Pasan los días y mi vida nomás' no se arregla :) para cuando logre adaptarme a las vacaciones, estas habrán terminado, jajaja.

No me gusta tardarme pero fue necesario.

Disc. Los personajes de One Piece, ni nada de lo creado por Oda sama*-* que puedan reconocer me pertenece a mí.

No hay advertencias esta vez.

Iris

Capítulo 8: The moment of truth in your lies

Los días pasaron tranquilos. Fueron pocos….fueron muchos… en realidad no estaba segura, pero, estando tan feliz, ¿cómo darse cuenta? En realidad había sido poco tiempo, pero la estabilidad, la tranquilidad y la plenitud alcanzada en tan poco tiempo valían mucho, al menos para ella. Desde el primer momento que estuvieron de regreso en la ciudad comenzaron con una tranquila vida, lo más parecido imaginable a la vida de pareja. Zoro seguía siendo bastante hermético, pero lo compensaba con sus acciones, con las que Robin sentía que le demostraba corresponder a sus sentimientos.

Ella trabajaba en casa todas las mañanas; pasaba largas horas frente a sus libros y tecleando frente a su computadora, pero ya no hacía el calor tan incómodo que había sentido días antes. Cuando avanzaba bastante, detenía el trabajo y seguía con la lectura de sus amados libros –los que no tuvieran relación con el trabajo- y a cierta hora de la tarde comenzaba a cocinar. Zoro llegaba más o menos a la misma hora todas las tardes y comían juntos. Después de eso a veces salían a caminar. A veces iban al parque, y a veces a la playa. Pasaban largas horas caminando uno al lado del otro, a veces en completo silencio y a veces haciendo las más mínimas observaciones sobre cualquier cosa que los rodeaba. A veces incluso se tomaban de la mano. Cuando permanecían en casa, siempre era en casa de Robin, y se sentaban en alguna parte a leer o a tener esas conversaciones escasas de palabras tan comunes en ellos. En las noches, Zoro se quedaba a dormir con ella. A veces hacían el amor largamente hasta que el cansancio los vencía, pero también había veces que simplemente se abrazaban y dormían con la mayor tranquilidad. Zoro únicamente volvía a su departamento por ropa limpia.

No era exactamente que Robin hubiera soñado toda su vida con eso; simplemente que ahora que se le presentaba, realmente lo estaba disfrutando. A veces Zoro simplemente la sorprendía, pues mostraba actitudes y cuidados para con ella que a pesar de estar en cierto modo acostumbrada a ese lado preocupado de su personalidad, no dejaban de asombrarla, como el hecho de que la cargara cada vez que se cansaba de caminar (estuvieran en el parque o en la playa), que a veces llegara un poco más temprano sólo por preparar él la comida o que le llevara de cenar, que estuviera al pendiente de ella si mencionaba que le dolía un poco la cabeza o que se sentía mal del estómago –aunque solo fueran males pasajeros, producto de las largas horas de trabajo o de haber comido algo que le cayera demasiado pesado en el estómago, y que incluso a veces se quedara a su lado viéndola trabajar, sin decir nada.

Verle dormir era para ella algo maravilloso; por un lado, estaba tranquila de tenerlo con ella, sin heridas, sin sangre que limpiar de su cuerpo y por otro lado, le confirmaba que cada vez estaba más cómodo con la situación, tanto que las dificultades para dormir habían ido desapareciendo gradualmente, aunque a ella también le gustaba creer que quizás le era más fácil quedarse dormido precisamente por ella.

Así pues, podía decirse que era feliz. Ciertamente lo era.

No volvió a recibir ninguna llamada de su jefe. Aún le faltaba más o menos una cuarta parte del análisis que estaba haciendo, algunas consideraciones finales, apuntes, observaciones, referencias, detalles que a pesar de ser sencillos le llevaban algo de tiempo terminar. Realmente no quería pensar en el proyecto al que la habían invitado porque a pesar de que haber declinado la oferta había sido una decisión firmemente tomada, le daba algo de tristeza tener que posponer un sueño tan largamente acariciado por otro, que aunque era maravillosamente intenso y la llenaba completamente, pasaba por un tambaleo constante y estaba lleno de miedos y de dudas.

Zoro nunca le dijo abiertamente sus sentimientos, pero ella se había comprometido (y se lo repetía a si misma constantemente) a amarlo tal como él pudiera permitirle que lo hiciera.

Le parecía bastante claro que algo raro pasaba con él. A veces era tan taciturno que a ella le parecía una exageración; en ocasiones no contestaba cuando le hablaba, como si estuviera en otro planeta, y en un par de ocasiones más se repitió lo ocurrido en la cabaña; ella despertó inquieta en medio de la noche solo para encontrarlo parado viendo por la ventana, como si un gran misterio se escondiera detrás de los edificios o de las luces de la gris y muerta ciudad en que vivían.

Ella entonces se acercaba a él y le preguntaba, y él seguía como si estuviera dormido. Luego negaba con la cabeza y regresaba a su lado. La envolvía entre sus brazos, quizás para distraerla de la inquietud pero ella tardaba bastante en quedarse dormida de nuevo.

Que la tratara con tanto cuidado y dedicación era fascinante para ella. Se sentía frágil, pero al mismo tiempo se sentía protegida; como si estuviera en casa. Él le daba esa sensación, y siempre parecía estar acompañado por ello, un aroma extraño, como de brisa marina, de salvajismo, de fuerza y de poder, y al mismo tiempo, protección, constancia.

Esa noche en específico, tuvo otro sueño. Parecido al anterior.

Ella corría en un bosque que se incendiaba, sin embargo ahora era distinto.

Mientras corría con todas sus fuerzas, algo entre sus ropas comenzaba a hacer escándalo, como un teléfono o algo así.

Y de pronto, la voz de la chica que había escuchado alguna vez comenzaba a llamar su nombre a través de aquel artefacto.

-¡Robin!- gritaba al parecer con todas sus fuerzas, angustiosamente- ¡Robin! ¿Dónde están? ¡Contesta!

Pero ella estaba demasiado presionada por seguir corriendo. Sabía que tenía un fin, un lugar al cual debía llegar. Por momentos tropezaba; el humo la cegaba y a veces simplemente parecía que no iba a poder continuar. Pero lo hacía.

También sabía que no podía volver. De donde quiera que hubiera empezado esa carrera contra el tiempo, simplemente no era tan sencillo, no podía regresar. Sentía el calor poderosísimo haciéndola derretirse, pero no se quiso detener. Sintió un dolor muy fuerte en su mano derecha, donde estaba la línea, y en ese momento, tuvo la certeza de que corría por Zoro.

Y finalmente lo encontró. Estaba tirado, inconsciente en medio de la negrura que repentinamente inundaba su alrededor, ya no había árboles ni fuego, simplemente ese calor insoportable que le decía que tenía poco tiempo, que tenía que irse de allí, pero no sin Zoro.

Siguió corriendo y conforme corría pudo ver todas las heridas en su cuerpo; peor que las dos veces en que lo había visto en un estado semejante, aún peor. Pero por más que corría, por más que intentaba acercarse a él no conseguía alcanzarlo, el camino hacia él, al contrario, se extendía bajo sus pies y mientras más corría más parecía alejarse.

-¡Zoro!- comenzó a gritar- ¡Despierta, Zoro! ¡Zoro!
Y esos mismos gritos se repitieron una y otra vez en lo que a ella le parecieron larguísimas horas de carrera a través de ese túnel oscuro, sin que su voz ni su cuerpo pudieran alcanzarlo.

Comenzó a desesperarse, pero a la vez, tuvo la terrible sensación de que no era la primera vez que vivía estas escenas, en el pasado, en sus sueños, habían ocurrido escenas parecidas, pero esta era la más palpable y vívida hasta el momento. Y en ese momento, la certeza de que fuera real lo hacía todo aún más estresante y terrible de lo que por sí sólo hubiese sido.

Y a pesar de que parecía que no podía empeorar, lo hizo. La imagen de Zoro, cada vez más lejana, comenzó a desvanecerse ante sus ojos. Y no, no era efecto de que estuviese cada vez más lejos de él, sino de que realmente estaba desapareciendo ante sus ojos, poco a poco su cuerpo se hacía como el humo, cada vez más transparente y difuso.

-¡Zoro!- gritó una vez más, y fue entonces como si todo el humo que había alrededor, que de repente había aparecido una vez más, junto con los árboles y el fuego, se agolpara en su garganta impidiéndole por completo respirar, pues por cada inhalación que daba sentía como esa sustancia tóxica y espesa se adentraba en sus pulmones.

No podía respirar más y la fuerza se le agotó por completo, cayendo entonces al suelo sin poder evitarlo. Su garganta se cerraba con fuerza y no podía respirar y por lo tanto tampoco podía gritar…de pronto, sintió su piel arder…

Abrió los ojos de golpe solo para encontrar frente a los suyos, los ojos de Zoro, mirándola con el ceño fruncido en una mezcla de curiosidad y preocupación. En cuanto vio que ella abría sus ojos de par en par, él hizo un gesto de tranquilidad, cerrando los ojos y lanzando un mínimo y apenas perceptible suspiro. Le palpó la cara con el dorso de la mano y Robin comprendió que él trataba de cerciorarse, como la vez anterior, de si ella tenía fiebre o algo por el estilo.

Lo único que ella tenía después del sueño era una gran agitación. Su pecho subía y bajaba, y ella jadeaba como si hubiera estado corriendo en verdad por largo rato. Su frente estaba cubierta de sudor y tenía la garganta seca. Zoro la evaluó rápidamente con la vista y a continuación salió de la habitación. Regresó con un vaso de agua, y se la dio. Ella bebió mientras él le limpiaba la frente con un pañuelo.

-Gracias- pronunció ella entonces bajando el vaso de sus labios, él lo tomó y lo puso en la mesita de noche.

-¿Estás bien?

-Sí. Tuve un mal sueño, eso es todo. ¿Qué hora es?

-Las tres de la mañana. Volvamos a dormir.

Ahora parecía que sus papeles se estaban invirtiendo. Zoro se acomodó dentro de la cama otra vez y Robin se abrazó a él, esperando que su cercanía le permitiera dormir tranquila de nuevo.

Pero se quedó despierta mirando al techo sin poderlo evitar.

Por su acostumbrado silencio, por la forma pausada en que respiraba y por sus ojos cerrados, ella había creído que Zoro ya dormía profundamente desde un buen rato antes. Por eso fue que la sorprendió bastante cuando volteó hacia ella de un momento a otro.

-¿No puedes dormir?

Ella negó con la cabeza y casi enseguida sintió la mano de su amante meterse en su blusa de dormir y acariciar suavemente su espalda. Se entregó a la caricia cerrando los ojos y suspiró.

-Quizás sirva de algo que me cuentes acerca de tus pesadillas.

-Yo…

-Me has hablado de ellas un par de veces- observó él- pero nunca me has dicho de qué se tratan. No creo poder ayudarte a comprenderlas pero quizás si puedes decirme cómo son te quite un peso de encima.

Robin lo observó unos momentos en silencio, como midiendo en su expresión facial qué tan determinado estaba hacia ese plan. Decidió que no tenía nada que perder, así que se incorporó levemente y ambos recargaron la espalda contra la cabecera de la cama. Ella se tomó la barbilla y comenzó a pensar en qué tanto podía decirle, y si debía hablar acerca de la reciente aparición de él en sus pesadillas.

-Comenzaron… creo que el día anterior a que nos conociéramos, en realidad no lo recuerdo muy bien. Esos días fueron como…neblina, ¿sabes? No recuerdo mucho, es como si hubiese estado en coma o algo por el estilo- rio levemente; esos días le provocaban un dolor de cabeza al tratar de recordarlos, de modo que había desistido casi por completo de hacerlo- solo sé que despertaba bastante…desubicada, podría decirse, porque… los sueños desaparecían de mi mente apenas despertaba, y tenía la sensación de que eran muy reales. Con el paso de los días disminuyó esa sensación, pero ha habido dos ocasiones en las que me alarman, puedo recordarlos y sé que son especialmente verdaderos, es simplemente como si con solo desearlo pasaran a la vida real y eso me asusta un poco.

En todo esto, no volteó a ver a Zoro, pero ella sabía, porque tenía cierta sensación sobre ella, que él la estaba mirando y que estaba prestando atención a sus palabras como siempre lo hacía.

-Primero voy corriendo por algún lado. Últimamente es un bosque. Luego hay fuego y humo y no sé a dónde ir. Sigo corriendo pero el camino no parece terminarse. Y al final suelo encontrar alguna cosa que me asusta demasiado, y es en ese punto donde suelo despertar.

Volteó y lo miró, tratando de aparentar la mayor tranquilidad.

-En el de hoy apareciste tú. Pero nunca pude alcanzarte.

Zoro abrió los ojos como platos, y luego frunció el ceño, muy confundido.

-Lo…lo siento yo…

Ella se detuvo. Zoro no decía nada, pero su expresión no había cambiado. Parecía que al descripción del sueño de Robin lo había alterado mucho, y ella trataba de hablar con él pero fue como si de pronto todos los escudos que él fuera capaz de poner a su alrededor se activaran.

-Zoro…- lo llamó- ¡Zoro! ¡Zoro, mírame!

Lo tomó de la cara fuertemente con ambas manos y lo obligó a voltear, pegando su frente con la suya y mirando dentro de sus ojos negros, buscando hasta la más profundo de ellos. Lo mantuvo así hasta que se relajó un poco, y entonces se fue acercando poco a poco a él. Zoro cerró sus ojos y la tomó de la cintura. La abrazó, y ella besó suavemente sus labios.

-Zoro…nunca he creído…que los sueños realmente signifiquen algo. Pero en este caso…quizás sea bueno que me digas si tú tienes algún problema…o si debería…preocuparme por ti. Tengo mucho miedo- su voz se transformó de pronto en un susurro y es que era verdad, de un momento a otro sentía miedo- no sé a qué pero sé perfectamente que es por ti.

Zoro no contestó. Robin soltó lentamente su rostro y él negó entonces con la cabeza.

-No te preocupes. Hay que dormir ya.

-Pero…

-Creo que descansar te hará bien.

Robin frunció el ceño, y bastante incómoda, se recostó y se envolvió en las sábanas, sintiendo entonces que él la abrazaba con suavidad. Cerró los ojos y tardó varios minutos, pero finalmente se quedó dormida.

.

.

.

Zoro anduvo por la aldea con la mayor tranquilidad a pesar de que era observado con recelo por casi todas las personas que se encontraban en la calle. Esa mañana había ayudado a talar algunos árboles y a recolectar algo de fruta en el bosque. Eran tareas tan sencillas que casi le resultaba aburrido, pero realmente no había nada importante en lo que pudiera ayudar por el momento, ni tampoco nada extraordinario en lo qué ocupar su tiempo.

Iba caminando por el bosque con la mayor tranquilidad del mundo. El cejillas hubiera dicho que estaba completamente perdido, sin embargo él prefería pensar que estaba dando un pequeño paseo para relajarse.

Era casi el mediodía y hacía un clima bastante agradable, considerando que la noche anterior había llovido a cántaros. Estaba nublado pero no parecía que fuera a llover otra vez, y si llovía, seguramente sería por la noche.

La quietud que se respiraba en el bosque era lo que Zoro necesitaba para estar tranquilo, solo, y pensar. Pero no pasó mucho tiempo metido en esta tranquilidad que tanta falta le hacía, porque de un momento a otro comenzó a escuchar un sonido que lo alarmó.

Sonaban como unos sollozos. Y si sus oídos no le engañaban, eran los sollozos de una niña pequeña.

Se dijo a sí mismo, como en muchas ocasiones antes, que no era su problema, así que se dio la vuelta y comenzó a caminar en otra dirección. Pero como al parecer Zoro tenía la facultad de abrir puertas transdimensionales para caer en el lugar y el momento justos, no tuvo que andar mucho antes de encontrarse con la pequeña niña que lloraba, sentada contra un árbol.

Trató de esconderse o de escabullirse antes de que ella lo viera, pero no actuó a tiempo pues ella lo había escuchado. Levantó la cabeza y lo miró con gran interrogación en su rostro. Se enjugó las lágrimas e hizo amago de ponerse de pie.

-¿Roronoa san? ¿Es usted? ¿Qué hace a…?- y al instante tuvo que agacharse de nuevo haciendo una mueca de dolor. Zoro se acercó un par de pasos hacia ella y entonces observó que estaba sangrando por una herida que tenía a la altura del tobillo. De modo que lanzó un suspiro, maldiciendo a su consciencia y a su amabilidad interna, y se acercó un poco más, para finalmente agacharse a su lado para poder evaluar la herida.

-Estás lastimada, ¿qué te ocurrió?

No era que fuera su problema o que realmente le interesara. Simplemente quería distraerla un poco mientras la revisaba. No tendría más de unos diez años, pero al verlo se había mostrado firme y valiente –hasta había tratado de ponerse en pie aun estando herida- a diferencia de todos los niños que había visto a lo largo de la mañana por la villa que simplemente habían corrido al verle.

-Tienes una raspadura pequeña, pero te duele tanto porque te torciste. No puedes ponerte de pie, ¿cierto?

-No. Me duele mucho.

-¿Qué hacías por aquí tu sola?

-Estaba jugando con mis amigos pero todos regresaron corriendo porque era hora de almorzar. Yo me quedé atrás y me tropecé, creo que nadie se dio cuenta de ello.

La perspectiva de haber sido abandonada por sus amigos parecía poner más triste a la niña, y por ende, más nervioso al pobre de Zoro, que no se daba abasto con tantos sentimientos femeninos depositados en su masculina y parca persona. Levantó la cabeza y lanzó otro suspiro.

-Escucha, te llevaré a casa, ¿sí? – Se dio la vuelta, aún en cuclillas- súbete en mi espalda.

-¡Sí!- contestó la niña encantada y se sujetó del cuello de Zoro con fuerza. Él se puso de pie y comenzó a caminar.

-Roronoa san- le llamó ella en algún momento- ¿Dónde está Nico san?

-No lo sé. No la he visto desde ayer en la noche, ¿Por qué?

-Ah…porque ella es muy linda, ¿sabe?, le gusta jugar con nosotros y nos ayuda con nuestras labores. Además es muy bonita. ¿Ustedes son novios?

Zoro se sonrojó ante esta pregunta, y deseó con todas sus ganas que la niña no se diera cuenta de ello.

-No- contestó de la manera más sencilla que pudo. No quería ponerse en evidencia y no estaba tampoco para explicarle a una niñita su situación con Robin.

-Ah. Es que…como llegaron aquí juntos…

-Somos nakama, ¿sabes?, viajamos en el mismo barco y somos parte de la misma tripulación- la interrumpió- llegamos aquí por accidente, y hasta que podamos regresar con nuestros compañeros, estar siempre juntos es lo mejor que podemos hacer. ¿Comprendes?

-S…sí…claro.

Zoro caminó un poco más, pero no había avanzado mucho cuando la niña comenzó a hablar de nuevo.

-Pero…Roronoa san…

-¿Sí?

-No se irán pronto, ¿verdad?

Zoro siguió caminando, pero estuvo tentado a detenerse ante esa pregunta, pues lo había intrigado un poco. ¿A qué se referiría la niña?

No estaba para adivinar cosas en ese momento, y aunque no tenía mucha experiencia relacionándose con niños- en realidad trataba de evitarlos lo más posible- supuso que no sería muy diferente de hablar con Luffy o con Chopper. Ellos eran transparentes como vasos de agua, y conseguir una explicación solía ser sencillo. Bastaba con mantener un tono de voz firme y tener paciencia. Pero sobre todo eso. Mucha paciencia.

-¿No quieres que nos vayamos?

-No.

-Supongo que sobre todo por Ro… por…Nico san, ¿No es cierto?

-Emh…sí.

-¿y por qué?

-Pues toda la gente está muy contenta de tenerla aquí. Es tan linda, y nos ayuda con muchas cosas- dijo, repitiendo un poco de lo que ya había dicho- y últimamente dicen que su presencia nos podría beneficiar a todos aquí.

Zoro vio una pequeña luz entre las palabras de la niña que quizás lo guiara un poco más a los motivos de Robin para querer quedarse allí un tiempo más. Por otro lado, le molestaba bastante esa forma de ver y tratar a Robin como si fuera un objeto valioso que se querían quedar. Tenía la sensación de que la niña, quizás de manera inconsciente, estaba hablando de Robin como si fuera una cosa y no una persona.

-¿Cómo podría ser eso?- preguntó finalmente.

-Pues no estoy segura. Mis papás me explicaron que ella es la única persona que puede encontrar una especie de tesoro que hay en esta isla, y que si lo encuentra seremos todos muy ricos y que no pasaremos más tiempos difíciles.

Zoro detuvo en seco todos sus pensamientos al escuchar hablar a la niña. Sonaba tan tranquila, y su explicación a la vez tan simple que parecía que toda aquella situación fuera ajena a ella, o que pensaba que era todo tan fácil y sencillo de resolver.

Si tan solo fuera tan sencillo. Pero no lo era.

-Esto…Roronoa san.

-¿Sí?

-Creo que ya nos perdimos.

Zoro sudó frío.

Debieron pasar por el mismo camino unas tres veces antes de que Zoro atinara a dar la vuelta a la izquierda en lugar de a la derecha y siguiera el camino correcto de regreso a la villa. Una vez allí, la pequeña le indicó el camino a su casa y Zoro la dejó en la puerta. Antes de que pudiera evadirla, la pequeña le plantó un besito en la mejilla y entró corriendo a su casa como si nada. Al parecer su pie se había desinflamado desde hacía mucho rato antes, lo que tenía lógica considerando el tiempo que se habían perdido en el bosque.

Zoro respiró profundamente y observó a la gente que seguía su rutina diaria. Haber pasado un rato con esa niña le había ayudado a meditar un poco en lo que la misma Robin le había dicho tantas veces antes; en realidad no había un motivo claro del porqué sentía tan profunda desconfianza hacia los habitantes de esa isla. Desde un principio habían sido muy amables con ellos, sobre todo con Robin. A su parecer, incluso tenía más mérito que se portaran bien con él considerando lo grosero que había sido desde un principio.

Bien, no iba pensando en nada específico y sin querer terminó en un lugar que después de todo serviría perfectamente para quitarse varias de las dudas que traía en la cabeza.

Entró sin tocar y como siempre se encontró al alegre matrimonio completamente atareado, yendo de aquí para allá en perfecta armonía hogareña acomodando mapas, carteles y varias carpetas de documentos. Como siempre, Zoro no prestó mayor atención a esto. Se internó en la sala y carraspeó un par de veces para llamar su atención. Casi le daba lástima llegar a incomodarlos, viendo lo felices que parecían estar trabajando. Casi.

Al escucharlo, Morton detuvo su afanosa tarea, cosa que sorprendió a Mary, de modo que ambos voltearon aterrorizados a mirar a su invitado no esperado.

Se cuadraron casi militarmente ante él, cosa que hizo que a Zoro se le saltara una vena de la frente.

-Bu…buenos días se…señor… ¡es decir! Roronoa san, es un gusto verle por aquí.

-Ya, ya- protestó él, rascándose la nuca con incomodidad- no se preocupen, solo vine a hacerles un par de preguntas, ¿De acuerdo? Y espero por su bien que me respondan la verdad y me digan todo lo que sepan.

-Claro, Roronoa san- accedió Mary- por supuesto, en la medida que podamos responderle.

-Bien. Robin y yo hemos hablado. Ella me ha dicho que necesita quedarse más tiempo del que habíamos planeado porque aquí necesitan su ayuda. Ya que desde un principio estuve en desacuerdo no me molesté en preguntar. Solo quiero saber su versión de los hechos, ¿Para qué demonios necesitan a Robin en esta aldea?

La pareja se miró como decidiéndose en quién iba a hablar, y qué le iban a decir.

Zoro por su parte había pensado en ir complementando información. No se iba a poner a tomar decisiones basado únicamente en lo poco que sabía. Después de esto, buscaría a Robin y le preguntaría a fondo sus motivos y si ella pensaba que valía la pena o no. No iba a ser muy flexible, tampoco, pero tenía pensado demostrarle que estaba pensando en ella, que tomaba en cuenta lo que ella pensaba y lo que sentía y lo que quería hacer, que no estaba siendo egoísta y que estaba dispuesto a apoyarla si realmente deseaba quedarse allí –y si era confiable que lo hiciera, por supuesto.

Porque eso, a su modo de ver, era lo que haría un nakama. Quizás no él. Si en esos momentos fuera el mismo de hacía unos meses, quizás simplemente la hubiera dejado de hacer lo que quisiera. Pero el Zoro de ahora, que estaba enamorado de ella, no podía permitir que aquello sucediera con tanta facilidad. El Zoro de ahora, tenía que comprobar que ella iba a estar bien.

En esto estaba reflexionando, cuando Mary le puso una mano en el hombro a su esposo y se adelantó un paso hacia Zoro.

-Creo que ya le han mencionado que hace muchos años que nuestra situación económica no es muy buena, Roronoa san- Zoro asintió- a pesar de que nos podemos mantener bastante bien con los frutos de la isla y lo que podemos pescar y cazar, tenemos deudas muy grandes con otras poblaciones que aún no hemos podido saldar, y año tras año los intereses aumentan y no podemos cubrir completamente todas nuestras necesidades. Entre otras cosas, necesitamos contar con servicio médico y de comunicaciones, material para construir y dar mantenimiento a nuestras casas, apoyo para la escuela… y lamentablemente los pocos recursos que tenemos en la isla no siempre son suficientes. Sin embargo hay…

-Hay una posibilidad de que aumentemos aunque sea un poco el turismo y el flujo de dinero en esta isla- continuó Morton- y esa es…encontrando unas ruinas que posiblemente estén escondidas en las profundidades del bosque. Nadie se atreve a ir allá por sí mismo, además de que, de existir, se supone que son subterráneas y nadie sabe la ubicación exacta. Hay unos libros que pueden ayudar a encontrarlas, pero con los conocimientos que contamos nosotros mismos no podemos resolverlo, y traer a un profesional saldría bastante caro. Robin san accedió a ayudarnos de buena fe sin esperar nada a cambio. De hecho, ahora mismo ella debe estar en la alcaldía revisando esos libros.

-Roronoa san, esto no es un capricho para nosotros, créame- agregó Mary- si Robin san pudiese encontrar esas ruinas, toda nuestra isla se vería beneficiada y ya no pasaremos por situaciones tan angustiosas, ni viviremos con el miedo de que de un momento a otro vengan a atacarnos. El que seamos neutrales… nos beneficia, pero también nos hace más vulnerables, Roronoa san.

Zoro se quedó callado mirando a aquellas personas. Por un momento pensó en las veces que había hablado con Robin acerca de la gente de esa aldea, y ahora no podía evitar sentir cierta…comprensión. Pero se dijo a si mismo que no estaba bien suavizarse, después de todo, y ya había pensado en ello muchas veces antes, él tenía que sacar a su compañera de allí y llevarla de vuelta al barco pasara lo que pasara.

No, no se iba a suavizar por nada del mundo.

De modo que, después de escuchar la explicación que ellos podían darle, Zoro miró a su alrededor un momento, como decidiendo qué hacer a continuación. Finalmente, inclinó la cabeza en señal de despedida, y salió del lugar sin decir nada más.

Anduvo un buen rato a solas, sin saber realmente a dónde dirigir sus pasos. No se iba a presentar en la alcaldía después de lo del día anterior, si bien no había rival alguno para él en esa isla, no era lugar para hablar con Robin, y además, no estaba de humor para estar viendo la cara de idiota del alcalde ni de ninguno de sus ayudantes ni sus guardaespaldas.

Entre otras cosas, y pensándolo bien…

En la aldea la gente era humilde. Tenían vidas muy buenas, al parecer. Comían bien, se divertían, se esforzaban por educar bien a sus hijos. Pero ninguno vivía con lujo, y tal como le había explicado Mary, había escuchado a muchos quejarse del servicio médico y de lo mucho que necesitaban que se restableciera la comunicación con otras islas.

Sin embargo, el alcalde mantenía una oficina bastante ostentosa, y además se daba el lujo de tener guardaespaldas, muchos de ellos.

Recordó vagamente villa Cocoyashi. Gen, el líder de la villa, tenía una vida tan simple y humilde como la de todos los demás habitantes, o al menos esa había sido la impresión que le había dejado el poco tiempo que había pasado allí.

La alarma cada vez se hacía mayor. ¿Es que acaso Robin, supuestamente la mujer más inteligente que iba a conocer jamás en la vida, no había notado algo tan obvio, tan simple que hasta él mismo reconoció aún sin haberlo pensado mucho?

Maldijo en voz baja mientras seguía caminando y después de un rato de dar vueltas por aquí y por allá, terminó en plena alcaldía. A pesar de estar cada vez más cerca de su compañera, decidió que no la iba a incomodar ni se iba a incomodar a si mismo poniendo un solo pie allí. Se sentó afuera, simplemente a esperar.

Pasaron un par de horas. Llevaba varios días sin dormir bien- es decir, sin tener la tranquilidad suficiente para tomar sus habituales siestas en el lugar donde lo pillara la vida- así que allí, recargado contra la pequeña barda que protegía el jardín de la alcaldía, recargó su cabeza hacia atrás, cruzó brazos y piernas y se quedó profundamente dormido.

Hasta que alguien, por supuesto, lo sacudió del hombro con cuidado.

-Zoro.

Él rezongó y se volteó ligeramente. Buscó con la mano la sábana de su cama hasta que algo hizo clic dentro de su cabeza y recordó donde estaba, y al abrir los ojos y aclararse un poco la cabeza, vio junto a él a Robin, quien le sonrió ampliamente.

-Hola Zoro, ¿Ocurre algo?

Zoro se puso de pie rápidamente. Trató de guardar en todo momento la compostura, igual que ella lo hacía; solo iban a hablar, después de todo.

-Sí. Quisiera hablar contigo.

-Bien. Vamos a comer algo, ¿te parece?

En realidad, él quería hablar en ese momento, no esperar. Pero Robin se le adelantó y comenzó a caminar, de modo que él no pudo hacer nada y tuvo que seguirla. Caminaron hasta llegar al restaurante y les sirvieron la comida, pero Zoro no podía comenzar a comer, necesitaba hablar.

-Mujer, necesitaba decirte que…

-Se enfriará tu comida.

-No importa- se mantuvo firme. Robin bajó los cubiertos y lo miró fijamente, como esperando a que hablara, pero Zoro se quedó callado, sorprendido por la forma en que los ojos de su nakama lo mandaban directamente a otro mundo con solo la manera en que lo observaba, de esa manera tan intensa. Se dijo a si mismo que dejara de ser tan estúpido, ¿qué sucedía con él? No era así de débil y no iba a empezar a serlo por Robin- Tengo qué preguntarte, ¿exactamente qué es lo que piensas hacer por la gente de esta isla? ¿Por qué demonios te quieres quedar?

Robin apoyó la barbilla en su mano derecha. Ladeó un poco la cabeza y sonrió de una manera todavía más amplia, lo cual desconcertó a Zoro.

-Ya lo sabes, ¿no es cierto?

Y si era posible, aquello desestabilizó aún más al espadachín. ¿Quién lo iba a decir? Al parecer ella estaba todavía más consciente de él de lo que él estaba de ella. No se tambaleó. Le sostuvo la mirada tanto como pudo hacerlo. Robin finalmente se recargó contra el respaldo de la silla y miró hacia abajo por un momento.

-Bien. Ocurre que soy la única persona que puede ayudar a la gente de esta isla a encontrar esas ruinas, de miles de años de antigüedad. De hacerlo, ¿te imaginas lo que eso significaría? Si lo que los libros dicen acerca de ellas es verdad, deben ser totalmente invaluables. Atraería gente de todo el mundo, se activarían nuevas formas de turismo y de comercio, y esta gente podría salir adelante.

Zoro observó a Robin en cuanto esta se quedó callada. La idea había llegado a su mente de un momento a otro, pero se dio cuenta de que era muy probable:

-Y significaría mucho para ti, ¿Verdad, mujer?

Robin no contestó, lo cual hizo que Zoro se desesperara un poco. Se inclinó sobre la mesa para verla más de cerca.

-Dímelo. Como arqueóloga, sería importante hacer un descubrimiento así. Llegar a un lugar donde nadie más ha llegado y encontrar unas ruinas antiguas y valiosas. Supongo que para ti y para cualquiera en tu lugar sería conveniente…- no pudo evitar poner cierta nota de desprecio a su voz. Aunque había tratado de sonar comprensivo, terminó pareciendo hiriente, aunque no fuera su intención. Se percató de esto al ver el pequeño gesto de indignación que Robin dejó notar en su rostro para después cubrirla con una capa de indiferencia, como era su costumbre. No se alejó. No se puso de pie y ni siquiera se esforzó por contestarle rápido.

Bebió un poco de agua y finalmente volvió sus ojos a Zoro, quien en todo este tiempo no mostró la más ligera variación en la curvatura de su boca o el ángulo de sus cejas.

-Por supuesto que sería algo grande. Sin embargo, sería peligroso hacerme notar de esa forma, ¿No te parece? El gobierno mundial podría venir y hacer todo tipo de destrozos en esta isla, y luego perseguirnos. No lo hago para obtener reconocimiento. Lo atesoraría como logro personal, acaso, pero no iría gritándolo a los cuatro vientos. De modo que si tus acusaciones han sido ya suficientes, me gustaría comer tranquila, gracias.

Zoro se puso de pie y salió del lugar sin haber agregado nada más a lo que Robin le decía.

Anduvo vagando por la villa y por el bosque por largas horas, hasta que, tarde en la noche, pudo encontrar la casa. Durante una de sus vueltas por la villa, se había encontrado de nuevo a Morton, quien le había dicho que la isla del correo les iba a mandar barcos al día siguiente. Esto significaba, obviamente, un paso más hacia sus compañeros y una gran noticia para el espadachín.

Entró pues a la casa dispuesto a tirarse a dormir. Al día siguiente estaría listo lo más temprano que pudiera para no perder ni un momento cuando el momento de partir llegara. Aunque claro, no podía decir lo mismo de Robin.

Hablando de ella. Le sorprendió encontrar la puerta de su habitación abierta de par en par. Quizás la había dejado así por el calor, quien sabe. Lo cierto era que además su lámpara estaba encendida había un libro junto a ella.

Zoro se acercó a la cama. Le quitó el libro de las manos y lo puso sobre la mesa, y se quedó observando a su compañera por varios segundos. Dios, quizás nunca podría decirlo en voz alta, o en presencia de ella, pero cómo le gustaba el color de su piel, la consistencia de sus labios, la serenidad de su expresión. Parecía todo lo contrario a lo que él mismo era, y quizás por eso era que se había enamorado así.

¿Sería capaz de dejarla?

Le había prometido que no se iría. Pero si era ella misma quien se lo pedía, ¿cómo negarse? ¿Cómo interponerse entre ella y algo que quizás ya había alcanzado la posición de "sueño" dentro de su corazón? Quizás al día siguiente él estaría viajando solo, después de todo.

Le dieron muchas ganas de besarla de nuevo como el día anterior, demostrarle que todo lo que decía y lo que hacía lo hacía por la sencilla razón de que le amaba mucho como para dejarla atrás…pero él no era quien podía hacer eso. Aunque la quisiera tanto, aunque no hubiera ya duda alguna sobre sus sentimientos hacia ella, no podía llegar simplemente a reclamar algo que no era suyo, al menos no aún…es decir, a ella.

Desistió de acercarse más. Podría despertarla y no quería eso.

Apagó la lámpara y fue como si en ese momento toda otra consideración se apagara junto con ella.

Al día siguiente él viajaría solo hacia otra isla con la esperanza de encontrar a sus amigos pronto. Sí, lo iba a lograr. Y tendrían que esperar a Robin. Dentro de un par de semanas entonces, tal vez, sus vidas volverían a ser como antes, y podría olvidarse de esa jodida isla y de todo lo que en ella había ocurrido, quizás también, de esos acercamientos que se había permitido con Robin. Y quizás también tendría la oportunidad de empezar desde cero con ella, aclarar las cosas, quizás hasta confesar abiertamente sus sentimientos…

Pero se estaba yendo demasiado lejos. Por el momento, solo iría a dormir.

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Cuando Robin despertó al día siguiente eran las 10 de la mañana. No había sentido cuando se había ido Zoro, pero pudo ver que se había llevado su ropa, quizás para lavarla en casa, ya lo había hecho un par de veces antes. Tardó un buen rato en despejarse, no había tenido más pesadillas a lo largo de la noche, en cambio había caído en un sueño pesadísimo y se había despertado algo confundida y desubicada.

Bajó de la cama y siguió su rutina diaria como siempre, sin embargo, no podía quitarse una opresión extraña que sentía en el pecho desde la noche anterior. Por más que trataba de no prestarle atención allí estaba, de modo que no podía concentrarse en nada de lo que quería hacer.

Pensó en salir a caminar un rato, pero afuera hacía un sol terrible y hacía demasiado calor.

Pasaron las horas y cayó la tarde.

Había desistido hacía un buen rato de continuar con su trabajo, simplemente sus ojos no podían estar demasiado tiempo en la pantalla de su computadora ni en los libros sin que tuviera la necesidad de cerrarlos y descansarlo por largo rato, pero, ¿qué era esta sensación? ¿Por qué no la dejaba en paz?

Pronto y sin que ella lo esperara llegó una respuesta.

La puerta se abrió y ella no pudo evitar sentirse terriblemente sorprendida cuando vio que Zoro entraba, usando la llave que ella misma le había dado. ¿No era muy temprano para que estuviera allí?

-Zoro…te esperaba hasta más tarde.

Él no contestó. Se quedó junto a la puerta mirándola, y fue entonces que Robin sintió finalmente esa opresión en su pecho explotar como si se tratara de un pedazo de cristal que de repente se estrella contra el suelo.

-No quería lastimarte.

-Zoro.

-Te dije que había cosas que yo… lo siento, no puedo quedarme más aquí.

-Zoro…

-Desde el primer segundo….la primera vez que te vi supe que te perdería pronto. No sabía cómo ni porqué. También sabía que si me quedaba te iba a lastimar…y así ha sido.

-Zoro…yo…

-No creo que los sueños que has tenido sean casualidad…han pasado cosas que debo resolver, y no quiero involucrarte más.

La manera que había dicho esas cosas… fue con una voz tan firme, tal como usualmente hablaba, sin titubeos, sin alguna entonación que le diera a sus palabras un sentido diferente que el que estas estrictamente expresaban. Robin no supo qué debía contestar.

Hasta cierto punto podía decir que comprendía. Comprendía, pero no quería que pasara. No quería perderlo, no así. No quería que de un momento a otro fuera tan sencillo darle vuelta a la página y acabar con la historia…borrar de su mente lo que habían pasado juntos…

Había sido todo tan perfecto….y quizás era allí donde estaba el problema. Había demasiada perfección en todo lo que habían vivido, y tenía que admitirlo, nunca en la vida siquiera había soñado con tener a alguien así, y ser feliz.

Tenía que ser. Lo que le sorprendía era la forma.

Se dijo, por enésima vez, que debía atenerse a las consecuencias. Ella había aceptado a Zoro tal como él se había presentado a ella. Sabía que no era suyo por completo, pero en cambio, se había entregado a sí misma en cuerpo y alma en la más grande apuesta que le haría alguna vez a la vida, y al amor. Apuesta que tal vez, con el corazón tan debilitado como lo sentía ahora, no tendría el valor de repetir nunca.

Zoro se acercó a ella.

-Tenía que venir a decírtelo. No podía simplemente dejar las cosas así.

-Entiendo perfectamente- sonrió ella, levantando la vista. Otra vez, la máscara, la otra ella que tomaba posesión cuando ella misma no sabía cómo debía actuar. La máscara de la mujer perfecta que no se permitía dejar salir sentimiento alguno sin su supervisión, la que no permitiría nunca ser lastimada, por nadie.

Al estar en presencia de la máscara, Zoro se adelantó un paso más. Le pasó a Robin un brazo alrededor de la cintura y se acercó más y más. Robin respiró profundamente su aroma, como para dejarlo grabado dentro de su cerebro para siempre. Luego, sintió como él le daba un beso en la frente; un beso largo, incluso tierno, que ocasionó que se le estrujara el corazón y que un quejido se ahogara en su garganta. No. No le iba a rogar, no iba a llorar abiertamente, nunca le iba a mostrar lo que sentía en ese momento. Iba a hacerle ver que era fuerte, que aún en una situación así no se iba a derrumbar.

Cuando él terminó el beso y se alejó de ella, Robin siguió sonriendo como si fuera la situación más tranquila.

-No te preocupes por mí. Si alguna vez me necesitas, puedes buscarme.

Zoro asintió. Se dio la vuelta y salió del departamento sin agregar nada más.

Sin estar completamente consciente de lo que acababa de pasar, Robin fue al teléfono y marcó el número de un restaurante y pidió algo de comer. En menos de media hora recibió su pedido, pero no se atrevió a tocar los platos.

Se dijo que mejor esperaría a la cena, pero dieron las 8, las 9, las 10 de la noche y siguió sin poder comer nada.

Decidió acostarse temprano. Pero pasaron las horas y no consiguió conciliar el sueño. Se levantó de la cama y caminó por todo el departamento, se volvía a acostar pero no podía dormir.

La noche transcurrió entre el calor y su insomnio. Pasaron las horas más oscuras y antes de que pudiera darse cuenta llegó el alba trayendo consigo un nuevo día.

Para las ocho de la mañana había tomado una decisión aún sin siquiera darse cuenta de ello. Pero fue como si un resorte la impulsara, con una fuerza desconocida, hacia el teléfono.

Marcó el número y esperó. Como era su teléfono personal, no tuvo que esperar a pasar antes por una secretaria.

Le contestó casi en seguida.

-¿Bueno?

-Buenos días, señor. Habla Nico Robin.

-Mmhp- se escuchó algo molesto- señorita Nico, no esperaba su llamada.

-Lo sé. Llamaba para preguntar si….si no es muy tarde para unirme al equipo al que me recomendó. Sé que el tiempo que me dio para pensarlo ha expirado ya, pero han ocurrido muchas cosas y yo…ahora mismo estoy más que dispuesta a cumplir con ese trabajo.

Él no contestó nada. Robin se puso nerviosa, quizás no podría aceptarla. Había pasado demasiado tiempo.

-En cualquier otra circunstancia…y a cualquier otra persona, se lo hubiera negado en seguida, señorita Nico. Sin embargo usted siempre ha sido una mujer responsable y estoy seguro de que su retraso no se debió a algo que usted pudiera controlar. Asimismo, yo no he podido encontrar a otro arqueólogo con la mitad de su capacidad que pudiera desempeñar este trabajo adecuadamente. Si viene hoy mismo al museo comenzaremos el papeleo y partirá para unirse al equipo a más tardar este mismo fin de semana.

Robin titubeó. Pero miró a su alrededor, miró el departamento que la rodeaba y no pudo encontrar nada que le recordara a Zoro, pero peor aún, nada a la vista podía hablarle de sí misma, y cayó en cuenta, una vez más, en qué clase de agujero negro había caído su vida. Tanto, que incluso algo como su relación con Zoro, había terminado sin que ella pudiera evitarlo.

-De acuerdo- le dijo entonces a su jefe- estaré allí en…una hora.

Colgó el teléfono y corrió a su habitación a arreglarse. Casi sin darse cuenta, su vida volvió a sentirse como una nube incierta, de la cual seguro iba a ser muy difícil salir.

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Nami miró por última vez todos los mapas que había conseguido. En la cocina del Sunny, Franky terminaba de leer la noticia en voz alta.

Luffy estaba en cubierta, caminando de un lado a otro, desesperado porque el barco emprendiera su marcha.

Al terminar de leer la noticia, Franky hizo bolita el periódico y lo lanzó con toda su fuerza contra la mesa ahogando un gruñido de rabia e impotencia.

Brook no dijo nada, tomaba una taza de té, sentado en la esquina de la habitación.

-No puede ser verdad- decía Ussop, abatido, en voz baja. Se dejó caer en su silla y se sujetó la frente con una mano.

-Pues tal parece que lo es. No cabe duda, tiene que haber sido una traición- contestó Sanji aparentando tranquilidad, sin voltear hacia la mesa.

-Pero ellos…van a estar bien, ¿verdad?- preguntó entonces Chopper luego de haberse calmado, de al fin haber dejado de llorar.

-Tiene que ser- contestó Nami, con una voz que delataba decisión- tendremos que ir a esta isla, Beltrya- explicó, extendiendo los mapas sobre la mesa- y esperar que aún no los hayan transportado a Supplicium.

-Quisiera ver qué tan buen honor le hacen esas islas a su nombre-contestó por su parte Sanji, quien terminaba de preparar los aperitivos que Luffy había pedido para pasar el mal momento.

-No hay porqué confiarnos- replicó Nami, ligeramente molesta. Un poco entristecida, agregó- si los llevan allí, el asunto será más grave. Y quién sabe cómo estarán luego de esa tormenta.

-Al menos sabemos dónde están- completó Franky- es un avance.

Nami miró a Luffy, que no dejaba de moverse de un lado a otro en cubierta. Su piel ya parecía humear. No cabía duda que estaba ansioso por llegar a su destino.

-Hay que poner esto en marcha, ¿no, nena?- preguntó el ciborg.

-Sí, o Luffy va a explotar. Ayúdenme.

Todos se encaminaron a cubierta y comenzaron a mover el barco.

-¿Quieres que toque algo para la ocasión, Nami san?

Nami observó a su capitán una vez más. La traición era algo grave, y pensar que sus amigos fueran víctimas de una era algo simplemente inaceptable. Lo comprendía, puesto que a su parecer era algo totalmente indignante. Si dos personas en este mundo no merecían una traición, esos eran Robin y Zoro.

-Cualquier cosa que sirva para distraer o calmar a Luffy.

Brook asintió, y comenzó a tocar.

Luffy seguía mirando hacia el horizonte. Si a sus amigos les sucedía algo, los responsables pagarían, y él personalmente se haría cargo de ello.

Continuará…

Cada vez falta menos para que se termine de resolver esto *-* me siento emocionada.

Solo que como siempre, estoy entrando a la parte difícil de la historia y no estoy segura de qué hacer, jaja. Lo extraño es que siempre me pasa, tengo definido el rumbo pero no tengo decidido el camino.

Oh bueno.

Nos leemos pronto :)

Aoshika October