Nota: Para compensar de algún modo el abandono al que los he sometido durante tanto tiempo, ¡actualización express! A partir de ahora trataré de que la historia avance más rápido. Hoy nos adentraremos (aunque muy poquito) en lo que le está pasando a Scorpius... Espero que lo disfruten :)


Diez

—Bueno, ¿vas a decirme ya qué te sucede o tengo que ir a mi cuarto a por otra caja de ranas de chocolate? —le preguntó Rachel.

Scorpius soltó una risita algo nerviosa, se rascó la nuca en un gesto incómodo y apoyó la espalda sobre los almohadones que había apilado en la cabecera de su cama. Se quedó en silencio durante varios segundos, pensando en cómo expresar en voz alta aquello que lo tenía tan confundido. El problema radicaba en que ni siquiera él estaba seguro de qué era lo que sucedía. Sabía que era algo, pero aún no podía ponerle nombre.

Rachel se llevó a la boca la última rana de chocolate y observó a Scorpius con ojo crítico. Llevaba el cabello color miel atado en una coleta alta y estaba sentada con las piernas cruzadas a los pies de la cama. Siempre se había llevado muy bien con el chico, pero nunca habían sido precisamente mejores amigos. Scorpius siempre había recurrido a Albus para todo, pero algo había cambiado ese año, Rachel lo sabía. Había algo de lo que, aparentemente, el rubio no podía hablar con el chico de los ojos verdes esmeraldas, pero sí con ella. O no, no lo sabía. Scorpius aún no soltaba nada.

—Esto del silencio no es muy productivo que se diga —acotó Rachel—. No que me queje —se encogió de hombros—, pero creo que definitivamente vamos a necesitar otra caja de ranas de chocolate —sacó su varita del bolsillo—. Está en mi baúl. ¿Crees que si la convoco llegará sana y salva?

Scorpius bufó, divertido.

—Llegará a medio comer. Eso si llega —no dudaba de que alguno de sus compañeros de casa interceptara la bendita caja de ranas de chocolate a medio camino para sacar un par.

—¿Es sobre Albus?

La preguntó tomó a Scorpius por sorpresa. Se incorporó de repente, como accionado por un resorte, y clavó sus ojos grises en el rostro de Rachel. Su compañera aún estaba saboreando los restos de su rana de chocolate y su expresión no delataba nada en particular. Sus ojos azules se habían posado en los envoltorios vacíos que tenía desparramados a su alrededor. Los miraba con tristeza, como si eso fuera a rellenarlos nuevamente con ranas de chocolate.

—¿Por qué lo dices? —articuló Scorpius, tras un momento inicial de duda.

—No soy idiota, Scorpius —le dijo Rachel, rodando los ojos con cierta exasperación—. Es bastante evidente que algo ha cambiado este año, ya no parecen tan cercanos como antes. Además, ustedes siempre compartían todo. Y si hay algo de lo que quieres hablar y no lo haces con Albus, probablemente lo incumba a él, ¿no?

—Deberías haber ido a Ravenclaw —la picó Scorpius, con una media sonrisa, mientras se dejaba caer nuevamente sobre los almohadones.

—El Sombrero lo consideró por más o menos dos segundos. Pero se dio cuenta que no soy ningún ratón de biblioteca, así que aquí estoy —rió ella, guiñándole un ojo al chico.

Scorpius soltó una carcajada ante semejante comentario y ahora sí, más relajado, decidió que era momento de expresar en voz alta aquello que le estaba sucediendo. Seguía sin estar completamente seguro de qué era y a qué se debía, pero confiaba en que al hablar con Rachel la mente se le aclararía un poco. Realmente contaba con eso, a decir verdad.

—Vale, sí, es sobre Albus —aceptó, rascándose el puente de la nariz. Rachel no mostró ningún signo de extrañeza, sorpresa o lo que fuere, y eso lo animó a seguir adelante—. Es decir… no sé… —hizo una pausa—. ¿Es común que sientas celos de tu mejor amigo? Es decir, de que tu mejor amigo pase mucho tiempo con alguien más. Últimamente me estaba molestando demasiado que Albus pasase tanto tiempo con Scamander —dijo, haciendo una mueca de desagrado al pronunciar el apellido.

—¿Cuál de los dos?

Scorpius rodó los ojos.

—¿Y eso qué importa? Concéntrate, Rachel.

La chica soltó un suspiro, recogió todos los envoltorios vacíos de ranas de chocolate y se los guardó en un bolsillo. Acortó la distancia que la separaba de Scorpius, ante lo cual el chico se enderezó. Lo miró directo a los ojos, como si así pudiera ver dentro de él antes de abrir la boca para hablar.

—Importa, porque Lorcan es hetero y Lysander es gay —Rachel estaba bastante seria.

—No entiendo —Scorpius frunció el ceño.

Esta vez le tocó a Rachel rodar los ojos. Ella tenía sus sospechas sobre lo que le sucedía a Scorpius, ¿pero podía ser que el propio chico no lo viera? Bah, seguro que sí. Aquello era tan, pero tan típico de los hombres… negar lo que sentían, tomar los caminos más complicados a la hora de expresar sus sentimientos. Y después decían que eran las mujeres las que se hacían un mundo de un pequeño problema. Al menos ella no era así.

—Dime con sinceridad, Scorpius, ¿acaso te…?

La puerta de la habitación se abrió de repente, interrumpiendo las palabras de Rachel. Ambos chicos dirigieron sus miradas hacia la entrada para encontrarse con la figura de Albus, que se sonrojó levemente, giró sobre sus talones y bajó corriendo las escaleras. Sin decir palabra, Scorpius se puso de pie de un salto y fue tras él. Rachel estaba dispuesta a apostar la caja de ranas de chocolate que guardaba en su baúl a que Scorpius correría a aclararle a su amigo que entre ellos no había pasado nada, que ella era sólo su amiga.

—Hombres —murmuró Rachel, mientras se ponía de pie y abandonaba la habitación.


Saludos
Alex.