglado él solo. Ah, hombres y máquinas. Y velocidad.

A Naruto no era el único que le gustaba la velocidad.

Mi padre me preguntó si me sentía mejor, y yo dudé antes de contestar. Le dije que vería cómo amanecía mañana. La promesa que le hice a Tenten aún se revolvía en mi mente. Además de las imágenes de cierto ser que quería borrar.

Lástima que fue a él a quien vi en mi mente antes de dormirme. Después de largas horas de pensar en lo que Naruto había dicho. Sus palabras revolvían mi subconsciente y me hacían sudar las manos. Aún no podía estar segura de lo que, supuestamente, sentía; tampoco quería averiguarlo.


Septiembre 20, 2007.

&.

Recuerdo… que soñé con él, clara y nítidamente. Pero era sólo eso, un sueño. Él estaba parado ahí, a metros de distancia, y me veía. Me sonreía y, con su dedo, me indicaba que me acercara. Me susurraba cosas, y su voz sonaba tan hermosa como que debería ser ilegal. Sus últimas palabras provocaron que me despertara.

«Date cuenta…»

Al final de todo no había ido a la escuela. Por más que Tenten me hizo prometérselo no pude cumplir. ¿Estaba yo incapacitada emocionalmente para ir, enfrentarme y preguntar?

¿Era tanto mi miedo a una afirmación y que Sasuke estuviera enamorado de Hinata? ¡Yo no debía por qué deprimirme por ello!

Yasuo se había ido hace horas. Yo no había desayunado, y estaba segura de que eran más allá de las diez de la mañana. Me estaba repitiendo mi "nuevo" CD de Jon Bon Jovi, Cross Road —otro regalo de cumpleaños, no sé quién lo envió—, cuando llamaron a la puerta.

A lo primero que atiné a pensar era que a Yasuo se le había quedado algo. Después negué interiormente, él no tenía nada que llevar al trabajo. Así que me levanté con inseguridades pintadas en el rostro. ¿Sería Tenten que venía a arrastrarme sobre mi trasero para llevarme a la escuela? Temblé ante la visión, a pesar de que era un poco cómica.

¿Sería Naruto, que venía a visitarme una vez más? Sonreí eufórica ante la idea. ¡Cuánto quería al mocoso ese! ¿Habría venido con los demás chicos? Mira que tener a tu escuela en paro no se producía todos los días. Bajé las escaleras corriendo —sin saber cómo demonios no tropecé y/o no me maté en el intento—, ansiando mucho ver a mi amigo de La Hoja.

Pero cuando fui a abrir la puerta, no esperé lo que mis ojos vieron. Y mi cuerpo se estremeció cuando nuestras miradas se encontraron.

Negro profundo.

—Sasuke.

-


(1): Canción de la banda británica Coldplay, de su álbum A Rush of Blood to the Head.

(2): Vocalista de Coldplay, tiene en cabello rubio y unos bellísimos ojos azules; por eso lo mencioné por su físico. x)

(3): Banda británica mundialemente reconocida por sus melódicas canciones. (No creí necesario ponerlo, pero lo hice por si acaso).

(4): Canción de la banda Guns 'n Roses, de su álbum Use your Illusion II.


Adelanto del Capitulo 9.

Su mano acarició mi mentón mientras lo levantaba y me obligaba a mirarle. Me perdí enseguida en la profundidad de su mirada negra, y el corazón me comenzó a latir desbocadamente al darme cuenta de que era una conexión demasiado intensa.

Aún así no pude romperla.

—¿Por qué, Sasuke? —pregunté en un susurro roto—. ¿Por qué me haces esto?

Él me siguió mirando antes de contestar. Y cuando lo hizo, su delicioso aliento me hizo cosquillas en los labios.

Estaba demasiado cerca.

—Porque me preocupas, Sakura.


Add: ¿Shion? Sí, se que les debe parecer de lo más raro y extraño - apareció en una pelicula del Shippuden -, pero nececitaba ponerle alguien a Naruto. ¿Y Hinata? Lo siento, pero no está disponible aquí xDD' Gracias, Sophie.