Disclaimer: Naruto ni sus personajes son de mi autoría, todo le pertenece a Masashi Kishimoto-san. Como tampoco la trama de la historia, que es de Janelle Mindfreak, originaría de Twilight; gracias por ello. Ahora sí, ¡Disfruten la lectura!


Sí, amo

Dieciséis:
Treinta dólares para Neji.

Crees que la gente ya ha tenido bastante de las tontas canciones de amor.

.

«No, definitivamente no. ¡No! ¿Cómo he podido llegar a pensar, en un diminuto momento de mi vida, que sentía una atracción por él? ¡Error fatal! Jamás, jamás de los más eternos jamáses podría él llamar mi atención… ¡No!

¿Cómo pude caer en su estúpido juego? ¡Maldito mentiroso y traicionero y manipulador! Y yo como boba sólo le puse la guinda a su pastel. ¡Tonta, tonta, tonta! Que de una maldita vez se acabe la maldita apuesta y pueda alejarme de él… ¡Mira que venir a jugar con mis sentimientos-»

Me detuve ahí, y observé la palabra una y otra vez. Era irreal y algo raro que aquella palabra estuviera ahí; no debería estar ahí. ¿Sentimientos? ¿Cuáles?

Levanté mi mano, y con el dorso me limpié la comisura de mis ojos. Estaban húmedos, pero no iba a largarme a llorar. No por él. Sabía que estaba cometiendo un error al enfadarme tanto por eso. Sasuke no debía tener esos efectos sobre mí. No, no debía. Y yo estaba dejando caer mi propia muralla de forma rápida. ¡No!

Aunque más me enojaba mi comportamiento en la playa. Porque fue como si él me hubiera hechizado con sólo mirarme y yo me hubiera quedado quieta. No era justo. Dios maldiga a Sasuke Uchiha una y otra y otra y otra vez. El corazón aún me latía más o menos rápido al recordar la cercanía de su rostro con el mío, y me enfurecía más recordar lo que pensé en ese momento determinado. Me avergonzaba a mí misma.

Tan… tan infantil.

Me acerqué a pasos torpes hacia Tenten. Los ojos me ardían tontamente, no tenían por qué. Procuré limpiarme la comisura con el dorso de mi mano y un poco de la manga de mi cazadora. No quería que Tenten me viera en ese estado, ni nadie más.

Totalmente deprimente.

Tenten —susurré.

Ella se giró después de guardar unas cosas en el Volvo de Sasuke, quien estaba hablando con Kiba al otro lado del vehículo. Le miré de reojo, y luego de nuevo al rostro sonriente de Tenten, que se demacró un poco al verme mejor.

Sakura, ¿qué sucede?

Negué lentamente con la cabeza.

Nada importante —no quería mentir—. ¿Podría irme con Neji en la motocicleta? No me apetece… ir en el auto.

Tampoco quería dar detalles de lo ocurrido, aunque sabía que después Tenten intentaría sacarme toda la información que pudiera. Yo aceptaba eso, y tal vez pensaba decírselo en algún momento determinado en que me sintiera mejor. Necesitaba desahogarme. Y también pensaba en las posibilidades (altas) que habrían de que la pequeña duende se enojara con su hermano y lo dejara sin herencia de una patada —la patada que yo debería de haberle dado en su momento—.

¿Qué te ha hecho Sasuke? —preguntó yendo directo al grano.

Ya no me sorprendía mucho lo hirientemente sincera que Tenten podía llegar a ser con respecto a ciertos temas que yo prefería no hablar. Pero no, así era Tenten Ama: sincera e inconscientemente cruel.

Volví a negar lentamente, no le diría nada por ahora.

¿No quieres hablar de ello? —volvió a preguntar.

No.

¡Entonces sí hizo algo! —susurró, enojada.

Tuve que reírme de lo ingeniosa que podía ser para sus cosas y descubrimientos.

¿Puedo? —cuestioné, refiriéndome a irme con Neji en la motocicleta. Sabía que Tenten no era muy celosa, y a mí me tenía confianza. Pero no quería llegar e irme con el novio de mi mejor amiga en motocicleta, encima a mi casa.

Me mordí el labio pensando en lo mal que sonaba eso.

Claro —respondió con una media sonrisa, luego se puso completamente seria—. Pero tendrás que contarme qué pasó.

Lo sé, y quiero contarte, pero no ahora. ¿Sí? Sólo… —desvié la mirada— necesito pensar un poco. Hay muchas cosas en mi cabeza.

Ella asintió, y vi que quería decir algo, pero se lo calló. No supe si agradecérselo o decirle que lo escupiera, pero preferí callarme también.

Tenten fue a hablar con su novio para explicarle de las cosas. Como un buen caballero educado que era, Neji aceptó gustosamente. Últimamente sentía que mi relación con él iba muy bien, parecía ser el único que me entendía sin que yo dijera nada.

El recorrido a casa fue callado. Agarrada a la cintura de Neji, no había mucho que decir. No crucé mirada ni palabra con Sasuke antes de subirme a la motocicleta, ni tampoco quería hacerlo. Los mechones castaños de Neji me hacían cosquillas en las mejillas mientras andábamos a velocidad en las oscuras calles que nos llevaban a mi casa.

No dejes que lo que él haga o deje de hacer te afecte, Sakura —dijo Neji suavemente cuando estacionamos frente a mi casa, y yo me bajaba lentamente de la motocicleta.

La luz de la sala estaba encendida, Yasuo estaba en pie aún. Me pregunté por la hora, pero dejé pasar eso rápidamente.

Miré fijamente a Neji.

No sé de qué hablas.

Supongo que por el enojo que tenía en esos momentos, la mentira me salió algo creíble; pero no podía engañar a Neji con estúpidas burradas y sollozos mentirosos. Él tenía esa habilidad extraña para ver cuándo mentía, y cómo me sentía.

Neji me conocía bien, sin conocerme demasiado.

Sólo está confundido —añadió, ignorando lo que yo le había dicho. Ya sabía yo que él intuía que yo mentía. Suspiró y desvió la mirada—, al igual que tú. ¡Qué par! ¿Eh?

Me mordí la lengua para gritarle la mayor negación que pudo haber escuchado en su vida, pero no. Giré sobre mis talones, tomando la mochila en mi hombro y arreglándome el cierre de la cazadora. No me volteé para verle cuando comencé a acercarme a mi casa. Neji era alguien con quien, definitivamente, no debía hablar de sentimientos inexistentes. Sólo conseguía confundirme más.

Y eso no me gustaba.

Me revolvía la mente y metía ideas donde no debían estar.

Gracias por traerme, Neji —musité lo suficientemente alto para que pudiera escucharme sin necesidad de voltearme.

Suspiré, recordando eso, que sólo había pasado hacía un par de horas. Mi corazón se oprimía cuando las palabras de Neji me llegaban de lleno a la mente. Era tan cruelmente sincero como lo era su novia. Tan dispuestos a confundirme, y tan tal para cual. ¡Demonios, cómo les envidaba!

Miré el reloj, que apuntaba ya un minuto para llegar las doce, y que comenzara el domingo.

Intenté borrar todo de mi mente mientras cerraba el diario y lo escondía bajo el colchón. Mi deuda estaba cerrada con el cuaderno. La respuesta era «no», y era definitiva.


El domingo pasó más rápido de lo que yo hubiera querido alguna vez, y las horas corrieron delante de mis ojos como alma que lleva el diablo al infierno. Odié eso con toda mi alma; porque domingo significaba que al día siguiente habría instituto, y, por consecuente, tendría que verle la asquerosa —hermosa— cara a… ese.

(Me prometí mentalmente no pensar su nombre)

Yasuo se mantuvo reacio todo el día, silencioso y pensativo. Me pregunté más de una vez qué cruzaba por su cabeza. Siempre que sonaba el teléfono, él contestaba antes de que yo pudiera decir «Yo contesto». No se me quita de la cabeza que algo feo está pasando, y, lo peor, yo estoy involucrada en eso. No quise preguntarle a él directamente, pero bien estudié sus movimientos y gestos para analizarlos en la noche.

Practiqué un poco la canción, aunque ya no estaba segura de presentarme. Tenten e Ino se habían inscrito en el concurso, ya había perdido. Prefería ahorrarme la vergüenza. Pero cantar era como alivianar un poco la tensión dentro de mí, no lo negaba.

Mientras cantaba y me ponía el pijama para acostarme, mi móvil sonó con la alerta de un mensaje recibido.

Tragué saliva fuertemente, porque intuí de quién sería (y deseé con todas mis fuerzas estar equivocada). Aunque, claro, la suerte nunca está de mi lado.

«Paso a recogerte mañana, levántate temprano.

Buenas noches.

Sasuke.»

Gemí.

Mañana no sería un buen día del todo.

Tomé mi zorrito de madera entre mis dedos, acariciándolo con delicadeza y devoción. Oh, Naruto, dame fuerzas, amigo.


Octubre 08, 2007.

&.

Me senté bruscamente en la cama, despertándome de mi sueño (o pesadilla). Sentía mi piel pegajosa a causa del molestoso y asqueroso sudor, y frío. Mi corazón latía a mil por hora, y tenía las mejillas sonrojadas y acaloradas. No sabía si era por el fuerte brinco de mi despertar o por mi sueño/pesadilla.

Intenté rememorarlo en mi mente, pero se me hacía borroso cada vez que intentaba recordar detalles importantes. Pero, desgraciadamente, la idea principal de mis visiones nocturnas estaba ahí, palpitante, pintada con fuego en mis párpados. Y cada vez que cerraba los ojos lo veía. Nos veía…

Y él. Y yo. Y nosotros. E íbamos a… nosotros… tan cerca, ¡Jesús!

Parpadeé para adecuarme a la perlada luz de otro día nublado en Konoha. Gracias al cielo pudimos festejar la fiesta playera con un poco de sol bondadoso el sábado, pero ahora todo volvía a ser normal…

… o casi todo.

Me vestí sin muchas ganas cuando recordé el mensaje de anoche. No tenía intención alguna de apresurarme, como el me lo había ordenado-escrito en el mensaje. Pero después recordé lo del arreglo: si yo faltaba a una de sus órdenes agregaría más días y, ¡agh! Maldito…

La bocina del auto sonó cuando estaba lavándome los dientes, después de desayunar sola. Yasuo se había ido antes de que yo me despertara. Era como vivir sola, pero no del todo, ya sabes.

El molesto sonido se escuchó tres veces más. ¿Es que el señor yo-juego-con-los-sentimientos-de-los-demás tenía poca paciencia hoy? Rodé los ojos mientras tomaba mi mochila para bajar. Puse mi mejor cara indiferente e ignoré los latidos de mi corazón, que gritaban de todo menos indiferencia. ¡Maldita anatomía!

Abrí la puerta con rudeza mientras miraba hacia adelante sin ver nada en realidad. Evadí su rostro, pero sentí sus ojos puestos sobre mí, y esto provocó que casi tropezara. Me ponía nerviosa y eso no me gustaba nada. Había decidido ignorarle lo que me quedaba de vida, pero era obvio que no me lo pondría nada fácil, como todo en la vida desde que me convertí en esclava.

Entré al coche con toda la frialdad que me fue posible, y en ningún momento vi su rostro, sólo hacia el frente o a mi ventana.

Dignidad.

—Hola, Sakura —saludó su voz musical y, extrañamente, suave; como si temiera estar diciendo algo malo.

Lo miré de reojo, sólo para asegurarme que no había nada fuera de lo normal con sus facciones o algo por el estilo. Sus ojos estaban algo rojos y brillantes, ¿había estado llorando de nuevo?

Me comencé a preocupar cuando mis reglas me llegaron de lleno. Indiferencia, Sakura. Él fue cruel, tú lo serás con él… Además él no es el mismo del sueño, no. No lo es.

—Hmp —mascullé como respuesta, desviando la mirada.

Me sorprendió completamente que no se hubiera enojado por mi indiferencia o me hubiera obligado a saludarlo como era debido. En vez de eso se limitó a hacer partir el coche a una velocidad que yo hubiera considerado buena. 60 km/hrs.

Algo estaba mal aquí, lo sabía. Algo no estaba bien con Sas… con él, sí… ¡digo, no! Agh.

No pude evitar el mirarle a hurtadillas para examinarle, y no me conformé con sólo dos segundos de visión. Su rostro era sereno, rayando en lo triste y pensativo; como siempre, me pregunté qué ocuparía sus pensamientos en esos momentos. Las comisuras de sus ojos estaban enrojecidas, y ya sabía yo que había estado llorando, algo me lo decía por dentro.

Me mordí el labio para no hacer preguntas. Y el camino hacia el instituto fue en completo silencio (cómodo e incómodo al mismo tiempo).

Sasuke se estacionó como siempre lo hacía, y muy cerca de la entrada principal. Había un grupo de chicos, los de basket (Sasori, Kankuro, Suigetsu, etc.) acompañados por sus respectivas chicas… entre ellas Hinata. Cuando nos bajamos, Sasuke me miró:

—Esto… ya me voy. Tenten te llevará a tu casa hoy, yo no estaré en la tarde —hablaba lentamente, analizando sus palabras.

¡Me estaba hartando esta forma de comportarse de él! ¿Qué estaba tramando? ¿Qué pasaba por su mente? Ya veía yo que nada era normal en su comportamiento, y lo odiaba. Antes de que pudiera alejarse, le llamé.

—Sasuke —su nombre me revolvió las mariposas en el estómago—, ¿dónde vas?

Él no se giró para constarme.

—Tengo que ver unos asuntos con los chicos.

¿Los chicos? ¿Y desde cuándo demonios Sasuke le decía «los chicos» a los otros? No, no… algo aquí estaba fuera de lugar.

Quise asaltarlo con miles de preguntas, pero comenzó a caminar de nuevo. Lo perseguí.

—Espera —me puse delante de él—, ¿por qué huyes?

Su rostro se mantuvo sereno mientras contestaba.

—No huyo.

—¿Por qué no me hablas?

—Te estoy hablando ahora.

—Muy maduro, Sasuke —puse los ojos en blanco—. Sabes a lo que me refiero.

—Creo que… —se encogió de hombros— no tengo nada interesante que decirte.

Fruncí el ceño más aún.

—¿Qué tal un «Lo siento»?

Alzó las cejas, sorprendido por mis palabras a bocajarro. Me sonrojé cuando me di cuenta de lo que le había pedido. Él no sabía los efectos que había causado en mí su jueguito del sábado, y, tal vez era mejor así.

—Olvídalo —dije, comenzando a caminar.

—Sakura.

—¿Sabes qué? Mejor huye, creo que es bueno así.

—Sakura, ¿qué dijiste?

—Que es mejor que huyas.

—Antes de eso —insistió, alcanzándome unos metros antes de la entrada principal. Sus fuertes manos me detuvieron por los hombros. Su tacto me quemaba, y no pude evitar recordar la cercanía con la que me había atacado el sábado.

Me mordí el labio.

—Hum… A que no adivinas, ¡ya se me olvidó! —exclamé, e intenté zafarme de su agarre. Imposible.

Su boca dibujó una torcida sonrisa que detuvo mi corazón por un momento.

—¿Por qué debería de disculparme? —casi rió.

Una ira asesina se apoderó de mí al darme cuenta que esto a él le resultaba chistoso; ¡mientras yo me moría de pena y rabia el sábado en la noche, él se retorcía a carcajadas sobre su cama… riéndose de mí!

Las vas a pagar, Uchiha.

—¿Te parece gracioso? —le pregunté secamente, con el ceño fruncido. Mostrándole que, para mí, el chiste no tenía ni pizca de gracia.

—Pues…

—¿Crees que jugar con los sentimientos de los demás es divertido? —no estaba pensando en lo que decía, obvio. No lo dejé decir ni una palabra. Cuando vi que abría la boca, continué—. Pues… no lo es —tragué saliva para que no se me quebrara la voz.

—¿Jugué con tus sentimientos? —preguntó con ojos bien abiertos.

Iba a responderle un verdadero, loco y profundo «¡NO!» cuando el grupo de basket le llamó. Sasuke giró para verles y les hizo una seña con la mano para decirles que iba enseguida. Me alejé para que dejara de tocarme, y me agarré de la mochila en mi hombro. No lo miré.

—Me voy —dije.

—No, espera —no me detuve.

—A la tarde me voy con Tenten a mi casa, bien —comencé a caminar, girando sobre mis talones.

—¡Esto no ha terminado! —masculló para que sólo yo pudiera escucharle.

—Sí terminó, Uchiha, ¡y no te lo diré! No importa cuantos días o semanas agregues para que siga acatando tus órdenes.

—Sí lo harás.

Su mano apareció de la nada y me volteó con suavidad y brusquedad al mismo tiempo. Me hizo enfrentarlo, y me sorprendí de lo cerca que estaba su rostro del mío; podía saborear su aliento con mi lengua, y eso me estaba dificultando las cosas.

Alcé los ojos para verle. Error. Su mirada era intensa y ardiente, estaba decidido a hacerme hablar, pero no caería dos veces en el mismo truco. Para mi desgracia, mi cuerpo no reaccionó cuando le ordené moverse. ¡Maldición, ya me había deslumbrado!

Su tacto hizo que miles de corrientes eléctricas recorrieran mi cuerpo, haciendo que mi corazón se acelerara. No pasó mucho hasta que sentí el calor en mis mejillas, y mi respiración se dificultó. ¿Qué significaba que Sasuke tuviera estos efectos en mí?

Se acercó más.

—Sakura, yo…

Atiné a desviar el rostro se aproximó más. Tenía aún mi dignidad, a pesar de no haber estado segura de sus intenciones.

Los chicos de basket le llamaron de nuevo.

—Te llaman —le dije sin mirarle.

—Pueden esperar.

—No, no pueden. ¡Ahora suéltame! —chillé.

—Hey.

Me alivié un mundo al oír la voz de Tenten acercándose. Suspiré y Sasuke me soltó lentamente, sin dejar de mirarme. El escrutinio de su voz me ponía incómoda. Mientras su hermana se acercaba, él se aproximó a susurrarme al oído:

—Esta noche te llamaré para discutir sobre esto, no creas que te has zafado. Y contesta.

El corazón se me aceleró.

—Sí, amo —le fulminé con la mirada y él sonrió triunfante. Dio media vuelta y se fue.

Pero ahí estaba de nuevo esa llamarada de ira que recorría mi cuerpo, cada vez que le veía cerca de Hinata. ¡Cómo la miraba! Si sería él… el muy… Desvié la mirada cuando vi que se acercó para saludarla con un beso en la mejilla. ¿Por qué a mí no me saludaba de la misma manera? ¿Por qué a ella siempre le sonreía? ¿Por qué se enojaba conmigo y no con ella?

No esperé a Tenten para comenzar a caminar. Sin embargo Neji estuvo a mi lado como un fantasma, sin que me diera cuenta.

—Esos ojos gritan celos.

Di un brinco al oír su voz.

—¡Dios! Me has asustado.

—Lo siento —rió.

Suspiré.

—Neji, no me empieces con lo mismo —gemí. Sabía el discurso. Celosa, ¿yo? ¡Já!

—Es que pareces no entenderlo. Te gusta. Te sonrojas cuando él se acerca, y apuesto cincuenta dólares a que se te acelera el corazón.

Le fulminé con la mirada.

—No tengo cincuenta dólares aquí.

Él rió melodiosamente, ondeando se preciosa melena castaño oscura al viento.

—Lo sabía. Y, bueno, obviando el hecho de que te pones celosa cuando otra chica se le acerca, cuando le miras se te iluminan los ojos. Te. Gusta.

Hice una mueca de asco. ¿En serio me comportaba de esa manera?

—No jodas, Neji. No estoy de humor.

Neji sonrió con suficiencia cuando escuchó la risa del grupito de basket —por supuesto estaba la de Sasuke entre todas, y también la de las chicas—, se la estaban pasando de maravilla charlando de Dios-sabe-qué. Y yo aquí frustrada por cosas que no son.

—Hagamos una apuesta —sugirió Neji.

—Si no te fijaste, estoy donde estoy por una apuesta —le dije secamente.

—Lo sé, pero no te haré mi esclava. Sólo necesito un poco de dinero para hacerle un lindo regalo a Tenten y, tú puedes ayudarme.

Refunfuñé cosas que ni yo me entendí mientras entrábamos al instituto.

—¿De qué va?

—Si hoy no te das cuenta o no admites que te gusta Sasuke, te pagaré treinta dólares. Y si te das cuenta, me pagas treinta dólares. ¡Pero sé honesta, eh!

Rodé los ojos, pero sonreí. Para mañana tendría treinta dólares en mi bolsillo.

Las clases se pasaron completamente normales. Aunque hoy decidí almorzar con Tenten afuera, bajo la sombra de un árbol. No me apetecía ver a Sasuke a la cara mientras comía, se me quitaría el hambre al instante. A la salida, Tenten y yo nos dirigimos hacia su auto, dispuestas a dirigirnos hacia mi casa luego. Estaba aliviada de no tener que «trabajar» hoy, no me apetecía seguirle las órdenes al niño mimado.

Pero el destino no estaba a mi favor.

—¡Sakura! —escuché la voz de Sasuke.

Me congelé en mi sitio, rogando porque sólo haya sido de mi imaginación. Pero sus manos, en mis brazos, no me ayudaron en nada. Y el calor de su cuerpo, cerca del mío, mucho menos.

—¿Sasuke? —dijo Tenten, volteándose.

Lo siento —susurró él, sólo para mí.

Abrí los ojos de la sorpresa. ¿Lo estaba diciendo en serio? ¿Se estaba disculpando por lo que yo estaba pensando? El corazón comenzó a dolerme en el pecho de tan rápido que iba, y las mejillas se me sonrojaron. Recordé las palabras de Neji.

Te sonrojas cuando él se acerca, y apuesto cincuenta dólares a que se te acelera el corazón…

cuando le miras se te iluminan los ojos.

Cuando me hizo voltearme bajé la mirada, ¿sería cierto lo que decía Neji? ¡Dios, no! Me mordí el labio.

—De verdad, lo siento. Soy un insensible y… lo siento.

Sus labios fueron más rápidos que los míos antes de contestar. Me besó la mejilla con dulzura, deteniéndose para probar la textura de mi piel. Parece que a él se le había olvidado que su hermana estaba allí, porque su boca se movió hasta la comisura de la mía, y yo no podía decir nada, porque el cuerpo no me respondía.

—Sa-Sasuke—musité—, yo…

Me besó la frente rápidamente, antes de mirar su reloj.

—Dios, debo volver con los demás. Hinata y Sasori deben estarme buscando —susurró más para sí que para él.

¡Qué fácil para él era romper el supuesto «encanto» que había creado! ¿Hinata y Sasori? ¿Por qué no podía ser Sasori y Hinata? ¡Agh!

te pones celosa cuando otra chica se le acerca.

Estúpido Neji.

—Hablamos esta noche, contesta, por favor —musitó mirándome a los ojos. Sólo me limité a asentir, incapaz de decir palabras.

Sonrió torcidamente y se marchó a grandes zancadas.

Una parte de mí se preguntó qué sería eso tan urgente como para irse corriendo, qué era lo que tenía que ver con Hinata y Sasori. Otra parte no pensaba en nada.

—Neji me dará mi regalo… —cantó Tenten mientras subía al Porsche.

Oh, no. ¿Neji le había contado de la apuesta? Lo mataría si era así. Fulminé a Tenten con la mirada.

—Calla, y llévame a casa

—Claro —sonrió.


Me tiré sobre mi cama y saqué mi diario, bajo mi colchón. Tenía la intención de leer lo que había escrito durante el último mes, y no me equivoqué cuando me di cuenta de las cosas. Cosas que sí estaban ahí.

Sola, en casa, podía pensar con la claridad que necesitaba, y dejar de mentirme a mí misma (un poco). Me mordía el labio cada vez que pasaba la página, y veía cómo mi orgullo se rompía frente a mí.

Sasuke Uchiha. Sasuke. Uchiha. Sasuke. Sasuke. Sasuke.

¡Por todos lados! En todas las páginas, ¡durante todo el mes! No podía creerlo. Mi vida entera se había centrado en él durante aquellos treinta días que fueron mi infierno personal. Beso. Azul. Sasuke. Sonrisa torcida. No, no, no… No podía ser. ¿Cómo había podido? Sin haberme dado cuenta había hecho que mi mundo girara a su alrededor como un tonto planeta alrededor del sol.

¡Sakura tonta! ¡Sakura idiota! ¡Sakura mentirosa!

«Te sonrojas cuando él se acerca, y apuesto cincuenta dólares a que se te acelera el corazón…, te pones celosa cuando otra chica se le acerca y cuando le miras se te iluminan los ojos.»

Gemí. No podía estar pasándome esto a mí.

A mí… ¿A mí me gustaba Sasuke Uchiha?

La puerta principal fue cerrada con un portazo, y supuse que sería Yasuo. ¿Tan temprano? Me dirigí hacia mi ventana y vi el coche patrulla de mi padre junto a mi no-usado-últimamente monovolumen. Le tiré un beso con la mano a mi coche antes de bajar lentamente por las escaleras.

La cabeza me daba vueltas de todas las ideas que tenía.

—¿Papá? —llamé.

—Sakura —se asomó por la sala de estar, su rostro era sereno—, ¿podemos hablar?

Le miré entre confundida y extrañada. ¿Qué estaba pasando?

—Esto… claro —tragué saliva con dificultad—. Pero antes debo arreglar… escribir… digo, corregir algo en mi diario, ¿me esperas un momento?

Asintió lentamente, y yo salí hacia las escaleras para ir a mi cuarto. A mitad de camino me devolví, dudosa de lo que iba a hacer, pero, supuse, era algo necesario.

—¡Yas…! ¡Papá! —me corregí— ¿Tienes treinta dólares?

—¿Para qué? —gritó en respuesta.

—Es que… le debo dinero a… Neji.

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¡Y hasta aquí! Sasuke está… ¿Más bueno? ¿Se habrá dado cuenta lo de la playa? Espero que les agradé el capítulo tanto como a mí. Haganmé saber si hay algún error, no se lo guarden. Muchísimas gracias por sus reviews. Eh subido más o menos… bien, creo.

Besos, Sophie.