Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.
Sí, amo
Once:
Celos de madera. (Segunda parte, y final).
Entonces se escuchó un rugido... ¿Y ese león celoso?
.
Tragué saliva con dificultad y el corazón dejó de latirme por un pequeño tiempo definido. Dos segundos después la sangre se me fue del rostro. Además de la sonrisa que Naruto había logrado sacarme.
Toda mi anatomía había quedado congelada al verle ahí, parado y con la vista fija en mí. En Naruto. En nosotros. Y con esos ojos negros que ahora parecían casi rojos; porque, a pesar de la distancia, podía verle como si estuviera frente a mí.
Naruto también se quedó inmóvil, pero su respiración no cesó —a diferencia de la mía—. Se mantuvo quieto, observando a Sasuke tal vez, no sé, no podía verle, mis ojos estaban ocupados mirando a cierto chico con un deje de culpabilidad. Me sentí repentinamente ansiosa y preocupada. ¿Qué pasaría por su cabeza en aquellos momentos? Me mordería las uñas si no estuviera, aún, envuelta en los brazos de Naruto.
Oh.
Rápidamente, al darme cuenta de mi posición, me deshice de la jaula que eran las manos de mi mejor amigo. Y di unos cuantos pasos hacia atrás, alejándome, mostrándole silenciosamente a Sasuke que no había nada que malpensar. No quería que se formara una idea errónea de lo que había visto.
—Sakura… —habló Naruto, tomando mi hombro.
No pude voltear. Por alguna razón mi cuerpo no respondía a mis mandatos; mi razón era simple: no quería bajar la guardia en observar a Sasuke. ¡Maldición! ¿Qué estaba pensando? Deseé más que nunca el tener el poder especial para leer las mentes. Me mordí el labio inferior ante la ansiedad. No sabía si ir corriendo a decirle que nada había pasado, ni estaba pasando.
En un momento determinado, él puso sus manos en los bolsillos de sus vaqueros. Creí ver algo en su mano derecha, pero bien pudo haber sido mi imaginación.
Naruto intentó de nuevo llamar mi atención. Se puso atrás de mí, y me sujetó ambos hombros. Apoyando su mentón en uno de ellos, susurró.
—Hey, bajita, ¿es él quien creo que es? —preguntó con cejas alzadas cuando lo miré de reojo.
Me ruboricé de solo recordar qué concepto tenía Naruto de Sasuke: 'El chico que, supuestamente, me gustaba'. Bajé la mirada, alejándola de ambos escrutinios —el ónice y el zafiro— para intentar cohibirme menos; mis mejillas se tornaron calientes cuando asentí levemente.
Mi amigo soltó una risita por lo bajo. Apreté mis puños, conteniendo las ganas de atizarle por desubicado.
—Parece que se va… —musitó Naruto de repente.
Levanté la mirada algo rápido, y me mareé un poco al hacerlo.
Pude ver a Sasuke de costado, mostrándome su pálido —hermoso— perfil. Las puntas azuladas de su despeinado cabello a penas me permitían observar sus espejos negros para poder entender más su mirada. El ónix estaba opacado por una película gris que se posaba sobre su iris. Entonces su mirada bajó hacia el suelo, la sombra de sus espesas pestañas me hizo agudizar la vista más. Y suspiró, cerrando sus ojos, privándome de toda posibilidad de leerle. Se encogió de hombros para sí mismo cuando evitó mirarme y luego los bajó, de forma despreocupada e indiferente. Me dio la espalda y comenzó a caminar hacia la entrada de la cafetería.
Moví un pie de puro instinto a lanzarme a seguirlo, pero por alguna maldita razón me quedé ahí, parada y viéndolo alejarse con pensamientos que me urgía disipar… aclarar.
—Sasuke… —susurré y se me quebró la voz.
—De verdad te gusta, ¿eh? —preguntó Naruto, como si fuera lo más normal del mundo.
—¿La verdad? No lo sé, Naruto. A ti no puedo mentirte, sabes bien cuando lo hago y cuando digo la verdad —susurré—. Estoy confundida.
—Es la primera fase de un enamoramiento —sentenció.
Se me fruncieron los labios cuando iba a contestarle. Pero él habló antes de que yo pudiera hacerlo y negarle que me estuviera enamorando.
—Deberías seguirlo.
—Pero, Naruto, ¿no nos íbamos a La Hoja? —pregunté inocentemente, sin mirarlo. Sasuke ya había entrado a la cafetería, tal vez ya estaría sentado con sus hermanos.
Él suspiró.
Definitivamente no podía ocultarle a Naruto las preocupaciones que me carcomían por dentro. Él podía comprenderme mejor de lo que yo me comprendía a mí misma.
—No hagas como que no te importa.
—No hago como que no…
—Ve. A. Buscarlo —fue, claramente, una orden.
Naruto me sujetó los hombros, más fuerte, y me obligó a voltearme. Sus ojos me observaban tranquilamente, y su sonrisa petulante de sabelotodo yacía en sus labios infantilmente.
—Te esperaré aquí —susurró acariciándome la cabeza.
—Oh, Naruto… —sonreí.
Él me volteó y empujó mis hombros sutilmente, aunque yo sabía que si me negaba me mandaría a patadas en el trasero a buscar a Sasuke. Suspiré, me giré y le abracé con cariño, y antes de que pudiera devolverme el gesto salí pitando hacia la cafetería.
Intenté entrar como si no hubiera pasado nada, pero sentí la mirada de Karin y Hinata cuando pasé por su mesa. La primera me guiñó el ojo, y la segunda me sonrió con amabilidad. Intuí que Karin debió de abrir su enorme bocaza chismosa. Algo en mi interior se revolvió cuando vi el lindo rostro de Hinata mirarme con amabilidad, intenté ignorarle y caminar hacia la mesa de Sasuke y los otros. Estaba a unos diez metros cuando caí en la cuenta de que él no se hallaba ahí. Agh, ¿dónde se había metido?
Le busqué con la mirada sin señales positivas. Escuché mi nombre ser nombrado por Tenten y, en menos de cinco segundos, la tuve a mi lado mirándome curiosamente. Seguro se estaba preguntando por mi comportamiento. O tal vez venía a corroborar de mis labios sus ideas pretenciosas. Conociendo a la pequeña duende, ella ya se habría imaginado que estaba buscando a su hermano.
—¿Dónde está? —le pregunté en un susurro.
Ella sonrió de manera cómplice.
—¿Quién? —preguntó inocentemente.
—Tenten… —gruñí. Ella miró sus uñas de forma despistada, obviamente quería que dijera con lujo de detalles—. Bien. ¿Dónde está Sasuke?
Se hizo la sorprendida cuando escuchó.
—Oh, Sasuke—su mano acarició su mentón de manera pensativa, y a mí se me estaba acabando la paciencia—. Dijo que iría a su casillero y luego a Biología. ¿No tienen juntos esa hora…?
Salí pitando de allí apenas le escuché, ignorando su pregunta e ignorándola a ella. Fue un hecho maravilloso el que no me haya caído antes de salir de la cafetería, porque no estaba concentrada en mi camino. Más bien mi atención se centraba en llegar al aula de Biología. El salón estaría cerrado a esas horas —aún faltaban veinte minutos para entrar a clases—, pero algo dentro de mí me decía que él estaría ahí.
Aceleré el paso, pasando por el aula de Literatura y Español. Me tropecé una vez, cayendo de manos y rodillas al suelo; pero me levanté rápidamente ignorando el dolor en mis piernas. Ay, las baldosas dolían mucho contra las extremidades. Me iba acercando y fue cuando quité un poco de velocidad a mi corrida. Pude ver una silueta apoyada en la puerta del salón de Biología.
Por supuesto, era él.
Mi corazón se detuvo cuando lo observé bien. Estaba apoyado sobre los casilleros cercanos al aula, de piernas cruzadas, con los brazos caídos a ambos lados de su cuerpo, cabeza gacha y ojos cerrados. El cabello despeinado y las mejillas levemente sonrosadas. Su respiración era un poco agitada y el vapor que emanaba de sus labios hacía que pequeñas hebras de su cabellera se mecieran rítmicamente. Se me hizo una de las imágenes más bellas que había visto.
Y se me encogió el corazón al compararlo conmigo. No había comparación alguna. Él era simplemente —físicamente— perfecto en su manera que me gustaba. Y yo era ordinariamente normal a la manera de todo el mundo corriente. Suspiré para mi interior.
Mordí mi labio, inquieta. Al parecer, él no se había dado cuenta de mi presencia. ¿Debía de acercarme? ¡Oh, Dios! ¡Claro que sí, tonta! Me regañé internamente y casi me mordí la lengua.
Los zapatos comenzaron a moverse solos cuando mis pies tomaron vida propia, acercándome a él. Todo él me llamaba mudamente, y mi cuerpo contestaba por sí solo; era como si mi cerebro estuviera apagado o no quisiera funcionar. Cuando ya estuve más o menos cerca, levantó la vista. Sus ojos negros mostraron sorpresa al verme parada ahí. ¿Habría él creído que me había ido ya?
—¿Sakura…? —preguntó, aún confuso. Su voz aterciopelada hacía de mi nombre una canción de cuna.
Di otro paso más hacia él, inconscientemente.
—Sí —respondí tontamente—. Mmm, Sasuke…
Fue cuando me di cuenta, estúpidamente, que no tenía nada preparado para decirle. De todos modos, ¿qué decir sin sonar desesperada porque él no estuviera malinterpretando las cosas que tal vez había visto? ¿Qué palabras serían correctas para tratar con él sin mostrarme ansiosa?
Sasuke habló antes de que yo encontrara respuestas a mis preguntas internas.
—Pensé que ya te habías ido.
Entonces nos había escuchado a mí y a Naruto, tal vez.
—¿Nos escuchaste? —cuestioné.
—Lo siento, no fue mi intención. Disculpa…
—N-No, descuida… —tartamudeé.
—Es que —suspiró— fui a dejar algo a mi coche y cuando volví vi al chico y después vi cómo salías acompañada de Karin, luego te acercaste a él y comenzaron a hablar, no quería ser entrometido pero… y después… yo… —fue lo más adorable de la vida verlo trabarse con sus propias palabras. Y hasta parecía nervioso.
¿Era rubor eso que veía en sus mejillas?
Me volví a morder el labio, y mis manos se escondieron tras mi espalda, comenzaban a sudar.
—Y… ¿Por qué no te has ido? —preguntó con una sonrisa, pero se me hacía que no era del todo sincera.
Mi voz se quebró cuando contesté.
—¿Quieres que me vaya?
Él rió secamente, moviendo su cabeza de un lado para otro. Luego se despegó de la puerta y se paró rectamente, aunque manteniendo la distancia entre ambos. Me miró fijamente a los ojos antes de encogerse de hombros, indiferente a mi decisión y mi pregunta.
Algo en mi interior se retorció cuando me di cuenta de que a él no le importaba si yo estaba ahí o no.
—Así que sí te ibas a ir… —susurró más para sí que para mí.
—Naruto me invitó a la reserva… —intenté explicar.
—Oh, con que él es Naruto.
La forma en que lo dijo logró que una especie de corriente eléctrica viajara por mi columna vertebral. Había algo escondido bajo su casual tono cortés.
Una de mis manos, tras mi espalda, acarició el zorrito de mi muñeca, protegiéndolo de manera inconsciente.
—Mi mejor amigo —le recordé.
—Claro —se encogió de hombros.
Fruncí el ceño.
—¿Puedo ir?
Parecía bastante tonto preguntarle a él si podía o no. Pero sabía bien que una parte de mí no me dejaría en paz si él no aceptaba mi escapada. ¿Había aceptado, acaso, poco a poco, que él sí tenía cierto «poder» sobre mí? ¿O simplemente era una excusa para, de pasada, explicarle que no había nada entre Naruto y yo? ¡Ah! Definitivamente ninguna de las dos.
Era tan odioso estar confundida.
Él pareció perplejo cuando oyó mi pregunta; yo, por mi parte, pensé que no le tomaría así de desprevenido. Fue uno de los tantos momentos en que quise saber qué pasaba por su cabeza en esos momentos.
—Sakura, no soy tu padre —sonrió burlonamente.
—Lo sé, pero… —¿iba a decirle que me importaba lo que él pensara de mí?
—Tranquila, ve —dijo tranquilamente, desviando la mirada, como si fuera la cosa más común del mundo que yo me escapara de clases con mi mejor amigo.
—Sasuke, si quieres que me quede…
—Ve.
¿Estaba mi mente buscando pretextos para quedarse ahora que le había visto así, tan tranquilo y sereno? ¿Por qué mi mente buscaba pretextos ahora? ¿Por qué no lo hizo antes?
Fue como una invisible patada en el estómago cuando Sasuke me sonrió de manera torcida —y forzadamente—, de la forma en que a mí me gustaba. Yo quería quedarme con él.
—Pero… ¡Tú tenías que decirme algo! ¿Cierto? A la salida, puedo quedarme para que me lo digas…
Estúpida, estúpida, estúpida. Estaba sonando un poco ansiosa por quedarme.
—Ah —murmuró y se encogió de hombros, bajando la mirada—. Supongo que ya no tiene importancia —sonrió a penas a medias—. Vete ya. Yo te cubriré con el maestro.
—Pero…
—Sin peros.
—Sasuke…
No entendía mis propios actos, la cabeza me daba vueltas y tenía la mente con pensamientos limitados en esos momentos. Estaba actuando incoherentemente, era lo más lógico.
Él suspiró frustrado y se tomó el puente de la nariz con los dedos. Frunció el ceño cuando volvió a mirarme. El color negro de sus ojos aún seguía opacado cuando encontré su mirada. Su rostro era una ráfaga de sentimientos que no pude identificar. Su mano libre se tornó un puño y, con la voz contenida, me ordenó.
—Sakura, lárgate ahora.
La forma en que lo dijo dolió mucho más que como si me hubiera atizado, y hasta creo que fue peor. Sentí un pequeño dolor en el pecho mientras daba pasos hacia atrás, retrocediendo y alejándome de él. De un momento a otro los ojos me ardían y picaban, se humedecían y me nublaban la visión. Iba a decirle algunas cosas, mi genio estaba por estallar frente a él. ¡Dios, tenía tanta rabia! Lo apunté con el dedo mientras seguía retrocediendo con pasos quebrados, y me llevé la otra mano a mi pecho, hecha un puño —preparado para golpearlo si se acercaba—.
Vi que su expresión cambiaba antes de que la vista se me nublara demasiado. Y antes de que él pudiera decir palabra alguna yo ya me había largado a correr hacia el estacionamiento. Decidí, mentalmente, esquivar el camino de la cafetería.
—¡Sakura! —Shion me recibió de brazos abiertos cuando llegamos a la entrada de su casa.
Nos encontrábamos ya en La Hoja, la reserva de Konoha.
En el camino de ida Naruto se mantuvo callado y no preguntó nada, aunque yo sabía que se moría de ganas de hacerlo. Mi expresión debió de haberle bastado para darse cuenta de que yo no estaba en condiciones de una emboscada de preguntas. No lloré frente a Naruto. En los pasillos del instituto me detuve a respirar profundamente y sacar toda rabia dentro de mí.
Me dije a mí misma que, esa tarde al menos, me olvidaría de mis problemas respecto a él, mi confusión… respecto a todo. Todo.
Los delgados y blancos brazos de Shion me envolvieron en un abrazo cariñoso. Y luego me sonrió de forma amena y dulce. No tuve que preguntarme por qué Naruto se había enamorado de ella cuando la vi sonreír de esa forma tan bella.
El pequeño Konohamaru también salió a saludarme, ¡vaya crío de quince años! Miroku y Setsuna (1) me abrazaron como los padres que abrazan a su hija recién llegada, fue conmovedor para mí. Pero pronto ambos se retiraron, ya que el Sr. Fujimura no se sentía del todo bien.
Fruncí el ceño cuando lo vi desaparecer entre la tos tras el umbral de su habitación, haciendo una nota mental de que tendría que decirle a Yasuo sobre eso.
Luego, sin previo aviso, Naruto me jaló hasta su coche, llevándose de paso a Shion también. Llegamos a la morada Uzumaki en segundos, no sé si se debía a la velocidad que había empleado Naruto al conducir o a mi estado despistado con el que no me había dado cuenta del tiempo que había pasado. Porque, sin querer admitirlo, mi cabeza estaba hecha un lío horrible.
Por suerte, cuando Hana salió a saludarnos, y a contarme toda la historia de su vida desde que yo salí una vez de ella, pude, más o menos, olvidarme del mundo por unos momentos. Cerré los ojos mientras la hermana mayor de Naruto me contaba sobre su esposo, el mar y Hawái. Casi pude sentirme entre las olas de la hermosísima playa.
—¿Vendrás otra vez, verdad? Con Yasuo, por supuesto —preguntó Minato cuando Naruto ya iba a dejarme.
—Claro, lo traeré cuando vuelva. ¡Adiós!
—¡Adiós Sakura! —se despidió Hana—. ¡Vuelve pronto, eh!
—¡Sí! Esto… ¿Dónde está Naruto?
Mi mejor amigo apareció antes de que yo terminara de preguntar por él. Traía a Shion en su espalda, y ella se agarraba bien firme con los brazos alrededor del cuello de él. Se sonreían el uno al otro, y seguro más de alguno se sintió fuera de lugar al verlos tan juntos.
El estómago se me encogió cuando la envidia recorrió mi cuerpo libremente. Me gustaba mucho la idea de tener a alguien de la manera en que Naruto tenía a Shion, así… juntos.
—Okey, bajita, ¡vamos! —exclamó Naruto, pasando por mi lado con Shion aún en su espalda. Ella se rió tiernamente hasta llegar al coche negro de su novio.
—Hum, claro.
El camino a mi casa fue silencioso. Me fui en la parte trasera, ya que Shion iba en el asiento del copiloto; ella, amablemente, se ofreció a acompañarnos. Y como si Naruto pudiera negarse… A pesar de que ella era dos años mayor que él —al igual que yo—, el tiempo no parecía interponerse en su relación.
Vi, con mucha nostalgia, cómo ambos tenían sus manos tomadas en la palanca de los cambios. Suspiré cuando conocí la calle de mi casa. Ya estábamos llegando. Naruto se estacionó lentamente en el patio delantero. El coche patrulla de Yasuo aún no estaba ahí, así que supuse que aún era temprano. Invité a los chicos a pasar, pero ellos se negaron amablemente diciendo que no querían ser molestia.
Me despedí de los dos en el recibidor. Pero antes de que Naruto se marchase volvió dando zancadas y su rostro sereno me dio mala espina cuando preguntó:
—¿Qué pasó con ese chico antes de que nos fuéramos?
Se me fue toda la sangre del rostro cuando recordé su rostro enfurecido aquella tarde en los pasillos.
—Nada —susurré con la mirada gacha. Era la mentirosa más mala que alguna vez pueda existir.
—¿Te hizo algo? —inquirió medio enfadado.
—Por favor —reí secamente—, ¿qué puede hacerme él?
Naruto bufó.
—Ponerte triste, hacerte llorar y, créeme, si lo hace se las verá conmigo.
—Ya Naruto, como si él pudiera hacerme llorar… —mentí torpemente.
—¿Te hizo llorar?
—¡No! Naruto, no estoy cómoda hablando de esto —alegué, empujándolo para que se marchara, pero no lo pude mover casi nada.
—Sakura, hablemos en serio —susurró tomando mis muñecas para que no le siguiera empujando—. Cuando fui a buscarte, cuando nos encontramos con él… bueno, era obvio que estaba celoso.
Bufé estúpidamente.
—Naruto, eso es lo más idiota que te he escuchado decir en toda mi vida.
—No, no. ¡En serio, Sakura-chan! ¿Cómo puedes ser tan ciega? Es obvio que le interesas más que como amiga.
Claro, pensé internamente con burla, y algún día tendremos un presidente negro.
—Naruto —dije agriamente—, ni siquiera sé si somos amigos. Él no está interesado en mí. Yo, en definitiva, no estoy interesada en él. ¡Sólo lo llevo conociendo dos semanas y me sales con la idea de que me gusta!
Él puso los ojos en blanco.
—Uno no tiene tiempo definido para enamorarse, Sakura.
—Yo no estoy… —un bocinazo me cortó en la mitad de la frase, lo que me irritó bastante pero a la vez fue un alivio—. Y ya vete, Shion debe estar esperándote.
—No te has salvado de mí —me advirtió antes darme un beso en la frente e irse a su coche.
Me despedí con la mano y cerré lentamente la puerta antes de recostarme en ella. Me dejé arrastrar hasta que mi trasero golpeó con el suelo. Después atraje las rodillas a mi pecho y escondí mis rostro en el hueco que dejaban.
Sasuke celoso… Reí tontamente cuando pensé en eso. ¡Sonaba tan incoherente! ¿Por qué él habría de estar celoso de Naruto? No se conocían de nada —excepto las pocas veces que yo le hablé de él—. Y no había razón lógica como para que el enfado del estacionamiento tuviera que ver con los celos. O…
Sonreí como una tonta boba al pensar que, tal vez, sólo tal vez Naruto tuviera razón. Sería… agradable que alguien como Sasuke pudiera fijarse en una chica como yo. Bleh, la sola idea sonaba absurda.
Y jamás admitiría lo mucho que me gustaba.
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(1): Los padres de Shion.
N: Mi correo electronico está en profile, para la chica que lo pidió. Besos y gracias, Sophie.
Adelanto Capitulo 12.
Era ahora o nunca.
—GraciaspordefendermedeKankuroantes —solté tan rápido que ni yo pude entenderme.
—¿Qué? —preguntó él, confuso. ¡Demonios, no me había comprendido!
Tomé un largo respiro antes de repetir lo que había dicho. Tenía un nudo en la garganta que apenas sí me permitía hablar. ¡Dios, ni que me fuera a confesar! Bajé la mirada, avergonzada por ese pensamiento.
—Gracias por defenderme de Kankuro... —lo intenté de nuevo—, por la pelea, por...
Uno de sus brazos me rodeó los hombros y me atrajo hacia su cuerpo antes de que pudiera continuar. Y, por un segundo pude ignorar todas las miradas de los chicos de la cafetería, todos los alumnos. Nadie existió más que él y yo por un segundo.
—Próximamente—
