Disclaimer: Naruto ni sus personajes son de mi autoría, todo le pertenece a Masashi Kishimoto-san. Como tampoco la trama de la historia, que es de Janelle Mindfreak; gracias por ello. Ahora sí, ¡Disfruten la lectura!
Sí, amo
Quince:
Entre arena, mar y trajes de baño.
La gente no puede creer sólo en las tontas canciones de amor.
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Octubre 05, 2007.
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Las cosas no siempre salen como uno espera que salgan, o la vida siempre suele sorprenderte un poco más —cada día más—. ¿Es que soy la única a la que las cosas y sucesos la toman desprevenida? ¿Es que nada saldrá como yo lo planeo?
—No, no me gusta ese color.
—Al diablo con el color, Ino —gruñí dejando de apuntar la prenda—. Aún ni sé qué demonios hago aquí. ¡Debí de haber aceptado los estúpidos cinco días más! —estallé.
Ella puso los ojos en blanco antes de continuar con su búsqueda en la sección de trajes de baño. La miré en silencio y con el ceño fruncido, no estaba dispuesta a seguir ayudándole a encontrar la «prenda perfecta». Ella ya había rechazado mis últimas siete opciones —esas a las que yo habría dicho «sí»— que le había mostrado; me aburrí de seguirle el juego.
Bufé. ¡Todo era su culpa! Sino fuera por su estúpida orden yo no estaría aquí buscando un bañador para la fiesta de mañana.
Estábamos en la cocina. Sasuke se encontraba sentado en uno de los asientos altos —esos sin respaldo pero que parecen más caros que las sillas de mi casa—, jugando con un lápiz que se escurría sin caer de entre sus níveos y perfectos dedos. Yo intentaba ignorarle después de comentarle sobre la fiesta del viernes. Sorprendentemente, él había aceptado ir, pero cuando le dije que yo iba que no pensaba entrar al agua la cosa cambió drásticamente.
—Me gustan los bikinis —dijo sin mirarme.
Se me subieron los colores al rostro cuando comprendí el por qué de su gusto. Es como si a Kiba tampoco le gustaran los bikinis.
Por un momento se me pasó por la cabeza contestar todo mal su cuestionario para Historia. Me estaba haciendo enojar de nuevo y no sabía por qué. Su comentario no tendría, de ninguna manera, por qué abochornarme tanto.
—A mí no —mascullé—, son muy atrevidos.
—Yo creo que se te vería estupendo.
He ahí de nuevo el punto de la cuestión. No se me vería estupendo, tarado, métete eso en la cabeza, ¿o es que el aire ocupa todo el espacio que tu cerebro pequeño no abarca?
—No, no lo haría, y ya deja de seguir intentándolo; Tenten e Ino también anda con lo mismo. No llevaré un bikini, ¿vale? Tal vez ni siquiera me meta al agua —no levanté la cabeza del cuaderno ni aún cuando dije todo eso, me daría vergüenza y me sonrojaría si él me veía mientras hablaba. ¡Más aún si hablamos de bikinis!
La sola idea de verme a mí exponiendo más de la mitad de piel necesaria me erizó los cabellos de la nuca. No es mi estilo. ¡Ni ni siquiera tengo un bikini! Por la mierda que ni sé si tengo un traje de baño, aquí en Konoha no se necesita. Estúpido hombre del tiempo que dijo que el sábado sería soleado.
—Lástima —suspiró, haciéndose el dolido. Oh, no… yo conocía esa expresión y no era nada bueno para mí. ¡Oh, no! No lo harás…—. Te ordeno que lleves puesto un bikini el sábado —lo hizo.
Se me cayó el lápiz de la mano cuando le oí decir eso, y ya mi rostro —estaba segura— no tenía color alguno más que blanco y rojo.
—¿¡Qué!? ¡No! Los bikinis… —debía conocer alguna justificación a mi favor para que la mínima partícula de compasión se prendiera en el cuerpo de Sasuke. ¡Yo tenía algo bueno! Pero no podía encontrarlo en mi cabeza revuelta—, los bikinis me hacen ver… gorda —sonó más a una pregunta—. Digo… de… me hacen ver de una manera que debo rechazar.
Sasuke puso los ojos en blanco ante tal estupidez, yo no sabía si sonrojarme más o enojarme.
—Pues… —siguió jugando con el lápiz, y sin perderlo de vista continuó—: agregaré cinco días a tu condena, y esos no los puedes rechazar —levantó la vista y me sonrió burlonamente mientras acunaba su cabeza con su mano, apoyándose con el codo sobre la mesa. Ladeo levemente el rostro, haciéndose parecer más infantil.
Apreté los dientes para controlar mis ansias de golpearlo en su molesto —hermoso— rostro de niño caprichoso —lindo—.
Habíamos hecho un trato el miércoles, y creo que lo encontré relativamente justo. Yo había faltado a mis "obligaciones" como esclava alrededor de una semana, me estremecí al recordar el tema de Hinata, y, bueno, él quería que los cubriera agregando días a medida que yo faltaba a una orden o, bien, no me encontraba con él en el día. Era estúpido y me hizo rabiar, pero se hacía lo que se podía y no podía descontentar al amo —estúpida palabra, estúpido él—.
Así que ahora o me ponía un bikini o mi sentencia terminaría el 25 de Noviembre en vez de el 20. Apreté el lápiz en un puño, fuerte como para desahogarme pero débil como para no romper el maldito utensilio.
—Ugh, te odio —susurré gruñendo—. Bien, ¡me compraré un maldito bikini! ¿Feliz?
Sasuke rió bajito.
—Algo.
Antes de que pudiera decir nada, Ino —estaba de visita dado que vino a ver a Kiba— ya estaba a la entrada de la cocina, apoyada en el marco del umbral, viéndome con ojos brillantes y rostro ansioso.
—¿Alguien dijo «compras»? —preguntó con voz contenida.
Sasuke explotó en una carcajada triunfal.
Así que ahora estaba buscando un bañador decente para usarlo una sola vez en mi vida y luego desecharlo porque no volvería —quería— verlo otra vez en lo que quedaba de mi existencia. No me gustan los bikinis, nunca me gustaran. Y si hago esto es sólo porque no quiero estar con los imaginarios grilletes cinco días más de lo necesario.
Observé a Ino levantar un perchero del cual colgaba una diminuta prenda verde. Comprendí, con mucha vergüenza, que ese minúsculo pedazo de tela sería el bañador que taparía poco y nada, no dejando espacio a la imaginación.
Me acerqué a ella casi a la carrera, arrebatándole esa… «cosa» de las manos.
—Definitivamente no —escupí.
Dejé nuevamente el perchero colgado junto con los demás y tomé la mano de Ino alejándola de esa sección demasiado sensual como para mí. Ella bufó.
—¡Era excelente! Y tan bonito…
—Ino, era una prenda para alguna nudista, yo no voy a vestir ese pedazo de bañador que no me cubrirá nada.
Pude imaginarla poniendo los ojos en blanco.
Aceleró un poco el paso para ponerse delante de mí, y así acarrearme al área donde ella quería ir. Me dejé hacer, cansada de intentar hacerla entrar en razón. Al fin y al cabo, rogué, encontraría algún bikini lindo.
Suspiré.
De la nada un tirón me hizo casi caer. Ino acarreaba de mí con todas las fuerzas que su cuerpo podía darle. Estuvimos casi a la carrera, cuando llegamos a la otra mitad de la sección de trajes de baño, Ino se volteó con mirada iluminada y sonrisa dulce. Me estremecí cuando su otra mano buscó, sin ver, entre las prendas colgadas en las perchas.
Quedé boquiabierta cuando mostró el bañador frente a mis ojos.
—Éste —bueno… fue más una orden que una sugerencia.
Octubre 06, 2007.
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—Al mediodía, Naruto. Al mediodía.
—¿Te traerán ellos? Es decir, ya sabes —insinuó—, tu chico pálido y sus hermanos.
Bufé.
—Sasuke no es mi chico, Naruto, ¿cuántas veces tengo que repetírtelo?
Parecía cansador que él se viera tan entusiasmado al respecto de que yo al fin encontrara pareja.
—Claro, claro, lo que digas bajita —pude imaginármelo poniendo los ojos en blanco—. ¿Por qué no te das cuenta de que te gusta y ya? Quiero decir, ni que fuera terrorista o algo por el estilo, ¿eh?
—Naruto…
—Olvídalo, cambiemos el tema, no quiero discutir contigo de algo en que sé que tengo razón… como siempre —no pude evitar reírme de eso—. En fin, ¿bañador nuevo? ¡Espero que sí! Ojalá pueda verte en un bikini.
Me incomodé un poco cuando dijo eso, no por el tema, sino porque no fue exactamente él el que lo dijo primero. Quiero decir… él no es el único que quiere verme en bikini. Tragué con algo de dificultad.
—Pues… Ino me obligó a comprar uno —esperé que no captara la mentirita piadosa en la frase.
No pasaron ni dos segundos antes de que una bocina inconfundible se escuchara a las afueras de mi casa. El corazón me dio un vuelco al pensar que él estaría esperándome en su auto… con sus hermanos.
Perdí un poco la noción del tiempo, y no me di cuenta de que me faltaba aire hasta que Naruto me gritó por el otro lado de la línea telefónica. Una parte de mí se preguntó, por un mini-momento, por cuánto tiempo me había estado llamando y yo ignorándole. La otra parte sólo quería correr escaleras arriba, buscar mi mochila y salir pitando hacia el reluciente Volvo plateado que me aguardaba afuera.
—Hey, ¡hey! —gritó Naruto alargando la «e».
Parpadeé un par de veces.
—Sí, esto… Naruto, ya me voy. Nos vemos allá.
No le di tiempo de contestar y corté rápidamente. La bocina se escuchó una vez más. Corrí escaleras arriba a buscar mi mochila —la cual tenía mi toalla y mi cambio de ropa—. Ya llevaba el traje de baño puesto, así que no tendría que hacer un show para ponérmelo allá. Además supuse que mi falda tableada y mi playera blanca no serían un gran inconveniente para dejarme en bañador. Bajé lentamente las escaleras, intentando no romperme ni un hueso en una situación descuidada como caerme por acelerada, y cuando llegué a tierra firme di unas cuantas zancadas toqué el pomo de la puerta.
—¡Vuelvo a la tarde, papá! —le grité a Yasuo, que estaba en el baño tomando una ducha. No tenía idea de los planes que tenía este día pero tampoco quería parecer entrometida.
Escuché algo así como un «De acuerdo», ahogado entre el sonido de las gotas de la ducha al caer. Sonreí y salí hacia afuera. Y, obviamente, ahí estaba el Volvo de Sasuke, con él, Ino y Kiba; secundando por la motocicleta de Neji, en la cual iban el castaño y Tenten.
Vi a Kiba inclinarse sobre el asiento delantero y tocar la bocina una vez más mientras me sonreía con burla. Gritó desde la ventanilla de Sasuke:
—¡Apresúrate, Clowie! ¡Quiero llegar hoy a la playa!
Rodé los ojos y troté hacia la puerta del copiloto. Me sorprendió un poco que dejaran ese asiento para mí, pero no quise darle demasiadas vueltas al asunto y simplemente abrí la puerta y entré al coche. Sasuke me sonrió dulcemente.
—Hola.
¿Es que su voz jamás de los jamás iba a dejar de ser tan aterciopelada e irresistiblemente hermosa y musical?
—Hola —la mía más bien parecía una trompeta desafinada en comparación a la suya.
Arrancó el auto después de sonreírme torcidamente, y después, también, de que se me paralizara el corazón cuando vi. Era completamente irracional y repetido que él tuviera ese efecto en mí, pero no podía evitarlo y me hacía sentir extraña —además de las mariposas en el estómago—, parecían picarme las manos al no tocarle.
El viaje fue rápido, preciso… bullicioso. Kiba, al parecer, adora ser el centro de atención y se largó la tanda de chistes más larga que yo hubiera podido conocer, la mayoría de ellos con el doble sentido marca Kiba Inuzuka. Ino estaba sonrojada y prefirió mirar por la ventana durante el camino; pero yo con Sasuke no pudimos parar de reír. Secretamente guardé su risa en mi memoria, no dejaba de gustarme. En un momento determinado, Kiba preguntó:
—Sasu, ¿cuánto falta?
Intenté contener la risa al escuchar su tono infantil y afeminado.
Sasuke paró de reír y se puso serio.
—Sasu, ¿cuánto falta? —repitió Kiba.
—Ya poco, Kiby —él quiso jugar a la misma trampa. No pude aguantarme más al escuchar cómo sonaba la voz de Sasuke con ese tono afeminado que Kiba ponía. Fue ridículo.
Cuando los altos acantilados y el olor a sal se abalanzaron sobre nosotros, supimos que no faltaba ya mucho para llegar. Kiby comenzó a saltar de la emoción. Sasuke vio por el espejo retrovisor para ver a Neji, quien nos seguía muy cerca; Sasuke asintió y entró en los caminos hacia First Beach. No fue mucha sorpresa encontrarnos con varios coches conocidos sobre la arena. Supuse que algunos compañeros podrían estar por aquí.
Bajamos del auto con cuidado, luego Neji se estacionó junto a nosotros. Sasuke fue estratégico al dejar un poco apartado el Volvo, así sería más fácil salir de la estampida de coches.
Cuando nos dirigimos a bajar del maletero lo-que-sea-que-hubieran-traído, pude tener una perspectiva de vista mucho mejor sobre Sasuke. Llevaba una musculosa verde con diseños extraños en verde claro, y tenía el signo de la marca Nike sobre el pecho, se le apegaba al cuerpo de una forma en que dejaba ver su bien trabajada figura; y un bañador negro con líneas verdes —supuse que para combinar su playera—. Se me antojo a algo que debería ser prohibido e ilegal. Jodido Pecado andante…
—¿Sakura-frentezota?
Alguien me sacó de la ensoñación y dialogo personal que estaba teniendo. Reconocí la voz como la de Ino. Pestañeé, debe de ser que me quedé mirándole más de lo debido para mí —tres segundos—; por suerte él no lo notó.
—¿Sí, Cerda? —pregunté, acomodando la mochila en mi hombro—. ¿Quieres que lleve algo?
Ella negó.
—Sólo… ¿nos adelantamos? Los chicos sacarán las cosas para el almuerzo y…
Un enorme brazo musculoso, en su cintura, la hizo callar de repente.
—Ino, blondie, mi amor, ¿no esperabas en realidad irte sin mí, verdad?
La hermosa rubiecita rodó los ojos y le sonrió tiernamente a su novio. Kiba comenzó a caminar junto con ella. Él llevaba, en su otra mano, un enorme canastillo de mimbre con todo lo que reconocí como el almuerzo, postre y algunas botanas. Me sorprendí y pregunté cómo pudieron haber preparado todo eso en un día.
—Hey —me sobresalté un poco al oír su voz.
Giré para ver a Sasuke, llevaba un bolso bien agarrado sobre su espalda, y sonreía torcidamente mostrando los dientes, el sol sacaba destellos de ellos.
—¿Vamos? —preguntó.
—Claro.
—¡Vamos, vamos! —chilló Tenten pasando a nuestro lado y adelantándose con Neji tomado de la mano, el pobre era acarreado por su diablilla novia. Con sus labios dibujó un enorme «Ayúdenme». Sasuke y yo le devolvimos el gesto dibujando un «No» antes de largar a reír.
Cuando llegamos a lo que era la fiesta, pudimos ver algunos toldos de tela instalados en diversas partes, mesas, sillas, música, mucha gente y demás. Parecía una verdadera fiesta al estilo playero y eso me hizo sentirme un poco más animada.
De entre la enorme multitud empecé a buscar a Naruto con la mirada de forma algo disimulada. Tenía un poco de miedo a ver la reacción de Sasuke si sabía que yo estaba buscando a…
—Ahí está —dijo indiferentemente.
Seguí la dirección que su níveo dedo me indicaba y pude ver a Naruto alzando su mano para hacerme señas. Estaba todo mojado, y su bañador negro apegado a sus piernas, parecía haber salido recién del agua.
Poco y nada pude saludarle porque los demás chicos de allí vinieron a llevárselo rápidamente. Intuí que no vería demasiado a Naruto ese día, además que el muy tramposo me confesó que Hana ya se había marchado a Hawái y que sólo había dicho eso para que yo viniera. Me auto-impuse ignorarle olímpicamente hoy.
Sasuke y yo escuchamos la estridente risa de Kiba a unos metros a la izquierda de nosotros, al parecer ya se habían instalado en un lugar cercano al mar. Cuando estuve ya cerca pude ver un par de quitasoles y toallas extendidas sobre la caliente arena. Ah, sí… y Kiba quitándose la playera.
—¡A nadar! —exclamó a Ino quien puso, otra vez, los ojos en blanco y se preocupaba más de sacar su bloqueador del bolso.
Tenten, por otro lado, se dispuso a acompañar a su hermano. Ambos corrieron como pequeños hacia el agua, y pronto me di cuenta que no eran los únicos, otros chicos ya se habían adentrado a las aguas de First Beach.
—Ve a bañarte, Sakura —me aconsejó Neji con una sonrisa tierna, él parecía ser realmente un caballero.
Negué lentamente después de dejar mi mochila sobre una de las tantas toallas que habían acomodado en el suelo.
—No, Neji, yo no…
No pude seguir hablando porque sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies (o, bien, mis pies se habían elevado). Aterrada, me afirmé a lo primero que hallé, ¡y qué sorpresa que fuera el cuello de Sasuke! El muy… maniático me sostenía en vilo y tenía una horrible —linda— sonrisa de travesura en su rostro, me olía mal.
Neji rió.
—Hey, Sakura —me susurró Sasuke al oído, se notaba que estaba aguantando la risa—, ¿vamos al mar?
Enrojecí completamente cuando usó el plural.
También me tomó desprevenida su repentino cambio de ánimo. Ahora parecía mucho más feliz.
Comencé a quitar los brazos de su cuello y caí cuenta en algo maldito (o bendito): Sasuke se había quitado su playera. Su piel hacía contacto con la mía en donde mi cuerpo no estaba cubierto. Sentí una descarga eléctrica bajo las rodillas y en mis brazos. Me sonrojé más si era posible.
—¡Sasuke Uchiha, o me bajas ahora y te quito la posibilidad de ser padre con una patada! —chillé mientras intentaba que me bajara, con esfuerzos completamente nulos.
Él rió completamente lleno de júbilo.
—Vamos a bañarnos —sonrió mostrando todos sus dientes mientras enfatizaba la palabras como la clara orden que era. Suspiré, él no me pondría el día fácil.
—Sí, amo —mascullé.
Me dejó lentamente en el suelo, intenté ignorar por todos los medios las ganas de mirar su musculoso pecho y me preparé mentalmente para quitarme la ropa y quedar en el bañador que Ino me había encontrado. Mientras me quitaba la playera intenté evitar esa sensación de ser más observada de lo que me parecía normal; me mordí el labio mientras desabotonaba la falda.
El bikini que Ino me había escogido me hacía sentir más o menos desnuda, y no me gustaba sentirme así. Neji silbó por lo bajo.
—¿Te dije que el azul es mi color favorito? —me susurró Sasuke al oído, y su voz hizo que un estremecimiento corriera por mi espina dorsal y me sonrojase furiosamente.
Iba a contestarle alguna grosería al intentar insinuarse de esa manera conmigo. Sí, le iba a gritar algo… pero todo se fue de mi cabeza cuando la vi a ella. Hinata estaba ahí junto con Sasori, Karin, Kankuro y los demás, algo más atrás de nosotros, pero visibles. Sabía yo que esa Suburban azul en el estacionamiento no podía ser de alguien más que de Sabaku.
Me quedé mirándole demasiado tiempo. Sólo me pudo despertar la sensación de estar flotando o que el suelo volvía a desaparecer de mis pies. Sasuke me había levantado nuevamente y me había puesto sobre su hombro, cual saco de papas.
—¡Sasuke, no! —grité cuando me di cuenta de que corría hacia el agua—. ¡Sasuke! Voy a matarte, ¡no!
Antes de que el agua me rociara por completo, sólo pude escuchar su musical risa.
—No fue tan horrible.
—Lo fue.
—Al menos no te ahogaste.
—Puaj.
Kiba rió estruendosamente moviendo todo su cuerpo en el acto, parecía muy a gusto viendo mi patético sufrimiento mientras me ponía mi ropa de cambio sobre el bañador casi seco.
La tarde se pasó volando más de lo que yo había esperado. Me pasé la mayor parte del rato en el agua porque Sasuke no me dejaba salir. Las olas me atraparon un par de veces, pero he ahí mi estúpido salvador de cabellera azulada que me rescataba entre risas burlonas y yo no podía hacer nada para callarlas. Era obvio que se la había pasado en grande. Kiba intentó más de una vez que su novia se metiera al mar, pero Ino parecía más interesada en un buen bronceado con el sol que no siempre aparecía en Konoha. Neji se metió al agua poco después que nosotros y se salió de los primeros para acompañar a su hermana.
En fin, había sido un buen día excepto por un pequeño y mísero, insignificante, horrible… detalle.
Me puse violentamente la chaqueta ignorando las risas que provenían del grupo de chicos de la escuela…
… incluido Sasuke.
Estúpido niño guapo, bipolar y cambiante. Estúpido, idiota. Para la próxima ve a llorar con Hinata, tarado…
Era sorprendente la llamarada de resentimiento que sentía cada vez que veía a Sasuke junto a ella. Era tan irracional, tan estúpido, tan…
—Tan humillante —murmuré.
—Se llaman «celos» —la tranquila voz de Neji me sobresalto. Me giré para ver a él y Tenten muy tomados de las manos, desvié la mirada, sintiéndome incómoda.
Las mejillas ya me dolían de estar sonrojadas.
Ambos se fueron riendo tiernamente cuando no dije nada. Es ahí cuando empezaba la discusión entre aquellas distintas partes de mí.
La primera se preguntaba una y otra vez por qué no dije nada para intentar negar eso. Se suponía que los celos se sentían cuando la inseguridad crecía en uno mismo. Pero yo no tenía de qué sentirme insegura. Sasuke no era nada mío y yo dudaba mucho de que él me viera de otra manera que no fuera como si amiga. Auch. Dolía un poco pensar de esa manera…
La otra parte decía que no eran celos, que Neji estaba equivocado y que solamente estaba enojada porque me hubiera tirado al agua sin mi consentimiento.
Tenten me anunció, unos minutos después, que ya nos íbamos y que fuera a buscar a Sasuke. Ya habían metido todo dentro del Volvo y sólo nos faltaba el conductor del coche. Resignada, fui en busca a pasos rudos y rápidos. Fue buena idea traer vaqueros, porque ya comenzaba a correr la brisa del tan conocido invierno.
—¡Sakura-chan!
Giré para ver a Naruto acercarse —ahora vestido— a zancadas hacia mí. Le sonreí tiernamente mientras me arreglaba la chaqueta y cruzaba de brazos, manteniendo calor.
—Naruto —saludé.
Cuando llegó a mi lado, sonreía tiernamente.
—¿Cómo la pasaste?
—Bien —sonreí, obviando para mí misma los últimos hechos que había visto—. Mis amigos y yo ya nos vamos. Estaba buscando a… uh… Sasuke.
Naruto hizo un gesto con las cejas, elevándolas continuamente. Le pegué en el hombro juguetonamente y algo enojada ya al mismo tiempo. Él rió sobándose el golpe.
—¡Naruto! —se escuchó la clara voz de Shion. Él se giró y le indicó con la mano que ya iba; ella le sonrió de vuelta, y luego me sonrió a mí. La saludé con un gesto de la cabeza.
—Me voy —rió Naruto y si inclinó para besarme la frente. Sí, tenía que inclinarse porque yo era demasiado pequeña para él. Fruncí los labios notoriamente molesta por nuestra diferencia de estatura—. Adiós, bajita. ¡Estaremos al habla y me contarás todo lo que pasó!
Mientras corría hacia Shion me hizo un gesto de teléfono con un manota enorme. Yo reí y le devolví el gesto. Cuando le hube perdido suspiré. A buscarle…
Caminé unos pasos más buscándole entre las pocas gentes que quedaban. Observé al grupo de Hinata de pasada, él ya no estaba con ellos. Fue como una ola de alivio la que me acogió. Patético, otra vez.
Pasaba junto a la negrura de los árboles cuando lo encontré (o él me encontró a mí). No tuve que verle para que supiera que era Sasuke, su tacto era inigualable y cálido.
Su mano tomó mi brazo entre las sombras y, con suavidad, me atrapó entre un árbol y su cuerpo. Mi corazón quería salírseme del pecho al percatar su cercanía y su calor. Era como una droga.
—Dije que eras mi amiga —susurró aterciopeladamente con ojos dulces y ardientes al mismo tiempo.
Se acercó más, y no pude moverme. Su rostro estaba a centímetros del mío.
—Pero… —musitó su boca muy cerca de la mía— te siento como algo más.
Cerré los ojos, dejando que pasara lo que tenía que pasar.
¿Por qué yo no decía nada? ¿Por qué le dejaba hablar como si le entendiera completamente? Peor, ¿por qué quería entenderle con todas mis fuerzas y suponer respuestas idiotas que me gustaban más de lo que yo misma me permitiría? ¿Por qué no le alejaba? ¿Por qué no lo sentía lo suficientemente cerca? ¿Por qué se hacía esta sensación de deja vú envolviéndome con fuerza?
Sentí su respiración cerca de mi mejilla, y me sobresalté levemente. No podía hablar, mi cuerpo no respondía. Con mucha suerte podía respirar.
Sus labios acariciaron levemente mi mejilla, como un inocente beso (si es que a eso se le podía llamar beso). Me mordí el labio, esperando más —sí, esperando—. No estaba dispuesta a buscarlo por mí misma. Pude percibir cuando él se alejó un poco, y me estremecí cuando su nariz trazó, de la forma más dulce, una línea en mi cuello.
Era una sensación estúpidamente gloriosa. Se sentía… bien. Más que bien, en realidad. ¡Y yo aquí sin decir ni una palabra! Mi mente era una nebulosa de ideas sin resolver, y no es como si yo hubiera deseado pensar en esos momentos. O como si hubiera podido hacerlo.
… como algo más.
—¿Sakura? —musitó Sasuke, su aliento hizo cosquillas sobre la piel de mi cuello.
Nada coherente salió de mis labios, sólo un triste y muy bajo:
—¿Mmm?
Una de sus manos acarició con los dedos mi antebrazo.
—¿Quién te dijo que yo luché por ti?
Era estúpido, ¿por qué preguntaba algo así ahora?
Fruncí el ceño antes de contestarle.
—Sasori e Hinata, ¿por qué? —susurré.
Sus mejillas se elevaron y rozaron mi mandíbula, como si estuviera sonriendo. Se alejó lentamente, lo sentí. Aturdida como estaba, abrí los ojos lentamente y vi su rostro más lejos de lo que le había visto antes.
Parpadeé rápidamente, y, al comprender ahora lo que pasó me sonrojé furiosamente. Bajé la mirada, incapaz de verle a los ojos. Quería salir corriendo de ahí, ¿por qué mis pies no contestaban? Sentí, una vez más, los labios de Sasuke sobre mi piel, en mi frente, y su mano acunaba tiernamente mi mejilla. Abrí los ojos como platos, sorprendida antes tal gesto. Mis mejillas más rojas no podían estar.
—S-Sasuke…
—Te lo dije —susurró riendo—. Tengo mis métodos.
La boca se me abrió inconscientemente mientras me daba cuenta de que toda la facha de las caricias había sido para sacarme quién le había dicho sobre la pelea.
Otra vez iba a gritarle, en serio. ¡Iba a hacerlo! Pero estaba demasiado aturdida/confundida/enojada como para que algo saliera de mi boca.
—Vamos, Sakura, los demás han de estar esperándonos.
Con una triunfal sonrisa, se alejó a pasos normales y las manos en los bolsillos de su seco bañador. Aún no podía procesar toda la información que llegaba a montones a mí mente. Con una mano toqué mi mejilla, con otra mi cuello. Y sólo una pregunta salió de mi subconsciente después de todo lo que había logrado entender:
¿Qué demonios había pasado?
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Creo que fui lo sufientemente estúpida para -accidentalmente-, borrar este capítulo donde ya lo había colocado para subirlo luego. A mí sola me pasa este tipo de cosas y, ¡da rabia! Había dicho mi opinión sobre este capítulo, pero me he olvidado todo, y no quedaría igual, aunque he disfrutado muchísimo el adaptarlo, si me permiten decirlo. ¡Sábado y actualizé! Pensé en demorar más, pero para hoy ya lo tenía, así que lo subo. ¡Muchísimas gracias por sus reviews! Saben que trataré de subir siempre que el tiempo se me dé.
Besos, Sophie.
