Holaa! Aqui otro capitulo!
Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.
CAPITULO 4
¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Horas? ¿Días? No lo se, pero el silencio que hay en la
sala me traga y me deja escuchar lo agitado que se encuentra mi corazón, veo expectante a la mujer que esta parada frente a mí.
— No, de ninguna manera — digo.
Siento como Denna y Frevor me hacen retaguardia, como si estuviesen dispuestos a presentarse voluntarios por mí en la cosecha, no sabía si eso era lo que más temía o seguir aquí, en este lugar rodeado de estas personas.
— Aun no te he explicado…— sigue Paylor.
— Suficiente — brama mi padre — nos vamos de aquí.
Recibo un jalón de mi brazo por parte de mi padre pero no me moleste, al contrario, me sentí agradecido de que lo hiciera ya que por unos segundos olvide como mover mi cuerpo. Unos soldados que estaban en el cuarto se ponen inmediatamente en la puerta para evitar dejarnos ir.
— No puedes hacerlo — arguya Paylor — la evacuación de tu Distrito ha terminado.
— Algunos soldados me conocen, ¡Apártense! — exclama nuevamente.
— Déjenlo ir — dice Paylor y los soldados se hacen a un lado.
El abre la puerta y salimos en silencio, mientras caminamos la presencia de mis dos amigos las siento casi al igual que la de mis hermanos al no tratar de dejarme ir a la arena, porque desde luego no tendría oportunidad alguna de sobrevivir sabiendo lo mucho que me costó acabar con una vida humana sin mencionar lo mucho que temía yo a ese lugar. Retomamos el mismo camino que dejamos minutos antes y cuando estamos en la parte trasera del hospital, se acerca un hombre de cabello negro, largo y lacio que le llega hasta el hombro, vestido con el atuendo típico del Capitolio, pero hasta ahí, su piel no estaba modificada quirúrgicamente ni tenía excesivo maquillaje en su cara.
— Hey Devonhall — dice entusiasmado.
— Dirígete a mí con respeto Lawrence — gruñe mi padre.
— Te llame por tu apellido, ¿o acaso olvide decir "Oficial"? — inquiere él, como si supiese algo acerca del relevo de mi padre — Te retiras ¿no es así? No lo hagas, llamaras la atención.
Posa la mirada en nosotros tres.
— Creerán que sacas niños del Capitolio — dice el.
— El es mi hijo
— ¿Y qué hay de los otros dos?
— De ninguna manera — sale mi voz en una especie de rugido.
— Entonces vengan — invita Lawrence mientras me mira de forma atenta.
Mi padre parece sopesar las consecuencias de irnos justo ahora, segundos después nos encontramos caminando hasta un aerodeslizador pequeño. Quisiera convertirme en algo que cubra las dos figuras que están detrás de mí, ahora soy yo el que quiere protegerlos. Ya en el aerodeslizador noto el semblante afligido de mi padre, parece preocupado y por lo que supongo, un poco alterado sobre la conversación que acabábamos de tener con Paylor sobre convertirme en su sinsajo.
El color vivo de las paredes cega mis ojos, un edificio parecido en el que estábamos solo que ahora dentro de una de las suites: grande y bien amueblada, con varios objetos de cristal que adornaban el lugar. Lawrence nos ofrece bebida alcohólica y el único que acepta es Frevor, quería tomar para desagrietar la garganta pero probablemente el alcohol bulliría en mi estomago por lo febril que me sentía.
La hospitalidad del compañero de mi padre es ciertamente incomoda, o tal vez sea que no me encuentro cómodo desde hace ya varios días, tal vez la tranquilidad llegara cuando este en mi Distrito, me permito sorprenderme ahora de lo mucho que lo echaba de menos.
Estamos en otro cuarto lo suficientemente grande como para recibir a 20 personas; un salón de entretenimiento para la suite. Frevor se pone a cambiar de canal a una pantalla de plasma mientras Denna hojea unas cuantas revistas en un mueble de ahí. Frevor hace un mohín y sale corriendo hasta el baño. Denna deja la revista a un lado y ahora lo único que hace ruido en el cuarto es el péndulo de un reloj colgado en la pared.
— No lo hagas — musita ella.
— No pienso hacerlo — digo.
Atraviesa todo el cuarto ocultando su rostro con sus cabellos castaños, si ahora no fuera porque estaba tan cerca no notaria que está llorando.
— No, no llores Denna, no pienso hacerlo — le digo, me parte el alma verla llorar, ella es fuerte como nadie que yo conozca, pero en ese momento la veo tan vulnerable, tan temerosa, que no puedo evitar sentirme mal.
Las lágrimas ruedan silenciosas por sus mejillas, sus ojos se ven vidriosos. Acerco mi mano y limpio sus gotas, que salen de ellos, de esos hermosos ojos azules que no debían llorar, menos por alguien como yo.
Su piel está ardiendo, o la mía está demasiado fría, la tengo al frente más cerca que nunca, un beso suave y tierno, nos reconforta. Denna y yo somos uno y la amistad no describe el lazo que compartimos. Se aparta ligeramente de mi y apoya su cabeza en mi pecho, no sé qué decirle, no estoy seguro de que nada vaya a estar bien nunca más.
Sus sollozos cesan poco a poco y cuando escuchamos una puerta abrirse, ella se aparta de mí limpiando sus lágrimas cabizbaja y se cruza con Frevor para ahora dirigirse ella al baño.
— El conejo no se lleva muy bien con el alcohol — dice mientras soba su estomago.
— La bebida de aquí es bebida Frevor, no como el nueve — digo y me siento en el sofá.
El me imita y con un pequeño control en su mano derecha enciende la televisión y se escucha un ruido proveniente del baño, no tan estrepitoso, algún recipiente.
— ¿Qué paso? — inquiere
— Nada — digo.
— ¿Nada?, amigo si querían privacidad podían pedírmela, podría llevarme la pantalla interactiva conmigo al otro cuarto.
— No queríamos privacidad, solo estaba triste — digo en un susurro.
El me lanza una mirada picara y aunque de vez en cuando tuviera actitud de patán era mi amigo de la infancia con el que acostumbraba ir a "La guardia" una antigua fábrica donde transformaban el trigo que supuestamente debía estar custodiada por agentes de la paz ya que seguía siendo propiedad del Capitolio, pero la verdad es que los agentes de la paz preferían pasársela en una taberna que cuidando un montón de trozos oxidados; ahí iba a olvidarme de los tediosos entrenamientos con mi padre.
— ¿Planeabas ir? — pregunta el, mientras presiona desesperadamente el mando.
— No tengo razones para estar ahí — le digo.
Tomo una baya que esta junto con otras más en una canasta al lado del sofá, miro la puerta que era un simple marco que se conecta a un pasillo, el lugar huele a naturaleza artificial, agradable pero sofocante. Después miro del otro lado del cuarto, Denna quizá no quiera salir del baño hasta que sus ojos se vean menos hinchados.
— ¿Te preocupa? Ve a verla — dice Frevor.
— Está bien — digo, pero no me lo creo.
Esas palabras no podían ser mencionadas aquí, eran palabras tabú. Doy una mordida a la baya y el acido quema mi garganta, siento si algo estuviese apretando mi pierna izquierda como si los efectos de las drogas del hospital aun estuviesen trabajando en los tejidos rotos, me levanto del sofá para desengarrotar el musculo.
Lo único que veo en la televisión es la mezcla de colores chillones en los mismos tonos que los de las paredes del cuarto donde nos encontrábamos, después de pasar varios canales de la misma forma, el color se vuelve neutro y distingo el sello del Capitolio.
— Detente — digo y hago un ademan con mi mano derecha.
Lo hace, después de que el sello del Capitolio desapareciera la presidenta Coin aparece junto con Caesar nuevamente. La razón por las que los hayan lanzado en todos los canales era para que tuvieran que decir algo importante, sobre todo por los juegos.
— Buenas tardes Panem — sonríe Caesar.
Pasado unos segundos reacciono y camino para quedar más cerca de la pantalla, ambos lucen formales como siempre.
— Los últimos juegos, ese es tema de polémica ¡Dios mío! — dice nuevamente.
— Lo es Caesar — admite Coin — a Panem no le agrada la idea de que nuestros vencedores entren ahí nuevamente.
Escucho pasos detrás de mí y noto que Denna ha salido del baño, tal vez escuchó sobre los juegos y salió corriendo, creo que ahora que los juegos se convirtieron en la amenaza inminente de otra rebelión, era un tema que nos importaba a todos.
— Pero la decisión está tomada — argumenta Caesar poco convencido. — además hemos vistos a Katniss lo que tiene de bella también lo tiene de mortífera ¿Qué no nos asegura que pueda ganar estos juegos también?
La presidenta aclara su garganta.
— Así es — afirma ella — pero las reglas, bueno… — rectifica — las cosas cambiaran un poco.
— Estas aquí para contarnos esos detalles ¿cierto? — inquiere Caesar.
Ella sonríe en signo de complacencia, como si le agradara todo lo que pasa, volteo la mirada y ahora somos los tres juntos observando la televisión.
— Por supuesto.
— Bien — sonríe — estoy ansioso por entrevistar a los nuevos tributos.
— No creo que quieras entrevistarlos — ríe por lo bajo — más bien, no creo que contemos con el tiempo necesario.
Caesar tuerce el gesto.
— Son aproximadamente doscientos. — dice como si no creyera sus propias palabras.
— ¡Vaya! — exclama — ¿Todos los niños de Capitolio estarán ahí?
— No, no — se adelanta — solo los hijos de quienes tenían más poder.
— Es una lástima, quería entrevistarlos — dice Caesar y en mi mente pienso que haya muy entretenido eso tanto como la presidenta, probablemente no tiene hijos — ¿Qué hay de la arena?
Era como hace 25 años como uno de los juegos del Vasallaje cuando entraron el doble de tributos, por un segundo me imagine yo dentro pero vuelvo a la realidad antes de que eso me envuelva, con esto la presidenta Coin demuestra que puede sorprender tanto como Snow también que puede ser tanto o más despiadada que el mismo.
— Como es tradición se mantiene en secreto hasta ese día, pero será especial —
dice ella.
— Bien, esperare ansioso estas semanas — dice Caesar — y ahora ¿Cómo se ganaran patrocinadores nuestros tributos?
— Desde la arena — responde ella.
— ¡Fantástico! Estoy seguro que cerraremos esto con broche de oro — y el cuerpo de Caesar salta en señal de entusiasmo.
— Después, jamás usaremos esa arena.
La cámara se acerca lo suficiente para enfocar su rostro, sus ojos grises intimidan, quiere convencer a Panem de que no hay razón para rebelarse de nuevo.
— Bien, presidenta tenemos una invitada muy especial — Caesar asiente — estoy seguro de que en el 4 la conocen muy bien — alarga una mano para hacer un ademan — ¡un aplauso para recibir a Annie Cresta!
Una joven de alrededor de unos veintitantos se materializa por un lado del escenario con un vestido guinda, pero lo que resalta mas en ella no es ni su liso cabello ni las zapatillas relucientes, sino el ligero bulto en su vientre. Su nombre me resultaba familiar, creo recordarla, es una vencedora.
Llega y se sienta en un tercer sofá que debieron haber puesto mientras la enfocaban, al lado de Caesar. La cara de la chica se notaba vacía y algo demacrada probablemente aun estaba cansada.
— Annie ¿estás bien? — pregunta Caesar.
— No mucho, pero lo estaré, solo necesito agua.
Como un chasquido de dedos, un asistente se acerca a dejar agua en un vaso a la chica que apenas toma un sorbo y se la devuelve, estaba claro que no estaba en condiciones de estar ahí pero alguien la llevo por alguna razón, su fatiga no solo debe ser causa de cualquier actividad pre-parto.
— ¿Qué has hecho con Haymitch? — demanda secamente ella.
— Querida no te exaltes, él fue quien armo el complot junto con los demás vencedores y solo se acordó su perdón de la misma forma que ellos.
— Tranquilízate pequeña — corrobora Caesar.
En sus ojos comienzan a brotar lágrimas de manera incontrolable.
— Entonces deja libre a los chicos — solloza — a Finnick no le hubiera gustado…
Lanza un quejido agachando su cabeza dejando escondido su rostro entre su cabello, la Presidenta Coin se levanta para posarse a su lado. El nombre que acababa de mencionar…Finnick…Odair el vencedor del Distrito 4, su llanto indica una sola cosa, ha muerto.
— Lamento mucho tu perdida, todos perdimos algo en esa guerra — dice Coin. Se agacha un poco para encontrarse con el rostro de la chica.
— Estimados ciudadanos de Panem.
La presidenta alza la voz y camina hacia el frente del escenario para que las cámaras la enfoquen bien.
— No hay razón para un segundo levantamiento ¡No queremos perder más vidas inocentes!
Con autoridad pero sin abandonar el tono solemne en su voz prosigue.
— ¡Panem renacerá de las cenizas como un lugar prospero y lleno de paz! Extiende sus manos como un ave al vuelo para tratar de hacer más llegador el
mensaje a toda Panem y me da la impresión de que elevan el volumen de los micrófonos.
— ¡Por un mundo sin tiranía!
Termina en un simbólico grito y la audiencia ruge, porque eso es lo que todos esperaban, pudo haber convencido a unos cuantos pero sé que por otro lado aun se realizaran algunas cuantas reuniones clandestinas en contra de eso.
Caesar se posa al lado de la presidenta.
— Recuerden, Katniss aun tiene nuestro apoyo — dice con un guiño — eso es todo, ¡gracias!, buenas tardes.
La cámara se aleja y veo como Annie se retira tratando de lidiar con su vientre, definitivamente el 4 estaría pensando muchas cosas en los últimos minutos, o tal vez más distritos, quizá más adelante use un ser allegado de cada distrito para establecer el orden. El logotipo del Capitolio se dibuja en la televisión y sigue la programación normal.
Las imágenes vienen a mi mente de forma inmediata, niños matándose entre ellos
¿Quién iba a estar precisamente contento por eso? Aprieto la baya en mi mano.
— Estoy bien — le miento a Denna que parece ansiosa.
Sus ojos aun parecían estar algo hinchados, en mi interior anhelaba regresar al 9 y dejar esto como un mal recuerdo, pero anhelar no era suficiente.
— Esa presidenta es muy lista — vocifera Frevor.
Está al lado del sofá tomando una gran baya purpura, grande y jugosa.
— ¿A qué te refieres? — digo deberás interesado.
— Evitar una rebelión ¡Bien hecho! — dice mientras levanta su pulgar al cielo
— eso asegura que no pierda a sus subordinados, ni tampoco a la población, claro.
Lo había visto pocas veces así, era muy raro en el, pero sabía que cuando se portaba así era porque algún asunto realmente lo molestaba.
— Pero que diga eso de Katniss ¡Bah! ¿A quién quiere engañar? — parece apretar la baya en sus manos.
— Katniss la ayudo a acabar con Snow, es normal que quiera ayudarla — dice
Denna.
— Nos ayudo — corrige.
— Yo tampoco creí mucho eso de salvar a Katniss — digo.
El asiente convencido mientras da vueltas a la baya examinándola.
— Sabes, no sé que es mejor para la pobre chica en llamas, pero sería mejor que muriera en los juegos — continua en su tono.
— ¿Qué? — exclama Denna desconcertada.
— ¿Por qué sería mejor eso? — pregunto.
— Si Katniss gana, algo de lo que estoy casi seguro, es una chica lista, en algún momento hallará el modo de contraatacar.
En su cara se dibuja una gran curva pero sus ojos se ven muy ingenuos, sus palabras me llevaban a examinar delicadamente la situación: Cuando un asesino, tu asesino, es capturado, lo único que quieres es jamás volver a saber de él. Aquí la situación que me trataba a dar entender mi amigo no era muy difícil, si Katniss salía viva de la arena, saldría a terminar lo que no pudo la última vez.
— Si ella gana, tratara de matar a la presidenta nuevamente— musito.
— Así es, así que si ella vive la presidenta se encargara de matarla…de una manera o de otra.
Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!
