El príncipe P.
Capítulo 2: El cuadro: Parte 1.
(Días mas tarde…)
El Dr. Doofenshmirtz decidió dejar de hacer planes malvados por unos días, Perry no se sentía bien después de lo que paso en el museo, ya no quería molestarlo más.
Camino por la calle, hasta llegar al museo, se encontró con la misma mujer de hace días, parecía feliz y alegre, y el lugar tenía un anuncio que impacto al médico.
"Se permiten mascotas"
Ella sonriente, daba la bienvenida a todos los que entraban al lugar.
— Hola — Saludo el hombre.
— Hola Sr. Doofenshmirtz — Dijo la mujer.
— Disculpe pero ¿Qué sabe del cuadro que está en la sección 7? — Pregunto con seriedad.
Ella miro asegurándose de que nadie la vea, de su chaqueta saco una tarjeta, y jalo al científico a adentro del museo, con cuidado, desactivaron la seguridad y se dirigieron a una gran sala.
— Escuche bien, yo jamás dejaría que alguien que no fuera yo, entrar a este lugar, pero puedo ayudarlo esta vez únicamente — Dijo fríamente.
Ella paso la tarjeta por una abertura y la puerta de gran tamaño se abrió revelando el interior…
El lugar sin duda era grande, lleno de valiosos objetos que el jamás en la vida había visto, cosas ocultas del mundo, el científico miraba a su alrededor asombrado, caminando al mismo tiempo.
Seguía a la mujer, que hace días tenía un carácter frio, pero había algo en el ornitorrinco, que cambio mucho en ella, tal vez fue la mirada o la sonrisa, nunca sabría cual fue…
— Vera, hace años me regalaron esto — Señalo con un dedo lo que había enfrente.
Era una pintura, de un niño, abrazando a un ornitorrinco bebe, el monotrema, tenía ojos azules, pelo café y miraba a opuestas direcciones.
Pero el joven, tenía el cabello de color verde azulado, con unas líneas naranjas muy delgadas, sus ojos estaban entrecerrados, con una sonrisa en la cara, Heinz miro asombrado.
— ¿Si oyó del príncipe que desapareció? — Pregunto en voz baja.
— Si — Heinz respondió.
Lo que más lo confundió, fue la forma en que la pintura miraba, parecía reírse de algo, y la ironía de algo, los ojos, ya los había visto, de color café, que se parecían demasiado a los de su enemigo.
— No la aceptaron como algo de valor, ya que es una copia, según el que me la dio — Dijo sonriendo.
— ¿Quién… Quien te la dio? — Las palabras eran difíciles de pronunciar.
— Fue un hombre, que vive aquí — Le respondió entregándole una nota.
Heinz la tomo, mirando la dirección, el nombre y el teléfono.
(Horas después…)
Ya era de noche, le había tomado tiempo llegar allá, estaba algo lejos pero el necesitaba saber la verdad.
La lluvia comenzó a caer, y el aire se volvió frio, estaba algo cansado, a pesar de eso seguía conduciendo, sabía que si descubría algo, tendría que decirle a Perry, pero no había ninguna posibilidad de que supiera donde está.
(En ese momento…)
Todos estaban en la parte inferior de la casa, Perry descansaba en una de las camas de sus dueños, él no sabía porque estaba tan cansado, pero era agradable en muchos sentidos.
En eso sonó su reloj y apareció su jefe en la pantalla…
— Agente P ¿Cómo has estado? — Francis pregunto.
El ornitorrinco en cambio lo miro molesto, preguntando que quería en realidad.
— De acuerdo, sigo sin saber cómo lo haces, lo que ocupo es que busques al Dr. Doofenshmirtz — Dijo seriamente.
La cara del ornitorrinco se mantuvo igual.
— Acaban de descubrir que salió de la ciudad y ocupamos que descubras que está haciendo afuera de Danville — Ordeno Francis.
Perry suspiro pesadamente, apenas podía moverse, o abrir los ojos, pero no era nadie para negar una orden.
Así que se levantó débilmente, y se dirigió a su guarida, tomo su aerodeslizador y salió volando, para seguir a su némesis.
(Ya algo tarde…)
Heinz finalmente llego al lugar, salió del auto y se dirigió a la puerta, la toco, y espero que alguien abriera, a pesar de que ya era algo tarde.
Después de unos minutos, llego a la casa de gran tamaño, toco el timbre y espero que alguien le abriera y no se enojara por la hora que llego.
En ello la puerta se abrió y apareció un hombre alto, de cabello negro con unas pocas líneas blancas y apenas visibles, usando un traje muy elegante, y con una sonrisa en la cara.
— Pase por favor… Lo esperaba — Dijo el sujeto abriendo más la puerta.
El científico extrañado decidió no cuestionar lo que había dicho y entro en silencio, y la puerta se cerró.
El ornitorrinco se quedó en los arbustos mirando como su enemigo entro a la casa de gran tamaño, varias preguntas invadieron su mente, pero decidió dejarlas para otro momento y dirigió silenciosamente a la residencia para buscar otra forma de entrar.
(Mientras tanto…)
Heinz miro alrededor, siguiendo al hombre por los extensos pasillos, observo las pinturas que decoraban la pared, preguntándose a donde iba.
Unos minutos después, llegaron a una gran sala, el hombre se sentó en una gran silla, de apariencia cómoda, este tomo tres tazas y las lleno de té.
— ¿Le parece tomar algo mientras llega su amigo? — Pregunto el sujeto.
Este le acerco una taza con el líquido caliente.
— Gracias… Espere ¿Qué? — Pregunto el científico desconcertado.
De pronto se oyó el ruido de algo rompiéndose lentamente, unos segundos después varios pedazos de vidrio cayeron con una bola de pelo verde azulado.
El hombre de cabello castaño se atraganto y comenzó a toser…
— ¿Perry el ornitorrinco? — Grito aterrado y sorprendido.
Mientras tanto, el sujeto de cabello negro se levantó y se arrodillo enfrente del enemigo de su invitado.
— ¿Un ornitorrinco? Es maravilloso — Dijo encantado.
El agente miro confundido y el científico se quedó desconcertado.
— Creciste mucho, a pesar de que creía que serias más grande — Dijo entre una risa.
— Creo que… subiste de peso — Dijo tocando al monotrema.
Heinz se rio antes de seguir bebiendo el té.
— Y es culpa de él… — Lo señalo con un dedo.
Esta vez, escupió totalmente el té y se quedó aturdido. No podía creer que supiera eso.
— Tienes buena postura, eres fuerte y sano — Lo siguió mirando.
Le quito el sombrero de la cabeza y toco su pelaje. —Bien, aún te gusta largo, y es verde… verde azulado — Esbozo una sonrisa.
— Tienes los ojos de un hermoso café avellana y su sonrisa, estoy seguro más que es magnífica — Aseguro feliz.
— Disculpe, pero él no se ríe, jamás lo ha hecho, sin molestarlo — Dijo Heinz.
— No lo es señor Doofenshmirtz, pero no sonríe por una razón — Seriamente respondió.
— ¿Y cuál es? — Pregunto con sarcasmo en su voz.
— Por favor… levántese — Pidió amablemente.
— ¿Para qué? — Doofenshmirtz pregunto.
— ¡Levántese! — Grito molesto.
Él se levantó rápidamente y Fernando se acercó al monotrema, con una sonrisa malvada hasta un cierto punto.
— Bien, sonríele — Dijo aún sonriente.
El agente se quedó mirando preocupado, cuestionando por qué le pedía eso y que iba a provocar.
— Solo… Hazlo — Le indico cariñosamente.
Perry miro al científico delante de él, con una sonrisa y un brillo ilumino sus ojos, Heinz se quedó con los ojos abiertos, asombrado, antes de caer desmayado al suelo.
Fin del segundo capítulo.
