Lady Escándalo

Capítulo 5

Me besaste… Te amo

Inuyasha se encontraba en el carruaje en compañía de Sango, Shipo y "Shaoran", estaba sumamente incomodo por el disfraz que estaba usando sin embargo, la aventura en la que se había metido por propia voluntad, estaba resultando ser muy aburrida. ¿Dónde estaba el peligro? ¿Dónde estaban los adversarios peligrosos a los que suponía iba enfrentar?

Durante el trayecto trató de que las hermanas le dijeran más detalles de su vida y su origen, sin embargo "Shaoran" no había proporcionado ninguna información que saciara su curiosidad.

Inuyasha había decidido ir al siguiente pueblo, encargar los caballos de su carruaje y alquilar otros para evitar que su hermano ó sus empleados los reconocieran y lo "rescatara" nuevamente, como lo había hecho cuando había caído enfermo. Estaba seguro de que, aunque se suponía que continuaba en Londres, cuando Seshomaru se enterara que no había llegado a su destino como lo tenía previsto, emprendería su búsqueda.

Se detuvieron en una posada para la atención de los caballos, habían permanecido con las ventanas del carruaje al descubierto para no despertar sospechas. En pocas palabras, la situación era muy aburrida. Seguramente llegarían a su destino sin el menor problema.

Durante el traslado observó en varias ocasiones a Sango, quien palidecía cada vez que alguien se acercaba al carruaje o jinetes los rebasaban.

Al arrancar, el bebé empezó a llorar, poco a poco sus eran gritos potentes a pesar de provenir de alguien tan pequeño. Sango no tuvo más remedio que darle pecho, tapándose con un pedazo de tela; el sonrojo en sus mejillas era evidente. Inuyasha apartó la vista en señal de respeto, pero escuchó los suaves sonidos que emitía el bebé al obtener su alimento.

Se preguntó que sentiría cuando la madre le diera de comer a su propio hijo, que sentiría al succionar de unos pezones que producían leche y miró por instantes a "Shaoran". Se sorprendió ante esos pensamientos, él nunca había considerado la posibilidad de casarse y mucho menos de tener hijos. Su vida en el ejército no permitía que pensara en esos asuntos.

Interrumpiendo sus pensamientos, el bebé empezó nuevamente a llorar, el escándalo ocasionado perturbaba demasiado, Inuyasha trató de pasar por alto esto pero deseando en lo más profundo que cesara el llanto. Sango trataba de controlarlo sin lograrlo. El sonido amainó un poco por lo que Inuyasha volteó a ver como había logrado Sango calmarlo, sin embargo se sorprendió al ver a "Shaoran" cargando al bebé como toda una experta mujer.

Pero la calma precedía a la tormenta, el llanto del menor volvió a aumentar. Sango y "Shaoran" no podían controlar al bebé. Inuyasha descubrió que mantener a alguien en el interior de un espacio tan pequeño como un carruaje con el llanto ensordecedor de un bebé era la tortura perfecta… tendría que llevar este conocimiento cuando tuviera prisioneros.

No lo soportó más y tomó al bebé entre sus brazos, pero entre el vaivén del carruaje y haberse puesto de pié para cargar a la criatura Inuyasha perdió el equilibrio y cayó alcanzando a poner una rodilla en el piso del carruaje pero sin lastimar y mucho menos haber tratado de soltar al bebé. Al contrario, el movimiento ocasionó que Shipo soltara un eructo dejando caer baba sobre el hombro de Inuyasha. Cuando pensaron que el llanto continuaría el rostro del bebé desencajado por el llanto se había transformado en un hermoso querubín que incluso estaba sonriendo.

"Perdón Inuyasha…, cuando lo alimente debí haberlo puesto nervioso, por lo general es un niño muy tranquilo" - dijo Sango, tratando de limpiar la vestimenta sucia.

"Tranquilízate Sango, no hemos visto señales de que nos estén buscando" – intervino Kagome.

Inuyasha bajó la vista al bebé, ahora dormido, que seguía en sus brazos, estaba asombrado de lo bien que se sentía. Había estado cerca de su sobrino, el hijo de Kanna su hermana mayor, pero era la primera vez que le permitían tener a su cuidado a un bebé. En ese momento, un grito lo sacó de sus pensamientos…

"¡Alto!"

Kagome reaccionó levantando la mano a la altura de donde tenía su pistola, Sango trató de recuperar a su bebé pero ambas se detuvieron ante la orden de Inuyasha.

"¡Deténganse! Maldita sea… Recuerden cuáles son sus papeles…"

Inuyasha se asomó por la ventana y vio que se trataba de una patrulla, la puerta se abrió abruptamente.

"¡Tenga cuidado! mi bebé está dormido." – dijo Inuyasha.

El joven oficial se quedó desconcertado ante el recibimiento de la "señora" que iba en el carruaje.

Inuyasha por su parte estaba inquieto, las cosas empezaban a complicarse… él conocía a ése joven oficial.

"Le pido disculpas señora" – contestó el oficial – "tengo órdenes de estar alerta ante el paso de una joven madre con su bebé de dos meses de edad, debo preguntar quienes son"

"Soy Ami Kotsu" – contestó Inuyasha en tono apacible – "es muy amable al decir que soy una persona joven y debo confesar que mi bebé tiene un poco más de dos meses pero, ¿por qué buscan a esas personas?"

"Lo que pasa es que la joven dama no está bien de sus facultades mentales, esto fue ocasionado por la muerte de su esposo y ha huido con el menor, tememos que pretenda dañarlo" – contestó el oficial quien observaba detenidamente a la "señora" que estaba delante de él.

Sango tembló, trataba de controlar su respiración agitada.

"Pero, si esta desquiciada ¿por qué la buscan en carruajes particulares?" – respondió Inuyasha acomodando al bebé en sus brazos

"No sabemos de lo que es capaz de hacer. Disculpe señora, ¿nos conocemos?"

"No, no creo joven oficial. Aunque me han dicho que me parezco mucho a mis primos. Mi apellido de soltera es Taisho"

"¡Pero claro!... es usted muy parecida al Capitán Inuyasha Taisho"

"Eso me han dicho, y verdaderamente es un cumplido. Él es muy apuesto"

"Claro y es un demonio con las mujeres… bueno, mil disculpas por interrumpir su viaje señora Kotsu. No omito decirles que si se cruzan con esa mujer por favor den aviso a las autoridades más cercanas. El abuelo y el tutor del niño están en la zona y se encargarán de su cuidado inmediatamente"

Al terminar de decir esto cerró la puerta y permitió que el carruaje continuara su viaje. El bebé empezó a inquietarse, Sango lo tomó en sus brazos para darle nuevamente de comer, tenía lágrimas en los ojos.

"¡Onigumo y papá están en la zona! Oh, Dios…" - comentó Sango a punto de ponerse a llorar.

"Tranquilízate Sango, el oficial no ha sospechado nada" – trató de tranquilizarla Kagome.

"Pero, eso significa que no podemos detenernos en ningún lugar, podríamos encontrarlos"

"Debemos parar, Mioga no puede conducir todo el día sin descanso. Trata de tranquilizarte Sango, o pondrás nervioso al bebé" – Inuyasha lo dijo con una sonrisa en los labios, tratando de calmarla.

Kagome estaba muy seria, por un lado estaba aterrada ante la idea de encontrar a su padre y por otro lado estaba el comentario que había hecho el oficial en relación a Inuyasha y su habilidad con las mujeres.

"¿Conoces al oficial?" – le preguntó.

"¿Eh?... Ah sí…, pero no te preocupes, hace más de tres años que no lo veo, así que no creo que nos descubra, además en realidad tengo una prima con el nombre que mencione"

Kagome se relajó un poco, pero su tranquilidad no duró. En el carruaje habían hojas de periódico viejo, que había utilizado Kaede para envolver pan que ya habían comido. Estaba aterrada porque en esos periódicos había salido publicada la historia de su deshonra. Inuyasha las había tomado para leer y distraerse. Estuvo pensando la manera más rápida y lógica de quitar esos papeles pero afortunadamente habían llegado al pueblo que Inuyasha había elegido para detenerse a descansar, por lo que las hojas del periódico regresaron al asiento.

"Primero debemos hacer algunas averiguaciones" – dijo Inuyasha.

Mioga dirigió el carruaje a la posada, Inuyasha se las arreglo para que un niño que estaba al servicio de los señores de la casa le informara que durante la mañana había estado el famoso e incorruptible Conde Higurashi, quien estaba desesperadamente buscando a su hija que había perdido la razón.

Inuyasha había hecho un descubrimiento, el Conde Higurashi era el padre de Sango y "Shaoran". El Conde era famoso por su riqueza, su poder y sobre todo, su rectitud. Pero, esa respuesta daba lugar a otras preguntas: ¿Por qué no acudían a él?, ¿Por qué no solicitaban su ayuda?

Las cosas se estaban poniendo interesantes. El Conde tenía la influencia suficiente para poner a una buena parte del ejército a buscar a su hija. Ante esta situación, dudaba que la boda entre Sango y Miroku solucionara las cosas, después de todo tanto él como el propio Inuyasha pertenecían al ejército. Sus carreras se verían amenazadas ante un enemigo de esa envergadura. Pero no era un hombre que se caracterizaba por abandonar sus misiones, iba a continuar. Y había otra cosa, algo que le recordaba el nombre del Conde, pero no le fue posible recordarlo.

"Por lo menos hace mucho que se ha marchado" – les dijo a sus acompañantes con una sonrisa en los labios.

Entraron a la posada, una vez que estuvieron en sus habitaciones Sango comento:

"Lo siento, debimos habértelo dicho"

"Eso no cambia nada, sin embargo es un adversario colosal, si es que lo es" – contestó Inuyasha.

"Seguramente ahora irá a la cabaña y descubrirá parte de la verdad, sólo espero que Kaede sepa ocultar tu participación en todo esto, no me gustaría que tuvieras a papá como enemigo" – volvió a decir Sango.

Inuyasha observó a Kagome, estaba callada. Estaba tensa, con el miedo asomando en sus ojos. ¿Qué era lo que pasaba entre su padre y ella?

"¿Por qué no le pides ayuda a tu padre?" – le preguntó Inuyasha a Sango.

"Porque impedirá que se case con Miroku, como ya lo hizo una vez" – contestó rápidamente Inuyasha.

"Entonces, ¿con quién hizo que te casaras?" – nuevamente le preguntó.

"Con Totosai Youkai, el hermano de Onigumo"

"No he escuchado hablar de ellos. ¿Por qué fue un mejor partido que tu Miroku?"

"No lo sabemos, Totosai era rico pero no se igualaba a la fortuna de mi padre. Y por favor no me preguntes más; no es que no quiera comentarte todo, es sólo que no se que pretendía papá con ese matrimonio ni con el de…" – interrumpió lo que estaba a punto de decir.

Inuyasha se dio cuenta de que continuaban ocultándole algo.

"No te preocupes, ve a atender al pequeño Shipo"

Kagome se quedó en la habitación con Inuyasha, Sango fue a la alcoba con Shipo en sus brazos.

"Me gustaría que confiaras en mi Shaoran, creo que no tienes una relación muy estrecha con tu padre, yo tampoco me llevaba bien con el mío pero lo respetaba mucho, ¿qué es lo que sientes por el conde?"

"¡No es de tu incumbencia!"

Inuyasha estaba familiarizado con el miedo, y sus diversas caras y eso es lo que había en la mirada de "Shaoran". ¿Qué le había hecho su padre?

Sango regresó. Comieron y se dedicaron a ver qué era lo que harían.

"Papá nos reconocerá al instante, tal vez podríamos quedarnos aquí y mandar una nota a Miroku" – dijo Sango.

"No lo creo conveniente, estarán revisando las posadas de la zona constantemente" – respondió Inuyasha.

"En ese caso también tendrá vigilado a Miroku" – reflexionó Kagome.

Ya pensaremos en eso, de momento yo soy una ventaja. Ambos pensarán que Sango tratará de escabullirse para estar en contacto con Miroku pero no sospecharán nada del Capitán Inuyasha Taisho, sólo tendré que adoptar mi verdadera personalidad. Tengo mi uniforme en el baúl. Deberías ir a acostarte Sango.

Sango obedeció dejando a Inuyasha y a Kagome solos, existía en él un conflicto entre su propósito noble de ayudarlas y los deseos carnales que "Shaoran" despertaban en él. Quería quebrantar las barreras que aun ella sostenía. Deseaba saber toda la verdad, ayudarla y hacerle el amor. Pero se trataba de la hija de uno de los hombres más poderosos del país. No entendía que siendo quien era estuviera viviendo en una cabaña y con la vestimenta de hombre.

"¿Qué haremos para pasar el rato?" – pregunto Inuyasha

"Cuéntame de tus aventuras en el ejército" – respondió rápidamente Kagome.

Inuyasha le platicó los lugares donde había brindado sus servicios, Kagome estaba fascinada escuchando los lugares tan lejanos que él conocía. La plática iba en dirección peligrosa

No creo que seas un hombre peligroso – le dijo ella.

Ponme a prueba y verás – el vino que estaba tomando Inuyasha hacía que su mirada fuera aún más hermosa y la dirigiera con demasiado interés hacia su cuerpo.

Kagome salió precipitadamente de la habitación hacia el pueblo. Inuyasha no pudo reaccionar a tiempo para detenerla, se sentía responsable por eso y decidió seguirla pero no podía hacerlo rápidamente, tenía que seguir aparentando que era una mujer.

Caminó buscando a "Shaoran" hasta llegar a un callejón donde hablaban unos hombres, escuchó algo que le interesaba por lo que se escondió.

"Te digo que he visto a esa golfa" – decía el primero hombre.

"Ésa no es la hermana que buscamos" – respondió es segundo hombre.

"Sango debe estar aquí también, no tiene caso que la otra salga sin ningún motivo; desde que cometió ésa infamia prácticamente es una prisionera"

"Pero ya registramos la cabaña hace dos días y no había rastro de Lady Sango"

"Pues o nos estaban mintiendo o Sango no había llegado"

"Dígame como puedo reconocerla"

"Es fácil, su cabello esta tusado, su padre la castigo cuando la encontró in fraganti en situaciones non santas" – rió descaradamente.

Inuyasha se sobresalto, ¿con quién habían encontrado a "Shaoran? ¿Por qué la persona con la que la habían encontrado no había permanecido a su lado? El coraje apareció en su rostro, pero recordó que no llevaba su espada. Deseaba con toda su alma poder saltar y partirle la cara a los desgraciados que hablaban de esa manera de "Shaoran".

Además esta vestida con ropa de hombre, su padre pensó que con el horrible corte de cabello y con la mísera ropa que le había dejado la obligaría a permanecer encerrada.

Diciendo esto se dirigieron a la zona donde habían alcanzado a ver a Kagome. Inuyasha acomodó las enaguas como pudo y emprendió la marcha lo más rápido que pudo. Había estado en ese pueblo antes por lo que conocía los caminos que llevaban al lado del río donde le habían dicho que se dirigía el joven.

Rápidamente se acercó a Kagome tomándola por la cintura arrastrándola a un tronco que servía de banco.

¡Viene Onigumo! – le dijo rápidamente para que no se resistiera.

Lo único que se ocurrió para cubrirla fue besarla y ponerle el sombrero como pudo, a nadie le extrañaría que una pareja de enamorados se encontrara en ése lugar.

Kagome se puso rígida, Inuyasha tenía sus labios pegados a los de ella, pero estaba pendiente de sus perseguidores. Los hombres entraron en la escena buscando por todas partes hasta que detuvieron su vista en la pareja de enamorados. Inuyasha se dedicó a la tarea de besarla, Kagome se mantenía firme con los labios fuertemente apretados, pero conforme la ternura de los labios de él se incrementó los de ella se volvían dulces. Inuyasha trataba de mantener la cordura, pero el sabor de ella era un afrodisiaco insuperable. Kagome cerró los ojos y la respiración de ambos se aceleró. Él la estrechó con más fuerza, tratando de darle placer.

Kagome debía pensar que Inuyasha la suponía un hombre, seguramente esa idea regreso a la cabeza de ella porque se puso tensa, el hechizo se había roto y tuvieron que interrumpir el beso porque Onigumo estaba frente a ellos.

"¡Bankotsu, mi amor, nos han descubierto!" – gritó Inuyasha el nombre de su propio hermano fue lo primero que se le vino a la mente, eso y apretar el rostro de "Shaoran" contra su pecho para que no lo reconocieran – "Tú tranquilo, mi amor, entre mis brazos nada te ocurrirá. Sólo la muerte podrá separarnos" –aparentando una voz femenina.

"¿Está loca? No tenemos ningún interés en usted ni en su amante… Dígame ¿han visto pasar por aquí a una joven, una con el pelo totalmente asimétrico?

Inuyasha observó detenidamente a su rival.

"Disculpe caballero, pero entenderá que en estos momentos aunque hubiera pasado el rey no lo habría visto" – respondió con total calma Inuyasha.

Ambos hombres miraron con desprecio a la pareja y se alejaron. Instintivamente Inuyasha apretó contra sí a Kagome, su cuerpo reaccionó ella se encontraba acurrucada en su pecho. ¡Dios! Podría hacerle el amor de manera sublime, el recuerdo del sabor de su boca era hermoso. Pudo sentir el bulto de sus senos sobre todo cuando ella respiraba, la pierna de Kagome estaba entre las piernas de él, provocando una tortura maravillosa. No pudo evitarlo y acarició delicadamente la nuca de ella quien, se estremeció de pies a cabeza.

Recordó lo que había escuchado, la habían encontrado en con otro hombre, lo que significaría que no era virgen. No le gustó la idea, el pensar que era una cualquiera no era de su agrado.

"¿Se han ido?" – preguntó ella sin atreverse a salir de su escondite.

Había algo que le decía a Inuyasha que era inocente. Seguramente se había dejado llevar por su primer amor. Pero, ¿quién había sido su amante? De muy mala gana la soltó. Ella se puso de pié sin mirarlo a la cara.

"Les oí cuando decían que te habían visto y que te iban a atrapar… no se me ocurrió otra cosa para evitarlo" - le dio Inuyasha.

"Será mejor que vayamos por Sango y nos vayamos"

"Si, pero no podemos ser descuidados, ¿qué tanto te conoce Onigumo?

"Me conoce muy bien"

Inuyasha estuvo a punto de preguntarle había estado en su cama, la duda lo estaba matando.

"Regresemos a la posada"

Regresaron sin ningún inconveniente. A pesar de todo, Inuyasha estaba contento porque los días de monotonía habían terminado. Entró riendo a carcajada limpia.

"¡Esto no es un juego!" - dijo Kagome.

"Y… ¿Crees que no lo sé? No te enojes, además tu tuviste la culpa por haber huido de la manera en la que lo hiciste"

"Ok, acepto la responsabilidad" – dijo algo apenada – "Debemos irnos"

"Tal vez sea mejor esperar hasta que Onigumo se vaya"

"No sé puede que establezca su punto de partida de aquí y si es así no tardará en registrar la posada"

"Me encanta tener a un compañero con ideas claras. Ve a despertar a Sango, simularemos el cuento de Bankotsu y su amante que se dan a la fuga"

Kagome se sonrojó pero se dirigió a despertar a su hermana pero se detuvo antes de entrar en la habitación.

"¿Cómo has podido hacerlo?, ¿Cómo has podido besar a otro hombre?" – le preguntó.

"Muchacho… sólo ha sido un beso… en los lugares donde he estado los hombres se besan con más libertad que aquí. Además, ¿no me digas que en el colegio no has practicado? No te preocupes, siempre he tenido claro que a mí me gustan las mujeres.

Kagome volvió a sonrojarse y entró inmediatamente a la alcoba.

Cuando estuvo adentro, no despertó inmediatamente a Sango, se quitó el sombrero, observó el espejo. Hace mucho tiempo que no lo hacía porque recordaba todo lo que su padre le había hecho.

La imagen del espejo pasó a segundo plano, recogió el peine de Sango… peinó su escasa cabellera. Detuvo el movimiento, dejó el peine y se llevó su mano derecha la boca…

"Me besaste… Te amo, Lord Inuyasha" – pensó.

¡No! ¡Eso no! ¿Cómo pudo llegar a sentir eso? Ella no iba a volver a confiar en ningún hombre… tal vez había sido su manera de sostener a Shipo, su ternura con Sango… o su amabilidad hacia "Shaoran".

Se apartó del espejo.

No podía estar fantaseando en eso, no en esos momentos de peligro. Además no quería que el corazón se le rompiera. Si le decía que era una mujer, tendría que contarle también de quien se trataba… de esa ramera de la que todos hablaban, lo más seguro era que si se llegaba a interesar en ella sería para un revolcón en su cama y no más.

Y debía tener alma de ramera, porque el pensamiento de estar en sus brazos la hizo estremecer…

El beso que le había dado hace unos momentos era el culpable. Después del leve roce que significo el beso con Seshomaru, Onigumo lo había hecho también a la fuerza. Ella tratando de buscar protección se lo dijo a su padre, pero sólo le contestó que no fuera remilgada con su futuro esposo. La siguiente vez que lo intentó le clavó las tijeras en la pierna.

Sin embargo con Inuyasha… todo había sido tan diferente, había deseado que continuara… pero si aún sabiendo la verdad Inuyasha se interesaba en ella, no soportaría las burlas, el escándalo que ella viene arrastrando. Jamás encontrarían la felicidad.

Kagome tomó una decisión, debía hacer a un lado sus sentimientos, lo importante era poner a salvo a su hermana y su sobrino y ella dejaría que Inuyasha siguiera su camino sin el lastre que ella significaba.

Era lo mejor para todos.

Continuará

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