Hola. Antes de leer este capítulo volved al anterior. He añadido un par de escenas al final.
Caminaron hacia River Hills durante tres días. En ese tiempo, Grauj se negó a probar la hierba del recuerdo que les dio Silver Path. En un par de ocasiones dirigió su mirada hacia la alforja de Ivy donde la transportaba, y el geranius itineris murmuró entonces a su portadora: "Recordar y perderme por siempre"
Y Ivy supo que se refería a los sentimientos de Grauj. La loba se debatía en un dilema.
Al cuarto día llegaron a su destino.
El asentamiento de River Hills celebraba su feria de verano. Artesanos, vendedores de comida ambulantes, artistas y feriantes llenaban el lugar. Las tres ponis recorrieron el asentamiento sorprendiéndose y maravillándose con lo que encontraban a su paso. Había muchas viviendas fijas, de madera y piedra, pero muchas otras eran carpas de lona y tiendas temporales. Había agitación y movimiento en cada rincón. Se mercadeaba, se intercambiaban chismes, se actuaba en la calle...
Las tres ponis se detuvieron ante un puesto con una extraña máquina para hacer sidra que funcionaba con el viento. Miraron los collares que vendía una comerciante. Compraron unas empanadas de bayas en un puesto ambulante y se detuvieron ante un unicornio que estaba actuando para los reunidos.
Era de color blanco, sus crines negras y el iris de un intenso tono azul. Llevaba un jersey a rayas y los ojos maquillados de negro. Su cutie mark era una máscara con varias estrellas alrededor. El poni miró al cielo, extendió la pezuña y desplegó un paraguas imaginario. Sobre él, se puso a llover. Los ponis aplaudieron. Varias monedas cayeron en su sombrero.
El poni cogió una escalera imaginaria, la apoyó en el aire y trepó por ella. Hubo más aplausos y más monedas.
–Uoooo... Impresionante. ¿Qué tipo de magia usa?
Una poni de color celeste que miraba el espectáculo a su lado respondió a Foolhardy.
– Usa magia mímica.
– ¿Magia mímica?
– Sí. Es de Franponia, un territorio cercano.
– ¿Y qué hace aquí?
– Él, en concreto, está en pleno viaje de iniciación. Quiere entrar en el Cirque du Poney.
– ¿El Cirque du Poney?
– Es la más grande asociación de artistas circenses ponis. Solo admiten a los mejores. Todos los que entran deben de llevar a cabo una hazaña antes.
Ivy miró al poni, que en esos momentos hacía reverencias a su público dando por concluido el espectáculo. Esperó a que la multitud se dispersase un poco y se acercó.
– Hola.
El poni inclinó la cabeza respetuosamente ante ella.
– Mi nombre es Ivy. Vamos a ir hasta Mountain Peak. ¿Descubrir la maldición de Mountain Peak sería una hazaña suficiente para entrar en el Cirque du Poney?
El poni abrió los ojos mucho y asintió.
– ¿Quieres acompañarnos?
El poni le hizo un gesto, para que esperarse. Se dio la vuelta y se puso a pensar. Después volvió hacia Ivy y asintió.
– Ven. Te presentaré a mis amigas.
Volvieron caminando hasta las dos ponis que los esperaban.
– Ellas son Foolhardy y Grauj.
El extraño poni realizó una reverencia a Foolhardy, tomó su pezuña y la besó caballerosamente. Grauj gruñó cuando iba a hacer otro tanto con ella así que se limitó a inclinar respetuosamente la cabeza. Gesto que ella secundó.
– ¿Cuál es tu nombre? –preguntó Foolhardy.
Con una filigrana, el unicornio hizo aparecer una tarjeta de visita en su pezuña y se la tendió.
– "Lightfull Wish, aspirante al Cirque du Poney en busca de su hazaña".
––––––
Wish las invitó a tomar una segunda ración de empanadas acompañadas de sidra. Los cuatro se sentaron en un merendero al aire libre y calibraron su siguiente movimiento mientras daban cuenta de la comida.
– Deberíamos buscar un sitio donde descansar –propuso Foolhardy.
– Tenemos la tienda. Quizás es un poco estrecha para los cuatro.
Foolhardy suspiró.
– Bueno, al menos habremos comido empanadas calentitas.
– Tenemos que encontrar al superviviente de Mountain Peak –gruñó Grauj.
– ¿Qué tal si preguntamos? –propuso Foolhardy.
Wish asintió aprobando la idea. Foolhardy se puso en pie y abordó a un poni castaño que pasaba cerca de ellos.
– Disculpe, estamos buscando al superviviente de Mountain Peak. Nos gustaría hablar con él. ¿Sabe dónde podemos encontrarlo? ¿Sabe si nos recibirá? ¿Por qué fue a Mountain Peak?
El poni pareció sorprendido primero. Cuando logró asimilar todas las preguntas decidió responder una.
– Deberíais hablar con Mandarin Flower. Tiene un puesto de tortitas. Ella decidirá si os ayuda o no.
– ¿Quién es Mandarin? ¿Por qué no nos ayudaría?
Ivy Leaf se coló en la conversación con un carraspeo.
– Gracias por su ayuda, señor.
– De nada –murmuró el poni.
– Pero, tengo muchas preguntas...
– Vamos, Foolhardy.
Tras varias indagaciones, llegaron hasta un puesto de tortitas llevado por una poni de color anaranjado, con las crines blancas. Esperaron pacientemente a que se marchase el cliente al que estaba atendiendo antes de acercarse.
– Hola –dijo Foolhardy–. Nos llamamos Ivy, Grauj, Wish y Foolhardy. Estamos buscando al superviviente de Mountain Peak.
La poni frunció el cejo y respondió secamente.
– ¿Para qué lo buscáis?
– Queremos saber qué pasó en Mountain Peak. Grauj necesita saberlo para poder volver con su manada. Es una loba, en realidad, y Wish necesita realizar una hazaña para entrar en el Cirque du Poney. Por eso queremos hablar con él. Yo tengo curiosidad y esta es Ivy que tiene un geranio itineris por amigo que le cuenta todo... todo... todo...
La poni frunció todavía más el cejo.
– No podéis hablar con él. Es un tema que le afecta demasiado.
Ivy propuso:
– Tal vez podrías hablarle tú y contarnos qué pasó. No queremos hacerle daño.
"Hermano... Lealtad... Tristeza..."
El geranius itineris destiló del aire los sentimientos y los tradujo para Ivy. Entonces ella supo cuál era la parte emocional de esa poni que debía tocar para que les abriese la puerta.
– Grauj no recuerda su pasado y todas las pistas llevan a Mountain Peak. Es probable que su primera familia siga allí. Por favor, si hay algo que nos podáis decir antes de caminar hacia lo desconocido, nos ayudaría mucho.
La poni suavizó su expresión y pareció reflexionar antes de responder.
– El poni que sobrevivió es mi hermano, pero no está bien. Venid dentro de una hora. Habré cerrado.
––––––
Mandarin Flower los llevó hasta una cabaña en las afueras del asentamiento. La poni les dio instrucciones.
– Manteneos tranquilos. Los sentimientos demasiado intensos pueden desencadenarlo.
– ¿Desencadenar qué?
– No vino solo. No despertéis al otro. Todos tranquilos. Sin enfados ni aspavientos. Solo podéis entrar dos.
Grauj avanzó, sin una palabra. Foolhardy hizo otro tanto, con gesto entusiasta.
– Genial quiero saber qué...
Pero ante la glacial mirada de Grauj, retrocedió.
– Iré yo –dijo suavemente Ivy–. Mi geranio podrá ayudarme si el otro despierta.
Mandarin asintió. La poni llamó a la puerta y Grauj frunció el cejo al ver que tenía el pestillo para asegurarla por fuera.
– ¿Sky? Soy Mandarin, vengo con unas ponis que quieren hablar contigo. ¿Podemos pasar?
Desde dentro respondió la voz de un poni.
– Pasad, estoy solo ahora.
Mandarin pasó ante ellos. Grauj y Ivy entraron tras ella. La cabaña no era muy grande, pero sí confortable. Tenía una sola habitación con una cama, una cocina, y el mobiliaria justo para que resultase acogedora. En un estante había varios trozos de madera a medio tallar. Un poni celeste con las crines blancas los recibió. Parecía cansado.
– Sky, estas ponis vienen a hablar contigo. Quieren saber qué pasó en mountain peak.
El poni les dirigió una mirada vacía de toda emoción. Habló en un tono completamente neutro.
– Subimos la montaña, se hizo de noche. Acampamos. Llegó la oscuridad. No era la oscuridad de la noche, la oscuridad reptaba. Vi como envolvía a mis compañeros y se los comía.
Grauj frunció el cejo.
– ¿Qué fue lo que devoró a tus compañeros? –preguntó.
– Lo oscuridad los consumió. Los sentimientos se apagaron, la luz murió, todo me dio igual. A mí también me estaban devorando.
– ¿Cómo sobreviviste?
– Eché a correr hacia abajo. Y empecé a sentir hambre, un hambre atroz, un hambre terrible y entonces...
Los ojos del poni de repente parecieron enfocarlas.
– Así que queréis ir a Mountain Peak... Vaya. Me pregunto por qué –su voz sonó melosa y expectante.
Ivy retrocedió ante su mirada. Grauj se tensó. Sky dio un paso hacia ella.
– Eres toda pasión, loba invernal. ¡Qué bien lo ocultas! Podría alimentarme de ti durante años.
Sky avanzó hacia ellas con los ojos fijos en Grauj y Mandarin gritó.
– ¡Salid, rápido!
– Tengo hambre! –dijo Sky y sus ojos se volvieron completamente negros.
Grauj corrió hacia el exterior y saltó a través de la puerta que había abierto Mandarin. Wish y Foolhardy la vieron aparecer sorprendidos.
– ¿Qué ocurre? –preguntó Foolhardy.
Ivy, en el interior de la cabaña, tropezó son sus propias patas al tratar de salir y cayó. Mandarin gritó.
– ¡Sal de ahí, poni!
Sky avanzó hacia ella. Ivy no pudo evitar fijar la mirada en los pozos de oscuridad que eran sus ojos.
"Socorro..."
–...
– ¡Ivy! –chilló Foolhardy.
A su lado, Wish, se levantó sobre las patas traseras y volteó un lazo invisible sobre su cabeza antes de lanzarlo hacia Ivy. Foolhardy lo vio. Agarró a Wish y tiró de él. Ivy fue arastrada rápidamente al exterior por el lazo invisible. Mandarin cerró la puerta y aseguró el pestillo. Del otro lado empezaron a oirse golpes.
– Mandarín, sácame de aquí. Tengo hambre. Por favor, Mandarin.
Los gritos se convirtieron en un quejido y depués en un lastimoso arañar de la puerta. Foolhardy acudió corriendo junto a sus amigas.
– ¿Qué ha sido eso? ¿Qué le pasa? ¿Cómo es que tiene hambre? Qué... ¿Por qué estoy temblando?
Mandarin asintió.
– En un rato el otro se habrá dormido y mi hermano volverá a ser él mismo. Le cuesta controlarlo.
– ¿Qué es eso otro? –chilló Foolhardy.
– No lo sabemos, pero lo trajo desde Mountain Peak.
– Es oscuridad y hambre – murmuró Ivy y se estremeció.
– No sé lo que es –comentó Mandarin–, pero despierta cuando hay sentimientos fuertes cerca. Ya lo he comprobado. Por eso, mi hermano se mantiene lejos del resto de ponis.
– ¿Qué podría pasar si se despierta del todo?
– No lo sabemos. Pero si el resto de ponis fueron devorados por una oscuridad, sospecho que nada bueno.
Desde dentro les llegó la voz de Sky, esta vez tranquila y conciliadora.
– Mandarin... Soy yo, ábreme, por favor.
Foolhardy miró con interés. Mandarín negó.
– No es él, todavía.
Esa noche, Mandarin les ofreció su casa para descansar. Cenaron juntos, Wish realizo algunos trucos de magia para sus compañeras y todas le aplaudieron. Tras cenar, se sentaron alrededor de la mesa, compartiendo un té y galletas.
– Siete ponis fueron hace dos años a Mountain Peak. Fue la última expedición que se organizó. Tan solo mi hermano, Sky Leaf, volvió. No volvió completo y trajo algo con él. De vez en cuando asoma el otro, entonces es mejor estar lejos.
– ¿Qué ocurre cuando asoma el otro?
– Te consume. Pierdes las intenciones y los sentimientos. Logramos salvar por los pelos a Lili Dreams, nuestra curandera. Estaba junto a la cama de mi hermano cuando el otro recuperó la conciencia. Tardó semanas en recuperarse y volver a ser ella.
– ¿Cómo se recuperó?
– Con tiempo. Pero hay secuelas que le quedaron. Sigue siendo una gran curandera, pero se ha vuelto fría. Ya no empatiza con sus pacientes como hacía antes. No duda en dar una mala noticia con toda su crueldad y no parece afectarle. El otro se comió una parte de ella.
– Entonces... ¿Qué queda en el lugar que se come?
– Queda otra cosa. Queda hambre y oscuridad. Mi pobre hermano tendrá que vivir con eso toda la vida y sospecho que no podrá soportarlo por siempre.
Una lágrima rodó por la mejilla de Mandarin y Ivy le pasó un ala sobre los hombros. La poni se apoyó en ella y lloró.
Esa noche, cuando todos se preparaban para irse a dormir, Grauj se acercó a Ivy.
– Voy a tomar la hierba del recuerdo esta noche.
"Miedo, terror..."
– Quiero que...
– Te recordaré que eres una loba si lo olvidas. Tienes una madre y unos hermanos que te esperan.
Grauj asintió.
– Gracias –dijo–...
– ¿Por qué has decidido tomarla?
– Hay algo peligroso ahí arriba. Si recuerdo qué era, nos puede ayudar a sobrevivir.
– Sí.
––––––
La noche y la nieve. La puerta de una casa que se cerraba tras ellas.
¡Su madre era tan bonita! Tenía las crines doradas y siempre dejaban una estela tras ella cuando corría.
– ¿Dónde vamos, mamá?
– Guarda el aliento, Sweetie –le dijo.
– ¿Dónde está papá?
– No va a venir...
El pueblo estaba silencioso, demasiado silencioso. Pero cuando las dos ponis lo recorrierron a la carrera, el movimiento empezó. Tras las ventanas, tras las puertas... Se fueron abriendo y los vecinos asomaban. Todos les sonrieron, todos les dedicaron palabras dulces, todos querían que se quedasen...
– ¿Dónde vais a estas horas?
– Star, no son horas de correr por la nieve.
– Sweetie, cariño, ¿no te apetece un trozo de pastel de manzana?
Star aceleró el galope, pasando entre las casas, sin volverse hacia ninguno de los que trató de atraerlas. Su cola parecía brillar dorada en la oscuridad. Grauj galopaba a su lado, congojada la notar el miedo de su madre. Los vecinos iban compareciendo de uno en uno a su paso. El terror que sentía Sweetie Grauj era tan grande que pensó que le atravesaría el pecho, como un montón de agujas negras.
– No podéis iros. Pertenecéis a Mountain Peak.
Con un respingo, Grauj despertó sudorosa. Ivy estaba a su lado, vigilante. Sin decir una palabra, le acercó un trozo de piel de conejo, todavía unida a los restos de una pata. Grauj lo masticó, temblorosa, y Ivy aguardó a una respetuosa distancia a que sus temblores se calmasen.
