Mientras Ino esperaba en la elegante recepción del último piso, era consciente de que todo el mundo la estaba vigilando. Ya sabía cuál era la identidad de las dos mujeres que habían pasado delante de ella para verla bien. Había reconocido a Irina y a Kate, dos de las mujeres que acompañaban a Itachi en el desfile de moda.
Además, ella también era humana. Su curiosidad, la había empujado a buscar datos sobre Itachi en Internet antes de ir a cenar con él. Se había maravillado al ver la cantidad de información que había sobre él aunque, en realidad, daba muy pocos datos reales. Su pasado parecía estar envuelto en misterio, pero el trío de bellezas rusas que trabajaba como su equipo ejecutivo eran una leyenda de los negocios. Frecuentemente, se hablaba de Jade , Irina y Kate como el harén de Itachi . Las tres mujeres estaban muy preparadas para los puestos que ocupaban en el imperio del magnate ruso, pero su gran belleza y el nivel de intimidad del que disfrutaban con su jefe habían provocado interpretaciones más provocativas de su relación con él. Varias de las amantes de Itachi se habían quejado de tener que competir con el trío para llamar la atención de su pareja.
Diez minutos después de su llegada, hicieron pasar a Ino un enorme despacho en el que Itachi estaba trabajando con sus tres asistentes. El se levantó y se acercó a ella para recibirla.
—Aprecio mucho tu puntualidad —dijo.
Ella recibió de pleno el impacto de su potente atractivo. Los espectaculares ojos quedaban destacados por las negras pestañas. La fuerte mandíbula moldeaba perfectamente una sensual boca. Aquel hermoso rostro la dejaba por completo sin palabras. Como sabía que las tres asistentes la estaban observando atentamente, tuvo miedo de que se le pudiera leer en el rostro lo que estaba sintiendo. Se recriminó por comportarse como una adolescente, y su estado de ánimo no mejoró al recordar la noche anterior. Ese hecho la hizo sonrojarse aún más.
—Todo sobre lo que hablemos en esta sala será completamente confidencial —le advirtió Itachi .
—Por supuesto —afirmó ella. Entonces, dejó que Itachi le presentara a sus asistentes y luego les ordenó que se marcharan.
Ino descubrió enseguida que le aliviaba no volver a ser el centro de atención de aquellos tres pares de ojos femeninos.
Itachi estudió a Ino con la atención de un experto. Ella llevaba un traje pantalón de color negro con una blusa amarilla. Su elegancia era innata. Le gustaba su altura y el orgullo con el que se conducía casi tanto como sus rotundas curvas y sus interminables piernas. Ino llevaba su fabulosa melena rubia recogida en una coleta alta. Su atuendo se completaba con un suave maquillaje que acentuaba aún más sus maravillosos ojos de color azules. Tenía un aspecto verdaderamente joven y virginal. Dado que había descubierto que había sido precisamente él quien la había despojado de su inocencia, sabía que la apreciación era prácticamente literal. Cuando sintió una tensión ya familiar en la entrepierna, se sintió furioso. Había pasado casi la noche entera en la ducha fría. El deseo que sentía hacia ella se negaba a desaparecer. Le enojaba que incluso después de lo ocurrido por ella, siguiera deseándola. Quería poder darse la vuelta y seguir con su vida sin pensar en ella, pero no podía. Además, sentía una profunda curiosidad por saber qué clase de hombre había podido dejar a una belleza como aquélla virginalmente intacta. Por ello, le había dado instrucciones a Jade para que investigara al difunto Sai yamanaka.
—Después del modo en el que nos separamos, estoy segura de que comprenderás mi sorpresa cuando llegué a mi despacho esta mañana y descubrí que habías concertado una cita para verme —dijo ella por fin.
—Quiero que trabajes para mí.
—¿Trabajar para ti? ¿Después de lo que ocurrió anoche? ¿Estás loco?
—En absoluto.
—¡Me niego a trabajar para ti! —le espetó ella.
—Al menos, espero que primero me escuches. Sin embargo, debería dejarte también muy claro que no aceptaré que delegues tus responsabilidades de trabajo conmigo en tus empleados o en otros profesionales a los que pudieras elegir.
—Dado que no me puedo imaginar trabajando para ti en ninguna circunstancia, creo que esa información es completamente superflua.
—Eso sería una verdadera pena. Tus referencias me han impresionado y creo firmemente que eres exactamente lo que estoy buscando.
—¿Referencias?
—Así es. He realizado algunas pesquisas y he descubierto que tus antiguos clientes tienen una excelente opinión sobre ti en lo que se refiere a eficacia y a dedicación a los detalles. Debo decirte que tienes muchos clientes satisfechos.
—Me alegra saberlo —respondió Ino , aliviada por la explicación que él acababa de darle. Esta evidenciaba que estaba interesado en ella desde un punto de vista profesional más que personal—. Sin embargo, eso no cambia mi actitud. ¿De qué manera consideras que Support Systems puede trabajar para ti?
—Estoy pensando en trasladar la base de mis negocios permanentemente al Reino Unido. Esta información es estrictamente confidencial y, por lo tanto, no quiero que se mencione nada de esto fuera de este despacho. Mis asistentes se están ocupando ya de los aspectos empresariales del cambio, pero a mí me gustaría que tú te ocupases de los aspectos sociales.
—¿Sociales?
—Como tú sabes, mi ático de Londres resulta muy conveniente para este despacho, pero si voy a vivir aquí durante todo el año, requeriré un edificio más grande, al igual que una casa en el campo que sea adecuada para recibir invitados.
—¿Estás pensando en que yo te busque casa?
—Algo más que eso. Preferiría que la prensa no supiera nada del cambio durante algunas semanas más. Cuando los paparazzi nos acosaron anoche y vi los titulares de esta mañana, se me ocurrió que podría hacer un doble uso de tu presencia en mi vida —comentó mientras le entregaba un periódico.
Ino miró de mala gana los titulares. En ellos se decía que el multimillonario ruso había encontrado una amante en el Reino Unido. Se sintió aliviada al ver que la fotografía que les habían hecho la noche anterior en el exterior del edificio de apartamentos en el que Itachi vivía estaba tan borrosa que ni siquiera su mejor amigo la habría reconocido. Además, habían escrito mal su nombre, su estado civil era incorrecto y por si esto fuera poco, decían que ella tan sólo era la secretaria de su hermano. Se echó a temblar ante la perspectiva de que su nombre y su vida privada pudieran ser centro de atención de aquella clase de prensa, que sólo se preocupaba por ganar dinero con chismorreos infundados y revelaciones escandalosas.
—¿Doble uso? No entiendo qué es lo que quieres decir —dijo Ino fríamente.
—Quiero engañar a la prensa. Que crean que tú estás buscando casa porque estamos comprometidos.
—Pero tú nunca tienes relaciones serias —replicó Ino —. En lo que se refiere a las mujeres, tienes la capacidad de atención de un niño pequeño.
—No se te dan muy bien las reuniones de negocios, ¿verdad? —replicó Itachi —. No creo que el hecho de insultarme sea una buena estrategia de trabajo. ¿Crees que tu hermano se sentirá igual de contento cuando se entere de que has rechazado mi oferta?
Ino se quedó helada al oír esas palabras. Sabía que Jasper no estaría demasiado contento. Además, si tenía en cuenta su situación económica, estaba segura de que él creería que tenía buenos motivos para estar descontento con ella.
—A los periódicos les encantan los romances. Eso me proporcionaría una tapadera muy útil a la hora de explicar por qué me estoy buscando casas aquí y así lograr ocultar el hecho de que pienso mudarme aquí permanentemente.
—Eso es posible —admitió Ino —, pero mientras yo estoy dispuesta a buscarte casa, no puedo decir lo mismo de volver a ocupar tu cama. También creo que debería decirte que considero que eres el hombre más despreciable que he conocido nunca…
—¿Y tienes por costumbre llevarte a la cama a hombres despreciables? —replicó Itachi .
Ino palideció al escuchar sus palabras.
—Anoche hice que te enfadaras porque te pedí que le marcharas y eso debió de hacer daño a tu ego de macho. Ahora, quieres que trabaje para ti y poder así vengarle, pero la respuesta es no.
—Estás comportándote como una estúpida. Sé que no te puedes permitir rechazarme. La empresa de tu familia está en una mala situación económica.
Ino se sintió completamente furiosa.
—Ésa es información confidencial. ¿De dónde la has obtenido?
—Mis fuentes en temas económicos son siempre excepcionales y muy exactas.
Con dificultad. Ino tragó la ira que amenazarla con asfixiarla. Se sentía tan enojada con él, que el hecho de contener su ira le hacía sentir náuseas. Resultaba imposible que pudiera trabajar para él de modo alguno, pero trató de ganar tiempo preguntándole:
—¿Qué requeriría de mí esta farsa?
—Apariciones públicas ocasionales a mi lado, ejercer como anfitriona en algunas fiestas, permitir que yo te compre un nuevo guardarropa y que te proporcione todo lo necesario para que tu papel sea mucho más convincente.
—¿Al igual que estar a tus órdenes mientras te busco casa?
—Evidentemente.
Los hermosos ojos azules de Ino se iluminaron de ira.
—Te odio. No sería capaz de hacer que mi papel resultara convincente. Sería un desastre.
—¿De verdad? —dijo él, realizando un gesto con las cejas que demostraba que estaba en completo desacuerdo con ella—. ¿A pesar de que te enciendes como un árbol de Navidad cuando estás a mi lado? —añadió, agarrándole la muñeca con fuerza.
—Si no me sueltas, te daré un bofetón —le espetó Ino mientras trataba de soltarse de él.
—No seas tonta —replicó él, con masculina impaciencia.
—¡Quítame las manos de encima he dicho! —exclamó ella. Entonces, le abofeteó tan fuerte con la mano que le quedaba libre que hasta ella misma se sorprendió.
Atónito. Itachi parpadeó por la fuerza del golpe. Justo entonces. Jade entró en el despacho y se quedó atónita por lo que vio.
—¿ Itachi ?—le preguntó, incrédula.
—Tany, no importa —le dijo a su asistente en ruso. Entonces, le indicó que se marchara con un gesto de la mano. Cuando Jade se hubo marchado, se volvió de nuevo hacia Ino , que lo estaba mirando con una mezcla de sentimientos entre culpabilidad y vergüenza—. ¿O acaso quieres que le pida que regrese y que llame a la policía?
—¿A la policía?
—Acabas de atacarme —murmuró Itachi —. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien me pegó. Mis hermanastros solían pegarme cuando era niño y en la actualidad, prefiero enfrentarme a la muerte antes de permitir que alguien me toque sin castigo.
—Te pido perdón… Ha sido una reacción completamente fuera de lugar —musitó Ino sabiendo que, como Itachi llamara a la policía, ella tenía todas las de perder.
Itachi bajó la cabeza.
—Puedes darme un beso y acceder a trabajar para mí. ¿No te parece ésa la mejor solución?
Ino no podía comprender la locura que parecía haberse infiltrado en su cerebro o en su vida. A lo largo de las últimas veinticuatro horas, ella se había comportado como una desconocida consigo misma y la pura violencia de sus reacciones estaba empezando a darle miedo. Como si fuera un robot, hizo lo que él le había pedido y aplicó los labios justo sobre el lugar sobre el que le había golpeado. El aroma tan familiar de su piel inundó su nariz y tuvo que colocar las palmas de las manos sobre su torso para evitar perder el equilibrio.
Itachi le puso las manos sobre los hombros y la apartó de él.
—Ahora, aceptarás el trabajo y yo te prometeré que no te daré motivo alguno para lamentar el acuerdo.
—No entiendes cómo me siento…
Itachi tuvo que reconocer que había subestimado el alcance de la hostilidad de Ino . Si quería volver a verla, le quedaban pocas opciones, porque ella jamás accedería de buen grado a pasar tiempo con él. Su orgullo y principios lo exasperaban y sin embargo, sabía que no podía imaginarse a Ino sin ellos.
—Por supuesto que no. Yo no soy tan emotivo como tú —respondió Itachi . Se sentía fascinado por la fluctuación de sentimientos que se reflejaba en el rostro de Ino .
El hecho de que él hubiera advertido la profundidad de sus emociones ponía a Ino muy nerviosa. Sentía que había perdido su equilibrio habitual y esa situación de inestabilidad le producía una sensación horrible y poco familiar. Al mirar a Itachi a los ojos, sintió una extraña sensación en el vientre. Los latidos del corazón se le aceleraron. Jamás hubiera imaginado que pudiera sentirse así. El ambiente estaba cargado. Sentía un hormigueo en la piel, los pezones se le habían erguido y un calor líquido le fluía entre los esbeltos muslos. Evidentemente, su cuerpo no podía ser indiferente al de él. Itachi sacaba la mujer frívola que había en ella.
—Mis asistentes hablarán contigo de tu contrato —comentó él.
—¿Un contrato que contiene cláusulas referentes al guardarropa y a las obligaciones como anfitriona?
—No. Esos aspectos quedan sólo entre nosotros.
—Estoy segura de que un montón de mujeres serían capaces de pelearse entre ellas por realizar esa clase de trabajo para ti. ¿Por qué tienes que obligarme a mí a hacer algo así?
—Tú tienes algo más, algo que te hará resultar más convincente —dijo Itachi , mientras la acompañaba al despacho contiguo, en el que Jade , Irina y Kate estaban esperando para ponerse manos a la obra.
Ino se sonrojó y se sentó junto a ellas. ¿Algo más? ¿Estaría hablando Itachi sobre lo mucho que la afectaba atractivo? No obstante, en las negociaciones que se produjeron a continuación, ella contó con ventaja ya que, a pesar de que las ayudantes de Itachi eran duras, ella era la única de las cuatro mujeres que sabía que Itachi no estaba dispuesto a contratar a nadie más para realizar aquel trabajo. Él la quería sólo a ella lo que, esencialmente, significaba que ella podía dictar los términos que quisiera para su contrato. Y eso fue lo que hizo. Se negó a ceder ni un solo milímetro en la negociación. Sabía muy bien que Itachi sería un jefe muy exigente y ella no tenía intención de permitir que Support Systems saliera perdiendo. Mientras ella dedicaba su atención a Itachi , algo que seguramente ocuparía gran parte de su tiempo, no podría atender a sus otros clientes.
Además, Ino estaba decidida a asegurarse de que cualquier acuerdo se ciñera estrictamente al terreno laboral. Alzó la barbilla y tras reunir todo su valor, afirmó:
—Quiero que haya una cláusula que garantice que no me veré sometida a ningún tipo de acoso sexual en el transcurso de este contrato.
—No estoy segura de haberla comprendido, señora Swan —afirmó Jade , que tenía un aspecto completamente escandalizado, casi tanto como cuando vio que Ino había abofeteado a su jefe.
— Itachi sí me comprenderá. Cualquier tipo de acoso sexual supondrá un incumplimiento de contrato y me liberará de mis deberes contractuales.
Jade se levantó y salió del despacho, presumiblemente para preguntarle a Itachi sobre aquella inesperada demanda. Ino permaneció allí, enfrentándose a las miradas de Irina y Kate, que parecían estar muy molestas por aquel comentario.
Poco después. Itachi apareció en la puerta.
—Tenemos que hablar, Ino .
Ella se levantó de su butaca y volvió a entrar en el despacho de Itachi .
—Te he subestimado —confesó con una sinceridad que a ella le encantó.
—Sin esa cláusula, no pienso trabajar para ti —le dijo ella a la defensiva—. Tiene que haber fronteras. Yo no tengo por costumbre implicarme emocionalmente con mis clientes.
—Sin embargo, se requerirá un cierto grado de intimidad para engañar a la prensa.
—No me opongo a que me rodees los hombros con un brazo en actos públicos si es estrictamente necesario o que incluso me des un casto beso —especificó ella.
—No quiero darte nada. Quiero que seas tú la que dé —dijo Itachi , mirándola muy fijamente a los ojos.
—No voy a dar más de lo que acabo de ofrecer. Por favor, quiero que comprendas y que aceptes que lo que ocurrió anoche no va a volver a ocurrir entre nosotros.
—No puedes legislar contra la atracción física que siento hacia ti —susurró él.
—¿Acaso esperas que tus empleadas tengan que tolerar el acoso sexual?
—Por supuesto que no, pero no estás siendo justa. Anoche, no recuerdo que tú te negaras a nada o que no estuvieras dispuesta —le recordó él. Ino bajó los ojos, sabiendo que él tenía razón—. Sigo deseándote, lubimaya…
—Si de verdad deseas que trabaje para ti, tendrás que prometer que no volverás a tocarme —insistió Ino .
—¿Podré hacerlo verbalmente? ¿Crees que podrías soportar la tentación de un contacto verbal?
Ino comprendió que sin darse cuenta, le había revelado un detalle muy importante: el miedo que ella tenía a carecer de la fuerza mental necesaria para rechazarlo si él volvía a tocarla una vez más.
—Sí.
—En ese caso, que se incluya esa cláusula que tanto deseas. Espero que te mantenga caliente y feliz en tu fría y solitaria cama por las noches.
Ino palideció, pero se mantuvo firme. Unos minutos más tarde, estaba de vuelta junto a las asistentes de Itachi . Poco después, ellas le aseguraban que el contrato estaría listo para que ella lo firmara en menos de veinticuatro horas. Se preguntó si sería imaginación suya, pero le pareció que las tres mujeres la trataban con una cierta nota de respeto.
Cuando Jade le ofreció un café. Ino decidió aprovechar la oportunidad que se le brindaba.
—Tal vez podrías decirme qué es lo que le gusta a Itachi en términos de vivienda.
Las tres mujeres se lo explicaron rápidamente. El entusiasmo con el que hablaban de lo que le gustaba o no le gustaba a Itachi resultaba muy revelador del apego que sentían hacia él y lo mucho que lo admiraban.
—A Itachi le gustan las habitaciones grandes. Los espacios pequeños le dan claustrofobia —le contó Irina.
—Tiene que haber un helipuerto y contar con rápidos accesos a la ciudad de Londres. Itachi prefiere trasladarse por el aire y le gusta la vida nocturna —añadió Jade .
—¿Qué es lo que le gusta del campo? —preguntó ella.
Las tres mujeres la miraron con una expresión de ignorancia en el rostro. Aparentemente. Itachi aún no había demostrado en ningún momento qué era lo que le gustaba de la vida rural. No cazaba, ni pescaba ni le gustaba la arquitectura. Sin embargo. Kate le dio valiosa información sobre la casa que él tenía en San Petersburgo.
Cuando Ino se marchó de allí, se puso a recorrer las inmobiliarias más prestigiosas y recopiló información sobre varias fincas de la ciudad. Entonces, comenzó a preparar una presentación adecuada. De repente, su teléfono móvil comenzó a sonar. Era Itachi .
—¿Dónde estás? —le preguntó él—. Mi chofer estaba esperando para llevarte a donde quieras ir.
—Eso no será necesario.
—Permíteme que sea yo quien decida qué es lo necesario.
—Creo que me resultará muy difícil permitirte que decidas sobre lo que me incumbe a mí.
—¿Dónde estás?
De mala gana, ella se lo dijo. Itachi le ordenó que esperara hasta que fueran a recogerla. —Pasado mañana voy a llevarte al estreno de una película. Jade se pondrá en contacto contigo para lo referente a la adquisición de un nuevo vestuario adecuado con la posición que has aceptado.
—Sería más fácil que te casaras —replicó descaradamente Ino —. Lo que necesitas es una esposa, no que me tengas que pagar a mí para atender tus obligaciones sociales.
—Yo no soy de los que se casan.
Unos minutos más tarde, una limusina se detuvo al lado de Ino . El chofer bajó rápidamente del coche para abrirle la puerta. Ella se sintió completamente avasallada, pero decidió que no lo toleraría durante mucho tiempo. Comoalice la había invitado para ir a tomar el té y dado que hacía un par de semanas desde la última vez que fue a casa de su hermano, decidió aceptar la oferta.
La niñera abrió la puerta principal. Ino se volvió mirar con contrariedad la limusina, dado que el chofer había insistido en esperarla. Alec y Jane, sus dos sobrinos, la recibieron muy alegremente y comenzaron a contarle cómo había sido su día en el colegio. Ino los abrazó cariñosamente y junto a ellos fue a buscar a su cuñada, a la que encontró en la cocina preparando la cena.
—Tienes que contármelo todo —dijoalice, en el instante en el que Ino entró por la puerta de la acogedora cocina.
Para su sorpresa. Ino se encontró haciendo eso exactamente, aunque se guardó para sí el hecho de que Itachi hubiera hecho uso de su donación para presionarla.
—¿Te has acostado con él? —le preguntóalice mirándola atentamente.
Ino asintió. A alice le costó ocultar lo sorprendida que estaba por ese hecho.
—Bueno, me parece maravilloso que por fin hayas conocido a alguien por quien de verdad te sientes verdaderamente atraída.
—¿Aunque sea un donjuán?
—Te aseguro que ese tipo no te podía quitar los ojos de encima durante el desfile. Se veía que le gustabas. No me extraña. Tú eres una mujer hermosa y muy inteligente. Jasper me ha dicho que Itachi lo llamó a primera hora de esta mañana para concertar una cita contigo. ¿Cómo te ha ido?
Ino le contó prácticamente todo lo ocurrido.
—Sigo diciendo que le gustas —insistió alice—. Y no tiene otro modo de verte.
Ino bajó la cabeza. El sexo era el denominador común más bajo entre un hombre y una mujer y en su opinión, la fuente de la atracción que sentía por Itachi era puramente sexual. También era un hombre completamente empeñado en conseguir lo que quería, fuera lo que fuera lo que pudiera costar o los daños que pudiera causar.
—Además, todo esto tiene un lado aún mejor —prosiguió su cuñada animadamente—. Cuando se sepa que Itachi Uchiha está utilizando nuestros servicios, nos vendrá estupendamente bien como publicidad gratuita para nuestro negocio. Dios mío —dijoalice, interrumpiéndose de repente. Acababa de mirar por la ventana y había visto la limusina que había aparcada al otro lado del seto—. ¿Has llegado en ese vehículo tan enorme?
Ino asintió.
— Itachi ha insistido en que lo utilice mientras trabaje para él.
Alice parecía muy divertida por todo aquello.
—Vaya, ahora sí que viajas con estilo. Parece que no te van mal las cosas.
Sin embargo, Ino se sentía todo lo contrario. Itachi estaba metiéndose en su vida. Y en esos momentos, no le importaba si su relación con Itachi podía ser buena para el negocio.
—¿Cómo os va a Jasper y a ti?
Alice hizo un gesto de tristeza.
—En estos momentos, tu hermano parece muy preocupado por el negocio y sigue llegando muy tarde casi todas las noches. Casi me parece que me está evitando. Se comporta como si no fuera él. Ino , no sé lo que le pasa.
Ino tomó la resolución de repasar las cuentas en cuanto tuviera oportunidad y se marchó a su casa. El chofer accedió a marcharse a su casa después de que ella acordara una hora para que él pudiera ir a recogerla. Desgraciadamente, aquella noche Ino no pudo dormir. El deseo de Itachi de que ella estuviera caliente y feliz en su solitaria y fría cama no dejaba de turbarla. Recordaba el contacto de su imponente cuerpo contra el de ella, la increíble excitación que él le había proporcionado. No hacía más que dar vueltas en la cama, golpeando la almohada constantemente para tratar de encontrar un lugar fresco en el que apoyar su acalorado rostro. Sentía un hormigueo en el cuerpo, como si estuviera ardiendo, y estaba tan tensa que cuando el móvil sonó para anunciar que había recibido un mensaje se sobresaltó como si la hubiera alcanzado un rayo. Temiéndose que fuera algo urgente al ser más de las doce, se levantó de la cama rápidamente y fue a comprobar el teléfono.
«Invítame a tu casa. No puedo dormir».
Era Itachi .
La ira se apoderó de ella. Le habría gustado responder con algo lleno de rencor, pero no quería que él supiera que estaba despierta. Por eso volvió a meterse en la cama sin responder. El hormigueo que sentía por todo el cuerpo se había calmado y se había visto reemplazado por la vergüenza y la convicción de que tales síntomas eran tan sólo una señal de su débil falta de control. Mientras estaba tumbada, pensando en cómo habría podido responderle, se quedó por fin dormida.
A las ocho de la mañana,alice la llamó por teléfono completamente histérica para decirle que Jasper no había regresado a casa la noche anterior. Mientras las dos mujeres estaban hablando para decidir si debían llamar a la policía. Jasper llamó por fin aalice al móvil.
—Me tomé unas cuantas copas y me quedé dormido en mi despacho —le confesó su hermano cuando Ino llegó a Support Systems aquella mañana—.Alice no tenía que haber montado tanto jaleo. Prácticamente se puso en contacto con todas las personas que conocemos para peguntarles si me habían visto…
—Estaba muy preocupada por ti. Deberías haberla llamado. ¿Es eso lo que haces cuando sales por ahí solo por la noche? ¿Beber en solitario?
La ira hizo que Jasper se sonrojara. Miró con resentimiento a su hermana.
—No da la casualidad de que tengo un grupo de amigos con los que suelo salir. ¡Ocúpate de tus asuntos Ino !
Jade llamó por teléfono y le dijo a Ino que tenía una cita en una boutique justo antes de almorzar. Se le había enviado una copia de su contrato al bufete que se ocupaba de los asuntos legales de Support Systems. Ino lo repasó con su abogado y lo firmo. Utilizó lo que le quedaba de mañana para examinar algunas propiedades en el centro de Londres. Retiró algunas de ellas de la lista, revisó su breve presentación y recibió nueva información de dos agentes.
Cuando llegó a la boutique en la limusina.
Jade ya la estaba esperando. La condujo al exclusivo salón, donde se le tomaron medidas antes de hacer un desfile de fantásticas prendas sólo para ella. La estilista seleccionó los conjuntos más apropiados para cada ocasión y prometió seleccionarle los accesorios correctos para cada uno de ellos. Entonces, le mostró una maravillosa colección de ropa interior para que eligiera lo que más le gustaba. La selección de aquel nuevo guardarropa suponía demasiada extravagancia para Ino .
—¿Se suele exceder Itachi a menudo de este modo?
— Itachi es único —le respondió Jade con diplomacia—. Yo jamás he conocido a nadie igual.
Itachi telefoneó a Ino y le dijo que la recogería en su apartamento al cabo de un ahora.
—Tengo que mostrarte las propiedades que he seleccionado —protestó ella.
—Las examinaré en la limusina —prometió él.
—Pero, ¿adónde vamos?
—A una joyería. Quiero que lleves diamantes en el estreno al que vamos a ir mañana por la noche.
Con las mejillas ruborizadas y los ojos brillantes. Ino se metió en la limusina con su ordenador portátil en las manos. Los ojos de Itachi examinaron el traje pantalón marrón y verde, la camisa blanca y la cinta verde con la que llevaba recogido el cabello. Entonces, frunció el ceño.
—No te has vestido para la ocasión.
—Yo sigo trabajando. Ya habrá tiempo de vestirme elegantemente mañana —replicó Ino .
—Debes de ser la única mujer que he yo he conocido que no siente la necesidad de vestirse bien para irse a comprar unos diamantes.
Ino colocó el ordenador en el espacio que quedaba entre ambos.
—Mira, ¿quieres que vaya a cambiarme? —preguntó, con exasperación.
—No. así tendrá que valer.
—Cuando me viste en ese desfile de modas, creo que te hiciste una idea equivocada sobre mí. Yo soy una mujer trabajadora, que no se preocupa demasiado por su aspecto ni se cambia de ropa varias veces al día. Ni me interesa ni tengo tiempo para eso. Jamás seré la mujer florero a la que tú estás acostumbrado.
—Sin embargo, eres tan hermosa que aun así, destacas entre todas las mujeres que te rodean —murmuró Itachi con una convicción que la dejó atónita—. Ahora, muéstrame las propiedades que has seleccionado.
Ino abrió el ordenador. Muy pronto, resultó evidente que Itachi no estaba ni impresionado ni interesado en lo que ella había elegido. El orgullo profesional de Ino sufrió un duro golpe. Decidió que volvería a hablar con Jade .
—Estas propiedades carecen de la capacidad de asombrarme que a ti te sobra —dijo Itachi , observándola atentamente para comprobar el efecto de sus palabras. Efectivamente, ella se sonrojó.
—Te prometo que las siguientes que te enseñe sí lo tendrán.
—Acabamos de empezar —comentó él mientras la limusina se detenía frente al establecimiento de un joyero de fama internacional—. Tómate tu tiempo.
Entraron en la joyería. La puerta se cerró con llave inmediatamente detrás de ellos. Eran los únicos clientes del lugar. Les sirvieron champán en copas aflautadas mientras sacaban una selección de maravillosos collares de diamantes para que ella pudiera inspeccionarlos. Jamás se habló de precios. A Itachi le gustaba lo mejor y sólo le interesaban los diamantes de la mejor calidad.
—Quítate la chaqueta —le dijo él.
Ino se la quitó y se desabrochó el botón de la camisa para poder abrirla un poco más. Él le puso un hermoso colgante de diamantes engastados alrededor de un zafiro.
—El azul destaca tus ojos —murmuró Itachi .
Ino se miró en el espejo. Se sentía hipnotizada por el fulgor de los diamantes alrededor del azul aterciopelado de la piedra central. Le sacaron también unos pendientes a juego.
—¿Te gusta este juego? —le preguntó Itachi .
Ino se tocó cuidadosamente el magnífico collar. La verdad era que se sentía tan impresionada, que era incapaz de hablar. No se podía creer que ella pudiera llevar puesto un collar tan bello.
—¿Y a qué mujer no le gustaría? —susurró.
—Tú no eres una mujer cualquiera, Ino —dijo Itachi mientras estudiaba el zafiro que yacía en el valle entre los cremosos pechos de ella. Contuvo el aliento, molesto con un deseo sexual que no le daba ni siquiera un momento de paz. Cada vez que miraba a Ino , deseaba tomarla entre sus brazos y poseerla. El deseo no había disminuido porque ya se la hubiera llevado a la cama y eso en él era la primera vez. Normalmente, tras la conquista, la familiaridad terminaba con el deseo. Sin embargo, con Ino no ocurría así.
Ella sintió un profundo alivio cuando le quitaron las joyas y las guardaron. La avergonzaba sentirse tan fascinada por aquellas piedras. La tentación había sido más fuerte que ella, algo que nunca le había ocurrido. Jamás hubiera pensado que la riqueza pudiera corromperla, pero no podía evitar sentir un profundo deseo de que llegara el momento en el que pudiera lucir aquellas joyas en público.
—No seas tan puritana —le dijo Itachi —. ¿Acaso no te gustan las cosas hermosas?
—Por supuesto que sí —admitió.
—Por cierto, no te pongas tu alianza mañana cuando salgas conmigo —le ordenó él, cambiando abruptamente de tema, mientras salían de establecimiento para meterse en la limusina.
—Eso es asunto mío —replicó ella, furiosa por aquella petición.
—Estás soltera. Un anillo negro de luto sería mucho más apropiado que un artículo de joyería que sugiere que aún estás casada —respondió Itachi secamente.
—Haré lo que yo quiera —le espetó ella mientras los dos se acomodaban en la limusina.
—Conmigo no —rugió Itachi , agarrándola por la barbilla para obligarla a mirarlo—. Harás lo que yo te pida. No pienso aceptar nada que no sea un compromiso al cien por cien por tu parte.
Ino se sentía furiosa, pero sintió miedo por la agresividad del hermoso rostro que la observaba. No obstante, decidió que no se iba a dejar avasallar.
—Haré lo que considere oportuno —repitió. Entonces, apartó la cara de la mano de él con un brusco movimiento.
—¿Aunque sea una estupidez desafiarme?
—Aunque sea una estupidez —confirmó ella. Se negaba a rendirse, aunque las rodillas le temblaban de los nervios.
—¿Sólo porque sí?
—Sí.
—Pero eso no tiene lógica.
Ino lo sabía y no se sentía muy orgullosa de ello. Se marchó a su casa con la convicción de que Itachi le estaba haciendo ver cosas sobre sí misma que preferiría no haber descubierto nunca. No sólo era el hecho de desafiarle sin motivo. También había averiguado que ya no era la persona con moralidad intacta que siempre había creído ser. Ya no era indiferente al atractivo de los hermosos diamantes y además, había hecho el ridículo delante de un hombre, y eso le dolía profundamente. No volvería a repetir aquel error.
A la mañana siguiente, se reunió con Jade en el edificio Uchiha y le mostró las propiedades que le había enseñado a Itachi . Jade le mencionó una casa en el centro de Londres que Itachi siempre había admirado y le aconsejó ponerse en contacto con el dueño con una generosa oferta. Ino se quedó asombrada por una sugerencia tan osada, pero llegó a la conclusión de que el hecho de empeñarse en adquirir por todos los medios una finca que ni siquiera estaba en venta sería lo que más le gustaría a Itachi .
El dueño de la finca en particular era un banquero de Oriente Medio. Ino concertó una reunión con él. Armada con una generosísima oferta que le había sugerido Jade , fue a ver al dueño y al término de la reunión, consiguió la promesa del propietario de que lo pensaría. Se marchó para acudir a la cita que tenía en un salón de belleza para que le arreglaran el cabello. Aquella noche era el estreno.
Treinta minutos después, llegó a casa muy agobiada. Uno de los guardaespaldas de Itachi le llevó los diamantes y el vestido azul y también le dijo que esperaría para acompañarla. El hecho de que Itachi le hubiera vuelto a ofrecer el vestido azul le divertía. Evidentemente, era un hombre al que le gustaba salirse con la suya. En aquella ocasión se lo puso. Cuando lo completó con el colgante de zafiro y diamantes, supo que jamás había estado mejor.
En su apartamento, Itachi había recibido un informe confidencial sobre Sai yamanaka y había descubierto que merecía la pena leerlo. El marido muerto al que Ino había convertido en un dios era, por el contrario, muy humano. Se preguntó cuándo se lo diría a ella y se maravilló que nadie se lo hubiera contado antes. Trató de imaginarse cómo reaccionaría ella y, entonces, frunció el ceño. No quería ser el responsable. La verdad le dolería profundamente. ¿De verdad quería ser el hombre que le infligiera tanto dolor y destruyera sus ilusiones románticas?
Se sorprendió por su propia indecisión. El difunto esposo de Ino era su rival y normalmente, en esos casos peleaba para derrotar a la competencia fuera cual fuera el coste. No era propio de él tener dudas. El destino le había dado una ventaja en ese sentido y por supuesto, haría todo lo posible para utilizarla.
