Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


Despierto casi por instinto más temprano de lo normal, me lo indican lo mucho que me arden los ojos, dormí muy poco anoche aunque no me sentía muy cansado, más bien creo que me levante escuchando otra vez las últimas palabras que escuche anoche, o más bien el favor que me pidieron, aniquilar a la chica del Distrito 12.

Medito un poco, regreso a unas horas antes tratando de convencerme de que lo último que viví no fue un sueño, Peeta Mellark pidiéndome un favor inusitado

¿Qué paso acaso? ¿El secuestro se llevo consigo todo ese cariño que vi alguna vez?,

por otro lado esta, pensar el si podía cumplir con lo que él me dijo…, podría matarla si es que tuviese oportunidad contra ella, pero no, meterme con ella significaría que Panem pidiera mi cabeza por tal acto; aunque por otro lado me ganaría la simpatía de la nueva presidenta.

No podía suponer en grande, pese a eso yo no guardaba ningún lazo afectivo con ella, un lazo emocional — es eso — me detengo en seco, Peeta no era tonto y sabia lo mismo que Frevor, que si ella gana se enfrentaría a cosas peores, así que de cierta manera todavía "la quería" y trataba de protegerla del purgatorio que le tendrá preparado Coin si sale de la arena. Doy por entendido el favor que Peeta me pidió la noche anterior y me dedico a dormir un rato mas, pero en ese justo momento el seguro de la puerta suena.

— ¿Aun en la cama? — inquiere — levántate, tienes una audiencia que ganarte.

— Creí que no habría entrevistas — digo sorprendido.

— No, pero si algo importante, ponte tu ropa — ordena.

Lo hago, el me espera mientras trato de arreglarme para salir de allí, a donde quiera que vayamos, recuerdo la noche anterior, no lo digo, pero me hallo en la necesidad de hacerlo con otras palabras.

— ¿Te han pedido cosas imposibles o difíciles?

— Todo el tiempo — responde.

— ¿Y qué haces? — pregunto

— ¿Es por lo último que te dije?

Algo parecido, más bien, si, en menos de un día alguien me sugirió matar a los vencedores y alguien más me pidió matar a una vencedora.

— Si — vacilo.

— Recuerda que solo son consejos — me dice, como si deberás entendiera lo que me paso anoche, como si no le estuviese mintiendo

— solo tú sabes si al final debes seguirlos.

Subo el cierre de la chamarra y me toma por sorpresa que Valer este tomando la sabana de la pared haciéndola una bola poniéndola en su antebrazo.

— Confía en mi — me dice.

Asiento, como la vez pasada usa su brazalector para abrir el seguro de la puerta, al salir hay dos rebeldes uniformados que me ponen una pulsera de brillo singular, desde luego no era un accesorio decorativo, con esto aseguraban que no me iría a ningún lado, después estos me cubren la espalda y caminamos por los elegantes pasillos del edificio.

No tardamos mucho en llegar a una casa con apariencia de tienda con ayuda de los rebeldes que me escoltaban, que estaba cerca del estadio, donde según me dijo Valer, Caesar Flickerman estaría inaugurando los últimos juegos del hambre en una especie de entrevista simultanea con todos los tributos, simplemente no podía imaginarlo.

Al entrar, noto lo angosto que es el lugar pero bien arreglado, ropa de piel de todo color y gusto en las estanterías, miro hacia la caja donde esta una especie de animal con bigotes de gato saltones.

— ¿Lo has traído? — dice y Valer desmantela la sabana sobre la barra —

dámelo, casi he terminado.

Como si no fuese suficiente su aspecto, su voz parecen ser ronroneos de un gato que espera llamar tu atención cuando se enredan entre tus piernas, pero quitando eso, ahora veo por qué opto por ese aspecto, lo noto por lo desfigurada que se encuentra su cara debido a esas caras cirugías que hacían aquí en el Capitolio, de ahí su transformación o a menos que se lo haya hecho adrede pero incluso en aquí hay gente con sentido común ¿o no es así?

— Gracias Tigris — dice este — el es Wilbert. Ella me mira como si mirara una bola de

estambre, como si fuese a jugar con mi cara marcándola con sus garras por el brillo en sus ojos, pero voltea la mirada y abre una puerta detrás de ella.

— Pasen — invita.

Noto las uñas puntiagudas en sus manos y mi antiguo pensamiento cobra mas vida, aunque solo me dedico a seguir avanzando para dejar atrás la tienda para entrar a un cuarto mas grande. En una esquina están sentadas tres figuras en un sofá rojo que no se percatan de nuestra presencia.

— Hemos llegado — vocifera mi mentor. Regresan a ver dos mujeres y un hombre; solo

reconocí a uno de ellos, Lawrence, lo cual me hace ver que mi padre sigue detrás de todo lo que necesito para los juegos y eso me hace sentir…fastidiado, no es que lo despreciara, pero prefería mil veces que estuviese devuelta en el distrito a que siguiera metido en el Capitolio. Por otro lado, las otras dos chicas de aspecto trivial, jamás las había visto, bailotean en mi dirección, Lawrence guía su mirada a la pulsera en mi mano y parece querer romper a las lágrimas cuando me ve.

— Wil — dice — lamento que estés aquí.

— No hay nada que lamentar — le digo indiferente, no quería tener que consolar a alguien ahora.

Lo menos que quería ahora era lastima, y mientras Lawrence parece darse ánimos a sí mismo, una de las mujeres toma mi cabello con su mano como si fuera un peine y la otra acaricia con sus manos mi cara. La que juega con mi cabello, es alta y de cabello corto color negro y otra es baja de estatura de cabello lacio color rubio quemado.

— Soy Octavia — dice la alta.

— Yo soy Vick — sigue la rubia.

— ¡Hablen menos mujeres! Tenemos menos de dos horas — alzo la voz

Lawrence ya sin atisbo de dolor en el.

Yo los contemplo mientras todos me examinan, que hay que quitar, que hay que poner, por los próximos minutos evaluó su mirada desaprobatoria.

— Tu piel está muy seca — opina Vick

— Y tu cabello muy maltratado — sigue

Octavia.

— Yo me encargo de su ropa — concluye

Lawrence.

Me aguanto la risa, eran tres figuras muy cómicas, como si los tres fuesen uno y sincronizaran sus pensamientos antes de entrar en conflicto con los de los otros. No digo nada, miro al gran espejo de cuerpo entero que esta frente mío y detrás de mi todos empiezan a moverse a todos lados, Valer me ha abandonado aquí para que sea presa de las tres figuras que no saben qué hacer conmigo.

Primero, la rubia me manda a darme una ducha dándome tres botes distintos para mi cabello y mi piel. Fue una experiencia totalmente desagradable, los líquidos de los botes eran pegajosos, apestaban, me dejaban rasquiña en mi piel y en mi cuero cabelludo, aunque no me estuviesen observando se la pasaron gritándome en la puerta las instrucciones, hasta que se concluyo una ducha de casi 40 minutos, salgo en una bata blanca e inmediatamente estoy fuera me llevan a otro cuarto donde me hacen sentarme enfrente de un mueble con cientos de artículos de belleza de distintas formas y colores sobre él y un espejo; Octavia y Vick me examinan para ver cuál va a ser su siguiente movimiento mientras que Lawrence regresa con mi traje.

Al fin una se decide por secarme el cabello, la otra peina con distintos cepillos y de vez en cuando corta con la tijera. Están por terminar, me voltean para que no pueda mirarme en el espejo y ahí es cuando aparece Lawrence, ellas salen del cuarto cerrando la puerta; me siento agradecido de que la picazón se haya marchado pero viene lo peor, la ropa. No pongo objeciones, poco a poco me pongo la ropa, una camisa blanca de manga larga con bordes que la hacen menos casual y pantalones negros con mocasines color caqui, terriblemente elegante.

Lawrence habla de unos últimos toques y me lleva de regreso al otro cuarto donde estaba el gran espejo, Octavia y Vick parecían ansiosas de esperar su turno para seguir conmigo. Me ponen frente al espejo pero Octavia se pone enfrente mío para evitar ver cómo voy quedando, toma las mangas de mi camisa recorriéndolas hasta mi codo, Vick pasa sus manos sobre mi cabello con un aerosol, dándole forma. Después Octavia desabotona uno, dos, tres botones para dejar mas descubierto mi pecho. Y así al final dejan que me vea en el espejo, las miradas de mis estilistas a mis espaldas esperan solo mi reacción.

— ¡Mírate! — dice con entusiasmo Vick — eres todo un Adonis.

— ¿Y qué tal? — ansia Octavia.

— Gracias — sonrió — sobreviviré.

Los cuatro reímos y la puerta de la esquina se abre, esperaba a mi mentor o a Tigris, me sorprendo al ver a mi padre entrar. Parece indeciso, da la impresión de que le pide a un pie permiso para mover el otro. Llega detrás mío y se mira al espejo, ninguno de los dos dice nada. Lawrence empuja ligeramente a sus compañeras para comenzar a salir de ahí, lo hacen en su singular andar yéndose al cuarto donde me había cambiado.

Me miro en el espejo y comienzo a acomodarme el cabello para peinarme como solía hacerlo y abrocho dos botones a la camisa para sentirme menos incomodo, un poco mas yo. El parece querer hablar pero al final se detiene, así esta durante unos minutos.

— Te ves bien — dice finalmente.

No sé porque pero me duelen sus palabras.

— ¿Esa es tu respuesta? ¿Por qué ahora es que estas mas metido en tu rol como Padre? Justo ahora te necesitaba como eras antes, exigiéndome cosas, regresa con Denna y cuidada bien de ella ¿de acuerdo? — comienzo a abandonar la habitación y antes de cerrar la puerta mis espaldas digo — Ya no hay tiempo para nada.

Salgo hacia la tienda y todas las miradas se posan en mí mientras me regalan su silencio, aunque noto a mis estilistas algo molestos por las modificaciones que me hice después de que se marcharan, parecen querer protestar pero al final se arrepienten y permanecen en silencio. Antes de que alguien más pueda de

— Vayámonos.

En el camino nadie tiene valor para cuestionar mi actitud, Valer solo esta de mi lado en el aerodeslizador, Lawrence, Octavia y Vick parecen discutir algo sobre la inauguración pero no les presto mucha atención, al final me despido de ellos porque solo los tributos y su respectivo encargado podían estar en el lugar. En vez de ir hacia arriba, descendemos unos cuantos niveles aun con los rebeldes detrás de mí.

— ¿Nervioso? — me mira.

— No — respondo — ¿Frevor?

— Lo veras — dice.

Si, lo veré para intentar matarlo o el tratara de matarme cuando me vea, así que si no lo veía sería mucho mejor. Los rebeldes nos abren una puerta de las cientos que hay y entramos en un cuarto algo pequeño, lo que resalta es una superficie metálica circular conectada a un tubo que asciende hasta perderse en oscuridad.

— Bien, ya arriba, llama la atención no habrá mucho que puedas hacer, pero en cuanto tengas la oportunidad aprovéchala — dice.

— ¿Ya puedes decirme como será esto? —

pregunto.

— Casi lo olvido — se sobresalta — Caesar presentara a los tributos los que han dividido en tres grupos: tributos, voluntarios y vencedores.

— Vaya — exclamo.

— No contamos con mucho tiempo — sigue— sabrás ganarte unos cuantos patrocinadores, tu sabes, ahora son muchas las probabilidades de ser escogido.

Tenía razón, mis oportunidades para conseguir patrocinadores eran tan nimias que ni siquiera sabía si tenía sentido subir por la plataforma, así que tendría que ponerme lo suficientemente alentador cuando estuviera ahí.

— Buenas tardes Panem — dice la voz de Caesar en una pantalla que estaba ahí en el cuarto, la cual no note hasta que se encendió sola.

Después de hacer eso viene el rugido de gritos de la multitud alrededor de el, todos parándose de sus asientos emocionados.

— Estamos aquí para inaugurar los últimos juegos del hambre — acomoda el micrófono a su oreja.

El está en medio del estadio, sobre una plataforma en forma de cono y viste ropa de color guinda que hace contraste con su cabello rojizo, parecido al de Valer, la gente vuelve a gritar y esta vez lo percibo; porque estoy justo debajo de ellos.

— He aquí, ¡Nuestros tributos! — y hace reverencia a sus espaldas.

De la tierra comienzan a brotar plataformas con jóvenes de distintas edades, algunos de sus trajes resaltan entre tantos ya que unos apenas y estaban arreglados para estar ahí. La cámara enfoca sus rostros, algunos sonríen, otros miran asombrados, otros lloran pero son desenfocados rápidamente. Tardan un poco en salir los más de cien tributos que abarcan un poco más de la mitad del estadio.

— ¡Aquí están! — señala Caesar — en alguno de estos rostros podría encontrarse nuestro último y gran ganador, ¡pero esperen! Aun hay más…

Valer me da palmadas en la espalda para subir a la plataforma, me da un ligera sacudida a lo mejor al ver que no me movía muy rápido y en cuanto pongo los dos pies en la plataforma esta comienza a subir y pierdo de vista a mi mentor, sumergiéndome en la oscuridad, algo suena y atrapa mis pies pero no puedo ver que es. Mientras subo los gritos de la gente se hacen más claros, al final el destello de luces me cegan y estoy arriba, justo a unos metros de donde esta Caesar, apartado del resto de los tributos, tal y como me dijo Valer.

— ¡He aquí! — brama Caesar — ¡Nuestros tributos voluntarios!

Se me hiela la piel cuando me doy cuenta que estoy enfrente de todos los tributos de mi sección, que no son más de veinte, y esta sección es ligeramente distinta a la otra porque aquí, las edades no se limitan, hay desde los que alcanzan casi 40 y muy pocos de mi edad, si deberás éramos voluntarios siento que esta debía ser una sección mas grande, pero aquí en el Capitolio los primeros en morir fueron los agentes de la paz, así que creía entender el por qué éramos tan pocos. Mi mirada se posa en una de las grandes pantallas ¡Estoy siendo captado! Yo más que los restantes tributos ¡has algo! Le grito a mi cuerpo y veo mi sonrisa de oreja a oreja en la pantalla, el resto viene sin control, estoy saludando a la audiencia tratando de capturar toda clase de vítores.

— ¡Vean a estos valientes tributos Panem! Quienes se han puesto en peligro por un ser querido.

Dejo de saludar a la audiencia cuando veo el gran chico alto de ojos fríos que esta donde los tributos que salieron antes, Frevor, de camisa roja y pantalones oscuros, casi igual que yo. Nuestras miradas se conectan unos cuantos segundos y después nos dejamos de mirar.

— ¡Y ahora! — grita emocionado — ¡Nuestros vencedores!

En otra sección comienzan a aparecer los vencedores uno por uno, primero es

Johanna, luego Beetee seguido de Enobaria, Peeta y al final aparece Katniss.

Ninguno de ellos saluda al público, solo permanecen inertes mirando a la gente que enloqueció mas con su aparición. La chica en llamas esta cabizbaja y su cabello suelto cubre su rostro; no importaba si no querían llamar la atención, además de tener la fama suficiente, su ropa era muy llamativa.

— Miren esas sonrisas ¡miren ese entusiasmo!

— dice Caesar a las cámaras —

¡Elijan! ¡Elijan a su nuevo ganador!

Alzo la vista hacia el cielo inundado de fuegos artificiales, cientos de ellos.

— ¡Felices últimos juegos del hambre!

Miro al lado de los tributos, Frevor mira hacia donde los vencedores, yo lo imito y me encuentro con la mirada de Katniss, letal, con sed de sangre como lista para brincar a mi cuello. Si ella tuviese un arco ya tendría una flecha atravesada en el pecho, casi como en mi sueño tengo los pies atrapados en la superficie metálica; pero la única diferencia es que no me cubro con las manos y con su misma mirada yo le respondo: "No si yo te mato primero" y comienzo a descender nuevamente.

Han sido casi treinta minutos de elogios, cumplidos y de una que otra mentirilla de mis estilistas y me siento aliviado cuando Valer aparece.

— Dejen ya en paz al chico — dice este.

— Ya nos marchábamos — se adelanta

Lawrence.

Los rebeldes nos han traído de vuelta a unas casas especiales por ordenes de mi mentor, también lo han hecho con Frevor y unos otros tributos, ya que mañana estaríamos partiendo a la arena y este era el lugar más cercano a ella, para facilitar el transporte a los rebeldes que tendrían una tarea muy pesada con dos centenas de tributos que trasladar; mis estilistas son corridos del lugar y se despiden con lagrimas en sus ojos deseándome que la suerte este de mi lado.

— Lo hiciste bien — dice mi mentor.

— Eso ya lo escuche más de 50 veces en los últimos minutos — digo con un poco humor pícaro.

El ríe.

— Fue muy corto — le digo, sorprendido

— Es porque no estaba previsto — dice el mientras rasca su barbilla — la presidenta Coin se molesto un poco cuando se dio cuenta, pero fue lo menos que pudimos hacer para liberar a un poco más de la gente del Capitolio que ella aprisiono.

— ¿A que te refieres? — digo entre interés y

estupefacción.

— La presidenta encarcelo a los estilistas y restantes agentes de la paz — dice, un poco preocupado — para poder evitar el patrocinio de sus propios hijos, pero gracias a que Plutarch logro este evento pudimos liberar a un poco mas de la mitad de la gente en la cárcel.

El vinculo que el menciona con Plutarch me deja pensando unos momentos, la conclusión está llegando justo con la electricidad que me sube por la espina.

Me quedo meditabundo unos cuantos segundos, plan, juegos, comienzo a atar los cabos dentro mi mente como si fuese un rompecabezas y cuando al fin termino de poner en orden me doy cuenta de que desde que volcaron el carro en el que nos marchábamos del Capitolio, hasta mi mas reciente participación: todo había sido una trampa. Y si no hubiese tenido tanto miedo o no estuviese tan sumergido en mis pesadillas personales…

¿pero de que hubiese servido darme cuenta antes? Para ellos, yo estaba destinado a terminar aquí como otro tributo, los subestime demasiado cuando me pidieron cordialmente que formase parte de su plan, pero por mi culpa ahora tenían a Frevor también así que, más que odiarlos a ellos, me odiaba mas a mi mismo por ser tan estúpido.

— ¿Tú también estas involucrado? — digo asqueado.

— No supe, hasta que me llamaron del Distrito

9 — contesta afligido.

Su lastima, la de Lawrence, la de mis estilistas, la de mi padre me hacían sentir tan impotente como si supiesen que ya estuvieran viendo a alguien muerto.

— ¡Qué importo yo! — estallo en un grito —

¡Frevor y Denna están jugándose la vida por su culpa! ¿Y cuál es su maldito plan? — demando — ¿Qué Katniss salga viva a costa de nosotros?

— No Wil, no es así.

La sangre me bullía si no fuese porque los rebeldes entraron al lugar con aire imponente me habría lanzado a el, y armar un lio ahora empeoraría las cosas, si es que podían empeorar.

— Vete — digo.

— No pasa nada — dice Valer que comienza a salir junto con ellos, dejándome solo.

El cuarto es muy pequeño y solo tiene una ventana por donde entra la luz de la luna, los juegos comenzaban mañana antes de mediodía, ya no faltaba mucho. Si ellos habían hecho su plan era hora de que yo comenzara a hacer el mío y tenía en claro que ya no podría salvar a ninguno de mis seres queridos y que era mi turno para meterme con los suyos, si al menos no salía vivo de la arena también me aseguraría de que ninguno de los vencedores lo hiciera.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!

Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.

:D