Episodio 2: Todo estará bien
No esperaba un príncipe violeta pero tú llegaste de pronto rodeado de colores fantásticos
POV: Milo
—¿Estás siguiéndome? — Te preguntó mientras el agua se deslizaba con agria ternura sobre los caminos finos de su rostro.
Miraste alrededor para ver si la pregunta había sido emitida para alguien más, pero eras el único ser humano cercano. Regresaste tu vista al sujeto de cabello color azul-interrogativo.
—¿Me hablas a mí?
Si tan sólo hubieras sabido que esta escena sucedería de nuevo en tu futuro, tal vez habrías actuado diferente; incluso, el día de hoy, te preguntas qué hubiera pasado si hubieras ignorado su pregunta aquel día, qué sería hoy de ti si no hubieras contestado esa pregunta, que fue emitida con un ligero velo de afirmación y diversión de su parte.
—Te vi en la biblioteca y después en la cafetería. Ahora estás aquí también —te explicó.
Sonreíste a sus palabras porque el tono que él uso para decírtelas fue tan... sencillo, tan infantil, tan vacío de acusación. Aún te preguntas si él se imaginó todo lo que su acusación inocente desataría para ambos.
—Parece que soy un acosador, que te estoy siguiendo, pero no lo estoy haciendo, lo juro. —Aseguraste con la pequeña sonrisa desvaneciéndose en tus labios.
Él sonrió un poco, sólo un poco.
—Siempre es mejor preguntar. Si me hubieras confirmado que eras un acosador, tendría que haberte golpeado para que dejaras de molestarme y hubiera tenido que correr a gran velocidad para apartarme de ti y que no me devolvieras el golpe, pero me da gusto que no lo seas y nos ahorres a los dos una escena agitada —contestó con absoluta neutralidad. Después dijo en un volumen más bajo pero igual de neutro—: Odio correr.
Fue tal vez en ese momento cuando lo supiste. Sí, si lo piensas, ése fue el momento en que supiste que era él: aquella persona que sabías que algún día llegaría a aniquilar todo lo malo y llenaría, en su lugar, tu existencia con felicidad. Estabas repentinamente enamorado de un sujeto que estaba a un lado de ti en una parada de autobús, que odiaba correr y que había decidido no golpearte porque le habías afirmado que no eras un acosador.
El amor es la cosa más extraña y amorfa que jamás existirá.
—Yo odio saltar —respondiste. Estabas en el proceso de aceptar que tenías frente a ti a esa persona que por veinte años habías pedido en silencio que llegara a tu vida, por lo que tu respuesta había sido sólo un eco, algo automático que salió de tus labios sin pensarlo mucho. A lo mejor él creyó que eras un estúpido.
—¿Quieres venir a mi departamento? —O tal vez no te consideró un estúpido después de todo—. No está lejos, no tenemos que correr, ni mucho menos saltar —te aseguró.
Y recuerdas que fue la forma en que lo dijo de nuevo, su determinado tono neutral, lo que te hizo afirmar con la cabeza sin pensar en las consecuencias de lo que esta decisión tendría en tu vida o en la suya.
o-x-o
Te acostaste con un desconocido por primera vez en tu vida. No tenías ni veinticuatro horas de haberlo conocido y habías tenido sexo con él. Ni un día de conocerlo y ya estabas a un lado de él en la cama mientras los dos observaban el techo después de haber terminado una sesión intensa de caricias y fluidos.
A veces te preguntas qué habrá estado pensando él en ese momento.
—¿Cómo te llamas?—Giraste la cabeza hacia él y preguntaste.
Giró la cabeza también por un segundo y te miró, después regresó la vista hacia el techo y descansó las manos sobre su estómago definido.
—Mi nombre es... ¿cuál es el tuyo?
—Yo pregunté primero. —Y sí, sonreías como un idiota.
—Y yo pregunté después, eso qué tiene que ver. ¿Cuál es tu nombre? —Giró de nuevo la cabeza y te miró.
Hiciste una pausa y lo dijiste:
—Milo.
—Milo. Es un nombre interesante —dijo en voz baja.
—¿El tuyo?
—¿El mío qué?
—¿Cuál es?
—¿Cuál es qué?
Creías que ya no era posible sonreír más, pero lo hiciste, sonreíste al punto de que te dolían las mejillas, dijiste:
—¿Cuál es tu nombre?
—¿Por qué de pronto tantas preguntas? —te dijo en tono serio.
Tú finalmente reíste.
—Dime ya.
Sonrió.
—Toda la gente me dice Camus, así que supongo que ésa es la respuesta que buscas.
Sí, él era la respuesta que habías buscado por mucho tiempo.
