Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


Mis pesadillas personales me hacen frente en este tipo de lugares: los juegos, mis hermanos, los niños del Capitolio y finalmente Snow. A pesar de que ya hayan pasado tres días no puedo acostumbrarme a nada, era como si unas grandes cadenas invisibles estrujaran mi cuerpo.

Mi padre se estaba encargando de que nos fuéramos de ahí lo antes posible así que no se la pasaba en el edificio en todo el día, por mi no había problema, además de saber que mi padre era del 9 nuestros parecidos eran indiscutibles, Frevor y Denna eran quienes necesitaban ser comprobados como ciudadanos de otro distrito y no del Capitolio. Nosotros tenemos estrictamente prohibido salir a los pasillos, esa sería nuestra lujosa prisión hasta que mi padre nos diera la noticia de que podíamos irnos.

Lawrence se pone demasiado quisquilloso al tratar de separarnos e insistir en que usemos más cuartos por que le "alegraba" recibir, me preguntaba si odiaba estar solo. Al final término convenciéndolo de dejarnos en uno solo, un solo cuarto era todo mi hogar en mi distrito, estaba claro que vería mi hogar en todo lugar que mirara aquí.

Como Lawrence no puede solicitar ropa para jóvenes tenemos que lavar nuestras propias prendas a diario y al momento en el que vienen a hacer el aseo, tenemos que poner seguro a la puerta y encerrarnos, por consiguiente, asear nuestro cuarto nosotros solos, podría soportar todo este tipo de cosas siempre y cuando las cosas marcharan en el orden en el que estaban marchando.

Mi cuerpo ya estaba acostumbrado al trabajo pesado, a temprana edad tenía que hacerlo debido a los entrenamientos fatigantes o a menos que quisiera ser castigado; estos eran desde casi 100 flexiones con el sol quemando mi cuerpo o no comer. Yo era quien tenía el historial de castigos más grande, pero mis hermanos protestaban y al final mis rondas de castigo se reducían a nada.

La noche parece volverse eterna, ya perdí la cuenta de cuantas veces mire el reloj de péndulo que colgaba en la pared, no puedo dormir y ya pasaba de medianoche. En la oscuridad del cuarto no me hayo lugar entre las colchonetas de mi cama individual, veo a mi izquierda están las otras dos camas, me sigue Denna quien dormía tranquilamente en posición fetal, tenía ese aspecto angelical incluso dormida y en la última cama esta Frevor quien dormía en la orilla de la cama, y abajo estaban dos almohadas listas para amortiguar su caída, no dormía muy bien desde pequeño eso yo lo sabía muy bien.

Me levanto y mis pies descalzos sienten el terciopelo de la alfombra y el olor a naturaleza artificial del cuarto me llega a la nariz, la verdad es que a mí nunca me gustaron los lujos, no es que fuese modesto, simplemente no me hallaba entre todo este tipo de cosas. Nadie me vera, digo mientras deslizo la puerta corrediza para salir al balcón que es la mitad del gran cuarto. Macetas, sillas y ligeros adornos naturales, a pesar de que Lawrence fuese un desabrido estilista del Capitolio, nos trataba bien.

Ligeras brisas golpean mi cara y siento como todo mi cuerpo se estremece, aunque he soportado noches más frías, ya que las noches en mi hogar iba al tejado a olvidarme de las pesadillas.

Mis manos se encuentran con lo frio del mármol del barandal y veo el Capitolio en todo su esplendor o al menos una parte de él, apacible, aunque sé que es todo lo contrario; en algunas casas se han de estar enfrentando a la peor de las angustias, luchando contra lo peor de ellos, perder a sus hijos. En lo más profundo de mi mente aun escucho los gritos de la reciente guerra, gritos que entraban a lo más profundo de tu ser y lo desquebrajan en finas partes tan filosas como cuchillas.

Trato de ahogar los recuerdos mirando el cielo, las estrellas me dan esa paz que busco, después de todo mis hermanos y yo preferíamos encontrarle formas a las estrellas que a las nubes, ya que la noche era el único momento en el que nos podíamos reunir, era entonces cuando cantábamos una vieja canción que aprendió mi madre y le cantaba a mi hermana y mi hermano, más bien ellos dos me la cantaban a mi…

Haya, muy lejos de este lugar Más arriba de las nubes Más allá de las estrellas Nos espera un lugar…

Donde tú y yo podemos estar.

No temas por tu bienestar Porque en un lugar como este Nada malo puede pasar

No temas por llorar

Tus lagrimas aquí he de secar

Mañana yo no estaré aquí

Pero sé que fuerte serás y tu camino seguirás El cielo azul te ha de guiar Las nubes negras de aquí se irán Y mi amor por ti nunca acabara.

Haya muy lejos de este lugar Más arriba de las nubes Más allá de las estrellas Nos espera un lugar…

Donde por siempre juntos

Podremos estar

Necesito más fuerza para poder seguir cantando, pero el nudo en mi garganta no me deja, Lilith, mi hermana me conto que mi madre invento esa canción para cantársela a Xavi una vez que las pesadillas lo despertaron, para ese entonces mi madre (que estaba embarazada de mi) ya le habían diagnosticado esa rara enfermedad la cual mi padre no pudo costear. Ella murió pocos días de haber nacido yo; desde ese entonces mi padre no volvió a ser el mismo, parecía culparnos de no haber podido comprar todos los respectivos medicamentos a mi mamá o al menos eso decían de mi familia en el distrito, ninguno de los tres nos permitimos recordárselo ya que algunas noches lo escuchábamos sollozar.

Endurezco las facciones y bajo la mirada para posarla en el horizonte, pienso en la arena que esta siendo preparada, para recibir esta vez la peor de las masacres en los juegos del hambre, mas de dos centenares de niños y niñas, inocentes, víctimas de una guerra que ellos no iniciaron, listos para matarse entre ellos y además los vencedores quienes volverían a la arena por tercera vez. Todo para enseñar una lección, todo solo por la venganza contra un solo hombre.

Por los próximos minutos me vuelvo como las macetas en el balcón, vivo pero sin moverme, sigo contemplando el cielo sin enfadarme. Pienso en el sueño que tuve mientras curaban mi pierna ¿sería solo efecto de la droga? Lo más seguro, los únicos sueños en los que estuvieron presentes era en los que veía como los otros tributos los torturaban. Jamás me pude acostumbrar a ese sueño a esa, escalofriante visión, por más que al principio fuese el único sueño que acudía a mi mente cada noche, siempre me producía el mismo miedo, la misma sensación de estar solo. Me volteo ligeramente hacia la habitación, Denna viene caminando sin hacer ruido, también esta descalza.

— Deberías entrar, podrías atrapar un resfriado

— digo.

— Si tú entras, yo también lo hago —

responde.

Ninguno de los dos entraría al cuarto en estos momentos, llega a mi lado y pone las manos sobre el barandal.

— ¿Sigues sin poder dormir?

— ¿Te diste cuenta? — Nos decimos, sin mirarnos.

— Siempre — admite.

— No puedo hacerlo — respondo.

No puedo ocultarle nada a ella que me conocía muy bien, aunque a ella la conocí desde pequeño en el salón de clases no nos volvimos mas unidos hasta que yo me quede solo y ejecutaron a su hermano por comerciar en el mercado negro.

— ¿Crees que soporten estar en ese infierno nuevamente? — dice mientras se soba con sus brazos para darse calor.

Me quito la camiseta y la pongo sobre sus hombros rápido antes de que pueda protestar.

— No lo harán, les lavaran el cerebro secuestrándolos — digo.

— El veneno de rastrevispula — sigue, pasmada.

No había razón para desconfiar de ella, no se lo diría a nadie, en sus facciones se marca frustración y tristeza emanadas a flor de piel.

— Mi padre está arreglando las cosas para irnos ya — digo.

Ella cierra más la camisa sobre su cuerpo, el viento se ha vuelto más helado y mis palabras no fueron lo suficientemente alentadoras.

— No es eso — carraspea.

— ¿No te quieres ir? — le pregunto.

No contesta, se que le desagrada tanto el

Capitolio como a mí, gira y nuestras miradas se encuentran.

— Tengo miedo — musita angustiada.

— Pronto estaremos en casa, no tienes nada que temer.

Se abalanza y se acerca más poniendo su rostro sobre mi pecho y yo la estrujo contra mí.

Siento como su corazón palpita con rapidez después los dos nos inclinamos para encontrarnos, uno a otro, sin importar el resto, podía sentir algo cálido y deberás agradable en mi pecho sin importar el miedo que yo también sentía. Se aleja un poco para quedar sobre mí, mientras la abrazo.

En media hora platicamos de esos viejos recuerdos en los que solíamos divertirnos, ningún recuerdo amargo, no quería hacer peor las cosas. Estamos en el barandal lo mas cerca que se puede estar el uno al otro y al igual que hace rato escuchamos como la puerta se desliza, Frevor en ropa interior y una camisa blanca; soba sus brazos cuando siente lo frio que esta el clima

— Chicos ¿les importaría dejar alguna nota la próxima vez? Creí que me habían abandonado. Frevor viene hacia nosotros con paso cansino.

— Te dejaremos si no te vistes la próxima vez

— le digo.

— ¿Qué? — dice — ¡Allá dentro es un horno!

— Igual no deberías salir a la terraza en ropa interior, no es como si fueses Finnick Odair — dice Denna.

El hace una seña con las manos restándole importancia a su falta de pudor y se pone cómodo en el barandal.

— Quiero hacer mal trío, no les importa ¿o sí? Denna se sonroja.

— Quédate — le digo.

Y la plática se vuelve más amena, entre murmullos, pequeñas risitas los tres nos divertimos como acostumbrábamos hacerlo, aunque sé que no puedo darme el gusto de bajar la guardia, porque a mi alrededor aun había miradas asesinas con sed de sangre.

No nos levantamos más tarde por casi no haber dormido, al contrario, por la mañana nos apropiamos de la cocina de Lawrence y comemos cereal con frutas y un poco de jugo. Busco a mi padre pero ya no esta en su cuarto a pesar de que no cruzáramos palabra (o no mucho) cada uno tenía claro lo que tenía que hacer, el, encargarse de salir de aquí, y yo, cuidar a mis amigos.

Regreso a la cocina y vuelvo a sentarme en la mesa poco después llega Lawrence, su cabello esta leonado y aun esta en pijama.

— No sé por qué presiento que se están poniendo muy comodines — dice el algo petulante.

— Te hicimos un plato — señalo un lugar de la mesa.

Sin poner objeciones se sienta y no dice más. La cocina era mi lugar favorito de aquí, colores neutros y nada de adornos, tal vez porque el lujo no resaltaría o la grasa lo echaría a perder. Después de poner todo en orden nos ponemos nuestras ropas y arreglamos los cuartos; Lawrence me informa que mi padre realiza unos últimos movimientos, no puedo evitar sonreír.

— ¿No estás emocionado? — pregunta el.

— Sobre irme de aquí, si — admito, pero su sonrisa indica algo más.

— No, sobre los juegos ¿no crees que será algo emocionante?

— Ver niños morir ¿Qué tiene de emocionante eso? — le digo, asqueado.

Se va para ordenar unas cuantas cosas en su nuestro cuarto y por un momento pienso en aquella reunión de la que fui testigo y a la cual no quise tomarle importancia. No tenía por qué ser parte de eso, quedo atrás, que hicieran lo que quisieran hacer en la semana restante, para eso yo ya no estaría aquí.

— A mí tampoco me agrada mucho, pero no puedo evitar sentirme así, quizá sea porque después no habrá más juegos del hambre — dice.

— Fanático — digo.

Se escucha un portazo proveniente de la sala.

— ¡Wil! ¡Chicos! — exclama mi padre.

Yo salgo rápido y lo veo ahí conmocionado, cuando camina hacia mi noto sus pómulos rojizos debido a sol y está cubierto de sudor, pero no se le compara a la emoción que trae encima.

— Es todo, nos vamos de aquí esta misma tarde — dice el tomándome por los hombros. Frevor y Denna llegan a mis espaldas acercándose y les comunico la noticia tanto como si mi padre no la acababa de gritar.

— Lastima — dice Lawrence — echare de menos sus servicios de limpieza.

Puedo sentir como las cadenas de mi cuerpo comienzan a ablandarse y que el aire me entra a los pulmones. En las horas restantes acomodamos las camas en sus respectivos cuartos ponemos las cosas que movimos en su lugar para dejar todo como el primer día que llegamos.

— ¿Están listos? — dice mi padre

— Vámonos — digo abriéndome paso hasta la puerta.

Pese al horario diurno no había gente en los pasillos, me quede meditabundo considerando si era un movimiento para el plan de escape…aunque más bien esto no era un escape, ninguno de nosotros pertenecía aquí; las autoridades rebeldes eran quienes no creían eso. El camino se me hace infinito, tal vez por los nervios y la ansiedad de salir de allí, tomo una gran bocanada de aire intentando relajarme pero no sirve de mucho.

Después de bajar varios pisos, estaba bastante seguro que nos encontrábamos bajo tierra. Llegamos a lo que parecía ser un estacionamiento inmenso, iluminado, por unas cuantas lámparas en el techo que apenas brillaban.

— Por aquí — dice Lawrence.

Tampoco son muchos los autos que están ahí, el edificio era para los que tenían más dinero, la razón por la cual estuviera vacio era porque algunas parejas vivían ahí con sus hijos los cuales estaban siendo preparados para la arena, Lawrence era soltero, por eso no se quejaba.

— No entiendo porque nos prohibiste andar en los pasillos — dice Frevor.

— Apenas son unos niños, hay que tratarlos como tal — contesta.

Frevor hace una mueca y subimos a un auto con los cristales blindados, muy lujoso para ser de uso militar, lo más seguro es que fuese de Lawrence.

— Lindo ¿verdad? — me dice al notar que no paro de mirarlo.

— No mucho — contradigo.

— Vámonos Lawrence — gruñe mi padre.

El motor ronronea y el auto raspa con el asfalto haciendo un recuerdo el estacionamiento y nos encontramos en las calles del Capitolio, voy en medio de mis dos amigos tratando de sujetarme fuerte en las curvas, no quería ver el Capitolio, solo el camino que me sacara de aquí.

Los edificios se desvanecen conforme avanzamos solo veo las sombras pasando, pasamos la zona residencial a toda velocidad.

— Ya sabemos que hacer Lawrence — dice mi padre.

— ¿Nosotros no haremos nada? — pregunta Denna.

— Quédense aquí, no salgan del auto —contesta.

¿Qué? ¿Nos dejaría solos? La idea me horrorizo pero no puse objeciones. Confiaba en lo que sea que el haya formado en los días pasados para que saliéramos de aquí. Estamos ya en la salida del Capitolio; Lawrence se baja del auto y se dirige a un puñado de rebeldes que pululan por ahí, mi padre hace lo mismo para irse del lado del conductor.

Las grandes puertas metálicas con más de un metro de grosor se abren de par en par y de forma muy lenta. La piel se me hiela cuando un soldado se acerca a mirar el interior, pero mi padre le da tres papeles que deben ser nuestras identificaciones del 9 y con un ligero asentimiento dice:

— Buen viaje comandante Devonhall

Cuando las grandes puertas terminan de abrirse el auto arranca sin antes ver como Lawrence hace una lastimera seña de despedida, quería agradecerle su hospitalidad pero tampoco quería que mi padre se detuviera.

— Echare de menos poner temperatura al agua — comienza Frevor y poco a poco todos comenzamos a sentir esa ligereza en nosotros y reímos del chiste.

— Yo las colchonetas de algodón — sigue

Denna.

— Y creo que yo el servicio a la habitación — termino, sabiendo que nunca gozamos de ese privilegio.

Pasan los minutos y mientras más nos vamos alejando del Capitolio, más relajado me siento, incluso me rio a todo pulmón de los chistes malos de Frevor, sintiendo que puedo al fin relajarme y no preocuparme de nada hasta que un fulgor de luces rojizas se provoca al lado del auto con un estruendoso sonido, volcándolo.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!

Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.

:D