Lady Escándalo
Capítulo 6
No hay ningún futuro
Kagome despertó a Sango tratando de no espantarla, le explicó como estaba la situación por lo que se apresuraron en preparar las cosas para reemprender su camino.
Inuyasha le había comentado a una de las criadas de la posada sobre su huída con su joven "amante", lo hizo para justificar la manera en la que partirían.
Mioga tuvo listo el carruaje por lo que Inuyasha envió a Sango, Shipo y "Shaoran" por delante, al esperarlo en el interior, Kagome se dio cuenta que Onigumo se acercaba a la posada seguido de su sirviente, su primer impulso fue gritar para prevenir a Inuyasha, quien también en ése momento salía pero no fue necesario; él había adoptado su papel de mujer mayor que estaba de fuga con su "amigo", se cubrió el rostro con un periódico y echo a correr apenada como lo haría cualquier mujer que estaba haciendo algo indecente.
Subió al carruaje y una vez que tomó su lugar golpeó el techo para indicar a Mioga que iniciara la marcha. Sango estaba muy asustada, arrinconada apretando contra su pecho a su hijo.
"¡Nos perseguirá!" – dijo Sango.
"No creo, ya hemos partido, obviamente va a preguntar en las posadas por ti pero no encajamos en la descripción".
"Pero, si pregunta por el bebé… podrá atar cabos y puede que nos persiga…" – intervino Kagome.
Inuyasha sabía que el punto débil de su plan era el bebé. Golpeó nuevamente en el techo mara indicarle a Mioga que apresurara el paso.
"Por favor Inuyasha, si nos atrapan prométeme que harás todo lo posible para que a mi bebé no le pase nada" – suplicó Sango.
"Te prometo que nada le ocurrirá a Shipo, lograremos escapar. Confía en mí." – le respondió tomándole cariñosamente la mano.
Kagome no podía apartar su mirada del rostro de su acompañante, deseaba con todas sus fuerzas que fuera a ella a quien le tomara la mano, que a ella le dijera que todo iba a salir bien y que iba a protegerla. Haber aceptado sus sentimientos no le facilitaba las cosas. Pensando esto dirigió su atención al nuevo ejemplar del periódico que había traído Inuyasha. El encabezado hablaba de la desaparición de Sango, sintió escalofrío a lo largo de su espalda. Si hablaba de Sango, el artículo hablaría de su familia y del escándalo de su hermana. Seguramente él no estaba enterado de nada porque cuando todo aquello ocurrió se encontraba enfermo. Estaba totalmente absorta en sus pensamientos que no notó que Inuyasha le hablaba.
"Shaoran, trata de relajarte, debemos inspirarle confianza a Sango. Bien… escuchen, suponiendo que Onigumo nos persiga tendrá que ir haciendo paradas a lo largo del camino en las posadas. Por lo que su velocidad no será la que quisiera. Sin embargo, estaba considerando la opción de cambiar de dirección, hacia Winchester. Ahí tengo un amigo que nos podrá dar cobijo y sobre todo saldremos de la ruta en la que seguramente él nos perseguirá" – expuso Inuyasha.
"Pero, si sospecha corremos el riesgo de que revisen cada carruaje" – respondió Kagome.
Así es, pero estarán buscando a una mujer madura, un joven, una doncella y un bebé… no ¿es así? Por lo tanto, debemos transformarnos en otros personajes. ¿Qué tal un militar que viaja con su esposa? Sango puede hacer el papel de mi esposa y por supuesto desapareceremos al bebé"
"¡¿Qué?! – respondieron ambas.
"Tranquilas, lo que quiero decir es que lo ocultaremos en uno de los baúles, si esto no es posible, es bastante normal que un militar y su esposa tengan un bebé"
"Pues se nos hará difícil viajar en esas condiciones hasta donde se encuentra Miroku"
"Claro que no, si como sospechamos los caminos hacia el cuartel estarán vigilados sólo iremos a Winchester, ahí ustedes me esperarán. Yo iré sólo en su busca, le contaré todo y entonces será él, el que se traslade"
Sango se emocionó con la idea, tal vez funcionaría.
"Por supuesto que funcionará… y yo podré deshacerme de este ridículo disfraz. Bien, Sango serás mi esposa, Shaoran serás el mozo de cuadra"
"Pero tendremos que hacer el cambio dentro del carruaje, no hay otra manera de no levantar sospechas"
"Vaya Shaoran… veo que piensas en los detalles…" – Inuyasha hizo una pequeña pausa – "Bien, así lo haremos y la mujer madura, su amante, la doncella sospechosa y el bebé habrán desaparecido"
Pero en ese momento Kagome se dio cuenta que su plan tenía una falla. Ella tendría que cambiarse frente a él… Bueno, simplemente se pondría la ropa de mozo encima de la que traía.
En la siguiente parada pasaron los baúles al interior del carruaje, cuando salieron del pueblo bajaron las persianas y empezaron con el cambio. Kagome sostuvo al bebé mientras Sango desataba los listones del vestido de Inuyasha. Ésa situación le recordó lo que había vivido con él, un recuerdo que iba a atesorar en el futuro, cuando estuviera sola… en menos de un par de días se separarían, él se olvidaría pronto del joven llamado "Shaoran", ni siquiera llegaría a saber que era una mujer, una mujer que… lo amaba.
Desvió su atención al bebé que estaba muy tranquilo pero con ganas de jugar, le dio el periódico con la esperanza de que lo rompiera pero no llamó su atención, Kagome vio la espada de Inuyasha, la tomó y dejó que Shipo jugara con el mango y las cintas que colgaban de él.
"No vayas a dejar que toque el filo" – le dijo Inuyasha
No estaba molesto porque él bebé estuviera babeando las cintas… estaba segura de que algún día sería un gran padre…
Después de que Sango soltara los listones, Inuyasha se deshizo de las prendas con rapidez, provocando la risa de Sango.
Kagome lo observó, trató de desviar la mirada de los fuertes músculos de su pecho, de sus piernas…
A él le costó mucho trabajo poder cambiarse en un espacio tan pequeño, tuvo que pedir la ayuda de "Shaoran", Kagome se sintió incómoda ante la situación, sin embargo era probable que fuera la última ocasión de estar tan cerca de él, por lo que decidió disfrutar de los mínimos toques que debía darle para acomodarle las medias.
Inuyasha se quitó el maquillaje y se peinó. Tenía una apariencia impecable con su uniforme. Aunque para ella se veía bien con cualquier vestimenta.
Sango se cambió con el otro vestido que llevaba, no tuvo ningún problema de hacerlo porque no se quitó las enaguas y el corpiño que llevaba abajo del vestido.
Kagome sólo se quitó el corbatín que llevaba, se puso encima de las prendas que llevaba la vestimenta de mozo y el sombrero. Inuyasha sólo sonrió ante el recato de su joven "amigo".
Inuyasha había tomado al bebé mientras sus acompañantes se cambiaban y se había quedado dormido en sus brazos. Kagome se había recostado para descansar pero no podía quitar la vista de él, quería que quedaran grabadas todas sus imágenes para su futuro. Pudo observar el parecido que tenía con el Duque Seshomaru, seguramente dentro de diez años tendría el mismo aspecto amenazador que su hermano mayor. Sin embargo, su valentía y arrojo era algo que lo caracterizaba sólo a Inuyasha.
Él se había percatado de su mirada, veía como lo estudiaba como si quisiera dibujarlo de memoria después. Deseaba volver a besarla, pero ya habría otras ocasiones… de momento estaba satisfecho que ella no le quitara el ojo de encima. Ya llegaría el momento de explorarse sin ninguna barrera de por medio. Deseaba decirle que sabía que era una mujer, las caricias que había obtenido de ella cuando lo ayudaba a cambiarse habían puesto a prueba su control, poco le faltó para tomarla entre sus brazos y llenarla de besos apasionados y probablemente algo más.
Habían bajado en el pueblo anterior él y Sango para que las personas los vieran y se percataran de que eran una pareja de esposos y no levantaran sospechas. Sin embargo, habían visto a un sospechoso que no les quitaban la vista de encima, por lo que no harían ninguna pausa para descansar.
Kagome estaba preocupada, y estaba segura de que Inuyasha también. Más que la búsqueda de una persona parecía una persecución, seguramente era obra de su padre. Tenía que aceptar que sin la ayuda de Inuyasha las habrían atrapado desde hacía mucho tiempo.
Los pensamientos de Inuyasha iban más o menos por la misma dirección, se sorprendía de la tenacidad de la búsqueda, tenía que haber algo más… algo que continuaban ocultándole.
El bebé requirió atención, lo alimentaron, cambiaron y jugaron con él para que se cansara y durmiera lo suficiente cuando fuera necesario. Kagome observaba con una sonrisa en los labios como Sango jugaba con su bebé. Inuyasha pensó que sería una magnífica mamá. Algo muy profundo se prendió en su interior, absurdamente pensó en decirle: Mi querida Lady… (al no saber su nombre continuó con el único que conocía) Mi querida Lady "Shaoran", me siento profundamente atraído por la idea de casarme contigo y llevarte a la guerra. En el extranjero, no podré estar mucho tiempo contigo a menos que quieras estar con el regimiento aguantando incomodidades y atendiendo a los enfermos y heridos." Suspiró, seguramente ella se sentiría muy atraída por la idea…
Aunque también podría retirarse del ejército, Seshomaru se sentiría muy complacido con esta idea, pero Inuyasha no tenía intensión de hacerlo… ante esto Inuyasha trató de desviar su atención y tomó el periódico para buscar las noticias de la guerra. Cuando terminó preguntó:
"¿Quieren que les lea algunas noticias?"
"Si" – respondió Sango.
"¡No!" – respondió Kagome, quien apenas se había percatado que Inuyasha estaba leyendo el periódico.
Inuyasha no se detuvo, al contrario por la reacción de "Shaoran", lo leía con mayor interés. Examinó las noticias durante un rato hasta que lo encontró. Ahí estaba el artículo de la desaparición de Sango, no había nada que él no supiera sin embargo, llegó a una parte en la que sin mencionar los nombres hacían referencia a la familia de Sango. En particular a su infame hermana. Ahora lo entendía todo… su damisela en apuros era: Kagome Higurashi.
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Continuó leyendo ocultando cualquier gesto que diera a entender que había descubierto la verdad. Dejó el periódico a un lado, notando el alivio inmediato en la cara de Kagome.
Kagome… le iba a costar trabajo asimilar ése como el verdadero nombre de "Shaoran". ¿Era verdadera su reputación? Pero lo que conocía de ella no encajaba, no podría creer que era una desvergonzada que iba de cama en cama. Recordó que en los periódicos que le llevaron cuando había estado en cama para que se entretuviera leyendo algo, había dibujos grotescos del escándalo en el que estaba inmersa, rogaba a Dios porque ella no los hubiera visto.
Sin embargo los detalles de esa situación no los sabía por el periódico, Hoyo, su otro hermano se había encargado de relatarle todos los detalles:
La noche del baile más esperado de la temporada el padre de Kagome le había prohibido asistir, pero Lady Kikio una de las personas más respetadas de la sociedad, había intercedido por ella y junto a su esposo y una docena de personas habían acompañado al Conde Higurashi a levantar el castigo. Y ahí la habían encontrado en su cama con… Onigumo, no podía ser otro… había escuchado que se trataba del cuñado de su hermana.
El escándalo se habría acabado pronto pero la obstinación de ella en no casarse y no seguir las reglas que la sociedad imponía no había hecho más que incrementarlo. Lady Kikio había permanecido en silencio pero la aceptación de haber presenciado el hecho sólo hundió más a Kagome.
No podía creerlo, no podía ser cierto… pero los testimonios, la reclusión en la que vivía… todo apuntaba a que era verdad. Pero no podía creer que fuera esa clase de persona. Pero recordó otra cosa, Seshomaru la había conocido antes del escándalo ¿se había acostado también con él? ¡No! No podía ser… Tuvo que admitir que le inspiraba cierta compasión el padre de Kagome, pero sólo si ella era la desvergonzada que se decía.
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Kagome estaba tensa, estaba segura de que si Inuyasha leía las cosas que "había hecho" la condenaría inmediatamente y, su corazón quedaría destrozado.
"Voy a ayudar a Mioga, ahora que soy un hombre puedo ir ahí sin despertar sospechas" – dijo Inuyasha, y procedió a hacer que el carruaje se detuviera, saliendo inmediatamente de él.
"Cielos, desde que se puso el uniforme se ha transformado" – dijo Sango.
Kagome estaba de acuerdo con su apreciación, Inuyasha se mostraba frio y hasta se había comportado bruscamente.
"Seguramente es un excelente oficial" – trató de justificarlo Kagome. Sabía que una barrera enorme se estaba levantando entre ellos, pero lo mejor que podía hacer era acostumbrarse, pronto él estaría fuera de su vida… para siempre.
"Mira" – le dijo Kagome a Sango, tomando el periódico en la mano - "Dios, mi desaparición en el periódico… Kag… no pensé que también te estaban mencionando a ti…" – terminó de decir cuando leyó la parte donde recordaban el escándalo – "pensé que se olvidarían pronto de todo eso"
"Dudo que eso llegue a ocurrir…" – contestó tristemente.
"La palabra de Lady Kikio y su esposo es intachable, el hecho de que ellos estuvieran ahí hace que toda la sociedad crea ciegamente"
"¡Pero yo no invité a Onigumo a mi cama!, ¡Yo estaba profundamente dormida!"
"Eso no tienes que decírmelo a mí, te conozco muy bien; recuerdo perfectamente como me costaba trabajo despertarte cuando llegaba la institutriz. Pero eso no tiene importancia a los ojos del mundo"
"¿Quieres decir que me tuve que haber casado con Onigumo para evitar el escándalo?"
"No lo sé, probablemente yo lo hubiera hecho. Pero mi carácter siempre ha sido más débil que el tuyo. Me doy cuenta de la difícil situación en la que te encuentras, en parte por Inuyasha"
"¿Qué tiene que ver en todo esto?"
"No negarás que hay algo entre ustedes… me he dado cuenta. Sin duda esta confundido al considerar que eres un hombre, pero cuando descubra la verdad, estoy segura que se mostrará interesado. Es una pena que esa relación no tenga futuro."
"No hay ningún futuro porque no existe nada entre nosotros…" - Kagome trató de mantener la voz firme – "además, nunca se enterará que soy una mujer… estás confundida Sango" – terminó de decir.
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Eran las cinco de la tarde y el sol empezaba a esconderse, entraron a Winchester. Habían llegado a su destino.
Vamos a ir a una pequeña posada, estoy seguro que Onigumo ó tu padre no irán a buscarnos ahí.
Fueron a la posada, dejaron al bebé profundamente dormido en un baúl para que vieran al "matrimonio" y no levantaran ninguna sospecha. Dijo al dueño del establecimiento que quería una habitación para su cochero y otra para él, que dejaría ahí su carruaje y que le interesaba rentar un caballo para explorar los alrededores, su esposa se quedaría en casa de un amigo.
Inuyasha llevaba el baúl con el bebé, que afortunadamente no había despertado. Se dirigían a la casa de su amigo del ejército para pedir alojamiento para Sango y Shipo y "Shaoran".
Su amigo era padre de un niño de cuatro años de edad y una hermosa niña de tres, sólo se encontraban ellos y su esposa porque su él se encontraba con su regimiento.
El niño inmediatamente fue impactado por la imagen de Inuyasha y él se puso a jugar con él. Después de un rato la niña reclamó su atención y él presto se dedicó a jugar con la niña… Kagome estaba atontada observándolo… no sólo con los bebés era bueno… también con niños mayores. Sería un padre maravilloso, lástima…
Mary, la dueña de la casa estaba encantada de recibir a Sango y su bebé, su esposo había sido el soldado que acompaño a Inuyasha en su traslado mientras estaba enfermo. Pero éste se había enfurecido al saber que Seshomaru no había permitido que lo visitara, ya arreglaría cuentas con él cuando se volvieran a ver.
"Bueno, debo irme" – dijo Inuyasha.
Listo, eso era todo pensó Kagome, se iría y eso era el fin. No podía soportarlo. La razón le decía que debía dejarlo marchar pero su corazón le exigía alargar el tiempo de estar con él.
"Creo que debería ir contigo" – dijo, al seguirlo a la puerta principal.
"¿Por qué?" – fue la única respuesta que obtuvo.
"No puedo quedarme aquí, este lugar es muy pequeño, podrían reconocerme y tal vez necesites apoyo con Miroku. Además podrías necesitar mi ayuda, no conoces lo despiadado que puede ser mi padre" – eran puras tonterías, pero no se le había ocurrido nada para justificar la necesidad de acompañarlo. Aunque lo de su padre era totalmente cierto y, estaba segura que Inuyasha no lo tomaba tan en serio.
"Me llama la atención los comentarios que haces de tu padre… ¿Crees que sea prudente venir conmigo?
"Si"
"Está bien, díselo a Sango"
Sango no estaba convencida de dejar ir a Kagome sola con Inuyasha pero no tuvo más remedio que aceptarlo. La besó en la mejilla y con lágrimas en los ojos permitió que se marchara.
Kagome caminaba junto a Inuyasha por la oscura calle.
"Te gustan los niños…"
"¿Y a ti?"
No podía contestar como lo haría como mujer.
"No entiendo mucho de niños" - y esto era verdad, no había tratado con menores y había conocido a su sobrino apenas hacía unos días.
"Yo tampoco, soy el menor en mi familia… seguramente si hubiera crecido con muchos alrededor no los toleraría, pero los encuentro refrescantes"
Se detuvieron ante el Banco del pueblo, que obviamente a esas horas estaba cerrado, sin embargo Inuyasha había llamado impaciente a la puerta. Ser parte de la nobleza tenía sus ventajas, porque en cuanto el dueño del abrió y supo de quien se trataba poco le faltó para estar a sus pies y esperar sus órdenes. Solicitó una cantidad de dinero y se apresuraron a salir. Inuyasha le explicó que lo conocían muy bien porque Shikon, la propiedad más grande de su familia, estaba relativamente cerca y Seshomaru, era accionista del Banco.
A Kagome no le quedaba claro porque si Shikon estaba tan cerca no habían ido ahí, estarían mucho más seguras porque su padre nunca se atrevería a enfrentar al Duque Seshomaru Taisho.
Fueron otra vez a la posada para rentar un segundo caballo y el posadero les comento que había estado ocupado atendiendo al sirviente de un gran señor que le preguntaba por una desdichada mujer desaparecida. Eso era preocupante.
Preguntó si tendría lugar para su mozo, pero al ver que iba a ser alojado junto a Mioga decidió decir que también era su ayuda de cámara por lo que lo necesitaba cerca. Ambos se quedarían en la misma habitación. Kagome trató de evitarlo pero no lo consiguió.
Fueron a su pequeña habitación, era sencilla pero hermosa, si fueran otras las circunstancias le encantaría estar ahí con Inuyasha.
"Más vale que no ronques Shaoran, si me despiertas yo te despertaré a ti"
Kagome se quedó callada. La cena estaba deliciosa, era eso o tenían demasiada hambre. Ella no se quedó con la duda y a pesar de que corría el riesgo de recibir una respuesta grosera se aventuró a preguntar porque odiaba tanto a su hermano.
"No lo odio, lo que pasa es que es muy entrometido, no quiere que regrese al regimiento, no ha entendido que ya no soy un niño. Y con su carácter está acostumbrado a obtener lo que quiere, puede ser encanto y crueldad al mismo tiempo"
Kagome supuso que ella trataría de hacer lo mismo, mantenerlo a salvo.
"Tal vez te este buscando"
"Creo que tienes razón. Vaya… tu padre, Onigumo y Seshomaru… tenemos suerte de no haber sido capturados todavía, no te preocupes Shaoran, lo lograremos. Bueno, ya solo queda el postre, tienes que probar estos pastelillos, están deliciosos… abre la boca "
Kagome observaba el pastelillo, recordando el que habían comido anteriormente, se veía delicioso. Humedeció sus labios con la lengua y abrió la boca.
"Muerde" – le dijo Inuyasha.
Kagome obedeció saboreando despacio el sabor limpiándose con la lengua el resto que había quedado en sus labios. Inuyasha no apartaba la vista de su compañero, sin duda ésta situación se prestaría para seducir a su pareja. Kagome se puso nerviosa ante su persistente mirada.
"Esta delicioso"
"Ah ¿sí? – Inuyasha volteó el panecillo y mordió la parte que previamente había comido ella. También limpió sus labios con la lengua y volvió a morder.
Kagome lo observaba y decidió levantarse abruptamente para terminar con esa situación tan peligrosa.
Inuyasha la observaba, el deseo de hacerle el amor le estaba causando un ligero mareo. Estaba convencido de que era una libertina ante su insistencia de acompañarlo, aceptar compartir su habitación… pero estaba dispuesto a seguir su juego, tal vez una ligera experiencia haría que la obsesión que sentía desapareciera.
Pero la idea de estar confundido, de que sus primeras impresiones de que era inocente y que todo había sido un terrible error se hacía presente. Algo le decía que no debía aprovecharse de la situación. Decidió poner distancia de por medio.
"El baño esta final del pasillo, enseguida regreso" – dijo Inuyasha, levantándose inmediatamente y saliendo de su habitación.
Kagome debía estar contenta de haber salido de ésa situación comprometedora, pero lo único que llenaba esa habitación era su ausencia. Tal vez debería regresar en ese mismo momento donde se encontraba Sango. Se sacó la idea de la cabeza, acomodó el camastro y se acostó fingiendo que estaba profundamente dormida.
Él tardó en regresar. Estaba empezando a preocuparse pero en ese momento se abrió la puerta, escucho como se quitaba las botas y se acomodaba en la cama. Kagome se imaginó que se sentiría estar acostada al lado de Inuyasha, de su cuerpo caliente. Trató de desechar estos pensamientos, no le hacían ningún bien y no podría conciliar el sueño.
Inuyasha por su parte temía y a la vez anhelaba una invitación, su excitación no había disminuido a pesar del paseo que había dado y cualquier cosa iba a provocar que se le olvidara toda decencia y tomara a la mujer que estaba en la habitación con él.
Ambos trataron de conciliar el sueño, plenamente consientes de la presencia del otro.
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¡¡Hola!! Respecto a lemon entre estos dos… no sean impacientes…
Gracias… Les mando muchos besos… y les dejo un pequeño regalo:
Adelanto del siguiente capítulo:
"¿Quieres reunirte con él?"
Ella negó con la cabeza.
"Entonces, ¿qué es lo que quieres?"
"Te quiero a ti…"
