Nueve

—Parece que a Brown no le ha costado mucho encontrar un reemplazo de Scorpius —apuntó Lysander.

Albus giró el rostro para toparse con la figura de Lea Brown, una de las amigas de Lily. La chica iba en aquel momento de la mano del capitán de Quidditch de Gryffindor, rumbo a las puertas del Gran Salón. Eran una de las tantas parejitas que buscarían algún rincón tranquilo en el castillo, apartado del bullicio general de la fiesta de Halloween. Lily le había dicho hacía no mucho que había dejado de hablarse con Lea, porque había resultado una vulgar zorra. Sí, así con esas exactas palabras. Lily podía ser muy dura cuando quería.

—Es su vida —se limitó a decir Albus, encogiéndose de hombros, mientras se llevaba a los labios un vaso de ponche.

Detrás de su máscara de vaquero del lejano oeste, Lysander enarcó una ceja, pero no dijo nada. Desvió la mirada hacia un costado, cerca de la mesa de los aperitivos. Un par de murciélagos revoloteaban sobre las cabezas de unas alumnas de quinto que los miraban con expresiones embelesadas. Muchas personas creían que él y Albus estaban saliendo, lo cual no podía estar más alejado de la realidad. A Lysander le gustaba un poco Albus, para qué negarlo, pero sabía lo enamorado que el chico estaba de Scorpius. Intentar algo con él era en vano y lo sabía.

—No has hablado aún con Scorpius, ¿verdad?

Albus revoleó los ojos, exasperado. Casi se le cae el turbante. Iba vestido de jeque árabe. Al principio no se había atrevido a llevar aquel atuendo, que exigía que tuviera el pecho descubierto debajo de un pequeño chaleco dorado. Pero Rose le había dicho que le quedaba muy bien (al igual que Lysander), y al final se había dejado convencer. No tenía el cuerpo de Scorpius o de muchos de sus compañeros, pero tampoco estaba nada mal.

—¿Hasta cuándo vas a preguntarme lo mismo? —inquirió el chico.

—Hasta que hables con Scorpius —insistió Lysander—. Y no me digas que lo has superado —agregó, señalándolo con un dedo acusador—, porque los dos sabemos que no es cierto.

—Por Scorpius ya no siento nada —dijo Albus, intentando sonar convincente. No sabía por qué, pero aquella conversación estaba comenzando a ponerlo de mal humor.

—¿Seguro? —preguntó Lysander, burlón. Y tuvo un arranque de valentía (o estupidez, pensaría más tarde)—. ¿Aceptarías salir conmigo, entonces?

Albus, que justo había estado bebiendo un poco de ponche, se atragantó. Aquello lo había tomado completamente por sorpresa. ¿Hablaba Lysander en serio? De repente se sintió un estúpido. Si realmente Lysander sentía algo por él… ¡y él que le había estado hablando de Scorpius casi todo el tiempo!

—Yo… Lysander, yo no… Lo siento, pero…

Lysander esbozó una sonrisa de abatimiento.

—No haces falta que digas nada, Al. Sé que aún estás enamorado de Scorpius. Y yo soy el que debe sentirlo, jamás debería haber pretendido más que una amistad. Prometo que todo seguirá siendo como antes, ¿sí? —hizo una pausa bastante incómoda—. Voy a por algo de comer, ya regreso —pero no se dirigió precisamente hacia la mesa de aperitivos.

Durante algunos segundos, Albus se quedó allí de pie, solo, rodeado de gente que reía y lo estaba pasando fenomenal. Incluso Rose, que nunca había sido tan dada a las fiestas, estaba en aquel momento bailando con Lorcan. Parecían muy compenetrados el uno en el otro y se alegró tremendamente por su prima, aunque le hubiera gustado contar con ella para hablar sobre lo que acababa de acontecer. Quisiera pudiera hablar con Lily, pero estaba seguro de dónde se encontraba su hermana en ese momento.

—¿Tú y tu novio se pelearon? —le preguntó una voz a sus espaldas.

No hizo falta ni que se diera vuelta para saber que se trataba de Scorpius. El rubio iba vestido de vampiro. Pálido, mucho más que de costumbre, casi blanco con un papel, con unos colmillos afilados, una mancha de sangre artificial que le recorría la comisura de los labios y envuelto en una capa negra de terciopelo. Aún así, se veía especialmente atractivo. Albus tragó saliva.

—Lysander y yo no somos novios —le dijo a Scorpius, mientras lo rodeaba para alejarse de él, mientras que por un momento se le cruzaba por la cabeza lo fácil que sería estar enamorado de Lysander en su lugar.

No vio cómo Scorpius sonreía.


Nota: Sé que no tengo perdón de Dios y que soy el peor ficker del mundo por haber dejado colgada esta historia sin previo aviso. Estuve alejado de fanfiction durante mcho tiempo debido a distintas razones que no creo que les interese conocer, pero he decidido regresar y darle a esta historia el final que se merece, o al menos intentarlo. A los que todavía quieran seguirla, gracias :)

Saludos
Alex Franco.