Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.


Sí, amo

Trece:
Máscara.

La verdad corre, nunca para. Porque siempre hay demasiado que ocultar.

.

Siempre pensé que si pasaba algo bueno, el clima tendría que apoyarlo. Buena calificación, ¡sale el sol! Yasuo se va de pesca, ¡sale el sol! —para él y para mí, por supuesto—. Sasuke Uchiha me abraza y me dice que le preocupo, sigue malditamente nublado en este planeta alienígeno. Siento que cada vez odio más Konoha.

Dejé que el agua de la ducha comenzara a correr. Deseaba más que nada liberar esa tensión que tenía en mis músculos, los sentía agarrotados; todo por culpa de Sasuke —quien, por cierto, no limpiaba su cuarto a propósito—, y su estúpida ropa tirada por todos lados. Sé que eso también fue adrede. Puse mi mano bajo la caída del agua para nivelar la temperatura a una adecuada, cuando por fin la encontré comencé a desvestirme.

Fue una suerte que Sasuke saliera con Neji aquella tarde, así que antes de las seis ya pude escaparme de regreso sin que él lo supiera. Tenten puede guardar secretos.

Mientras me quitaba los pantalones me enojaba saber que tenía mi mente en blanco. Y yo no quería pensar en él, en serio, llegaba a doler la cabeza tanta perfección en mi imaginación.

Suspiré, intentando guiar a mis pensamientos a las musarañas sobre la escuela y deberes.

¡Fallé patéticamente!

Estuvimos unos segundos más algo abrazados. Su contacto hacía que mi corazón se acelerara estúpidamente, pero, por primera vez, no me preocupé del todo por eso. Sasuke se alejó de mí cuando ya llevábamos al menos 10 segundos —no estuve contando, que conste—. ¿Le asustaba tanto como a mí que nos vieran así de juntos?

La ausencia de su tacto dejó un regusto amargo y un cosquilleo molesto en mi piel.

Así que… —musitó Sasuke, evitando mirarme. Yo no pude evitar el observarle—. Esto…

Nunca dejaré de pensar que se ve muy, muy tierno cuando se pone nervioso.

¿Cuándo…? —se aclaró la garganta—. ¿Cuándo te enteraste de…? Ya sabes.

Parpadeé un par de veces, confundida por su pregunta, al principio. Pero entendí a qué se refería. Me sonrojé sin motivo y sin poder evitarlo. Patético.

En la fiesta que Tenten me hizo —murmuré mirando la mesa.

Al momento de escuchar su despreocupada y musical risa, me estremecí. Sonaba tan divertido por lo que le había contado, y yo no sabía por qué. Me pregunté también si él sabría quién me había dicho aquello. ¿Le molestaría? Una parte de mi mente se preocupó por Sasori…

hm, después de todo él no le haría nada a Hinata.

¿Y ahora recién vienes a agradecerme? —rió—. ¡Qué impuntual, Sakura!

Metí el primer pie a la no-tan-grande-bañera que no estaba tan llena, podía meter mi cuerpo completo sin que el agua se rebalsara. Gemí cuando el agua caliente golpeó mi piel fría y de a poco me introduje completamente.

El agua hizo un gran trabajo mientras dejaba mi mente volar, por mucho que mi razón me gritara que no lo hiciera. ¡Mira que llamarme impuntual a mí! Casi lo tomo por desagradecido.

Hubo un momento en ese instante en que volví a preocuparme por el tema de Hinata. Al parecer mi curiosidad se había escapado, como yo temía, y había sido reemplazada al cien por ciento por temor. ¿Temor a qué? ¿A que él dijera sí? Era estúpido, lo tenía más que claro, pero no podía evitar esa ola de sentimientos rencorosos cada vez que me hacía una imagen de Sasuke y Hinata. ¡Me era imposible no fruncir el ceño!

Odiaba sentirme de esta manera: como si él pudiera crear una vulnerabilidad en mí de la que se pudiera aprovechar. Sabía que no lo haría, pero aún estaba en la duda. Quizás debería pasar un poco más de tiempo antes de atreverme a preguntarle una cosa como esa. Digo, no es como si él me tuviera la confianza que le tiene a Tenten o Neji o cualquier otro de sus amigos o familia. Soy una gran desconocida para él, como él lo es para mí.

¿Quién te lo dijo?

¿Ah? —pregunté, confundida por su repentina pregunta.

Ya sabes, sobre eso. ¿Quién te lo dijo?

Me reí internamente ante su curiosidad insatisfecha. Pero me sentía tontamente alagada de que él estuviera haciendo preguntas de algo que se relacionara conmigo. Se me elevaba el ego de una forma tan inmadura.

Ah, eso —no era malo jugar con él un poquito. Y no es que fuera a decírselo después de todo. Quería hacerme la interesante de algún modo, un misterio para él, como él lo era para mí.

¿No me lo dirás? —parecía sorprendido y divertido al mismo tiempo.

No —negué con la cabeza.

Ya haré que me lo digas… —insinuó.

Me reí por lo bajo.

¿Me lo ordenarás?

Él se encogió de hombros, dejando de lado esa idea. Aquello me sorprendió, aunque, bueno, creo que no se lo hubiera dicho ni aunque me lo ordenara. ¡Era un secreto! Algo para hacerme la misteriosa.

Tengo mejores métodos —sonrió.

Fue imposible no sonrojarme.

Me estremecí dentro del agua, de repente se me hizo un poquito fría. ¿O era que yo estaba caliente?

La cena con Yasuo fue normal. Casi no hablamos de nada, como las últimas dos semanas. Sentía que, de alguna manera, me estaba distanciando de mi padre, ¿o eran imaginaciones mías? Bueno, no es que él y yo fuéramos muy buenos para la cháchara, pero…

¡Y sabía que tenía que decirle algo! Se me escapaba de la mente cada vez que intentaba recordar qué era. ¡Lo tenía en la punta de la lengua! Intenté con recordar lo que había hecho los anteriores días. Hasta que llegó a mi mente el viernes y la salida con Naruto. ¡Setsuna!

—Esto…, papá.

Yasuo levantó su vista del asado con ensalada que había preparado, y me miró con curiosidad, como si resultara extraño que le dirigiera la palabra. Parecía haberse vuelto algo loco.

—¿Sí, Sakura?

Me pregunté una última vez si de verdad era necesario preocupar a Yasuo con el tema de Setsuna. Pero mis dudas se disiparon casi al instante. Claro que papá debería saber eso, quiero decir… Yasuo debería preocuparse por él.

Mordí mi lengua casi al instante antes de comenzar a hablar.

—El viernes fui a La Hoja con Naruto… después de clases —una mentirita piadosa no hace mal a nadie. Mentirita piadosa, mentirita piadosa.

Extrañamente sonó creíble.

—¿Ah, sí? —sonrió, creo que se alegraba de que volviera a ver más a Naruto—. ¿Cómo están todos por allá?

Hice una mueca. Yasuo se fue ciegamente al grano sin saberlo realmente.

Nunca me gustó dar malas noticias, me quedaba un gusto raro en la boca y un remordimiento difícil de quitar.

—Pues… bien, pero… Setsuna no está tan bien que digamos.

El rostro de Yasuo mostró pura y nata sorpresa.

—¿Qué le pasa?

¿Soy yo o su mano comenzó a temblar?

—Está… enfermo, muy enfermo. Él asegura que no es nada pero yo no lo creo y —ugh, ahí estaba ese sabor amargo en la boca— Shion dice que ya no quiere ir al médico. Aunque dijeron que era sólo un resfriado ella no está segura.

Yasuo volvió la vista a su plato y cogió un poco de tomate antes de llevárselo a la boca. Asintió con un sonido desfigurado en la garganta y, seguro, quiso dar por terminada la conversación. Yo ya sabía que no obtendría más palabras de su boca, así que no quise insistirle más; él ya sabría qué hacer al respecto.

Por mi parte, yo no tendría problema alguno en quedarme una tarde sola —más sola de lo normal—, para que Yasuo fuera a ver a Setsuna.

Hice una mueca al pensar que, quizás, no me quedaría sola, sola. Tal ve ni siquiera me quedaría en mi casa.


Los días pueden pasar volando sin que yo me diera cuenta. Extrañamente Sasuke estaba más animado que de costumbre por algún motivo que yo desconocía —o, bien, no quería admitir—. Las idas a su casa fueron aumentando y ya me vi de martes a viernes donde él; ordenando su habitación, planchando, limpiando, preparándole sus estúpidas meriendas o cualquier otra cosa.

—Todo tuyo —dijo Sasuke con una sonrisa.

—Prefiero que me muerdas —gemí al desorden.

—Hey, soy yo quien da las ordenes —rió.

Yo no le vi el chiste.

Fue un inmenso alivio el que viniera mi milagro personal, Neji, a llevarse al Pecado andante para Dios-sabe-qué y pudiera escaparme el viernes. Tenten sabe guardar secretos y también dejarme en casa.

Tal vez yo misma me sentía más animada de cierto modo, por razones desconocidas ya no me costaba levantarme más en la madrugada —o tal vez era porque ya no tenía las charlas nocturnas con Tenten—. Sasuke pasaba a recogerme en la mañana, y venía a dejarme en la tarde noche.

Tenten no volvió a preguntarme sobre Sasuke.

Mi mente dejó de preocuparse por el tema de Hinata hasta que fuera excesivamente necesario.

Parecían días completamente normales en el día de una esclava actual sirviendo a su amo y señor —patético—. Pero la paz se quebró tan pronto como vino, y odié hasta lo más hondo de mi alma el no poder hacer nada.

La mañana del sábado Sasuke apareció en mi puerta, como me había dicho el viernes, y me llevó a su casa. Su rostro era inescrutable, repleto de una emoción que no pude descifrar. Se me revolvió el corazón al darme cuenta que yo no sabía lo que le estaba alterando, y me preocupé —sí, me preocupe en serio—, y mucho.

En unos minutos me tuvo limpiando, otra vez, su habitación. ¡Y Dios! Parecía que había pasado un terremoto combinado con un tornado y cualquier cosa destructiva que se pueda ocurrir. El cuarto era un caos total, y me tomó más de una hora arreglarlo. Las sábanas estaban manchadas, los papeles esparcidos por el suelo, el closet —que recién había ordenado el viernes— ahora estaba hecho un revoltijo de telas y colores arrugados. Tendría que volver a planchar. Encontré una barra de chocolate a media comer y una taza con olor a café. Y… una lata de cerveza sin abrir. Deseé por todos los cielos que fuera de Kiba y que se le hubiera olvidado, pero fue en vano, porque la adorable latita estaba bajo la cama de Sasuke, la cual no se salvó del revoltijo.

Mi ira crecía conforme seguía ordenando. ¡Tanto había trabajado en esa maldita habitación y ahora por culpa de algo —o alguien— se había estropeado!

Un poco antes del almuerzo quise retirarme, eran más de las dos de la tarde cuando terminé de ordenar. No pude hablar con Tenten ni ningún otro integrante de la familia. Mikoto me sonrió de despedida.

Sasuke no me dirigió la palabra de regreso, y su rostro decía que no lo haría mañana tampoco.

El domingo me tuvo limpiando su tan apreciado Volvo plateado, sin ayuda y con agua fría. Las manos se me arrugaron y los dedos estaban acalambrados, casi no los sentía. Tenten me invitó a entrar y no tuve que dar más de dos pasos para escuchar un fuerte golpe proveniente de la sala, alguien había golpeado las paredes.

Un minuto más tarde, mientras Tenten me servía chocolate caliente, escuché el motor del Volvo prenderse y el auto arrancando a toda velocidad. Mi rostro sorprendido debió de expresar mis preguntas, porque su hermanastra contestó:

—No te preocupes, me dijo que te llevara yo a tu casa —sonrió melancólicamente.

Ella parecía entender lo que le pasaba a Sasuke.

—¿Qué…? —intenté preguntar.

—No lo sé —me interrumpió, adivinando mi pregunta—. Está así desde el viernes en la tarde, después de que tú te fueras…, bueno, que yo te fuera a dejar —sonrió sin atisbo de alegría—. Regresó, preguntó por ti y luego se fue a su cuarto como si nada hubiera pasado. Pero en la cena…

Tenten gimió al recodar, y yo deseé más que nunca tener la habilidad de leer las mentes, porque parecía bastante importante lo que estaba recordando. Lástima que tuve que contentarme con esas pocas palabras que la duendecillo me había dado, porque parecía que no quería seguir hablando sobre el tema, y yo, desgraciadamente, iba a respetar eso.

El lunes por la mañana fue ella quien me llevó al instituto. Cuando le pregunté por ya-sabes-quién me dijo que tal vez no iría a la escuela. Mi preocupación fue en aumento cuando no le vi por toda las horas antes del almuerzo, ni siquiera en los recesos.

Miles de ideas cruzaron mi mente como rayos. ¿Había peleado con alguien? ¿Perdió algo importante? ¿Murió alguien importante para él? Me obligué a poner mi siguiente opción al momento en que vi la vi a ella con Sasori. ¿Le había rechazado Hinata después de todo? Yo no sabía si Sasuke se le había confesado o algo por el estilo. ¿Lo había hecho y Hinata le había dicho no? Sinceramente, no me imaginaba a Sasuke siendo rechazado, ¡era tan irreal esa idea!

Pensaba en eso cuando entré sola a la cafetería. No perdí mi tiempo, y miré a la mesa de donde se sentaban ellos e Ino y Neji, eran cinco personas. Suspiré aliviada. Sí había venido.

Pero mi hambre se había ido. Con suerte compré una botella de gaseosa para ir a sentarme con los demás. Había abandonado mi antigua mesa desde que supe más o menos sobre lo que Kankuro Sabaku decía a mis espaldas, y sobre mí. No culpaba a los demás, pero no quería compartir una mesa con Kankuro… tampoco con Hinata, y sabía que estaba siendo injusta, pero no podía evitarlo.

Sasuke creó un gran muro invisible entre nosotros, por ende me ignoró olímpicamente, y eso me dolió hasta el tuétano. Tenía enormes deseos de preguntarle qué le pasaba, pero no iba a ser así de insensible, preferí dejarlo al tiempo y hacerme a la idea de que él me lo contaría cuando lo deseara.

Ese estúpido muro —que yo no podía traspasar— duró todo lo que quedaba del día, y fue una rutina bastante diferente a la que yo me había acostumbrado. Me estaba incomodando mientras íbamos en el Volvo a casa de él; más incómoda me sentía cuando recordaba que sólo estábamos Sasuke y yo en el auto, y que él hacía como si yo no estuviera ahí. Cosa que me hizo rabiar internamente, y de repente me picaron los ojos. ¡Estúpida manía de llorar cuando me enojaba!

Trabajé como la más patética de las esclavas el lunes y el martes. Fue una secuencia repetida, el día parecía ser el mismo. Internamente maldecía cualquiera hubiera sido la cosa que hubiera puesto a Sasuke así, porque sentía que ya me estaba dañando a mí y a sus hermanos. Y, joder, ¿qué podíamos hacer?

Fue un mal inicio de Octubre. Poco me alegró el hecho de que iba a mitad de camino para ser libre.


Octubre 02, 2007.

&.

Sasuke estaba abajo, tocando el piano, alguna extraña melodía melancólica y dramática. Ya se me oprimía el corazón cada vez que le escuchaba.

Me sentí estúpidamente impotente cuando terminé de hacer la cama. Él estaba sufriendo y yo no hacía nada para hacerlo sentir mejor. Me senté sobre las cobijas, y abracé la almohada que aún no había puesto. Olía a él, ese aroma tan dulce y masculino que sólo él podía poseer. Enterré mi cara en la suavidad del cojín, aspirando y relajándome.

El torbellino de emociones me produjo un estremecimiento. Con la triste melodía en el aire, me pregunté si Tenten, Kiba y Mikoto podían escucharla. No tuve el suficiente tiempo para preguntármelo antes de que sonoras pisadas se escucharan dentro de la habitación. Mi corazón dio un vuelvo ante la posibilidad de que fuera él, pero deseché la idea en cuando la melodía seguía sonando. Levanté la vista y vi a Kiba con el rostro serio, como nunca antes pensé verle.

—Ya no lo soporto —masculló—. Creo que Sasuke se está haciendo emo o algo por el estilo.

No pude evitar sonreír ante eso.

—No lo molestes —casi reí—, o se cortará las venas.

Kiba sonrió y se vino a sentar a mi lado.

—No puedo estudiar tranquilo con esa emotividad en el ambiente —suspiró—. Lo peor es saber que no puedo hacer nada porque él no ha querido decir qué le pasa. Se está guardando todo para sí sólo, aunque sabe que eso le hará peor.

Asentí a cada una de sus palabras. Él parecía mucho más preocupado que yo, y como no, si era su hermanastro.

—No sé qué hacer —susurré.

Kiba palmeó mi hombro con su inevitable fuerza. Me dolió un poco, sólo un poco.

—¿Sabes, Clow? Siento que tú eres la única que puede hacer algo por él.

—¿En serio? ¡Espera! ¿Me has dicho Clow? —intenté parecer indignada, pero no me salió.

—Ajá —sonrió—, así se llaman las cartas de la niña Card Captor, ¿recuerdas?

Yo sabía que él intentaba alivianar un poco el ambiente, pero no funcionó del todo. Normalmente yo me hubiera enfadado por ese humillante apodo, pero no pude.

La melodía se calló por un instante. Y luego le siguió un estruendo desafinado de notas revueltas. Como si se golpearan todas las notas con fuerza.

Kiba y yo nos sobresaltamos, juntos. Su peso hizo que la cama se estremeciera, y con ella mi cuerpo. Me levanté de un salto, dirigiéndome a la puerta, dispuesta a ir a la sala a ver qué había causado ese desafinado ruido con el piano. Pero Kiba seguía ahí sentado en la cama cuando volví a verle, él estaba sonriendo como si aquello hubiera sido bueno. Me miró como si yo fuera la razón de su extraña felicidad.

—¿Tú no vas a…? —le quise preguntar por qué no se levantaba.

—Ve, Clow, creo que él no quiere que yo esté ahí abajo.

No entendí a Kiba, pero sólo fui capas de asentir sin decir más. Bajé las escaleras hasta el segundo piso, donde encontré a Tenten y Mikoto asomadas a las escaleras que van al primer piso. Ambas tenían la preocupación en sus rostros y seguro yo no estaba diferente.

Mikoto puso una mano en mi hombro y Tenten me impulsó a caminar a la primera planta. Me sonrieron con tristeza cuando comencé a bajar. ¿Es que todos pensaban lo mismo que Kiba? ¿Por qué ni Tenten ni Mikoto me acompañaban? Al llegar al primer piso no pude escuchar nada, y eso me erizó los cabellos de la nuca. Ya me estaba poniendo nerviosa.

Al ingresar a la sala pude verlo.

Sasuke estaba sentado en el taburete del piano de cola, con los brazos sobre las teclas y su rostro oculto. Su ancha espalda era todo lo que podía ver, además de la cadencia de una respiración demasiado lenta para respirar normal. Sus brazos se estremecieron y con ellos su cuerpo. Se sorbió la nariz suavemente. ¿Sasuke…? ¿Sasuke estaba llorando?

Me acerqué lentamente a él, con pasos que para mí no eran audibles, pero él me asustó cuando se giró violentamente. Su rostro no fue más que sorpresa al verme ahí, frente a él, y hasta la más mínima de mis terminaciones nerviosas comenzaron a funcionar. Me sudaban las manos patéticamente. La verdad, no sabía qué decir ni hacer. Él no dejó de mirarme mientras me acercaba a su tembloroso cuerpo. Las lágrimas no dejaban de correr por sus pálidas y suaves mejillas, sonrojadas en un único punto: donde los pómulos más se pronunciaban.

Verlo así, tan vulnerable, tan… rompible, me partió el corazón en un instante. Pude ver a Sasuke de muchas maneras: arrogante, feliz, enojado, misterioso, divertido, sorprendido… pero jamás se me pasó por la cabeza la idea de verlo llorar como lo estaba haciendo ahora. Hice de mis manos un par de puños dispuestos a romper lo que sea que se me atravesara, sentía ira conmigo misma por no poder hacer nada, por no saber qué hacer.

Cuando ya hube estado cerca de él, Sasuke apartó la mirada, y la volvió hacia el piano, dándome la espalda. Yo ya no podía soportar más indiferencia.

—Sasuke, mírame —susurré.

Él no contestó.

—Sasuke, por favor —supliqué—, no me ignores.

—No te ignoro —su voz quebrada sólo hizo que mi corazón se encogiera más, y aún así era la voz más hermosa que había escuchado.

Con el corazón medio destrozado sólo se me ocurrió una cosa por hacer. Bueno, no podría decir que se me ocurrió, más bien fue un instinto que yo desconocía que salió a la luz.

Acorté rápidamente el espacio que me separaba del cuerpo de Sasuke. Pasé mis brazos bajo los suyos, a la altura de sus costillas y me incliné para que mi frente quedara en su nuca. Su cuerpo era algo grande para que mis brazos lo abarcaran completamente, pero podía acariciar mis manos sin problemas. Le estreché con fuerza.

—No preguntaré qué te pasa —le susurré, volteando el rostro, mi mejilla descansó sobre los cabellos que cubrían su nuca—, pero si me necesitas aquí estaré.

No era una mentira, y estaba segura de que él lo sabría a la perfección.

Sentí, más suave que cualquier tela fina, sus manos posarse sobre las mías, en su pecho, tomándolas con fuerza, y sin apartarme de él. Me atrajo lo poco y nada que el espacio le permitía, y me obligué a mí misma a poner el mentón sobre su hombro. Cuando vi sus lágrimas deseé limpiarlas con mis dedos, pero mis manos aún seguían apresadas entre las suyas. Y no es que me molestara…

Apoyé mi cabeza en la suya, tímidamente, dándole a entender que lo que le decía era la pura verdad verdadera. Él ladeó levemente su rostro, para verme a los ojos. La posición hizo de esto un poco incómodo, pero no estaba dispuesta a soltarle.

—Quédate… —musitó, y carraspeó un poco su garganta—. ¿Te quedarías conmigo, Sakura? Sólo un rato… —volvió a ver el piano—, creo que no puedo con todo yo solo —murmuró.

Sonreí levemente, y él no se dio cuenta.

—Por supuesto que me quedaré contigo, Sasuke —recosté mi rostro en su hombro—. Todo el tiempo que lo necesites.

Y eso, lo juro, tampoco era una mentira.

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¡Que rabia! Tuve que adaptar éste capítulo dos veces; se me había cortado la luz y apagado todo en la mitad. Me frusté demasiado, y no volvió la electricidad después de como una hora. ¡Feliz día del niño, gente! O bueno... por lo menos aquí si lo es. Este capítulo me pareció emotivo... Sasuke llorando, ¿quién lo imagina? Bueno, obviando cuando mi queridísimo esposo, Itachi, mato al clan Uchiha -Todos sabemos que no fue por que quizo, no quiero insultos sobre mi familia (¿)-, o incluso mismo cuando peleo contra él, su propio hermano -juro que odié ese momento, no podía asimilarlo-. ¡Muchísimas gracias por sus reviews! Hubiera subido cuando lo tenía listo, pero fanfiction funcionaba mal.

Besos, Sophie.

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