Itachi estrechó la mano de Ino durante más tiempo del que era necesario y le dijo:

—Es usted la mujer más hermosa que hay aquí esta noche.

—Me alegro de que se haya podido usted fijar en mí cuando estaba tan ocupado con su teléfono —replicó Ino descaradamente. Al notar que él le miraba fijamente los labios, se preguntó cómo sería besarlo. Este pensamiento la sobresaltó.

Itachi ignoró el comentario y sonrió, mientras que Alice le lanzaba a su cuñada una mirada de advertencia.

—Me temo que los negocios dominan mi vida. Deje que le compre ese vestido azul que llevaba puesto. Sería un pecado que se lo pusiera otra mujer.

—No, gracias, señor Uchiha —respondió ella, muy sorprendida—. Prefiero comprarme mi propia ropa.

—Itachi —la corrigió él observándola al mismo tiempo.

Ino lo miró a los ojos y sintió una extraña sensación en el vientre. El tenía unas largas y espesas pestañas negras, demasiado hermosas para pertenecer a un hombre. Los pezones se le irguieron más contra la ropa y le aterró que pudieran notársele a través de la camiseta de algodón. Se cruzó de brazos rápidamente. Jamás había sido tan consciente de su propio cuerpo o de la proximidad de un hombre y ese hecho la estaba poniendo cada vez más nerviosa.

—No creo que lo conozca a usted lo suficientemente bien como para…

—Una situación que estoy dispuesto a remediar rápidamente. ¿Le gustaría que fuéramos a algún sitio cuando esto termine?

—No. Mañana tengo que levantarme temprano para ir a trabajar —le espetó Ino sin rodeos para desanimarlo.

—¿Resulta siempre tan difícil conseguir una cita con usted? —le preguntó él con un cierto tono de exasperación.

—Simplemente no me interesa conocerlo a usted más. No pierda el tiempo conmigo.

Itachi no estaba acostumbrado a que lo rechazaran. Normalmente, las mujeres se volvían locas por llamar su atención. Jamás se le ignoraba o se le rechazaba. La experiencia era nueva para él y no podía decir que le gustara.

—Yo no permito que nadie desperdicie mi tiempo. Dígame, ¿sigue llevando su alianza para mantener a raya a los hombres?

Ino no podía creer que se hubiera atrevido a hacerle esa pregunta. ¿Acaso sabía ya que ella era viuda? Itachi Uchiha estaba demostrando ser mucho más irritante de lo que ella hubiera imaginado en un principio. Se miró el dedo.

—No. Sigo llevándolo para recordarme que una vez estuve casada con un hombre muy especial.

La ira se apoderó de Itachi . El desafío y la altivez de aquella mujer ofendían su orgullo y su masculinidad. Sin embargo, más que eso no le gustaba escuchar cómo ella decía ese tipo de cosas. Quería que ella fuera una mujer que se muriera de ganas por conocerlo, no una viuda idealista que hubiera enterrado su corazón con su perfecto marido. Decidió llevar la conversación por otros derroteros y le preguntó dónde trabajaba.

Ino respondió con orgullo que era socia de un negocio de servicios con su hermano.

—El sector servicios está en pleno auge en estos momentos —afirmó ella.

Cuando Uchiha le preguntó cuál era su relación con aquella organización benéfica y ella le explicó que Alice estaba casada con su hermano y cómo esta organización la había ayudado a ser completamente independiente después de su accidente.

—Como les ocurre a muchas personas que pasan por el mismo trance, su vida cambió por completo. No sabía adónde acudir —explicó Ino más tranquila—. Ya no podía seguir realizando su trabajo. Antes era chef y muy buena. Su casa no estaba adaptada a sus necesidades y empezó a tener muchos problemas económicos. Futures la aconsejó y le dio un crédito con el que ella pudo cubrir la mayor parte de sus necesidades más acuciantes.

—Es usted una buena defensora del trabajo que realiza Futures. Si me ofrezco a realizar una cuantiosa donación para la organización, ¿conseguiré comprar con ello parte de su precioso tiempo?

Ino se quedó atónita ante la sugerencia de que alguien pudiera comprar su tiempo y su compañía con dinero. Se quedó completamente pálida y abrió los ojos llena de incredulidad.

—No soy una prostituta a la que se pueda alquilar con dinero, señor Uchiha .

—Me parece que eso ya lo sé pero, como cualquier hombre de negocios, soy capaz de utilizar cualquier cosa para conseguir lo que quiero. Si consigo ablandarle el corazón con la perspectiva de que Futures pueda beneficiarse de mi interés, no pienso dejar de hacerlo. ¿Quiere usted hablar de cifras?

—¡Por supuesto que no! Si usted desea realizar una donación, le ruego que se asegure que no tiene nada que ver conmigo. Debería hablarlo con Cyril Townsend, el director deFutures.

—Pues claro que tiene que ver con usted. Al menos, permítame llevarla a su casa, lubimaya —susurró. Su acento ruso pronunciaba muy lentamente los sonidos vocálicos.

Ino interceptó una mirada de su cuñada y apretó los labios. No quería avergonzarla por haber ofendido al invitado más importante de aquella noche.

—Me temo que no va a poder ser. Tengo que llevar a mi cuñada a casa.

Itachi la observó como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.

—En ese caso, ¿cuándo puedo volver a verla?

—No creo que eso vaya a ser posible.

—Yo la deseo.

—No estoy a la venta, señor Uchiha . Ni se me puede sobornar —replicó ella, levantando la barbilla.

—Todo ser humano tiene un precio. Tal vez no sea dinero, sino otra cosa. No creo que un soborno, como usted lo llama, sea malo si con ello se consiguen resultados positivos.

—Creo que no vemos el mundo del mismo modo —replicó secamente Ino. No le sorprendió que él no se diera por vencido y que hubiera transformado un soborno inaceptable en un acto de beneficencia. Se estaba enfrentando a un hombre duro y cínico, cuyo único dios era el dinero y que no sabía aceptar la palabra «no» cuando algo se oponía a sus deseos—. Y dudo que lo veamos alguna vez desde el mismo punto de vista.

—Yo soy realista y raramente me equivoco.

—¡Qué reconfortante debe de ser para usted pensar que lleva las riendas en todos los campos!

—Aparentemente, no en este encuentro.

—Adiós, señor Uchiha . Espero que no deje que mi comportamiento le impida realizar una donación a Futures.

Con eso. Ino se apartó del magnate ruso con una fuerte sensación de alivio.

Itachi la observó mientras se alejaba. Se sentía enojado y frustrado. Jamás había conocido a una mujer como ella, y su inesperada resistencia sólo había conseguido acrecentar el interés y la intensidad de su deseo hacia ella.

Unos minutos más tarde, seguida de sus hijos. Alice fue a buscar a Ino al lugar en el que ella estaba recogiendo sus cosas en el ya silencioso vestidor.

—¿Qué le has dicho a ese multimillonario ruso? Al marcharse, parecía tan frío como el iceberg que hundió al Titanic.

—Ningún iceberg es tan caliente ni tan insistente.

—No es ninguna ofensa que se sienta atraído por ti. ¿Sabes? Estás soltera y eres muy atractiva.

—No me ha gustado nada ese hombre. ¿Te ha extendido un cheque? —preguntó, con cierta ansiedad.

—No. No ha donado a Futures ni un solo penique.

Ino apretó los labios con desilusión. Acompañó a su cuñada y a sus sobrinos al ascensor que los conduciría al aparcamiento. Se sentía muy culpable. ¿Tan malo habría sido pasar un par de horas con Itachi Uchiha ? Llevó a Alice y a los niños a casa y a continuación, se dirigió a su apartamento. Como Jasper ni siquiera había aparecido en el desfile, decidió hablar con su hermano. Alice no era sólo su cuñada, sino también la mujer a la que consideraba desde hacía mucho tiempo su mejor amiga.

—¿Qué te pasó anoche? —le preguntó a su hermano cuando entró en el despacho de éste a la mañana siguiente.

Jasper era también rubio como ella, y tenía los ojos azules. Tenía 25 años, eran gemelos, el 10 minutos mayor, y era contable de profesión.

—Quiero terminar las cuentas antes de que venga el de Hacienda —respondió Jasper—. Hay mucho trabajo extra desde que aumentamos nuestro número de clientes. No te olvides que yo tengo dos papeles en esta empresa. Soy tu socio, pero también el contable.

—Lo sé —contestó Ino . Decidió no recordarle que él había sido el máximo impulsor de la expansión cuando tanto Alice como ella estaban satisfechas con la situación anterior—. Tal vez deberíamos contratar a alguien que te ayudara con las cuentas.

—¡Ni hablar! Lo siento, pero tengo mi propia manera de hacer las cosas —añadió, cuando notó la mirada de desaprobación con la que ella lo observaba.

—Está bien. Simplemente me parece que deberías haber hecho tiempo para acudir al desfile de moda…

—A mí no me va todo eso de las fiestas benéficas. Eso es cosa de Alice. Me habría sentido como un pez fuera del agua.

—Alice se siente muy sola. Últimamente, has estado trabajando hasta muy tarde con mucha frecuencia…

Jasper se encogió de hombros.

—Alice y yo vivimos y trabajamos juntos. Algunas veces, resulta algo asfixiante. No siempre estoy aquí en mi despacho cuando llego tarde a casa. En algunas ocasiones, simplemente me gusta salir solo.

Ino se quedó atónita por esa afirmación. ¿Asfixiante? No era una palabra muy agradable con la que describir una relación matrimonial.

—¿Ocurre algo?

—¿Y por qué debería ocurrir algo? —preguntó Jasper frunciendo el ceño—. ¿Por qué debería ir algo mal?

—Simplemente pareces muy nervioso y a la defensiva.

—Te estás imaginando cosas.

Ino no estaba del todo convencida.

—¿Ocurre algo con la empresa?

—Te lo habría dicho si así fuera. Nos vendrían bien algunos clientes más.

—Me dijiste que el negocio iba muy bien.

—Estas nuevas instalaciones se están tragando más ingresos de los que yo había esperado —admitió Jasper.

Ino se contuvo para no decirle que ya se lo había advertido. Quería mucho a su hermano mayor y veía que estaba sometido a una enorme presión. Estaba pálido y tenía ojeras. Además, había vuelto a comerse las uñas, lo que siempre era señal de que estaba estresado.

—¿Puedo hacer algo para ayudar?

—Lígate a ese multimillonario ruso. Tal vez nos proporcione negocios. Debe de tener unos contactos impresionantes.

—¿Alice ya te ha hablado de Itachi Uchiha ?

—Ese hecho ha proporcionado algo de excitación a nuestras mediocres vidas, ¿no te parece? ¿Que un multimillonario intente ligar con mi hermanita pequeña? Eso no ocurre todos los días.

Ino apretó los labios.

—A mí no me gustó.

—Por supuesto. ¿Qué hombre mortal podría igualar a Royce el santo?

—¡No llames así a Royce!

—Lo siento, pero nunca me cayó bien. Siempre pensé que se aprovechaba de ti. Tú sólo eras una niña… Si no hubiera sido colega de papá y hubiera estado empezando la carrera judicial, papá lo habría enviado a paseo.

—Royce jamás se habría aprovechado de mí. Me amaba. Mira, creo que es mejor que me vaya a trabajar un poco.

Alice que trabajaba para Support Systems desde casa, le había enviado a Ino por fax las citas que tenía para ese día. Estaba trabajando cuando, de repente, alguien llamó a la puerta. Un empleado le entregó un enorme ramo de rosas blancas y rosas. Al tomar la tarjeta. Ino no se sorprendió de ver el nombre de Itachi en la tarjeta, pero se sintió algo amenazada al ver que él le había incluido su número de teléfono también. De mala gana, dado que no quería animarle, le envió un frío mensaje de agradecimiento por las rosas.

Poco más de un minuto después, él la telefoneó a ella.

—¿Salimos a almorzar?

—Lo siento, estoy demasiado ocupada.

—¿Y acaso cree que yo no lo estoy?

—¿De verdad que no va a hacer una donación a Futures a menos que yo salga con usted?

—Jamás digo lo que no tengo intención de hacer…

Ino realizó un gesto de desaprobación.

—Ahora, me siento como si hubiera privado deliberadamente a la organización de un dinero que necesitan desesperadamente. ¿Cómo se supone que me debo sentir por ello?

—Espero que lo suficientemente mal como para cambiar de opinión sobre mí y darme la oportunidad de demostrarle lo bueno que puedo ser.

—¿Durante un almuerzo?

—Mejor cena.

—Está bien… ¿A qué hora?

—La recogeré a las siete y media.

—Mi dirección es…

—Ya la tengo.

—Le advierto que no nos llevaremos bien.

—Y yo enviaré mi donación esta misma tarde.

Con esa afirmación. Itachi colgó el teléfono. Ino también colgó a su vez y lo observó como si fuera una bomba sin explotar. Casi no se podía creer que hubiera accedido a verlo y que hubiera aceptado su chantaje.

Itachi por su parte, estaba encantado. Había decidido que ella era una mujer muy inteligente, lo que le hacía sentir aún más ganas por conocerla. Estaba convencido de que Ino yamanaka sabía muy bien cómo jugar sus cartas para conseguir acrecentar el interés de un hombre. Le dio instrucciones a Sveta para que se pusiera en contacto con la asociación para comunicarles su donación y ordenó a Olya que buscara el vestido de color azul que Ino había llevado puesto en el desfile.

Más tarde. Alice llamó muy contenta a ino para informarle de que Itachi Uchiha había donado medio millón de libras a Futures. Era la cantidad más grande que la organización había recibido nunca y Itachi les había prometido que consideraría convertirse en uno de los benefactores de la organización. Ino se preguntó qué diría Alice si supiera que el ruso había utilizado su riqueza y la desesperada necesidad de fondos por parte de la organización para convencerla de que saliera con él. Decidió hacerlo.

—Voy a salir a cenar con Itachi esta noche —le dijo sin contarle toda la verdad.

—Es una excelente noticia. Me gustaría que te divirtieras. Además, quería decirte que Jasper me acaba de enviar unas flores. Probablemente se le ocurrió por el hecho de que Itachi te las enviara a ti pero, ¿a quién le importa a qué se debió el gesto?

Ino sonrió al ver que su hermano estaba realizando un esfuerzo y comprobar que Alice estaba contenta. Aún seguía algo preocupada por la palabra con la que Jasper había descrito su situación marital. También se preguntaba por qué no le había preguntado adonde iba cuando salía, pero decidió que tal vez ya se había inmiscuido en sus asuntos más de la cuenta. No estaba muy cualificada para servir como consejera matrimonial. El destino había impedido que llegara a celebrar su noche de bodas con Royce. El murió en el mismo accidente en el que Alice quedó parapléjica.

Ino lamentaba profundamente que jamás hubieran tenido oportunidad de disfrutar de intimidad sexual. En ese sentido, no tenía recuerdos a los que aferrarse porque Royce había insistido en que esperaran a hacer el amor hasta que estuvieran casados. A Ino le avergonzaba reconocer que aún seguía siendo virgen, aunque no se lo había contado a nadie. Su rostro ardía cuando recordaba su ansia por explorar aquellos misterios físicos con el hombre al que amaba, algo que aparentemente, a él le había quitado las ganas. Echaba la culpa de la actitud de su difunto marido al respeto de éste por su padre, un hombre de moralidad muy rígida, y al hecho de que hubiera sido mucho mayor que su futura esposa. Observó la foto de Royce. Había sido un hombre muy atractivo, de cabello rubio y ojos azules. No era de extrañar que se hubiera enamorado perdidamente de él, pero seguía sorprendiéndose de que él se hubiera prendado de una mujer que era prácticamente una adolescente y no de las mujeres a las que conocía durante el ejercicio de su profesión.

Unas horas más tarde. Ino recibió una serie de cajas que le remitía Itachi Uchiha . Cuando las abrió, comprobó que él no sólo le enviaba el vestido azul del desfile, a pesar de que ella había rechazado el regalo, sino que también había incluido los zapatos a juego y las joyas que Ino había lucido.

«He recibido la ropa. ¿Acaso no le compraron una muñeca a la que vestir cuando era niño?», le dijo mediante un mensaje de móvil.

«Yo sólo quiero desnudarte», replicó él. Estas palabras escritas provocaron una oleada de excitación que se le asentó entre las piernas de un modo muy turbador.

«Eso ni hablar», respondió ella, para dejarle muy claras sus intenciones. No quería que él albergara ningún tipo de expectativa sobre la velada que los aguardaba.

Se marchó de su despacho algo más temprano de lo corriente y se dirigió a su casa, al moderno apartamento donde vivía. Había pertenecido originalmente a Royce y el diseño minimalista en elegantes tonos marrón y beige era más del gusto de él que del de ella. Nada de lo que compraba parecía encajar allí. Su casa de muñecas estaba colocada en la mesa del vestíbulo, donde parecía no estar tan fuera de lugar. El mundo de las miniaturas era su único pasatiempo y le proporcionaba un medio de escape para su viva imaginación.

Tras amontonar allí las cajas que pensaba devolverle a Itachi , se dirigió a su dormitorio. Allí, examinó su guardarropa, buscando instintivamente algo completamente diferente al vestido azul. Ella no era la muñeca de ningún hombre. Si Itachi Uchiha tenía una fantasía, ella no la iba a llevar a cabo para él. Sacó un vestido rojo de cuello halter que le llevaba hasta la rodilla y que se había comprado con Alice. Se lo había puesto tan sólo una vez. Se duchó y se maquilló ligeramente antes de peinarse su larga melena de rebeldes rizos. Cuando se miró al espejo, frunció el ceño al ver el modo en el que el vestido se le ceñía a los senos y a las caderas. Se habría cambiado inmediatamente si no hubieran llamado a la puerta.

Agarró las cajas y su bolso y se dirigió hacia la puerta. Un chófer uniformado la saludó. Ella le entregó las cajas y lo acompañó hasta el ascensor. Allí, se miró con desaprobación en el espejo. El rubor de sus mejillas y el brillo de sus ojos implicaban una excitación que su mente rechazaba. Después de todo, sólo iba a cenar con Itachi porque beneficiaba a Futures.

El chófer metió las cajas en el maletero de la limusina y le abrió la puerta. Ino se sorprendió al ver que Itachi estaba en el interior del coche, esperándola.

—No llevas puesto el vestido —comentó inmediatamente—, pero casi estás igual de hermosa de rojo.

—No dejo que nadie me compre ropa. Se las voy a devolver…

—Me niego a discutir contigo —replicó él, observándola con masculina apreciación. Sabía que era la clase de mujer a la que no le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer. Mentalmente, eran tal para cual, dado que ella era una mujer testaruda e individualista, como él—. No he dejado de pensar en ti ni siquiera cinco minutos desde que te vi por primera vez. Lubimaya.

Halagada por esa afirmación. Ino se quedó una vez más perpleja al ver lo fuerte que era su reacción hacia él. Estaba muy guapo, con una camisa gris perla y una chaqueta a medida que se ajustaba perfectamente a los anchos hombros y el poderoso torso. El ambiente entre ellos restallaba por la tensión. El pulso de Ino latía alocadamente, haciendo que casi le resultara imposible poder razonar. Observó el rostro de su acompañante con una fascinación que jamás había experimentado antes. Comprender la atracción que sentía hacia él la llevó a bajar los ojos y a romper aquel contacto.

—¿Qué ocurre?

Un profundo sentimiento de culpabilidad se había apoderado de Ino por la poderosa reacción que había experimentado su cuerpo ante Itachi . Se sentía barata. Nunca se había sentido así por Royce. Reconoció que era deseo, lujuria, acrecentados por una naturaleza muy sensual que jamás había tenido la oportunidad de explorar.

—No me ocurre nada —replicó.

—La atracción que existe entre ambos es muy fuerte —afirmó Itachi , con una sonrisa. Agarró la mano de Ino , como si hubiera presentido la imperiosa necesidad que ella tenía de poner distancia entre ambos—. Te late el pulso justo aquí… —añadió, acariciándole con un dedo la clavícula.

Aquella caricia hizo que Ino se echara a temblar. Itachi la estrechó contra su cuerpo y ella no se resistió. Inmediatamente, la boca de él descendió para reclamar la de ella con una fiera urgencia sexual. Sin poder resistirse, Ino le acarició suavemente los pómulos, gozando con el contacto, para terminar agarrándole con fuerza el cabello. Entonces, colocó las manos sobre los hombros y las dejó allí. Estaba tratando de permanecer al margen de un mundo que le ofrecía cientos de sensaciones y de profunda excitación. Su cuerpo respondía como una planta al agua. Le encantaba el sabor y el tacto de Itachi y no se cansaba de ninguna de las dos cosas. La erótica invasión de la lengua entre los labios le provocó un húmedo calor entre las piernas y prendió una llama que era tan intensa que casi dolía. Itachi había despertado una necesidad que ella había ignorado durante demasiado tiempo.

Él le desabrochó el vestido y el sujetador antes de que Ino se diera cuenta de sus intenciones. Inmediatamente, agarró con fuerza los voluptuosos pechos para hundir la boca entre ambos con gemidos de apreciación. Mientras tanto, con las venias de los dedos comenzó a excitarle los pezones.

—Eres la mujer más sexy que he conocido nunca…

Ino no se consideraba precisamente así. De repente, se estaba sintiendo estúpida ante él. Levantó las manos y trató de cubrirse. Itachi se las apartó y realizó la tarea en su nombre.

—No suelo hacer este tipo de cosas —murmuró, como si estuviera excusándose.

—Esto es diferente. Somos diferentes. Jamás he estado tan excitado por una mujer como lo estoy por ti, mitayo

Itachi musitó algo en ruso y le tomó la mano. Entonces, la colocó sobre su entrepierna. Aquella invitación tan atrevida fascinó completamente a Ino . Sentir que ella capaz de excitar a un hombre de aquella manera acicateó aún más su deseo y no pudo evitar un gemido cuando él volvió a devorarle los labios. Deslizó los dedos por la camisa de él, explorando el vello que le cubría el torso, sintiendo los músculos de su vientre y trazando la longitud de la agresiva erección. Se sentía ebria por la osadía de los actos que estaba llevando a cabo.

—Te deseo ahora… no puedo esperar —susurró Itachi .

—Esto está mal… no es propio de mí… Casi no te conozco —musitó ella, abrumada por su total pérdida de control.

—Conoces todo lo que importa —replicó Itachi .

De repente, la limusina se detuvo bruscamente. Ino miró por la ventanilla y vio que se encontraban frente a un edificio de apartamentos en una de las zonas residencias más exclusivas de Londres.

—¿Dónde estamos?

—En mi casa.

—Había dado por sentado que íbamos a ir a cenar a algún sitio —musitó ella, muy incómoda. De repente, la puerta se abrió.

—Los paparazzi no me dan paz alguna en los lugares públicos.

Ino sabía que eso tenía que ser cierto. El interés de la prensa por su vida, en especial por su vida amorosa, era considerable y ella no tenía deseo alguno de ver su nombre junto al de él en las revistas. Los guardaespaldas de Itachi la empujaron hacia las escaleras.

—¿Va a volver a necesitarme esta noche, señor? —le preguntó su chófer.

—No. Hasta mañana —respondió Itachi .

Al escuchar aquellas palabras. Ino se sonrojó. Respiró profundamente y atravesó el elegante vestíbulo para montarse en el ascensor, que ya les estaba esperando.

—¿Podría hablar contigo? —le preguntó a Itachi cuando los dos llegaron a su ático.

Un instante después, un mayordomo les abría la puerta de un espectacular vestíbulo. Itachi cerró la puerta y se volvió a mirarla.

—¿Cuál es el problema?

—¿El problema? He oído lo que le has dicho a tu chófer. No voy a dormir aquí esta noche ni pienso acostarme contigo. ¿Cómo te atreves a dar por sentado que va a ser así? —le espetó—. No vas a conseguir persuadirme, ¡así que no pierdas el tiempo!

A pesar de la furia que se reflejó en su voz, se sintió muy enojada consigo misma. Sospechaba que su conducta en la limusina le había dado a él razón más que suficiente para pensar que ella estaba dispuesta a compartir su cama aquella noche…