Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


Cuando el auto por fin deja de dar vueltas me permito abrir los ojos, nadie está herido de gravedad, los cinturones nos han mantenido a todos en nuestros respectivos lugares; solo que de cabeza. Los vidrios se rompieron y algunos se encontraron con nuestro rostro rasgándolos levemente, lanzan algunos gemidos de dolor mientras yo lucho por liberarme del cinturón para salir por la ventana ya que el asiento bloqueo la manija.

— ¡Frevor! — le grito.

Estaba en shock así que lo muevo para que despierte y sus ojos se encuentran con los míos y en ellos está la imagen del miedo, Denna por otro lado trataba de ver señas de vida en mi padre.

— ¿Sr. Devonhall? — dice ella sacudiendo una mano frente a su inmutable rostro.

— ¡Salgan, salgan! — parece reaccionar — esto puede estallar.

Como yo soy el más cercano a la ventana con mi pie quito los restos de los vidrios que quedaron para salir y mi padre abre la puerta y se pone de cuclillas para ayudarnos a salir, pero otras manos se unen después.

Los rebeldes.

Quienes están jaloneándonos a todos a lugares diferentes, incluso a mis dos amigos quienes aun no salían del auto, por otro lado otros rebeldes apagan el fuego inmediatamente proveniente del motor del auto.

— Oficial Devonhall, queda usted detenido por querer pasar por alto las reglas del Capitolio — dice un hombre acercándose a nosotros que quedamos en media luna para verlo.

Alto, joven y caireles negros azabache que llegan hasta sus hombros, Maverick, un agente de la paz perteneciente al nueve.

— ¡¿Qué?! — estalla él.

— Querer llevarte a los tributos, podrías ser ejecutado por eso — dice en su tono autoritario.

— Ellos no pertenecen al Capitolio y lo sabes

— digo.

Cerca del carro volcado esta una camioneta militar con más rebeldes dentro de ella; casi más de una docena de soldados rebeldes como para venir solo por nosotros cuatro y el hecho de que no hayan decidido volarnos en pedazos junto con el auto guardaba consigo algo, algo siniestro.

— Wilbert Devonhall, te recuerdo…pero a ellos no los recuerdo — dice mientras voltea a ver a mis amigos.

— No, ¡No! — estallo y el soldado a mis espaldas pone más fuerza en sus brazos

— ¡Ellos iban al salón de la justicia y tú lo sabes!

Trato de hacer memoria como para hacérselo recordar pero es inútil, en mi boca siento las heridas del reciente accidente por donde me sale sangre y siento lo amarga que esta al tragarla.

— Relájate niño, te irás a casa a olvidarte de todo esto, solo nos llevamos a ellos dos — dice tajante.

— No te llevaras a nadie Maverick — protesta mi padre — varios niños se te han escapado ya y ellos pertenecen al nueve ¡así que déjanos ir!

— Estas mejor informado que yo, ¿No? — inquiere él con malicia.

Frevor lucha con todas sus fuerzas para liberarse pero hasta que lo apuntan con una de sus armas de fuego se pone quieto a regañadientes, por otro lado Denna esta arrodillada en el suelo mientras el rebelde parece disfrutar de someterla. Cuando escucho que alguien quita el seguro a una de sus armas es cuando veo a Maverick apuntando la cabeza de mi padre con un gran arma, el no le baja la mirada, al contrario estaba rabioso y respirando por la boca.

— Creo que te hare un favor — y se pone sobre una rodilla para ver su rostro — en las celdas del Capitolio te torturaran de manera que desees la muerte.

Él le escupe en el rostro y él se para de inmediato para apuntarlo de nuevo. En los siguientes segundos viene lo peor, primero veo en su rostro la rabia de él mirando a la persona que lo iba a matar, después vienen las caras de mis dos hermanos y por último el rostro de mi madre, la cual nunca conocí por culpa de esa enfermedad. Me doy cuenta que ni siquiera soportaba la idea de que el también estuviera muerto.

Antes de que los siguientes segundos transcurran llevándose todas esas imágenes con ellos, someto con mis dos manos y un pie al rebelde que tenia a mis espaldas, lo noqueo, tomo su arma y me abro espacio. Todas las miras de las armas se posan en mí, mientras empuñaba con brío la escopeta con ambas manos hacia Maverick quien era el único que no me apunta.

— Alto — alza la mano derecha para pedirle a los soldados que bajen sus armas, lo hacen.

Regresa a su posición anterior guardando el arma en su cinturón, no se si de verdad estoy decidido para disparar y piensa que en mi posición no podría matarlo o que no tendría el suficiente valor para hacerlo, pero si antes lo hice, ahora también puedo y para que lo notara apunto justo en su pecho.

— Mira he, tienes un muchacho con agallas —

le dice, pero me está mirando a mí.

— ¡No te hagas el gracioso! — le digo y siento lo rígido que esta el gatillo en mis dedos.

— Mírate Wil has cambiado mucho — musita

— ¿no recuerdas acaso? — inquiere con ese tono amargo en su voz — ¿Cómo te castigaba tu padre? Digo, si se le puede llamar así, porque…así no era como un padre trata a su hijo. Es más, en algunos momentos me llegue a creer esa historia que rondaba en el distrito, tu sabes…esa de que el te odiaba por haberle quitado a lo único que el amaba, aunque tu madre haya muerto por esa enfermedad, parecía culparte de ello.

Siento el sabor amargo de la bilis en mi garganta y la trago junto con esos recuerdos, sujetando con más firmeza la escopeta.

— Mira bien el arma que sujetas y mira bien detrás de mi — dice el.

Sabía muy bien a qué se refería, un disparo y no solo mataría a Maverick sino también a las otras cuatro figuras detrás de el, mis amigos y los dos soldados que los contienen. Ellos me miran desesperadamente mientras yo lanzo un rugido tirando el arma al suelo lo más lejos que puedo y esta vez dos soldados me toman por la espalda sujetándome con firmeza, Maverick camina hacia mí pero como mi mirada esta hacia el suelo veo sus botas negras, el toma mi barbilla obligándome a verlo.

— El Capitolio daría lo que sea por un chico como tu — dice el — o más bien, cualquiera haría eso.

Sus últimas palabras resuenan en mi cabeza.

— ¡Llévenselos al nueve! — exclama.

Cuando creo que nos dejaran marchar, veo como yo voy a otra camioneta distinta a la que llevan a mis dos amigos.

— ¡Alto! — grito — ¡Deténganse!

— ¿Ahora qué? — dice enfadado Maverick.

— Déjenlos ir — digo y creo que estoy llorando.

— ¿Acaso no fui muy claro en mis palabras?— rectifica — ellos no radican como ciudadanos del nueve, ¡Basta de habladurías, nos largamos!

Todos comienzan a subirse a la camioneta con ellos arrastrando y resistiéndose, trato de someter a los soldados una vez mas pero no lo logro, mi padre me grita resignado que nos vayamos pero lo ignoro y entonces grito con todas mis fuerzas lo primero que me viene a la mente:

— ¡LLEVENME A MI!

— ¡Wil! — grita alguien, probablemente mi padre.

Maverick se materializa nuevamente de la oscuridad de la parte trasera de la camioneta dando un brinco en el concreto, sonriendo, como si le agradara la situación.

— Creo que se está haciendo moda eso de ocupar lugar de los tributos — dice el.

— Déjalos ir.

El lanza una risita.

— No es un chiste — digo.

Todos parecen ser espectadores de la plática que hay entre Maverick y yo, aunque a mi alrededor escucho sus gritos de desaprobación yo no me molesto en hacerles caso, un movimiento en falso y podría perderlos a los tres.

— No puedo hacer eso — responde.

— Claro que puedes — protesto.

— Seamos equitativos, tu eres solo uno…ellos son dos — dice y señala a mis amigos.

Lo maldigo para mis adentros, ignoro todos los improperios que me lanza Frevor para que regrese al nueve hasta que uno de los rebeldes lo noquea dejándolo inconsciente miro ahora a Denna que llora mientras niega con la cabeza, no puedo elegir entre ambos, no puedo elegir a quien quiero matar y a quien no, pero sin más, tenía que hacerlo.

— Denna regresa al nueve y cuídate bien —

digo sin mirarla.

Ella lanza un graznido y uno de los rebeldes a mis espaldas camina, hacia la camioneta que vuelve al Capitolio, mientras que el que sostiene a Denna se dirige hacia mi padre quien me contempla con la mirada vacía. No pongo resistencia y subo a la camioneta mientras veo como se pierden en la oscuridad sus rostros. Enfrente de mi esta Frevor sentado aun inconsciente, en los últimos minutos me quedo contemplándolo a él ignorando por completo a los rebeldes a mi lado, pensando si me serviría de algo en la arena verlo así, como ahora, la respuesta inmediata fue un no.

Al llegar a lo que parece ser una prisión, más al fondo del Capitolio, me dan unas cuantas pastillas para amortiguar el dolor que me dejaron los golpes causados por la volcadura del auto sin antes tomar mis huellas dactilares en una hoja para apilarla junto a otro centenar más que descansaba en una esquina mientras me sacan una foto de frente y otra de perfil, como a un criminal. Después me asignan una celda que apesta a eses y humedad. En el cuarto solo hay lámparas que alumbran tenuemente el lugar y una cama sucia justo en la esquina.

Camino un rato para desengarrotar los músculos mientras trato de analizar qué es lo que salió mal, los pasaportes que creo mi padre para que pudiéramos salir ¿Qué acaso no los había traído directo del nueve? O en todo caso si hay información de nosotros en el Capitolio

¿Por qué no comprobar que no somos de aquí? No me restaba más que especular respecto a eso, en parte siento algo de alivio, al pensar en Denna y mi padre que están en camino de vuelta al nueve, pero esa sensación se desvanece al pensar que ellos estarán a salvo mientras que Frevor y yo saldremos a luchar por nuestras vidas en la arena.

Me dirijo a la puerta de la celda a escuchar unos chillidos provenientes de a lo lejos, chillidos que no eran de un animal, asomo la mirada y el pasillo es muy angosto como para que solo quepa una persona; a lo lejos escucho ahora con claridad los gritos pidiendo piedad, los cuales no podían ser de alguien más que los otros concursantes de los juegos: los niños del Capitolio. Sus gritos se propagan probablemente por todo el lugar y me llegan hasta las entrañas, no por impotencia a hacer algo sino por la rabia que sentía de que los torturaran sabiendo que el destino que tenían era mucho peor que eso.

— Faltan pocos días — me sobresalto al escuchar su voz.

Entre todos los quejidos y lloriqueos que ahora percibo de otros lados esta la voz decidida de Frevor al otro lado, me recargo en los barrotes contemplando el suelo, me sentí culpable de que el estuviese ahí conmigo. Sin duda esa decisión había sido la más difícil de tomar, Denna o Frevor ¿a quien quería mantener lejos de esto? ¿Quién lo podría soportar mejor? Recuerdo a Denna el día en que llegamos al departamento de Lawrence, parecía tan frágil, tan vulnerable.

— No creo poder olvidar eso — le digo.

El lanza una risita incrédula y veo que sus dos manos salen de los barrotes para jugar pasándose algo en las manos, una pluma, que creía reconocer.

— Me dieron a elegir — digo.

— Elegiste bien — responde.

— No, no se trataba de eso — le espeto, su vida está en riesgo y me daba rabia que no le tomara importancia.

El ríe otra vez.

— Los rebeldes regresaran en cualquier momento — me informa — así que toma esto, quería escribir algo aquí también en el Capitolio pero no pude.

Deja de juguetear con la pluma en su mano y la avienta en mi dirección mientras yo saco las manos para atraparla, al verla, los recuerdos vienen. En "la guardia" solíamos rayar las paredes de la industria con frases déspotas hacia el Capitolio, o no, más bien hacia Snow. Frevor no me dedica otra palabra y se marcha en silencio a un lugar donde no pueda verlo.

Guardo la pluma en una de las bolsas de la chamarra mientras me siento en una de las orillas de la cama a contemplar la pluma que llenábamos con tinta siempre para rayar las paredes de ese viejo lugar, estaba un poco sorprendido de que aun sirviera después de tantos años, lo compruebo al rayar la cama escribiendo: "no volveré al nueve, moriré en los últimos juegos del hambre"

Al poco rato escucho a alguien caminar por los pasillos y cuando pasa por mi celda se agacha para dejar algo en el suelo, voy y veo que es una lata de comida, lo mismo han hecho con Frevor, saco la mano por los barrotes para hacerme de ella. La abro y le encuentro un sabor dulce a la carne de res, pero ese sabor es difícil de disfrutar en medio de los gritos de los niños gritando en sus celdas.

No sabía exactamente si estaba tratando de convencerme a mí mismo de que este tipo de situaciones eran reales, pero ¿Cómo hacerlo? El hecho de que ignorara que saldría a una arena a matar a esos niños que escuchaba gritar no ayudaba en nada y cuando me acomodo en mi cama siento como la punta de la pluma me pica en el estomago, recordándome que ahora no tenía ningún amigo, que en la arena mis posibilidades de sobrevivir eran nulas. Grito de frustración mientras mis manos se convierten en garras que quieren hacer trizas la cama sobre la que yacía.

Al menos tres rebeldes ya están fuera de mi celda, debí haber llamado la atención, no me importaba mucho si venían a torturarme, se llevarían algo de mi antes de que lograran someterme completamente cuando me levanto las piernas me vacilan y caigo al suelo. Quiero ponerme de pie pero es inútil, las manos ahora no me responden, ahí entendí el sabor dulce de la lata de comida: anestesia.

No dudaba en que esa técnica podían utilizar con los otros niños del Capitolio, anestesiarlos, dejarlos débiles para que no pusieran resistencia a las torturas y para que quedaran lo suficientemente conscientes para experimentar el dolor, hago un esfuerzo mas pero las manos comienzan a rodearme. Uno de ellos me levanta para tratar de poner en pie mi cuerpo de trapo para ya después me carguen los otros dos para caminar hacia la salida de mi celda, quiero gritarles algo pero mi lengua ahora también está dormida, veo que la celda de Frevor también está abierta pero no alcanzo a distinguir nada y antes de que mis parpados se cierren el grito de una niña se queda grabado en mi subconsciente.

Al despertar trato de hallarle sentido a las cosas cuando veo el lugar en el que me encuentro; alfombra, una cama matrimonial con sabanas de algodón, cuadros en las paredes, luces artificiales en el techo, ninguna ventana, solo un simple cuarto conectado a un pequeño baño que solo tenía un inodoro con fregador. Estoy sentado en la cama y toco mis rodillas sintiendo las raspaduras que me hice cuando caí al suelo, me paro y enseguida noto la puerta que está en la esquina la cual no me molesto en tratar de abrir porque sabía que estaría trancada o afuera habría al menos 5 rebeldes custodiando, definitivamente esta es una prisión también pero más sofisticada.

Toco mi chamarra y la pluma sigue en su lugar, la celda de Frevor también estaba abierta

¿lo habrían traído también aquí? No podía estar seguro, escuche muchos gritos, tal vez lo mataron o a él si lo torturaron, antes de seguir especulando el chirrido electrónico de la puerta suena y lo veo, sus ojos azules, alto y de cabello negro canoso, se queda en la puerta que se cierra sus espaldas.

— Wil — dice.

— ¿Qué haces aquí? — digo un tanto desconcertado. Se acerca como buscando algo en mi, una lesión quizás.

— ¿Estás bien? — me pregunta.

— ¡Deberías estar en casa! — exclamo agitado.

Sus ojos tiritan de duda, comienza a caminar hacia mi mientras yo lo examino de hito en hito, hasta que noto que el esta vestido como rebelde, no como superior, sino como un simple soldado.

— No puedo abandonar a mi hijo — se excusa pero en su voz esta la preocupación, raro en el.

— Eso no te importo antes, tampoco debió importarte ahora — espeto con indiferencia, aunque estaba más enojado con el por haber regresado aquí al Capitolio más que por lo que decía.

Escucho un ruido a sus espaldas y noto una cámara cerca de donde estaba en la puerta. Delante de mi esta mi padre, el cual ahora me mira como si fuese un infante, lo más seguro es que se sintiera culpable por las palabras de Maverick cuando en realidad a mi ni me alcanzaron.

Su siguiente movimiento me deja helado, porque así es como estoy, petrificado como una estatua de hielo ante sus brazos que solo me estrujan mientras él se quiebra en mis hombros, llorando, como nunca lo hizo, algo en mi no me permite devolverle el abrazo.

— ¿Dónde está Denna? — vacilo. El me evita.

— ¿Dónde está ella?

— Ella no pudo venir — comienza y deja pasar unos segundos y después dice

— porque está mal herida.

— ¿Qué le paso? — digo pasmado.

— Un rebelde le disparo al tratar ir tras ustedes

— responde.

Así como yo estuve dispuesto a dar mi vida por ellos, cada uno me lo demostró a su manera, pero yo todo el tiempo quise tragarme la idea de que estarían en el 9 y ahora ella debería estar en una cama agonizando.

— Señor, tiene que irse — dice una voz, vete a saber de dónde salió.

— Estoy cuidando de ella — dice pero me limito a mirarlo — ¿Wil?

Su mano se acerca a mí y por inercia yo la repelo, me quedo petrificado mientras sentía como la sangre me hervía, cuando escucho el seguro electrónico de la puerta cerrándose me doy cuenta de que me he quedado solo.

La cámara no me desenfoca como tratando de ver mis próximos movimientos, como si supiese que iba a estallar en una rabieta pero en vez de eso hago lo siguiente; voy hacia la gran cama y de un solo tirón quito la gran sabana de algodón, después la tomo con mis dos manos para dejarla completamente extendida sobre el suelo, meto mi mano a la chamarra y encuentro la pluma.

La empuño con fuerzas y me pongo de rodillas sobre la colcha y comienzo a rasgar con la tinta una esquina los aspectos que conocía sobre los juegos; los vencedores, hago bocetos de todos ellos, en la otra esquina pongo mis debilidades, Frevor, después uno estos dos puntos con una flecha y tomo los aspectos aleatorios formando mi propia estrategia, el agua, la comida, la trampas que se detectar y la armas que se usar, todo comienza a tomar su lugar en la gran tela blanca que pronto estará repleta de tinta.

La ira me consume y ya en lo más alto de la tela queda un espacio en blanco donde pongo que se interceptan todos los puntos y ahí es donde remarco la pluma con más fiereza haciendo que la tinta se desbordara para pintar más fuerte en letras muy grandes y al terminar encierro varias veces lo último que escribí.

Ganar los juegos del hambre.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!

Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.

:D