Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen al gran Masashi Kishimoto, sólo lo uso para divertirme y sin fines lucrativos.

Advertencias: Inuzuka Sora y Eifie son personajes que no aparecen ni en el anime, ni el manga, ni tampoco en las películas, sino que es de mi propia imaginación. Como podréis comprobar, me gusta crear personajes donde no los hay (risa nerviosa). Tampoco estoy en contra de ninguna pareja fan con Sasuke; así que, por favor, pido respeto por mi historia y sino os interesa, simplemente pasad a otra cosa ^^

Sin más que advertir, y como siempre, espero que disfrutéis de este nuevo capítulo. (Y dejad algún rewiew, se agradece mucho).

Cáp. 2: Promesa

Desde que prometimos ser más fuertes, los trastornos de mi vista eran cada vez más continuos. Las misiones, a cada paso que dábamos, eran más fáciles de superar con ayuda del trabajo en equipo.

Eifie y yo resultamos ser una gran ayuda para espiar y conocer los terrenos donde tenía lugar la misión y hacía muy buen equipo mis armas junto al taijutsu de Lee.

Pasamos por la gran entrada de la aldea de Konoha y suspiré aliviada. La última misión fue tremendamente agotadora y tanto mi gato ninja como yo necesitábamos un largo descanso. Nos despedimos de nuestro sensei, no sin antes advertirnos que pronto serían los exámenes a chuunin. Yo no podía estar más nerviosa, pues era una tarea difícil de superar.

-Nuestro equipo es muy fuerte, pero yo... –Eifie me miró sin expresión y solo acaricié su cabeza.

Hablé de nuestro viaje y misión con los demás de la familia y luego decidí darme un largo baño. Era lo único que necesitaba.

Últimamente no hacía más que meditar sobre mi futuro y sólo una respuesta me venía a la cabeza. No podía ser tan compasiva.

Ser ninja implicaba muchos factores, y comprendí que, si la situación lo requiere, tienes que comer para no ser comida.

Era muy cruel, pero cierto.

Salí del baño ya bien entrada la noche y decidí dar un paseo nocturno yo sola. No tenía ganas de dormir ni tampoco quería despertar a mi felino.

Anduve por largas horas. No sabía exactamente adónde me llevaban mis pies, pero tampoco prestaba atención a la dirección.

Pasé por muchos lugares conocidos y otros de los que no tenía idea que existían en la villa. Sonreí al ver el pequeño parque donde nos reuníamos cuando éramos unos críos inocentes y no sabíamos nada de lo que ocurría a nuestro alrededor.

No quería perder mi inocencia, pero tampoco quería ser débil.

Anduve por largo rato y decidí regresar a casa, aunque estaba un poco perdida al ver que me había desviado demasiado en mi caminata.

Decidí bajar a la orilla del río y continuar su contorno hasta ver calles familiares, pero lo que no esperaba era encontrar al último Uchiha sentado en un pequeño muelle. -¿Qué haces aquí? –su tono me trajo de vuelta al mundo y solo le miré de brazos cruzados.

-Lo mismo puedo preguntarte a ti, ¿no crees? –una sonrisa de lado, desprendiendo prepotencia por doquier, fue la contestación de Sasuke. –No sé porqué todas van detrás de ti. Eres insoportable. –decidí irme de allí. No quería discusiones con aquél engreído antisocial.

No giré la mirada hacia atrás, solo corrí hasta entrar en casa y la luz se encendió sola, dejándome ver la figura de mi hermana mayor esperándome. -¿Dónde te habías metido?

-Hana... –me quité el calzado y suspiré haciendo una reverencia de disculpa. –Fui a dar un paseo porque no conciliaba el sueño y me entretuve más de lo que pensaba. Para colmo me encontré con el Uchiha. –contesté de malas maneras- Sé que es un superviviente del clan Uchiha, pero tampoco es para tratar a las personas así. –la castaña me sonrió y me invitó a pasar al comedor.

-Haré algo de té. Hay algo que quiero explicarte. –comentó yéndose de nuevo a la cocina.

Mi pequeña mascota no tardó en bajar y sentarse en mi regazo. No hacía falta que hablara de nada, Eifie ya lo sabía todo de antemano gracias a sus singulares poderes.

Suspiré mirando por la ventana. Mañana sería un día nublado y podía percibirlo por el ambiente húmedo y los gestos de mi felino amigo. –Sora –giré mi rostro hasta encontrar una taza de té enfrente con unas pastas. -¿Por qué crees que Sasuke es así? –me sorprendí por la pregunta, pero decidí centrarme en darle una buena respuesta a mi hermana.

-Porque es un infeliz. Sé que es el único Uchiha que queda, pero el resto del mundo no tenemos la culpa para que sea borde sin hacerle nada. –soplé el vaho acumulado en la taza y le di un sorbo. Al escuchar un suspiro por parte de Hana, la miré con el entrecejo fruncido. –Al menos es lo que yo veo desde mi punto de vista.

-Ahí quería llegar yo. Pocos de los de tu generación saben la historia de Uchiha Sasuke –contestó haciendo que la escuchara con atención.

-¿Su... historia? –ella asintió- Cuéntamela. –tomó un sorbo de su té y suspiró mirando por la ventana.

-Sasuke no fue siempre el chico que conoces ahora mismo. Un chico solitario, pero muy dulce en el fondo. –me sorprendí por escuchar aquello.

-Sasuke... ¿Dulce? –era una combinación de palabras que nunca hubiese elegido para el Uchiha.

-Así es, pero algo le hizo cambiar. Sasuke tenía un hermano mayor que él llamado Itachi –explicó- y éste era un genio entre los de su clan. Con solo decir que a los doce años ya era ANBU podrás hacerte a la idea de cómo era Itachi. –mis ojos se abrieron incrédulos y mi hermana solo continuó después de otro sorbo. –Sasuke adoraba a su hermano mayor, se le notaba en el rostro, los ojos, sus palabras... en todo. –rió disimuladamente y suspiró- Sasuke se veía muy por debajo de Itachi. Su padre solo tenía ojos para el mayor, aunque tanto su madre como Itachi querían mucho al pequeño de la familia.

-Es normal que se sintiera inferior si su hermano era tan especial, –dije acariciando el pelaje del animal entre mis piernas- pero lo que no entiendo es porqué ha cambiado si solo tenía algunos problemas de autoestima.

-No me has dejado acabar, jovencita. –reí nerviosa y avergonzada por la interrupción –El hecho es que, sin ninguna razón aparente, Itachi asesinó a todo su clan a excepción de su pequeño hermano. –de la sorpresa que me llevé, la taza terminó cayéndose al suelo.

Eifie bajó de mi regazo y colocó todo como estaba antes. Mis extremidades temblaron de solo imaginarme las escenas y me mantuve en silencio por largos minutos, asimilando lo que me había contado mi hermana. –P-Pero... ¿Por qué?

-Eso nadie lo sabe porque Itachi, justo después de cometer su crimen, habló con su hermano y abandonó la villa. –mis ojos se llenaron de lágrimas -¿Entiendes un poco más a Sasuke o sigues pensando que es un prepotente? –negué con la cabeza, pues es todo lo que podía hacer. Mi rostro palideció y mis manos sudaban y temblaban.

¿Qué clase de vida había llevado en esos cinco años?

-Creo... que me voy a la cama. –después de despedirme, subí los escalones pesarosa por la tétrica historia de los Uchiha. Me cambié y me tumbé en la cama sin arroparme –Un vengador...

-¿Ahora vas a sentir lástima por él? –la voz de Eifie me trajo de nuevo al mundo y negué con la cabeza.

-Solo quiero ayudarlo de algún modo. No es un chico que exprese mucho, pero ten en cuenta que tiene mi edad y que es humano a fin de cuentas. Tendrá un límite de resistencia. –aseguré decidida. Sabía que no iba a ser fácil, pero yo tampoco me rendía ante situaciones difíciles.

A veces me resultaba incomprensible atender a todo lo que ocurría en mis sueños. Y esa noche no era la excepción, pero sí que hubo algo que se me grabó en mi cabeza. Una corta conversación con alguien conocido. –Nunca me separaré de ti.

-¿Me lo prometes? –el muchacho sonrió y asintió con la cabeza dándome algo entre las manos.

-Juro casarme algún día contigo. Mi mamá dice que cuando te casas no te separas de esa persona nunca jamás.

-¿Nunca? ¿De verdad? –sentí un gran peso encima de mí y desperté volcando ese cuerpo extraño. -¿Pero qué miércoles te ocurre? ¿Intentas matarme? –vociferé a mi hermano mientras él masajeaba la parte adolorida de su cuerpo.

-Deja de babear la almohada y vístete o no llegaremos a tiempo. –al escuchar sus razones, me vestí a toda prisa y dejé mi larga cabellera negra azulada suelta. –¡Akamaru, nos vamos!

-¡Eifie, vámonos ya! –ambos animales salieron al galope y corrimos en dirección a la academia, donde se nos daría el primer paso para hacer el siguiente examen de chuunin.

Nos dieron un tiempo de preparación después del examen escrito y, aunque nerviosa, estaba segura de que íbamos bien preparados. No había que perder la calma.

Una vez nos dijeron las reglas del segundo examen y esperar a la hora acordada, se nos abrieron las puertas al llamado Bosque del Terror. Entramos a gran velocidad hasta llegar a un punto en concreto. Decidimos escuchar a Neji y acatamos la orden de encontrar provisiones, lugar seguro y enemigos débiles. Cada uno fue a por algo diferente.

Iban a ser unos cinco días agotadores.

Suspiré calmada y miré a mi lado derecho. Eifie ya no se fatigaba por seguir mi ritmo y yo cada vez me compenetraba más con su visión. Nos mantuvimos alerta durante todo el trayecto y ya me acostumbré a tener esos cambios de visión tan oportunos, incluso llegaba a ver a través de objetos sólidos como eran los árboles o las personas, cosa que me asustó al principio.

Por suerte o por desgracia, no nos encontramos con Sasuke y el resto del equipo en todo nuestro pequeño viaje. Derrotamos a un equipo con el rollo del cielo y nos fuimos acercando cada vez más a la torre.

No hubo ningún problema grave que no pudiéramos solucionar entre todos. En el fondo, Neji era un buen chico y sabía manejar las situaciones, así que Lee y yo obedecíamos sus decisiones.

Llegamos antes que muchos de los equipos de primer año y esperé sentada en el sofá cercano a una ventana, acariciando el mentón de mi compañero gatuno. -¿Sigues pensando en ayudarle? –le miré confusa para después asentirle fervientemente.

-Puede que sea un Uchiha, pero verá de qué es capaz una Inuzuka extraña como lo soy yo. –bromeé, recibiendo una áspera lamida en mi mejilla. Eifie era mi mayor apoyo en muchas ocasiones y sabía que me sentía una extraña en la familia.

Sentíamos que no éramos de esa misma casa y por ello muchas veces evitaba estar con todos ellos. Visto desde fuera, eran una familia feliz, pero al meterme en medio de esa imagen, la perfección se deterioraba, como un puzzle con más piezas de las necesarias.

Suspiré y noté una mano en mi hombro. –Sora, llevo un tiempo llamándote.

-Perdón, estaba pensando. –contesté nerviosa. Estaba tan ensimismada que no sentí su chakra acercándose a mí, ni siquiera el ruido de sus pasos. -¿Para qué me llamabas?

-Ya han llegado todos los equipos a la torre y nos han llamado para que escuchemos al Hokage. –explicó mientras me levantaba. Le asentí y fuimos escaleras abajo, pero me detuve en el descansillo pues mi sangre se congeló.

-Sasuke... –no sabía si sentía preocupación o más bien asombro. Algo en él había cambiado y se resentía apoyando su mano en la parte izquierda de su cuello. –"¿Veneno?" –me pregunté, pero mi amigo felino me negó con la cabeza.

-Obsérvale detenidamente y dime qué ves. –fruncí el entrecejo y le miré sin escrúpulos, llegando a ver más allá de sus ojos, de sus ropas y de su maldito orgullo. Mis ojos me mostraban una gran anomalía en el chakra del Uchiha.

¿Qué le había ocurrido a Uchiha Sasuke?

Lee tiró de mi brazo y mis ojos volvieron a mostrarme al afligido moreno agarrándose su cuello. Seguía sin comprender esos cambios de visión, pero en cierto modo los agradecía.

Una vez en nuestros puestos, el tercer Hokage nos explicó que había demasiados aspirantes a chuunin, por lo que habrían rondas previas a las del examen final, como una eliminatoria. La mayoría de los Genin se quejaron y protestaron contra las normas, pero en parte era razonable pues éramos muchos los que habíamos superado las pruebas.

Sakura, preocupada por su querido Sasuke, estaba decidida a levantar la mano para rendirse, pero el otro la detuvo al instante. Era tan cabezota...

Y una idea me vino a la cabeza: ¿Estaba haciendo todo esto por su hermano?

Su deseo de venganza era implacable, sin embargo me ponía en su lugar y, si no me daba motivos para justificar su crimen, también hubiese escogido su camino, aunque eso significase la soledad.

Mis ojos se abrieron y tapé mi boca para no emitir ningún sonido. Sasuke era así para no encariñarse con nadie y así seguir su objetivo, tenía que ser eso.

Decidí, antes de que empezaran a prepararlo todo, tomar del hombro sano al Uchiha. –Aparta. –sonreí de lado y negué con la cabeza.

-Quiero hablar de algo contigo. No te robaré mucho tiempo. –contesté burlona. Si pensaba que era otra de sus fans, ya era hora de que supiera que no era así.

Salimos de allí sin armar un revuelo, cosa difícil pues Sasuke siempre daba la nota entre las chicas. Una vez fuera, se apoyó contra uno de los árboles y yo quedé enfrente de él. -¿Y bien?

-Sé que no eres así. –al principio no me comprendió, pero estaba dispuesta a profundizar con él –Tal vez te muestres como el típico insoportable al que solo le miran las chicas por su cuerpo, tal vez quieras que te vean como el que siempre sabe cómo superar a los demás y dejarlos desesperanzados, pero yo sé que no eres así por gusto.

-¿Eres idiota? –sonrió con prepotencia cruzándose de brazos –Estás loca, como todas las demás.

-Te equivocas, Uchiha. –mis ojos analizaron los suyos y viceversa. Y creí que podíamos entendernos bastante bien. –Ninguna de ellas sabe de tu hermano Itachi ¿Verdad? –aunque no quiso, su cara cambió de expresión radicalmente. –Ellas no escuchan, yo sí. Cuando me contaron tu historia, comprendí porqué querías a todo el mundo fuera de tu camino, igual que tienes ese deseo de poder. Tu alma se ha contaminado con la venganza. –la impresión se le fue quitando y regresó a su forma impasible y soberbia de siempre.

-No sé dónde has escuchado lo que sabes, pero si entiendes lo que quiero ¿Para qué te interpones? –ahora la que sonrió de lado fui yo.

Las nubes no tardaron en escuchárseles rugir con furia gracias a los relámpagos y comenzó a llover. Al principio suave, luego más fuerte a cada segundo que pasaba. Mi pelo acabó azabache debido a las gotas de agua y mi ojos plateados se clavaban en los grises del muchacho, llegando a intimidarlo un poco.

-Al igual que tú, yo también estoy perdida. No voy a contarte mi historia, no quiero aburrirte y ya tienes suficientes problemas. Aún así... –de un suave impulso, acabé abrazándolo en contra de su voluntad, pero supuse que estaba sorprendido pues no me retiró el gesto. –No estás solo idiota, puedes contar conmigo. Es una promesa. –no comprendía porqué le apoyaba tanto si apenas le conocía, pero algo en mi interior me obligaba a decir y hacer todo aquello.

Ahora sí que me sentía despreciable... ¿Cuánto sufrimiento había pasado? ¿Cuántas lágrimas derramó en la soledad de su casa?

Sasuke solo quería encerrarse en sí mismo y por eso rechazaba a todo el mundo. Solo buscaba poder y las personas solo interferían en su camino.

Reaccioné y me fui separando de él, pero sentí un suave agarre en mi espalda y suspiré aliviada. No estaba equivocada. Sasuke seguía siendo humano.

Y quizás mis oídos me traicionaron oír un gracias entre la emoción de haberle dado mi apoyo y el sonido de la fuerte lluvia mojándolo todo a su paso, como si quisiera diluir nuestras dudas y su trágico pasado.

-Volvamos. –asentí separándome de él y nunca pensé ver una persona más emotiva que el rostro de Sasuke impregnado de gotas de agua. Tal vez lloraba, tal vez no, pero se veía agradecido aunque no fuera de palabras.

-De nada. –golpeé su hombro y corrí en dirección hacia los combates. Al subir a las gradas, Lee me sermoneó al verme empapada y yo solo me excusé diciendo que había ido a buscar a mi compañero felino.

Una pantalla se abrió delante de todos los presentes y los nombres de todos los que estábamos allí comenzaron a salir de forma aleatoria hasta que se detuvo en dos, y uno de ellos era el Uchiha. – Tu amigo comienza fuerte.

-"Maldición, no puede luchar ahora mismo con su estado físico." –Eifie me miró fijamente y tuve que apartar la mirada.

-¿Por qué te preocupas tanto? –me encogí de hombros- ¿Puede ser que hayas recordado que es alguien en tu pasado?

-Ahora que lo dices... –Lee me miró extrañado y reí nerviosa apartándome de mi equipo para hablar a solas con mi mascota. –Lo cierto es que sentí algo extraño cuando le abracé. –susurré acuclillándome hasta llegar a su altura.

-¿Le abrazaste? Eso sí que es rapidez.

-¿Quieres dejar de meterte en mi vida? –hablé con tono amenazante- Creo que era lo que necesitaba, así que se lo di. Ahora lo que necesito saber es porqué me resulta tan familiar hablar con él cuando le miro a los ojos.

Decidí callarme y observar el combate desde mi posición. De nuevo volvía a ver a través de su piel y parecía que el oscuro chakra que tenía en su interior quería subyugarlo por completo. Me sorprendí al ver que ya tenía el sharingan, aunque no lo dominaba al completo pues no había despertado del todo.

Su contrincante era duro. Tenía la habilidad de robar su chakra y usarlo como suyo. –Va a ser difícil ganar a ese tipo si nos toca.

-Sasuke ganará. –aseguré- Tiene un buen motivo para levantarse, dar la vuelta al combate y vencer. –Eifie me miró de forma desconfiada y le sonreí. –Observa y verás que mi deducción será cierta.

El felino no volvió a hablarme y yo seguí observando detenidamente los movimientos de ambos. No era igual que Lee o Sasuke, el taijutsu de ambos era impecable y me impresionó ver el mismo movimiento de mi compañero de equipo en Sasuke. –El sharingan es temible. –asentí sonriendo al ver que había ganado, pero las fuerzas le vencieron y cayó rendido.

-¡¡Sasuke!! –grité a punto de saltar la valla, pero su sensei me ganó en velocidad y deduje que se lo llevaría al hospital. –Maldito Uchiha. Forzó demasiado a su recién despertado sharingan teniendo el chakra desestabilizado. ¿Cómo se puede ser tan imprudente? –Eifie lamió mi pierna con su áspera lengua para que le atendiera y miré en la misma dirección que él. El siguiente combate sería el mío.

Había llegado el momento de comprobar si nuestro entrenamiento dio sus frutos con éxito.

---

¡Capítulo dos subido! ¿Qué os ha parecido? No me he detenido mucho en los exámenes ni en las peleas. Lo cierto es que es una historia muy sencilla, pero qué se le va a hacer... ¡Hasta la próxima!