Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen al gran Masashi Kishimoto, sólo lo uso para divertirme y sin fines lucrativos.
Advertencias: Inuzuka Sora y Eifie son personajes que no aparecen ni en el anime, ni el manga, ni tampoco en las películas, sino que es de mi propia imaginación. Como podréis comprobar, me gusta crear personajes donde no los hay (risa nerviosa). Tampoco estoy en contra de ninguna pareja fan con Sasuke; así que, por favor, pido respeto por mi historia y sino os interesa, simplemente pasad a otra cosa ^^
Sin más que advertir, y como siempre, espero que disfrutéis de este nuevo capítulo. (Y dejad algún rewiew, se agradece mucho).
Cáp. 3: Raíces
Pensaba que iba a ser fácil, y eso mismo estaba resultando el combate, pero mis ojos no dejaban que me concentrara completamente en la pelea.
Supuse que usé demasiadas fuerzas mentales con Eifie y acabé colapsándome en el campo de batalla sin heridas graves, pero con el chakra muy debilitado.
Y cuando desperté no pude sentirme más estúpida.
Miré a mi alrededor. Parecía que me habían llevado al hospital y al mirar por la ventana una brisa fresca rozó mi rostro –Lo siento. –ahogué un gemido lastimero y una lágrima descendió por mi mejilla.
Eifie me miró desde la ventana con ojos comprensivos y de un salto, se posó en mi regazo como muestra de apoyo. –La culpa fue de ambos. Abusé de ti y últimamente tu vista es sensible. –me eché una mano a los párpados y suspiré pesadamente. –Pensaba que nunca despertarías. Ha pasado mucho tiempo y los exámenes han terminado. –sonreí cansada y negué con la cabeza. Otro año lo conseguiríamos.
-¿Qué es lo que me está pasando? –pregunté al aire con un deje de desesperación. –Ya no sé ni quién soy...
-Eso tiene fácil solución. –levanté el rostro, descubriendo que tenía visita en la silla de mi lado derecho.
-Almenos llama a la puerta. –contesté con la mano en el pecho.
La joven de cabellos castaños me miró con una triste sonrisa y jugó un poco con sus dedos, entrelazándolos por puro nerviosismo. –Creo... que no podemos seguir mintiéndote.
-¿Mentirme? –repetí estupefacta- Hermana, ¿Qué quieres decir con eso? –me incorporé y me senté frente a frente. Ella bajó la mirada y eso no era buena señal.
La muchacha dio un suspiro antes de proseguir y tomó mis manos. –Tú no tienes hogar. –miré entre mis palmas y descubrí una especie de colgante con un símbolo muy conocido para mis ojos. –No eres Inuzuka, ni siquiera te llamas Sora. Te lo pusimos porque la noche en que viniste a nuestra familia, el cielo tenía el mismo color que tus cabellos. –comentó afligida mientras miles de agujas se clavaban en cada uno de mis poros.
Tenía mis sospechas pues me diferenciaba a gran escala de todo el clan Inuzuka. Sin embargo, temer era una cosa y otra muy distinta, que todas mis sospechas fueran ciertas...
-Esto no puede estar pasando. –alcé mi vista empañada y sus ojos me eran sinceros -¿Dónde está mi familia de verdad? ¿Por qué me das esto? –al borde de las lágrimas, sentí que todo por lo que luchaba se rompía.
Mi mente era un caos en esos momentos.
¿Viví en una mentira y me resigné a creerla como tal? No sabía si sentir ira o frustración pues mi cuerpo y mente no respondían. –Como he dicho antes, no tienes nombre, pero sí apellido. –me alzó el rostro por el mentón y continuó hablando pero ya no confiaba en ella, pues nada podía ser cierto de unos labios que me engañaron desde el principio. –Tu madre te confió a nosotros para que vivieras lejos de los de tu familia. Sora... eres una Hyûga y tus trastornos de visión los crea el Byakugan. Al no tener una buena enseñanza sobre tu técnica de línea sucesoria no sabes controlarlo y por ello pierdes facultades.
Una vez encajé piezas y pude mover mis cuerdas vocales, la miré con otros ojos y me crucé de brazos. –Si soy Hyûga no tendría que haber vivido con vosotros. El clan sigue vivo.
-Como te he dicho antes, no tienes hogar. Eres una hija no deseada. –reveló sin mucha delicadeza. –Tu padre murió por el bien de la villa y tu madre no pudo dar explicaciones sobre tu existencia porque eras el resultado de una infidelidad. –mi reacción no fue otra que reír.
¿Hija de dos Hyûga? Mi padre, según la teoría de la Inuzuka, era Hizashi Hyûga y por lo tanto era hermana de mi compañero de equipo y prima de Hinata.
Era todo tan absurdo y a la vez tenía tanta razón que me asustaba. -¿No mientes? –ella negó- Así que soy una Hyûga en secreto ¿eh? –pensé en alto y me levanté de la cama. –Si no pertenezco a mi familia, no pertenezco a este lugar.
-Sora, espera...
-¡No! –grité enfurecida –El único que es parte de mi familia es Eifie y con él me quedaré hasta el final. ¿El clan Inuzuka? ¿Los Hyûga? ¿La villa? ¡Son palabras que ya carecen de sentido para mí!
-Escúchame jovencita. –se levantó del asiento y me encaró con una chispa rojiza en sus ojos- No puedes hablar así ¡La villa es lo más importante para un ninja!
-Tal vez esa regla solo concuerde con los ninjas que saben de su propia existencia y están en paz con ellos mismos. –sugerí y al ver que se me acercaba, saqué un kunai.
-¡Sora! –mordió su labio inferior con saña y en sus ojos podía ver arrepentimiento, pero para mí no era suficiente. Ahora que me había traicionado lo que creía una familia, me sentía sola y mi odio se profundizó tanto que podía cobrar forma –No podía decírtelo porque tu madre nos confesó el secreto. Quería que su hija viviera en paz.
-Por favor... –contesté irónica- ¡Abre los ojos a la realidad! Mi madre, fuese quien fuera, solo quería su propia seguridad y por ello me dejó en manos de una familia diferente. –se acercó un paso más y di media vuelta. –Quiero estar sola.- No respondió nada, ni siquiera hubo un gesto de comprensión por su parte.
Y corrí
Huí de allí sin dirección concreta, solo pasaba a gran velocidad por los tejados de la villa de Konoha. Mis ojos se ensombrecieron y las lágrimas que brotaban de ellos, se confundían con las frías gotas de lluvia que dejaba caer la noche.
Las estrellas, la luna y las pocas luces de la calle eran lo único que me acompañaban en mi carrera. No quería a nadie a mi lado a excepción de Eifie. –¡Sora, espérame! No soy tan rápido. –se quejó mi pobre felino y me detuve en seco sobre un lugar alto y apartado de los edificios. Escuché los rayos cerca de los límites de Konoha y me permití caer allí mismo.
Dejé que mis ojos enrojecieran por las lágrimas de frustración y amargura. Ni siquiera era consciente del tiempo que pasé allí y con ayuda de esos mismos minutos de dolor, comprendí que mi camino había desaparecido y las personas que componían mis amigos y mi familia, se desvaneció junto a todo lo que entendía como vida. -¿Qué me queda ahora? –pregunté en un hilo de voz a mi pequeño compañero. -No quiero vivir escondiéndome por ser Hyûga... –escuché voces y quedé en silencio mientras me limpiaba las lágrimas.
Fruncí el entrecejo y parpadeé varias veces para comprobar que mis ojos no me engañaban. –No hay duda, son ellos Sora.
Negué con la cabeza y una media sonrisa, quizás cínica, asomó mis labios. –Ya no soy Sora. –susurré, intentando escuchar la conversación pero debido a la lluvia, las palabras se diluían entre el agua.
Por las expresiones y movimientos de ambos pude descifrar que Sakura quería algo y Sasuke no estaba dispuesto a cedérselo. –Sakura no quiere que Sasuke se marche. –me explicó el perspicaz animal.
Le miré a los ojos alzando una ceja -¿Irse? -la última idea sobre la villa de la hoja me vino a la cabeza. Eifie me asintió sin decir palabra alguna. Siempre estaría junto a mí y eso era lo único que me importaba en mi nuevo y oscuro camino.
Salté con sigilo, dejando a ambos chicos hablar de aquél tema que daba por imposible. Debía reconocer que la de cabellos rosas era persistente.
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Jadeábamos con agitación una vez nos detuvimos al alba. Después de recorrer las afueras de Konoha y llegar a un bosque cercano, decidimos quedarnos en un claro y recuperar fuerzas. -¿Qué vamos a hacer ahora? En teoría somos desertores.
-Sí. A partir de ahora somos ninjas desertores. –comenté sacando un shuriken y clavando mi cinta con el símbolo de la hoja en el árbol en el que nos detuvimos –Y antes de irnos por caminos poco seguros, esperaremos.
El pequeño animal hizo un sonido en confusión y yo le acaricié la cabeza suspirando.
-"Es lo mejor para dos sin hogar. Como nosotros"- pensé y decidí explicárselo- Sasuke optará por el camino de la venganza, pero antes de que se vaya por lugares equivocados tengo una oferta que plantearle.
-¿Viajar juntos? –asentí- Sasuke es un chico que quiere ir a la suya.
-Seré sus ojos. Mi Byakugan le servirá en su búsqueda de venganza. –apreté mis puños y un leve rubor apareció por mis mejillas. –Al menos él tiene un motivo por el que vivir...
-Establécete nuevos objetivos. –me senté sobre la rama y dejé que hablara. –Sé sus ojos y él que sea tu escudo. Admítelo, es más fuerte que tú.
-Cuando domine ese chakra oscuro, lo será. –Eifie subió a mi regazo, mirándome con esos ojos, penetrándo en mi mirada. -¿Qué buscas que diga? –pregunté intimidada.
-Ten una meta en tu vida, Kuroi. –mis ojos se abrieron de impresión al escuchar ese nombre.
De pronto, como si Eifie hubiera abierto una puerta mental, mis recuerdos pasaron por mis ojos uno tras otro a gran velocidad, pero a diferencia de mis sueños, esto sí se me estaba grabando en lo más profundo de mi ser. –Sa... Sasuke me... conoce.
-¿¡Qué!? –preguntó apoyando su nariz sobre la punta de la mía y cerré mis ojos mareada –Así que sois amigos de la infancia. Perfectamente podrían haberos casado.
-Deja de decir barbaridades gato del demonio. –contestécon mis mejillas encendidas mientras me recostaba sobre el tronco.
-Vale cabezota. ¿Te recordará?
-Tal vez... –suspiré –Si es así, fui una maleducada aquella vez. Debí preguntar también por cómo estaba.
-Siempre eres una borde con quien no debes. –me espetó el gato -¿A qué vez te refieres?
-Una noche lo encontré en el muelle abandonado del río. Ahora que recuerdo mi infancia, sé que va allí cuando no se encuentra en su mejor momento – pasé mi mano por la frente. Había sido tan idiota. –Se lo compensaré -comenté –Ahora puedo... –susurré al sentir una brisa cálida.
-Volverá a llover dentro de unas horas.
-Cuando caiga la primera gota, comenzaremos el entrenamiento. –aseguré –Debo dominar mi propio poder. –el gato asintió y yo cerré los ojos a ese fatídico día.
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Bueno, aquí el penúltimo capítulo. Gracias a The Hawk Eye por pasarse por aquí y leer este fic (sé que está ocupada, por ello lo agradezco mucho más ^^). Espero que este tercero os haya gustado. Pronto subiré el cuarto y último capítulo ^^ ¡Hasta otra!
