Lady Escándalo

Capítulo 4

¿Eres virgen?

Utilizando nuevamente los caballos de su padre, Kagome cabalgó con Inuyasha al siguiente pueblo, lo vigilaba atentamente, aunque él estaba dispuesto a ayudarles Kagome no confiaba… había tenido que regresarle el dinero que previamente le había robado porque iba a ser muy extraño que ella, con la apariencia de mozo que tenía fuera quien pagara las cosas que compraran para el viaje. El control de la situación poco a poco estaba cayendo en manos de Inuyasha, cosa que la tenía muy molesta.

Fueron a la taberna, donde encontraron a Mioga, uno de los sirvientes de Inuyasha. Él aniquiló con la mirada a Kagome, daba por hecho que "él" era el muchacho que los había asaltado. Inuyasha le explicó a grandes rasgos lo que tenía que hacer.

"Es mi deber servirlo mi Lord, eso y evitar que se meta en problemas… aunque eso es prácticamente imposible."

"Pero ¿Cuál es el problema? Anímate. Lo primero es que tienes que alquilar un caballo para que regreses con nosotros a donde se encuentra el carruaje, consigue pintura de un color que se parezca al del carruaje… tiene un pequeño arañazo. Prepárate para viajar con nosotros dentro de una hora. Mi amigo y yo debemos hacer unas compras."

Inuyasha se llevó a "Shaoran" antes de que Mioga empezara a hacer preguntas difíciles de contestar, ella trató de hacer que la soltara pero no lo consiguió hasta que estuvieron considerablemente lejos de la taberna.

"Créeme, no te gustaría contestar las preguntas de Mioga respecto al carruaje… "- argumentó Inuyasha justificando su comportamiento – "cuando vea el daño que le hiciste querrá ver tu sangre por el suelo, pero no te preocupes, si intenta azotarte, yo te defenderá con mi vida"

Kagome suponía que él no tendría la más remota idea de dónde dirigirse a comprar la ropa necesaria, pero cuál sería su sorpresa que durante su breve estancia en la taberna, se había encargado de averiguar todo lo relacionado con las tiendas. Al contrario de ésta situación, era Kagome la que estaba absorta conociendo el pueblo, las casas, los establecimientos y las personas que iban de un lado a otro. Su padre sólo les permitía escasas salidas a los pueblos de las cercanías y siempre iban acompañadas de su hermano o del sirviente de más confianza.

Inuyasha tenía problemas para que le siguiera el paso, tanto así que tuvo que arrastrarla prácticamente de la librería que había llamado tanto su atención.

Llegaron hasta una tienda que no daba muy buen aspecto, al entrar Inuyasha se dirigió a la señora que atendía y le explico que necesitaba ropa de calidad para una mujer alta y corpulenta. La señora apareció con vestidos que obviamente eran de segunda mano, sin embargo observándolos detenidamente tenían buen aspecto… era una situación que ella no había considerado hasta el momento; pero una opción más que interesante porque después de su aventura, seguramente ésa clase de vestimenta sería la única que podría utilizar. En su futuro lleno de privaciones.

Al final, Inuyasha eligió un par de vestidos poco atractivos y pagó una mísera cantidad. Kagome estaba sorprendida por el costo de las prendas, a lo que Inuyasha explicó que si no hubiera regateado hubiera levantado sospechas, la gente del pueblo era pobre y se caracterizaban por regatear en todo momento.

"Parece que no conoces mucho del mundo, Shaoran."

Kagome no contestó, sólo lo acribilló con la mirada. Pero ése no fue el único enojo que Inuyasha provocó en ella. Entraron en una tienda dedicada a vender ropa interior de dama, sin el menor pudor estuvo viendo diversas prendas, pero lo que en realidad molestó a Kagome es que Inuyasha coqueteó sin el menor pudor a la señorita que atendía.

Después entraron en una tienda donde vendía jabones y productos de belleza, Kagome no sabía a qué había entrado Inuyasha ahí. Compró maquillaje básico, polvo, colorete y un frasco de perfume.

"No entiendo, ¿para qué compraste todo eso?"

"Porque todo es parte del disfraz, querido Shaoran y, no te preocupes, aún tenemos bastante dinero. Vamos a comprar algo de comer" – lo que no sabía Kagome es que Inuyasha había comprado el perfume con la intensión de que algún día ella se lo pusiera, cuando estuviera vestida como lo que era, una hermosa mujer.

Inuyasha compro un par de pastelillos, alcanzó a Kagome en la calle y retomaron su camino, haciendo malabares por los paquetes que tenía empezó a caminar delante de Kagome de espaldas, de manera que quedaba de frente a ella; le dio directamente en la boca un pastelillo, observando cómo lo mordía y lo tomaba con su mano. Llevándose también uno a la boca, Inuyasha no apartó la mirada de ella, no perdiendo el menor detalle de cómo lo saboreaba y cómo con su lengua limpiaba el resto que había quedado en sus labios, de forma muy sensual.

Kagome vio la atención que le prestaba Inuyasha y no pudo evitar que su corazón latiera a mil por hora… En un momento, estuvieron delante de la taberna, mirándose directamente a los ojos.

"Pocas veces en la vida tenemos acceso a privilegios aparentemente sencillos pero que son absolutamente deliciosos… ¿no es así Shaoran?"- inconscientemente ambos daban el ultimo mordisco a sus respectivos panecillos.

Un calor delicioso los fue invadiendo pero Kagome recordó de pronto que él era un hombre, que se suponía que él era su prisionero y que tenían mucho que hacer, Sango los esperaba. Desvió abruptamente la mirada y entró en el establecimiento.

Inuyasha la observó alejarse, por un instante fue capaz de ver un fuego que había en su interior, debía ser una mujer maravillosa, pero se seguía mostrando renuente ante los hombres, tal vez la habían traicionado. Estaba convencido que con habilidad y paciencia haría que ella entrara en el juego, tenía tres días para conseguirlo; le pasó por la cabeza de decirle la verdad, decirle que sabía que era una mujer, eso equivaldría a tirar unas barreras entre ellos pero levantar otras… además ésta situación era divertida y pretendía aprovecharla hasta el último minuto. Además desearía que fuera ella quien le dijera toda la verdad.

Mioga, Inuyasha y Kagome regresaron a la cabaña. Inuyasha tuvo bastante trabajo en contener la ira de Mioga cuando vio el daño provocado del carruaje y convenciéndolo de tratar de ocultarlo con la pintura. Le hizo hincapié en no abrir la boca con la gente que se encontraran en su camino.

"Más te vale alejarte de Mioga, quiere sacarte las entrañas por lo del carruaje" – le dijo a Kagome cuando entro en la cabaña.

"No podíamos ir por los caminos con el escudo de la familia Taisho" – trató de justificarse.

"¿Por qué? Nadie los asocia con mi familia, nadie sospecharía yo las estuviera ayudando."

Kagome se quedó sin hablar, había cometido un error al destruir el escudo del carruaje.

"Y ¿ahora? Se supone que soy el mozo, ¿cómo voy estar cerca de él?"

"No te preocupes, ya no serás el mozo, serás mi hermano pequeño por lo que tendrás que viajar en el interior del carruaje"

Kagome estaba muy molesta, pero con la intervención de Sango logró controlar su carácter.

"Bien, supongo que tendré que volver a vestir como antes dejando la apariencia de mozo. ¿Alguna otra cosa mi Lord?"

"Si, no tengo joyas para poder complementar mi disfraz"

"Ok, veré lo que puedo hacer"

Regresó con otra ropa elegante y con un estuche hermoso que sólo contenía baratijas. ¿De dónde sacaron ésa ropa elegante, los caballos de excelente raza, las pistolas que habían utilizado en el asalto? Su curiosidad iba incrementándose.

Al día siguiente se levantaron temprano para iniciar la marcha, Kagome iba a ayudar a Sango a vestirse pero Inuyasha hizo la observación de que sería inapropiado, por lo que a regañadientes tuvo que ir a ayudarlo a él a disfrazarse.

Inuyasha se encontraba en la cocina y para no extralimitarse en la situación tenía puestos los calzones y las medias. Ella no pudo reprimir la risa que le provocó verlo en semejante situación, no se preocupo por disfrazar su voz, e Inuyasha no hizo el menor comentario al respecto, su risa era algo que deseaba continuar escuchando. A pesar de la ropa él sólo podía ver a la hermosa mujer que estaba frente a él, la risa provocaba que estuviera sonrojada, totalmente bella.

Inuyasha se agacho a recoger su vestido, al levantarse la risa de Kagome se interrumpió, estaba horrorizada viendo la cicatriz que tenía en el pecho.

"Pero, ¿qué demonios te ha pasado ahí?" – no pudo evitar preguntar.

"¿Qué?... ah… un sable" – contestó despreocupadamente – "por suerte fue superficial"

Kagome levantó la mano para tocarla, pero se detuvo.

"Así que de verdad eres soldado"

"¿Dudabas?"

"Es que no lo pareces"

"Tienes razón, no puedo disminuir mis encantos"

"Debiste sangrar mucho" – Kagome seguía observando la cicatriz

"Bueno, si… perdí mi mejor uniforme…" - la cicatriz era impresionante, desde el hombro derecho hasta la cadera izquierda.

Inuyasha acortó la distancia entre ambos pero tuvo que aceptar que Kagome no iba a tocar su cicatriz. Se puso el camisón con bastante facilidad pero el vestido era otro asunto. Tenía cintas que debían ser anudadas por la parte de adelante y por la espalda, trató de hacerlo sólo pero no las alcanzó por la gran enagua.

"No puedo hacerlo sólo, no los veo ayúdame Shaoran"

Kagome se colocó a su espalda arrodillándose buscando las cintas, las encontró y siguió hasta ver donde estaban atoradas soltándolas al instante, había llegado a una zona privada.

"Ya las tengo, pero creo que están anudadas al frente. Tendrás que quitarte el vestido"

"Seguro que puedes, será mucho más fácil a sacarme todo esto" – trató de que su voz fuera lo más natural posible, aguantando la risa. Estaba seguro que ella sabía que parte de su anatomía había tocado.

Pensó que se negaría, pero después de una pausa volvió a buscar las cintas, lo hizo sin tener demasiado cuidado de donde tocaba, le interesaba acabar lo más pronto posible con esa tarea.

Inuyasha se estaba arrepintiendo de su idea, esa mujer tenía que saber lo que estaba haciendo, su cuerpo empezaba a reaccionar y su mente imaginaba que se volteaba la tomaba en sus brazos y la besaba. Estaba yendo demasiado lejos. Su pene erecto era prisionero de su ropa interior. Kagome lo rozó quedándose helada por el pánico.

Inuyasha se dio vuelta para observarla, estaba totalmente sonrojada, horrorizada, muy asustada. Él trató de controlar la respiración.

"Oye chico, no me mires con esa cara, es una reacción perfectamente normal después de tanto toqueteo. No es nada personal" – diciendo esto levantó, aunque con mucho trabajo la falda para terminar él mismo su tarea con los listones.

"Creo que yo pude haberme encargado de hacerlo por la parte delantera" – cuando termino, pasó los listones hacia atrás – "Ahí los tienes, puedes anudarlos y habremos terminado.

Kagome los ató enseguida y se alejó de él. Inuyasha deseaba que lo que había despertado en él también se fuera rápido.

"Dime Shaoran, ¿eres virgen?"

"¡Sí! No es asunto tuyo" – contestó totalmente apenada.

"Sólo estaba pensando en ofrecerme para enmendar el asunto" – ella se quedó paralizada, tratando de enmendar su dicho inmediatamente continuó – "no te preocupes, por lo general un hombre maduro toma a su cargo a uno más joven para iniciarlo en el arte del amor y, si vamos a emprender ésta aventura…"

A Kagome le cayó un balde de agua fría.

"Esto es un asunto muy serio mi Lord, no habrá tiempo de visitar burdeles"

"Ok, pero y ¿si no es así?"

"Entonces, tal vez me interese. Pero de momento debemos apresurarnos."

Inuyasha pensó que se trataba de alguien muy similar a él, pero de momento iba a dejar de atormentarla.

"De acuerdo, ¿cómo me veo?"

"Bastante lisa, por todos lados…"

Tenía razón, la falda caía sin forma y el corpiño le quedaba flojo.

"Y ¿qué remedio ponemos?"

"La falda gris que compraste puede rellenar la enagua y del corpiño me encargo en un momento"

Inuyasha esperó tratando de calmar su excitación ocupando su mente en otras cuestiones menos seductoras. ¿Ella sería realmente virgen? Eso supondría otro tipo de problemas pero ninguno insuperable, deseaba que regresara pronto para seguir explorando la situación.

Terminó de ponerse la segunda enagua, se sentía torpe al llevar todo ese material encima temiendo además que se le enredara en las piernas. Se puso unos zapatos propios, no iba a aceptar utilizar el incomodo calzado de las mujeres, además de que no habían tenido la oportunidad de comprar unos de su tamaño. Kagome regresó con un pañuelo de cuello, de muy mala calidad comparado con las que utilizaban sus hermanas, pero serviría para disimular la falta de atributos femeninos. Era muy torpe al tratar de acomodarlo provocando la impaciencia de Kagome.

"Haber, siéntate" – dijo retirando la prenda de sus manos, Inuyasha la obedeció dejando que ella acomodara con destreza, no hizo ningún comentario al respecto, pero disfrutó enormemente la cercanía de su doncella y sus ligeros toques.

Al ver que esto no ayudaba mucho no hubo más remedio que rellenar el corpiño con otras piezas de tela, tarea a la que nuevamente ella se dedicaba con la cooperación absoluta de Inuyasha que sólo se dedicó a estudiar más de cerca el rostro de su pequeño ladrón.

Que Dios lo ayudara, sí que era muy guapa, su piel era delicada como la seda, sus pestañas eran largas y espesas y sus ojos… el color chocolate era incomparable. Kagome se esforzaba por acomodar la tela, sacó la lengua para humedecer su boca provocando que Inuyasha dejara de respirar por un momento.

"¿Te he hecho daño?"

"Cosquillas… sólo cosquillas."

Kagome vigilaba a Inuyasha, pero se dio cuenta de que no debía ser el objeto de su atención, cada vez que rosaba su piel al acomodar la tela una sensación de cosquilleo llegaba a sus manos, olía su aroma, su indescriptible aroma que la atraía más y más y, eso no debía ocurrirle a ella, los hombres eran unos desalmados, la causa de toda su desgracia. Lo miró directamente a los ojos quedándose inmóvil durante unos segundos, pero no tardó en recuperar la compostura.

"Ya está, creo que se ve bien"

Inuyasha se observó.

"Tienes razón, creo que voy a incitar al pecado" – Kagome no pudo contener la risa ante ése comentario.

"No, si lanzas una mirada fiera, nadie se te acercará. Si alguien tocara esos senos sabría que no son reales"

"Presiento que me has estado tomando el pelo Shaoran. Para conocer como se sienten los senos reales" – dijo Inuyasha tratando de provocar una respuesta de ella, respuesta que no llegó- "¿Sabes? Lo más gracioso de todo esto es que tendremos que repetirlo mañana"

Kagome observó el brillo en los ojos de él y, que Dios la ayudara; ella también ella lo iba a disfrutar.

Pues a mí no me parece que seas tan guapa de mujer como tú pensabas.

¿Quieres que cambiemos los papeles?

Kagome se quedó callada. Inuyasha terminó de empolvarse la cara, poner un poco de colorete en las mejillas y recogió su cabello.

"¿Qué tal me veo? El pañuelo es bastante tosco, pero bueno…"– dijo Inuyasha tratando de disfrazar su voz.

"Es lo único que tenemos, Sango no tiene más ropa que la que lleva puesta, así que confórmate con eso"

Kagome se sentía extraña, a pesar de que en ése momento no había nada que la perturbara no podía pasar desapercibido el hecho de que existía una energía extraña entre ellos. A pesar de que en ese momento el llevaba la apariencia de mujer y ella de hombre.

Ella no podía sentirse atraída por él, nadie había despertado en ella ése sentimiento. Pero era insensato, era peligroso y sobre todo era imposible. No era el primer hombre que conocía, incluso había tenido un acercamiento con Seshomaru el hermano de Inuyasha en un baile, incluso la había besado, un sido sólo un leve toque. Había recibido sólo un beso en su vida y precisamente había sido él. Después de eso nunca volvió a verlo, en parte porque su estancia en Londres había sido temporal y acabó unos días después de aquel baile y porque aunque ella hubiera permanecido en la ciudad, no le apetecía verlo, la sensación que esperaba sentir con su primer beso no fue la esperada y, estaba segura que esto también había sido compartido por Seshomaru.

En cambio con Inuyasha el contacto había sido mínimo, ni hablar de un beso y despertaba reacciones en su cuerpo inimaginables. Más valía que Inuyasha nunca supiera que era una mujer, porque estaba segura de que poniendo en práctica todas sus artimañas de seducción ella no se libraría y caería en sus redes.

Inuyasha por su parte también estaba confundido por la sensación que crecía en su cuerpo cada vez que "Shaoran" estaba cerca, seguramente se debía a que no había estado con ninguna mujer desde tiempo antes de caer enfermo. Seguramente sólo tenía que estar con alguna prostituta y aquella sensación desaparecería. Sin embargo, pensar en otra mujer no lo atraía y eso resultaba alarmante.

"¿Te vistes así con frecuencia?" – habló Kagome para romper el tenso silencio.

"No, pero he tenido practica vistiendo y desvistiendo a mujeres… no te preocupes Shaoran, pronto llegará tu turno"

Kagome tuvo una sensación de enojo… de celos al imaginarse a Inuyasha con otra mujer.

"Bueno, vamos con Sango haber que piensa de mi transformación"

"¡¡Santo cielo!! Aparenta lo que no es" – contestó Sango, quien llevaba ropa humilde y la cabeza cubierta por un horrendo gorro.

"Bueno, esperemos no ocasionar mayores rumores con la gente. Vámonos. No creo que tengamos problemas, están buscando a una joven mujer con un bebé en brazos. Bueno nosotros seremos una mujer mayor con su bebé, su ama de crianza y su hermano, viajando hacia su hogar"

"Lo lograremos ¿verdad?" – preguntó Sango.

"Claro que sí" – le sonrió como lo haría con cualquier recluta para inspirarle confianza.

Sango estaba muy contenta, viendo por primera vez que su loca aventura llegaría a su fin como ella lo deseaba. Se acercó a Inuyasha y sin pensarlo tomó sus manos y se levantó sobre las puntas de sus pies dándole un ligero beso en los labios.

"Gracias, no sabe lo contenta que estoy de haberte encontrado"

"De haberlo capturado, no se te olvide Sango" – intervino rápidamente Kagome.

Inuyasha aprovecho la ocasión y tomando a Kagome desprevenida se acercó besándola como Sango lo había hecho con él. Kagome inmediatamente se alejó y se limpió la boca con la manga del saco.

"Perdón, joven señor" – dijo Inuyasha disfrazando su voz – "me he dejado llevar por mi papel"

"¡Vuelve a dejarte llevar así, y te sacaré las tripas!" – gritó Kagome, tomando uno de los baúles y salir casi corriendo hacia el carruaje.

Sango sonrió divertida.