Lady Escándalo
Capítulo 3
Debemos decirle quiénes somos
Al día siguiente Kaede entró en la cocina para preparar el desayuno.
"No es necesario que se levante mi Lord" – le dijo a Inuyasha quien se incorporaba del improvisado lecho que estaba en el suelo de la habitación.
"No se preocupe Kaede, debo recordar viejos tiempos y empezar a levantarme temprano nuevamente" - respondió Inuyasha recordando sus días en el ejército.
Su hermano Seshomaru le había propuesto comprarle un rango en él, pero Inuyasha no aceptó, sus ascensos los fue obteniendo con su esfuerzo, estar al lado de sus hombres en condiciones difíciles y al estar en el campo de batalla.
Estaba molesto porque no fue una herida lo que lo obligó a retirarse temporalmente, sino una enfermedad. Los recuerdos de ésos últimos días eran borrosos… sólo tenía presente como poco a poco su estado de salud se fue deteriorando, sus días las carpas que servían como hospital cerca de la zona de las hostilidades, su difícil traslado en un barco y como de repente se encontraba en Shikon, una de las majestuosas propiedades de la familia Taisho, rodeado por sus hermanos Seshomaru, Bankotsu, Hoyo y Sakura, quienes se dedicaron a cuidarlo.
Su hermano mayor Seshomaru se había encargado de que lo trasladaran rápidamente para recibir la mejor atención. Incuso sus hermanos habían tratado de convencerlo de que se retirara de manera definitiva del ejército, situación que Inuyasha no aceptó.
"¿Me puede dar por favor un poco de agua para afeitarme?"
"Claro que sí, mi Lord" – contestó Kaede, pasándole un recipiente con agua.
Inuyasha se acercó a un pequeño espejo y empezó con su labor, estaba contento de que no tuviera la barba cerrada. Cuando estaba a punto de finalizar, se dio cuenta de que "Shaoran" había entrado a la habitación y lo observaba, situación que no iba a desperdiciar. Se quitó la camisa quedando desnudo de la cintura para arriba, percatándose del rubor que aparecía en el rostro de su pequeño ladrón. Él sabía que podía aprovechar su físico para llamar su atención, principalmente por la cicatriz que tenía a lo largo del pecho, producto de un sable; herida que afortunadamente había sido superficial pero no por eso dejaba ser impactante, ó por lo menos otras mujeres la habían descrito así. Pero no pudo aprovecharse de eso al encontrarse Kaede en la misma habitación.
"Ah, Shaoran, que bueno que aún no tengas que preocuparte por éstos menesteres."
Kagome no contestó, sólo dirigió su atención a rebanar un pan que se encontraba en una de las mesas. Inuyasha sacó de su baúl de viaje una camisa limpia y poniéndosela se giró para observar nuevamente como "Shaoran" bajaba rápidamente la mirada y su rubor se acentuaba.
Sango entró en la cocina con el bebé en brazos, Kaede preparaba el desayuno, "Shaoran" se encontraba en una de las esquinas representando su papel de hombre, estaba seguro que en otras circunstancias ella estaría ayudando a preparar los alimentos.
Inuyasha dirigió su atención al bebé, cuando fue raptado venía de visitar a su hermana mayor Kanna, quien recién también había tenido un hijo. El bebé de Sango y su hermana debían tener la misma edad.
"¿Qué edad tiene?"
"Nueve semanas" – contestó Sango.
"Un poco joven para viajar"
"Fue necesario" – fue la única respuesta que obtuvo.
Se sentaron a desayunar.
"Bien, ¿ahora me van a contar su historia?" – después de un largo silencio y miradas entre las hermanas Kagome contestó:
"Le diremos lo que necesita saber. Supongo que considera que el bebé de Sango es un bastardo"
"¿No lo es?"
"No, el bebé nació dos años después de que Sango se casara. Está reconocido por su padre, pero él ha muerto"
Ésta información desconcertó a Inuyasha, Sango no estaba vestida de luto y le había dicho que estaba ansiosa por reunirse con su prometido.
"Verá" – intervino sango – "mi marido murió hace casi dos meses, mi cuñado tiene la custodia de mi bebé pero me di cuenta que no podía confiar en él, por lo que ahora voy en busca de la persona que podrá protegernos a los dos"
"¿Pero, como puedes estar prometida si acabas de enviudar?"
"Miroku y yo estábamos comprometidos, pero mi padre no autorizó mi casamiento con él. Ninguno de los dos ha hecho algo inapropiado, por lo que ahora el compromiso aún tiene validez."
"Así que como ve, sólo se trata de llevar sanos y salvos a Sango y a Shipo hasta donde se encuentra Miroku." - intervino Kagome.
"Pero, ¿y la custodia?"
"Eso no será un problema, en cuanto Sango y Miroku se casen, solicitarán que Miroku sea el tutor del bebé" – contestó nuevamente Kagome.
Inuyasha sabía que había algo más oculto en toda ésta situación.
"¿Y qué pasará si ésta huida y éste precipitado matrimonio hace que las autoridades conciban que ni Sango ni Miroku deben tener al bebé?" – preguntó Inuyasha.
"¡No! Eso no ocurrirá" –respondió Sango, apretando inconscientemente más al bebé en su pecho.
"Pero es posible, ¿por qué no mejor regresas a tu casa y envías a Miroku un mensaje para que acuda a ayudarte de manera más convencional?"
Kagome y Sango intercambiaron miradas.
"Porque a Sango no le permitirían casarse con Miroku y ella cree que Onigumo You…" - interrumpió pronunciar el apellido, pero continuó – "Sango cree que su cuñado quiere matar al bebé. Y antes de que preguntes porqué, el problema radica en que el bebé heredará todas las propiedades de su padre, así como su título"
Inuyasha se quedó en silencio, estaba seguro que la avaricia era una motivación importante para cometer los actos más bajos. Y en este caso un bebé era un obstáculo para tener acceso a una considerable fortuna. Sin embargo, también sabía que algunas mujeres después de haber dado a luz podían caer en estados de depresión, tal vez Sango se estuviera imaginando todo esto.
"¿Cómo murió tu esposo?, ¿Cómo se llamaba?"
"Se le detuvo el corazón y…"
"¡Ya no contestes!, te hemos contado lo que necesitabas saber, ¿vas a ayudarnos o no?" – interrumpió Kagome.
"Por supuesto que los ayudaré" – Inuyasha no tardó en contestar, no debía ser tan complicada la tarea – "pero debo saber a que nos enfrentamos, ¿crees que tu cuñado te este buscando por las carreteras? ¿Por qué no ha venido a buscarte aquí?
"Estará buscándola por las carreteras, y en lo que respecta a venir aquí, hace tres días vino pero como Sango caminó para llegar a ésta propiedad cuando llegó él ya se había ido" – contestó Kagome.
Inuyasha nunca se hubiera imaginado que Sango se hubiera trasladado a pié, admiraba a la mujer que andando pudo trasladar a su bebé de pocas semanas de vida. Era evidente que Sango consideraba que su bebé estaba en verdadero peligro, sino no lo hubiera arriesgado a viajar así.
"¿Y Onigumo, sabe dónde se encuentra Miroku?, ¿Sabe de su existencia? ¿Dónde pensará que has ido?"
"Debe estar desconcertado, lo más lógico es que me dirigiera a la casa de mi padre y ahora tal vez piense que voy a Londres. No creo que sepa nada de mi vida antes de casarme con su hermano"
"¿Y qué pasa con tu familia?"
Kagome y Sango nuevamente se miraron pero había algo en ésas miradas, temor probablemente.
"Si tuviéramos una familia que se comportara como tal, ¿crees que yo estaría en esta cabaña?" – contestó Kagome con tristeza profunda en la mirada.
"¿Qué hiciste?, ¿Has caído en desgracia? ¿Desobedeciste alguna regla de tu casa?"
Kagome lo observó, había dado en el clavo: había desobedecido.
"Ya se lo hemos dicho mi Lord, la familia no dejaría que Sango se casara con Miroku" – Kagome contestó tratando de desviar el tema.
Inuyasha decidió no escarbar más en el tema, por ahora… y decidió poner su preparación como soldado ante todo. Una de las reglas era estar preparado para lo peor.
"Bien, el tutor del niño tiene la ley de su parte, existe la posibilidad de que hayan denunciado tu desaparición y hayan dado aviso a todos los pueblos cercanos, aunque no sepa a donde te diriges, los caminos estarán vigilados por lo que la diligencia ha dejado de ser una buena idea para tu traslado."
"Habíamos pensado en oscurecerle el cabello y vestirla como una sirvienta, como una niñera." - respondió Kagome.
"¿Y tú?"
"Yo no necesito disfraz."
"Onigumo el terrible volverá a registrar ésta propiedad en pocos días, en cuanto vea que no estás sabrá que también te debe buscar a ti." – dijo Inuyasha.
"Para entonces ya estaremos con Miroku".
Inuyasha consideraba que estando él para escoltar a Sango, no era necesaria la presencia de "Shaoran", pero era una idea que no estaba dispuesto a aceptar, quería seguir descubriendo los misterios que guardaba su pequeño ladrón.
"Bien, estarán buscando a una mujer joven con tus características físicas, a un bebé y a su joven acompañante, lástima que no puedas hacerte pasar por una dama" – dijo Inuyasha tratando de provocar una reacción en "Shaoran", pero al no obtenerla continuó – "¿podrás hacerte pasar por un mozo de establo?" – "Shaoran" asintió con la cabeza.
"Entonces… ¿tú serás el cochero?" – le preguntó Kagome.
"No, iremos al pueblo donde he mandado a mis sirvientes y le pediré a Mioga, mi cochero que nos lleve"
"Pero eso provocará muchas preguntas…"
"Si, sobre todo porque iré vestido de mujer" – observó los tres rostros que lo miraban con los ojos abiertos como platos, sorprendidas por ésta idea.
"¿Vas a vestirte de mujer?" – preguntó Kagome.
"A menos que tú quieras ese honor…" - hubo una tenso silencio – pero Inuyasha se encargó de romperlo – "pero creo que será mejor que lo haga yo, soy mucho más guapo y sé sonreír sin motivo aparente"
Inuyasha se percató de la creciente inquietud de "Shaoran". Kagome por su parte, estaba contrariada por que su belleza había sido menospreciada. Kagome había sido considerada como una mujer hermosa durante el tiempo que estuvo en Londres, tuvo a sus pies a muchos solteros incluyendo, aunque a fría su manera, a Seshomaru y, por otra parte estaba la creciente curiosidad de ver a Inuyasha usando un vestido.
Estaba enojada, éste hombre había llegado a tomar el mando de la situación. Ojalá se viera ridículo vestido de mujer. Pero la situación no dejaba de ser divertida: ella aparentando ser un apuesto hombre, él una hermosa dama.
Después Inuyasha las convenció de dejarlo cabalgar hasta el pueblo más cercano para comprar la indumentaria que necesitaría, pero no había logrado que "Shaoran" se quedara, habían tenido que ir al carruaje para encontrar en las pertenencias de la servidumbre algo más acorde a un mozo de establo. Ahí Inuyasha se percató del daño hecho al carruaje, al escudo de la familia Taisho y no pudo reprimir llamar la atención de "Shaoran"
"Este coche es de mi hermano, si Seshomaru lo descubre no me quiero ni imaginar su reacción. Compraremos pintura para tapar el área maltratada, un carruaje con ese daño llamará la atención y eso es justo lo que no queremos"
Inuyasha encontró ropa limpia del autentico mozo y se la pasó a Kagome.
"Vas a tener que llevar tu propio abrigo, sombrero y botas, haz que parezcan más viejos."
"De acuerdo, voy a la cabaña para cambiarme"
"Eres un hombre pudoroso Shaoran ó tienes dudas de mí? Te aseguro que a la hora de elegir compañía para mi cama soy de gustos bastantes convencionales…" – la retó Inuyasha.
"Simplemente soy pudoroso" – dijo Kagome retirándose rápidamente en dirección a la cabaña.
"¡Debí dejar tirado a ése estúpido en el camino…!" - dijo furiosa al entrar en la cabaña, frente a Sango quien estaba preparando las cosas que llevaría al viaje.
"Pues yo creo que facilitará las cosas trasladarnos de ésa manera, no sospecharan de una mujer mayor con el color de cabello tan especial que tiene, su bebé y su ama de cría."
"Yo podría haber representado a la madre"
"Pero Kagome, tu cabello es un problema… aunque ya está creciendo el color es inconfundible." – Sango se arrepintió de haber dicho esto – "Oh. Kagome perdóname… no quise recordarte eso…"
"No te preocupes Sango" – dijo Kagome, pero en su voz se notó una enorme tristeza – "además ya está creciendo, ya me llega a la altura de los hombros. No puedo olvidar como papá me lo cortó, la forma en la que lo hizo…"
"Papá entrará en razón…"
"Mejor no hables de él Sango, el me repudió y yo he decidido que ya no tengo un padre. Además, si crees que entrará en razón ¿por qué no acudiste a él? ¿Por qué no fuiste a sus protectores brazos?"
"No puedo ir a él, no después de la manera en la que te trató a ti."
"Papá no es el incorruptible, no es la persona que la gente cree."
"Tienes razón, estuve pensando lo que dijiste, yo tampoco entiendo lo que papá obtenía casándome con Totosai y a ti con Onigumo… Tal vez la edad lo está afectando"
"¡No! Papá es la persona más astuta del mundo, aun no logro descubrir lo que obtenía con éstos matrimonios pero te aseguro que el objetivo es dinero y principalmente poder.
Al estar guardando las cosas, Sango encontró un documento que su esposo le dio a guardar, diciéndole que si le pasaba algo a él debía llevarlo a Londres y entregarlo a las autoridades. Al explicarle esto a Kagome ella le dijo que de ninguna manera iría a Londres, después de casarse con Miroku habría tiempo. Sango escondió cuidadosamente el papel.
Kagome se fue a cambiar, Sango la observó marcharse… recordó como conoció el escándalo en el que su hermana estaba inmersa, justo dos meses antes de que diera a luz y como Totosai le había impedido que fuera a verla, y los comentarios groseros que había hecho en su contra por haber arrastrado a su hermano Onigumo con ella.
Onigumo era un don nadie con un cargo menor en la corte que ni en sus mejores sueños hubiera sido capaz de pensar en casarse con Kagome. Pero su padre le había ordenado a su hija menor a casarse con él. ¿Por qué?
Kagome se negó creyendo que era un asunto sin importancia pero la rabia de su papá se fue incrementando, pero ella siguió rechazándolo. Soportó en primera instancia regaños, sermones sobre la obediencia a los padres y restricciones sobre sus condiciones de vida, pero siguió negándose.
Incluso cuando le prohibieron asistir al baile más esperado de la temporada se sintió aliviada porque así evitaría los constantes avances de su pretendiente. La habían encerrado en su habitación, se fue a dormir hasta que alrededor de media noche su padre irrumpió seguido de una docena de personas; en ése momento se dio cuenta de que Onigumo yacía en su cama completamente desnudo al igual que ella. Era una trampa que sólo pudo ser tendida bajo el consentimiento de su padre, porque su habitación había sido cerrada con llave desde el exterior.
Sin duda consideraría que Kagome se vería obligada a casarse con él a costa de su reputación sin embargo, Kagome siguió negándose. Fue entonces cuando las cosas se tornaron violentas, todo el mundo creía lo peor y su padre había perdido los estribos. Pero ni siquiera los azotes o el hambre habían conseguido hacer desistir a Kagome.
El Conde Taisho se rindió, desterró a su hija haciéndola vivir en la cabaña, convaleciente de las lesiones infringidas, sin dinero y le había cortado su cabellera sin el menor cuidado dejando su hermoso cabello completamente tusado.
Todo ese castigo había sido innecesario, ¿a dónde podría ir Kagome? Su reputación estaba por los suelos, ningún hombre se atrevería a darle su nombre y, a ella que siempre había sido una chica alegre que soñaba en convertirse en esposa del ser amado y madre.
En ése momento Kagome bajo con la ropa del mozo, se veía muy diferente, ya no tenía la apariencia de un joven de buena familia, sino un simple trabajador.
"Te ves muy bien, Inuyasha tiene razón"
"¿Por qué no me sorprende que pienses eso?"
"¿Crees que papá sabe que he desaparecido?"
"Si no lo sabe ya, Onigumo se encargará de informarle"
"Por eso me gusta que Inuyasha nos ayude… el es un integrante del ejército"
"¡El está aquí por diversión, por huir del aburrimiento!"
"Es igual que Miroku, también él es soldado. Lo que si me preocupa es que papá si sabe lo de Miroku no le será difícil investigar donde se encuentra."
"Y con sus contactos podría tener a toda la autoridad buscándote."
"Kag, debemos decirle a Inuyasha quiénes somos y en qué lío se está metiendo"
"Pero… eso significaría que también sabría quien soy yo…"
"Tienes razón… perdóname Kag, eso no significaría un gran cambio… además con suerte no veremos a papá antes de llegar con Miroku. Aunque también me preocupa él, papá podría hundirlo, su carrera de militar se iría a pique…"
"¿Y tú crees que no lo sacrificaría todo por estar a tu lado? Pero las cosas no llegarán a ése extremo.
Ojalá que la seguridad que mostraba al hablar también la sintiera en su interior, pero el miedo de enfrentarse nuevamente a su padre… era más de lo que podía soportar.
