FELIZ NAVIDAD, MIS PEQUEÑOS SINSAJILLOS!

Aqui esta su regalo de navidad, a pesar de que nadie comento *Tristeza* pero espero sus Reviews en este capitulo!

:D

Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


CAPITULO 3

Estoy consciente de una sola cosa, la sangre que sale de mi pierna izquierda, todo lo demás parece impalpable, demasiado irreal como para creer que aun seguía ahí y levanto la mirada mientras un fuerte ardor recorre mi cuerpo miro la gran sombra en frente de mí que me apunta a sangre fría, probablemente listo para dar el segundo disparo.

— ¡Imbécil, que has hecho! — se oye en coro un grito. Alguien logra posarse a mi izquierda para decirme varias cosas pero yo no logro captar todo, la veo haciéndole varias cosas a mi pierna para detener el flujo de sangre. El aire frio me llega ahora por la derecha cuando otra figura más se posa a mi lado, como si ambos estuvieran dispuestos a recibir las balas en mi lugar, Denna y Frevor.

— Estaba claro que no podían acercarse — dice y enarbola nuevamente la pistola.

Detrás del chico que me disparo todo se vuelve inestable para dar paso a varias sombras, muchas de ellas, parecen moverse con movimientos típicos de la gente del Capitolio y otros que no mucho o tal vez mi mente ya me estaba dando jugarretas.

— ¡Soldado Hawthorne! — exige la voz de una mujer furiosa — ¿Qué es todo este alboroto? — continua ella y el chico baja el arma, mis dos amigos se apresuran a tratar de hacer un torniquete en mi pierna pero el orificio era demasiado grande.

Mientras más sombras se propagan escucho las botas sonando contra el asfalto de hormigas que parecen amontonarse mientras salen de su nido, todos viendo la actual escena.

— El escucho lo que dijimos en la junta — brama mientras me señala despectivamente — no puede seguir viviendo, representa un peligro.

No solo me había enterado de lo que hacían, sino que ahora probablemente todos ahí lo están sabiendo, los soldados que estaban en una esquina, hasta Denna y Frevor, así que mas que estar preocupado por mí, estaba preocupado por lo que sea que le podrían hacer a ellos.

— ¿Wilbert? — dice una de las sombras.

Una de las siluetas dice mi nombre mientras su voz amenaza con despabilar en cualquier momento, su espasmo viene acompañado de una conmoción cuando sus piernas giran para venir en mi dirección. Alto y de cabello canoso y de ojos iguales a los míos.

— El no presenta ningún peligro, es mi hijo — protesta y me sostiene en sus brazos, con su mano golpea ligeramente mi cara — quédate aquí hijo.

— Oficial Devonhall su hijo debió saber que no podía acercarse — dice tajante la mujer.

— Y ahora por eso debe morir, ¿no es así Paylor? — aventura mi padre de forma acida.

Todo se empieza a distorsionar de forma lenta y se mueve como el mar, lento y apacible. Mientras escucho cosas procedentes de todos los que me rodean siento como me hundo en el mar mientras este apretuja mis pulmones.

— Llévenlo con los rebeldes — dice alguien.

— ¿Y qué explicación les daremos? — pregunta otra mujer — podríamos ser interrogados.

— Llévalo — ordena una voz — yo me encargare de ello.

Cuatro brazos me alzan del suelo y me llevan cargando a otro lugar, se escuchan ruidos al final del lugar de donde estaba, no podía estar seguro si seguían discutiendo si salvar mi vida o no pero sea lo que sea me deja ajeno a cualquier situación cuando finalmente la marea negra me traga. No es como si hubiera estado ahí cientos de veces pero basto con verla cuando mi hermano estuvo ahí para tenerla en mi mente por el resto de mi vida, la arena de los juegos.

Tierra árida a mi alrededor y el sol quema mis parpados con tanta fiereza que tengo que taparlos con una de mis manos, no hay nadie más ahí, solo yo. El viento sopla violentamente alzando una nube de humo gigante que me obliga a taparme el rostro para no aspirarlo. El lugar parece extenderse hacia el infinito, pero me encuentro caminando como esperando encontrar algo más que tierra seca en ese lugar. Se escuchan parloteos a mis espaldas, volteo pero estos parecen irse con el viento que no paraba de soplar en ese extraño lugar.

Una vez más.

Así, como si el viento estuviera jugando con voces que encontraba familiares, en el momento en que ya no pienso averiguar que es noto una silueta humana a lo lejos que me da la espalda; es mi hermano. Grito su nombre pero apenas son bufidos los que salen de mi boca, lo intento una vez más y es el mismo resultado. Quería caminar hacia el pero mis pies se habían sumergido en fango, ahora estoy gritando por ayuda, el está ahí como lo vi al principio pero lo que más me aterra es ver como una jauría de perros van hacia él como si fuese carne fresca, como la única comida que hay en ese lugar.

Jalo mis pies para sacarlos del fango pero la tierra está muy dura a pesar de que el suelo se ve tan degradado. Alguien dice mi nombre y la paz me invade inmediatamente tal y como siempre lo hizo cuando ella me llamaba, mi hermana, que ahora ocupaba el lugar de mi hermano al igual me daba la espalda; lucho contra el fango en mis pies ahora perderla de vista, ahora no hay perros, solo ella. Parece llamarme como cada vez que era la hora de comer en mi distrito pero después de unos segundos su voz comienza distorsionarse, hasta convertirse en otra voz que también me era familiar pero no era la de mi hermana.

Voltea lentamente, contando sus pasos y su cabello se vuelve negro mientras se vuelve mas largo hasta enredarse en una trenza, su piel se vuelve acanelada y ahora Katniss Everdeen ocupa el lugar de mi hermana, vestida como la última vez que la vi, con el arco dorado y la única flecha en su carcaj, ella apunta hacia a mí y sé que no podre escapar, suelta la cuerda y uso mis brazos como escudo.

Pasados unos segundos aun no siento dolor en ninguna parte de mi cuerpo, abro los ojos mientras retiro mis brazos de mi cara, ya no hay nadie. Ninguna flecha en mi cuerpo. Un pitido comienza a propagarse por el lugar, no molesta pero el pitido se vuelve más escandaloso raspando mis oídos y el fuego comienza a propagarse por toda circulación de mi cuerpo, abrazador, amenazando con quemarme por dentro, después se vuelve agradable pero tan embriagante que lo vuelve una parte de mi cuerpo como si tuviese un sexto sentido que percibe de distinta forma las cosas.

El fango al fin me libera mientras noto como el campo de fuerza de la arena se vuelve en plumas de sinsajo que llueven por montones y se convierten en polvo diamantino, veo mi cuerpo y la hinchazón de mi pierna, lo comprendo. Morflina.

La cual nunca había corrido por mis venas y ahora lo hacía de manera gozosa. Las plumas comienzan a juntarse para ahogarme en ellas y veo esa luz de nuevo.

— Estamos en el hospital del Capitolio Denna, no en el 9 — dice una voz afable.

El rostro que me miraba, se queda atento a mi próximo movimiento, al notar las dos figuras cercanas a mí, entiendo que son Denna y Frevor, justo como la última vez, no cabía duda, siempre nos protegíamos, desde chicos.

— ¿Estás bien? — me pregunta.

— ¿Dónde estoy? — digo y mi lengua despabila, como si aun sintiese lo mismo que hace unos minutos…horas, o quizá días.

— En el hospital del Capitolio.

Todo mi cuerpo esta engarrotado pero a pesar de eso al escuchar que aun estábamos en el Capitolio entro una sensación de alarma, como si tuviese la urgencia de recuperarme lo más pronto posible como para irme de ahí. Mando órdenes a mi cuerpo pero este se tarda en responder, los recuerdos llegan a medida que la droga se va drenando de mi cuerpo, duelen todas mis articulaciones.

— ¿Cuánto tiempo llevo aquí? — y hago una mueca.

— 8 horas — contesta Frevor — en el 9 probablemente hubieras durado una semana…o te hubiesen amputado la pierna

Denna le lanza una mirada cargada de cuchillas.

— Creo que tiene razón — masculle.

El cuarto era totalmente blanco y muy ancho, espacio desperdiciado a menos que seas rico y llenes de lujos, televisión, música e incluso mejores maquinas que servía tu propia comida y agua, pero no en mi caso un simple habitante del 9.

Durante el siguiente rato, mis amigos no preguntan nada acerca de lo que escuche en el tejado ese día, no quise preguntarles si también los habían amenazado. Se materializa una figura igual de blanca que las paredes y lo único que resalta es su cabellera naranja, junto con su extravagante maquillaje en el rostro.

— Despertaste — sonríe.

Su inexplicable simpatía le dibuja una sonrisa en su cara de oreja a oreja.

— ¿Qué es lo que pasa? — digo y giro mi cabeza a ambos lados.

— Comienzan a desalojar a todos, los dejan marcharse a sus distritos — Frevor hace un gesto — más bien, a los de nuestro Distrito, quieren evitar grandes evacuaciones.

Dice su voz cantarina, la mujer que escogía papeletas en el Distrito 12, Effie Trinket.

— Quiero irme de aquí — digo confiando en sus palabras — ya no quiero estar aquí.

— Eso es evidente, Joven Devonhall su padre lo espera para que se marchen al 9.

— ¿Qué?

— Nos vamos al 9 Wil — dice Frevor.

— Eso lo entendí bien — protesto y fijo mi mirada en los ojos de la mujer, recuerdo su voz en el edificio — ¿Qué hay de…

Un ligero golpecito de Frevor en mis caderas me detuvo y sus pupilas se van a la orilla de sus ojos mostrando algo en la esquina del cuarto, una cámara. Entonces si discreción era lo que querían, quería salir de aquí intacto de problemas así que termino mi frase:

— De la comida, muero de hambre.

No era mentira, llevaba mucho tiempo sin comer, además tenía que ocultar lo que sea que estuviesen planeando, Effie asiente y marca unos cuantos números en la pared y pocos minutos después llega una enfermera que trae carne de ternera en sopa de cebollas y mientras el tiempo pasa, actuamos para la cámara. Aprovechar, era lo que podía hacer mientras me encontrara en las instalaciones del capitolio. Agua para bañarse y comida, no pedía más. Estaba aquí gracias al oficial del 8, quien tenía unos cuantos subordinados rondando por el hospital tal y como me lo había explicado Effie ya que salimos de mi cuarto.

— Echaré de menos esto — dice Denna comiendo una albóndiga de su plato.

Todos con ropa nueva y oliendo bien, estamos en uno de los pequeños comedores del hospital donde no hay más de una mesa, no hay cámaras aquí pero si unos cuantos rebeldes en la cocina.

— No tenemos que hacerlo — digo poco convencido.

Ellos comen mientras yo cuento los minutos en los que Effie Trinket nos dijo que regresaría, el estrecho cuarto no me permitía tener más paciencia.

— La tiranía del Capitolio ha terminado — musita Denna en mi mismo tono.

Frevor tres platos de comida, Denna solo uno, quería saber más sobre esa junta, no por querer ser parte de ello sino porque algo en mi se estremecía con la idea de una segunda guerra en Panem.

— Vámonos chicos — las puertas de abren de portazo.

Y en el nuevamente esta la chispa de todos los entrenamientos en los que estuve presente, la chispa que daba paso a las llamas de ira en sus ojos.

— Nos vamos al 9 — rectifica.

Hacemos caso y salimos de ahí dejando los platos en la mesa. Mi padre también está con ropa nueva y da esas grandes zancadas que provocan terror o al menos eso quería aparentar, conmigo no funcionaba (lo había hecho demasiadas veces). Irnos de ahí, volver al nueve, la puerta del hospital estaba muy cerca.

— Oficial — gritan del pasillo proveniente de la derecha.

El chico que me disparo, el creador de las bombas, alto y peligroso, posa su mirada en mí, no sorprendido pero si algo consternado, estaba claro que no lamenta nada el hecho de haberme disparado.

— Plutarch y Paylor quieren hablar con usted — dice él y después me mira — lamento lo de tu pierna — pero no lo hacía.

— Aun la tengo — le digo mientras simulo una patada en su dirección.

El lanza una sonrisa de insuficiencia, mi padre lanza algo parecido a un graznido con su respiración tuerce el gesto y se enrojece, evitando estallar.

— Mi decisión es definitiva — exclama — no formare parte de esto.

— Y lo entendemos, solo quieren decirle algo.

El se marcha y nosotros esperamos una respuesta por parte de mi padre, casi no queriendo la cosa seguimos al chico de piel aceitunada por el pasillo del hospital, subimos un nivel por las escaleras y nos detenemos en el rellano para entrar por una puerta gris.

Parece una sala de empleados, comodidades para satisfacer cualquier capricho. Un gran cuarto de paredes color caqui y todas las personas están en varias partes de el, se percatan de nuestra presencia y algunos cuantos se reúnen en el centro, mi padre hace un ademan para detenernos en la entrada mientras el va a ver qué es lo que desean las personas que al parecer eran las mismas que escuche ese día en el edificio, al igual que otros subordinados de la mujer del distrito 8, Paylor.

— ¿Qué traman? — murmura Frevor.

No había razón para desconfiar de ellos, eran mis amigos de la infancia.

— Quieren derrocar los nuevos juegos.

Ambos lanzan un aspamos a su manera y nos ponemos a observar simplemente. Una mujer de cabellos negro azabache se acerca a decir palabras a mi padre como queriendo convencerlo de algo, el niega, ella asiente y la mira de forma determinante, entonces un hombre que vi algunas veces en televisión, uno de los vigilantes, Plutarch, dialoga con él.

— ¡No! — estalla — ¡Jamás!

— Ustedes también forman parte de esto — Era Effie quien me empujaba por nuestra espalda, quería replicar pero no estaba tan seguro de querer hacerlo.

— Los juegos comienzan en dos semanas — dice Plutarch

— El tiempo se nos está acabando — arguya el chico.

— Ese no es mi problema — protesta mi padre.

— Ya tenemos más información sobre los juegos

— No formare parte de su maldito plan — brama nuevamente — no tiene caso.

— Ya conoces la estrategia, nadie correrá demasiado peligro — dice la mujer.

— Ustedes no tendrán control sobre lo sucedido ahí.

De alguna manera me siento involucrado, siento el hoyo en mi pecho formado por el ansia y ahí es cuando digo:

— ¿Qué es lo que pasa?

Alguien a mis espaldas, un uniformado, subordinado de Paylor me interrumpe.

— Ya tienen a Haymitch

— ¿Qué pasara con él? — dice deberás intrigada Effie.

— Depende, si algún vencedor sale de la arena, perdonaran su vida — dice el uniformado.

Podía notar la tensión que comenzaba a crecer en la sala, sobre algo que nadie tenía control, los últimos juegos estaban a la vuelta de la esquina y estaban causando demasiada polémica, la oficial Paylor parece enfadada de la situación y va directamente hacia mí.

— Wilbert — me sorprende un poco que sepa mi nombre.

Mi padre la toma por el brazo, amenazándola con la mirada.

— Ni lo pienses Paylor.

Ella lanza una mirada iracunda y se suelta, veo que todos posan su mirada en mi, escucho sonidos provenientes de algún lugar del hospital y los chillidos de Effie.

— Wilbert, queremos que seas nuestro sinsajo en la arena.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!