Las cámaras se volvieron locas cuando Ino salió de la limusina y apoyó la mano sobre el brazo de Itachi. Durante un instante se quedó completamente inmóvil, casi cegada por los flashes y abrumada por las preguntas que se le hacían desde todas direcciones.
Mientras que el relaciones públicas de Itachi se aseguraba de que todo el mundo supiera quién era Ino , él la acompañaba por la alfombra roja hacia la entrada del cine. Se sentía muy orgulloso de tenerla a su lado. Le parecía que se asemejaba a una reina, con aquel vestido azul, el magnífico collar y los pendientes destacando contra la rubia melena que le caía por los hombros. Sin embargo, lo primero en lo que se había fijado cuando fue a recogerla era en que se había quitado la alianza de boda.
Ino agradeció el brazo que Itachi le había colocado en la espalda y la facilidad con la que charlaba con todas las celebridades que encontraron en el vestíbulo del cine. La seguridad que demostraba tener en sí mismo se la transmitía a ella y muy pronto, consiguió sonreír y hablar con normalidad. La película era de la clase de largometrajes que ella nunca iba a ver, una de terror. Después de la proyección, intercambiaron puntos de vista sobre lo que acababan de ver y sobre los largometrajes que más les gustaban.
—Eres una acompañante muy entretenida —murmuró Itachi.
Ino se dio cuenta de lo mucho que había estado hablando. Le resultaba increíble que se hubiera podido relajar de aquella manera en una salida con Itachi.
—Jamás voy a ver películas de terror.
—Sin embargo, admite que ésta te ha gustado —comentó él.
—Supongo que así ha sido —admitió ella. Entonces, esbozó una encantadora sonrisa.
—Cuando sonríes de ese modo, provocas que desee besarte, milaya.
—¡Ni se te ocurra! —exclamó ella, pensando en la cantidad de ojos que los estarían observando—. No me gustan las demostraciones de afecto en público.
—¿Qué es lo que te gusta en un hombre?
—Alguien inteligente y seguro de sí mismo… —comentó. Sin poder evitarlo, se puso a pensar en Sai .
—¿Sincero?
—Por supuesto.
—¿Fiel?
—Naturalmente —respondió ella levantando una ceja—. Por supuesto, además tendría que amarme.
—No hablas de la pasión.
—Estoy segura de que, si todas las cosas que he mencionado estuvieran presentes, la pasión vendría rodada —replicó Ino .
—Como autoridad en ese campo, tengo que decirte que la pasión no se encuentra tan fácilmente. Sin embargo, ninguna relación podría considerarse completa sin ella.
Ino se sonrojó. Mientras él la ayudaba a entrar en la limusina, se negó a mirarlo. Se recordó que todo aquello era una farsa y que no podía olvidar que él estaba pagando a Support Systems una bonita suma por sus servicios.
—Tú me inspiras una inmensa pasión —confesó Itachi, mirándola con ojos ardientes.
—Eso no es suficiente —replicó ella.
Itachi inclinó la cabeza sobre la de ella y le dio un beso en la sien. Ino se echó a temblar. El aroma de su piel resultaba tan peligrosamente familiar que, en cuestión de segundos, su pensamiento se vio dominado por las traicioneras imágenes que había vivido en la cama con Itachi. Sin que pudiera evitarlo, la pasión volvió a despertarse dentro de ella de un modo incontrolable. Le hundió los dedos en el cobrizo cabello y tiró de él para que la besara. No podía esperar más. En el instante en el que sus labios se unieron, no experimentó desilusión alguna. Los hábiles movimientos de la lengua de él le proporcionaban precisamente lo que quería y necesitaba. Era lo único que podía satisfacerla. La urgencia que experimentaba su tembloroso cuerpo la dejó atónita y la obligó a apartarse de él.
—No lo siento —susurró—. No quiero esto contigo…
—Claro que lo quieres —replicó él—. Deja de mentirme y de mentirte a ti misma.
—No estoy mintiendo —le espetó ella, con los ojos chocolates tan fríos como el agua helada—. Una vez sí tuve algo que mereció la pena…
—¿Tú crees? —le preguntó Itachi observándola con una dura intensidad que le puso a Ino la piel de gallina—¿Te refieres a tu matrimonio?
—¡No trates de hacer que me sienta avergonzada por seguir valorando lo que tuve una vez y perdí!
Itachi la observó atónito. No se podía creer que, una vez más, lo estuviera comparando a él con su despreciable y mentiroso marido. Era un insulto colosal. Decidió que lo mejor sería ayudarla a salir del pasado contándole la verdad.
—Tal vez no perdiste un cuento de hadas.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que terminaremos esta conversación en mi apartamento.
—Me gustaría saber ahora mismo lo que quieres decir.
—Creo que lo sabes muy bien, pero te daré las pruebas que demuestran mis palabras en cuanto lleguemos a mi casa. Yo no estoy jugando contigo, lubimaya.
—¿Las… pruebas?
Cuando estaban en el ascensor que conducía al ático de Itachi, él volvió a tomar la palabra.
—He hecho que un detective privado investigara a tu difunto esposo.
—¿Y por qué diablos has hecho eso? —preguntó ella, escandalizada.
—Bueno, hablas tanto de Sai que hiciste que sintiera curiosidad por él.
—¡No me puedo creer que hayas sido capaz de meterte en mi vida privada y hayas podido violar mi intimidad de ese modo! Es algo repugnante.
—Pues yo creo que, en este caso, ha resultado esclarecedor.
Entraron en el ático. Ino se quedó en el lujoso vestíbulo mientras él desaparecía por una puerta. Decidió seguirlo.
Vio que Itachi estaba sacando unos documentos de la caja fuerte.
—¡Sai era un hombre maravilloso! —exclamó ella a la defensiva—. ¡No me importa lo que pueda haber en ese dossier! ¡No pienso cambiar de opinión sobre mi marido! Lo amaba y él me amaba a mí. Nada puede cambiar esos hechos.
Itachi le ofreció el dossier.
—No estés tan segura.
Ino tomó la carpeta.
—¿Por qué me los quitas? Ahora son tuyos.
—Debes de estar bromeando. No voy a aceptar algo así, y menos de ti. No soy una de las mujeres que te siguen a todas partes para ver qué pueden sacar. No pienso aceptar nada a lo que no tenga derecho —afirmó ella—. Si pagas a tiempo tus facturas a Support Systems, no me deberás nada.
Itachi la contempló con apreciación y tomó el teléfono.
—Mi chofer te llevará a tu casa.
Ino se volvió a meter en la limusina. Se sentía como una sonámbula. Volvió a examinar el dossier y tras leerlo una vez más, sacó su teléfono móvil y llamó a Alice.
—¿Puedo ir a verte? Sé que es muy tarde y lo siento, pero me vendría muy bien hablar contigo —dijo cuando su amiga y cuñada respondió al teléfono.
—¿Qué ha pasado?
—Te lo contaré cuando llegue a tu casa —dijo. Inmediatamente, abrió la pantalla y le pidió al conductor que la llevara a la casa de Jasper y Alice en vez de a la suya.
—Te vi llegando al estreno por televisión —exclamó Alice en cuanto le abrió la puerta—. Estabas en la misma alfombra que las estrellas. Estabas guapísima, pero, ¿qué ha pasado con las fantásticas joyas que llevabas puestas?
—Sólo era un préstamo. Se las devolví a Itachi —dijo Ino . Entonces, le entregó el dossier a Alice—. Echa un vistazo a esto y dime qué te parece.
—¿Qué es? —preguntó Alice. Cuando lo abrió y vio el primer párrafo, palideció—. Dios mío. ¿De dónde has sacado esto?
—De Itachi.
Se sentía muy nerviosa. Confiaba plenamente en Alice. Era inconcebible que ella no hubiera sabido que su hermano había tenido una aventura durante tanto tiempo si era cierto, pues estaban muy unidos.
—¡Dios santo! ¿Cómo ha podido darte esto? —susurró Alice mientras leía rápidamente las páginas.
—Dime que no es cierto —suplicó.
Cuando Alice levantó la mirada. Ino sintió náuseas. Tuvo que sentarse en el sofá.
—Ojalá pudiera…
El silencio se apoderó del salón. Ino sintió que estaba viviendo una pesadilla, en lo que todo lo que le resultaba familiar era una amenaza. Ni siquiera su mejor amiga podía mirarla a los ojos.
—¿Sai tuvo una aventura… durante tantos años? ¿Durante todo el tiempo que estuvo conmigo?
Alice asintió. Ino se sintió como si la hubiera atropellado un automóvil. El asentimiento y el silencio de la otra mujer la destrozaron. Alice era su mejor amiga y la hermana de Sai . Ya no era posible negar los hechos.
—Entonces, ¿por qué quiso casarse conmigo? No tiene sentido.
—Jessica no quería dejar a su marido y la aventura estaba arruinando la vida de Sai . El quería tener una esposa y una familia propia y no veía futuro alguno con Jessica.
—¿Y por qué no me lo dijiste? ¿Acaso no me merecía yo que se me advirtiera?
Alice la miró angustiada y culpable.
—Sai me juró que la relación terminaría antes de casarse contigo y que te sería fiel…
—Pues el hecho de que pasaran un fin de semana juntos en París sólo un par de días antes de la boda no hace que parezca que el fin de la relación fuera muy probable —le espetó ella—. Evidentemente. Sai no podía estar alejado de esa mujer, por lo que dudo que hubiera sido capaz de dejarla por mí.
—Tú lo amabas tanto… Eso lo atrajo hacia ti…
—No. Seamos sinceras sobre lo que atrajo a Sai hacia mí. Yo era joven e ingenua y no conocía ni a sus amigos ni a sus colegas, por lo que no había posibilidad alguna de que hubiera escuchado rumores sobre Jessica y él. No le hice preguntas incómodas ni esperé mucha atención, por lo que eso le convenía también. Nuestra relación fue una mentira, un fraude sórdido y desagradable y yo fui la víctima…
—No… ¡Sai te quería!
—Yo sólo era el instrumento para conseguir sus fines. Iba a convertirme en la abnegada esposa y en la madre de sus hijos mientras él obtenía excitación por otro lado —le espetó Bell con amargura—. Me estaba utilizando. ¿Lo sabe mi hermano también?
—No, Jasper no tenía ni idea, pero creo que tu padre sospechaba algo —admitió Alice, muy apesadumbrada—. Me has preguntado por qué no te lo dije. Estabas loca por mi hermano y él te estaba ofreciendo lo que parecías desear. Yo pensé que sería bueno para él y que le daría la oportunidad de ser feliz. Sinceramente creí que él también te daría a ti la felicidad.
—Supongo que, de no ser por todo esto, no me habría ofrecido matrimonio nunca —musitó Ino , pensando en la adolescente no demasiado atractiva que ella había sido.
—Quédate aquí con nosotros esta noche —le suplicó Alice—. Estás destrozada por todo esto. Itachi Uchiha es un completo canalla por haberte dado este dossier.
—Yo no lo creo. Sean cuales sean los motivos de Itachi para haberme dado esto, ya iba siendo hora de que yo supiera la verdad. Ojalá tú al menos hubieras tenido el valor de decírmelo todo después de que Sai muriera —replicó. Con eso, se puso de pie—. Gracias por la oferta, pero quiero irme a mi casa y asimilar todo esto en privado.
Cuando regresó de nuevo a la limusina. Ino temblaba violentamente. Estaba a punto de perder la compostura. Las lágrimas le atenazaban la garganta. El hombre al que había amado jamás había correspondido su amor. Sai le había mentido. Su relación no había sido más que una farsa que una mujer más experimentada podría haber adivinado. Sai no había tenido deseo alguno de acostarse con ella porque Jessica aún formaba parte de su vida. Recordó el día en que le tocó el cabello y le preguntó si había pensado alguna vez en teñírselo de negro . ¿Y quién tenía el cabello negro ? La ira se apoderó de ella. Recordó a lady Jessica el día del entierro, del brazo de su esposo. Tenía el cabello largo y negro , cayéndole sobre los hombros de su elegante abrigo negro.
Ino se apretó las húmedas manos contra las mejillas. Su mejor amiga había permanecido al margen, observando cómo se casaba con un hombre que estaba enamorado de la esposa de otro hombre. Se sentía traicionada por ALICE
De repente, la puerta de la limusina se abrió y vio que había llegado a casa. Cuando subió, vio su rostro en el espejo del recibidor y se asustó. Las lágrimas le habían corrido todo el maquillaje y parecía más bien un cadáver de la película de terror que había visto acompañada de Itachi. Su atención se centró en la fotografía que había de Sai y ella colgada de la pared. La agarró con fuerza y la estampó contra el suelo, haciendo mil pedazos el cristal. Aquel estallido de violencia en ella la turbó profundamente. Jamás hubiera esperado antes una reacción así en ella. Estaba observando los trozos de cristal cuando sonó el timbre.
Itachi golpeó la puerta con fuerza cuando vio que Ino no respondía al timbre. El alivio se apoderó de él cuando finalmente ésta se abrió.
—Estaba preocupado por ti —confesó—. ¿Cómo estás?
—¿Y cómo creíste que podría estar? —le preguntó Ino —. ¿Estás contento?
Itachi cerró la puerta y entró en el vestíbulo. Vio el cristal roto sobre el suelo y la fotografía bocabajo. La reconoció inmediatamente y sintió un júbilo indescriptible ante tal demostración de ira.
—No quería hacerte daño —dijo.
—Y no me lo has hecho —proclamó ella.
Sin embargo. Itachi vio cómo la conmoción por la noticia que acababa de recibir aún se le reflejaba en el rostro.
—Necesitas un trago de vodka.
—No. estoy bien. ¡Te aseguro que pasará mucho tiempo antes de que yo vuelva a representar el papel de viuda desconsolada! —exclamó Ino . Sin poder contenerse. Itachi extendió los brazos y la estrechó contra su cuerpo—. ¡El muy canalla! —añadió, sollozando—. Yo estaba tan enamorada de él… Creía que era el hombre más maravilloso del mundo.
—No se merecía tu amor.
—¡Ni lo quería ni lo necesitaba! —exclamó Ino —. ¡Ni siquiera me quería ni me necesitaba a mí! Yo simplemente era una sustituía para la mujer a la que sí amaba y que no podía tener.
Itachi evitaba las escenas con las mujeres como si fueran la peste y por lo tanto, no podía creer que se encontrara en aquella situación. Sin embargo, le resultaba imposible permanecer alejado de ella. Cuando se le pasó por la cabeza que la desolación podría empujar a Ino a cometer una locura, tuvo que ir a buscarla y no tenía intención de volver a dejarla sola hasta que estuviera convencido de que se encontraba bien. En aquellos momentos, distaba mucho de estarlo. Estaba sollozando contra su pecho, con el abandono de una niña desconsolada. Le apartó los rizos de la húmeda frente con una mano y se sacó el teléfono móvil con la otra.
—¿Qué estás haciendo?
—Te voy a llevar a casa conmigo. No pienso dejarte aquí sola.
—Estoy acostumbrada a estar sola.
—Y yo también, pero eso no significa que nos tenga que gustar —dijo Itachi. Con eso, volvió a abrir la puerta y la empujó hacia el ascensor.
—Tengo un aspecto lamentable y no pienso volver a acostarme contigo…
—Vaya, sí que eres sincera —susurró Itachi —. Al menos, espera a que yo te lo pida.
Ino estuvo a punto de echarse a reír. Entonces, volvió a acordarse de Sai y la alegría se esfumó.
—Yo siempre fui plato de segunda mesa para él —musitó—. Según lo que me contó su hermana, sólo se conformó conmigo porque Jessica jamás quiso dejar a su esposo. Todo lo que yo creía saber sobre él era mentira. Incluso la invitó a nuestra boda con su esposo. Él siempre hablaba como si fuera tan respetable y estaba liado con la esposa de otro hombre y engañándome a mí durante todo nuestro compromiso.
—Deja de torturarte. Todo eso y tu matrimonio, terminó hace mucho tiempo.
—Pero yo creía que me amaba… Eso significaba tanto para mí. Durante el instituto, yo era alta, delgaducha y desgarbada. No le interesaba a ninguno de los chicos…
—Pues ahora se tirarían de los pelos si te vieran —le dijo Itachi. Entonces, cuando vio a los paparazzi en la puerta del edificio, apretó la cabeza de Ino contra su hombro para protegerla. Les hizo una señal a sus guardaespaldas para que les quitaran de encima a los fotógrafos.
—Me apuesto algo a que tú eras muy popular en el colegio —comentó Ino , cuando por fin estuvieron a salvo en el interior de la limusina.
Itachi comenzó a servir unas copas del minibar. Le entregó un vaso de vodka muy frío.
—No. Mi padre se dedicaba a hacer préstamos no muy legales y la mayoría de la gente lo despreciaba. Mi abuelo se avergonzaba de él y yo también —admitió. Se preguntó por qué le estaba contando algo que hasta aquel momento, ni siquiera había admitido ante sí mismo.
Ino se tomó el vodka de un trago e, inmediatamente, estuvo a punto de atragantarse cuando el abrasador líquido se abrió paso por la garganta, provocándole al mismo tiempo lágrimas en los ojos.
—¡Madre mía! —exclamó, antes de que de Itachi la golpeara con fuerza entre los omóplatos para que pudiera volver a respirar.
—Muy bien por no tomártelo a traguitos, pero ni siquiera me has dado tiempo a hacer un brindis.
Ino aún seguía pensando en lo que él le había dicho.
—¿Por qué te sentías más unido a tu abuelo?
—Viví con él hasta que murió cuando yo tenía nueve años. Mi padre no quería saber nada de mí.
—¿Por qué?
—Ya estaba casado y tenía tres hijos cuando mi madre se quedó embarazada. Mi abuelo Madaraa me acogió y me crió en contra de los deseos de mi padre. Creo que mi abuelo lo vio como su segunda oportunidad de ser padre.
—Mi madre murió un día después de que yo naciera de un ataque al corazón —confesó Ino , tras aceptar que Itachi volviera a llenarle la copa. Entonces, la levantó para brindar—. Por un nuevo y mejor entendimiento entre nosotros. Mi padre tampoco pudo sentir mucho afecto por mí después de que mi madre muriera. Jamás tuvo el menor interés por mí ni por mis logros. Yo sobraba. Mi hermano era importante para él porque era un niño…
—Tal vez por eso te casaste con un hombre mayor.
—No hay nada tan sencillo. Me enamoré de Sai . Nada más.
—Pero ahora vas a superarlo —afirmó Itachi.
Por fin llegaron a su destino. Ino permitió que Itachi la ayudara a salir de la limusina y la envolviera en su chaqueta. Aquella inesperada galantería le hizo sonreír. El gesto le había agradado profundamente.
—Gracias —susurró ella.
Entraron en el edificio y se dirigieron al ascensor. Una vez dentro, Ino comprobó que los dos tragos de vodka le estaban provocando un ligero mareo. Sabía que no debía estar con Itachi. Podía ser peor el remedio que la enfermedad. Sin embargo, se sorprendía de que él quisiera estar con ella cuando estaba de tan mal humor, y tampoco quería estar a solas con sus deprimentes pensamientos.
—Quiero que me enseñes tu apartamento —le dijo, decidida a concentrarse en el trabajo para evitar caer en la tentación. Entonces, arrojó la chaqueta sobre una silla—. Esto me ayudará a la hora de buscar la clase de casa que te conviene.
—Puedes mirar todo lo que quieras —dijo él. Vio que ella se quitaba los zapatos de tacón en el vestíbulo y daba unos pasos torpes que estuvieron a punto de hacer que chocara contra una estatua —El vodka pega bastante. Ahora deberías comer algo.
Los recuerdos seguían atacando a Ino . Estaba recordando cómo Sai la había apartado, sin darle explicación alguna de por qué no quería tener relaciones íntimas con ella.
—¿Sabes una cosa? Si un hombre no quiere acostarse contigo, o es gay o tiene a otra mujer —anunció de repente, con la convicción de alguien que ha llevado a cabo una deducción asombrosa—. ¿Por qué no me di cuenta?
—Deja de pensar en Sai … ¡Estás conmigo!
—Bueno, tú no tienes ese problema. Tú jamás dejas de intentar que yo me meta en la cama contigo.
—Necesitas comer algo —le dijo Itachi mientras la empujaba al salón, donde una selección impresionante de aperitivos, fríos y calientes, los estaba esperando. Le colocó un plato en la mano y le dijo lo que era todo, dado que todos los platos eran rusos. Ino se decidió por blinis calientes y caviar, algo que estaba decidida a probar al menos una vez en su vida.
—Necesito otro vodka —anunció.
—Lo siento, pero mi objetivo es que no te caigas redonda —le dijo Itachi —. Creo que ya has tomado bastante alcohol.
—Vaya… jamás te consideré un buen tipo —replicó ella, sorprendida por lo escrupuloso que se había vuelto Itachi de repente.
—Y no lo soy, pero sí soy el que te dio ese dossier.
Ino no podía decirle que se lo agradecía porque, cada vez que pensaba en ello, era como si alguien la apuñalara con un cuchillo y le arrebatara otro puñado de hermosos recuerdos del pasado. Lo peor aún era que las pequeñas inconsistencias iban encajando poco a poco.
Mientras recorría el salón, admirando las vistas espectaculares de Londres que se divisaban desde el ático de Itachi, vio su rostro en el espejo y estuvo a punto de morirse de vergüenza. ¿Cómo había podido olvidársele que llevaba el maquillaje completamente corrido?
—Necesito asearme un poco… ¡estoy horrible! —exclamó.
Itachi le indicó dónde estaba el cuarto de baño, que era prácticamente tan grande como todo su apartamento y equipado a la perfección. Allí, se lavó la cara y se limpió antes de retocarse un poco el maquillaje. Después de todo, estar algo deprimida no significaba que tuviera que descuidar su aspecto, en especial con un hombre tan guapo como Itachi cerca de ella…
