Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.

Siento los errores, disfruten la historia )


CAPITULO 21

Todo empieza a mezclarse dentro de mí. Como vi a todos los tributos al inicio de la arena, como vi a los mutos destrozar a la chica, a Craig corriendo hacia mí y finalmente los números rojos, todo se mezcla para dar paso a la euforia que siento cuando me doy cuenta de que esta es la última pieza del rompecabezas.

Pero esta vez todos estamos acorralados, todos, junto con los profesionales que son 5 en total, el otro tributo no pertenece a su grupo y debe estar escondido en algún lugar. Parecen gritar lo mismo que todos estamos viendo en estos momentos, la mansión se está convirtiendo en un infierno así que no servirá de nada entrar a menos que quieras morir incinerado; pero lo mismo es aquí afuera, no hay lugar para escapar, al alzar una vez más la mirada el color plateado de todos los paracaídas que se dirigen al jardín me quedo perplejo.

Viro hacia Katniss y en su mirada esta lo mismo que en la mía: desesperación. De alguna manera ambos sabemos que pasara.

— Hey ustedes — murmura Frevor haciéndonos señas para tratar de pensar en algo rápido, cuando el primer paracaídas toca el suelo sabemos que el tiempo se nos ha terminado.

— Síganme — dice Katniss mientras corre para salir de los rosales.

Al salir los paracaídas no es lo único que nos mantiene lo suficientemente ocupados, poco después los profesionales gritan: ¡Ahí están! E inmediatamente Frevor y Katniss posicionan unas cuantas flechas en sus arcos para disparar en su dirección, en estos momentos ellos también saben que les conviene mas matarnos para ya después ocuparse de sus propios compañeros para terminar tres como al final de todos los juegos del hambre. En estos momento nosotros tenemos más valor que los paracaídas que contienen premios, pero ni siquiera ellos saben eso ¿o sí? Si la historia fue tal y como la escuche tal vez entre ellos debe haber alguien que sepa sobre las trampas de los paracaídas.

— Resguárdate — alcanzo a escuchar a Frevor mientras posiciona otra flecha más en su arco.

Me adelanto, con mi pierna en este estado y con mi arma no puedo hacer prácticamente nada. Corro hacia la parte trasera de la mansión, la única parte que parece ser la más segura de todo este lugar. La criatura brama una vez más pero esta vez el rugido ya no se escucha tan contenido, solo puede significar que hayo su camino para salir de la mansión.

Por donde quiera que mire solo están los arbustos de rosas blancas que rodean toda la mansión y las regadoras de césped que no paraban de regalarlas, pero ahora como todo se ha salido de control el agua no deja de salir provocando que se hagan charcos de lodo.

A mis espaldas escucho como la cuerda del arco se tensa demasiadas veces en los brazos de mis compañeros, no sonado el cañón, nadie ha muerto. La electricidad recorre mi cuerpo al ver lo siguiente: Mas paracaídas, que no dejan casi ningún espacio vacío de entre todos los lugares, todo lo que queda de la mansión no tardara en estar repleto de eso recipientes plateados porque el aerodeslizador no para de dar vueltas a la mansión, es como si estuviera dejando las trampas justo en los lugares donde nosotros estamos.

— Es uno de ellos — grita una chica pero no se refiere a ninguno de nosotros, porque en este momento somos todos ¿o no? Voltear y detenerme significaría mi muerte — ¡Miren! — exclama una vez mas y no puedo evitar mirar arriba.

Comprendo su conmoción mientras sigue gritando lo mismo porque de entre los paracaídas hay uno enorme; tanto como en el que recibí la noche en que matamos a Enobaria, Seilid, su líder comienza a alentarla para que se hagan de lo que sea que hay dentro, pero no solo a ella, si no fuera por el constante ruido de cosas ardiendo hubiese escuchado sus nombres y lo que sea que estuviese gritando.

— ¡Se marchan! — oigo vociferar a Frevor.

Al quedarme parado y voltear hacia el lugar donde cayó el paracaídas dorado veo como 2 tributos, una chica de cabello castaño y un chico de cabello negro se

acercan especialmente al gran paracaídas dorado buscando abrirlo de manera desesperada, al lograrlo sacan grandes trozos de carne.

Escucho el aerodeslizador detenerse justo arriba de nosotros y veo otros paracaídas caer. Seilid nos ve con furia desde el otro lado de la mansión y se marcha ¿creyó que pelearíamos por ese gran paracaídas? Mala jugada.

Al menos todos los demás paracaídas que se encuentran alrededor de los chicos que se acercaron a la comida estallan regando completamente de sangre todas las rosas blancas. Estamos a punto de alejarnos de la cadena de explosiones y de los paracaídas que están a punto de caer en nuestra zona pero inmediatamente estos también estallan llenando el cielo de nubes rojas, dejándonos ahí en el suelo, sintiendo el calor de las bombas en nuestras espaldas.

Alguien grita algo, un profesional, mis compañeros, me pierdo por unos momentos en los que el mundo parece estar viniéndose abajo, completamente, la mansión se torna inestable como en un temblor que demolerá el soporte de lo que sea que lo sostiene, fue casi de la misma manera que cuando el muto me azoto contra el asfalto pero ahora hayo dentro de mi boca la sangre, su sabor. Y el dolor que arrastra por todas mis articulaciones me deja tan rígido como el veneno de Petrarmiga.

— ¡Quédate! — me dice alguien.

Sus palabras tardan un poco para llegar a mí, siento como mi cuerpo es azotado de nuevo por la explosión que fue justo en mi oído izquierdo el que ahora zumba y eso es lo que poco a poco me hace volver: el dolor. Mi visión parece recuperarse de su inestabilidad pero ahora solo escucho muy poco, pero lo veo con la sangre corriendo de su sien de una herida reciente, Frevor.

Viene el mismo flaqueo contra mi cuerpo para levantarme y poco a poco mis piernas se van encargando por si solas de sostener mi cuerpo y veo a la chica diciendo más cosas. Mis sentidos parecen terminar de ponerse en sincronización a excepción de mi oído izquierdo que está caliente y cubierto de sangre, cuando los paracaídas estallaron convirtieron este lugar en algo nuevo lleno de grietas y ahora ni siquiera el verde y blanco saben hacerle diferencia, ahora el ambiente se ha transformado en algo que solo está cubierto por sangre, llamas y cenizas.

Estamos parados sobre un paramo de tierra que parece estar algo libre de lo que sea que hayan liberado las bombas, porque ahora la tierra parece piso volcánico y además de eso sigue tan caliente que inmediatamente el cuero de las botas comienza a derretirse, el agua de las regaderas parece estar tratando de acabar con eso. Tuberías que se han vuelto una fuente que lanza chorros de agua al cielo y termina bañándonos dejándonos con ese olor típico de agua del Capitolio.

— Demonios… — dice Frevor.

Lo veo mirando de perfil al otro extremo de la mansión justo donde explotaron los paracaídas que mataron a los tres profesionales, su hocico escurriendo sangre mientras parece oler los miembros de los chicos uno a uno como asegurándose de que deberás estuvieran muertos o en buen estado para ser comidos, no podía saber para qué atrocidades habían programado a este nuevo muto.

Hasta que su mirada se posa en nosotros es cuando sus fosas se contraen y nos enseña todos sus filosos dientes cubiertos del liquido escarlata, desde mi ángulo parece una sonrisa, por mas, humana y eso hace que la piel se me erice del miedo.

— Dispérsense — dice Katniss mientras toma una flecha de su arco — yo me encargo de él, el plan sigue siendo el mismo.

La criatura inmediatamente se agazapa para correr justo a donde estamos nosotros y Katniss hace lo mismo que la última vez que ellos dos estaban frente a frente, posiciona la flecha en su arco para apuntar donde se encuentra su corazón que se hincha sobre su piel cada vez que este late. La suelta, da justo en su corazón y la criatura ruge poniéndose en cuatro patas, una criatura totalmente erguida y ahora mide cerca de 10 metros y eso es lo último que mis ojos ven cuando volteo para seguir con mi camino.

El rugido de frustración de la criatura viene acompañado de uno más de dolor, su piel podría ser tan dura como la roca pero su corazón seguía siendo tan sensible como una hoja de papel.

— ¡Dame tu arma! — me pide el mientras extiende sus manos.

— ¿Qué? — me quedo estupefacto ¿acaso quería dejarme desarmado?

Nos detenemos mientras él se descuelga su carcaj de su cintura y me da su arco, dándomelo como cuidando de que este no se me fuera a caer de las manos.

— Sabes usarlo ¿no es así? — me dice, pero él sabe la respuesta así que no respondo, el me vio usar esta arma, me vio hacer nudos, desactivar trampas y cientos de cosas más.

— Yo me acerco a ellos — dice mientras amarra el carcaj de la misma forma en que él lo traía con cuatro simples flechas dentro — y tú te encargas de ellos mientras yo los desvió hacia la criatura ¿de acuerdo?— no sé si es la sangre la que aun me mantiene absorto en mis pensamientos pero algo está en claro, arriesgara su vida — ¿de acuerdo? — repite una vez más altisonante.

— De acuerdo — me limito a contestar y él se adelanta mientras yo le cubro la espalda.

En un momento no estoy en la arena ni consciente de que ahora tengo en mis manos el arco dorado y que es tan ligero como una pluma. En vez de eso, estoy justo en el lugar donde ocupe el lugar de Denna, donde ni siquiera a ella la pude poner a salvo y ahora él, se toma los mismos riesgos que como yo al inicio y eso me parece injusto, pero cuando escucho el sonido del metal blandiéndose con este mismo me doy cuenta que tengo que volver a la realidad pero me lo impide un poco la percepción de mi con la sangre saliendo de mi cabeza.

La chica de ojos grises, Seilid, tiene armas que solo vi pocas veces, porque desde luego muy pocos tienen la habilidad de usar esos instrumentos o mas mejor, de convertirlos en armas; estos eran ganchos plateados que eran tan grandes como sus manos, uno era puntiagudo por ambos lados y el otro tenía un gancho terminando también en una punta tan brillosa como el acero inoxidable, la veo en una batalla interminable contra Frevor que espera que le cubra la espalda. El termina en el suelo por culpa del gancho encaramado en su pie y las otras dos chicas aparecen con sus cuchillos de manera peculiar.

— ¡Aléjense! — me encuentro gritando mientras pongo dos flechas en el carcaj para asegurarme de tenerlas lo suficientemente a tiempo para acomodarlas y desde luego mi grito logra captar su atención y busco los blancos que eran letales y suelto la cuerda.

Una da en el hombro de la chica de cabello corto rubio pero la quita inmediatamente, pongo la otra flecha en el arco cuando escucho el chillido de Frevor siendo atravesado en su pierna izquierda mientras trataba de arrastrarse por el suelo « ¡Maldita sea! ¡Apresúrate a traer a ese imbécil aquí! » Pienso mientras escucho los alaridos del presidente Snow, Katniss debía estar sin salida en algún lugar que encontró por ahí porque desde hace un buen rato que escucho como los rasguños están insaciables contra la pared, como si estuviese escarbando el concreto.

Frevor se incorpora cuando camino para convertir a Seilid en mi nuevo objetivo, solo me quedan dos flechas en el carcaj. Una de las chicas se acerca con gran ímpetu en mi dirección, la que herí en el hombro pero la punta de una de mis flechas se encuentra rápidamente contra su pecho y cae derribada, muerta, el cañón suena y su compañera que hasta ahora no había notado que es su gemela por su gran parecido, queda atónita cuando mira a su gemela tirada con la flecha en el pecho, pero me sobresalto una vez más cuando el sonido del cañón viene nuevamente.

Desvió mi mirada al otro lado de la mansión donde proviene un posible alarido de victoria, Katniss está muerta. No se precisamente que es lo que me golpea en el pecho pero lo hace con la suficiente fuerza como para quedarme absorto por unos segundos lo cual me deja vulnerable ante las otras chicas que podían cortarme el cuello cuando quisieran, ¿pero qué es exactamente? Nunca desarrolle una especie de lazo efectivo hacia ella, ni estaba en mis planes hacerlo, pero no puedo evitar sentirme así por dentro.

— ¡Huye! — me grita Frevor desde el otro lado mientras las zancadas de la criatura se dejan escapar por toda la mansión, en señal de que ahora viene por nosotros.

Lo ignoro, acomodo una de las dos últimas flechas en el carcaj para disparar a cualquiera de las tributos mortíferas que se encontraban atacando a mi amigo, lo suficiente para que huyera de ahí de todos modos yo con esta pierna no podría llegar a ningún lado.

¡Somos 5 solamente!

Nosotros y el otro chico el que seguro debió encontrar un punto siego entre todo este infierno y espera a que los tres vencedores sean proclamados, pero no me importa la cobardía del chico, si podía matar a Seilid y la gemela podía salvar a Frevor y salir de aquí. Suelto la cuerda pero la chica alza algo parecido a un escudo hecho con metal procedente de cualquier chatarra.

El muto llega ahí y me toma por sorpresa ver como hace a un lado al grupo de chicos que se encuentran peleando mandándolos en distintas direcciones arrastrando por el suelo, desde luego su objetivo no son ellos, sino yo. Me preguntaba si esta es la venganza de los vigilantes por haberlos amenazado de muerte, pero fuera lo que fuera no podía verse tan obvio, el brillo en los ojos del muto se vislumbra cuando ve mi arco y en un segundo entiendo, en uno de los intentos de que no se viera que esta trampa estaba dispuesta a matar a Katniss la hicieron con un propósito menos indecoroso pero igual de efectivo.

La criatura atacaría a cualquiera que tuviera un arco consigo ¿Qué tan mal podía verse eso? Quién sabe, pero esa es la especialidad de la criatura.

Sabía que no había escapatoria así que no me molesto en dar un paso atrás, solo cierro los ojos deseando que Frevor salga vivo de aquí, pero en vez de eso yo también salgo volando a un lado cuando escucho el viento de que algo paso rosando junto a mi rostro abro los ojos del golpe, veo como una flecha se inserta en su corazón dejando otro orificio donde la sangre emanaba en un liquido muy diminuto, como si esas injurias fueran apenas rasguños pero desde luego, eso son, la criatura solo se retuerce. Al ver de dónde proviene la flecha veo a la demacrada chica en llamas jadeando del otro extremo, entonces quien murió fue el chico.

La criatura ruge mostrando todos sus dientes y una piedra da justo donde se encuentra su ojo, la piedra la aventó Frevor, la criatura se pone rabiosa en ese segundo y voltea una vez más a donde se encuentran Frevor, Seilid y la gemela de cabello rubio.

— ¡Olvídate de la criatura! — le chillo a Katniss que al parecer tenía muy en serio la lucha contra la personificación del presidente Snow.

Frevor se abre paso para rodar por el piso y una flecha de Katniss va directo al cuello de la gemela dejándola vulnerable a la criatura que la toma con los dientes

para hacerla pedacitos con solo sacudir su mandíbula, se vuelve loco y sus garras se mueven a su alrededor haciendo volar a Frevor a los charcos de lodo, Seilid se estrella contra la pared y deja una línea roja conforme su cuerpo desciende. Pero el sigue vivo y finalmente somos tres.

…¿Las trompetas? ¡¿Por qué no suenan las trompetas?!

Pero en lugar de eso no sé si la sangre ya me segó lo suficiente o no vi cuando apareció el aerodeslizador, pero del cielo caen lo que parece ser el ultimo dote de paracaídas que les quedaban justo donde estamos todos. Desde luego ni a los vigilantes ni al muto parecen importarle que hemos llegado como los tres vencedores por que inmediatamente la criatura ruge nuevamente al aerodeslizador que se hace visible poco después, distrayendo al muto de nosotros tres.

— ¡Tienen que acabar con la tiranía de Snow! — dice una voz y veo a Plutarch Heavensbee — ¡Acaben con él y con su reinado de terror!

¿Qué?

Entonces, simbólicamente como los últimos vencedores tenemos que dar esto por terminado para siempre. Porque en realidad nunca acabo, y todo se vio interrumpido cuando Katniss apunto a la Presidenta Coin y la llegue a odiar tanto por eso que no puedo evitar mirarla y tomo la ultima flecha para posicionarla en su dirección, pero mi puntería se ve interrumpida cuando nuestro breve descanso termina y el muto se encuentra acechándonos nuevamente.

— ¡Los paracaídas! ¡Para eso son los paracaídas! — grita Frevor desde la espalda de Snow.

El muto parece dudar en quien hacer trizas primero, pero cuando recuerda para lo que fue programado va directamente hacia mi nuevamente. Entonces la lanza se entierra tan profundo en la pantorrilla de Snow que este chilla en un nuevo sonido gutural que viene de su boca, Frevor continua enterrando la lanza lo mas que puede y yo posiciono la flecha para dar directamente en su corazón provocando otra herida mas que no es tan visible como las otras pero con tantas heridas como esas ya debió haber perdido una cantidad considerable de sangre.

— ¡Sal de aquí! — me empuja la chica para que salga del campo minado en el que estamos parados y al verme vacilar por verlos a ambos ahí repite —: ¡Vete!

Cojeo hasta encontrarme sostenido de un gran pilar que está a pocos metros de ellos, me siento impotente y estúpido, estoy desarmado mientras Katniss utiliza sus últimas flechas para causar más heridas en su corazón, ¡Sus flechas! Recuerdo que tengo una de ellas en mi pierna y me la quito como puedo de entre todos los vendajes.

El torso del muto es tan carnoso que sus garras apenas alcanzan sus patas, así que Frevor está ahí usando toda su fuerza para enterrar el pico mientras Katniss dispara directo al corazón.

— Sal de ahí, ¡rápido! — grito cuando veo uno de los paracaídas iluminarse detrás de el.

Finalmente tengo la ultima flecha en mis manos y la posiciono en el arco mientras los veo a ambos corriendo, la criatura está dispuesta a alcanzarlos con sus garras pero uno de los paracaídas que está cerca se me adelanta y salgo una vez más suspendido por el aire, quiero posicionar la flecha nuevamente cuando veo como la garra llega a la pierna herida de Frevor, Katniss se percata de ello pero es demasiado tarde cuando da un brinco para salir de ahí pero yo al contrario me encuentro balanceándome para ir ahí adentro aun significara mi propia muerte, gritando.

Pero el resto de los paracaídas estallan y con ellos suena el cañón que anuncia la muerte de mi amigo.

La explosión a alcanzo parte de mi y siento como parte de mi torso está ardiendo pero aun no estoy muerto por que el dolor se propaga por todo mi cuerpo dejándolo ahí tirado.

— ¿Wil? — dice una voz y espero que sea él, pero es la chica en llamas que inmediatamente se convierte en la imagen de Denna.

Ahora alejado de ella, y verlo a el morir frente a mis ojos me siento vano de todas las esperanzas que yo mismo cree desde un principio. Tal vez Denna puede estar

muerta y me hicieron creer que seguía viva para asegurarse de que no me volvería loco aquí dentro pero ahora eso no importa, me siento tan ido y concentrado en el teñido ámbar del cielo, que no me doy cuenta de nada hasta que un último sonido me atrapa.

Las trompetas suenan y el chirrido de otra cosa viene con ellas, al principio veo la mitad de su rostro empapado de sangre, distingo el delgado tubo metálico atravesándole el estomago a Katniss Everdeen, en una posición muy forzada, después la imagen se vuelve más nítida y veo que Seilid no murió, está ahí estirando el brazo para alcanzar bien a la chica en llamas, ella se estremece de pies a cabeza y cae ahí, cerca de mí.

— ¡Damas y caballeros! Me llena de orgullo presentarle a los vencedores de los últimos juegos del hambre — dice la voz de Plutarch que parece vacilar por lo recién sucedido, tal como yo, tal vez como todos — ¡Wilbert Devonhall… y Seilid Corseb!

Parece atragantarse para evitar no decir que la chica en llamas acaba de morir y que el cañón que sonó hace pocos minutos en realidad fue de la chica rubia y no de Seilid que no esta tan muerta, ahora se encuentra tan sonriente y da saltitos de felicidad por haber escuchado su nombre.

La sangre de la chica en llamas llega a mis manos, de la misma manera viene el olor de las rosas blancas que aún quedan y con todos estos, vienen los recuerdos de todo lo que había vivido hasta ahora. Todos esos juegos del hambre, donde solo había un solo vencedor, sin importar que, hasta los numero 74 pero hasta entonces todo seguiría siendo igual y lo hubiera seguido siendo. Me encuentro estirando mis dedos para recuperar la flecha y ponerla nuevamente en el arco, la flecha con la que no pude salvar a Frevor y la direcciono justamente hacia la chica que no para de dar saltitos, pero ella no me nota por que está muy ocupada en su bailecito de victoria, desde el suelo la contemplo una vez mas y digo su nombre, como era de esperarse ella voltea instintivamente y la flecha da justamente en la cuenca del ojo que aun parecía tener en buen estado. La gran curva parece quedar dibujada en su rostro cuando cae muerta al suelo.

— Felices últimos juegos del hambre — son mis últimas palabras.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!

Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.

:D

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Tengo Goodreads, agreguenme! con el mismo pseudonimo! (Marina Cyrus)