Capítulo 4:finalmente…

Las horas para John luego de esa pesadilla, pasaron como si fueran la eternidad misma, con los sentidos embotados, lleno de puro terror, solo atinó a sentarse en un sillón de la habitación privada que tenían apartada para Sherlock en caso de que sobreviviera a la cirugía.

Si le preguntaban, ni sabía donde estaba esa habitación, Mycroft solo había aparecido de la nada, como siempre, y le había guiado hasta ahí, para luego ir a hacerse cargo de Hamish.

Horas de cirugía, durante las cuales John miraba el teléfono de la habitación y hacia la puerta con absoluto terror, esperando la fatídica llamada o que un doctor entrara y le anunciara que Sherlock Holmes no había salido de la cirugía.

John no podía con su alma misma, si Sherlock no sobrevivía la cirugía sería enteramente culpa suya, por haber sido tan blando de corazón y haber permitido que Hamish entrara a sus vidas sin asomo de duda.

Sherlock era el único que había puesto reparos.

Y él no lo había escuchado.

Había catalogado es actitud como resultado de simples celos.

¿Celos?

No, Sherlock no podría tenerlo ¿o si?

Además, ¿de un bebe?

Solo le molestaba el que alterara su entorno, eso era.

"No es como si Sherlock eche en menos mi falta"

"es perfectamente autosuficiente"

"solo soy su compañero de piso"

"para el los sentimientos son simple debilidad"

"Admito que soy débil entonces" pensóJohn con un suspiro.

El teléfono repicó rompiendo el silencio y los pensamientos de John.

John se levantó nervioso, los simples metros que lo separaban del aparato se le hacían eternos.

Tembloroso levantó el auricular, temiendo la más oscuras de las noticias, esas que arruinarían su mundo por completo, que le harían odiarse eternamente y le impedirían cuidar de Hamish.

-¿Doctor Watson?-habló una voz algo acelerada, al fondo John distinguió los sonidos de una refriega, el nudo de su estomago se soltó un poco, al menos no había el frío sonido de un quirófano donde el paciente no había sobrevivido.

-si, soy yo. ¿Ocurre algo?

-se le solicita en quirófano, Sherlock Holmes esta creando problemas.-y dicho eso la llamada finalizó.

Sherlock... tenía que ser Sherlock y la reacción a la anestesia, se dijo mientras subía al ascensor y corría por los pasillos, riendo a carcajada limpia, embargado de felicidad.

Tenia que ser eso, porque si fuera por otro motivo...

Se quedó sin aire al pensarlo.

Cuando finalmente ingresó a quirófano, vestido con la bata característica de color verde no pudo contener una sonrisa.

Si, todo era una simple reacción a la anestesia.

Al mejor estilo Holmes.

-su esposa le engaña con el plomero.

-tu novio es gay.

-deberías dejar de revolcarte con el conserje en los armarios.

-¡¿por qué no me quitan estas cosas de encima?!-gritó molesto arrancando los sensores y vías intravenosas.

-Sherlock por favor.-dijo John acercándose con cautela.-cálmate.

-John.-dijo Sherlock con alivio.-menos mal que estas aquí, dile a este grupo de incompetentes que estoy bien.-exigió el detective.-¡y que me den mi ropa!

-Sherlock acabas de salir de una cirugía, estas sufriendo de una reacción a la anestesia, necesito que te calmes y que dejes a los doctores hacer su trabajo.-pidió John tocando con suavidad el hombro del detective tratando de llevarlo de nuevo a la cama.

-pero estoy...-Sherlock cerró los ojos en una mueca de dolor, dejándose recostar sobre la cama.

-ya se ha ido la anestesia y empezará a doler Sherlock, no debiste quitarte la IV.-susurró John algo preocupado.-ahora necesitaras otra y un sedante y quizás nuevos puntos.-dijo John apesadumbrado al ver una mancha de sangre crecer con lentitud sobre el abdomen del más joven.

-quédate conmigo.-pidió Sherlock apoyando su cabeza contra el torso de John, volviendo lentamente a la realidad, sintiéndose débil y vulnerable.

John era su ancla a la seguridad, con el estaba a salvo.

-estaré contigo siempre.-prometió John acariciando el rostro de Sherlock, mientras le colocaban otra vía, le daban sedantes y suturaban de nuevo la herida.-shhh tranquilo, todo estará bien.-le calmó John al ver las muecas de dolor que dejaba escapar el detective.

-¿Hamish?-preguntó Sherlock al borde de la inconsciencia, mientras le bajaban al cuarto.

-se quedó con Mycroft.-respondió John algo triste.

-yo también pondría esa cara, estará manipulándolo para volverlo un espía o peor aun, inculcándole su amor por los pasteles.-contestó Sherlock con una mirada dramática.

John rió algo aliviado, mientras les dejaban solos en la habitación, no era por eso que estaba triste.

Hamish había sido una treta para disminuir las capacidades deductivas de Sherlock. Y él había ayudado aceptando a Hamish tan pronto lo había visto. En cuanto Sherlock estuviera en sus cabales y viera la conexión, ¿lo odiaría? Había sido un imbécil.

-John...-interrumpió Sherlock el hilo de sus pensamientos.

-¿si?

-dame otro beso.-pidió juguetón, curioso.-el ultimo que me diste estuvo mermado por mis heridas.

John se acerco feliz a la cama de Sherlock, este correspondía a sus sentimientos, sonrió, conciente de todo el gran alivio y calidez que inundaban su corazón en esos momentos, luego tendría tiempo para revolcarse en la culpa.

El doctor se inclinó sobre Sherlock, mirándole profundamente a esos ojos tan cautivadores que pensó jamás volver a ver llenos de el brillo de la vida y le besó con suavidad, como si fuera lo más frágil en el mundo.

Y Sherlock cayó dormido, vencido por los sedantes y las semanas que estuvo llevando su cuerpo al límite.

John separó sus labios, los dos primeros besos y en cada uno el detective había caído fuera de combate en segundos, si no fuera por las circunstancias, pensaría que era el quien causaba esa reacción.

Se retiró hasta el sillón, lo rodó hasta un lado de la cama, se sentó y se dejó caer, agotado por todas las emociones del día, apoyando la cabeza en la cama del detective consultor.

Despertó entrado el día y se alarmó enseguida, Sherlock tenía una mirada de dolor, sus ojos brillaban y cada dos respiraciones los cerraba con fuerza.

-los calmantes no ayudan mucho me temo.-se quejó con los dientes apretados.

-llamaré por más.-se ofreció John poniéndose de pie.

-no tiene caso, me han dado la dosis mas alta permitida.-suspiró Sherlock rindiéndose, lanzando un gemido de dolor.-mejor distráeme.-ordenó con su tono usual.

-¿distraerte?

-si, has que mi cerebro se dedique a pensar otras cosas, que procese datos diferentes a los del dolor.

-Sherlock, no creo que sea prudente…

La mirada que le lanzó el joven bastó para convencerlo.

Y maldita sea que tenía dudas.

-¿puedes contarme que fue lo que pasó? ¿Darme la explicación de este caso?-pidió apoyando su mano sobre la del detective, volviéndose a sentar.-diablos, ni siquiera se de que iba…

Sherlock lanzó una mirada curiosa a sus manos juntas, pero no dijo nada.

-todo comenzó con una llamada de Lestrade, sobre un caso de tráfico humano, particularmente infantil, era un caso conjunto con el gobierno, la cacería de una de sus cabecillas, una asesina despiadada que no habían conseguido atrapar porque nunca dejaba pruebas incriminatorias, o en todo caso, quienes caían eran sus secuaces, sus subordinados… finalmente conseguimos las pruebas, pero había desparecido, no la podíamos ubicar, me había burlado.

John asintió sin perder palabra.

-debo admitir que fui algo idiota, la ubicación más lógica, un cargo público cerca de niños, lo descarté de inmediato, era demasiado obvio y esa mujer había demostrado ser muy inteligente para caer en obviedades. Pero no había alternativa, así que el día de la visita salí para las oficinas de servicios infantiles, y ahí trabajaba, de visitadora social, y curiosamente había salido por una visita. Al 221b de Baker Street.

John notó la culpa nublar los ojos de Sherlock.

-salí de ahí y regresé lo más rápido posible al piso, era obvio que todo había sido una treta para acabar con mi vida y la tuya, desde el principio, ese era su objetivo, así no tendría que escapar y perder su valioso negocio. Casi llego tarde.-admitió Sherlock ensimismado.-perdóname John puse en peligro tu vida y la de Hamish…

-no es tu culpa Sherlock Holmes, es mía, acepte a Hamish en nuestro piso sin pensar, solo me guié por mis sentimientos, y tal como esa mujer admitió, Hamish te distrajo lo suficiente como para que no fueras tras de ella…-John calló al saber que se le estaban entrecortando las palabras.-perdóname tu a mi Sherlock.

-Hamish jamás mermó mis capacidades John.-respondió firme el detective.-en eso su plan falló.

-pero…

-fue una falla en mis métodos, una que no volveré a cometer.-admitió Sherlock perdido en los acuosos ojos de John.-después de todo soy el único detective consultor del mundo.-dijo con orgullo.

-tu y tu ego Sherlock Holmes…-y dicho esto John se abalanzó sobre el detective, exigiendo las atenciones de sus labios.

Nada como casi perder lo que más te importa, para darte cuenta que lo amas con toda el alma, para admitir algo que va contra tus ideas preconcebidas sobre ti mismo, pensó John al separarse de los labios del joven.

Sherlock le sonreía, con los labios enrojecidos y húmedos por el reciente beso, diciéndole con la mirada "lo supe desde un principio"

Dos meses después…

John bajó de su habitación, en realidad, la de Hamish, puesto que Sherlock había insistido, en realidad había "mudado" todas las cosas de John a su habitación, en que ahora que llevaban una relación debían dormir juntos y que al niño le vendría de maravillas tener su propia habitación desde bebe.

Lo que el buen doctor no se esperaba era encontrar a Sherlock sentado en la cama, en su postura de pensar, con la laptop sobre las rodillas viendo... ¿porno gay?

-¿qué estas viendo Sherlock?-exclamó John cerrando la puerta.

-¿no es obvio? Me documento para cuando demos ese paso en nuestra relación.-contestó el detective sin despegar los ojos de la pantalla.

John solo negó con la cabeza, subió a la cama y cerró la tapa del portátil.

Sherlock bufó molesto y lo enfrentó con su mirada de, estoy furioso y haré un berrinche.

-no me intimidas Sherlock Holmes.

-estoy documentándome, aprendiendo para…-pero John lo silenció con un beso profundo, reclamando sus labios, delineándolo con su lengua, Sherlock devolvió el beso sorprendido y John aprovechó eso para empujarlo sobre las sabanas.

Sherlock se quedó repentinamente inmóvil, dejó de devolver el beso y solo mantuvo sus labios junto a los de John.

-no estás listo para ello.-le dijo John con suavidad acostándose a su lado.

-es solo sexo…-chasqueó el menor con un mohín.-además e investigado lo suficiente…

-no lo es Sherlock, no es solo "sexo", cuando lo haces con alguien a quien amas se llama "hacer el amor" y es totalmente diferente a todo ese porno que seguro has visto.-le explicó John con ternura.-en ese momento bajas todas tus defensas y te muestras tal cual eres.

-es una unión física plagada de hormonas.-continuó el detective con su tono de "deja los sentimentalismos".

-si es así entonces si estas listo.-sonrió John volviendo a besar al detective, tocando con su lengua sus labios, pidiendo permiso para entrar y recorrer su boca.

Sherlock entreabrió los labios, dejando que John jugara con su lengua, permitiéndole recorrer cada rincón de su boca, mientras su propia lengua, algo tímida jugaba con la del doctor.

Pero volvió a quedarse rígido cuando sintió a John sobre el, presionando sus pelvis, frotándose.

John sonrió en sus labios y se echó hacia atrás.

-no estas listo.-dijo con simpleza acariciándole el rostro.-iré por un te.-y dicho esto el doctor salió de la habitación.

Sherlock bajó la laptop de la cama y se quedó sentado en el borde, pensando y analizando todo lo que había visto, comparándolo con lo que había sentido.

El deseaba a John, lo deseaba, entonces ¿por qué se quedaba rígido? ¿por qué era incapaz de abrazarlo y tocarlo como John hacía con el?

A este paso John seguramente se aburriría de el, había tenido muchas parejas y parecía un hombre muy experimentado en las relaciones físicas, había que ver solamente como lograba dominar el cuerpo del detective y mantenerlo sobre el colchón siendo más pequeño.

Sherlock al pensar eso sintió que el suelo se abría a sus pies y que el vacío descubierto, lo tragaba.

Se dejó caer en la cama, angustiado, si, Sherlock Holmes estaba angustiado.

-Sherlock…deja de darle vueltas.-le susurró John al oído.

Sherlock abrió los ojos y miró a John, su franca sonrisa, sus ojos tranquilizadores, y esa conocida sensación de euforia y paz, que reconocía como amor, invadió al detective, permitiéndole esbozar una sonrisa e incorporarse.

-si estoy listo John.-admitió.

-Sherlock… no quiero que te sientas presionado, no voy a explotar.-le dijo John acariciando su espalda.

Bueno John estaba admitiendo que no se iría a saciar sus necesidades por ahí, pero aun así… el detective sentía algo en su interior que lo impulsaba a buscar esa unión.

-no me siento presionado John, yo… quiero hacerlo.-expresó Sherlock.

John lo miró a los ojos, buscando alguna duda, alguna señal que le indicase que el joven mentía, pero solo encontró resolución y unos ojos muy cálidos, en contraposición a lo que normalmente expresaban.

-esta bien.-asintió el doctor.-pero si quieres que me detenga, solo, pídelo.

Sherlock asintió, a eso John volvió a unir sus labios, con suavidad, dando ligeros besos aquí y allá, sin ser muy demandante pero siendo muy dulce.

Cuando Sherlock buscó unir sus lenguas John se lo permitió y con cautela fue subiendo sobre el detective, dejando a sus manos vagar por el pecho y torso del mismo, este volvió a quedarse rígido, estudiando las manos de John y las caricias que iba dejando sobre su pecho, curioso.

-Sherlock…

-estoy bien, solo, sigue.-pidió el joven.

Y John continuó con las caricias, lanzando de vez en cuando miradas preocupadas a Sherlock, quien solo miraba, analítico, todo lo que John hacía.

-así no puedo Sherlock.-admitió John, sin querer decirle al detective que parecía un virgen nervioso, que en realidad lo era, pero eso no iba al caso.

-¿por qué?-preguntó Sherlock algo ¿decepcionado?-¿es mi culpa? ¿Estoy haciendo algo mal?

-no, en lo absoluto.-sonrió John encontrando la respuesta.-necesito que te acostumbres a sentir Sherlock, que dejes el análisis para tus casos, y que te concentres en sentir, solo en sentir ¿puedes hacerlo?

Sherlock le miró dudoso y asintió.

-Bien, cierra los ojos y no los abras hasta que te lo diga.

Sherlock obedeció y John solo fue desabotonando su camisa, acariciando el pálido torso en el proceso, Sherlock mordió sus labios y arqueó la espalda, pero no abrió los ojos.

-Sherlock expresarte estaría muy bien, dime que te gusta.-pidió John lamiendo con suavidad uno de los rozados pezones del detective, mientras estimulaba el otro con la mano.

-eso que haces me gusta John.

-se más específico.-presionó el doctor metiendo su mano dentro del pantalón de Sherlock.

Esta vez si hubo un gemido claro, de ambos, John por la sorpresa de encontrar el miembro de Sherlock completamente erecto y el otro por la sensación.

Decidiendo que podía ser un poco más agresivo John subió hasta la boca de Sherlock y le besó, mientras lo incorporaba para quitarle la camisa.

Las manos, algo torpes, de Sherlock recorrieron el pecho de John hasta bajar y encontrar el borde de su suéter, alzándolo con desesperación, el también quería escuchar a John gemir.

-Sherlock dios…-gimió el doctor cuando Sherlock cansado de cerrar los ojos los abrió, rebelando unas pupilas completamente dilatadas y hambrientas.

-mi turno John.

Sherlock giró de tal manera de tener a John debajo de el, repitió algunas de las caricias que su Blogger había practicado en el y otras aprendidas de la red, mientras se deleitaba con la visión de ese fuerte pecho recubierto a penas por un suave vello rubio.

La curiosidad lo carcomía así que fue a por el pantalón de John, desabotonándolo y bajándolo por completo, quedándose rígido al ver la potente erección luchar contra el boxer de John.

¿eso cabría dentro de él?

-Shh ven acá, te adelantaste.-le calmó John juguetón jalándolo de nuevo sobre si y girando para dejarlo debajo de nuevo.

John metió la mano de nuevo dentro del pantalón de Sherlock, llevando este a una completa sinfonía de placer, tan profunda que cuando logró salir de ella ya estaba sin pantalones ni boxers y John le miraba embelezado, también desnudo.

Sherlock se ruborizó y miró el pene de John, deseoso y nervioso a partes iguales.

John se enterneció y volvió sobre Sherlock, rozando su erección con la del detective, distrayéndolo, ubicándolo en espacio y tiempo, en el aquí y el ahora.

-no voy a lastimarte.-prometió este besándolo, frotándose con mas rapidez, atrapando en sus labios los gemidos de Sherlock y los propios.

Sherlock temblaba de placer, cada nueva sensación era almacenada en su mente, como nueva, absolutamente nueva.

Los dedos de John se posaron sobre sus labios, en una muda petición.

Pero Sherlock es Sherlock y siempre es eficiente.

Dando un beso y una sensual lamida a los dedos de John señaló la mesa de noche.

-En el primer cajón.-indicó mientras besaba y lamía el cuello de John.

John sonrió y buscó el lubricante.

Embadurnó sus dedos temblorosos, Sherlock aprendía rápido, y ahora estaba haciéndole perder el control a John.

-recuéstate.-pidió besándolo con pasión empujando su cuerpo con el propio contra las sábanas.

Lo preparó con paciencia y con infinito amor, y sólo cuando ya tres de sus dedos entraban y salían de Sherlock, haciendo gemir y suspirar a este decidió que estaba listo.

Sacó sus dedos y subió su rostro hasta el de Sherlock, mirándolo a los ojos, buscando algún rastro de duda o de temor.

Pero no encontró nada de eso, los ojos de Sherlock destilaban deseo, una muda súplica latente que pedía a gritos "Hazme tuyo"

Lo besó buscando calmarse a si mismo y cualquier vestigio de nervios del detective, Sherlock contestó al beso con labios temblorosos, de deseo y anticipación.

-Sherlock ¿recuerdas lo que te dije de sentir?-preguntó John entre jadeos, besando ahora cuello de Sherlock.

Este asintió.

John entró de a poco en Sherlock, borrando con besos cada mueca de dolor que hacía el detective, odiándose por no poder evitárselo del todo.

Sherlock notó la culpa en los ojos de John y rodeó su cadera con sus piernas, deseoso mientras jalaba al doctor sobre si, besándolo con deseo, recorriendo con su lengua toda la boca del doctor, succionando sus labios, su lengua.

John se olvidó de todo y continúo penetrando a Sherlock, hasta estar completamente dentro de él.

Finalmente eran uno.

Espero unos minutos, jugando con el pene del menor, recorriéndolo de arriba abajo con sus manos, sacándole jadeos, gemidos y resoplidos al menor.

-John muévete.-ordenó Sherlock mordiendo su cuello.

Y John obedeció, primero con lentitud, luego un poco más rápido y finalmente a la velocidad que solo da la pasión y el deseo de amar.

Sherlock ahogaba gemidos y gritos de placer en la boca de John, apretaba la espalda de este entre sus dedos, rasguñándole sin querer.

Completamente saturado de hormonas, se dijo, en un pequeño periodo de lucidez.

Su teoría se fue al traste cuando John lo miró, segundos antes de llegar al clímax.

Si, estaba invadido por las hormonas, lo podía ver en sus ojos dilatados, podía sentir su frecuencia cardiaca en ese contacto tan cálido de sus pechos.

Pero en esos ojos azules no solo había deseo.

Había algo que Sherlock no podía identificar, no podía mirar a través de aquellas pupilas dilatadas, y cuando finalmente lo logró.

Entendió las palabras de John.

Hacían el amor.

Y en ese momento no sólo se perdieron en un orgasmo espectacular.

También se perdieron en el alma del otro, siendo uno física y espiritualmente.

Fin.

N/A: Feliz cumpleaños Maye ^^ y aquí esta un capítulo enorme para celebrarlo, espero lo disfrutes