—Me encanta tu cabello —añadió Itachi con voz suave, mientras le peinaba con los dedos los rizos rubios—, y también la suavidad de tu piel.
Tras haber dejado al descubierto la suave y sedosa piel del cuello de Ino una vez más, hundió sus labios allí.
El erótico contacto de la boca en aquel preciso lugar fue como una descarga eléctrica para los sentidos de Ino . Provocó que la sensibilidad de los pezones y la placentera tensión que experimentaba entre las piernas resultaran casi insoportables. Ambas sensaciones la animaban a acercarse más a él. El cuerpo le ardía presa de una frustración que sólo estaba empezando a reconocer. Sentía una ingobernable pasión que la atravesaba por dentro como una fuerza desatada y que amenazaba con llevarse a su paso todas sus inhibiciones. Hasta aquel momento, jamás hubiera creído en el poder del deseo. Jamás hubiera pensado que la fiera presión sensual de la boca de un hombre pudiera hacerla temblar de aquel modo.
—Itachi … —susurró, asombrada por la fuerza de lo que estaba sintiendo. Al mismo tiempo, se sentía muy asustada.
El rostro de él se tensó ante la reconocible súplica que había en la voz de Ino . Aunque ella estaba dispuesta a negarlo, lo deseaba tanto como él a ella. Una profunda satisfacción se apoderó de él hasta que vio la foto del día de su boda colgada de la pared que ella tenía a sus espaldas. Ino vestida de novia, y su fallecido esposo, un tipo rubio y guapo, muy sonriente. Inexplicablemente, se vino abajo. Se recordó que él no iba suplicando a las mujeres. En lo que le era posible, mantenía su vida sexual tan sencilla y simple como le era posible. Sin embargo, la hermosa rubia que tenía entre sus brazos no era ni sencilla ni simple, como tampoco lo era lo que él estaba pensando. ¿Había deseado ella a aquel hombre tanto como lo deseaba a él en aquellos momentos? Se sorprendió por aquel pensamiento. Jamás había creído que se le ocurriría pensar en algo así. ¿Por qué querría él competir con un hombre muerto?
Ino por su parte, ya era incapaz de pensar. Sólo podía sentir. Cuando Itachi se apartó de ella, se sintió increíblemente sola. Le rodeó los hombros con los brazos y trató de acercarlo de nuevo a ella. Su boca ansiaba de nuevo el contacto. Jugueteó con el cabello negro de Itachi . Había descubierto que tocarle era una adicción para ella. Los senos se le hincharon en contacto con el torso de él y los pezones se le endurecieron. El cuerpo parecía vibrar con cada punto de contacto con el de él. Una mano le cubrió un seno y le pareció que el cuerpo entero se le iluminaba de satisfacción. Se le escapó un gemido ahogado de entre los labios al sentir cómo él iba moldeando la tierna carne, encontrando los puntos de especial sensibilidad con devastadora exactitud. Cada beso le hacía esperar con más ansia el siguiente. La pasión se había adueñado de ella por completo y resultaba demasiado nueva y demasiado seductora como para poderse negar u ocultar. Cada caricia de su lengua despertaba en ella otra embriagadora oleada de sensaciones.
En el momento en el que Itachi le subió un poco más la falda, la impaciencia que ella sentía se hizo tan grande que comenzó a bordear la desesperación. Ansiaba un contacto más íntimo. Entonces, un dedo masculino se le deslizó por la tela de las braguitas y descubrió el húmedo calor en el centro de su feminidad. Ella contuvo la respiración y comenzó a gemir cuando Itachi comenzó a estimularle la sensible zona, provocándole una agonía de dulces sensaciones. Las piernas comenzaron a temblarle por tener que mantenerse erguidas y tuvo que agarrarse a los fuertes hombros de él. Con un gruñido, él la tomó en brazos.
—¿Dónde está tu cama? —susurró contra la suave mejilla.
Ino era tan presa del anhelo y del deseo, que no podía encontrar la voz. Le indicó la puerta que había al otro lado del pasillo y Itachi la llevó allí, a la que una vez había sido la cama de Sai, una cama que jamás había compartido con su difunto marido ni con ningún otro hombre. Recordó ese hecho y se odió profundamente. Sin embargo, sabía que no podía controlarse.
Itachi se quitó los zapatos, los calcetines y la chaqueta. Entonces, se arrojó a la cama con ella. Ino le quitó la corbata y comenzó a desabrocharle la camisa. No podía creer que fuera ella quien estaba haciendo aquellas cosas, pero, mientras le quitaba la camisa, contempló la belleza del poderoso torso cubierto de un suave vello oscuro.
Itachi comenzó a desnudarla también a ella y dejó escapar un gruñido de satisfacción masculina cuando sus sensuales curvas quedaron completamente a la vista. Bajó la cabeza hasta los pezones rosas y se los lamió, mientras que con las manos moldeaba los pechos.
Asediada por las sensaciones. Ino comenzó a gemir en voz alta. Le hundió los dedos en el oscuro cabello y lo acercó a ella. Los dos compartieron un apasionado beso, antes de que la tentación de los senos volviera a llamarlo a él. Al mismo tiempo, terminó por despojarla por completo del vestido.
—Jamás me había sentido así antes —admitió Itachi . Esas palabras le sorprendieron profundamente.
Ino separó los labios para igualar aquella confesión, pero entonces quedó en silencio al recordar a Sai. Itachi la miró a los ojos y sintió la reticencia de ella. Comprendiendo la causa, sintió una profunda ira. Le ofendía el hecho de tener que medirse continuamente con otro hombre a ojos de Ino .
Volvió a besarla apasionadamente, hundiendo la lengua entre los labios hasta que ella respondió con idéntico fervor. Le quitó la última prenda y contempló las voluptuosas curvas del hermoso cuerpo de Ino con intenso placer.
—Tienes el cuerpo más hermoso del mundo, mi laya moya…
La locura que se había apoderado de Ino remitió un poco, lo suficiente para que ella se maravillara que pudiera estar desnuda delante de un hombre casi desconocido. Sin embargo, en realidad sabía que la reverencia y la apreciación que él le dedicaba le resultaba increíblemente excitante. Por primera vez en su vida se sentía sexy y femenina, orgullosa de su figura.
Itachi le acarició el esbelto muslo hasta llegar al lugar más delicado de todos. Fue entonces cuando perdió plenamente el control. Acarició los húmedos pliegues de su feminidad y se sintió perdida. El estimuló el minúsculo montículo que se erguía por debajo de los rizos con el pulgar y provocó que el flujo líquido del deseo provocara una tormenta de sensaciones.
—Por favor… —musitó, casi sin saber lo que decía ni lo que pedía.
Itachi se sacó un preservativo de la cartera. La miró, completamente atónito por el modo en el que ella estaba respondiendo. Estaba tan encantadora, con su cabello extendido sobre la almohada, el delicado rostro ligeramente sonrojado y los ojos medio cerrados por la pasión. Durante un segundo, él dudó. Sospechaba que después, ella podría arrepentirse. Era raro que Ino hubiera cambiado de opinión sobre él tan radicalmente. Sin embargo, el deseo y la necesidad se apoderaron de él. La deseaba con una pasión más fuerte de nada de lo que había sentido nunca…
—Ti nuzhna irme… Te necesito —afirmó.
El esbelto y hermoso rostro de Itachi estaba tenso de deseo. La miraba fijamente de un modo que la hacía sentirse verdaderamente especial. Sai jamás la había mirado de aquel modo. Ino sentía que el corazón estaba a punto de estallarle.
Itachi la tendió bajo él, se colocó el preservativo y se hundió en ella con un único y poderoso movimiento. El acceso al cuerpo de Ino era muy estrecho, lo que le hizo detenerse en seco. Cuando ella gritó, se alarmó.
—Pero si estuviste casada…
—Pero el matrimonio no se consumó —respondió ella de mala gana.
Itachi la estudió con franca sorpresa.
—¿Ni siquiera antes de la boda? ¿Quieres decir que tú no tuviste relaciones sexuales ni una sola vez con…? Eso es una locura.
En medio de la pasión que la había empujado a la cama con un hombre al que apenas conocía, a ella también le parecía una locura. Sin embargo, estaba segura de que no estaba pensando cómo debía. Incluso cuando el pensamiento comenzó a aclarársele, el cuerpo se le aceleró con una renovada excitación al notar que Itachi volvía a hundirse en ella una y otra vez. La deliciosa fricción de sus movimientos le provocó una oleada de irresistible placer por todo el cuerpo.
Itachi estaba haciendo un gran esfuerzo por ser delicado con ella, lo que era una novedad. Se sentía atónito por saber que él era el primer amante de Ino y ansiaba poder igualar cualquier expectativa que ella hubiera podido tener sobre él.
—¡No pares! —lo animó ella, sintiendo que estaba alcanzando lo que se le había negado hasta entonces.
—Eres como el satén y el terciopelo. Claro que no voy a parar —afirmó Itachi . Poseyéndola con hábiles movimientos.
El exquisito placer se fue convirtiendo en una delirante tormenta. Ino se retorcía de placer debajo de él. Todo su ser buscaba la necesidad de satisfacer el ansia que Itachi había despertado en ella. El corazón le latía a toda velocidad.
Cuando la tensión y la excitación dieron paso a un convulso estado de éxtasis de extremo placer, ella gritó. Después, se refugió en su propia sensación de plenitud, con los miembros extendidos sobre la cama de puro agotamiento.
Sin embargo, su mente no estaba dispuesta a practicar la misma inactividad. Itachi alcanzó su placer poco después y en ese mismo instante. Ino se apartó de él. El rechazo y el asco se habían apoderado de ella. No podía creer lo que había hecho. Le causaba horror el pensamiento de haberse acostado con Itachi Uchiha incluso cuando aún seguía sintiendo los últimos temblores de satisfacción sexual. No sólo había traicionado todo lo que había creído siempre, sino que también había mancillado el precioso y puro amor que había compartido con Sai. Se sentía profundamente abrumada.
Itachi trató de volver a tomarla entre sus brazos.
—Ven aquí, lubimaya…
Ino lo contempló con profunda hostilidad.
—¡No me toques! —le gritó cuando sintió que él la tocaba. Lo apartó de su lado y se levantó de la cama a toda velocidad. Entonces, tomó una bata que estaba en el respaldo de una silla cercana y se envolvió con ella.
Itachi se incorporó. La ira se había apoderado de él por completo. La violencia del rechazo de Ino le dolía como si le hubieran arrojado ácido sobre la piel.
—Supongo que ahora sientes remordimientos…
Ino estaba temblando. Le lanzó una mirada llena de furia.
—¿Y qué va a ser si no? Me gustaría que te marcharas inmediatamente.
—¿No te parece que es un poco tarde para eso? Acabamos de hacer el amor.
—Y eso ha sido el mayor error que he cometido en toda mi vida —le espetó ella.
—No. Ha sido un acontecimiento normal y natural para una mujer apasionada —le replicó él—. No es ningún pecado disfrutar del sexo.
Ino estaba completamente atónita de que él siguiera queriendo estar allí con ella y sobre todo que le recordara lo mucho que había disfrutado con él. Deseaba que se marchara. Ansiaba ducharse, cambiar la ropa de la cama, erradicar toda prueba de que él había estado alguna vez en su apartamento. Lo odiaba, pero se odiaba incluso más a sí misma.
—Yo fui débil y tú te aprovechaste de eso. Bueno, ¿qué otra cosa podría esperar de un hombre como tú, un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada?
Itachi se levantó de la cama, luciendo plenamente su magnífica desnudez.
—¿Cómo te atreves a hablarme de ese modo? Tú me has invitado a entrar en tu cama. Tú querías que yo…
Ino no podía soportar que le recordara aquel hecho. El rostro le ardía con la vergüenza y el remordimiento. Entonces, miró fijamente la fotografía de Sai que tenía al lado de la cama. Todo le resultó completamente insoportable.
—Jamás me perdonaré por haberte deseado y haber traicionado todo en lo que creo.
Itachi ya había tenido más que suficiente. Se vistió sin decir nada y se dirigió al cuarto de baño. Jamás se había sentido tan ofendido. No se le habría ocurrido nunca que a ella le gustara tanto el drama, y tampoco que hubiera podido disfrutar del mejor sexo de su vida con una mujer así. Una virgen, que lo deseaba tanto como él a ella, que había decidido arrepentirse de lo que habían compartido en vez de enorgullecerse de ello. Jamás se había encontrado con una mujer que reaccionara de aquel modo. Sin embargo, lo peor de todo era que sólo tenía que acordarse de su rostro para sentir cómo el cuerpo se le tensaba de puro deseo hacia ella.
Mientras él estaba en el cuarto de baño, los remordimientos se apoderaron de Ino . Había respondido a las insinuaciones de Itachi y se había acostado con él. El hecho de que ella se hubiera arrepentido de sus actos no era culpa de él. Aunque aceptaba ese hecho, también consideraba que Itachi era lo suficientemente inteligente como para haberse imaginado cómo se sentiría ella y sin embargo, había seguido adelante. Cuando él salió del cuarto de baño, ella estaba de pie en el umbral de la puerta del dormitorio.
—Sé que no comprendes cómo me siento —dijo—, pero una vez amé y fui amada por una persona muy especial y esta noche siento que he traicionado ese vínculo.
Aunque Itachi jamás había buscado significado al sexo, se sintió aún más insultado por una declaración que una vez más lo colocaba a él en segundo lugar.
—Tu esposo lleva ya seis años muerto. Deberías haber seguido con tu vida.
—No es tan fácil…
—Y por supuesto, el hecho de que lo hayas convertido en un dios lo hace aún más complicado —replicó secamente Itachi .
—No creo que hayas amado nunca a nadie…
—No he amado nunca a una mujer. Quise mucho a mi abuelo —admitió él—, pero tu pena me parece algo obsesivo.
—Eso es asunto mío.
—Como tú digas —replicó él. Entonces, abrió la puerta—. Dubroynocíü, buenas noches —añadió. Salió y cerró la puerta tras de él.
Ino se abrazó con fuerza. Aún se sentía conmocionada. Su cuerpo temblaba incómodamente por la pasión que ambos habían compartido, una pasión tal que jamás hubiera imaginado que pudiera existir. Su cuerpo la echaba ya de menos. Se preguntó por qué se sentía más sola que de costumbre. Encontraba a Itachi tremendamente atractivo y eso le resultaba muy difícil de asimilar. Sai jamás la había deseado hasta aquel punto. Sabía que era un pensamiento desleal, pero necesitaba ser sincera consigo misma. Sai podría haberla amado lo suficiente como para convertirla en su esposa, pero en lo que se refería a la parte física de su relación, había sido poco apasionado. A pesar de todo, la culpabilidad no disminuyó. Aquella noche, casi no durmió.
A la mañana siguiente, recibió una llamada de teléfono de una revista muy conocida que le ofrecía dinero por hablar de su cita con Itachi . Lo rechazó con desdén. Resultó una sorpresa muy desagradable que la estuvieran esperando un montón de paparazzi cuando salió del garaje de su edificio de apartamentos para ir a trabajar. Se preguntó si los periodistas sabían que Itachi se había acostado con ella en la primera cita, tal y como mandaba su notoria reputación.
Cuando llegó a Support Systems, dos hombres de aspecto sombrío estaban saliendo del edificio.
—¿Quién eran ésos que acaban de marcharse? —le preguntó Ino a su hermano, al entrar en el despacho de éste.
—Posibles clientes —replicó Jasper. Estaba pálido y parecía preocupado—. No me ha gustado el aspecto que tienen, así que no vamos a aceptarlos.
—Parecían porteros de un local público.
—Eso es poco más o menos lo que son. Querían contratar más personal de seguridad para una discoteca del West End. Les he explicado que no es nuestro campo.
—Claro que no. pero siempre decimos que podemos hacer cualquier tarea que nuestros clientes nos pidan —señaló Ino .
Su hermano frunció el ceño.
—Tendremos que poner el límite en alguna parte. Por cierto, tienes cita dentro de una hora con Itachi Uchiha .
—¿Itachi ? ¿Y qué es lo que quiere? —preguntó Ino completamente incrédula.
—No tengo ni idea, pero espero que quiera proporcionarnos algún trabajo lucrativo. ¿Por qué estás tan escandalizada? Según tengo entendido, cenaste anoche con él.
—Sí…
No se podía creer que Itachi siguiera teniendo el descaro suficiente como para tratar de obligarla a hacer lo que ella no quería. Debía de ser consciente de que ella no quería volver a verlo nunca. Entonces, ¿por qué concertar una cita de negocios con ella? La noche anterior había cenado con él solamente por la donación que había realizado a Futures. No habría nada más.
—¿De verdad necesitamos más trabajo? —preguntó Ino .
—Sí —enfatizó su hermano.
Ino se marchó a su despacho, en el que su asistente le pidió que devolviera la llamada a una firma de catering que se había puesto en contacto por una factura que no había sido satisfecha. Ino frunció el ceño. Había dado por sentado que la cuenta se había pagado hacía semanas. Consultó los extractos bancarios de sus cuentas y se quedó helada al ver el desfile de cifras negativas que le advertía que la empresa estaba en una precaria situación económica. No se había dado cuenta de lo difícil que era la situación en la que se encontraban.
Cuando le interrogó. Jasper se mostró muy irritable.
—No es culpa mía que tú no te mantengas al día de la situación bancaria —le espetó con una brusquedad que la dejó atónita.
—Lo sé, pero no me había dado cuenta de que estábamos tan justos de fondos. ¿Qué ha ocasionado esta situación?
—Todos nuestros gastos han subido y tenemos algunos clientes que están tardando bastante en pagar.
—Dame los nombres. Los llamaré para que nos paguen.
Al regresar a su despacho, decidió que sería buena idea pasarse la tarde repasando las cuentas para identificar exactamente cuándo y cómo habían empezado a ir mal las cosas. Tan sólo unos pocos meses antes. Support Systems tenía más clientes de los que podía atender. Desgraciadamente, la expansión no parecía haberles sentado bien. Sin embargo, todo el mundo parecía estar trabajando tan duramente como antes.
El hecho de ocuparse de los deudores de la empresa le dio poco tiempo para pensar en la cita que tenía con Itachi . Sin embargo, cuando atravesó la ciudad para acercarse al enorme bloque de oficinas que albergaba el cuartel general de Uchiha Industries en el Reino Unido, comprendió que aunque no quisiera aceptar trabajo de Itachi . Support Systems necesitaba todos los clientes que pudiera conseguir. A pesar de eso lo odiaba y despreciaba por obligarla a volver a verlo, aunque fuera a nivel profesional. Itachi era el último hombre al que deseaba volver a ver.
