Holaa! Aqui otro capitulo!
Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.
CAPITULO 14
La adrenalina que invade mi cuerpo me hace darme cuenta de que el está siendo
perseguido por todos los tributos cuando corre hacia las escaleras que van hacia la azotea para escapar. Le estoy gritando a mi cuerpo que se mueva, que reaccione, pero sigo ahí mirando como un ratón desde el orificio de una cocina. El se mueve ágilmente sin esquivar a nadie, tiene el camino libre, pero si tan solo uno de ellos lo alcanza, morirá.
Una de las chicas rubias con dardos en su cinturón acomoda uno en la cerbatana para disparar, todos ellos comienzan a hacer lo mismo, ninguno acierta, ya está ahí casi en la escalera basta un salto para trepar y escapar.
Ahí es cuando Shenn lo envuelve con sus brazos.
— ¡Alto! — Seilid, su líder, parece paralizar el tiempo, el cual yo no me moleste en aprovechar.
Mas brazos se aferran a él para asegurarse que no irá a ningún lado, uno de los chicos le quita el saco de comida. Completamente quieto es cuando miro con más detenimiento todo lo que lleva con él: Su pierna izquierda esta vendada, las facciones de su rostro no muestran nada mas que no sea hostilidad y también trae un arco a juego con un carcaj amarrado a su cintura con varias flechas dentro color plata.
No sé que sentir exactamente, porque ahora yo no soy dueño de mi cuerpo. Me siento desconectado de todo menos de este lugar y de esta escena.
Seilid parece caminar seductoramente mientras blande un tubo de punta filosa muy delgado, parece presumir de su habilidad con el dándole vueltas de varias formas. Llega hasta ahí para ponerle la brillosa punta en la yugular. Si lo ayudo ahora mismo, los dos terminaremos muertos.
— Que hayas podido entrar aquí significa que tienes agallas — dice como si cada palabra que mencionara le agradara demasiado.
Pero bajo sus palabras se esconde algo mas, el también se percata de ello. El ardor en mi pie me hace volver. La puerta donde guardan sus provisiones está abierta y en estos momentos Frevor es su centro de atención, tengo que moverme.
— ¿Qué quieres? — demanda él en un tono de voz muy ronco.
Camino lo mas agachado que puedo para no hacer visible ninguna parte de mi cuerpo por los orificios. Me detengo una vez más para ver como Seilid le da vueltas al pequeño tubo para guardarlo, eso solo tiene un significado, tregua.
— Únete a nosotros — dice mientras la comisura de su labio se curvea. El parece meditar un poco sus palabras.
¡Avanza! ¡Avanza! Le ordeno a mi cuerpo, si el acepta su propuesta ahora tendré sobre mi diez tributos que me torturan hasta que suplique la muerte, sobre todo porque entre ellos esta Shenn, que parece odiarme más que a nada. También Frevor, que aunque es mi amigo, ahora parece imparable.
Nunca lo vi manejar un arma, solo me toco verlo rayando las paredes con los mensajes déspotas hacia Snow o cualquier cosa relacionada con el Capitolio, alguna que otra vez, robando comida pero ahora trae consigo un arco, determinación y un aire asesino. Ignoro mis estúpidos pensamientos y me concentro en llegar a la bodega de donde él salió.
Echo un último vistazo antes de ir por las provisiones, todo permanecen en su mismo lugar; como perros adiestrados. Entro haciéndome de un nuevo morral que trae tres latas de algún estofado, bayas y moras. Meto más a este de los otros sacos junto con una botella de agua, galletas, manzanas.
— Ese arco es muy lindo — elogia pero sus palabras siguen teniendo más sustancia de la necesaria — ¿Esta la chica en llamas contigo?
— No — brama pero el brazo alrededor de su cuello lo reprime.
— Te he dicho que ya no me ha seguido — se justifica la chica que hirió Katniss esta tarde, la que ahora trae vendaje sobre su brazo y espalda.
— Eres una estúpida May ¿crees que eso la detendrá para no venir a terminar lo que estaba haciendo? — dice poniéndose sobre su compañera. — aunque estaría bien que viniera, nos ahorraría el ir a buscarla.
Salgo, con la misma cautela pero una lata cae dentro de la bodega y eso pone todas las miradas sobre mí.
Empiezan a llevar cerbatanas, cuchillos y otras armas a sus manos mientras van en mi dirección, pero la lucha entre todos comienza.
Primero esta Sawyer, quien le corta las costillas a una chica con una de sus lanzas, esta cerca de la pared donde estaba yo anteriormente, veo como el líquido verde escurre por su brazo izquierdo, debió entrar cuando escucho el alboroto dentro y yo no me tome la molestia de desactivar por completo la trampa de dardos de la puerta. Después esta Frevor al que veo como saca un cuchillo de su cinturón enterrándoselo en el estomago al profesional que lo mantiene preso con sus manos. El da vueltas a su arma para asegurarse de dañar los suficientes órganos y por ultimo lo golpea para recuperar su arma nuevamente. Lleva la mano a su carcaj e inmediatamente dispara a la espalda del tributo que tenía el saco de comida que ya había robado, el chico chilla del dolor tratando de retirar la flecha de su espalda y suelta el saco, lo toma y sigue su camino hacia la azotea nuevamente.
Son cuatro los únicos que reaccionan disparando en mi dirección la lluvia de dardos, los otros quedan perplejos al igual que la vencedora Johanna que mira atónita su alrededor indecisa entre correr o luchar. Escapar no es de mucha ayuda y usar el saco como escudo no fue útil esta vez, tres dardos han dado en mi pantorrilla y en mis brazos; los retiro rápidamente pero siento como poco veneno ha entrado.
— ¡Vámonos! Es una trampa — brama Seilid — ¡Carguen todo y váyanse!
Las venas de mis pies sienten como mi propia sangre se torna tan solida como el concreto, es solo una, pero la electricidad y el dolor que se siente no me permiten seguir corriendo, ahora solo cojeo para ir hacia la salida. Del otro lado veo como Sawyer golpea desesperadamente su brazo dormido para hacerlo reaccionar, mientras más cerca del cerebro es la picadura de una Petrarmiga mas rápido es su efecto.
Todos empiezan a ir a la bodega para tomar sus cosas, protegiéndolas, todos menos uno. Lo siento cuando todo su peso está en contra de mí, Shenn que ahora me tiene contra el suelo, empujando su cuchillo contra mí mientras sonríe, sé que disfrutara verme morir. Tiene la batalla ganada por que los dos dardos en mi brazo han comenzado a entumírmelo, Sawyer no puede ayudarme porque todo su cuerpo está siendo tomado por el veneno de todos esos dardos que se le enterraron.
Shenn chilla y se contrae contra sus propios músculos quitándose de encima y cuando veo la flecha enterrada en su espalda lo entiendo, pero ahora Frevor esta apuntándome a mí; dibujando el blanco en mi pecho desde la azotea.
— « De acuerdo, dispara… » — pienso.
Se lo agradecería, empezar a vivir en carne propia el veneno de esta mutación, es insoportable, su fin no solo es paralizarte; también te quema por dentro y no puedes sobarte cuando todo tu cuerpo está paralizado, es un perfecto martirio.
¿Acaso es muy difícil hallar el camino de su flecha hasta mi pecho? ¿No estoy acaso lo suficientemente quieto?
— « ¡Dispara maldita sea! »
Lo piensa un poco más, tensa la cuerda y lo veo desaparecer junto con su ración de comida dando un ágil salto para irse de ahí. Al final Shenn se retira con el rabo entre las patas por alguna otra salida, y es el único que se quedo, se nota lo fuerte que son los lazos de alianza entre los profesionales.
Al levantarme siento como mis piernas están hundidas en agua por lo que me cuesta moverlas, veo las gafas ahí tiradas y si voy por ellas probablemente me quede tirado en el piso, no me distraigo, en cualquier momento pueden regresar a acabar con nosotros. Me echo el tirante del saco al hombro mientras reanimo a Sawyer, quien ha recibido más disparos. Lo levanto y llevo uno de sus brazos a mi hombro, lo empujo hacia la salida y escucho el único cañonazo del chico que mato Frevor, giro a la derecha en una carretera demasiado angosta, yo soy el único lo demasiado consiente para tomar decisiones ya que Sawyer no para de gemir. Sigo moviendo mis manos, puedo verlas pero ya no puedo sentirlas. A cuestas e hiperventilando entramos a uno de los aerodeslizadores derribados, está inclinado pero nos servirá de escondite mientras dejamos que pase el efecto…si es que pasa.
El se deja vencer por el propio peso de su cuerpo acostándose en el frio metal y segundos después lo veo totalmente rígido como una roca con sus ojos cerrados, el veneno hizo su efecto. Yo también he perdido la fuerza para mantener los ojos abiertos así que me dejo vencer finalmente por el veneno. En lo silencioso que esta el lugar, puedo escuchar claramente los latidos de mi corazón que ahora late llevando agujas por mis venas.
Por ratos, las punzadas van y vienen, se van pero regresan con más intensidad en todas las partes de mi cuerpo, una, dos, tres veces me dan espasmos que me hacen creer que se me han roto los huesos, o tal vez deberás están rotos, el veneno reconstruye mi cuerpo y lo quiebra, así en un lapso de tiempo que parece interminable, mi cabeza tampoco parece estar en su mejor condición ya que la cabeza me duele, mas bien, todo me duele. Siento que mi cabello pesa, que mis dedos, manos y piernas sobran y me provoca arrancármelos, quitarme todo lo que represente dolor.
Al poco rato siento como si uno de mis brazos se hubiese podrido y desprendido de mi, escucho como parece rodar por el aerodeslizador inclinado pero lo poco que me permite el veneno permanecer conectado a la realidad me hace sentir que sigo en el mismo lugar donde me acosté…con mi cuerpo completo. Las torturas de dolor no terminan y después de un rato te olvidas del tiempo.
Quiero abrir mis parpados pero no puedo, no sé cuánto tiempo han estado cerrados, algo me quema la cara; no es la sensación que sientes cuando te acercas al rojo vivo, algo un poco más ligero. Cuando parezco tener noción de la realidad siento que es el sol, los tenues rayos que salen de las nubes que aun no dejan caer lluvia, poco a poco recupero la movilidad de mi cuerpo hasta que este mismo me avisa que está demasiado entumecido como para hacer movimientos bruscos, mover tan solo los dedos supone un gran esfuerzo.
Voy a rastras donde esta Sawyer hecho un ovillo y reviso su pulso, sigue vivo. Estiro mis manos y mis pies sin dejar de pensar en lo sucedido, mis imprudencias y mi falta de atención casi nos cuestan la vida a ambos; pero por alguna razón los profesionales no nos pusieron demasiado empeño, creyeron que los habíamos emboscado.
Me asomo un poco por la puerta y veo otras columnas de humo, han explotado mas bombas. Lejos de aquí más al sur del Capitolio. Examino un poco y me doy cuenta de que estallaron en otro orden, el humo se extiende como una serpiente alrededor del cielo marcando como explotaron las bombas esta vez, como media luna, como a cuatro cuadras de aquí.
El suelo comienza a vibrar y más bombas explotan de la misma manera que las otras, lejos, pero ahora en una zona distinta. Doy un salto para salir del aerodeslizador, detrás de nosotros esta la otra columna de humo que la da continuación a la media luna, haciendo que rodeara casi toda la arena. Mis pies son los que me avisan que la destrucción de la arena aun no ha acabado, ahora las llamas se propagan por la parte sur en una delicada línea recta…por el estadio.
¡Craig! ¡Él y su hermana nos están esperando ahí!
Entro en el aerodeslizador rápidamente y me pongo de cuclillas cerca del cuerpo inmóvil de Sawyer, el dolor aun esta dibujado en su semblante, aun tiene veneno corriendo por su sangre, pero está consciente de su alrededor.
— Sawyer, escúchame — comienzo algo dubitativo sacudiendo un poco su cuerpo para asegurarme que este oyendo — han volado mas partes de la arena, volveré con Bree y Craig a este mismo lugar — me quito la lanza que jamás use para dejársela.
Escondo la bolsa de comida en uno de los gabinetes de ahí mismo, muevo a Sawyer al área del piloto que es la mejor protegida. El aerodeslizador no está lo demasiado escondido, pero es el mejor refugio entre todo lo de ahí. Salgo y los sinsajos que vi en la primera explosión repiten otra vez la sinfonía de gritos, corro conforme el camino que seguimos, el cuerpo parece reaccionar mejor ya. No estuve atento a cuantas veces sonó el cañón hace unos minutos, me imagino lo peor.
No hay mutos tampoco en este día, no los escucho por ningún lado, ya todos deben estar sobrellevando las consecuencias de tener espacio reducido en la arena. Llego a un punto en el que un pilar entero del puente que surca el cielo bloquea el paso hacia donde se encuentra el estadio o lo que queda de él, me preocupo en encontrarlos a ambos debajo de los escombros, si es que los encuentro. Por otro lado está también Frevor, verlo así me da por seguro que estará entre los finalistas o al menos que será lo bastante listo como para saber que mientras más alejado estés del precipicio las explosiones no te alcanzaran.
Hago cálculos en mi mente desde que sonó el gong al principio de la arena, atravesando el bosque, encontrarme con el niño que me visualiza como a alguien de su familia, los mutos, los vencedores…ya quedábamos cerca de 40 tributos en la arena. La lluvia comienza a caer a borbotones acompañada de los truenos y me detengo un poco para llevar un poco a mi reseca garganta.
Sigo mi camino y veo que el estadio, la mitad de él se está yendo al precipicio, tiro una maldición al aire y voy ahí tan rápido como me lo permiten mis piernas. Ya estoy ahí en la puerta del cuarto donde los dejamos, no hay nadie. Siento que el aire no alcanza mis pulmones, entro a buscar rápido o puedo irme al vacio junto con todo este lugar. Lo único que encuentro es el morral vacio como en un mensaje para mí y para Sawyer, siguen vivos, si se siguieron moviendo hacia delante ambos tienen que estarlo.
Incluso en la lluvia la tinta de mi playera se mantiene intacta, aprovecho la lluvia para limpiar mis heridas y no se infecten. Los vigilantes deben saber que conseguir comida aquí es como buscar una aguja en un pajar, y que no se diga del agua, pero no harán llover por mucho tiempo. Ya después de terminar con mis heridas me muevo más hacia delante revisando bien todas las calles tratando de buscar algún indicio que me llevara hasta ellos, algo, una señal.
Levanto la mirada para ver como uno de los pocos sinsajos repite una melodía muy chillona, como si sus silbidos estuviesen imitando sollozos. Preciso bien las cosas, no puedo saber cuántos niños quedan en la arena pero yo conozco a uno de ellos así que atravieso la calle hasta el otro extremo del local de donde salió el sinsajo, al querer echar un vistazo dentro esta todo oscuro, los sollozos persisten. Entro sobre la estantería y me pongo de cuclillas para tratar de ver más al fondo, pero no encuentro el origen del sonido hasta que la pequeña figura y su cabello que parece brillar salen de un rincón del lugar, estaba bien escondido. Sus ojos titilan y dejo que me invada el jubilo.
— ¿Wil? — dice con una débil voz que apenas capto.
No sabía si haría bien en preguntar, podía estar llorando por varias razones, por su padre, por nosotros, por miedo…por su hermana, así que suelto:
— ¿Dónde está Bree?
No responde. Me abro paso entre las cosas para ir directamente hacia él, se ve destrozado y si no quiere responder solo puede significar una cosa, no lo cuestiono más. Me quedo hincado esperando a que me de algún abrazo para aliviar su pesar pero no lo hace.
— Se fue — dice al fin.
El cuerpo me responde con una sola punzada y al principio mal interpreto sus palabras, por que aun así el viviera aquí, entendía que siempre hubo gente a su alrededor muriendo. Así que usar la palabra muerte no es difícil, su hermana lo ha abandonado y ahora tiene miedo incluso de que alguno de nosotros le haga lo mismo, me lo indica lo lejos que está el de mi. Bree ha optado por sobrevivir por su cuenta o no quiso seguir corriendo peligro por cuidar de alguien aquí. No pienso más en ello o terminare gritando su nombre, no puedo siquiera permitirme pensar cuanto tiempo lleva solo aquí el pobre niño, se ve un poco demacrado, lo más seguro es que no haya comido aun y todas nuestras provisiones están en el aerodeslizador donde esta Sawyer.
A los pocos segundos Craig me abraza y yo le regreso el abrazo, se queda en mis brazos llorando hasta que al final, vencido se queda dormido en mi regazo después de haberle cantado la melodía que me cantaba mi hermano. Lo que hiciera no tendrá comparación contra ese demonio que lo perseguirá de ahora en adelante, darle consuelo es lo único que puedo hacer. Yo no me siento lo demasiado cansado como para dormir, además así pude observar como hay 14 muertes mas, en los que reconocí al chico del grupo de los profesionales, pero poco antes de que mi cuerpo este por contradecirme y perderme en sueños el chapoteo desesperado de alguien corriendo me hace volver en un santiamén. Levanto a Craig con algunos murmullos para estar alerta a la situación.
— ¡Katniss! — demanda su voz — ¡Sal de ahí Katniss!
Es el chico del distrito 12, Peeta Mellark. Lo oigo rugir su nombre una vez más y corre más al centro la ciudad. Si ella está cerca de aquí no nos conviene mantenernos en este lugar.
No me pongo contemplaciones ni me dejo llevar por el sentimiento, decido darle un arma al chico que conseguí ahí mismo, un fierro afilado con punta oxidada. Trazamos la misma ruta para llegar hasta donde se encuentra Sawyer. Avanzamos hasta que más adelante escuchamos otra vez que el chico llama a Katniss otra vez pero de forma un poco mas ahogada, nos escondemos detrás de un auto, nadie aquí puede andar sin hacer ruido en el agua. Al asomarme me doy cuenta de su nueva situación, esta como a diez metros, tiene una flecha enterrada en la pierna y otra en la parte baja de su espalda, descansando sobre un charco carmesí, hace un esfuerzo por levantarse pero no lo consigue.
— ¡Ella quiere matarte Katniss! ¡Ella no quiere sacar a nadie vivo de aquí! — brama furioso Peeta al piso mientras logra quedar un poco suspendido de el
— ¡No seas una pieza de su… — no termina la frase cuando cae al piso y deja relucir una nueva flecha en su espalda.
Su cuerpo da un espasmo y el cañón suena. Katniss ahora está cerca de ahí y camina hacia donde está su amante quedando a su lado. Pongo mi brazo sobre Craig para que no se mueva, noto como su trenza cae hacia el frente mientras se agacha para apartarle un mechón de cabello mientras le acaricia su rostro, diciendo una última cosa:
— Perdóname Peeta.
Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!
Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.
:D
Siganme en twitter: "emelmarinaCyrus" doy Followback
