Disclaimer: Naruto ni sus personajes son de mi autoría, todo le pertenece a Masashi Kishimoto-san. Como tampoco la trama de la historia, que es de Janelle Mindfreak, originaría de Twilight; gracias por ello. Ahora sí, ¡Disfruten la lectura!
Summary: Sakura pierde una apuesta contra Sasuke. ¿El castigo? Convertirse en su esclava por unos meses y hacer todo lo que él diga. Pero, ¿a qué se referirá con "todo"? -Sasuke/Sakura.
Sí, amo
Diecinueve:
Calumnia superficial.
Soñar es como volar, porque cuando vuelves a la realidad… ¡Dios, la caída, cómo duele!
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—¡Gracias, Sakura! —Sasuke sacó el papel de mis manos cuando yo se lo extendí. Me despeinó el cabello suavemente, como si fuera una muñeca; el roce de su piel con la mía tuvo los mismos efectos de siempre: ese minúsculo dolor en mis mejillas. Pero… me pregunté dónde estarían las mariposas de mi estómago, ¿se habrían ido volando?
Entonces, sus pálidos y cálidos labios acariciaron mi frente, y las antes ausentes mariposas se movieron inquietas en el poco espacio que era mi vientre. Oh, ahí estaban. Traidoras.
«Sakura es linda».
—De nada —susurré, evitando su mirada por algún motivo aparente.
Parece que a mi mente aún le costaba asociar el hecho de que Sasuke Uchiha me había elogiado a «mis espaldas». La cosa era que a mi corazón le encantaba, y saltaba cada vez que lo recordaba.
Había decidido intervenir en el entrenamiento de baloncesto un par de minutos después de las confesiones que los chicos se estaban haciendo. No estaba segura si siguieron hablando de Tenten o algo por el estilo, yo estaba demasiado ocupada fantaseando en mi propio mundo; un mundo donde Sasuke me decía en la cara que me encontraba guapa. Soñar, después de todo, no costaba absolutamente nada.
—¿Te trajo Tenten? —preguntó Sasuke de repente, apoyado en la puerta de los vestidores masculinos. Me sentía más o menos nerviosa de estar cerca de esa puerta.
—No —dije, y luego susurré el resto—, ella no quería ver a Neji, tenía miedo que se pusieran a pelear una vez más.
Sasuke se cruzó de brazos sobre su pecho, y cerró los ojos un momento. Sus cejas se fruncieron de forma madura y sus labios formaron una recta línea. Dios mío, él era tan sexy. Me le quedé mirando por un rato discutible, en silencio, apreciando cada una de sus perfectas facciones. Adorando el color pálido de su piel y lo tentativos que parecían sus labios. Quería besarlos. Ahora.
Él no se daría cuenta… y, bueno, podría salir corriendo después de que mis labios tocaran por una fracción de segundo los suyos. Luego podría inventarme una excusa como que él tenía algo en el rostro y que perdí el equilibrio al acercarme a quitarlo, que por eso nos besamos por accidente. Ah, no, pero si era por accidente no tendría por qué salir corriendo. Pero es que tampoco deseaba enfrentarme a su reacción después del beso. Aunque, al mismo tiempo, quería saber si le habría gustado o no. Vale, no sería mi primer beso, pero sí sería importante. Sería la primera vez que besaba a Sasuke.
Mi mente comenzó a discutir consigo misma mientras mi cuerpo estaba demasiado ocupado mandando órdenes a mis pies para que se pusieran en puntillas, así sería más fácil para alcanzar sus labios sin que él tuviera que moverse.
Estaba apunto, ¡a punto!, de ponerme en puntillas cuando la puerta de la entrada central del gimnasio se abrió, rechinando en el proceso. Instintivamente estuve de vuelta en el suelo, talones bien puestos.
Quise mirar hacia atrás para ver —con odio disimulado (o eso intentaría)— quién había interrumpido mi mágico momento no-compartido para dos, pero Sasuke había abierto los ojos y observaba sobre mi figura de forma más o menos seria y preocupada.
Pude hacerme una idea de quién era.
—Neji —musitó Sasuke, despacio.
¡No! ¿Habría escuchado lo que dije de su novia? ¿Que ella no quería verle? Si mi novio (y no es que tenga uno) dijera que ya no quiere verme, me sentiría estúpidamente dolida. Esperaba que el sentimentalismo masculino no fuera tan voluble como el femenino.
—¿Tenten no quiere verme? —inquirió suavemente, con voz apagada.
Ni Sasuke ni yo nos dignamos a contestarle. Y tampoco me digné a girarme para verle, seguro que se me contagiaría toda la tristeza que irradiaba su precioso rostro.
—Neji, no es eso —intente consolarle—. Sólo está enfadada, dale tiempo. Tú sabes cómo es.
—Creo que metí la pata —susurró el castaño.
—No —me giré suavemente para encararle cuando Sasuke comenzó a hablar. Neji llevaba el cabello atado en una coleta baja, en la nuca, y tenía pequeños mechones castaños que le cubrían la frente. Se veía guapo y adorable, digno de estar con Tenten, e inmerecido de soportar la rabia de la misma—, no es tu culpa, Neji. ¡Tú no tienes la culpa! —exclamó Sasuke, y, aunque no podía verle, estaba segura de que tenía el ceño fruncido—. Es Tenten la que debería estar así: como estás tú. Pero, en vez de eso, sólo se preocupa por esa estúpida operación. No te eches la mierda sobre los hombros, amigo, sólo lo empeorarás. Dale tiempo, como dijo Sakura. Ella te quiere, aunque ahora no lo demuestre, sabes que es así.
El rostro de Neji fue indescifrable por un minuto, estaba analizando las palabras que Sasuke le había dicho, claro. Luego, finalmente, las comisuras de sus labios comenzaron a subir, formando una pequeña sonrisa. Se la devolví suavemente. También sentí una mano sobre mi hombro, y volteé la cabeza para ver a Sasuke sonriéndome, y, luego, sonriéndole a Neji.
Cuando volví a la casa –a la del señor Fugaku–, Tenten estaba encerrada en su habitación, así que no la encontré mientras estaba en la habitación de Sasuke.
Yo tenía una estúpida sonrisa pegada en los labios, y la razón era el dueño de esa desordenada habitación. Amé cada una de las palabras que le había dicho a Neji, la manera en que lo había tranquilizado… lo había apoyado al cien por cien. Era increíble lo maduro que Sasuke podía ser cuando la situación lo ameritaba. Ah, suspiré mentalmente.
¡Dios, ¿es posible que me guste más?!
Octubre 12, 2007.
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Los días pasaron rápidos, y ni yo me di cuenta cuando el temido viernes llegó. Había estado preparando mi maleta esas noches, tardándome en seleccionar la ropa que llevaría, cosa que nunca antes me había tomado la molestia en hacer. Pero esto era diferente, porque Sasuke vería la ropa que llevaría. También había seleccionado la ropa que llevaría para la fiesta de Kankuro el sábado, no dejaría que Tenten me vistiera… supongo. Así como me había arreglado para ir a la escuela, ahora me arreglaría para estar en su casa.
La idea de verme vagando por los pasillos de la mansión Ushiba me hacía revolver el estómago. En la noche, antes de dormir, fantaseaba con que Sasuke y yo nos encontrábamos en las escaleras, en la noche, solos, en la oscuridad, y entonces él me sonreía y me besaba suavemente mientras me acorralaba contra la pared y su cuerpo. Eran bonitos intentos de sueño, pero se me hacía todo muy cliché. Al diablo, me gustaba mi fantasía.
Aunque una parte de mí estaba enfocada en algo mucho más importante: Yasuo. El rostro de mi padre había decaído notablemente en la semana. Llegaba más temprano y se iba más tarde al trabajo. El miércoles y el jueves había tenido que despedirme de él mientras desayunaba; por suerte no hizo preguntas sobre la desconocida bocina que sonaba todas las mañanas cuando me iba, esa que pertenecía a cierto Volvo.
Cuando la mañana del viernes se presentó, Yasuo me besó la frente antes de irme a la escuela, y me dijo que me llevaría él mismo a la mansión Ushiba en su coche patrulla. Intenté rogarle que usara mi coche. Accedió fácilmente.
Supe que a Sasuke le había informado de mi visita el miércoles, el día siguiente en que le fui a entregar la hoja al gimnasio. Fue raro cuando no hizo preguntas o molestó al respecto. Quizás estaba enterado de que mi estadía en su casa no sería por razones de mi preferencia. Fugaku debió haberle dicho de lo delicada que se encontraba la salud de Setsuna, el mejor amigo de mi padre. Sólo tuvimos una pequeña conversación el jueves por la mañana, camino al instituto.
—Siento lo del amigo de tu padre —había dicho.
Yo preferí no mirarle, porque sabía a dónde llegaría esa conversación.
—Se recuperará, tengo fe en ello —le dije.
Unos minutos de silencio.
—Así que… te quedarás con nosotros —no era una pregunta ni una insinuación, era la simple y dura constatación de un hecho.
—Sí —ahora mi regazo se me hacía bastante interesante. Me entretuve (o distraje) mirándolo.
—Mikoto comentó que usarías la habitación de huéspedes del tercer piso —susurró de manera amable, imaginé la sonrisa de su boca y tuve que mirarle a los ojos, aunque él conducía—, está frente a la mía —y sonrió torcidamente.
Tragué saliva con algo de dificultad.
—Oh —fue lo único que salió de mis labios.
Y Sasuke rió melódicamente mientras entrábamos al estacionamiento de la escuela. No volvió a tocar el tema en todo el día jueves.
Hasta hoy.
—¿Lista para un fin de semana entero en mi presencia? —bromeó cuando salíamos del instituto para irnos a casa.
Me encogí de hombros. Estaba un poco preocupada por Yasuo.
—Hey, tranquila, tú dijiste que el amigo de tu padre se recuperaría. Así será.
Me pasó un brazo por los hombros y me atrajo con gentileza a su figura. No estaba tan triste como para no darme cuenta de que me estaba tocando otra vez. Cada vez que lo hacía era como si fuera la primera vez. Dios, parecía una patética niñata enamoradiza.
—Sí, lo sé —pude decir—. El que me preocupa es Yasuo, no quiero que esté deprimido.
—Bueno… —me susurró al oído—, si tú estás deprimida eso no ayudará —me estremecí al sentir su cálido aliento entrar por mi oreja, era una sensación agradable. Levanté la mirada para verle a los ojos, él me sonreía—. Así que anímate, ¿vale? Te ves más linda cuando sonríes.
Ladeó un poco su rostro y puso una cara graciosa, contrayendo sus labios y desviando sus ojos. No pude reprimir una risita.
—Sí, así. Preciosa —dijo.
Paré de reír en seguida, y miré hacia otro lado, intentando ignorar tanto mi naciente sonrojo como esa mano sobre mis hombros.
Sasuke fue a dejarme en su Volvo a mi casa, luego que le dijera que debía recoger mi maleta. Yasuo ya me esperaba con todo listo, así que pusimos la maleta en la parte trasera de la camioneta, además de un bolso de viaje que mi padre llevaría, por supuesto. Finalmente, mientras cerraba con llave la puerta principal de la casa, me miró seriamente.
—¿Estás segura que no te molesta? —preguntó.
Puse los ojos en blanco.
—Papá, tú me pediste hacer esto, y hasta casi me suplicaste que aceptara —sonreí—. Estoy bien, puedo soportar un fin de semana sometida a las bromas de Kiba, las exigencias de Sasuke, y los makeovers de Tenten. Sobreviviré.
Yasuo sonrió, y las arrugas alrededor de sus ojos se acentuaron. Mi sonrisa se elevó un poco más. Subimos al coche, él se fue conduciendo a una velocidad completamente razonable. No deseé preguntarle a qué hora era su viaje, porque no quería parecer entusiasmada con su partida. Ya cuando íbamos entrando en el camino entre los árboles hacia la casa de los Ushiba, puse mi mano sobre la de mi padre en la palanca de los cambios. Él parecía sorprendido, ya que tanto él como yo somos horribles demostrando nuestros sentimientos.
Se me hizo un nudo en la garganta cuando su pulgar acarició el dorso de mi mano.
Esto era estúpido, Yasuo volvería el lunes, se iría sólo por el fin de semana, no es como si no fuera a volver. La parte pesimista de mi mente estaba trabajando en toda su maldad, viendo la cara de sufrimiento de Yasuo si Setsuna no sobrevivía. Intenté sacar esos feos pensamientos de mi cabeza cuando mi monovolumen paró finalmente.
Mikoto fue la primera en asomarse por la puerta principal, sonreía dulcemente en nuestra dirección.
—¿Qué tal, Yasuo? —saludó con su suave y hermosa voz.
—Bien. Gracias por todo, Mikoto, en serio.
La melena negra de Mikoto se sacudía en el viento mientras se acercaba hacia nosotros. Yo estaba muy ocupada intentando bajar la maleta del auto, peor aún así podía escuchar la conversación que la mamá Ushiba tenía con mi padre.
—Oh, ¡no es nada! Es un placer tener a Sakura aquí.
Y, entonces, unas pálidas manos tomaron los extremos de mi maleta, levantándola con tal facilidad que me dio envidia. Sonreí suavemente, pero moví mi cabeza para que él no pudiera ver mi sonrisa. Tal vez pensaría que me había indignado.
—Sí —susurró en mi oído—, es un verdadero placer.
Me estremecí cuando percibí su cercanía, era peligrosamente atrayente. Di un paso hacia atrás, completamente intencionado, esperé chocar con su masculino pecho, pero no encontré absolutamente nada, y casi me voy de patitas al suelo si no fuera porque me afirmé de la camioneta.
Sasuke reía, a unos pasos más lejos.
—Con cuidado, Sakura. No queremos que te lastimes.
—¡Oh, ¿Sakura ya se ha caído?! —ese era Kiba, desde la entrada.
—No, aún.
—Aún —sonrió malévolamente Kiba al comentario de su hermano, y ambos rieron a mi costa.
¿Es que no se daban cuenta de que yo estaba ahí, escuchándoles? ¡Hombres!
—Sasuke, deja eso en la habitación de Sakura, por favor —ordenó Mikoto, y se lo agradecí enormemente. Temía que Sasuke me ordenara subir mi propia maleta para hacer el ridículo.
—Sí —respondió él, sonriente, mientras entraba a al casa.
Lo vi desaparecer tras el umbral de la puerta principal, y doblar hacia la izquierda.
—Sakura —me llamó Yasuo.
Me giré para verle, él sonreía con tristeza.
—¿Si? —qué tonto sonó, era obvio que es el tiempo de despedirse.
—Cuídate, ¿vale? No dejes que Kiba te haga caer —bromeó.
Puse los ojos en blanco una vez más.
—¡No se preocupe, sheriff, yo cuidaré de ella! —gritó Tenten desde adentro.
Yasuo y yo reímos, creo que los dos nos dimos cuenta que, de una u otra manera, yo quedaba en buenas manos.
—Adiós, Saku.
Entonces papá me abrazó. La verdad es que tardé en responderle, porque no estaba muy acostumbrada a las muestras de cariño paternales. Así que mis brazos le envolvieron torpemente, palmeándole la espalda de manera suave.
—Adiós, papá.
Nos separamos lentamente. Yasuo se dio la vuelta para subirse al coche e ir al aeropuerto, sabía que le esperaba una larga noche de viaje. Cuando estaba abriendo la puerta del conductor, supe que tenía que decir algo más. Y no me lo pensé mucho, en realidad.
—Papá —Yasuo se volteó—, él se recuperará.
Sonrió.
—Sí, es fuerte.
—Igual que tú.
Asintió mientras se subía al coche. Lo vi alejarse por el camino de entre los árboles. Me perdí entre mis pensamientos tanto, que casi no siento la presencia de un tercero en ese momento. Uno de los fuertes brazos de Kiba me abrazó por los hombros.
—Tranquila, Clow, volverá bien y contento —dijo.
Sonreí por el apodo, supongo que ya no me molestaba tanto.
—¿Trajiste tus cartas y todo, verdad? —puse los ojos en blanco—. La necesitarás mañana.
—¿Mañana? —pregunté, alzando la cabeza para mirarle.
Comenzamos a caminar de regreso a la casa, Kiba aún me tenía abrazada por los hombros.
—¿Es que nadie te lo dijo? La fiesta de Kankuro es de disfraces —parecía completamente a gusto con eso, y no supe por qué—. ¿Es que tú no tienes el tuyo?
Sonrió aún más cuando negué con la cabeza.
—Oh, pues entonces habrá que conseguirte uno, ¿eh?
Su voz destilaba completa insinuación. Kiba me estaba escondiendo algo, estaba segura de eso.
—¿Qué pretendes, oso? —le pregunté alzando una ceja.
—¿Yo? Oh, nada, Clowie. ¿Cómo puedes dudar de mí?
Nota mental: Estar alerta y vigilar a Kiba de cerca…
…tal vez muy cerca.
Octubre 13, 2007.
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Hacía dos minutos era sábado oficialmente en Konoha, y yo, definitivamente, no podía dormir.
Me había ubicado en una habitación del tercer piso, estaba al otro extremo del único pasillo y frente a la habitación de Sasuke. Desempaqué mis cosas en un pequeño armario y dejé mi neceser en el baño para que pudiera usarlo libremente. También colgué mis toallas en la barra. Caminé directamente hacia mi habitación —sería mía sólo por cuatro días, pero mía al fin y al cabo— después de saludar a todos los integrantes de la familia, sólo me faltaba Fugaku, que estaba en el turno nocturno en el hospital. Me negué a cenar, porque no tenía hambre, e ignoré todas las miradas tristes que se abalanzaron sobre mí cuando subía las escaleras.
Decidí salir de mi habitación cuando estuve segura de que todos se habían acostado, y de que Fugaku no había vuelto del trabajo, entonces me senté en el escalón más alto de la escalera. Abracé mis piernas y puse mi mentón sobre las rodillas, buscando un apoyo.
Aún estaba preocupada por las emociones de Yasuo. Yo quería que todo saliera bien, todo con respecto a Setsuna, pero a veces las cosas no salen como queremos, eso lo tenía claro.
Iba a ponerme a rezar —cosa que nunca hacía, porque no tenía una religión en especial, pero sí creía en Dios— cuando la puerta frente a mi habitación se abrió con un sonido suave.
Me quedé bien quieta, silenciosa, esperando que no me viera, aunque sabía que me vería de cualquier manera, ya que si quería ir al baño, tendría que cruzar el umbral de las escaleras. Escuché sus pasos suaves, era Sasuke, por supuesto, pero no iba al baño, sentí sus piernas en mi espalda, y luego ya no. Las escaleras crujieron sordamente cuando él se sentó a mi lado.
El corazón me latía rápido, feliz de que él viniera a hacerme compañía. Sonreí suavemente, sabiendo que mi pelo era una cortina que no le permitiría verme el rostro.
—¿Estás bien? —preguntó suavemente.
Asentí.
Su mano me acarició la cabeza suavemente, enviando descargas a mi cuerpo. Luego, corrió esa cortina de pelo y la puso tras mi oreja, para poder verme el rostro. Se me aceleró aún más el corazón, me hacía doler el pecho. No le miré, pero sentí sus ojos sobre mí.
—¿Sakura?
—¿Mmm?
—¿No tienes sueño?
Negué suavemente.
—¿Por qué no puedes dormir?
Me encogí de hombros.
—¿Estás preocupada por Yasuo?
Bajé la mirada.
—Oh —fue su respuesta.
Entonces, para mi vergüenza, bostecé. Sí tenía sueño al fin y al cabo, pero pegar el ojo era completamente distinto. Supongo que un poco de la preocupación por Yasuo y el sentirme extraña en esa casa no influían en mi búsqueda de Morfeo.
—¿Por qué no me hablas? —cuestionó.
Entonces le miré, él todavía me miraba. Sus ojos eran intensos, ónices en la oscuridad, y brillaban como dos machas bajo el agua. Su piel se veía aún más pálida en la oscuridad, ¿sería porque la luz de la luna le tocaba como una caricia a través de las cortinas de los amplios ventanales?
Viéndole así: directamente a los ojos, no pude evitar el responder con la verdad.
—No lo sé —me sentí avergonzada.
—¿Estás enfada conmigo? —parecía asustado por que así fuera.
—¡No! —respondí rápidamente.
Sonrió.
—No te sientas mal por Yasuo, él estará bien, todo saldrá bien, en serio —y me acarició la mejilla con sus dedos, no pude evitar sonreír—. Sí, así… Ya te dije, Sakura, te ves más linda cuando sonríes, me gusta cuando estás feliz.
Y, por supuesto, tenía ciertas razones para curvar la boca ahora. Puse mi mano sobre la suya, en mi mejilla. Se sentía realmente bien estar así… era tan reconfortante, tan cálido. Ignoré el sonrojo de mis mejillas y el canto acelerado de mi corazón. Yo quería que Sasuke me tocara.
Aunque volví a bostezar.
—¿Ya tienes sueño? —preguntó, burlón.
—La verdad sí.
Su sonrisa se hizo aún más grande.
—¿Te llevo a tu habitación?
—Oh, gracias, no creo que sea capas de dar tres pasos hacia mi cuarto —dije sarcásticamente, bromeando.
Sasuke se encogió de hombros, alejando su mano de mi rostro y de la mía propia. La carencia de su calor sobre mi mejilla dolía.
—Tal vez te tropieces.
—¡Oye! —le golpeé el hombro juguetonamente.
Rió musicalmente.
—No creo que pueda dormir —confesé.
Él me miró con la pregunta en sus ojos, desvié mi mirada para poder contestar con palabras coherentes y racionales en vez de soltar todo a bocajarro y sin lógica. Era potencial el poder de los ojos negros de Sasuke Uchiha.
—Es que… me siento extraña estando aquí. En esa habitación extraña, me siento… sola.
De su pecho brotó una pequeña risita, y entonces lo volví a ver: su sonrisa era aún más ancha que la última, y, podría jurar, tenía las mejillas levemente sonrojadas, aunque bien podría ser una idea mía…
Sus labios se movieron lentamente, y su voz salió de forma suave y aterciopelada cuando preguntó:
—¿Quieres dormir conmigo?
Me quedé en blanco. Tardé dos segundos en comprender sus palabras…
¿¡Qué!?
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¡Y aquí estoy yo! ¿A qué no me demoré nada? Es una recompensa por haber esperado muchísimo el capítulo diecisiete y aún así no quejarse de mi y mi pobre tardanza. En fin, "—¿Quieres dormir conmigo?" ¡OMS! Espero que les agradé la adaptación – por que yo la amé. Si hay algún error, no olviden avisar ;-)
Besos, Sophie.
