Holaa! Aqui otro capitulo!
Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.
El rebelde que se encarga de traerme la comida se queda paralizado ante mi dibujo el cual colgué de la pared con los clavos de las pinturas que estaban ahí, que ahora descansaban en una esquina de la habitación. Doy por sentado que no me llamaran la atención por el escándalo hecho y por la ligera modificación que hay en la decoración de la habitación, más bien creo que la cámara capto bien el momento en el que blandía la pluma como una bestia iracunda.
Era un poco mayor que yo, tenía su uniforme rebelde, lo odiaba, más bien creo que ahora odiaba mucho a los del Distrito 13, no podía darles merito por haber comenzado la revuelca porque mientras ellos se escondían bajo tierra los 75 juegos del h organizaran los últimos juegos del hambre con los niños del Capitolio, e
Estoy parado en una esquina mientras le doy vueltas a la pluma en la mano, hace algunas horas que termine de darle los últimos detalles, intercambiamos miradas y me teme ¿Qué aspecto tendré? No importa, se ha marchado. Devuelvo la pluma al bolsillo y me acerco a la bandeja donde está la comida y abro solamente la botella de agua, la huelo antes de tomarla, nada. Podría estar seguro de que no habría razón para dormirme de nuevo, aunque el hecho de que estuviese ahora aquí para mi seguía siendo un misterio.
No puedo evitar pensar en las personas con las que pase mis últimas horas en el Capitolio antes de que me convirtiera en un tributo, Frevor, del que no se si sigue vivo, Denna, la cual no sé si debe estar siendo tratada en el Capitolio o está en los desaliñados cuartitos que representaban el hospital en mi distrito y el pensar en eso solo hace que me duela el estomago. Finalmente esta mi padre, que debe andar rondando en las calles del Capitolio tal vez tronándose los dedos al saber que esta desvalido ante la situación.
A tan solo dos días de la inauguración de los juegos, no hubo entrevistas, ni tus propios estilistas, ni siquiera sesiones de entrenamiento. No tendría caso, lo único que quería la gente de los otros distritos es que los del Capitolio sientan su dolor, que supiesen pelear, verse bien no importaba en un lugar donde peleabas por tu vida y así era al final, siempre, solo que estos últimos juegos eran más bien parte de la sesión de juicio de la que hablo la presidenta donde el vencedor que quede será perdonado con la vida de los otros de por medio.
Me paró en seco cuando Maverick se materializa junto con otro hombre alto de piel morena y cabello largo llameante, lo que distingue en él es el parche que lleva en su ojo izquierdo.
— Hemos traído a tu amigo hasta aquí también — dice él, y por un segundo pienso que el mismo fue el que presiono el gatillo contra Denna — ¿es tu amigo aun no? — inquiere, como si supiese la situación a la que me enfrentaba.
Podía sentir como las yemas de mis dedos tocaban la pluma dentro de mi chamarra y lo poco que tardaría en llegar a su cuello, pero me limito a hacerlo y solo digo:
— ¿Acaso importa?
— La verdad es que no — contesta.
Hasta ahora sus ojos se concentraban mirándome como buscando una debilidad en alguna parte de mi cuerpo, pero más bien ahora trae con él un aire decidido al igual que el pelirrojo mientras rasca su barbilla meditando.
— Quiero presentarte a Valer Applewhite, uno de los padres de un vencedor del nueve — el da un gran paso al frente y extiende su mano hacia mí, lo ignoro, es mas ni siquiera lo regreso a ver — estamos aquí para ayudarte.
Era todo menos eso, algo que yo no describiría como ayuda después de lo último que paso. El hombre no parece poner atención a mi comportamiento infantil y solo regresa su mano a su espalda como anteriormente estaba.
— Buena estrategia chico — me dice mientras mira la gran sabana colgando en la pared, eso era lo que miraba con detenimiento hace unos minutos, ahora que deja de rascarse la barbilla noto otra cicatriz que desciende desde su barbilla hasta su cuello.
— ¿Quién es usted? — pregunto.
Antes de responderme el pareciera que Maverick ya sabía que preguntaría eso y hace un ademan para que centre mi atención en el.
— El es tu mentor, tú decides si colaborar. Levanta su mano derecha para apretar unos cuantos botones a su brazalector para que el seguro electrónico se active y lo deje salir. Se marcha y nos deja solos en un perfecto ambiente de incertidumbre.
— ¿Este es el chico de la otra habitación? — señala el boceto de Frevor en la esquina de la sabana.
— Es el — digo.
— Debilidades — musita, leyendo las letras — préstame tu pluma.
Mas que una orden me lo dice en tono afable, casi a regañadientes meto la mano a mi chamarra y la aviento en su dirección, el la atrapa. Si yo mismo me había propuesto ganar los juegos y él me iba ayudar, tendría que…colaborar, como dijo Maverick. Me da la espalda para comenzar a rayar justo en la parte donde me había señalado y cuando se voltea noto lo nuevo que hay en la sabana: ahora la palabra "debilidades" desapareció sobre los rayones de tinta que marcan en su lugar la palabra "fortalezas" me quedo perplejo.
— ¿Por qué hiciste eso? — digo estupefacto.
— Una alianza podría significar tu victoria en los juegos — digo y me acerco a la pared para quitarle mi pluma, no es que considerase mi plan perfecto pero antes de que termine poniendo que puedo comerme mis armas le arrebato la pluma, el no pone resistencia — seria incluso más útil que todo lo demás — añade.
Es cierto que no me cuestione mucho el por qué puse a Frevor por debajo de las palabras "debilidades", en el rato en que no había más que adrenalina corriendo por mis venas. No pude verlo como una de las oportunidades que tenia para ganar los juegos junto con él, una alianza de dos tributos podría tener algo de ventaja contra más de 200 competidores, al final no pongo objeción al respecto y dejo estar la sabana como la ha dejado mi mentor.
— Busca comida, agua y si puedes fabricar algo para llevarlos contigo, mejor — dice viendo en la sabana mi boceto sobre cómo se tejer y destejer una red, supongo que un morral no será demasiada diferencia.
— Te he visto — le digo.
— Mi hijo gano los quincuagésimos primeros juegos del hambre a sus dieciséis
— me dice — algunas veces llegue a ver a tu padre, el me pedía consejos sobre los entrenamientos.
Mi ropa se siente mojada por las lágrimas de mi padre todavía, miro mis hombros como si aun estuviese apoyado ahí deshaciéndose. Además Valer, no sé qué merito tendría como mentor de su propio hijo, según me entere todos los vencedores fueron ejecutados por el Capitolio y los rebeldes…a excepción de los que ahora van a la arena nuevamente.
— Sabes usar cuchillos, arco, ballesta y ondas
— cuestiona.
— Lo mío es mas el ataque a distancia, tengo buena puntería — le digo, el tuerce un poco el gesto.
— Dudo que encuentres un arma así en la arena
— Lo tengo en claro — «Y si las hay, es probable que se lo quede cualquiera de los otros tributos en la arena » complemento.
— Pero veo que tienes un ojo avizor — levanta la voz — puedes detectar muchas trampas.
Como mentor tiene que darme todos los consejos y la confianza posible y efectivamente tenia la habilidad para detectar trampas cosa en la que me especialice en los entrenamientos, en lugar de las armas, mi padre hizo caso omiso de ello. Pasan unos cuantos minutos en los que yo estoy sentado en la cama y Valer contempla la sabana en la pared.
— ¿Has matado a alguien? — suelta.
— Sí, pero no fue por venganza o resentimiento — digo.
— Fue para defenderte ¿no es así? — inquiere. Solo podíamos llegar a un solo lugar con este tipo de conversaciones, con tu vida en juego, hace poco me di cuenta de que, si existe un libro de reglas eso es lo que menos importa.
— Puedes seguir haciéndolo, defendiéndote, pero tendrías más oportunidades si olvidas eso.
En otras palabras, convertirme en un asesino, la idea no me extraña ni manda ninguna extraña punzada a mi cuerpo, solo estoy atento a lo que dice.
— Si dices que conoces a mi padre —comienzo.
— Es por qué él me ha mandado aquí — se adelanta. — de hecho, que estés aquí también es por él.
Así que, el traslado a esta habitación fue obra suya y tanta amabilidad por parte de Maverick también era obra suya, no sabía si sentirme agradecido por tal acto, hago como que no acabo de escuchar nada y sigo.
— ¿Qué hay de los otros tributos? ¿Tienen mentor? — pregunto y el vacila, aclara su garganta.
— Como yo ahora mismo, no — responde.
¿A qué se refería exactamente? ¿A que los otros tributos tenían otra clase de mentores?
¿Mejores? No lo sé, pero la tortura en las celdas en las que me encontraba no significaba alguna especie de consejo para sobrevivir en la arena.
— ¿Cómo gano su hijo?
— Fue la arena y su habilidad para escabullirse como un zorro — comienza, sin alardes — la arena estuvo más llena de mutaciones que de fauna en la que esconderse — su mirada se posa en el techo — pero sabía que por más
que escapara al final tendría que matar.
Me sentía un poco mal por hacerle recordar eso, pero no importaba ¿Quién olvidaría eso con los juegos de por medio? Te dejan vulnerable y susceptible, te vuelves dominio público de la gente de este lugar.
— Al final quedaron cuatro tributos y el les tendió una trampa con unas ardillas mutantes — dice — a los del Capitolio les pareció muy injusto, digamos que defender la victoria de mi hijo me costó el ojo izquierdo.
Fin de la conversación, no más preguntas personales, no quería imaginar el resto de la historia.
—Cuando tengas que descansar, busca lugares pequeños — continua — nunca te establezcas en un solo lugar, mantente en constante movimiento y si quieres asegurar tu estancia has unos cuantos amigos.
— Espero poder hacerlo — digo.
— ¿Por qué te presentaste voluntario? — pregunta.
No lo miro con desdén, aunque la pregunta no fuese muy de mi agrado si él había compartido conmigo algo personal consideraba justo hacer lo mismo.
— Por mis dos mejores amigos, los confundieron con habitantes del Capitolio
— respondo.
— ¿Y qué pasa? — dice, debió haberme visto hacer caras.
— ¡Que ellos eran dos y el maldito cerdo de
Maverick me hizo elegir! — gruño.
— La chica a quien dispararon — dice.
Si mi padre estaba detrás de esto, no me sorprendía que Valer estuviera tan bien informado.
— El esta cuidándola, va a estar bien — me dice, deberás convencido.
Quería creerle, imaginarla en una situación así no servía de nada, estaba claro que en este punto, Frevor, ella y yo estábamos luchando por nuestra vida. Mis pensamientos se ven interrumpidos con el chirrido del brazalector de Valer.
— Me tengo que ir — dice — buenas noches Wil, mañana vendré por ti para llevarte con tus estilistas.
— ¿Estilistas? — digo estupefacto.
— Si sordo — responde.
Camina hacia la salida mientras introduce unos cuantos códigos que son probablemente el candado de la puerta, pero antes de irse me dice:
— Elimina todo lo que represente una amenaza para ti — dice — mata a los vencedores si se atraviesan en tu camino.
Se marcha y las palabras se quedan flotando en el aire, hasta que al final me doy cuenta de que si quería cumplir la estrategia colgada de la pared, tendría que tomar muy en cuenta sus palabras.
Una de las ventajas de este lugar es que ya no se escuchan los gritos de los demás, las lámparas pasaron a alumbrar solo a los extremos del cuarto dejando a oscuras la parte donde estaba la cama, a la hora de dormir. No estoy seguro de cuantas horas pasan desde entonces pero podría apostar que pasaba de más de medianoche. Mi respiración es lo único que escucho y la incertidumbre comienza a apoderarse de mi cuerpo, el miedo por ver la realidad hace unas cuantas horas cuando escribí que moriría en los últimos juegos pero ahora ver otra sabana en frente de mi donde puse todo lo contrario, los pensamientos dentro de mi mente comienzan a chocar entre si y me provoca miedo.
Me da un ligero espasmo cuando escucho un ruido a mi izquierda, las lámparas que estaban ahí se apagan y una parte de la pared comienza a deslizarse para desaparecer en el techo dejando en su lugar una ventana grande con cristal (forzado).
La luz plateada ilumina en diagonal el cuarto y miro los extremos buscando algún indicio de trampa, pero no hay nada, solo la gran ventana. Camino y mi vista se posa en el fondo, porque delante de mi solo hay nubes, por que este era un rascacielos ubicado casi al fondo del Capitolio, lo más seguro es que estuviese a unas cuantas cuadras de las celdas en las que me encontraba antes de que me durmieran.
Veo el capitolio y se me forma un hoyo en el pecho, la última vez que lo vi de esa manera fue con Frevor y Denna. Veo las casas, los edificios y en su contorno veo lo mismo que vi dibujado cuando mi batallón se infiltro en el Capitolio; la sed de sangre, la desesperación, la frustración, aun las seguía sintiendo ¿La sensación no debió esfumarse por completo con la muerte de Snow? ¡Claro que no! Ahora estaba mas convencido de que Coin era mas desalmada que Snow. La rabia invade mi cuerpo tan rápido como el veneno y justo antes de volver a estallar en una rabieta, respiro, mi mente estaba atiborrada de pensamientos que no me dejaban ver las cosas con claridad.
— Tienes que dormir — me digo.
Camino hacia el pequeño cuarto que es el baño donde hay un inodoro y un lavamanos, nada más, ni espejos, ni tinas para la ducha, para asegurar que no mueras antes de tiempo (que te suicidaras).
Abro la llave a todo lo que da y con mis dos manos capeo agua para llevarla varias veces a mi cara, en el baño es el único lugar donde la cámara no alcanza a enfocar bien. Uso mi playera para limpiarme la cara, el goteo de la llave hace eco en el lugar pero la cierro con fuerza para prestar atención a otro sonido más prolongado; busco con mi mirada y con mis oídos de donde puede venir ese ruido, o más bien, sollozos.
En el piso hay una grieta, la madriguera de una rata, chillidos de una rata, ese era el sonido; me retiro del baño, ya estoy para dar el último paso al cuarto cuando alguien dice:
— ¿Quién anda ahí?
Hace unas horas había escuchado una voz en el cuarto pero definitivamente venia de un altavoz, pero esta no, venia del baño pero al mismo tiempo distante, me quedo mirando al pozo que estaba en el suelo ¿Acaso las ratas hablaban?, me agacho con ese estúpido pensamiento en mente y me doy cuenta de que ese hoyo conectaba mi habitación con la de alguien más, mi baño con el de alguien más, lo noto por los colores blancos del otro lado, pero no hay nadie, ni siquiera ratas.
— ¿Quién dijo eso? — mascullo.
— ¿Quién eres? — me dice la voz desde el otro extremo, pero no veo a nadie, aunque si reconozco su voz.
"Un alto al fuego" fue lo último que nos pidió a toda Panem, Peeta Mellark el chico del doce, el amante de Katniss Everdeen, por la debilidad de su voz asumo dos cosas, la primera era que no quería ser descubierto como si esta fuese una plática clandestina y desconocía si era así, la segunda, era que estaba llorando, eso explica los quejidos que escuche hace unos momentos.
— Soy Wil…soy un tributo — respondo.
— ¿Los demás niños del Capitolio están aquí?
— pregunta.
— Están en otro lugar — digo.
— ¿Y tú qué haces aquí? — inquiere con recelo — ¿eres un rebelde no es así?
— Ahórrate tus comentarios idiota, fui traído aquí en contra de mi voluntad —le digo en su mismo tono.
Unos cuantos segundos pasan, y no me paro, el llega para asomarse también y me ve, supongo que por mi aspecto debe saber, que no soy un rebelde.
— Soy Peeta — se presenta sin atisbo de irritación.
— Te conozco — le digo.
— ¿Eres un vencedor? No, imposible — se responde el mismo.
— Si, imposible — admito — estabas llorando.
El toma una gran bocanada de aire, no tenía por qué negarlo, sus ojos estaban demasiado hinchados.
— ¿Qué? ¿Tú nunca lo hiciste?
— Si — le digo — ¿Es por Katniss?
— Por Katniss, Haymitch, los demás, los juegos…por todo
No sabía exactamente por qué estábamos teniendo esta plática pero ¿Qué diría ahora? Yo nunca supe dar palabras de aliento, probablemente necesitaba alguien con quien desahogarse.
— No sé si vaya a poder lidiar otra vez con el secuestro — me dice — no sé si considerarlo una bendición o una maldición.
— ¿Lo has experimentado? — pregunto.
— Si — contesta — los recuerdos vienen y están a punto de irse nuevamente.
— No pueden hacerte eso otra vez, morirías —digo.
— Es lo mismo que supuse yo, me mandaran a la arena así, justo cuando empiezo a recordar todo — dice.
Yo no sabía que él había sido secuestrado anteriormente, en las grabaciones provenientes del Capitolio, lo vi, lo bastante real como para creer que es el, nunca note algo raro incluso cuando salió con todo ese aspecto demacrado avisando que matarían a todos en el
13.
— No estás aquí por gusto — dice.
— Tienes razón, no es así — digo algo irritado
— soy un tributo voluntario.
— ¿Y tú? ¿A quién pusiste a salvo? —inquiere.
— A nadie en realidad.
Y era la verdad, la única persona que había tratado de salvar estaba a punto de morir, el me lo cree o al menos, lo entiende.
— Bienvenido a Panem — dice.
— Odio esto — contengo un grito.
— Te diría que yo lo aborrezco, pero no se acerca.
El y yo nos encontrábamos en la misma situación, ninguno podía hacer nada por sus seres queridos, recuerdo la cámara y el pánico llega, estoy por levantarme.
— Espera — demanda. Asomo la mirada por el hoyo.
— Quiero pedirte un favor — dice.
— Si es que no te mate en la arena —le digo — ni siquiera lo pienses.
El ríe por lo bajo sin ninguna pizca de humor, sus ojos se tornan vacios, un vacio eterno que escondía algo, algo que no pude ver, parece pensarlo un poco y después me lo dice:
— Quiero que mates a Katniss.
Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!
Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.
:D
