CANCION DE CUNA
CAPITULO 09
EL SENDERO DE LA VIDA
La noche había caído ya y Becky a pesar de haber caminado tanto a trabes de las largas calles vacías no había dado con la estación de trenes. La niña se encontró a si misma, pensando que tal vez haber huido de casa no había sido tan buena idea. Ahora estaba sola y con frío. Tenia sueño y estaba cansada de tanto caminar. Lo que ella no sabia es que la estación de trenes estaba a tan solo tres cuadras de donde se encontraba, pero dicen que el que no sabe es como el que no ve.
Así pues la pequeña niña desconsolada, tomo a su nuevo amiguito a quien prontamente le puso Duch y lo acurruco junto a ella en una de las bancas vacías del minúsculo parkesillo donde se encontraba.
El animalito se dejo querer mientras la niña lo abrazaba fuertemente tratando de evitar el frío de la noche. ¿Por qué no había pensado en llevar frazadas consigo? Miro hacia el cielo azul, que en ese momento estaba iluminado por una gran multitud de estrellas.
Una lagrimilla asomo en sus ojos. ¡Cuánto extrañaba a su mami! Pero muy a su pesar los bellos ojos de ella se iban difuminando de su memoria! No quería olvidarla, hizo el intento de recordar a su difunto padre… Nada.
Del hombre que le había dado la vida, recordaba su sonora risa retumbando en las habitaciones. Pero sus ojos, su rostro y su voz, no podía recordarla por más que quisiera. La niñita comenzó a llorar desconsolada.
No quería olvidar también a mami, no no quería.
Habían llegado hasta la estación en tan solo 20 minutos, las maravillas que un auto podía hacer en tan urgentes situaciones nunca dejaría de agradecerlas. Durante el camino a la estación un nudo en la garganta no la dejaba ni siquiera respirar. El hombre junto a ella le tomaba la mano dando ligeros apretoncitos asegurándole que la niña estaría bien, no había que perder la esperanza.
Pero para una madre que ha perdido a su hija y ha perdido además, la oportunidad mas palpable de recuperarla, aquello no era suficiente. Abrió la ventanilla de su lado, esperando que el viento frío se llevara sus penas. Nada.
Sus penas seguían allí, ese sórdido dolor encajado en su pecho tampoco desapareció y los ojos verdes tomaron otro matiz. La humedad que sintió en sus mejillas fue prueba innegable de que estaba llorando. Escucho la suave voz varonil llamarla con dulzura.
Las palabras animadoras que el le daba eran un valioso tesoro en tan amargos momentos. Cuanto hubiera deseado escuchar esas palabras esperanzadoras durante el tiempo en que no sabía absolutamente de Becky. Terry era pues en ese momento su apoyo mas firme, y en realidad, el único.
Para Terry verla llorar en silencio era una tortura aun mayor, ahora el sufría por ella, por Becky y por su propio corazón. Estaba realmente preocupado por la niña, pero se decía que no podía desmoronarse ahora, no ahora que sabia que Candy estaba viva aunque no entera.
El saber que la joven mujer estaba viva fue el más dulce medicamento para sus dolores. ¿Qué había sentido al verla en sus brazos noches atrás? El nunca lo sabría. Lo único que podía saber era que ese sentimiento de sentir a la esperanza volver al cuerpo era sin duda la más maravillosa. El hombre no puede darse el Lujo de perder la esperanza, pues es lo que al final le mantiene vivo y luchando por un sueño. Y el sueño de Terrence era volver a ver a la madre de Becky.
La había amado en secreto por tantos años que ahora, aquí, le parecía increíble todo lo que estaba sucediendo. "Nuestro amor estaba escrito" se dijo. Pues pese a todas las calamidades ellos siempre terminaban encontrándose, sin que uno u otro lo planeara, sus caminos se cruzaban una y otra vez. Ahora en mas no había que los separara, el sabia tiempo atrás que Candy se había casado y la noticia había sido un golpe demasiado terrible para soportar, ¿Pero acaso no tenia ella derecho de hacer su vida? ¿No se habían prometido acaso ser felices?
Elisa había hecho su jugada, al enviar aquella misiva, sin embargo los resultados no fueron los que ella había esperado, pues en vez de odiarla como ella quería, el joven había terminado amándola aun mas, anhelándola aun más. Había tratado de entregarse completamente a su mujer, pero aquello había sido inútil y con el tiempo los resultados no pudieron haber sido peores.
De la niña, el no tenia conocimiento alguno. Ni siquiera sabia que Candy fuera madre, aunque lo sospechaba y que esa hija fuera Becky era ahora su mayor consuelo, era lo mas lógico amar a la niña tanto como a la madre. Era el sendero de la vida, se dijo Terrence, a veces espigado y cuando uno piensa que el camino a llegado a su fin, tal vez uno pueda descubrir que todavía hay senderos que no se han recorrido.
La nueva estación de trenes apareció ante sus ojos, los faroles que la rodeaban iluminaban ampliamente el lugar, sin dejar a duda donde estaban. Cuando Terry estacionó el auto, Candy bajo de un salto y hecho a correr hacia el edificio. El hombre la siguió de cerca.
-Becky – La gente al pasar miraba a Candy como quien mira a una loca.
Pero aquello ni siquiera fue notado por la joven mujer.
Terrence también empezó a dar voces.
Terrence tuvo la idea de pedir ayuda a los guardias de la estación, les hablo de una niñita que se había extraviado, así que, los tres guardias de turno empezaron a buscar también.
La buscaron hasta desfallecer, en cada rincón del enorme lugar, en baños, en bancas y la sala de espera. Preguntaron a tantos como podían, pero nadie había visto a Becky. Terrence se subió a cada tren que iba a Chicago, incluso reviso los vagones donde solo encontró a gente indigente que subía como polizonte. Nada!
-Señor – dijo uno de los guardias – Yo creo que la niña debió haber salido de la estación. Una niña pequeña como ella no hubiera pasado desapercibida. Terrence miro a Candy quien estaba repentinamente pálida.
-Por favor – Terrence saco una libretita y una pluma del bolsillo – Este es el teléfono de mi casa si saben algo, llámenos. Candy se dejo caer desfallecida en una de las bancas mientras miraba sin aliento como los tres guardias se retiraban cabizbajos.
-La encontraremos – Le dijo Terrence tomándola fuertemente de la mano. ¡Se que esta bien!
-¿Cómo sabes eso? Es tan pequeña, tan vulnerable y esta afuera, sola y asustada. – Se puso de pie, dándole la espalda.
-Rebeca ya paso por esto una vez… y se las ingenio muy bien. Confía en tu hija – Le dijo el plantándose frente a ella y obligándola o verlo a los ojos. La mujer se abrazo a su pecho y comenzó a llorar.
Rudolf había intentado con la misma técnica de Terrence, varios hombre le habían ayudado a buscar a la niña, con los mismos resultados. Dio la búsqueda por concluida y se dispuso a regresar a casa de su novia, con la cual mantenía una relación en supuesto secreto.
Al llegar a la casa, solo pudo ver una habitación con la luz prendida. La de Becky.
El hombre subió por los escalones de la gran casa no sabia que esperar al llegar allí, tal vez habían encontrado a Rebeca o tal vez no. Sin embargo lo que encontró le conmovió lo más profundo de su corazón. Susana lloraba recostada en la cama de la niña.
-Susana ¿Te sientes bien? – El hombre se acerco a ella discretamente.
-¿Cómo puedo sentirme bien, cuando Becky esta allá afuera y todo es por mi culpa? – Las lágrimas afloraban por sus ojos.
-¡¡Susana, cálmate!!
-¿Y si algo llega a pasarle? Será todo culpa mía.
-La madre de Becky y Terry están buscándola, tal vez ellos den con la niña.
-Van a quitármela – Grito Susana en medio de su llanto – Voy a perder a Becky!!
-Ella es su madre, Susana. No podemos cambiar eso.
-Pero yo la he tenido los últimos 6 meses. No pensé que la perdería nunca, el juez me la dio. Me dio su custodia. No es justo!!
-Ya tendremos nuestros propios hijos, déjala ir… Déjala ser feliz. Olvídate de ellos. – El hombre abrazo tiernamente a su prometida que seguía llorando sin nada que pudiera darle consuelo.
Los sentimientos maternales de Susana hacia la niña eran tan verdaderos como su propia esterilidad.
No habían podido conseguir nada, Candy y Terry regresaban con la vista empañada y los ánimos por los suelos. Se decidieron por regresar despacio y así fue. Tardaron cerca de 20 minutos en regresar dos cuadras. Pues revisaban cada punto a la redonda, con la esperanza de encontrar a Becky en camino. Tal vez la niña se había tardado, o tal vez no había tomado esa ruta, o incluso, solo tal vez Rudolf la había encontrado en la otra estación. Sin embargo como cualquiera de las opciones no era una certeza decidieron buscar por cualquier camino accesible de la niña. Pronto pasaron por el parkesillo y el corazón de Candice latió fuertemente.
-¡¡Detén el auto!! – Exclamo alterada. Terrence piso fondo el freno.
-¿Qué sucede? – La muchacha se bajo sin contestar la pregunta, camino hacia los columpios del lugar. Nada. Todo estaba vacío.
Eran alrededor de la 1.00 de la madrugada y llevaban buscándola desde las 7.00 de la tarde, con la cara desencajada, el cabello despeinado, Candy se paro inmóvil frente al juego para niños, parecía un fantasma en medio de la noche. La luna ilumino el cielo y la frágil figura de una mujer adulta conmovió a Terrence. Se acerco a ella. Estaban allí mirándose el uno al otro, consolándose el uno al otro solo con sus miradas. Y en medio de ese extraño momento el llamado de una dulce vocecita llamo su atención.
-¡¡Becky!! - Ambos adultos giraron hacia la dirección del sonido. Un bultito encantador estaba hecho ovillo sobre una de las bancas del parke.
La niña se había cobijado con unos periódicos y su colchón eran unos cartones viejos. Un cachorro igual de indefenso le hacia compañía. ¡¡No podía creerlo! Era Becky, su Becky!!! La niña dormía placidamente y ella ni siquiera podía moverse para tocarla, trato de caminar hacia la niña pero sus torpes pies entumecidos solo lograron hacerla tropezar y caer. Terry la sostuvo en el aire.
-¡¡Mami!! – Volvió a llamarla la niña en su dulce voz. Candy se acerco a ella temerosa de estar en un sueño. Todo aquello había sucedido en un par de segundos. Las lágrimas que emanaban del rostro de Candy, eran ahora de felicidad y la rubia se pregunto como es que uno podía pasar de la más inmensa desolación a la más inmensa alegría. Se sentó junto a la niña, en aquella fría banca de parke.
-Becky – La llamo con Ternura. Terrence estaba parado muy cerca de ellas. Observando la escena embelezado. - ¡¡Becky!! - Volvió a llamar Candy con la voz ahogada por el llanto. La niña abrió los ojos lentamente.
Estas aquí, ¡Si aquí conmigo!
Tu dulzura la recuerdo, cuan familiar me es tu sonrisa
Si…Cuanta alegría siento de que estas aquí
De nuevo en mi vida, y se que te quiero
Y se que te amo, que te añoro y te recuerdo
¿Qué era aquello que miraba? Un rostro blanco, pecoso y ojos verdes adornándolo, esos rizos en su frente. Esa sonrisa maravillosa, esa expresión aliviada. ¡Era mami! ¡Si era mami! ¿Pero era un sueño? ¿La realidad era tan hermosa? Todo en la vida es posible.
-¿Mami?? – La niña la miro en silencio y cuando su mente inocente y joven alcanzo a comprender que su madre estaba allí frente a ella. Le fue imposible no gritar por ese adjetivo que tanto amaba. ¡¡Mama!! ¡¡Mami!! ¡¡Eres tu, mi mami!!
La niña se arrojo a los brazos de la mujer, llorando y riendo de felicidad. Terrence no pudo evitar el dejar escapar un par de lagrimillas. Trato de disimular su alegría poniendo una de sus manos en su rostro. Sin embargo nadie había allí, además de ellos tres que pudiera avergonzarlo. Candy lloraba, Becky lloraba y Terry lloraba.
Te pensé perdida para siempre,
Te creí olvidada por el tiempo
Un juego cruel del destino, un atroz acto de venganza
Pero estas aquí, aquí conmigo
-¡Mami te extrañe! – Le dijo la niña después de que se separaron - ¿Pensé que te habías olvidado de mi!
-Oh mi Becky, claro que no, siempre estuve pensando en ti – Candy la volvió a abrazar.
-¿Por qué tardaste tanto en venir?
-He estado en camino desde el día en que te apartaron de mi cariño. Pero ya jamás volveremos a separarnos. Ahora estamos juntas. .
Y no nos separaremos
y ya nunca más nos dejaremos
Viviremos siempre juntos, con el afán del amor eterno
Y no podremos olvidarnos porque tu amor esta conmigo
Porque estas aquí, aquí conmigo,
Aquí conmigo hasta el fin de los tiempos.
Mariposa
Fue entonces que la niña giro su cabeza y noto la presencia masculina que no se había atrevido a interrumpir un momento tan íntimo.
-¡¡Señor Grandchester!! – La niña grito de la emoción. El hombre se acerco a ella y la abrazo con fuerza.
-Querida Becky nos has pegado un buen susto.
-Gracias señor Grandchester – Terry la miro confundido – Gracias por traerme a mi mama. - Candy la miro gustosa y la niña abrazo a ambos adultos.
-Gracias Dios, por regresarme a mi mami, y por darme al señor Grandchester – Dijo Becky en un susurro, pero no lo demasiado bajo para que no fuera escuchado por los adultos.
Muy pronto Duch se unió a la conmovedora reunión ladrando alegremente y moviendo la cola.
-¿Y este amiguito? – Pregunto Terrence mirando al cachorro que le ladraba juguetonamente.
-¡Este es Duch! – Anuncio alegremente Becky – Mama ¿Puedo quedármelo? - Y como su madre no estaba en condiciones de negarle nada la niña pudo tener la mascota sin más preámbulo.
Después de todo aquello y una vez que las cosas se calmaron, Terrence sugirió ir a casa. Candy le pidió que la llevara al apartamento que estaba alquilando.
Pero terrence pronto la convenció de ir mejor su propia casa, que estaba en el corazón de Manhatan. La niña secundo la idea de Terry y no hubo más discusión después de eso. Puesto que Candy sabía lo incomodo que podía llegar a ser el pequeño lugarcito donde estaba viviendo. Sin embargo si fueron a recoger las pertenencias de Candy.
En cuanto Terry llego al lugar, una horrible tristeza se apodero de su pecho, el barrio era uno de los mas pobres y el apartamento era tan deprimente que no le cupo duda porque había enfermado Candy.
Una de las ventanas no tenia cristal para proteger a los habitantes del frió, la calefacción ni siquiera servia y cuando abrió el grifo del agua el lodo sucio termino por convencerlo que Candy y Rebeca debían ir con el. El mal olor del drenaje en el baño hizo que pusiera cara de disgusto, Candy ya ni siquiera lo percibía. Terrence le ayudo a poner sus cosas en la maleta y tomando la niña en un brazo y la valija de Candy en el brazo desocupado salieron inmediatamente del lugar.
La diferencia fue palpable para Candy cuando llegaron al departamento de Terrence, en un lujoso apartado de Nueva York.
-Están en su casa –Aseguro Terry al abrir la puerta.
-Muchas gracias por todo, Terry, no se que hubiera pasado si tu no…
-Esta bien – Dijo el encogiendo el hombro – No hay nada que agradecer. Por favor están en su casa. En la nevera hay algo de comida. Sírvanse lo que deseen. - La niña que le tenía más confianza pronto brinco de dos en dos hasta la nevera. De donde tomo toda la fruta que quiso.
-Terry ¿no vas a llamar a Susana para decirle que Becky esta bien?
-No – Dijo el tomando una manzana que la niña le ofrecía. – terry lo miro con ojos endurecidos. – No me mires así Candy, además, fue culpa de ella que la niña se perdiera. No pienso tranquilizarla que sufra por la noche.
-Eso no esta bien Terry - Candy se lo dijo en un susurro tratando de evitar que la niña se enterara – Si no lo haces tu, lo haré yo.
-Bien, supongo que tienes el numero de teléfono – El hombre sonrió triunfal y la mujer opto por otra técnica.
-Si no le dices a Susana que todo esta bien, yo no podré dormir pensando en la mal que debe sentirse.
-¡Esta bien! – Dijo el dándose por vencido al fin. - La llamare.
Candy se sentó en el enorme suave y mullido sillón que adornaba la estancia de la casa de Terry. La niña se acomodo muy presta en su regazo y Duch se hecho a sus pies. La niña no tardo en dormirse y mientras Terrence hablaba, Candy también se durmió.
Lo que el hombre vio cuando regreso a la sala fue su más anhelado sueño. Una familia que amar. Primero tomo a Becky con cuidado para no despertarla a ella o a su madre y la acomodo en la habitación que había dispuesto para ella. Después volvió por la madre de la niña, y la acomodo junto a su hija. Luego el también se fue a la cama, a su propia recamara.
Era muy temprano cuando Candy despertó, sintió su brazo entumecido y un ligero peso sobre su estomago. Felizmente supo de lo que se trataba, la pequeña le había subido las piernas encima. Típico de Becky y su cabeza estaba recargada en su brazo. Suspiro aliviada, después de lavarse la boca y cambiarse de ropa salio de la habitación. Terry estaba sentado en el comedor, con Duch a sus pies, el periódico en mano y un jugo en la mesa.
-Buenos días ¿Has dormido bien? – Pregunto el con una gran sonrisa.
-¡Bastante bien! – Dijo sentándose a la mesa junto a el, mientras el le servia un poco de jugo.
-Mas tarde iremos a desayunar fuera – comento el hombre. Mirándola con una sonrisa.
-Oh no, no queremos ser una incomodidad. Siento que no te he agradecido apropiadamente todo lo que has hecho por nosotras, No se como podría pagarte por todo. .
-Eso ya lo has hecho. Estuviste conmigo cuando mas necesitaba de alguien. Y por supuesto que no es ninguna incomodidad, yo quiero a Becky y para mi tenerlas a ambas es un placer más que nada. – Miro la sonrisa de Candy, así se animo a decir el resto – Yo quería – Se puso repentinamente nervioso – Quería, Candy quiero ayudarte en todo lo posible y lo que ha pasado con Becky no puede quedarse así. Hoy temprano contrate un par de investigadores. Vamos a hacer que ese maldito de Neel Legan pague por lo que te hizo.
-Terry!! Gracias por todo de nuevo – Le tomo una mano.
-También quería – Carraspeo con nerviosismo – Pedirte, no mas bien suplicarte, Candy, que aceptes pasar unos días en mi hacienda.
-¿Hacienda? – Candy lo miro sorprendido.
-Candy… Tanto Rebeca como tu necesitan un descanso, tu has pasado por momentos tan amargos desde que te separaste de Becky y Becky por su parte también ha estado tensa, creo que les vendría bien una buenas vacaciones. – Candy suspiro hondo.
-Supongo que tienes razón.
-Tengo una hermosa granja a las afueras de la ciudad, hay un riachuelo que pasa por la propiedad y es bastante agradable estar allí. Me gustaría estar con ustedes, si no te molesta.
-¿Cómo podría molestarme? Tú eres mi salvavidas en medio del agua tempestuosa… Nos encantaría – Dijo Candy tomando una de sus manos. La cual soltó inmediatamente cuando escucho la traviesa risilla de Becky que miraba la escena sin hacer ruido.
-Mama… - la niña hablo a boca de jarrón - ¿Puede el señor Grandchester ser mi papa? - candy se puso roja como tomate. Terrence en cambio rió picadamente y luego añadió.
-Si Candy ¿puedo? - pero la rubia no contesto nada y se alejo para hacer las maletas.
Esa mañana el trío se dirigió, primero a desayunar en un ameno restaurante y luego a pasear por la ciudad, el resultado de esto había sido muchos y deferentes vestidos para Candy y Becky. Cada vez que Terrence quería comprar la ropa, Candy se negaba pero Becky aceptaba el regalo con mucho animo. Terrence alegaba que para el aquello era cosa de nada y Candice aceptaba un poco abochornada los presentes.
Muy por la tarde salieron rumbo al rancho de Terrence, después de que el hombre hizo sus arreglos con los detectives y se comunicara con el hombre que Candy había contratado.
Sin embargo antes de partir rumbo a la propiedad de Terrence, la de ojos verdes se empeño en ir con Susana, quería agradecer los cuidados dados a su hija.
La mujer miraba a la niña con el rostro compungido. La verdad era que se había encariñado con Becky y el hecho de perderla era un golpe muy duro. La despedida no fue muy sentimental que digamos, pues aunque Susana lloro, la niña solo le dio unas palmaditas en la espalda y trepo al auto junto a Terrence.
Candy se disculpo por la pequeña y agradeció a la mujer todo lo hecho por su hijita, para después reunirse con su familia.
Nunca un viaje fue tan agradable. El sol en el horizonte se hundió en la tierra, como solía decir Becky. Y los tres viajeros unidos por los sentimientos que albergaban dieron fin a un amargo periodo en sus vidas para seguir su camino al castillo de la felicidad.
Fin
Notas de la autora:
¿Fin? No me lo puedo creer. Bueno chicas espero que este final haya llenado sus expectativas. Pero no crean que aquí acabo la historia, todavía falta un epilogo que les entregare después.
Por cierto espero les haya gustado el poema que hice especialmente para este fic, hacia años que no escribía un poema así que me disculpo de antemano si no esta bien escrito.
Bueno pues besos a todos y nos vemos en otra….
Mariposa
