Aquí les traigo el segundo capítulo. El disclaimer y las advertencias ya están hechas, así que... ¡a leer! :D


Dos

Recostado sobre su cama, Albus jugaba con una vieja Snitch gigante de peluche; un regalo de su abuela Molly, de cuando él tenía apenas tres años. Ahora tenía diecisiete, ya no era más un niño, pero la Snitch de peluche seguía siendo el objeto que más le agradaba en su cuarto. Además de Rose, claro. Con la pequeña excepción de que Rose no era un objeto ni estaba siempre en su cuarto.

—Gracias a Merlín recuperaste el sentido común y saliste de allí, Al —le dijo Rose quien, cruzada de brazos, tenía la espalda apoyada contra la ventana—. Es la peor idea que has tenido desde que quisiste espiar en el Pensadero del tío Harry.

—Es tu culpa —rió Albus—. Por enseñarme a usar la máquina esa.

Rose bufó y rodó los ojos. Se quitó las deportivas y se tiró sobre la cama, junto a su primo.

—¿Ya has pensado qué le dirás a Scorpius? —le preguntó.

Albus se quedó congelado y la Snitch de peluche le dio de lleno en la cara. Por suerte era de peluche, o habría abandonado su cuarto con un ojo morado. Rose se quedó contemplándolo, aguardando una respuesta. Sabía que su pregunta había puesto a su primo muy incómodo, pero ya era hora de que pensara un poco al respecto. No iba a poder quedarse callados sus sentimientos hacia su mejor amigo durante todo el año.

—No voy a decirle nada —se encogió de hombros—. No tiene por qué saberlo.

—Es verdad —le concedió Rose—. No tiene por qué saberlo, pero debería. De verdad, Al, ¿durante cuánto tiempo crees que podrás ocultárselo?

—No lo sé, Rose —bufó, algo fastidiado por el rumbo que estaba tomando la conversación. No quería pensar en hablar con Scorpius sobre el tema. Su rubio amigo no había dado señales de que sintiera por él algo más que cariño de amigos, ni había mostrado atracción alguna hacia los chicos en general. Scorpius era hetero, hasta donde Albus sabía, y no creía que aquello fuese a cambiar en un futuro próximo. O nunca.

—¿Y qué harás el día que Scorpius se ponga de novio con alguna chica? —inquirió Rose, apoyándose sobre uno de sus codos para poder observar a su primo con mayor detenimiento. Albus había vuelto a jugar con la pelota de peluche—. Porque te conozco, Al. Vas a molestarte. Te va a inquietar ver a Scorpius con alguien más, te vas a enojar con él por nada. ¿Y crees que no se va a dar cuenta? ¡Y ni quiero pensar en cómo tratarás a la pobre humana con quien Scorpius…!

—¡YA, ROSE! —chilló Albus. Aquel repentino grito desestabilizó a la pelirroja, que casi se cae de la cama.

—Bueno, yo sólo decía…

—Lo sé, Rose, lo sé… —suspiró Albus.

Entonces se oyó un leve picoteo en la única ventana del cuarto. Fuera había una imponente lechuza gris que llevaba un pequeño sobre en el pico. Albus tragó saliva mientras se ponía de pie parar recibir la misiva. Le quitó el sobre del pico al animal, que se quedó allí sin moverse, seguramente aguardando la respuesta. El joven Potter leyó brevemente aquellas líneas escritas con la apretujada letra de Scorpius, y suspiró, resignado.

—¿Qué quiere? —le preguntó Rose, que había reconocido la lechuza de su amigo.

—Que vaya este viernes a pasar la tarde en su casa.


Notas: ¡Muchas gracias a las cinco personas que me comentaron el primer capítulo de este mini-fic! De verdad, se los agradezco mucho :) Espero que éste también les haya agradado. Con respecto a la pregunta de pipa, intentaré actualizar cada cinco días más o menos.

Saludos,

Alex Franco.