Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


SEGUNDA PARTE: EL PLAN...

CAPITULO 10:

Hurgo entre las cosas de una de las casas, la que se ve más estable. Donde comienza la gran zona residencial, las demás solo parecían paramos hechos de lodo que se vendrán abajo en cualquier momento y mas con las raíces de la selva tragándose todas las calles del Capitolio.

Los restos de lo que queda, automóviles, aerodeslizadores, neveras, televisión y cualquier otro aparato que funcione con energía (de cualquier tipo) ha quedado completamente inservible. El ardor en mi pantorrilla se vuelve más intenso y el vendaje que le puse ya ha quedado completamente rojo y sé que si no hago algo, rápido empezare a tambalearme y seré presa fácil.

Oxido, sangre y suciedad, todos combinados en una sola aroma, de lo viejo y "bien arreglado" que se ve el lugar; esto debió haberles costado una fortuna y podría apostar de donde eran los fondos monetarios, de todos los agentes de la paz y sus familias; en resumen, haciéndolos tan pobres como la gente de los otros distritos. Poner todo eso solo para ambientar perfectamente la arena, donde todos los niños y adolescentes de este lugar se mataran, en su propio hogar.

Mientras busco profundamente entre alacenas y cajones tropiezo con una raíz que se atraviesa en toda la cocina como en zigzag, al igual que una serpiente. Uno de los cajones se encuentra atascado, o bien cerrado, sabía que la razón por la que estaba así era porque ahí dentro aguardaba algo, fuera bueno o malo, así que tomo mis precauciones.

Ensarto el cuchillo en uno de los agujeros, el que parece más grande, presiono y tiro de él, haciendo que el cajón salga volando del mueble y aterrice en el centro de la habitación. Me acerco con cautela y el cuchillo aun en mano, listo, por si había alguna trampa; y no la hay, solo 5 paquetes de envoltura metálica que rápido se esparcen por el suelo, esos paquetes me durarían para 4 días, o incluso una semana si se proporcionarlos bien. Pero la intuición llega más primero que el revuelco que me da el estomago. Antes de irme por suposiciones erróneas tomo los paquetes y los pongo sobre una plataforma que antes fue una mesa. Abro solo una ligera parte de ellos para ver el interior.

Tapo mi nariz cuando el olor rancio de meses llega hasta mis pulmones, dos de ellos eran carne y ya estaba bañada en moho cubriéndola de la negrura de la carne putrefacta. Los otros tres eran paquetes de galletas, dos de los paquetes eran los únicos que conservaban el color de las galletas que aun sirven, las galletas del otro paquete solo están resecas así que me deshago de lo demás y meto los tres paquetes de galletas a mi pequeño morral.

No hay muchas facilidades en esta arena, podría ser el lugar más cómodo de toda Panem pero la verdad es que no deja de ser tan mortal como los otros distritos. Las edificaciones, definitivamente no son una opción para esconderse, ni refugiarse, se ven sin soporte, podrían sepultarte bajo escombros y estar en estas casas era casi lo mismo a estar escondido entre arbustos, garantizan alojamiento pero no calor durante las noches. Entro al baño cojeando y veo que el cristal de un espejo esta hecho añicos dejando visibles algunos que otros recipientes y cremas guardadas en botes, al igual que con la comida comienzo a olerlos y a fiarme de mis precarios conocimientos médicos por que las etiquetas se han desmoronado.

Algunos no huelen a nada y algunos recipientes adentro solo contienen liquido que se ha cristalizado convirtiéndolo en algo tan sólido como la roca, dejándome nuevamente con dos botes que aun se mantienen en buen estado. Ninguno de ellos es exactamente lo que busco en estos momentos, huelen a hierbas naturales, no me servirían de mucho con esta cortada y si lo vertía solo reduciría la hinchazón, no el sangrado. Lo que sea que me haya mantenido absorto en estos momentos desaparece al instante cuando escucho el rozar de la tierra junto con el sonido de algo arrastrando, me volteo rápidamente haciéndome con el cuchillo firmemente sostenido en mi mano, salgo del baño y me tomo un segundo para escuchar con atención y determinar de dónde proviene el ruido, una vez que encuentro la fuente del sonido, me dirijo hacia allí, lo más silencioso que puedo, decidido a no ser la presa. ¿Y si es un vencedor? ¿Y si es Frevor? Dejo de especular cuando llego a la sala donde hay sofás rasgados, lámparas rotas y tierra por doquier, no hay nadie. Solo entra el aire por una gran ventana que esta a pocos centímetros del piso y la luz del medio día. La cortina que cuelga de esta, se mece con el viento, agujerada y café dejando relucir un paracaídas en el marco de la ventana. Su sospechosa presencia justo ahí en la ventana que se conectaba a la calle me dejo pensando unos segundos, podría ser una trampa.

Aun con cuchillo en mano voy en su dirección, si se claramente algo es que las cosas no llegan con facilidad y menos aquí, y también se que ningún patrocinador a puesto sus ojos en mi, sus expectativas ahora están puestas sobre los salvadores de Panem, a los que sienten que aun pueden sacar ilesos. Aguzo la mirada para ver cualquier cosa extraña sobre el pero no, ningún hilo o atadura y se ve muy bien sellado; ya estoy a unos cuantos pasos mientras miro del otro lado para ver si no me espera ese chico de ojos negros, si no es que fue devorado por esas criaturas.

No hay nadie, tomo de inmediato el recipiente con ambas manos y lo abro — esto no es para mí — me digo, esta apenas entreabierto como si el verdadero propietario solo se hubiera molestado en echarle un vistazo para después regalárselo a algún otro tributo, vendaje, gasas y alcohol…No quería hacer mas suposiciones estúpidas, así que no protesto mas y comienzo a atender mi herida.

Abro otra lata de atún y la como con la mitad del paquete de las galletas resecas, lo cual no marca mucha diferencia, estaban insípidas, pero lograban amainar de manera más efectiva el hambre y no puedo evitar pensar en las últimas horas en las que estuve en el bosque, de las criaturas que cazaban a los tributos como su comida y de aquel chico hiriendo a su propia compañera ¿habrá querido matarla para salvarla de esos mutos? Pero no lo hizo a tiempo, solo la dejo con más agonía sobre ella y esas cosas solo lo empeoraron. Aun puedo escuchar claramente como los dientes se sumen en la carne para arrancarla de un solo jalón y de los dardos que llovieron en ráfaga de la oscuridad de los arboles con veneno de Petrarmiga. Aún si han vivido rodeados de lujo y comodidades y una infinita lejanía a participar en los juegos del hambre, en el Capitolio había tantos profesionales como en los distritos 1 y 2. La noche llega y las palabras de Valer suenan en mi cabeza: "mantente en constante movimiento", las ignoro, se que está o estaba dispuesto a ayudarme pero yo marco las reglas en la arena, conforme el tiempo pase para hacer las cosas de manera efectiva, de acuerdo a mi plan, no al de ellos.

En la noche busco un lugar seguro en esa casa para dormir y opto por dormir entre un viejo sofá y un armario, que me cubren completamente de vistas de enemigos, no del todo protegido pero sería útil, doy el último trago a mi botella de agua mientras veo los rostros de otros 18 tributos mas que han muerto, nuevamente solo han sido del Capitolio las víctimas del día, ningún vencedor, ni Frevor.

Aquí es imposible escapar de mis peores pesadillas, mis hermanos corren con sus trajes de guerra en el bosque de esos horribles mutos y justo cuando estos brincan sobre ellos y abren sus grandes bocas es cuando me despierto jadeando con lagrimas sobre los ojos, me las limpio rápidamente y me pongo al tanto de la situación. La luz amarilla del cielo marca el apenas palpable amanecer, anoche no tuve tantos problemas con el frio, mi cuerpo no logro engarrotarse tanto como la primera noche.

Tengo que salir de ahí.

Buscar algún otro lugar, agua y también algo nuevo en que llevar las cosas que había encontrado pues el pequeño morral ya esta rebosante y deshacerme de algunas cosas seria una mera tontería, no habrá tantas cosas como las que encontré en esta casa, ni ningún otro desabrido tributo optaría por dejar sus premios para que yo pueda tomarlos.

Cerca de aquí los gritos de desesperación comienzan a propagarse por la calle que está justo en frente de esta casa, me asomo un poco y por el rabillo del ojo veo como cinco tributos, hombres y mujeres corren a grandes zancadas, huyendo, sin armas en sus manos, indispuestos a dar lucha. Un chillido animal- humano se escucha detrás de ellos y dos criaturas de piel pálida corren en cuatro patas tras los otros tributos.

Y segundos después se escuchan gritos de agonía suplicando piedad.

Los pies se me congelan y no puedo evitar sentir miedo, había visto sinsajos, charlajos, petrarmigas, rastrevispulas, todas esas armas del Capitolio hechas para sus planes viles, pero esto que veo, supera todo lo visto antes, ahora estoy más seguro, que por toda la arena habrán mas mutos, peores que los que ya había visto. Para el Capitolio en cuanto al terror que pueden causar. ¡Muévete!, lo hago, salgo hacia la calle al otro lado para ocultarme en un pequeño callejón de entre las casas, en frente de mi se oye el sonido de esas criaturas insertando sus dientes en la carne.

Sus garras suenan contra el asfalto, rasgándolo, indicando su marcha a otro lugar ¿era porque el suelo ya era muy delicado? ¿O sus garras eran tan duras y afiladas como el metal?, o peor, ambas cosas. Camino sin hacer ruido hasta ese lugar para ver si podría conseguir algo de provisiones antes de que los aerodeslizadores vinieran por sus cuerpos.

Han atacado a tres y aun están vivos, me doy cuenta por los espasmos que dan en sus charcos de sangre, los demás han huido con el chillido de los mutos sonando un poco distantes, voy en su dirección cuando veo que mas tributos mujeres saliendo de entre lo que antes eran casas, dando agiles saltos para salir por los vitrales rotos para agacharse sobre ellos.

Al primero que distingo de ellos es a Shenn, el tributo del bosque que corre hacia los chicos moribundos para tomar sus pertenencias, que debió unirse a ellas después del incidente en el bosque, por su aspecto de miedo pero aun mortífero me indica que él es ahora un subordinado en vez de un jefe. Lo mismo hacen otras tres mujeres, saquean sus pertenencias rápidamente mientras una está parada justo sobre la banqueta observando con el seño fruncido a su alrededor. Lo primero que noto, son los bambúes que forman los dardos sobre su cinturón, ella es su líder.

— ¡Apresúrense idiotas! ¡Podrían volver! — sisea la chica de los dardos, alta y de ojos grises. Su cabello castaño liso recogido en una cola de caballo, hay suciedad y sangre en su ropa y piel, dándole ese toque mortífero. Mientras con sus ojos desaprobatorios aprieta los dientes para ahora chillar —¡Apúrense!

— ¡Cállate y ayúdanos Seilid! — demanda una de las chicas que es tan grande como ella y también trae una docena de dardos en su cinturón.

Los chicos piden ayuda y ellos solo se molestan en tomar sus pertenencias, dos de ellos ya han perdido el conocimiento por la falta de sangre y otro chico, que parece tener unos trece años clave sus uñas en el brazo de Shenn, quien se suelta y le arranca la mochila. Mis ojos se mueven entre todos ellos, contándolos, son cinco en total, todos destacan por algo, son profesionales, lo sé por su forma de organizarse, por las provisiones que eligen, dejando de lado, mantas y tomando comidas y armas, además de los dardos que cargan en sus cinturones, incluido el de Shenn.

Me volteo para recargarme sobre la pared del edificio sobre el que estoy y escucho un jadeo proveniente del lado de la calle donde yo estaba, al tornarme pongo la mano sobre mi cuchillo sin emitir ningún ruido. Un muto. Camina en dos patas pero de forma erguida, sobre su espalda se forma una joroba que resalta más que cualquier otra cosa. Correr no serviría de nada, estaba a unos cuantos metros, así que mantengo mi mano en el cuchillo en el momento que decida brincar sobre mí. Pero su mirada está perdida en el cielo, deambulando, solo veo que los orificios que son su nariz, se contraen olfateando desesperadamente, está casi ahí pisándome los talones, su cercanía hace correr la adrenalina por mi cuerpo. Su mirada se posa en mí pero después mira hacia otro lado.

Son ciegos.

— Huyamos, ¡rápido! — dice una de ellas.

El muto se pone en cuatro patas y comienza a correr, pero no tras ellos sino hacia donde están los cuerpos que ya comienzan a ser llevados por los aerodeslizadores, el solo ruge en su dirección y desaparecen inmediatamente. Yo regreso en mis pasos y entro por el callejón para salir por otra calle donde ya no hay más peligros, aparentemente. Una pequeña corriente recorre mi cuerpo cuando noto la calle en la que estoy, es la misma por la que entro mi batallón el día que Snow cayó. Si quitamos la maleza que sale de las aberturas de la calle y lo mal que se ve el lugar, todo lo demás sigue igual, incluso el olor a sangre que corrían en esos momentos, sigue impregnado en el aire. Este lugar jamás se borraría de mi mente, solo tengo dibujado el mapa en mi mente de las siguientes tres cuadras, hasta donde llegue ese día. Cuando nos avisaron que el Capitolio había caído.

Algo siniestro ocultaba este lugar y lo pude notar hasta ahora, además de hacer la arena un lugar donde pelearan todos los habitantes del Capitolio. Quien quiera que haya estado involucrado en la elaboración de esta arena tenía algo mas entre manos, algo más que dar deleite al espectáculo ¿Por qué representar el Capitolio de esta forma? En ruinas, como lo llego a ser en realidad hace ya varios años…a menos que… se estuvieran refiriendo a toda Panem con este lugar para mostrar como serán las cosas de haber un segundo levantamiento y en este caso sería todo lo contrario, no representarían lo que hubo años atrás, sino lo que vendría con el paso de los años, una Panem reducida a cenizas, a nada. No creo que hayan hecho esta arena en dos semanas ¿habría contemplado Snow unos siguientes juegos del hambre, dando un mensaje a Panem o todo era obra de la misma Coin? Preguntas, preguntas y más preguntas a las que no podía hallar respuesta.

Solo hay viejas boutiques de ropa para los gustos lujosos de la gente que "murió" hace tiempo, ninguna donde pueda encontrar agua. Las ruinas del lugar se hacían visibles hasta más allá de los edificios más grandes, porque ya no quedaba mucho de ellos.

Mientras camino miro el interior de los lugares, donde solo hay maniquís que parecen incinerados de algunas partes, al igual con la ropa, hasta que llego a un pequeño establecimiento donde antes se vendía comida, pero ningún estante está ocupado por algún paquete de comida, cereal o pan — pero debe de haber agua — me digo, mi garganta ya comienza a sentirse seca.

Echo un vistazo a cada ángulo del cuarto, puedo estar entrando en la guarida de cualquier otro tributo, me adentro en la oscuridad, la posición del sol no ayuda a alumbrar el lugar y tampoco hay orificios en el techo que permitan su paso. Paso de largo una barra donde debió haber estado una vez una caja registradora, hay envolturas tiradas en el suelo, alguien ya paso por acá.

El lugar está sumido en total silencio, si alguien estuviera aquí ya lo hubiera notado. Paso a un singular cuarto donde antes debieron haberse guardado carnes, porque hay ganchos de donde cuelgan bolsas con agujeros. Mis ojos tiritan cuando veo una nevera al fondo, rectangular, metálico combinado con el color caqui del oxido, al llegar ahí una de las bolsas baila con el viento de los orificios en las paredes.

Levanto la tapadera y sobre lo que queda del metal veo en el reflejo como un chico se acerca sigilosamente a mis espaldas con uno de los ganchos en una de sus manos, un chico de cabellos negros enchinados, estaba rabioso. Sigo ahí fingiendo hurgar entre las cosas, me vuelvo un cazador —suelta un poco de cuerda a tú presa— me dice mi instinto.

—Maldito, ¡deja nuestra comida!— no pudo contener mas su rabia y se lanzo sobre mi alzando mas el pico para enterrármelo.

El pico roza el aire mientras me hago a un lado.

— No quiero robarte — digo, para tratar de amortiguar su rabia — solo busco algo de agua.

— Pues ve a buscarla a otro lugar— me dice, sus ojos verdes me fulminan mientras los dos guardamos la distancia, el también me ve y tiene en claro que no pienso marcharme ya que he encontrado lo que busco.

Entonces silba una melodía parecido al redoble de trompetas y tambores. Me está declarando muerte, y más que eso, no está solo, esa señal era para llamar a sus aliados.

Una chica que aparenta 15 años, corpulenta y robusta, de cabello corto, llega a acudir a su llamado, llevo la mano hacia mi única arma que esta adherida hacia mi cinturón.

—Ni siquiera lo pienses— me dice una voz femenina desde mis espaldas, está alejada, pero sé que esa distancia no vale cuando me torno para ver de soslayo, me apunta con un arco desde un agujero que da a la azotea.

—¡Mildred!— dicen casi al unisonó ambos chicos, esperanzados.

No bajaría las manos, ni me rendiría tan fácil, tenía en claro mis objetivos.

— Yo también traigo provisiones conmigo— les digo, todos están como estatuas y miran a mi morral, lo único que les importa.

La chica a mis espaldas ríe.

— Demasiado tarde, niño bonito — y la cuerda del arco en sus manos se tensa. Puedo resistir una flecha en cualquier otra parte de mi cuerpo menos la espalda y el cuello, corro hacia la izquierda levantando el morral usándolo como escudo para proteger mi cabeza, en efecto, la flecha se impacta ahí y antes de que la única chica experta en armas tome una flecha nuevamente, corro hacia la salida, donde la otra esta parada rígida como una barricada, no logro derribarla, pero si hacer a un lado, ella se aferra a mí con sus dos brazos y su otro compañero llega a auxiliarla, lucho contra el chico que es el único armado y los dos caemos al suelo del primer cuarto, pero antes de eso escucho el sonido del cañón.

— ¡Mildred! ¡Mildred! — grita la otra chica pidiendo ayuda ¿los abandono? Lo dudo, ellos eran tres y yo uno, podrían ganarme con facilidad pero en vez de eso lo que recibe en respuesta es una flecha en su pecho.

El chico chilla su nombre mientras esta se colapsa al suelo mientras su ropa de tiñe de rojo, dejando en sus ojos dibujada la imagen de su asesino, ¿Quién puede fiarse de alguien en la arena?

Aprovecho la debilidad del chico para tomar el cuchillo de mi cinturón y enterrárselo en su pierna haciéndolo revolcar para dejarme pararme y veo el pico que sostenía en manos, y no lo pienso mas, lo entierro en su espalda, asegurándome de que llegue hasta sus pulmones, él se queda inmóvil y ya no hay más que silencio en el lugar, mientras que en una esquina veo como una cámara ha captado todo.

Incluso mi segundo asesinato.


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