Capítulo 3: dudas
John siguió su camino hasta su habitación, con el corazón cálido por la escena que se aseguró de inmortalizar en su teléfono.
Sería tan feliz si Sherlock aceptase al bebe.
"Pero serías aun mas feliz si fuese el otro padre ¿no John?"
Habló su conciencia.
Menos lo aceptaría, es un ser "casado con su trabajo" y yo soy un "heterosexual"
"Heterosexual, quizás, pero has desarrollado un aprecio que va mas allá de la simple amistad por el idiota que esta durmiendo al lado de tu hijo en la sala".
John se desnudó y metió bajo las sábanas, unas que se le antojaron frías.
"desearías tenerlo aquí, ¿a que si?"
Para distraerse se giró hacia la cuna de Hamish y se dedicó a detallarla.
Azul, como todo lo del niño, esponjosa, con dibujos de aviones y autos en los bordes acolchados, un móvil colgaba de la cabecera.
Pero aquello sólo le recordó el lío en el que se encontraba, había cedido a su corazón y a su reloj biológico, al pedir la adopción de Hamish, y ahora se encontraba en una encrucijada.
O tal vez no fuera por esas razones.
Quizás, quería tener algo estable en su vida, ya que el detective, no lo era.
Después de todo, Sherlock lo había abandonado durante tres años, sus razones las entendía, pero no podía compartirlas ni aceptarlas.
Protegerlo y desbaratar la red de Moriarty, y mientras tanto John Watson que se muriera de dolor y soledad en Baker Street, porque en palabras textuales del detective:
"eso era mucho mejor a tener una bala incrustada en el cerebro"
Y no, no lo era, porque durante esos tres años, tuvo miles de balas incrustadas en el corazón y en el alma.
John bufó y cerró los ojos, tratando de borrar esos reproches.
Las semanas fueron pasando y Sherlock estaba inmerso en un caso que lo llevaba al borde de desfallecer, pero John no decía nada, no se atrevía, nunca había visto a Sherlock tan agitado antes.
Finalmente al parecer Sherlock perdió el caso y toda pista.
Eso solo lo enfureció terriblemente.
Llenó la cocina de más cosas peligrosas.
Más partes humanas.
Mientras John se afanaba por volver el piso un lugar más habitable, Sherlock parecía querer convertirlo en la morgue de Barts, consciente o inconscientemente.
La noche antes de la visita, John se armó de valor para hacérselo notar al detective.
-Sherlock, ¿recuerdas lo que te dije sobre la visita de la…
-estoy tratando de resolver este caso John, yo solo.-Sherlock remarcó la última palabra.
-lo se y lamento no poder ayudarte, pero de verdad necesito que esto parezca más habitable… entre los dos podemos lograrlo.-rogó John.
-no, y te advertí que vivir conmigo no sería sencillo.-y agregó ante la mirada dolida de John.- No tienes derecho a hacerte el decepcionado por mi respuesta.
-Sherlock…
-tomaste esta decisión solo, y solo te enfrentaras a ella, si este lugar ya no es de tu agrado la puerta esta ahí enfrente.-señaló el detective desde su sillón, con la barbilla sobre las rodillas.
-no deseo irme Sherlock.-contestó John con la garganta echa un nudo.
-yo si deseo que te vayas… que haya fracasado en este caso es culpa tuya y de esa cosa a la que llamas Hamish.-dijo el detective acusador.-tu solo me estorbabas y esa cosa me distraía con sus llantos
Hamish empezó a llorar en los brazos de John.
El doctor se quedó con la respuesta en la boca, dio media vuelta y subió a su habitación, conteniendo las lágrimas que amenazaban con desbordarse de sus ojos.
Se acostó en su cama, con Hamish a un lado.
El no quería irse del piso, estaba muy apegado al detective, pero tampoco podía deshacerse ya de Hamish, no podía, esos dos eran los dueños de su corazón,
Y eran totalmente incompatibles.
Aguantando un sollozo se apretó en posición fetal, tratando de contener los temblores y los pedazos en los que parecía querer romperse su corazón.
¿Quién había dicho que el dolor de un corazón roto no es físico?
Es un dolor invalidante, destructivo, te roba el aire y crees morir.
Porque ya solo quedaba un día y el piso era un desastre.
La trabajadora social se llevaría a Hamish.
Y el jamás perdonaría a Sherlock por ello.
En la sala Sherlock enfureció aun más, había dicho todo lo que no quería decir, estaba tan molesto por haber fallado un caso que lo había pagado con John.
Revisó el calendario en su celular, tenia doce horas para dejar el piso en excelente estado.
Y a pesar de estar agotado, Sherlock Holmes, limpió y fregó el lugar, se deshizo de las partes humanas y escondió los implementos químicos en el piso de la Señora Hudson.
Iba en contra de su plan de boicotear a John, pero…no soportaría la mirada de decepción ni el dolor del mismo si llegaban a llevarse a Hamish.
Deseaba que John fuera feliz.
Al día siguiente John bajó las escaleras, ya desahuciado, sabiendo que le arrebatarían a Hamish.
Cual no fue su sorpresa al encontrar el piso, decente y limpio, rejas de seguridad en la escalera, ninguna parte humana ni elemento químico en la cocina y el graffiti de la pared reparado como si jamás hubiera existido.
Sonriendo buscó a Sherlock por todo el piso, mas no lo encontró, sabía que había sido el autor de ese milagro.
Corrió escaleras arriba, exultante, feliz y comenzó a vestirse y a preparar a Hamish para la visita.
Dos horas después la trabajadora social llegó, analizó todo, escribiendo en sus notas, calificando.
John casi no respiraba, mientras la guiaba y le contaba todo sobre Hamish, tratando de dar una buena impresión.
Finalmente la trabajadora se sentó en uno de los sillones e invitó a John a que hiciera lo mismo, este lo hizo tras dejar a Hamish en su coche.
-le seré franca, esta situación se sale del contexto.-empezó con un marcado desinterés, como si fuera un discurso conocido de memoria.-nos preocupamos mucho por los niños que son adoptados, mas si es por familias irregulares, como padres solteros,
-puedo asegurarle…
-tengo entendido que tiene un compañero de piso.-interrumpió la trabajadora.- ¿dónde esta?-preguntó repentinamente interesada.
-salió.-a John todo aquello empezó a darle mala espina, un presentimiento, Hamish empezó a llorar y el se levantó hasta el coche y se inclinó a calmarlo.
"quizás solo esta interesada, es por el bienestar del niño después de todo" pensó.
Pero cuan equivocado estaba el doctor Watson.
Para cuando se incorporó, la "trabajadora social" le apuntaba con un arma, sonriendo.
-así que Sherlock Holmes no pudo resolver el caso por culpa de un bebe.-rió maniáticamente.-fui mas astuta que el gran detective.
John no sabía que decir, ni siquiera conocía los detalles del caso, se pateó mentalmente por ello, la trabajadora guió a John hacia el sillón apuntándole con el arma.
-me temo que hasta aquí llegó doctor Watson, pero primero…
El arma apuntó a Hamish.
Y todo pasó es fracciones de segundos.
Una detonación.
Una gabardina que revoloteó frente al cochecito, el llanto aterrado de Hamish, y el salto de John sobre la mujer, noqueándola en el acto.
Sherlock cayó con un ruido sordo, el suelo alrededor de su torso empezó a llenarse de sangre a una rapidez alarmante y el detective empezó a temblar presa del shock y del dolor, mientras boqueaba en busca de aire y escupía sangre a borbotones por la boca.
-no de nuevo.-atinó a decir John cayendo de rodillas a su lado.- Sherlock no te atrevas a dejarme de nuevo.-ordenó revisando la herida, grave, en el abdomen, solo orificio de entrada, posible alojamiento en el estomago o pulmones del detective dada la cantidad de sangre y el evidente ahogo.-Sherlock quédate conmigo, escucha mi voz.-pidió presionando la herida para parar un poco la hemorragia.
Sherlock siseó por el aumento del nivel de dolor, John le lanzó una mirada de disculpa y se angustió al verlo a los ojos.
Terror.
Franco terror gobernaba la mirada de pupilas dilatadas de Sherlock.
Las sirenas se oían cercanas. Mycroft y sus vigilantes, siempre tan eficientes.
-J...John.-pronunció aferrando una mano ensangrentada en la camisa del doctor.
-shhh no hables, solo quédate conmigo Sherlock, por favor.-rogaba John.
-te…Tengo miedo.-susurró el detective expulsando una gran cantidad de sangre.
A John se le cayó el alma hasta el infierno mismo, Sherlock ¿aterrado? Si era el único hombre que jugaba su vida en un juego de inteligencia.
Para el la muerte solo era una consecuencia lógica de un error o de una falla fatal en el cuerpo.
-estoy aquí Sherlock. Estoy aquí y no me iré de tu lado.
-John, prométeme que si...
-no pienses eso, deja de hablar y concéntrate en mi.-ordenó John con los ojos llenos de lagrimas.
¿Cómo todo había dado un giro tan rápido?
-Hamish se parece a ambos...-sonrió el detective.-supongo que igualmente fracasé en el caso…
-Sherlock, cállate
-hubiera sido... bueno experimentar un poco la paternidad.
-lo harás maldita sea, lo harás Sherlock Holmes.
-verlo caminar... crecer...hacer alguna deducción... ¿sabes que cuando te marchabas le hablaba? Algo tonto... sin sentido, pero me nacía... Arreglé el piso para verte feliz, para ser…felices, no lo quería lejos, solo…me estaba costando habituarme.
John rompió a llorar sobre el pecho de Sherlock.
-John…no puedo respirar… ¿es malo no?
-Sherlock por favor no…-pidió John perdiéndose en la oscuridad que empezaba a llenar los matizados ojos de Sherlock.
-John…
Y John no se resistió y besó los labios ensangrentados de Sherlock, para salir de esa pesadilla, aunque solo fuera unos segundos.
El detective devolvió débilmente el beso, sorprendido.
Luego quedó inconsciente.
N/A: un poquitin de drama, solo un poco :)
