Segunda entrega de este regalo de cumpleaños :-)
Disclaimer en el capítulo 1
Capítulo 2: Celos y falta de atención.
Sherlock no regresó al piso, ni al día siguiente ni al siguiente, cuando al final del tercer día de su partida, John lo escuchó entrar fue a recibirlo, cuidando de dejar a Hamish en su cochecito en la sala, quizás Sherlock traía alguna cosa poco apta para niños al piso.
-¿compraste mas cosas?-gruñó Sherlock con voz débil al pasar y visualizar el coche azul de Hamish.
-es un bebe y requiere de muchas cosas, si vieras que cuna más... ¡Sherlock Holmes no me distraigas! ¿Donde demonios estabas? ¿Hace cuánto que no comes? ¿Estas herido?-soltó John acercándose con rapidez hasta el detective por si este se desplomaba, no sería la primera vez.
Sherlock sonrió de lado, ¡finalmente algo que conocía!, John y su sobreprotección y ante todo, su atención.
Victoria, cantó para si y sonrió aun más ampliamente.
-no sonrías así maldito...-y masticando más maldiciones John lo jaló de la bufanda hasta la mitad de la sala.-ve a darte un baño, luego te sientas en el sofá, me dejas curarte y comes un poco.
Sherlock sonrió y entró al baño sin rechistar.
John buscó su botiquín y calentó la sopa que había preparado para el almuerzo.
Y se dio unos minutos para calmarse, esas desapariciones eran las que traían pesadillas a sus noches y miedo a sus días, respiró profundo.
Unos minutos después Sherlock salía cubierto solo por una toalla a la cintura, rebelando algunos moratones en su esbelta espalda y marcado abdomen.
-Sherlock.-gimió John dolido de verlo lastimado.-dios santo ¿dónde te metiste?
Sherlock se encogió de hombros y se sentó en el sofá, dejó que John le revisara y curara, mientras, estaba inmerso en sus pensamientos.
Había comprobado algo.
John aún se preocupaba por el.
Y aun le quería.
Sherlock necesitaba esa certeza, y por ello desapareció esos días, metiéndose en cuantos líos encontró, resolviendo casos peligrosos, arriesgándose a salir gravemente herido.
Era un... experimento personal, catalogado como prioridad máxima en su prodigioso cerebro.
-¡auch! Escuece.-se quejó cuando John limpió sus heridos nudillos.
-es alcohol, obviamente escuece en las heridas.-espetó John algo nervioso por la semidesnudez del pelinegro.- ¿me dirás por qué te fuiste estos días? Y ¿por qué regresaste más golpeado que un saco de boxeo?
-no es relevante.-contestó simplemente el detective levantándose y dejando rodar "accidentalmente" la toalla, era otro experimento necesario.
John contuvo el aire, se sonrojó y sus pupilas se dilataron.
Lo que habría dado por sentir su pulso.
Pero inmediatamente sucedió una contradicción a esas evidentes pruebas.
-Sherlock tápate por dios, Hamish esta aquí.-ordenó John recuperando la compostura.
Y eso resquebrajó de nuevo el esquema que armaba el detective en su mente.
-es solo un bebe, y es varón, no tiene nada que nosotros no.-siseó molesto Sherlock mientras se amarraba de nuevo la toalla.-no tengo hambre.
Y dicho esto, el detective se encerró en su cuarto.
-tranquilo Hamish, al menos no salió de casa, y reconoció que eres un bebe y no una cosa.-sonrió John alzando al pequeño, quien se abrazó al pecho del doctor como si lo hubiera echo desde siempre.-apuesto a que si haces eso con Sherlock, te lo ganas.
Un chirrido de violín salió del cuarto del detective.
-mejor no tentemos la suerte.-rió John, aliviado de tener a Sherlock bajo el mismo techo que el.
Al día siguiente John se había propuesto hablar con Sherlock acerca de la visita de la trabajadora social, tenían 10 semanas para dejar el piso habitable para un niño, lo que significaba, rejas de seguridad en la escalera, ningún minilaboratorio químico en la cocina y por sobretodo, nada de partes humanas en la nevera y demás artículos de cocina.
-esta bien.-contestó Sherlock, cuando John le planteó la situación, sin apartar la vista de su laptop.
-gracias.-sonrió John sincero, Hamish empezó a llorar y el doctor voló hasta el bebe.
Sherlock torció el gesto, esa pequeña cosa conseguía la atención de John con solo llorar.
Pero ahora tenía la solución en sus manos.
En 10 semanas esa fábrica de babas se iría.
Por ahora tenía tiempo de sobra para planearlo todo y no parecer el culpable, mientras, necesitaba llamar la atención de John, ya el bebe lo había tenido suficiente rato.
-¡John!
-si es por tu celular, esta en la cocina.-contestaba John luchando con un pañal sucio.
-¡John!
-si tienes hambre calenté el arroz chino.-contestaba el doctor dando el biberón a Hamish.
-¡John!
-si es por un caso no puedo, la señora Hudson no estará para cuidarlo.
Y así cada que Sherlock necesitaba de John.
Y a cada negación Sherlock cerraba los puños con fuerza.
Esto nunca había pasado.
Y nunca volvería a pasar, se prometió, planeando como sacar a Hamish de su vida y la de su Blogger.
Porque John era suyo y de nadie más.
Unas noches después, una especialmente tormentosa, John recibió una llamada del hospital, necesitaban a un cirujano de inmediato.
La señora Hudson no estaba para quedarse con Hamish, así que mirando al tranquilo bebe durmiendo en su coche al lado de un inmóvil detective decidió tentar al destino.
-Sherlock, hubo un accidente y hay muchos heridos, me necesitan en el hospital, ¿crees poder quedarte con Hamish hasta que vuelva?
Sherlock abrió los ojos y miró a su diestra, evaluando a la "fabrica de babas" se encogió de hombros y cerró los ojos.
-solo esta noche.-prometió John saliendo del piso.-ya ha comido, solo dormirá, y prefiere el coche a la cuna así que no lo muevas, si necesitas algo llámame.- John abandonó el piso algo nervioso, dejar a Sherlock solo con Hamish no estaba en sus planes, pero ahora era necesario, de verdad la noche se le antojaba terrible.
Paró un taxi y partió rumbo al hospital.
Una hora, dos horas.
Sherlock observaba dormir al bebe, tan inmóvil como una estatua, con las manos bajo su barbilla, algo ansioso por si "algo" llegaba a pasar con "babas" y John lo culpaba.
Hasta que un trueno retumbó en la noche, despertando al bebe.
-no no no, no llores, no se que hacer cuando un bebe llora.-soltó Sherlock exasperado viendo llorar a Hamish.
-no te cargaré.- Sherlock no quería tenerlo en brazos, se le antojaba muy delicado y no quería encariñarse, al parecer el encanto estaba en cargarlo, todos sonreian bobamente cuando lo hacían.
-¡calla por dios!-gritó, alarmando aun mas al bebe.
Sherlock desesperado reparó en su violín.
-son los truenos ¿no? Que tontería, son solo el ruido que produce el rayo al romper el aire… Tocaré para ti, pero no le digas a John.
Sherlock tocó las más suaves melodías que conocía, mientras observaba como Hamish cerraba los ojos y se acurrucaba para dormir.
Ignoró la molesta calidez que empezaba a instalarse en su corazón, al parecer el encanto no estaba solo en cargarlo.
Media hora después Sherlock consideró que era prudente parar de tocar, cansado se recostó en su sofá, en una posición muy parecida a la de Hamish y cerró los ojos.
Cuando John llegó al piso en la madrugada, sacó su celular y enternecido tomó una foto de los dos centros de su vida.
Dormían exactamente igual.
Tranquilos y con juguetonas sonrisas en los labios.
