Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.


Sí, amo

Nueve:
¡Que no cunda el pánico!

¡Vaya! Digo, no es como si fuera a volverse loca, ¿verdad?

.

—Sasuke.

Me sorprendió a mí misma el hecho de que mi voz no se haya quebrado.

Lo veía. ¡Estaba parado frente a mí…! Como la más hermosa de las ilusiones. Sus ojos no se despegaban de los míos, y tenían un brillo dulce intensificado en el negro. Sus bellos labios permanecieron sellados, pero en su rostro se notaba que deseaba decir algo.

Me sonrojé notoriamente cuando me pilló mirando su boca, y aún así no quebré la conexión visual entre nosotros.

Sasuke llevaba el cabello mojado, y sentí una pequeña gota de agua estrellarse en el suelo del recibidor y rosarme los dedos de mi pie descalzo. Fue como la llave para volver a la cordura y la conciencia. ¿Estaba lloviendo ya? Él estaba casi empapado. ¡Y demonios! Ese sweater gris se apegaba tan bien a su figura —fue extraño no sonrojarme ante el pensamiento—, al igual que sus pitillos gastados. Era una ilusión mojada. Que "mojaba".

Cerré fuertemente los ojos y sacudí mi cabeza.

Todo parecía tan confuso cuando me hallaba en su presencia. Aunque estaba la teoría de que me había caído de la escalera, me había quebrado la cabeza y que comenzaba a soñar mientras me retorcía en la agonía de una muerte segura. Cosa de todos los días.

Pero, para mi desgracia —o mi bendición—, su hermosa voz —adjetivo que no admitiré nunca— me sacó de mis pensamientos de muerte y desgracia.

—Sakura…

Lo corté antes de que siguiera hablando.

—¡Sasuke! —grité como si recién me hubiera dado cuenta de su presencia aquí—. ¿Q-Qué… haces a-aquí?

Odiaba de horrores que me pusiera nerviosa. ¡Nadie más me ponía nerviosa! ¿Por qué era diferente con él?

¿Por qué su simple visión difuminaba mis pensamientos como el calor sobre una nube? ¿Por qué sólo cuando lo veía —o, en su defecto, pensaba en él— mi corazón se aceleraba tanto como si quisiera salir de mi pecho?

La simple idea de las respuestas me hacía estremecer internamente.

—¿Puedo pasar? —preguntó.

No contestó a mi pregunta, y eso no pasó desapercibido para mí.

¿Cuándo había comenzado a llover a cántaros?

Estúpidamente, titubeé al contestar.

—S-Sí… Sí, claro.

—Gracias —susurró cuando pasó por mi lado.

Su aroma se había dulcificado, y con la lluvia formaba un olor que me embriagaba. Tan masculino y natural que me quedé pegada al mismo lugar del recibidor sin siquiera cerrar la puerta. ¡Me había deslumbrado! ¡Y sólo con su olor! Esto era lo más patético que jamás aceptaría.

Me volteé sobre mis talones para ver cómo se quitaba el sweater y… ¡Oh Dios mío! Nunca. Nunca, me arrepentiré de no haber volteado en otro momento. Sasuke traía una camisa blanca, que, al estar mojada, no dejaba nada a la imaginación de cómo sería verlo sin camisa; la tela se apegaba tan bien a su figura que me tuve que morder el labio para calmar a mis insistentes hormonas. Las cuales me gritaban que aprisionara al amo —sigue siendo mi palabra odiada— y le hiciera cosas no aptas para menores.

Sasuke podía ser hermoso y sexy aún inconscientemente.

Rodé los ojos ante mi estúpido pensamiento para después soltar los dientes enterrados en mi labio inferior y lo relamí. ¡Cuál fue mi vergüenza cuando Sasuke mi vio al momento de saborear mis labios! ¡Y encima lo estaba viendo yo a él! Se debió haber visto como alguien hambriento a punto de comer su banquete.

Me estremecí, no quise pensar en eso.

Sasuke sonrió con arrogancia como me sonrojé. Y volteé la mirada de su perfecto, y mojado, cuerpo, mojado.

—Linda ropa —dijo como si fuera lo más casual.

Pensé que era casual hasta que me vi.

Por la santa mierda, traía puesto el pijama. Una linda camiseta celeste de tirantes con un agujero al costado, cerca de mi ombligo; y un pantalón de tela gris que era de un conjunto perdido. ¡Y estaba descalza! No faltó mucho para que mi piel se pusiera más caliente que antes.

Hubo dos segundos en los cuales no me importó la mirada de Sasuke, tan clavada en mí. Pero luego grité sin un motivo del todo coherente y quise taparme con lo primero que encontré, una almohada del sofá.

—N-No… ¡No mires! —de ordené.

Sasuke rodó los ojos y soltó un bufido.

—Sakura, es sólo un pijama. Digo —se rascó la nuca con pereza y se escapó una musical risita de sus labios—, no es como si estuvieras en ropa interior…

Se me aceleró el pulso al solo pensar el verme semidesnuda frente a él.

—… o desnuda.

Abracé la almohada más cerca de mi pecho y me corazón se detuvo por un momento. ¿Qué venía a insinuarse este pervertido depravado? Lo apunté con un dedo mientras que con la otra mano sostenía la almohada —que poco servía para cubrirme— bien fuerte. Iba a decirle unas cuantas palabritas pero nada salió de mi boca. Tenía demasiada vergüenza como para hablar.

Tal vez una bofetada serviría más.

Así que caminé hacia su lugar y…

¡Paff!

Hubiera sido un lindo sonido de haber sido de mi mano contra su mejilla. Pero más bien fue mi trasero contra el suelo. ¡Y a la mierda el agua que se había formado contra la madera del recibidor! La cual me había hecho resbalar.

Sasuke me miró con los ojos bien abiertos durante unos segundos. Luego se acercó rápidamente; tenía los labios fruncidos, era obvio que estaba haciendo todos sus esfuerzos por no reírse de mí en mi propia cara, y en mi propia casa. Qué pena que no tenía un autocontrol envidiable cuando se trataba de no ofender e la gente.

Se largo a reír en mi cara en cuanto me tendió la mano para ayudar a levantarme.

Tengo dignidad, ¿sabías? Pensé completamente enojada. A esas alturas no estaba segura se me había ruborizado por la vergüenza o por la ira. Tenía la tendencia a ponerme en ridículo frente a él; y eso me molestaba.

Podía caerme frente a Neji, frente a Kiba —con consecuencias de burlas que sabría que vendrían—. Podía hacer el ridículo frente a mis amigos de la escuela, Sasori o Sai; y no me preocuparía que se rieran de mí. De ser ellos los que me observaran, creo que yo también me estaría riendo.

Pero no. Eran un par de ojos ónice los que me miraban con un brillo de diversión, y me molestaba.

Sentí un pequeño dolor en el estómago cuando repasé el hecho de que me había ridiculizado a mí misma frente a él, otra vez. ¿Había alguna otra forma de poder arruinar mi vida?

—Toma mi mano —dijo, con una linda y burlona sonrisa en sus labios.

—Ni de broma —escupí—. Prefiero quedarme aquí en el suelo. Muchas gracias.

Y desvié la mirada.

Suspiró.

—Te ordeno que tomes mi mano.

Le miré sin comprender del todo su comportamiento. ¿Se comportaba mitad-caballeroso y mitad-egocéntrico? O sino no estaría imponiendo su poder frente a mí, obligándome a tomar su mano.

Una corriente eléctrica cruzó mi piel cuando pensé en aquello de nuevo. Tomar su mano. Tomar la mano de Sasuke.

Había una parte de mi mente que estaba rememorando mis momentos a su lado, en su compañía, y, creo, que nunca había tomado su mano. Ni él la mía.

Oh, demonios, sí ha tomado mi mano. Recordé la fiesta sorpresa que Tenten me había hecho. Sasuke había cogido mi mano, y, además, la había besado tiernamente. ¿El resultado? Hiperventilación y corazón acelerado a un punto de estar cerca de la muerte cardiaca. Por suerte, gracias a la música que había en ese momento, él no pudo escuchar mi agitada respiración.

Pero ahora mi casa estaba en completo silencio, y él podría escucharme perfectamente. Y, tal vez, también podría escuchar los desbocados latidos de mi corazón, si es que su contacto me resultaba tan… tan… oh, tan placentero como la última vez.

Creo que cada vez me cuesta admitir menos los puntos buenos de Sasuke.

—Sakura —dijo Sasuke, severamente.

Sus ojos se fueron a su mano, y después a la mía. Levantó las cejas, incrédulo ante mi aparente inmovilidad.

Rodé los ojos. Y me preparé mentalmente ante lo que iba a hacer. Tal vez, a los ojos, se viera tan fácil como un apretón de manos. Pero para mí era mucho más que eso.

Era darle la mano a Sasuke Uchiha. El chico que me robó el sueño dos noches, del que no podía dejar de pensar y muchas otras cosas que sonarían cursis si de verdad me gustara.

Resignada, cerré los ojos y después de un largo suspiró cogí su mano.

Fue una sensación extraña, algo incómoda pero placentera al mismo tiempo. Una corriente eléctrica no muy potente recorrió mi piel a trote lento, para que cada uno de mis puntos nerviosos se activaran y estuvieran al tanto del contacto que se estaba produciendo en esos momentos.

Me mordí para no soltar un pequeño grito cuando esa corriente eléctrica me recorrió de la cintura para abajo. Con mucha suerte sentía lo pies, y era como si mil hormigas recorrieran mis piernas.

Era incómodo al extremo.

—Gracias —qué patético sonó el tono agudo de mi voz. Y además lo dije sin mirarlo.

—Por… nada —le escuché la voz algo titubeante, y se me hizo de lo más mono. ¡Ew!

Incómodo. Todo era incómodo.

El silencio. La cercanía. El roce. Y mis pensamientos dirigiéndose vías fuera de sí, no parecía estar del todo cuerda cuando hablé de nuevo.

—Esto… me iré a cambiar y… —tragué saliva con dificultad, las mejillas me dolían— y te traeré una toalla para secarte.

Escondí mi rostro de sus ojos profundos, no quería que viera mi sonrojo. Y, peor, que cayera en la cuenta de que era a causa de él.

No sé si respondió, pero yo salí pitando de ahí como alma que lleva el diablo. Corrí por las escaleras, y puse mucha atención para no caerme, romperme la cabeza o algo que me pusiera en ridículo de nuevo. A penas llegué a mi cuarto me encerré ahí y me apoyé en la puerta; había cosas que debía pensar, que me parecían irreales.

La primera, era que Sasuke Uchiha estaba abajo, en mi sala, esperándome, a mí. La segunda, era que no tenía ni la más puta idea de por qué estaba aquí, y no quería hacerme ilusiones que en verdad no eran ilusiones; es decir, no creo que él haya venido aquí sólo para verme, habría que ser idiota para suponer eso…

Soy idiota.

Y la tercera, y más desesperante, era que mi conducta irracional y no-madura me estaba llevando al colapso nervioso. No quería hacer el ridículo una vez más y que él se riera de la torpeza de la torpe más torpe del mundo. Por alguna razón, que yo desconocía, me importaba lo que él pensara de mí. ¡Qué conducta más estúpida, infantil e irracional! ¿Me abría golpeado tan fuerte en el trasero que las ondas de dolor se habrían pasado a mi cerebro y, de esta manera, desconectarlo de algún punto que me mantenía cercana a lo que los humanos llaman "cordura"?

Me dejé arrastrar por la puerta, hasta que mi trasero tuvo su segundo encuentro con el suelo, por el día. Abracé mis piernas con fuerza y enterré el rostro en el hueco que quedaba de mi cuerpo. Y quise gritar de histeria.

Comencé a mecerme estúpidamente, parecía de esas personas que se ponen en posición fetal y se revolvían producto de algún trauma. Agh, estúpido invitado no-deseado que me ponía los nervios de punta. ¡Oh, mierda! Sasuke, me esperaba abajo, y yo aquí, en posición de trauma.

Me puse de pie, corrí hacia mi closet y me puse lo primero que encontré. Al señor sweater-ajustado-mojado-que-se-ve-malditamente-jodidamente-sexy le tendría que bastar el verme con unos jeans gastados y una camiseta naranja. Y estaba buscando mis zapatillas blancas cuando la vi.

La bolsita artesanal que Naruto me había dado estaba sobre mi mesita nocturna, reposando tranquilamente junto a mi móvil. Me carcomió la curiosidad en menos de lo que cantaba un gallo; y, por unos segundos, olvidé al chico de ojos negros —y camisa mojada— que me aguardaba abajo, esperando pacientemente que le llevara una toalla. En fin. Caminé a pasitos rápidos y, otra vez, en menos de dos segundos me revolvía en el suelo. Resulta que encontré mis zapatillas, fue con lo que tropecé.

El sonido de mi cuerpo golpeándose —y rebotando— sobre el suelo debió llegar a los sensibles oídos de mi no-invitado, abajo, porque gritó.

—¡Sakura, ¿estás bien?! ¿Qué paso?

Me levanté enseguida, orgullosa.

—¡Nada! Esto… ¡Ya voy!

Tomé la bolsita y le saqué la tira de cuerito negro que envolvía la boquilla. Entonces el papel quedó extendido sobre mi mano y, al centro, reposaba mi regalo.

Un hermoso zorro de no más de cuatro centímetros de alto estaba acostado, aullando mudamente en la palma de mi mano. Las infinitas caras que componían su cuerpo de madera se formaban simétricamente para darle hasta el más ínfimo detalle que lo hiciera real. Quien lo hubiera hecho, seguro, se habría chupado sus buenas noches sin dormir. Una pequeña cadena salía desde su cabeza hasta que, en el otro extremo, había una argolla mediana, unida hábilmente a una pulsera de plata.

Creo que me escocían los ojos ante tan lindo regalo. Naruto se había ganado un abrazo-rompe-costillas por mi parte.

Cogí el pequeño animal entre mis dedos, y la textura de la madera se hizo placentera bajo mi tacto.

Volví a mirar el papel, y me di cuenta de que tenía una pequeña nota en medio, donde antes había estado acostado el animalito. Y, por supuesto, era la tosca e infantil tierna de él. Me puse la pulsera en mi muñeca izquierda antes de leer la nota.

«Hey, espero que te guste tu regalo. Me debes dos semanas y media de café con muchisisisísima cafeína. ¿O tal vez no? Te quiero mucho Sakura-chan, espero que pases un feliz cumpleaños (anciana). Shion te desea lo mismo.

Y, recuerda, no importa lo que pase, yo estaré ahí para ti. Siempre. Como ese zorro que te protegerá. ¡Piensa en mí cuando lo veas, eh! O sino no cumpliría al cien por ciento su cometido.

Tu más apuesto y leal mejor amigo que tendrás en la vida,

Naruto Uzumaki.»

—Oh, tontísimo, me haces llorar —susurré quebradamente, sosteniendo ese papel entre mis manos. Estaba segura de que en cualquier momento el agua de mis ojos se desbordaría.

—¿Quién te hace llorar?

Me quedé helada en mi lugar cuando sentí su aliento chocar con mi oído. Sasuke estaba cerca. Muy cerca. El sonrojo llegó casi enseguida y las manos me comenzaron a sudar. Esas eran algunas de las reacciones que él podía, fácilmente, producir en mí.

—¿Sakura…? ¿Qué es eso? ¿Un regalo? ¿Quién te lo dio?

Sabía perfectamente que desde su posición podía leer la carta, ¿o me equivocaba? No creo que Sasuke sea un fisgón que se entromete en los asuntos de otras personas. Sacudí mi cabeza de forma despistada, como si eso pudiera sacarlo de mi habitación y/o cabeza.

No me giré cuando comencé a hablar.

—S-Sasuke… —susurré, nerviosa. Odiaba con toda el alma que me viera en ese estado de debilidad frente a él—. N-No te escuché… entrar.

Sentí que se encogió de hombros. Porque por una milésima de segundo, su cuerpo rozó con el mío.

Y fue malditamente genial.

—Tienes una linda habitación —alabó.

—En seguida te paso una toalla.

Mis intentos por alejarlo del tema fueron en vano.

—No te preocupes, estoy bien, ya me he secado, más o menos —suspiró—. Ahora, ¿qué es eso? Vaya, qué lindo animal artesanal. ¿Quién te lo dio? —¿me imaginé aquel tono extraño por sobre su habitual curiosidad inocente?

—Es… un regalo de cumpleaños —me giré. ¡Gran error! Sus ojos negros me traspasaban y desnudaban con ímpetu—, atrasado —añadí—. De un amigo —bajé la mirada cuando dije eso, por algún motivo mi corazón dio un vuelco—, mi mejor amigo.

Él también podía ser muy curioso cuando quería. Y me di cuenta fácilmente.

Se venía la emboscada.

—¿Te gusta?

—¡No! Dios, no —quise poner los ojos en blanco, pero más me ponía nerviosa de que él me creyera o no—. Es mi mejor amigo, lo conozco de casi toda la vida. No podría pensar en Naruto de otra forma… supongo.

—Hmm… Naruto, ya veo.

Sasuke se veía muy concentrado viendo mi habitación. ¿Estaba ignorándome? ¿Estaba evitando mi mirada?

¿Qué podía decirle? Yo estaba haciendo lo mismo.

—¿Dónde te metiste estos días? —era obvio que iría al grano enseguida.

Dudé antes de contestar, buscando algún pretexto estúpido para encubrir mis verdaderas excusas. Lástima que trajo de nuevo el recuerdo de sus palabras el otro día en su casa.

No, él no venía hacia aquí sólo por mí.

Mi corazón se achicó dolorosamente con una gran e inexplicable decepción.

—Estuve… enferma.

—Eres tan, tan mala para mentir —rió.

Fruncí el ceño, ¿qué le importaba a él lo que yo hiciera? ¡Él debía estar así por Hinata!

—¿Y a ti qué te importa lo que yo haga o deje de hacer, eh? ¡Es mi vida…!

—… de la cual tengo cierto dominio por seis semanas más.

—Eres… —comencé con desprecio.

—¿Qué te pasó? —me interrumpió.

—Ya te lo dije —susurré—, estuve enferma.

—Mientes, lo sé.

—No, no lo sabes, no me conoces.

—Sé de ti más de lo que tú sabes de mí, Sa-ku-ra —susurró suavemente, su voz aterciopelada le dio cierto tono sensual a lo que había dicho.

Y ahí estaba de nuevo, mirándome como si fuera algo que se pudiera apreciar. Desvié la mirada, adolorida de cierto modo, mis costillas no soportaría mucho más los golpes frenéticos de mi corazón. Hice todo lo posible por pensar en cosas que se llevaran la sangre de mi rostro, no quería que él me viera sonrojada. ¿Tenía que decirle que me sentía tan insegura de verle por lo que, supuestamente, iba a preguntarle si iba a clases? ¿Debía confesarle que la causa de mis ausencias era él mismo? ¿Su afirmativa a mi pregunta?

Sonaba casi como telenovela cursi y romántica.

Bajé la mirada y el rostro, escondiendo mis mejillas lo más que pude, intentando escapar y ocultarme.

Pero, con él, todo me era imposible.

Su mano acarició mi mentón mientras lo levantaba y me obligaba a mirarle. Me perdí enseguida en la profundidad de su mirada negra, y el corazón me comenzó a latir desbocadamente al darme cuenta de que era una conexión demasiado intensa.

Aún así no pude romperla.

—¿Por qué, Sasuke? —pregunté en un susurro roto—. ¿Por qué me haces esto?

Él me siguió mirando antes de contestar. Y cuando lo hizo, su delicioso aliento me hizo cosquillas en los labios.

Estaba demasiado cerca.

—Porque me preocupas, Sakura.

Mi corazón se aceleró enloquecidamente. ¿Yo… yo le preocupaba a él? ¿Le preocupaba a Sasuke Uchiha? ¿O, tal vez, había oído mal?

Mis acaloradas mejillas me aseguraron que lo que había oído era lo correcto. Aunque una parte de mí aún se negaba a creer lo que mis oídos habían escuchado.

¿Sabía él que yo me refería a su visita inesperada? ¿A sus preguntas irracionales? ¿A sus intensas miradas? ¿A todo lo que él me provocaba?

—Cierra los ojos, Sakura —susurró dulcemente con una leve sonrisa torcida, en un hilo de voz hermoso, sacándome de mis pensamientos.

Y entonces se comenzó a acercar aún más. Y yo estaba a su completa merced; mi corazón le decía a mi mente que no trabajara, buscando el futuro y las consecuencias que saldrían de esto, porque no había que ser un genio graduado en Harvard para saber lo que pasaría. La cercanía lo decía todo. Al igual que sus labios, ciertamente fruncidos. ¿Estarían igual los míos? Los sentía levemente flexionados.

Así que me dejé llevar.

Comencé a cerrar mis ojos, despacio. Esperando. Sí, esperando eso que sabía que, tal vez, no llegaría, que yo estaría delirando. Aún así, en la total inconsciencia y en estado de no-cordura obedecí las órdenes de mi amo.

Lo último que vi fueron los entrecerrados ojos Sasuke a una distancia en la que jamás estuve con nadie, antes de que mis párpados me impidieran ver.

Todo se volvió negro.

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N: ¡Oh! Me gustó mucho amoldar este capítulo xDD Lo disfruté, sí, sí, sí. Muchísimas gracias por los reviews, que ya pase los 100, y quería agradecerles. A ustedes y a Janelle por su magnífico fic. No tardé mucho en adaptar este por que, como ya dije, me divertí - aún más -. Besos y gracias, Sophie.

Sí, los zorros aúllan.