La noche era clara. Las estrellas y el cuarto creciente de la luna brillaban con fuerza. Mountain Peak se recortaba en negro contra el cielo y el paisaje se silueteba en sombras azules.

En el llano, a los pies de la montaña, una suave luz naranja brillaba parpadeante.

Los ponis se habían acomodado alrededor de la pequeña cocina portátil y parloteaban con voces suaves. Había alguna risa esporádica, pequeños chascarrillos... Esperaban, e iban a hacer su espera lo más agradable posible. Se habían comido la cena, y ahora se disfrutaba del civilizado té.

-Esperad, tengo otro -dijo Foolhardy tras darle un sorbo a su taza-. ¿En qué se diferencian una rana y una lechuga?

Wish encogió los hombros en gesto interrogante. Foolhardy lo señaló acusador y lanzó una expresión de horror.

- ¡Noooooo! ¡Se ha comido a Gustavo!

Los ponis rieron. La risa de Grauj era un susurro entrecortado y gutural.

- Te ríes como una rana afónica - dijo Foolhardy.

Y eso provocó más risas en los ponis reunidos. Ivy calló de repente y giró sus orejas.

- Hay más risas además de las nuestras-dijo.

Los ponis callaron y Grauj volvió la cabeza hacia las sombras que les rodeaban. La luz dorada de la cocina los iluminaba, pero más allá de sus colas la negrura de la noche era absoluta. No había ningún detalle que se recortase contra un claro de estrellas, ni una sobra azulada que sugiriese un árbol. El paisaje parecía haber desaparecido. Entonces el siseo se hizo obvio para todos.

- ¡Foolhardy, luz! -ordenó Grauj.

Los ponis se pusieron en pie y se agruparon en el pequeño círculo de luz anaranjada que daba la cocina mientras Foolhardy sacaba algo de entre su cacharrería. Accionó un interruptor, y un foco fue encendido. La luz se derramó más allá de la luminosidad de la cocina y la pared de oscuridad retrocedió siseando ante el contacto de la luz, como una ola negra con vida propia.

- ¿Qué... Qué es eso? - tartamudeó Foolhardy.

- ¡Detrás nuestro! -chilló Ivy.

Foolhardy se giró justo a tiempo para alumbrar la ola de oscuridad que trataba de cercarlos a su espalda. Estaba formado por miles de criaturas negras. Algunas se detenían y asomaban de la maraña para fijar sus diminutos ojos plateados en ellas. Otros abrían sus pequeñas fauces, como las de un gato, y mostraban las agujas que eran sus dientes... y de inmediato volvían a fusionarse con el enjambre que formaban. El haz de luz empezó a temblar en las patas de Foolhardy.

- ¿Qué demonios es eso?

- Un enjambre - respondió la voz rasposa de Grauj...

Foolhardy giró, frenética, tratando de alumbrar a su alrededor, de cubrir todos los ángulos al mismo tiempo.

- ¡Se están acercando! -chilló-. ¡Atrás! ¡Fuera!

Poco a poco, el siseante enjambre se cerraba sobre ellos. Grauj alzó la mirada. Arriba, un fragmento de cielo estrellado podía verse.

- Ivy, vuela -dijo Grauj

La pegaso asintió y se elevó, alejándose en vertical de ellos.

- Voy a ver si puedo encontrar alguna salida, o ayuda.

-¡Wish! - llamó Grauj.

El unicornio asintió, entendiendo lo que le pedían. Se posicionó frente al enjambre, alzó las patas delanteras y se apoyó en una pared invisible. La ola negra avanzó hasta él y se detuvo justo frente a sus patas levantadas. Wish recorrió la invisible pared palpándola con las patas, tratando de encontrar sus límites y el enjambre lo imitó por el otro lado de la misma.

Foolhardy lanzaba miradas de soslayo a Wish mientras mantenía el ángulo de luz sobre la zona que no cubría su pared invisible. La luz temblaba en sus patas.

- ¿Cuanto tiempo durará tu luz? - preguntó Grauj.

- No lo sé, no estoy segura. Le puse unas baterías nuevas, y el juego de espejos amplifica el efecto, pero no me garantiza que duren hasta el amanecer. También tengo la linterna de emergencias. ¿Qué hacemos?

-Aguantar tanto como podamos.

El enjambre se pegó a la pared de Wish, tratando de encontrar un hueco. Las criaturas que lo formaban, mordieron la pared invisible con sus dientecitos como agujas. Entonces pudieron verlos bien. Eran como pequeños ponis negros, diminutos. En lugar de crines tenían una ristra de púas, sus ojos eran planteados... Y tenían hambre.

- Cielos... Cielos... -murmuró Foolhardy.

Sobre ellos sonó una voz, era Ivy.

- Llega hasta el camino, viene del camino a Mountain Peak... Son muchos.

Ivy bajó hasta el suelo, dentro del área de protección de Wish y Follhardy. Parecía confudida. Se tambaleó y sacudió la cabeza.

- Están hablando... Hablan... Ríen... Tienen hambre...

Volvió a sacudir la cabeza y una risa nerviosa salió de ella.

Grauj la sujetó de los hombros y la sacudió.

- Ivy, no los escuches. Te confundirán.

- Ellos hablan...

- Dile a tu planta que se calle.

Ivy volvió a sacudir la cabeza y, con los ojos apretados con fuerza, asintió. Entonces, fue cuando el enjambre retrocedió. Las estrellas volvieron a cubrir el cielo, y el paisaje se reveló en azules nocturnos frente a ellos.

Grauj miró los alerededores desconcertada.

- ¿Qué ha ocurrido? -preguntó Foolhardy-. No me fío un pelo, seguro que es una trampa.

El enjambre se había tumbado contra el suelo, como un animal sumiso, pero seguía allí. Wish mantenía la barrera y Foolhardy enarbolaba su foco como un arma.

- Ya han encontrado su presa -murmuró Ivy en un tono disperso.

Fue cuando llegó hasta ellos el llanto de un potrillo. Foolhardy lanzó un grito de horror.

- Vamos, hay que ir a ayudarlo - exclamó. Dejó el foco en el suelo y sacó su linterna de emergencia-. Debemos traerlo hasta aquí.

- No iremos -dijo Grauj.

Follhardy se volvió hacia ella.

- ¡Es un potrillo! ¡Necesita ayuda!

- No, Follhardy. Es peligroso - dijo Ivy.

Foolhardy miró enfadada a sus compañeros.

—¡Sois unos egoístas y no tenéis corazón!¡Voy a traer a ese potrillo de regreso!

Se volvió hacia la oscuridad para cumplir su palabra, pero antes de que diera un paso Grauj la mordió en la cola, deteniéndola.

—Es una trampa— raspó su voz —. No permitas que te engañen, ese poni ya está muerto.

—Pero...— los ojos de Foodhardy se llenaron de lágrimas.

El enjambre, silencioso, tumbado contra el suelo, parecía esperar algo. En ese momento, Ivy dirigó su mirada hacia el camino. Acababa de aparecer una poni en él. Era gris, y tenía las crines doradas. Sus ojos, de un profundo color verde, refulgieron con la luz de la luna cuando se clavaron en Grauj.

—Sweetie...

Era una voz dulce, melodiosa, que resonó con antinatural calma en la montaña y rebotó contra las paredes. Cada eco despertó una marea de recuerdos y sentimientos en Grauj. Ésta se giró lentamente, clavando su mirada en la yegua.

—¿Mamá...?—murmuró, y antes de que pudieran agarrarla dio un paso hacia ella, abandonando la protección de Wish.

—¡Grauj, no!

Grauj no oyó el chillido de Ivy. Su mente estaba muy lejos de la terrorífica noche. Los recuerdos se sucedían en ella, nublando su juicio y sus sentidos.

Un día de sol, precioso. Había estado recogiendo bayas azules... arándanos, con su madre. Se llamaba Star... Star Whistle.

La poni recién aparecida observó, sonriente, a Grauj acercarse. La oscuridad reptó alrededor de ella, pero Grauj era incapaz de ver nada más que sus recuerdos. Recuerdos de su hogar, del amor, de la seguridad que sentía con su madre. Recuerdos dormidos durante años que despertaban con toda su fuerza.

- Vamos a casa, Sweetie. Papá se pondrá muy contento de todo lo que traemos.

Grauj avanzaba bajo el sol de la tarde hacia su madre, feliz... Iba a volver a casa con un buen cargamento. Su padre también estaría contento y la llevaría a jugar...

Star Whistle la observó acercarse, con una sonrisa feliz en el rostro. Una sonrisa que, con cada paso que daba Grauj, se tornaba más y más hambrienta.

Detrás de Grauj, el enjambre se cerró, separándola de su manada.

—¡Grauj!—gritaron sus compañeros.

Los ojos de Star Whistle, fijos en Grauj, se oscurecieron, como si se diluyeran en tinta negra.

- Sabía que volverías a nosotros. Eres nuestra pequeña poni, loba invernal.

Las sombras se alzaron tras ella con un siseo hambriento y, en ese momento, una poderosa luz cayó sobre Grauj y trazó un camino sobre el enjambre. Las criaturas sisearon se retorcieron y se apartaron del poderoso foco abriendo un improvisado camino.

- ¡Alejaos de ella, escoria! -gritó Foolhardy enarbolando el foco.

Wish corrió por aquel pasillo, se detuvo en mitad del camino y dio media vuelta para luchar contra un poderoso viento... que empezó a soplar con fuerza. Ivy y Foolhardy se agacharon contra el suelo cuando Wish activó su magia mímica y clavaron sus cascos para no ser arrastradas por el huracán. Pero el enjambre, fue arrancado del suelo y lanzado lejos.

El viento también llegó hasta Grauj.

¿Viento?

Y con el viento llegó la realidad. El dia se hizo noche, las risas del enjambre hambriento llegaron a su mente y Grauj enfocó a su madre, o lo que había sido su madre. El viento agitaba las crines de Star Wistle con fuerza, mientras ella peleaba por mantenerse en el lugar. Grauj se agachó contra el suelo y clavó sus patas delanteras. Sus crines hirsutas se agitaron contra su rostro.

- Ven a casa conmigo - dijo Star Wistle..

Pero Grauj retrocedió.

- ¡No!

- ¿Es que ya no me quieres? -la recriminó ella- ¡Que mala hija eres!

Grauj retrocedió otro paso contra el viento.

- ¡Te comiste a mi madre y te pusiste su piel! Pero no sabes ser una buena poni.

- Tú no sabes ser una poni, loba invernal. Nos abandonaste, ¡abandonaste a tu manada!

Pero Grauj no la escuchó, sabiendo que esa criatura estaba jugando con su mente. Se dio la vuelta y corrió hacia el resto del grupo.

- ¡Foolhardy, trae la luz! ¡Seguidme!

- ¿Hacia donde?

La cabaña...

Fue instintivo...

Grauj abrió el camino, galopando hacia el lugar donde sabía que había una cabaña.

Ivy bajó hasta Foolhardy y tomó el foco.

- Iluminaré ante vosotros para alejar al enjambre.

Volvió a elevarse. Wish y Foolhardy corrieron tras Grauj.

Un camino de montaña en la oscuridad. Una carrera entre la negrura. La cola blanca de Grauj aleteando ante ellos, como una señal. Aparecía y desaparecía en los recodos, pero siempre a la distancia justa para que la alcanzasen.

Foolhardy seguía el pelaje blanco de Wish, tratando de no volver la mirada hacia la negrura más allá del camino. Solo seguir a Wish, que seguía a Grauj, que seguía un recuerdo...

Entonces, de pronto, algo surgió a su paso de un lateral y se quedó plantado allí en medio con ojos llorosos. Foolhardy frenó, derrapando sobre sus cascos para no atropellarlo. Era un potrito, de apenas cuatro años de edad. Su pelaje era de un celeste claro y sus ojos la miraron suplicantes.

- Ayúdame, por favor...

Foolhardy recordó lo que le habían dicho. Ese potrillo ya estaba muerto. La yegua retrocedió llena de terror, mientras el potro avanzaba hacia ella. Algo en la mente de la poni le gritó que llamara a sus compañeros, que no se detuviera. Pero por alguna razón no lo hizo.

- Por favor, no me dejes solo -dijo-. Llévame contigo...

La última frase la pronunció al tiempo que una sonrisa se abría paso en su cara y sus ojos se volvieron negros.

Foolhardy retrocedió varios pasos, aterrorizada, e intentó gritar. Pero algo le absorbía la fuerza para moverse, para hablar, para intentar sobrevivir. La sonrisa del potrillo se hizo más grande, voraz y hambrienta. Entonces, el pequeño saltó sobre su presa.

Grauj corría, señalando el camino. Ya quedaba poco, ya quedaba nada hasta la cabaña... Un grito llegó desde el aire.

- ¡Grauj! ¡Problemas! Foolhardy...

La loba invernal frenó, dio media vuelta y corrió de regreso. Wish la vio pasar a su lado y al volverse y ver que Foolhardy no les seguía entendió lo sucedido.

Grauj solo hubo de volver una curva del camino para ver la escena. Foolhardy estaba tendida en el suelo. Un potrillo estaba sobre ella, sus cuatro patas firmemente posados sobre ella. Una luz dorada y anaranjada irradiaba de Foolhardy y era absobida por los ojos sin fondo del potro.

Grauj corrió hacia allí y el potrillo se volvió hacia ella. La oscuridad surgió de él, como hebras convirtiendo el suelo en una negrura imposible. Algo cedió bajo las pezuñas de Grauj. Una de sus patas se torció en un mal ángulo, sintió un doloroso tirón y cayó frente a su enemigo. El potrillo la observó con sus pozos negros. Ningún sonido salió de su boca, pero Grauj pudo escuchar la voz de la sombra colándose en su mente. "No pelees, no podrás hacer nada. Sé nuestra".

Pero dentro de la mente de Grauj, la idea ajena se encontró con una riada en contra. "Soy Grauj de los lobos invernales, soy Sweetie de los ponis de Mountain Peak... ¡No seré vuestra!".

El potro retrocedió como si le hubiesen golpeado, antes incluso de que Grauj se pusiese en pie. Para cuando lo hizo, el cuchillo ya estaba en su boca y abrió un largo corte en el pelaje celeste de su enemigo. La criatura gritó, un chirrido agudo e imposible, que se clavó en el cerebro de los reunidos. De la herida manó oscuridad y el potrillo retrocedió ante Grauj.

Ivy aterrizó junto a ellos y dirigió el foco de luz hacia la criatura que retrocedió por el camino.

- El enjambre viene -dijo Ivy.

Wish sacudió infructuosamente a Follhardy.

- ¡Vámonos, ya! -ordenó Grauj.

Ivy soltó el foco de luz y cargó a Foolhardy sobre su lomo. Grauj se movió para guiarlos de nuevo y un dolor lacerante recorrió su pata delantera. Cojeando, volvió a guiarles hacia la cabaña.

Wish las observó alejarse y luego volvió su mirada al camino y tomó el foco. Fue cuando Grauj se percató de que no iba a seguirlas y se volvió hacia él.

Wish señaló a Foolhardy y luego la pata herida de Grauj. Tenía razón. No lo lograrían, a menos que alguien ralentizase al enjambre y él era el único que tenía alguna posibilidad de lograrlo. Wish les devolvió una mirada llena de resolución.

"Esta es mi gran hazaña. Es mi momento", dijeron sus ojos.

Los ojos de Ivy se llenaron de lágrimas. Grauj tan solo le sostuvo la mirada un largo momento.

Wish las observó alejarse, la loba, la yegua que oía los susurros y la entusiasta Foolhardy. Tras unos instantes de solitaria despedida personal, se volvió hacia el punto por donde iba a aparecer el enjambre.

Hubo un murmullo de risas sin ninguna alegría, de sonidos raspados. De la oscuridad reptó la horda hacia él. En medio de ella, el potrillo lo miró. La oscuridad se alzaba de sus patas y parecía lamerlas.

Wish supo que ese era su momento. Dejó el foco junto a él, para tener las patas libres y se preparó para la actuación de su vida.