Bien, pues sé que me volví a tardar y me disculpo por ello. Fue muy difícil este capítulo y como me imagino que ya han notado, este no es el final. ¿Por qué? Bueno, como dije antes, fue bastante complicado escribirlo, y si quería poner todo el desenlace de la historia aquí…simplemente iba para largo. Así que decidí dividirlo en dos.

Muchas gracias por leer n.n es muy bonito que estén al pendiente de los nuevos capítulos y que comenten. Me dan muchos ánimos para continuar escribiendo.

Disc. One Piece no me pertenece. Todo lo que puedan reconocer es propiedad de Oda sama (*-*) yo solo escribo esto, sin fines de lucro, únicamente para mi entretenimiento y de quien se anime a leer.

Resumen: No sé quién eres. No sé de dónde vienes, ni a dónde vas. Pero al mismo tiempo te conozco. Y por algún motivo, solo quiero…deseo que sepas quien soy.

Iris

Capítulo 12: And I'd give up forever to touch you

Entrar en contacto con el agua que se removía salvajemente fue devastador para su cuerpo. Aunque hubiera podido nadar, no hubiera podido hacer nada contra esas furiosas olas, que con fuerza la llevaban de un lado para otro sin que ella tuviera ni un poco de control sobre los movimientos de su propio cuerpo.

No podía ni abrir los ojos, pero aún si hubiera podido hacerlo sabía que el único resultado posible era una mezcla caótica y sin forma, que no resolvería sus dudas, sus miedos que de pronto comenzaban a tomar control sobre ella. Se preguntó en medio de la desesperación cuánto tiempo más tardaría en quedarse dormida…o en despertar…o quizás en morir. De pronto era tanta su angustia que estaba deseando morir.

A estas alturas no sabía si era peor soportar el dolor que se había apoderado de su cuerpo o los pensamientos que infectaban su cabeza producto de la desesperante situación. Nunca antes se había sentido tan indefensa y tan impotente.

Había mantenido el aire dentro de sus pulmones todo lo que había podido, pero una enorme ola la golpeó de lleno contra algo grande y sólido (¿una piedra, un barco?), obligándola a soltar el aire. Entreabrió sus ojos y una mancha roja pareció mezclarse con el agua frente a ella. Lo único que pudo pensar era que eran gotas de sangre que habían salido de su boca.

Pasaron unos minutos que a ella se le hicieron eternos, pero no aguantó mucho más. Perdió la consciencia en medio de un dolor desesperante en su cabeza y la sensación de que le eran arrancados cada uno de los miembros de su cuerpo.

Los Mugiwara se habían acercado a la isla mientras los barcos de los marines se dispersaban. Luffy estaba más que decidido a destrozarla, pero nadie sabía cómo demonios planeaba hacerlo.

Por si acaso, Sanji y Franky ya preparaban sus mejores golpes. Brook tenía lista su espada. Nami montó de nuevo su clima tact, Chopper comió una de sus Rumble Ball y Ussop preparó el armamento para lo que fuera.

-Nami- dijo de pronto el capitán- sigue intentando comunicarte con Robin.

-Pero no ha contestado desde que entró allí… ¿qué tal si ella y Zoro…?

-No lo sabremos hasta que consigas hablarles- pidió el joven capitán. Nami lo miró y asintió. Pocas veces Luffy se veía tan serio como en ese momento, por lo cual ella en seguida se concientizó de lo importante que era para su nakama el no darse por vencido con esa búsqueda.

Nami sujetó firmemente el den den mushi y continuó intentando.

Mientras tanto, Ussop, Sanji, Franky y Brook se acercaron a Luffy.

-Cuando nos acerquemos lo suficiente a la isla- informó Luffy- todos haremos el Cañón. Incluida Nami.

Miraron hacia la reja esperando el momento adecuado para llevar a cabo el plan, aún sin estar seguros de que funcionaría.

-Franky- habló Sanji volteando hacia él- ¿hay modo de que sepas cuál el punto más débil de esta cosa? Eso serviría para saber a dónde dirigir los ataques.

Franky miró la reja hasta donde podía alcanzar su vista. Pareció pensarlo profundamente por unos cuantos minutos y volteó hacia el rubio.

-Tendría que hacer algunos cálculos. Necesito unos minutos. ¿Qué opinas Luffy?

-Adelante- accedió él sin pensarlo demasiado- lo que sea que sirva para hacer pedazos esta cosa.

Mientras tanto Nami seguía intentando. Por momentos le parecía escuchar ruidos de fondo, entre ellos, el crujir de los árboles que se quemaban, pero aun así no obtenía respuesta alguna por parte de Robin. Sin embargo, la mayor parte del tiempo todo lo que podía oír era estática. Se consoló pensando que mientras más se acercaran a la isla, seguramente más fácil sería que ambos den den mushi establecieran suficiente conexión para poder comunicarse al fin.

Fue como si algo la sujetara del brazo y la jalara con fuerza de regreso a la realidad. Lo primero que sintió fue el calor. Como siempre. Como si nunca la hubiera abandonado, como si siempre hubiera estado allí. Un calor aplastante que apenas le dejaba espacio para respirar. Le costó tanto…tanto trabajo abrir los ojos.

Pero ya no sintió el agua a su alrededor. Bajo su cuerpo sintió firmeza, y aspiró una gran bocanada de aire al ser consciente de que podía respirar con libertad una vez más. Tosió como desesperada porque sus pulmones habían hecho un esfuerzo demasiado grande.

Se apoyó en las manos, sintiendo en ellas la tierra y las piedras, el suelo que nada tenía que ver con el agua tormentosa donde se había sentido en algún momento. Se fue impulsando, se afirmó sobre sus rodillas y levantó poco a poco su cuerpo.

Finalmente abrió los ojos y lo primero que vio fue el suelo de tierra debajo de ella, iluminado por las llamas que se iban acumulando en la distancia.

Un par de gotas cayeron de su frente, era sangre, que chocó contra la tierra. Esta imagen pareció sacarla poco a poco de la ensoñación. Ella quitó una mano del piso y dejó descansar su peso en las demás extremidades. Esa mano viajó a su rostro y lo tocó. Tocó su cabello y su frente, donde una cortada arriba de su ceja era la que emitía la sangre. Su otra mano, la derecha, también tenía una herida.

-La línea- se dijo, recordando de golpe todo lo ocurrido, recordando el corte que se había hecho él unos días antes, recordando que ella misma se había hecho una herida similar al descolgarse de la reja para caer allí, recordando un parque, un café, una plática incómoda…

Zoro… pensó, y consiguió de alguna forma hacer que sus piernas mantuvieran su peso. Se incorporó, tratando de dejar de temblar.

También recordó todo lo ocurrido al entrar ella a la isla. Al caer allí había corrido con todas sus fuerzas. Había atravesado casi completamente la isla, le había gritado, había intentado hacer que le contestara de algún modo pero no había conseguido respuesta.

Cuando la bomba la mandó volando contra una roca y quedó inconsciente…simplemente no lo quería recordar. Así que continuó corriendo, ¿dónde estaría Zoro?

Él estaba herido. No se podía mover ni despertar por sí mismo. Pero si realmente había sucedido con él lo que había sucedido con ella, Zoro debía seguir con vida, por lo tanto, seguramente había encontrado un lugar donde refugiarse por lo menos de manera superficial.

De modo que siguió corriendo, preguntándose qué lugar sería ese.

Entre los árboles no. Eso hubiera sido muy peligroso.

De pronto se acercó a uno de los extremos cercanos a la reja. En el piso había manchas de sangre, aún frescas. Zoro había estado en ese lugar.

Robin siguió viendo a su alrededor. Si Zoro estaba herido, tal vez corrió huyendo de las llamas. De modo que siguió avanzando como lo consideró prudente, sin embargo, ella sabía bien que Zoro no solía moverse ni encontrar lugares del modo que lo hacía cualquier humano convencional…con él siempre había algo distinto, algo a lo cual poner atención, algo que funcionaba independientemente de todo lo demás.

Si estaba herido, además, seguro no había llegado demasiado lejos. La voz de Nami ya no se escuchaba por el den den mushi. Solo oía estática así que no estaba segura de que sus nakama le oirían si ella hablaba.

Trató de no ponerle atención a eso así que continuó. De un momento a otro recordó sus sueños. En sus sueños los árboles desaparecían…y Zoro aparecía en algún punto entre esa oscuridad. ¿Pero dónde? Aún más, ¿podría llegar hasta él? ¿Llegaría a tiempo? ¿De verdad estaría vivo?

No tuvo que hacer mucho más, en el suelo alcanzó a distinguir huellas, y gotas de sangre. Esa era su pista. Sintió su corazón desbocarse mientras procuraba poner todos sus sentidos alerta. El calor sólo lo hacía todo más terrible, más difícil.

Siguió el rastro mientras éste no se perdía entre las hojas, la maleza mal plantada en el piso y los árboles…todo se veía tan mal, tan artificial. Continuó hasta que creyó distinguir algo entre todo ese caos.

Unas piedras amontonadas... sintió haberlas visto en algún lugar y un pensamiento vago le dijo que había sido en las constantes carreras que efectuaba en sus sueños. Corrió hacia allí con el corazón saliéndosele por la boca.

-¡Zoro!- gritó en cuanto lo vio tirado, recargado contra las rocas.

Su estado era lamentable…tal como lo había visto por última vez…en…en la cabaña. Quizás mucho peor.

Robin trató de evitar el recuerdo y se apresuró a hincarse a su lado. Lo revisó, tenía heridas por todo el cuerpo pero su pierna izquierda era la más afectada. Sangraba a borbotones. Miró su mano derecha y comprobó que estaba todavía más lastimado que cuando ella le había puesto la venda.

-Zoro…- lo llamó, sujetándolo de la cara. Aproximó su rostro para comprobar que respiraba. Puso una mano en su cuello para sentir el pulso. Trató de levantarle los párpados para revisar si había reflejos oculares- Zoro- llamó de nuevo mientras lo sacudía un poco- Zoro por favor, despierta, debemos irnos pronto de aquí, ¡Zoro! ¡Zoro escúchame, por favor!- pidió de nuevo sin obtener respuesta. Zoro estaba vivo, eso era un hecho, pero no le contestaba.

Robin se sentía terriblemente frágil en esos instantes. Sus sentimientos habían sido expuestos, se había debilitado, y ahora Zoro no reaccionaba. Se sentía derrotada, se sentía una inútil. ¿Cómo había pensado en irlo a buscar ella sola? Sanji, Chopper, hasta Ussop lo hubiera hecho mejor. Eran más fuertes que ella, no se sentían como ella se sentía en este momento, como una total necia que no había sabido ponerle límites a nada, ni a su alrededor, ni a Zoro ni a sí misma.

Cualquiera de ellos habría podido echarse a Zoro en la espalda y buscar la manera de salir, pero ella no podía hacer eso.

-¡Zoro, tienes que despertar!- le pidió una vez más- por favor…Zoro... me pediste que te despertara…dijiste que te tenía que despertar, ¿no lo recuerdas? Prometiste que no te irías, prometiste que te ibas a quedar conmigo…

Puso las manos en su pecho y percibió el suave sube y baja. El calor era insoportable, pero ella había dejado de notarlo mucho antes.

-Zoro…- lo llamó por enésima vez- no estamos muertos… por favor reacciona.

Comenzaba a perder la esperanza. No dijo nada más porque sabía que en cualquier momento su voz se quebraría, y ella simplemente no deseaba que eso sucediera. Necesitaba…dios, necesitaba calmarse y pensar en algo pero simplemente no conseguía hacerlo. Estaba bloqueada y no conseguía aclarar sus pensamientos. Miró de nuevo el rostro de Zoro y acercó una mano para tocarle. Estaba tibio. Respiraba. Estaba vivo y eso era lo que importaba.

¿Pero cómo despertarlo, cómo regresarlo a su lado?

Lentamente fue bajando su frente hasta que tocó el pecho de su nakama. Se sentía exhausta. Tantas cosas recordó en ese momento que no pudo detenerlas aunque hubiera querido, sentía un calor muy extraño en el pecho, diferente del que había generado el incendio, éste era doloroso, amargo, pero al mismo tiempo, le parecía una sensación reconfortante, como si estuviera pagando por algo y esa fuera la mejor forma de hacerlo. El calor que sentía era el recuerdo de las noches que había dormido a su lado, en sus brazos, envuelta en el calor más agradable que había sentido en mucho tiempo y de la paz más profunda, más hermosa, irresponsable, estúpida y culpable que había sentido en mucho tiempo.

Quizás todo había sido un simple sueño. Un sueño, producto de la fuerza de la explosión, el impacto, y de su imaginación desarrollada a golpe de pasarse horas y horas leyendo todo tipo de cosas, historias. Quizás Zoro no recordaba nada de eso. Quizás después de todo…

De pronto sintió que su mano, que seguía sobre el pecho de Zoro al igual que su frente, era apretada suavemente por otra mano más grande. Ella levantó la cabeza rápido y miró su cara una vez más.

Zoro tenía los ojos apretados, en general, todo su rostro estaba contraído en una mueca de molestia. Lo relajó y abrió, apenas un poco, sus labios, y Robin escuchó cómo aspiraba un poco de aire. Apretó un poco más la mano de Robin y ella se separó de su pecho.

-¿Zoro?

-Mujer… ¿estás bien?

Robin respiró profundamente, con gran alivio.

-Estoy bien- contestó con la voz más tranquila de la que podía disponer- pero tenemos que salir de aquí rápido. Los demás nos esperan afuera.

-No pude destruirla- dijo él. Robin entendió en seguida que se refería a la reja- por más que lo intenté. Estoy...

-Lo sé pero, ¿puedes levantarte?- le interrumpió, deseando que no gastara energías en vano. Ya lo hablarían. Ya pedirían explicaciones, ya se contarían todo lo que había pasado-. Te ayudaré a caminar, vamos. Hay que darnos prisa o el fuego nos alcanzará.

Robin se acercó a su costado, se las arregló para que él le pasara el brazo sobre los hombros y lo sujetó con firmeza. Comenzó a impulsarse hacia arriba despacio, ayudándole con esto a incorporarse.

Al principio las rodillas de Zoro se doblaban bajo su peso. Robin se esforzó por mantenerse firme sobre sus propias piernas, para darle algo de apoyo. Finalmente, luego de quejarse un poco, Zoro consiguió mantenerse en pie sobre su pierna sana, pero no podía recargarse mucho en la otra.

No hubo más palabras entre ellos mientras comenzaban a caminar hacia el lado contrario que tomaba el fuego. Robin comenzó a escarbar en su mente, pensando que quizás era cierto, quizás todo lo que había pasado había sido un simple sueño como tantos que había tenido últimamente. Aunque se hubiera sentido tan real, era probable que si le mencionaba algo a Zoro lo único que conseguiría sería asustarlo o por lo menos hacerlo sentir incómodo de estar con ella, y de eso, estaba segura, ya había tenido más que suficiente.

No necesitaban un problema así en ese momento. Primero necesitaban salir de allí. Luego podrían resolver todo juntos.

-¡Robin!- se escuchó de pronto, y el ruido los exaltó un poco- ¡Por dios Robin, contesta por favor!

Robin esbozó una sonrisa y sacó el den den mushi de entre sus ropas. Lo acercó a su rostro.

-Nami…aquí estoy- al mover el brazo había perdido un poco de firmeza en el agarre que tenía de Zoro, así que tuvo que volver a acomodarse- encontré a Zoro- anunció, como si el pronunciar esas palabras terminara de convertir la situación en algo real.

-¡Robin!- exclamó Nami desde el barco y su voz denotaba gran alivio y alegría- Menos mal. Luffy y los demás están buscando alguna forma de romper la reja para poder sacarlos de allí. Creo que Luffy quiere que usemos un Cañón entre todos. ¿En dónde están?

Robin miró a su alrededor, pero no consiguió ubicarse. Entre la caída, el golpe y el sueño, realmente ahora se encontraba algo confundida. Había empezado a caminar con Zoro, pero hasta ese momento cayó en cuenta de que en realidad no tenía idea de a donde lo podía llevar.

-No estoy segura, Nami- informó, dudosa.

-Escucha, estamos acercando el barco lo más que podemos a la isla. Tengo unas bengalas, encenderé algunas para que te guíes. Avísame cuando las veas.

-De acuerdo.

Robin comenzó a ver hacia el cielo, esperando poder ver las luces cuando Nami las encendiera. Zoro también había levantado la cabeza y esperaba tan atento como ella. La luz de las llamas limitaría el avistamiento, pero esperaba que el cielo nublado hiciera más fácil su tarea. Esperó unos segundos.

-¡Por ahí!- exclamó Zoro de repente, señalando hacia la derecha y efectivamente, a lo lejos, en el cielo nublado, consiguieron ver las luces.

-Ya vimos las bengalas, Nami- informó ella- nos dirigiremos hacia allá.

-¡Bien! No tarden mucho, por favor.

-No te preocupes.

Robin volvió a guardar el artefacto entre sus ropas, y cuidó que Zoro estuviera bien sujeto de ella. Ahora que estaba un poco más tranquila, pues lo había encontrado y se dirigían a encontrarse con sus amigos, no pudo evitar que al fin toda clase de pensamientos incómodos la alcanzaran.

Comenzó a recordar día por día ese "sueño", "ilusión", "alucinación" o lo que hubiera sido, punto por punto, cada momento, cada pensamiento que había pasado por su cabeza en ese entonces. ¿Cómo era posible que en semejantes situaciones se haya vuelto tan inconsciente? En esos momentos, el no recordar nada acerca de su pasado no le había causado ningún problema hasta el momento en que Zoro se lo hizo notar. ¿Cómo se había permitido a sí misma vivir en semejante ilusión, con tanta tranquilidad?

Con más razón aun, quiso pensar que todo había sido un sueño. Sí, un sueño, porque no le encontraba ninguna otra explicación a su propia actitud. Le sorprendía de sí misma. Era como si no hubiera sido ella, o más bien, como si hubiera sido ella, pero cegada, sedada, sumisa a su suerte y a la "vida" que le había tocado. Totalmente irresponsable y olvidadiza hacia lo que realmente importaba, ¿realmente había sido ella todo ese tiempo?

Un quejido infructuosamente disimulado por Zoro llamó su atención. Fijó sus ojos en las múltiples heridas que recorrían su cuerpo y se percató de que estaba temblando, apenas perceptiblemente, y que de su frente caían grandes gotas de sudor.

Pensó en todas las veces que lo había visto así, en su "sueño", y en la realidad. Sintió como si un gran peso cayera sobre ella.

Detuvo un momento su caminar y le palpó la frente.

-Estas ardiendo- le dijo en voz baja, tratando de ocultar que ella misma estaba agotada, nerviosa, y que comenzaba a sentirse mareada por el humo y la sensación de encierro de la que era presa en ese sitio.

Zoro hizo una media sonrisa cansada. Desvió la vista y Robin notó que a partir de ese momento procuró recargarse menos en ella lo cual la molestó y la alivió a partes iguales.

Le molestaba porque parecía que a pesar de haber ocurrido ya tantas cosas entre ellos Zoro no parecía terminar de confiar plenamente en ella. Le aliviaba que por otra parte y a pesar de las constantes discusiones y problemas que habían tenido últimamente, Zoro fuera el mismo de siempre, fuerte, estoico, y firmemente decidido a no ser una carga para nadie, ahora en el sentido más literal posible.

Siguieron caminando hacia el rumbo en el que habían visto las bengalas, con Robin guiando. Alcanzaron a ver varias más, que seguramente Nami seguía encendiendo para asegurarse de que no perdieran el rumbo.

Robin agradecía eso. Tal como se encontraba en ese momento, a ella no se le habría ocurrido nada útil para conseguir regresar. Su mente no se encontraba clara, con el paso de los minutos se sentía más cansada y su pensamiento trabajaba con menos claridad.

-Creo que ya estamos cerca- le anunció a Zoro después de un rato de caminar en dirección a las bengalas, aunque no estaba realmente segura. Su nakama levantó la cabeza y asintió, quizás únicamente lo hacían para asegurarse de que el otro estaba bien. Ambos aceleraron un poco más la de por sí dura caminata.

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Nami suspiró bajando el den den mushi luego de que Robin le confirmara que había visto las bengalas.

-Ya vienen para acá- informó con el corazón saliéndosele la boca a sus compañeros, que ya se encontraban cerca de la cabeza del Sunny mientras más se acercaban a la reja. Ellos sonrieron de vuelta, mirándose unos a otros compartiendo la felicidad del momento, pero casi en seguida se recobró la seriedad marcada desde un principio por el inusualmente serio capitán.

Franky traía un cuaderno en las manos y parecía estar haciendo cálculos. De pronto el ciborg sacó de entre sus accesorios un puntero láser y dirigió a luz a un lugar de la reja a unos diez metros de altura.

-Creo que ese es el punto idóneo- les dijo a sus nakama- si no me equivoco, ahí el material es suficientemente débil para que sea sencillo usar el Cañón.

-¿Por qué precisamente allí?- preguntó Ussop.

-Distintos factores, la humedad, la erosión, la fricción que se genera al subirla… un cálculo exacto me tomaría días, pero creo que la aproximación ya es bastante buena.

Ussop asintió ante la respuesta. Todos se habían quedado mirando la reja con atención, esperando que quizás en cualquier momento pudieran ver también a Robin y a Zoro.

-Parece que nuevamente tenemos compañía- anunció Sanji, pues todos los demás estaban tan concentrados en la reja que fue el único en darse cuenta- ya sabía yo que se habían retirado con demasiada facilidad. Fueron por refuerzos.

Efectivamente, los marines, que se habían mantenido a cierta distancia, ahora regresaban, pero con ellos venía una flota de barcos grandes y mejor equipados.

-Se retiraron para que no los destruyéramos todos y poder esperarlos- dedujo Nami. Chopper asintió.

Luffy siguió mirando hacia la reja, como si la presencia de los marines no tuviera importancia.

-Sólo unos metros más, Luffy- le dijo Franky, notando la inquietud del moreno- y podremos hacer el Cañón. Luego nos ocupamos de los marines. Aún están algo lejos.

-No me importan los marines- anunció Luffy en voz alta, volteando hacia él, y de pronto todos tuvieron la sensación de que ellos mismos no tenían las prioridades en orden.

Luffy estaba preocupado por Robin y Zoro, más incluso de lo que sus nakama habían pensado, tanto que ni siquiera estaba actuando despreocupado como usualmente lo hacía aún en las situaciones más riesgosas. Y era cierto, en realidad no le importaban los marines. Cuando habían atacado, se había dignado a atacar de vuelta, pero como era de esperarse, había sido muy sencillo para él deshacerse de un barco tras otro. Sabía que allí no había rivales para él. Lo único que realmente le importaba, entonces, eran ellos.

Y sí, cuando llegaran los marines, los Mugiwara se defenderían con uñas y dientes. Pero ahora, lo importante era liberar a Robin y a Zoro.

Nami se alejó del grupo y encendió una bengala más.

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Al ver una nueva bengala arder en el cielo, Robin sintió que podía relajarse un poco, pues ello le servía para comprobar que seguían por el camino correcto. Volteando hacia atrás había comprobado que las llamas se expandían con mayor velocidad de lo que ella había pensado entre los árboles. Además, Zoro poco a poco caminaba más despacio y parecía que de un momento a otro se quedaría sin fuerzas y ella no quería arriesgarse a eso.

Se detuvo un momento. Le pareció percibir en el ambiente algo distinto, sintió algo que la sacudió de pies a cabeza con un violento escalofrío. Miró el suelo. No tardó mucho en saber lo que iba a pasar, y se alarmó tanto que no lo pensó dos veces.

Se lanzó hacia un lado, usando todas sus fuerzas para llevar a Zoro con ella. El espadachín cayó encima de ella, y Robin se movió rápido para hacer que se cubriera la cabeza, cosa que también hizo él. En un par de segundos escucharon algo explotando detrás de ellos con muchísima fuerza.

Esperaron, con el corazón latiéndoles a mil por hora pues ambos habían sentido el poder de esas explosiones antes, y sus consecuencias. Levantaron las cabezas después de uno o dos eternos minutos. El lugar por donde iban caminando había sufrido, en efecto, una fuerte explosión. Otra mina.

-¿Cómo supiste?- preguntó Zoro, aún con la respiración agitada mientras ambos se sentaban en el piso tratando de recuperarse.

-No la escondieron bien. Me di cuenta cuando la pisamos- de pronto hizo otro gesto de dolor y se sujetó el estómago. Al caerle encima, Zoro la había lastimado.

-Mujer, tú…

-Estoy bien. Tenemos que irnos ya.

Robin se comenzó a levantar con mucho esfuerzo, y a Zoro no se le pasó por alto que su voz sonaba afectada y difícil. Sin embargo, dada la situación, no insistió para preguntarle.

Ella miró hacia el cielo. Se ubicó una vez más y se acomodó bajo el brazo de Zoro para ayudarle a caminar, pero pronto se dio cuenta de que ahora ella misma se estaba recargando en él, tanto como él se apoyaba en ella.

El dolor que Robin comenzaba a sentir dentro de ella se iba haciendo más grande. Sentía que se había forzado demasiado y a su mente llegaron recuerdos vagos de cuando se había lanzado al agua para "despertar". Sin embargo, en seguida pensó que era una tontería creer que eso le había hecho daño, después de todo, había sido una simple ilusión, un sueño. Simplemente no podía ser. Cada vez veían la reja más cerca. Respiraron profundo al alcanzar las arenas de la playa.

A lo lejos, el Sunny se veía, detrás de la reja.

Robin sonrió y miró a Zoro.

-Deberíamos…descansar un momento. Debo avisarle a Nami.

Zoro asintió y se soltaron, aunque a los dos les costaba mucho trabajo mantenerse en pie por sí solos.

-Nami- llamó por el den den mushi- ya puedo ver el barco.

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-¡Chicos!- gritó emocionada Nami, volteando a ver a sus compañeros- ¡Zoro y Robin están en la playa! ¿Pueden verlos?

Ussop se acercó a la barandilla y se ajustó sus lentes especiales. Estuvo unos segundos ajustando y moviéndose para enfocarlos, y finalmente saltó de alegría.

-¡Sí, los veo!

-Justo a tiempo- dijo a su vez Franky- desde aquí podemos comenzar. Es un ángulo perfecto para utilizar el Cañón.

Después de voltear para escuchar lo que tenían que decir sus nakama, Luffy volvió a ver hacia la reja, y le pareció distinguir a lo lejos las figuras de Zoro y Robin. Los demás lo vieron cerrar los ojos y respirar profundamente.

-Estoy listo- sentencio con firmeza, y todos supieron que aquello era como la señal de que ellos también tenían que estar listos.

Nami tomó el den den mushi y miró en dirección a Robin y Zoro.

-Robin. Usaremos el Cañón. Sabemos que esa cosa es prácticamente irrompible, pero tenemos que intentarlo- miró hacia el horizonte, los barcos de los marines se acercaban cada vez más- escúchame, los marines vienen hacia acá. Si lo conseguimos, apenas tendremos tiempo para que suban al Sunny y huir, o defendernos.

Respiró profundo mientras escuchaba a la arqueóloga contestar.

-De acuerdo. Estamos listos.

Nami notó el cansancio en su voz, y pensó que tenían que apresurarse. Las llamas en la isla se hacían cada vez más altas. El humo que ascendía hacia el cielo se volvía cada vez más denso y tuvo que pensar que en cualquier momento los alcanzarían. Por un lado, el fuego. Por el otro, los marines. En medio, la reja. La situación era asfixiante en más de un sentido.

Los Mugiwaras se alinearon en la cubierta, de cara a la reja. Prepararon el ataque.

-Glazzing Song…

-Cup de Vent…

-Kokutei Roseo Metel…

-Dial Wolf Impact….

-Diable Jambe…

-Thunderbolt tempo…

-Gear Sekando…Gomu gomu no…600…

-¡CANON!

Los ataques se combinaron en el aire y crearon una sola gran y enceguecedora bola de energía, como un verdadero cañón, que se dirigió hacia la reja y la impactó con una fuerza descomunal. El viento fuerte despedido por el cañón los obligó a cubrirse con los brazos y caminar un poco hacia atrás. El ataque pareció quedarse dando vueltas contra la estructura por varios segundos y se escuchó un sonido profundo, como un trueno que retumbaba en el vacío millones de veces.

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Robin y Zoro habían tenido que cubrirse. El ataque había sido fortísimo, despedía una energía tremenda que se sentía en el aire como electricidad, y produjo una luz poderosa y un ruido ensordecedor que por momentos consiguió aturdirlos. Robin se agachó, bajando la cabeza y cubriéndose los oídos. Zoro hizo lo mismo pero sobre ella, como protegiéndola con su cuerpo.

El suelo bajo sus pies había temblado, lo cual creó en ellos cierta alarma.

Cuando todo se calmó, Zoro se levantó un poco y Robin dirigió la vista hacia la reja.

A pesar de que la energía se había disipado, la reja emitió una especie de crujido, largo, y tenía una que otra grieta en el metal. Pero no se había roto.

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Habían quedado bastante agitados luego del golpe, pues habían utilizado gran parte de sus fuerzas para llevarlo a cabo, y cada quién advirtió en su cuerpo las consecuencias. Pero la reja no había cedido.

Ussop hasta cayó de rodillas debido al cansancio. Si bien sus poderes, como los de Nami, eran básicamente uso de armas, ambos tenían que invertir ciertas cantidades de fuerza. Eso, y soportar el ritmo de los otros miembros del equipo.

No había sido fácil. La idea del cañón le vino a la cabeza a Luffy al recordar el recorrido que habían hecho hacia Ennies Lobby, cuando llevó a cabo ese mismo ataque pero solamente con Zoro.

La diferencia era que aunque nunca habían ensayado antes, ellos dos se entendían prácticamente con solo mirarse y debido a este grado tan alto de conexión combinaban sus poderes con suma facilidad. Ahora, se trataba de combinar siete técnicas distintas, sin ningún tipo de preparación previa y además teniendo en mente que por desgracia no contaban con tan alto grado de entendimiento entre ellos. Habían confiado puramente en el instinto propio y de los demás y aunque el resultado fue impresionante, no resultó ser tan efectivo como esperaban.

-Esto sería más sencillo si Zoro y Robin atacaran también- se le salió decir a Ussop.

Sanji lo miró, entre molesto, alterado y alarmado.

-¡No digas estupideces! Ellos están heridos, ¿cómo podrían hacer algo así?...bueno, el marimo es tan bestia que seguro no importaría, pero ni insinúes algo así para mi Robin chwan…

-Tiene razón- dijo de pronto Luffy- si Zoro y Robin pudieran…

Luffy se calló sin concluir la idea, pero era que no dejaba de pensar en ello.

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Lo que no contaban, era que ambos habían escuchado todo por el den den mushi que Nami aún traía entre sus ropas.

Zoro se levantó con toda la fuerza que le quedaba. Miró hacia el barco y luego hacia la reja y ubicó con la mirada el punto exacto al que sus nakama habían apuntado el ataque la primera vez.

-Ellos tienen razón- dijo en voz baja, pero aun suficientemente fuerte para ser escuchado por Robin- si queremos salir de aquí…tendré que hacerlo yo también.

Robin se levantó hacia él, ignorando el dolor fuerte que sentía en su estómago y que poco a poco ascendía hacia su pecho.

-No puedes. Estás herido, sólo conseguirás lastimarte más.

-¡Prefiero eso a seguir encerrado en este sitio!- se tambaleó un poco. Hasta levantar la voz le costaba trabajo- diles a los demás que vuelvan a hacerlo. Yo también lo haré.

-¿De dónde piensas sacar fuerzas?- protestó tomándole del brazo para tratar de detenerlo- Apenas te mantienes en pie.

-¿Qué me dices de ti? – Zoro agitó su extremidad para que ella lo soltara, ahora parecía estar muy molesto-deja de fingir que estás bien. Sé que te lastimé cuando caí sobre ti, así que ¿quieres dejar de actuar como yo y comenzar a ser tú de una vez por todas?

Robin se detuvo en seco y Zoro también pareció perturbado por sus propias palabras. Ella lo observaba sin decir nada, pero su mirada sabía a reproche.

Sin dejar de mirarlo, Robin tomó el den den mushi, lo acercó a su rostro y habló.

-Nami… ¿me escuchas? Zoro y yo haremos el Cañón también. ¿Pueden ustedes volver a hacer sus ataques?

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Nami sacó el den den mushi.

-¡¿Cómo pueden pensar en eso?! ¡Sólo escucha como estás, Robin! No creo que Zoro se encuentre mucho mejor que tú. No, tiene que haber otra manera.

-¿Se les ocurre a ustedes otra cosa?- preguntó dándole mucha más energía a su voz, tanto, que sonó realmente severa hacia su nakama. Suavizó un poco su tono-, creo que falta realmente poco. Si Zoro y yo conseguimos hacer algo de este lado seguro lo conseguiremos.

Nami miró hacia allá una vez más, realmente preocupada por ellos.

-¿Tienen fuerza para algo así?

-No mucha. Creo que apenas suficiente. Pero podemos intentarlo.

Nami miró un momento el artefacto en sus manos y suspiró. Volteó a ver a los demás.

-¿Qué dicen? ¿Podemos intentar de nuevo?

Luffy asintió. Los demás, aunque agitados aún, también lo hicieron. Nami hizo un cálculo rápido de la energía que le quedaba para llevar a cabo otro ataque con sus compañeros y decidió que era más que suficiente.

Energías les sobraban… a ellos. ¿Pero Zoro y Robin?

Era lo que preocupaba.

-Robin, podemos hacerlo. Sólo…por favor, tengan mucho cuidado.

-Por supuesto.

.

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Robin escuchó a través del den den mushi cómo sus compañeros se ponían de acuerdo. Cerca de ella, Zoro se había incorporado lo mejor que había podido. Sacó sus espadas y se colocó en su posición de ataque más firme.

Ella se acercó a su lado y miró el punto al que debían golpear.

Respiró profundo mientras escuchaban a sus compañeros preparar sus ataques.

Pero esta vez se unieron otros dos.

-Pondo Hou…

-Gigantesco Mano…

-¡CANON!

Una vez más una gran bola de energía se vio despedida contra la reja. De lado de ellos, el poder de la mano gigante de Robin combinada con el pondo Hou de Zoro también la impactaron y ambas fuerzas hicieron que otro temblor tuviera lugar. Escucharon un fuerte estruendo que duró por varios segundos.

Robin miró hacia arriba y notó que la reja temblaba con muchísima fuerza, como si se estuviera desprendiendo de sus engranes y perdiendo estabilidad. Zoro la jaló hacia un lado y la cubrió con su cuerpo mientras grandes pedazos de metal comenzaban a desprenderse y caer al suelo.

El poder del segundo cañón simplemente fue insuperable. La sacudida que se sentía en el suelo era violenta y no parecía querer detenerse.

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Los Mugiwara se quedaron quietos viendo cómo el cañón había formado un hueco considerable en la reja, y que a partir de allí todo comenzó a agrietarse, y que poco a poco se partía en pedazos que iban cayendo hacia la isla.

-¡Robin!- se apresuró Nami a volver a ponerse en contacto- dime que están bien, por favor. Robin, respóndeme…

-Nami…- la voz de Robin sonó aún más temblorosa de lo que esperaba- Estamos aquí. Casi no puedo moverme.

-¡Esperen allí!- le gritó Nami- acercaremos el barco. No se preocupen, sólo manténganse a salvo.

-Sí…de…de acuerdo…

La respuesta era tan débil que Nami sintió un pequeño escalofrío.

-Rápido todos. Hay que acercar aún más el barco.

-¡Si hacemos eso nos acorralarán aquí los marines!- protestó Ussop.

-No hay alternativa- explicó Nami mientras se dirigía al timón para girar un poco el barco, pues estaba de costado con respecto a la isla- ellos no están en condiciones. Luffy tendrá que alargar su brazo y sacarlos pero desde esta distancia sería difícil y podría lastimarlos.

-Nos defenderemos cuando los marines lleguen- aseguró Sanji a su vez- ahora lo importante es sacar al marimo y a mi hermosa Robin chwan de allí.

Ussop tragó saliva ruidosamente y asintió.

Chopper, Brook y Franky comenzaron a correr siguiendo las indicaciones de Nami para acelerar aunque fuera un poco el barco en dirección a la isla.

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Robin se dejó caer de espaldas junto a Zoro. Ambos habían gastado hasta la última gota de energía que les quedaba en el cuerpo. Apenas y podían moverse, hablar era casi imposible y la respiración era difícil.

Volteó a verlo, y él la miró a ella. Justo como en el momento en que estuvieron tendidos en la playa después de casi morir en la tormenta. Y justo como en ese momento, ella necesitaba desesperadamente acercarse a él, ya no podía resistir más, necesitaba hablar y aclarar tantas cosas…

No sabía si Zoro quizás había comprendido, pero buscó acercarse a ella del mismo modo en que ella buscaba llegar a él.

Pero no podían moverse. Apenas y conseguían mantener los ojos abiertos.

No quería pensar en tonterías ni hacerse falsas esperanzas. Todo lo que buscaba Zoro, seguramente, era confortarla de algún modo. Quizás todo lo que quería era asegurarse de que estaba bien, a salvo, que no estaba lastimada. ¿Por qué pensar que expresamente iría a abrazarla, como ella quería que hiciera?

Porque ella estaba consciente. Había dejado que su comportamiento se saliera del límite, y en cierto modo, había traicionado a su nakama cuando éste más lo necesitaba. ¿Cómo podría Zoro sentir algo por ella luego de eso?

Sabía que él la había amado. Estaba casi completamente segura. Y ella, por un plan que había ido trazando poco a poco casi sin tomarlo en cuenta, había conseguido destruir ese sentimiento. O al menos, eso sería lo lógico, considerando que Zoro casi muere por su culpa.

Era tanto lo que quería decirle, tanto de qué disculparse y al mismo tiempo, tanto que pedirle que le explicara, tanto qué aclarar.

Cuando lo encontró un rato antes, había sentido que él estaba feliz de verla, de ver que había ido a buscarle. Pero ahora parecía tan molesto, tan serio que le costaba creer que quizás aún albergaba para ella un sentimiento como el amor. Aunque era lo que ella más deseaba, por algún motivo tenía la certeza de que lo había perdido.

Ahora menos que nunca podía considerar el contarle lo que había ocurrido en su sueño, todo lo que habían vivido juntos, y la manera en que despertó.

Pero podía decir que sentía paz. Porque había hecho lo que su corazón le había dicho. Había corrido hacia él y ahora estaba a su lado, había arriesgado todo con tal de sacarlo de allí y quería creer que con eso la deuda quedaba saldada.

De pronto sitió que algo la envolvía y su cuerpo se vio atraído hacia el de Zoro por esa fuerza. Sus pechos chocaron y casi sucedía lo mismo con sus caras. Se miraron por una fracción de segundo y voltearon en dirección al mar, para comprobar que estaban siendo salvados, cómo no, por los enormes brazos de goma de Luffy.

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-¡Los tengo!- anunció el chico de goma con una repentina luminosidad en su rostro.

Los demás comenzaron a saltar de alegría mientras él jalaba con todas sus fuerzas sus brazos de regreso hacia ellos.

-¡Luffy, los lastimarás!- gritó Chopper alarmado al ver hacia donde iba el "rescate" del capitán.

Sin embargo, antes de que Zoro y Robin se impactaran contra ellos los soltó de golpe.

-Gomu gomu no… ¡Fusen!- Luffy se infló como un globo gigante para amortiguarles el golpe.

Abajo, Chopper y Franky se pusieron en posiciones. Chopper atrapó a Robin y Franky a Zoro, y un grito de felicidad se dejó oír por parte de Luffy.

Nami y Sanji, como era de esperarse, corrieron a abrazar a Robin, pero se detuvieron al ver lo herida que estaba.

-Hay que llevarlos a descansar- indicó Chopper a Franky.

-No- de pronto, Zoro protestó-quiero quedarme…aquí.

-Pero Zoro, mírate, estás mal- le dijo Nami acercándose a él. Zoro empujó a Franky un poco para que lo soltara y lo dejara en el suelo.

-He estado peor. Además- se mantuvo en pie lo mejor que pudo- creo que no me siento tan mal.

Robin hizo lo mismo que él y a Chopper no le quedó otra opción que dejarla en el piso.

-No se preocupen por nosotros- les pidió, mientras Zoro la miraba, realmente intrigado.

-Pero…Robin chwan…

-No hay proble… ¡Agh!- Robin se dobló sobre sí misma, y fue entonces que se dieron cuenta de lo lastimada que se encontraba realmente. Sanji y Franky la sujetaron de los brazos y la ayudaron a llegar al sillón, donde la acomodaron para que se recostara un poco y descansara.

Justo en ese momento, el Sunny empezó a mecerse violentamente. Escucharon explosiones; los barcos de los marines volvían a atacar.

-¡Rápido, hay que proteger el Sunny!- gritó Luffy, notablemente reanimado, y todos comenzaron a combatir los cañones y las balas que comenzaban a impactar cerca del barco.

Como era de esperarse, Zoro no se quiso quedar quieto y comenzó a caminar para ayudarles a sus compañeros. A pesar de que ellos trataron de impedírselo, finalmente tuvieron que ceder pues Zoro no estaba dispuesto a dar ni un paso atrás.

Cuando Robin se percató de ello, fue presa de una terrible angustia; ya había tenido suficiente de verlo así, ya no quería seguir viéndolo herido y lastimado y muchísimo menos pensar que ella tenía la culpa de que su nakama se encontrara en ese estado.

Se puso de pie y caminó hasta él, tratando de detenerlo.

-Zoro…

-¡Suéltame! Ve a descansar, lo necesitas.

-No, Zoro. Yo…

-Ya has tenido suficiente, ¿No?- preguntó él, volteándola a ver como si supiera algo que ella no. Apartó la mirada y continuó cortando las balas de cañón que trataban de impactar el Sunny, al menos, lo hacía con las pocas que sus amigos pudieran dejar escapar.

Con el paso de los minutos, los barcos de los marines comenzaron a rodear el Sunny y a acorralarlo.

-No es eso- repuso ella seriamente- sólo que no puedes exigirte algo así. Estás herido, Zoro, por favor escúchame.

Zoro se sacó la espada que tenía en la boca. Parecía que iba a decir algo más, algo realmente serio, cuando otra bala impactó cerca de donde estaba él.

Decidió que no podía. Se dio la vuelta y continuó, y a Robin no le quedó alternativa que dejar que continuara, aunque se estuviera haciendo daño.

-Necesitamos salir de aquí pronto- le dijo Nami a Luffy cuando vio que el espacio era cada vez más reducido- o realmente pueden hacernos daño.

-Casi no queda combustible ni cola, así que la única forma de escapar es la tradicional- agregó Franky, cuyas propias reservas de cola habían menguado tanto que su cabello caía casi sin vida sobre su rostro.

-Bien- Luffy miró hacia los barcos- si hundo un par de esos, ¿será suficiente?

-Si logramos acercarnos antes de que se cierre el hueco, sí- garantizó Nami.

-De acuerdo, iré- Luffy pegó un salto y se sujetó de una vela, estirándose hacia atrás tomó impulso y se dejó ir hacia los barcos con toda su fuerza.

Lo vieron volar hasta que cayó en uno de ellos. Mientras tanto no habían tenido pausa en combatir el fuego que les mandaban los marines.

Nami tuvo que ir hacia atrás y asegurarse de que el Sunny iría rápido. Robin le ayudó en la medida que pudo hacerlo mientras los demás seguían defendiendo.

A la distancia escucharon un gran estruendo y comprobaron que Luffy cumplía con su parte; uno de los barcos comenzaba a hundirse mientras los marines, desesperados, huían en botes salvavidas o saltaban a los otros barcos.

Al desplegar las velas completamente Nami consiguió que el Sunny tomara mayor velocidad. Tomó el timón y esperó atenta para asegurarse de que pasarían entre la abertura que creaba Luffy.

Un segundo estruendo se escuchó.

-¡Franky!- gritó ella de pronto- ¿cuánta cola queda en la reserva?

-No lo sé muñeca. Dos barriles máximo.

-Bien. Toma la que necesites y el resto úsalo para impulsar al Sunny.

-A la orden- y el ciborg desapareció rumbo a la bodega.

Nami miró a Robin. Robin a su vez, miraba fijamente en dirección a Zoro. La navegante pensó que algo raro pasaba ahí, pero no tuvo tiempo de pensarlo cuando el segundo barco comenzó a hundirse. El resto de los barcos eran suficientemente lentos para pasar por ese espacio antes de que cerraran el paso, así que ella se sintió aliviada al comprobarlo.

-Todo listo, cuando quieras- anunció Franky, regresando ya con su cabello "SUPER", lleno de energía.

-Ahora mismo- dijo ella y entonces Franky fue a activar el mecanismo que impulsaría al Sunny con fuerza hacia afuera de esa trampa.

En el proceso, Luffy tendría que ser suficientemente rápido para saltar desde el barco en el que estaba haciendo alboroto en ese momento.

Pronto Nami sintió que el barco se sacudía y comenzaba a moverse a gran velocidad hacia la salida creada por el capitán.

Sanji buscó a Luffy con la mirada y le gritó con todas sus fuerzas; él se defendía de los marines situados en el barco al que había subido al destruir los otros dos.

-¡Luffy, salta!- al escuchar al cocinero, Luffy volteó y sonrió. Estiró una mano y se sujetó del mástil del barco y se disparó a sí mismo hacia allá.

-¡Zoro, cuidado!- la voz de Ussop retumbó y todos voltearon a ver. Los marines le apuntaban a Luffy, pero Zoro estaba en el camino y no había reaccionado a tiempo por culpa de sus heridas.

-¡Cien Fleur…wall!

Cientos de balas impactaron en un muro de manos que Robin había hecho enfrente de Zoro. No esperaban que fuera algo grave…pero vieron sangre. El Sunny pasó rápidamente entre los marines así que esto ocurrió en apenas uno o dos segundos.

Cuando se alejaron del alcance de las balas, Robin cayó de rodillas al suelo. El muro desapareció y todos vieron claramente cómo ella se abrazaba el estómago y a la vez cada mano sujetaba con fuerza el brazo contrario.

-¡¿Por qué lo hiciste?!- preguntó Zoro, mientras se acercaba a ella, saliéndose finalmente de sus casillas.

Ella sólo lo miró, y ninguno dijo nada más.

El resto de los Mugiwaras sólo apreciaron la escena, preguntándose si debían decir algo o no.

Continuará…

Y ahora sí, en el próximo episodio todo se va a aclarar.

Me muero por escribir algo más romántico, siempre pongo tantas peleas, discusiones, malentendidos, será que el amor sin sufrimiento no me sabe a nada, jaja.

Creo que tengo problemas ._.

De nuevo, muchas, muchísimas gracias por seguir leyendo mi fic y por pasar a comentar, por darle favs y por poner mi usuario en fav también, en realidad no saben cómo saber que lo que hago le gusta a alguien, me inspira y me levanta mucho el ánimo.

:D Críticas, quejas, sugerencias, peticiones, comentarios, saludos, invitaciones a salir (jaja es broma) no olviden dejar Rr.

Y ya saben, para cualquier cosa que quieran, aquí estoy. A veces me tardo en contestar o se me pasa contestar algún mensaje, pero siempre trato de hacerlo rápida y eficazmente.

Saludos y nos leemos pronto con el ya oficialmente capítulo final.

Atte. Aoshika October