Disclaimer: Naruto ni sus personajes son de mi autoría, todo le pertenece a Masashi Kishimoto-san. Como tampoco la trama de la historia, que es de Janelle Mindfreak, originaría de Twilight; gracias por ello. Ahora sí, ¡Disfruten la lectura!
Summary: Sakura pierde una apuesta contra Sasuke. ¿El castigo? Convertirse en su esclava por unos meses y hacer todo lo que él diga. Pero, ¿a qué se referirá con "todo"? -Sasuke/Sakura.
Sí, amo
Dieciocho:
El dilema de lo extraño.
¿Cuánta gente especial decide cambiar? Sólo cuenta las estrellas.
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Suspiré aliviada cuando la clase de Trigonometría terminó. En serio, cada vez pensaba que el maestro se adelantaba más en la materia, y yo, por el contrario, retrocedía. Me sentía un parásito entre muchos cerebritos matemáticos y pensamientos numéricos. Lo mío, definitivamente, era escribir y leer palabras normales, no números.
Alargué los brazos hasta que mis manos flotaron en la nada del final del pupitre, y aplasté mi rostro contra el libro que tenía en el asiento. ¡Qué genial era sentarse al final de la fila! Así el maestro no te veía cuando perdías el hilo de la concentración o encontrabas que hacer barquitos de papel era más entretenido que la multiplicación fraccionara de polinomios o como sea que se llamara la materia.
Cuando el aula quedó en completo silencio, supuse que ya no había nadie más, eso me agradó; la quietud era algo que llevaba necesitando de hacía bastante tiempo. Exhalé un largo suspiro, sabiendo que era ya la hora del almuerzo, y luego… —gemí— gimnasia. Oh.
Me levanté con cuidado, lentitud, engañándome a mí misma diciendo que nadie me apuraba, cuando la realidad no era así, después de todo. Empecé a guardar mis cosas en mi mochila, que pasaría a dejar en mi casillero de paso. Cuadernos, iPod, móvil…
De pronto un dedo recorrió el centro de mi espalda, de inicio a fin, mandando cosquillas y escalofríos por mi cuerpo a igual rapidez. Me estremecí y ahogué un chillido. Y volteé para encontrarme con la divertida cara de —oh, vaya— Sasuke. Él sonreía divertidísimo por la escena.
—Hey, tardabas mucho —dijo.
Me encogí de hombros.
—Era Trigonometría, me aburro en estas clases.
—¡Vaya! Me pasa lo mismo con Historia.
Sonreí y él también.
—¿Vamos?
Asentí.
Salimos juntos de la sala, quizá demasiado cerca el uno con el otro, pero no me incomodaba mucho. Mi mente trabajaba más lento de lo normal, es decir, debería de ir rápido. No era consiente de lo que mi cuerpo hacía, y me encontré viendo a Sasuke de reojo cada dos pasos. ¡Jesús, como si no le hubiera visto nunca! Aunque… era raro: hoy lo encontraba extrañamente más guapo que en otras ocasiones. ¿Sería porque no me había echo rabiar en las horas que llevaba el día? Esperaba que sí.
Fue en ese momento, cuando cavilaba sobre mis pensamientos, que Sasuke también me miró, y me pilló mirándole, también. Me sonrojé, espero que disimuladamente, y él me sonrió torcidamente, parecía realmente a gusto en nuestro cómodo silencio.
¡Demonios! Todo parecía tan rosa.
Íbamos a entrar al comedor, después de haber dejado mi mochila en el casillero, cuando otra mano (y estaba completamente segura que no era la de Sasuke) me cogió del brazo. Me giré exasperada y hambrienta, para ver a Kankuro Sabaku sonriendo de forma infantil. Se había bajado el cabello castaño-oscuro, y lo llevaba extrañamente peinado sobre la cara; era como si quisiera imitar a algún integrante de alguna banda de música rock o algo así.
—¿Kankuro? —escupí.
Aún no se me había pasado la cólera de la última vez, a pesar de haber pasado semanas. Nada más odio que anden hablando cosas malas de mí a mis espaldas, aunque tal vez eso suene un poco hipócrita viniendo de mi parte, añadiendo la presencia de cierto chico de cabello azabache y ojos negros a mi lado.
—Sakura —saludó, supongo—, ¿puedo hablar contigo?
—Sabaku —advirtió Sasuke.
—Uchiha, ¿no te importa que te la quite un ratito, verdad?
—Habla, pero yo estaré aquí.
Sinceramente yo no entendía nada de nada, pero, en el fondo, me gustaba ese lado protector de Sasuke para conmigo, me hacía revolver el estómago de pura ansiedad.
—Como sea —se encogió de hombros Kankuro, fastidiado—. Sakura —puntualizó mi nombre, y sólo me miró a mí.
Me di cuenta de que aún sujetaba mi brazo, así que me solté y di un paso hacia atrás, apegándome a la figura de Sasuke. Éste me pasó un brazo por los hombros, y yo no lo rechacé, para nada. Oh, de nuevo las mariposas en el estómago…
—…Y, ¿qué dices? —preguntó Kankuro.
¿Ah, qué?
—¿Disculpa?
El castaño puso los ojos en blanco, y Sasuke soltó una risita. Al parecer yo estaba más atenta a la cercanía y roce de mi piel con la de Sasuke, que de lo que sea que Sabaku quería decirme. ¡Más le valía que fuera importante!
Kankuro tomó un profundo respiro.
—Que el sábado habrá una fiesta en mi casa, ya sabes, por el inicio de las prácticas o algo así, ya no recuerdo qué le dije a mis padres —rió—. La cosa es que, bueno… no nos estamos llevando bien, y lo siento, en serio. Así que, para compensarte, he decidido invitarte a mi fiesta. Puedes llevar a algunos de tus amigos, si quieres, mientras más mejor.
Pensé en Naruto sufriendo en La Hoja por la ausencia de Shion, pero tampoco pensaba que una fiesta de chicos de segundo fuera lo mejor para él. Ya hablaría de eso conmigo misma más tarde.
—O sea que si no estuviéramos peleados… ¿no me habrías invitado? —cuestioné, alzando una ceja.
Kankuro rió, y Sasuke presionó dulcemente mi cintura, lo que me hizo cosquillas. Las ignoré.
—No es eso… no sé. En fin, ¿vas o no?
Me mordí el labio.
El sábado sería mi primer día en casa de Sasuke. No sabía si Tenten o Ino…
—Nosotros también iremos —me dijo Sasuke.
—¿Sí? —pregunté, más entusiasmada, por motivos obvios.
—Sí. Después de todo, Neji y yo estamos en el equipo, y Kiba tiene pase libre por haber estado el año pasado. Neji irá con Tenten, Kiba con Ino y así. No estarás sola.
—Bien, si es así…
Observé a Kankuro para darle mi afirmación, y él no se veía feliz de que Sasuke me había dicho que iba, pero, la verdad, poco me importaba.
Wow, una fiesta… e iré con…
Y me puse más nerviosa cuando llegué a algo que era bastante obvio: Kiba iría con Ino, Neji con Tenten… y Sasuke… ¿conmigo? ¡Oh, Dios! La sola idea me revolvía la cabeza.
Caminé a su lado mientras pedía su comida, hoy yo tenía un hambre de muertes.
Los letreros y carteles del concurso de talentos ya no llamaban tanto la atención como antes, y la lista de inscripciones del pasillo central ya no estaba tan vacía como antes. Es más, ahora, le faltaba espacio para otro pobre diablo que deseara anotarse. Ya había estado pensando, más o menos, sobre ese asunto, y ya lo había descartado de las prioridades principales de mi vida. Creo que prefería descubrir el antídoto contra el SIDA que ganar un concurso de talentos y salir en televisión.
Llegué a la mesa de los Ushiba junto con Neji e Ino y con un trozo de pizza en un plato, y un refresco de naranja, eso era mío. Lo otro eran dos sándwiches, un refresco de cola y una manzana. Había cierta… tensión en la mesa, de la cual Sasuke y yo desconocíamos el motivo. Nos dirigimos una mirada, preguntándonos mudamente sobre lo que, supuestamente, podría estar pasando; él se encogió de hombros, y yo decidí no excavar en el asunto. Si él no sabía, y era más cercano a ese grupo que yo, yo mucho menos podría imaginarme.
Me senté al lado de Tenten, en el extremo de la silla. Sasuke se sentó frente a mí, ignorando olímpicamente a su familia. Comimos tranquilos, en silencio. Kiba hablaba con Ino de vez en cuando sobre el pre-universitario. Pero había algo que era raro, y era que Neji ignoraba a su novia —Tenten— lo que más podía. Parecía más interesado en las conversaciones de Kiba e Ino que en la pequeña, que también pretendía leer una revista de modas, ignorando al resto del mundo.
Suspiré.
Cuando faltaban unos diez minutos para entrar a Biología, nos levantamos todos. Kiba se despidió de Ino con un beso en los labios, y ella y Neji se fueron por su lado. Me intrigó aún más el darme cuenta que no hubo ninguna muestra de cariño por departe de Neji y Tenten. Me mordí el labio para no soltar las preguntas.
Sasuke me susurró al oído.
—¿Qué demonios está pasando aquí?
Me encogí de hombros.
—No tengo ni la más mínima idea.
—¿Se habrán peleado? —insistió.
—Eso parece.
Tenten parecía muy metida en su mundo. Tenía su manita debajo de su mentón. Su ceño se fruncía cada dos segundos, para volver a relajarse y, luego, volver a fruncirse. Jugué a adivinar cuándo sus cejas se torcían, era divertido.
—Vamos, Sakura —dijo Sasuke cuando llegamos a la sala de Biología.
—Eh, sí.
—¡Espera! —exclamó Tenten, tomándome el brazo—. ¿Puedo robártela por unos segundos?
No sabía por qué me necesitaba.
Hizo un puchero a Sasuke, y él pareció pensárselo.
—No —respondió al final.
Mi corazón latió más o menos rápido cuando me di cuenta que él no había permitido que su hermana me alejara de él. O algo así, supuse. Era raro esto de que te gustara alguien, se sentía extraño en el estómago.
—¡Sasuke! —protestó Tenten.
—Bien, bien… —rió él. Su melodiosa risa me llenó los oídos, y suspiré internamente—. Pero sólo un rato.
—Dios, ni que te fueras a morir por estar sin ella.
Au. Tenten no sabía cómo me afectaban sus palabras. No pude evitar el mirar a Sasuke para ver su reacción. ¿Se enfadaría? ¿Le restaría importancia? ¿Se reiría? ¿Encontraría esa idea completamente absurda y asquerosa? La última era la que yo menos deseaba que pasara.
Él, simplemente, sonrió de forma torcida y se encogió de hombros, de forma sutil y coloquial. Luego se dio vuelta y se encaminó hacia el interior del salón.
Tenten soltó un silbido por lo bajo.
—En fin —susurró—. Sakura, necesito tu ayuda. Bueno… más bien, tu opinión. ¿Qué crees que es mejor? ¿100 o 150?
Parpadeé, confusa.
—¿De qué me estás hablando?
Tenten puso los ojos en blanco. Acto seguido, levantó sus manitas y las puso delante de su pecho, sus manos dibujaron montículos sobre éste.
Tardé dos segundos en que se me iluminara el foco.
—¡No! ¡No! De ninguna manera, Tenten Ama. ¡Ya te dije que no estoy de acuerdo! —estallé. No podía creer que siguiera con esa idea en la cabeza—. Y… ¿¡150!? ¿Es una broma? ¡Se te quebrará la espalda!
—¡Sakura! —lloriqueó sin lágrimas—. ¡Por favor! La presentación es antes de las vacaciones de Navidad, y ya he practicado con Ino. ¡Me opaca completamente! ¿Crees que alguien del público masculino me va a estar viendo cuando tenga a Ino a mi lado? —dijo el nombre de su amiga como si estuviera hablando de Julia Roberts—. ¿…Y vestida con nuestras fantásticas prendas, que yo diseñaré?
No tuve que pensarme para responderle.
—Neji te estará viendo.
Ella, al parecer, ya sabía que le respondería eso.
—¡Pero…!
—Sin peros, Tenten. Dios, ¿cómo puedes ser tan ciega? Eres una chica muy linda, no necesitas senos de mentira para que los demás te noten —medité un momento, y puse los ojos en blanco después de unos segundos—. Es imposible que alguien no te note.
—Pero…
—Ugh, no quiero hablar de esto. Lo vemos después de clases, ¿vale? Debo ir a tu casa de todos modos —murmuré, enfurruñada—. Tu hermano me mandó a ordenar su cuarto, y, creo, a hacer algunas tareas. No puedo creerme que todavía tenga un mes por delante.
Ella ladeó el rostro, ahora tenía una pequeña sonrisa en sus labios.
—Oh, Sasuke —susurró—. ¿Ya se lo dijiste? ¿Lo del fin de semana?
—¡No! —musité, espantada—. No quiero ser yo quien se lo diga. Mejor que se entere hoy por tu padre.
—Supongo… —meditó.
Se fue al ratito, cuando tocaron para iniciar las clases de la segunda jornada. Entré al salón para sentarme en mi habitual lugar, al centro de la sala. Sasuke me sonrió desde el fondo del lado izquierdo, en su puesto. Su mirada sólo decía que debía de contarle lo que Tenten me había dicho, si no es que él había escuchado.
Recé internamente para que no hubiera escuchado la última parte, si es que había sido tan descarado como para escuchar conversaciones ajenas. Una parte de mí, la más sensata, dudaba que él hiciera algo así.
Al final, cuando la profesora Yuuhi entró, toda la clase quedó en silencio, incluida yo. Mi compañero de banco ya había llegado, sin que yo lo hubiera notado, y la clase comenzó sin más.
Estaba caminando hacia el estacionamiento, me iría con Tenten para su casa, y hacer los deberes que Sasuke me había dado. De cierta forma, ya no me parecía tan malo acatar sus órdenes. ¿Influiría el hecho de que sentía por él más de lo que se siente por un amigo? Tal vez yo sí tenía ganas de estar en su habitación.
Hasta se siente extraño confesármelo a mí misma, pensé, sonrojándome.
—¡Sakura!
Pensando en el rey de Roma…
Me giré para encontrarme con Sasuke, que aún traía puesta la ropa deportiva. Un flash en mi cabeza me recordó que tenía entrenamiento de baloncesto.
—¿Sí? —pregunté.
No pude evitar el devorármelo con los ojos. Su camiseta deportiva se apegaba demasiado bien a su figura. Esperaba no tener pensamientos que fueran muy desquiciados para mí, aún me faltaba un año para la mayoría de edad…
Cuando llegó frente a mí, no me miró, primero parecía buscar algo. Luego sus ojos brillaron cuando se fijaron en un punto, me atreví a volverme para ver el Porsche de Tenten, estacionado junto a su Volvo.
—¿Dónde está Tenten? —preguntó.
—No sé, se suponía que debía de estar aquí ya.
—Sakura, necesito un enorme favor. ¿Puedes ir a buscar un importante papel que está en el escritorio de mi habitación? Le quería decir a Tenten para que te llevara y trajera, y te volviera a llevar. Pero no está.
—¿Un papel? —pregunté, curiosa.
Sasuke asintió.
—Sí. Ahí tengo anotadas algunas cosas sobre el equipo de baloncesto. Soy tan olvidadizo que se me quedó encima del escritorio, ¡justo al lado de mi cuaderno de Historia! El maestro me regañó hoy cuando le dije —parecía realmente frustrado.
No pude evitar el reírme de él en su cara.
Oí unas pisadas disparejas, demasiado aceleradas para alguien que viene, normalmente, caminando. La voz de Tenten y Neji se oyó sobre el silencio que dejó mi risita.
—¡Ya déjame! —chilló Tenten—. ¡Deja de meterte en mi vida!
—Lo siento —exclamó Neji, de vuelta—, pero me meto en tu vida, ¡por que tú te metiste en la mía!
Ya estaban cerca de nosotros. Me apegué más a Sasuke, para poder ver sobre su hombro; cuando Tenten hablabas así, no eran cosas buenas, tampoco de Neji.
—No me vengas con sermones, Neji.
—¡Tenten! —casi gimió en desesperación.
—Demonios —murmuramos Sasuke y yo al mismo tiempo.
Lo miré rápidamente, y me alejé un paso hacia atrás al darme cuenta de la cercanía que teníamos el uno con el otro. No pude evitar el sonrojarme.
De pronto, me sentí jalada por algo, o alguien. Era Tenten.
—Vámonos, Sakura —ordenó.
—Pero…
—Hey —reclamó Sasuke.
Sin darme cuenta, ya me había empujado al asiento del copiloto del coche. Cuando cerró, todo ruido quedó prohibido para mí. Sólo pude ver cómo Neji seguía moviendo la boca —él también traía la ropa deportiva para el entrenamiento de baloncesto—, dirigiendo palabras para Tenten, y ella le contestaba también, a gritos, supuse.
Suspiré, no quería meterme en sus asuntos. Había supuesto que Neji se había puesto de los nervios otra vez cuando su novia volvió a tocar el tema de los pechos falsos, y no podía culparle. Por suerte Sasuke no sabía nada, sino ya estaría gritando también, y eso no me gustaría.
Tenten entró al coche, y cerró de un portazo.
No dije nada, ni ella tampoco.
Al final, suspiró y arrancó el coche. Cuando pasamos junto a los chicos, ella ignoró olímpicamente al suyo. Sasuke me despidió con un movimiento de manos, yo se lo devolví.
—Esto es por la operación, ¿verdad?
—Sí —gruñó.
Me acomodé en mi asiento, y puse la mejor cara de póquer. Sería, sensata… madura.
—No me sorprende que se ponga así.
Ella gimió.
—No tú también, por favor. Ya tengo suficiente con Neji, Sasuke e Ino. Es una suerte que Kiba aún se lo tome con algo de humor.
Abrí los ojos, sorprendida.
—¿Es que Fugaku y Mikoto aún no lo saben? —casi grité.
Dirigí mi mirada hacia Tenten, ella se mordía el labio, preguntándose internamente si debía decirme o no la verdad. De todas maneras, viéndola en ese estado de nerviosismo, ya sabía la respuesta por anticipado. A la dulce Mikoto le daría un ataque cardíaco.
—No —respondió finalmente.
El aire se volvió denso después del silencio que conllevó su respuesta. No sabía qué decirle, hoy todo me parecía más extraño de lo normal. Hasta yo misma me sentía… extraña.
Cuando llegamos a la casa le dije a Tenten sobre lo que Sasuke me había pedido. Con un suspiro bien hondo, dijo que me prestaría el coche, ya que ella no se hallaba con ganas de volver y enfrentar a Neji. Pensé que si él lo hubiera escuchado, le habría dolido.
Corrí al cuarto de Sasuke para buscar el bendito papel. La habitación no estaba tan para el asco como había imaginado, a veces pensaba que él desordenaba su cuarto a propósito, para tenerme ahí limpiándolo. Moví mi cabeza en la dirección a su escritorio, buscando. Justo bajo la lámpara alargada de la superficie, había un papel arrugado. Lo tomé y lo abrí; estaban los nombres de todos los integrantes del equipo de baloncesto, los titulares y los de la banca, y otras cosas que yo no entendía bien. Doblé el papel y lo guardé en mi bolsillo.
Me dispuse a irme cuando, sin saber exactamente bien, me pareció ver la palabra «Uchiha» en algún lugar. Volví el rostro hacia el escritorio, buscando bien en dónde pude haber leído de corrido el apellido de Sasuke. Pero no encontré nada superficial. Me encogí de hombros y le resté importancia.
Salí casi a la carrera nuevamente, olvidando mi mochila en su casa y, por ende, mi móvil en ella. Pensé que no estaría tan mal visto si interrumpía el entrenamiento, además no creía que Sasuke estaría con el móvil mientras hacía baloncesto.
El aparcamiento estaba vacío cuando volví. A excepción del Volvo de Sasuke. Me pregunté dónde estaría la motocicleta de Neji, y deduje que Ino debió de haberla tomado, ya que no se fue con nosotras en el Porsche.
Me aseguré que aún tenía el papel en el bolsillo trasero de mi jean antes de bajarme e ir hacia el gimnasio. Al llegar a la entrada principal, escuché algunas voces masculinas dentro y también unos pasos rápidos, algunos estarían trotando. Una pelota golpeó contra el aro y su rebotar se perdió en la risa de Kiba, era completamente reconocible.
—No creo que ella cambie de opinión. Aunque aún se me hace difícil imaginarla —dijo.
—¡Es una cabezota! —reconocí la voz de Neji, enojado. Imaginé que hablarían de Tenten.
—¿Qué pasa con Tenten? —preguntó una voz que tardé en reconocer, pero se me hacía familiar.
—Cosas de chicas, Zaku —respondió Kiba—. Ya sabes, a veces es difícil entenderlas.
Puse los ojos en blanco. ¡A veces los chicos eran tan hipócritas!
—Se le ha metido una idea tonta en la cabeza —el corazón me latió acelerado cuando escuché su voz—. Eso es todo. Ni siquiera Sakura pudo hacerle cambiar de parecer.
Sonreí inconscientemente cuando dijo mi nombre, aunque no estuvieran hablando de mí.
—Hablando de Sakura… —hice una mueca. Prefería mi nombre mil veces en los labios de Sasuke que en los de Kankuro—, ¿qué pasa entre tú y ella, Sasuke? ¿Están saliendo?
Me sonrojé y me apoyé contra el muro. ¡Tenía que haber abierto mi bocaza mental! ¿Por qué mejor no volvían a hablar de Tenten?
Otra vez, la risa de Kiba apartó el silencio que se formó.
—Oh, Dios, ¡qué buen chiste! Hablas como si a Sasu pudiera gustarle alguien.
—Cállate Kiba, calladito te ves mejor —respondió Sasuke de forma seca—. Y no, Sabaku, Sakura y yo no estamos saliendo.
—Pero ya te gustaría, ¿a que no, hermanito?
—Kiba… —amenazó Sasuke.
—Sakura es una chica preciosa —intervino Zaku, y me sentí cohibida. Si Kin lo escuchara me odiaría.
—Mucho —agregó Kankuro. Volví a hacer una mueca—. ¿Verdad, Sasuke?
No sabía qué quería Kankuro con todo esto. ¿Por qué ese tono? ¿Estaba intentando molestar a Sasuke? ¿Cuál sería el rostro de éste? Borré todos los deseos de ver a través de la abertura de las puertas. ¿Sasuke me encontraba… linda?
¡Oh, demonios! ¿Es que ahora mismo tenían que ponerse a hablar de esto? Sabía que, tal vez ayer o el viernes, los habría mandado a volar y que hablaran lo que quisieran. Pero ahora, que tenía otro punto de vista y otra clase de sentimientos, no podía ignorar mi enorme curiosidad por saber lo que pensaba Sasuke de mí.
De un momento a otro, me encontré aguantando la respiración.
—Sí —respondió Sasuke, al final, con voz aterciopelada y musical. Solté todo el aire de golpe—, es guapa. Sakura es linda.
Pude haberme encontrado en una habitación completamente oscura, sola, y sólo esas palabras me habrían iluminado el ambiente. ¡Era tan extraño sentir estas mariposas en el estómago! Cerré los ojos y me mordí el labio, a la vez que sonreía y me abrazaba a mí misma. Me dejé apoyar contra la pared, porque sentía que, quizá, me caería.
Él me encontraba guapa. Sasuke decía que era linda.
El corazón me dio un salto de felicidad. ¡Wow!
¡Sí que era raro que te gustara alguien!
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¡Bam! Lo prometido es deuda. So, guys (¿) Espero que les agrade, por que a mí me encantó amoldarlo. Tarde pero seguro. Es que me fui al dentista –que no sabía que tenía que ir-, y en fin, bla bla. Ya saben que si algún error o algo me avisan ;-). Muchísimas gracias por sus reviews y el –aunque sea poquito- tiempo que toman para apretarle al "Review this Story".
Besos, Sophie.
