Lady Escándalo
Capítulo 7
¿Cómo había llegado a ésta situación?
Al día siguiente Kagome se despertaba… ¿dónde se encontraba?, no reconocía el lugar. Pasaron unos segundos para que recordara la aventura en la que se había metido y el hombre que estaba en la cama en el mismo cuarto que ella.
Desde el camastro no alcanzaba a ver el lugar en el que su acompañante debía estar recostado, decidió pararse para asearse antes de que él lo hiciera, pero al voltear se percató que no había nadie en la cama, inmediatamente lo buscó con la mirada. Inuyasha se encontraba sentado al lado de la ventana con las piernas cruzadas y la observaba fijamente.
"Estuve a punto de despertarte muchacho, prepárate. He pedido el desayuno en cualquier momento vendrán a dejarlo"
Kagome sólo se levantó y se dirigió tras un biombo donde se quitó la ropa de mozo, quedándose con las prendas de mejor calidad. Desayunaron rápidamente en un tenso silencio.
Rentaron un par de caballos de buena raza, capaces de enfrentar los caminos en malas condiciones.
"¿Debemos llegar hoy con Miroku?" – se atrevió a hablar Kagome.
"Todo dependerá de que el tiempo mejore" - Inuyasha lo decía porque desde la madrugada el clima había empeorado, la lluvia aunque no era fuerte era lo suficientemente molesta para retrasar el paso de los caballos – "pero anímate, pronto estaremos con Miroku y los problemas de Sango se terminarán… así podremos ocuparnos de los tuyos"
"¿Mis problemas?"
"No voy a permitir que regreses a tu encierro, si puedo hacer algo para ayudarte. Recuerda que soy un caballero andante"
"Pero yo no soy una damisela en apuros"
"Así es… pero aún así me gustaría ayudarte… ¿Qué falta has cometido para que te traten como he visto?"
"He desobedecido" – contestó Kagome, con la mirada perdida al frente.
"Vaya, tu padre es un hombre muy estricto. ¿Cuánto va a durar tu castigo?"
Eso no lo podía soportar Kagome, no estaba dispuesta a confesarle que su condición duraría mientras estuviera viva, aunque la tentación de contarle todo lo que estaba pasando era enorme.
"Mis problemas son míos… mi Lord. Cuando hayamos conseguido que Sango se case con Miroku yo regresaré a casa con Kaede y usted se habrá librado de nosotros" – Kagome apresuró el paso de su caballo para cortar cualquier nueva pregunta de su acompañante, pero su corazón estaba destrozado, pronto acabaría ésta situación… pronto no volvería a ver Inuyasha Taisho.
La cabalgata fue extenuante, afortunadamente tras su exilio Kagome se acostumbró a montar a horcadas de lo contrario no hubiera aguantado el ritmo del viaje.
Se detuvieron a comer en un pueblo cercano, en ésta ocasión Inuyasha decidió que lo harían en el área común, ésta decisión desconcertó a Kagome hasta que entendió que lo hizo para saber que ocurría a su alrededor… y las cantinas eran excelentes lugares para enterarse de la vida obra y gracia de la gente de la zona.
Se enteraron que había patrullas por todos lados buscando a una joven dama desquiciada que traía en sus brazos al heredero de un aristócrata y sobre todo, había una muy buena recompensa por entregarla.
Continuaron su camino, el cielo nuevamente se oscureció; la lluvia amenazaba con hacerse más fuerte… después de un rato cabalgando, el caballo de Inuyasha perdió una herradura por lo que se vieron obligados a parar en la siguiente aldea. También decidió que de acuerdo a como estaban las cosas y el clima empeorando lo mejor sería no continuar con su camino hasta el día siguiente.
En la posada no había nadie sospechoso, encontraron habitaciones libres y el mozo de ahí se encargaría de la herradura del caballo. Habitaciones… eso era bueno pensó Kagome, no iba a volver a pasar por la tentación.
A lo largo de la calle, había varios carteles con el dibujo de Sango con la leyenda de que se encontraba desaparecida y que había una recompensa. Sin embargo comparando su retrato, que habían sacado de su boda, y con su aspecto actual pocos serían capaces de decir que se trataba de la misma persona. Inuyasha y Kagome intercambiaron una mirada de complicidad, la persecución tenía sus fallas.
Se encontraban con el posadero cuando se escuchó:
"¡¡Inuyasha Taisho!! ¡¡Sigues vivo!!" – dijo un oficial que salía de la cantina.
"¡¡Kohaku!!" – contestó Inuyasha, - "¡¿Cómo estas amigo?!" – se dieron un fuerte abrazo.
"¡Hoy es tu día de suerte! Escuche…" – le dijo al posadero – "el Capitán Taisho no necesitará habitaciones, se quedará en la Hacienda"
"¿La Hacienda es tu casa? – preguntó Inuyasha.
"Claro que no… es la de Renkotsu" – pasó su brazo por los hombros de Inuyasha y lo sacó de la posada, Kagome sólo pudo seguirlos.
Los dos compañeros del ejército se dedicaron a platicar y a ponerse al día de los asuntos bélicos y de la salud de Inuyasha, quien prácticamente había ignorado a Kagome. Kohaku se percató de la presencia del "muchacho" por lo que le preguntó al capitán si iba acompañándolo. Lo único que ella pudo hacer fue sentarse relativamente cerca de los amigos y esperar.
Ella se sintió desplazada, ése era el verdadero ambiente en el que él se desenvolvía. En ese momento entraron otros dos oficiales visiblemente borrachos. Uno de ellos era nada menos que el oficial que los había detenido cuando Inuyasha estaba disfrazado. Se alegraron mucho de ver sano a Inuyasha… se daba cuenta de que era una persona muy querida. Al seguir la conversación escuchó que uno de los nuevos amigos era Renkotsu quien insistía en llevarse a Inuyasha a pasar la noche en su propiedad.
Inuyasha se llevó aparte a Kagome.
"Será mejor que vaya, tú te quedarás aquí, es un lugar seguro lejos de las rutas comunes"
"¡No!"
"Mira Shaoran… conociendo a Renkotsu estoy seguro que aquello será un completo desmadre, quédate aquí"
"¡¿Pero qué tenemos aquí?! ¿Es tu mozo?" – intervino Renkotsu.
"Si, no te preocupes… se quedará aquí…"
"¡De ninguna manera! Mis criados también están de fiesta… tengo lugar para tu muchacho… ¡Va con nosotros!"
Sin dar oportunidad de negarse, Renkotsu prácticamente arrastraba hacia el carruaje a Kagome. Ella no pudo más que mirar de forma desconcertada a Inuyasha, quien sólo levantó los hombros pero su mirada demostraba que estaba molesto. Pero tenía razón al permitir ésta situación, de lo contrario podría levantar sospechas.
n el carruaje iban incómodos, Inuyasha empujó a Kagome de manera nada amable hacia el suelo del carruaje, a sus pies; afortunadamente estaba alfombrado.
Como casi todos iban pasados de copas empezaron a cantar estrofas estúpidas y de doble sentido, Kagome levantó la mirada un par de veces sólo para observar como Inuyasha se llevaba una botella de vino a la boca. El muy sinvergüenza parecía querer estar a tono con sus compañeros.
Cuando llegaron a su destino, sintió como unas manos la levantaron y la guiaron hacia abajo del carruaje. Inuyasha parecía molesto, enfadado sería una mejor palabra para describirlo. Mientras sus acompañantes se metían a la casa hablaron.
"Lo siento, no se me ocurrió que decir para evitar venir…" - dijo Kagome.
"Yo tampoco pude pensar nada… escúchame bien… voy a encontrar un lugar seguro para ti y te lo juro: más te vale que no te atrevas a salir de ahí o si no te voy a dejar el trasero bien colorado" – la tomó fuertemente de uno de los brazos – "limítate a cerrar los ojos y taparte los oídos…"
Entraron en la propiedad, se notaba que pertenecía a una familia de dinero. Estaba muy bien cuidada y los muebles que empezaron a aparecer en su trayecto eran de buena calidad. Sin embargo Kagome dejó de observar estos detalles porque su atención se dirigió a las personas que se encontraban a lo largo de las siguientes habitaciones… personas desnudas recostadas en los sillones en el suelo, en las escaleras… absortas por el clima de bebida y lujuria… Kagome estaba en medio de una orgía.
El brazo de Inuyasha más que aprisionarla ahora le servía de apoyo Kagome. Sus acompañantes se habían perdido entre la multitud a excepción de Renkotsu, quien veía a sus múltiples invitados con satisfacción en el rostro.
"Tu muchacho puede ir a la parte de atrás de la casa" – dijo el anfitrión.
"Prefiero que se quede conmigo, no me dijiste que se trataba de una orgía Renkotsu"
"¡¿Qué fiesta crees que sería capaz de dar yo?!" – contestó, pasando por alto lo extraño que se le hacía que Inuyasha no permitiera que el "muchacho" se fuera – "¿Qué pasa Inuyasha?, no me digas que la edad te ha hecho puritano"
"Sólo estoy preocupado por mi uniforme… ¿hay algún lugar donde pueda cambiarme?"
"Debe haber en el piso…" – interrumpió la idea porque una morena de cabello rojo (claramente se trataba de una peluca) y con una máscara se acercó a Renkotsu y se frotaba contra su cuerpo. Llevaba los senos sin cubrir – "en el piso de arriba…" - alcanzó a terminar la idea, pero olvidándose inmediatamente de ellos para centrar toda su atención en su amable acompañante.
Kagome estaba sorprendida ante las caricias que le prodigaba la "chica" que había tomado por asalto al dueño de la casa. Si alguien la tocaba así estaría en problemas… se darían cuenta de que no era hombre. Puso más atención a su alrededor… más de la mitad de las mujeres llevaban el rostro cubierto por máscaras. Al observar nuevamente a la persona que se estaba besando y acariciando con Renkotsu se percató que se le hacía conocida… era alguien que ella había visto antes…
"Con que te gusta mirar ¿eh? Creo que te he traído al lugar adecuado" – atrajo su atención Inuyasha que al mismo tiempo la jalaba hacia las escaleras para subirlas, situación nada fácil al tener que esquivar a las personas que literalmente mantenían relaciones sexuales en los escalones ó el alcohol había hecho que quedaran dormidos y deshacerse de por lo menos tres mujeres que se acercaron a él a hacerle propuestas indecorosas.
"¡Vaya… vas a estar muy ocupado!" – dijo Kagome muy enojada.
"Todo sea por una buena causa… no podemos levantar sospechas" – contestó fríamente Inuyasha.
Una mujer bajaba por las escaleras… apenas iba vestida con un camisón que dejaba ver gran parte de sus pechos… no obstante esto, cuando vio acercarse a Inuyasha y a Kagome hizo lo posible por mostrar todos sus encantos…
"Vaya… un par de amantes" – se acercó a Kagome quien sólo pudo apretarse más hacia Inuyasha – "me gustan los jóvenes… mi especialidad son los jóvenes…" – no pudo continuar insinuándose porque Inuyasha jaló a Kagome apartándola de ella – "vaya que desperdicio… hombres como ustedes deben estar en la biblioteca"
"¡Demonios!" – dijo Inuyasha una vez que se encontraban suficientemente lejos de la prostituta – "estas arruinando mi reputación… voy a tener que meterme con las mujeres de allá abajo para recuperarla"
"Tú tienes la culpa de que estemos en esta situación… te recuerdo que son tus amigos"
Inuyasha sólo la observó como si quisiera matarla con la mirada.
Un fuerte ruido en el piso inferior, en la puerta principal que se alcanzaba a ver desde donde se encontraban, les llamó la atención. Un nuevo puñado de gente llagaba… Kagome estaba aterrada… su hermano Kouga estaba ahí… él podría reconocerla a pesar de su apariencia de hombre.
"¿Qué pasa? – le preguntó Inuyasha, al notar la palidez en su rostro.
No pudo obtener respuesta porque en ese momento tuvo que presionar su cuerpo con el de ella empujado por una dama que era perseguida por su pareja de esa noche, ella iba prácticamente desnuda, cubierta apenas por un camisón corto que no tapaba absolutamente nada y su perseguidor iba desnudo de la cintura para arriba, al llegar a la habitación que se encontraba frente a Kagome e Inuyasha, la atrapó e inmediatamente se desabrochó el pantalón, Kagome no pudo observar lo que pasó después por que Inuyasha se encargó de cerrar la puerta.
Kagome estaba atónita por lo que había presenciado durante ésa noche… pero principalmente por la llegada de Kouga… él había creído que ella había invitado a Onigumo a su cama; si la encontraba ahí seguramente la mataría. Además estaba Inuyasha… seguramente pelearía con él y no tendría oportunidad… Kouga era un excelente tirador.
Buscaron una habitación vacía… en medio del pasillo lleno de prendas; pero por los ruidos que había cuando se acercaban daban a entender perfectamente cuando tenían ocupantes y en más de una habían visto la acción que se llevaba a cabo en su interior. Por fin llegaron a una vacía.
Kagome no pudo reprimir una risa nerviosa…
"Lo siento…" - dijo Kagome ante la mirada de Inuyasha.
"Ésta debe ser la habitación del propio Renkotsu" – dijo Inuyasha, sacando de una bolsa su traje de viaje – "si mi ayuda de cámara viera el estado en el que está el traje se suicidaría"
"No tienes que preocuparte por eso… en minutos te lo arrancarán" – dijo Kagome evidentemente enojada.
"Seguramente... ésas quieren sangre fresca… ¿estás seguro que no quieres venir Shaoran?"
"No gracias, seguramente es un terreno lleno de sífilis…"
"Estoy seguro que el anfitrión estuvo pendiente de que estuvieran limpias al invitarlas aquí" – contestó Inuyasha, mientras se quitaba el uniforme y se ponía el traje.
"¿Y las damas? "
"¿Qué pasa con ellas?
"Las mujeres que traen máscaras no son rameras"
"Eso depende de lo que consideres ramera"
Kagome no podía apartar su vista de Inuyasha… estaba increíblemente guapo con su traje…
"Bien… ¿qué te parece?" – preguntó cuando terminó de arreglarse.
"¿Crees que alguien te va a mirar antes de arrancarte la ropa?"
"MMM… Probablemente no… pero tengo que mantener mi imagen" – dijo esto mientras se dirigía a la puerta y la abría con la llave – "además no es mi intención enredarme con alguien… debemos dormir para continuar nuestro viaje mañana… pero tengo que dejarme ver un rato. Regresaré tan pronto como me sea posible… Cierra la puerta con llave… y no abras a nadie que no sea yo… ¿entendiste?"
"De acuerdo, te aseguro que no tengo intenciones de compartir esta cama con nadie…"
"Oh… pero tendrás que hacerlo… lo harás conmigo"
"Pues… entonces dormiré en el suelo"
"Eso realmente me ofendería muchacho"
"Es una manía, siempre duermo solo"
"Eso lo veremos…" – dijo al salir de la habitación.
Kagome no perdió el tiempo y cerró la puerta con llave… no la abriría… tal vez ni siquiera a él…
"¡¡Diablos!! ¿Cómo había llegado a esta situación? – pensó Kagome.
Fuera de la habitación, Inuyasha esperó hasta que escuchó como cerraba con llave… lo había obedecido… que valor había tenido Kagome… ¿Hasta cuándo iba a seguir con la farsa…? ¿Hasta cuando él podría protegerla como debía? Una ovación se escucho en el piso de abajo…
Si hubiera sabido la fiesta que se estaba llevando a cabo… hubiera buscado un pretexto para no venir. Pero ahora que Kagome estaba a salvo podía relajarse un poco y se sentía un poco aliviado… porque independientemente de lo que hubiera pasado… ella seguía siendo un ser inocente. No quería dejarla, ninguna de las mujeres que se encontraban ahí le llegaban a los talones a su damisela… ninguna ejercía la mas mínima atracción pero ella… Bajó las escaleras deseando regresar pronto con Kagome.
Kagome caminaba de un lado a otro por la habitación… se imaginaba a Inuyasha atendido por alguna de las mujerzuelas… estaba furiosa… empezó a tocar su propio cuerpo… ella no era fea… si fueran otras las circunstancias ella incluso podría compararse con Lady Kikio… ese pensamiento la desconcertó… ¿por qué en éste momento se había acordado de ella? Un ejemplo para la sociedad, una mujer de reputación intachable, imagen del decoro… ella había sido una de las personas que la habían sorprendido con Onigumo en la cama… Lady Kikio…. Lady Kikio…
Oh… ¡Por Dios! Lady Kikio era la mujer que había recibido a Renkotsu…, por eso se le había hecho conocida.
Se preguntó si estaría equivocada, era imposible… pero estaba segura… la peluca cubría su larga cabellara negra, la máscara su hermoso rostro. La gran Lady Kikio estaba ahí haciendo de puta. La duda de si la había reconocido vino a su mente. Pero no, era imposible… su atención, su mirada, así como sus manos estaban completamente dirigidos a otros asuntos. Quien iba a imaginársela en un sitio como ese. Y justamente ella había tendido la desfachatez de condenarla… cuantos hipócritas más había en ésa casa… personas de la alta sociedad que se preocupan de condenar a los demás sin ver lo que ellos mismos hacen. Iba a averiguarlo, se dirigió a la puerta pero recordó a su hermano, él la reconocería. Dudó. Se volteó a la habitación vio el closet y fue a abrirlo pero solo encontró ropa de hombre… estaba frustrada… fue a la habitación continua. Era obviamente una habitación de mujer.
¡Sí! Fue al closet y encontró ropa femenina así como accesorios, no era de su talla pero serviría. Los vestidos eran hermosos… se deshizo de su ropa y se puso una camisola de seda blanca elegantemente terminada con encaje, después se puso una enagua blanca adornada con cintas amarillas… encima se puso un peto bordado con escote en forma v, tuvo dificultad en atársela pero lo consiguió, recordó como había ayudado a Inuyasha a disfrazarse y se imagino cómo sería ser vestida o desvestida por él. Se puso un vestido de seda negro con pequeños adornos amarillos. Su diseño era con los hombros descubiertos y muy escotado… se sentía incomoda, nunca había vestido de esa manera. Se puso unas medias que encontró y unos zapatos que le quedaban algo justos pero soportaría la incomodidad. Quitó el paliacate de la cabeza y se apresuró a peinarse de la mejor manera… tuvo problemas para hacerlo pero no tenía demasiado tiempo y su cabello apenas llegaba a la altura de los hombros… cortesía de su padre.
Pero el pequeño mozo de cuadra se había transformado en una hermosa y atrevida mujer.
Un pensamiento rodo por su mente… ¿y si ése era el cuarto de Kikio? Inspeccionó la habitación con cuidado, encontró algunas cartas firmadas por Renkotsu pero eran dirigidas a una tal Dulce, pero existía la posibilidad de que la llamara de una forma distinta. Continuó buscando, se pasó a la habitación principal hasta que en una chaqueta colgada encontró una carta. Estaba dirigida a Renkotsu pero firmada por Dulce. El mensaje era bastante pecaminoso. Pero la carta se caracterizaba por una exquisita letra. Kagome se guardo la carta en el bolsillo, tenía más ganas que nunca de continuar con su investigación, quería pruebas contundentes para identificar a Kikio y descubrir a cualquier otro hipócrita.
Consiguió pintura para los labios y un poco de colorete para las mejillas. Se observó en el espejo, estaba perfecta… el oficial no la reconocería porque ahora era ella misma, una mujer y su hermano… esperaba que tampoco, nunca se había vestido tan atrevida. Sólo bajaría un momento, no le interesaba llamar la atención… aunque con la presentación de las damas que ahí se encontraban dudaba que lo hiciera.
Pero… ¿y si encontraba a Inuyasha? ¿La reconocería? Lo más probable era que le diera una buena nalgada… procuraría mantener la distancia… en lo que respecta a las propuestas indecorosas confiaba en que los hombres estuvieran borrachos para poder evitarlos…
Bien… por ultimo la máscara… se la ató firmemente. Era de terciopelo negro que cubría perfectamente sus ojos. Vio un frasco de perfume pero al olerlo le pareció horrendo… recordó el que Inuyasha había comprado… fue a la bolsa que él llevaba y lo encontró, se aplicó un poco entre los pechos y debajo de las orejas.
El objetivo de todo esto era obtener alguna información que permitiera recuperar su reputación… sólo así existiría la remota posibilidad de relacionarse con Inuyasha sin máscaras de por medio. Las lágrimas llenaron sus ojos ante el pensamiento de que esto sería imposible, pero no lloró, salió de la habitación.
Cerró el cuarto con llave y cuidadosamente la guardó en un bolso del vestido. El pasillo estaba vacío, no así las habitaciones. Buscó las escaleras del servicio, no le apetecía llamar la atención bajando por las principales. Se escabulló por la cocina, donde encontró a los criados en posiciones indecorosas pero absolutamente perdidos en el sueño provocado por el alcohol. Más adelante se escuchaba música, gritos, carcajadas… gemidos… siguió explorando el lugar, entró en el comedor donde dos parejas estaban tiradas en el suelo retozando. Otra habitación estaba destinada al juego, ahí vio a Lady Urasue, pero esa información no le servía de nada. Todo el mundo sabía su debilidad por las cartas.
Y llegó la primer dificultad seria: pasó junto a la mesa y uno de los jugadores la tomó de la muñeca haciendo que se agachara, pasó su mano por el borde de sus senos.
"¿Estás sola querida?" – le preguntó
Kagome no quiso armar un escándalo alejándose de él de manera rápida, le dio un beso en la mejilla y se sentó en su regazo, al no permitirle ver sus cartas existió la reacción que esperaba.
"Demonios mujer… no me dejas ver mis cartas" – dijo empujándola de ahí.
Se alejó lo más rápido posible. A lo largo de las habitaciones las exhibiciones de lujuria iban en aumento, juegos extraños, retos ó simplemente parejas, tríos o más personas teniendo relaciones. Pero algo, más bien alguien llamó su atención, era nada más y nada menos que el Duque Taisho, Seshomaru también se encontraba ahí, aunque su rostro imperturbable y aparentemente aburrido. Su confianza se esfumo, quiso irse en ese momento a la habitación, nunca se hubiera imaginado encontrar al hermano de Inuyasha y él seguramente estaba buscándolos.
¡Dios!, podría encontrar a Inuyasha ahí… y como iba a avisarle sin evidenciarse ella misma. Se fue de ahí trastabillando hasta lo que era el despacho, encontró un pedazo de papel y una pluma. Escribió Seshomaru está aquí, tendría que encontrarlo y ver la manera de entregarle ese papel a Inuyasha.
Fue a la siguiente habitación encontrando un grupo de personas que danzaba alegremente, pudo reconocer por lo menos a otras cuatro damas intachables. La tristeza la invadió, utilizar esa información equivaldría a provocar en sus familias dolor y vergüenza insoportables.
Su mente estaba perdida en eso cuando un hombre la agarró y la metió en la danza abrazándola fuertemente, era Kouga.
"¿Cómo te llamas preciosa?" – al notar que no le contestaba siguió diciendo – "si estas de incógnita… no te preocupes dame un nombre falso…"
"Tsubaki" – dijo acordándose de una tía muy lejana.
"No es mi nombre favorito… pero es igual" – le contestó y la besó.
Kagome estaba aterrada… se quedó helada.
"¿Qué pasa linda? ¿No soy de tu gusto?
"Lo siento señor… no estoy bien… necesito un lugar para vomitar…"
"Vaya… ve por este lado y estarás fuera de la casa… buena suerte" – contestó Kouga soltando una carcajada.
Kagome no perdió tiempo y se fue. Su hermano riendo fue algo hermoso que le recordó al Kouga de antes, él se había enfurecido con ella y había tomado la misma postura que su padre una vez que ella se había negado a casarse con Onigumo. Lo observó mientras él encontró a otra pareja y se alejaba.
Kagome volvió a entrar viendo a lo lejos a Renkotsu y a su amante… estaba segura de que se trataba de Kikio, iba a acercarse pero otro hombre se plantó enfrente.
"¿Sóla? No… creo que ya no…" - le tendió la mano para invitarla a bailar, era el capitán Suikotsu quien todavía llevaba el uniforme aunque en pésimas condiciones.
Kagome no pudo rehusarse y bailó con él, hasta que éste decidió tomarla por la cintura y levantarla por los aires dándole vueltas, le aterró que la máscara se le cayera. La bajó pero esto hizo que la falda quedara atrapada por lo que sus piernas se podían ver. Suikotsu la besó, Kagome no se podía zafar, la forzó a abrir la boca invadiendo el espacio con la lengua.
"Eso está mejor… ¿estás acompañada?" - Le preguntó cuando la liberó del beso
"Si" – fue lo único que pudo contestar.
"Vaya… es una pena" – pero una mano se dirigió a uno de sus senos y lo apretó.
"Si es una pena, señor… lo que pasa es que no me quería dar de comer y me escapé… tengo un hambre atroz señor… me está doliendo el estomago" – dijo Kagome tratando de huir.
"Bueno, supongo que Senkotsu tiene algo de comer, vamos a necesitar energías. Pero dime, estás segura que quieres comida para el estómago, estoy seguro de que puedes comerme a mí, te aseguro que te llenaré…"
Kagome no sabía qué hacer, como irse de ahí.
"Claro que sí señor, estoy segura… pero de verdad… tengo mucha hambre…"
Senkotsu la tomó del brazo y la dirigió a otra de las habitaciones, iba a ser imposible escabullirse, la agarró fuertemente. Alguien chocó contra la espalda de ella y ésa persona se disculpó, era la voz de Inuyasha. Una parte de ella quería esconderse y otra quería pedirle su auxilio.
"Senkotsu… veo que has encontrado a alguien a quien abrazar" – dijo Inuyasha.
"Así es" – volteó a Kagome y la tomó de los senos – "te presento a Lord Inuyasha Taisho"
Kagome observó a Inuyasha, estaba impecablemente vestido, sorprendiéndola porque tenía más de una hora en aquel lugar.
"Encantado señorita" – la saludó Inuyasha, haciendo una reverencia digna de una dama.
"Mucho gusto, estaría encantada de poder servirlos a los dos" – dijo Kagome con la esperanza de poder escapar estando cerca de Inuyasha.
"Lo lamento querida, pero esos no son mis gustos" – le contestó Inuyasha – "pero búscame más tarde…"
"Olvídalo amigo, ella no podrá ni ponerse en pié. Además ésta señorita tiene un apetito atroz, estamos buscando comida"
"Te creo amigo, vamos, sé donde guarda Renkotsu la comida, los acompañaré"
Continuaron caminando, pasaron por una ventana, ahí estaba Seshomaru, rodeado de hombres de la alta sociedad. Volteó a ver a Inuyasha quien al parecer no se había dado cuenta de su presencia.
Llegaron a una sala donde en dos enormes mesas había comida, Senkotsu se acercó a prepararse algo, ése era el momento para escapar, pero Inuyasha seguía a su lado. Además tenía que darle el papel avisándole de Seshomaru. Inuyasha se inclinó para tomar algo de la mesa, en ese momento ella se acercó depositando el papel en una bolsa de su saco.
Él se volteó inmediatamente como si por primera la viera. Kagome observó a Senkotsu que continuaba distraído.
"Debo irme, tengo que ir al baño…" – dijo apresuradamente.
Inuyasha observó también a Senkotsu.
"Vamos, te enseñaré donde es" – contestó, tomándola fuertemente de la muñeca y prácticamente arrastrándola fuera de la casa. Sólo pudieron escuchar el grito de Senkotsu.
"Pero ¿qué está haciendo?" – alcanzó a decir Kagome quien se moría de frío.
"Buscarte un sitio para que puedas hacer tus necesidades… eso es lo que quieres ¿no? O ¿qué? ¿Senkotsu era más grande de lo que podías tragar?" – contestó Inuyasha muy molesto, no se parecía en nada a la persona que ella conocía.
"Es que hace mucho frío"
Inuyasha se quitó el saco y se lo puso, aprovechando esto la acercó a su cuerpo tanto como pudo.
"¡¡Mi lord!!"
Inuyasha la cayó con un beso, sus labios no permitían duda; pero no era necesario Kagome se derritió en ellos. Llevaba mucho tiempo anhelándolos, no importaba que no supiera de quien se trataba… iba a aprovechar esos instantes y los atesoraría… para su futuro.
Él la soltó e hizo que se escondiera tras unos arbustos, Senkotsu había salido a buscarlos. Tras unos minutos volvió a la casa.
Inuyasha se levantó, jalándola a ella.
"¿Quieres reunirte con él?" – le preguntó Inuyasha.
Kagome negó con la cabeza, quería quedarse con Inuyasha y dejar que el mundo se destruyera.
"Entonces… ¿qué es lo que quieres?" – le preguntó nuevamente.
Ella no tuvo la menor duda… probablemente iba a ser su única oportunidad de amar a Inuyasha sin arrastrarlo con ella al escándalo.
"Te quiero a ti" – apenas susurró Kagome.
"Me pregunto ¿por qué?"
Kagome se quedó callada, Inuyasha acarició su mejilla bajando su mano por el cuello hasta llegar a su pecho, deslizó sus dedos por debajo del corpiño hasta tocarle el pezón. La respiración de ella se agitó, tuvo que recargarse en el enorme árbol que había a sus espaldas.
Inuyasha acarició suavemente de manera circular la aureola provocando que ella se estremeciera. Él apretó su cadera contra la de ella empujándola con mayor fuerza hacia el tronco del árbol.
"Me quieres a mí… ¿no es así?... Bien… mi pequeña libertina… porque yo también te quiero a ti…" – retiró su mano de la deliciosa caricia que le daba y le tomó por la muñeca, la jaló hacia la parte posterior de la casa.
"¿Dónde vamos?" – preguntó Kagome.
"Vamos a evadir a mi amigo… no voy a pelear por ti… no vales la pena…"
Su respuesta hundió a Kagome en la desdicha… pero era lógico… él pensaba que ella era una ramera… ¿quería que la tratara así? No importaba, aquella iba a ser la única oportunidad de estar con él, y no la iba a desaprovechar.
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¡¡Hola!!
Esto se pone bueno…
Adelanto del siguiente Capítulo:
"…me parece que no tienes tanta experiencia…"
"… parece como si te hubiera puesto crema…"
Dejó caer la cabeza hacia atrás…
"No tengo nada para ti Inuyasha Taisho"
"No pienso estar con ningún otro hombre…"
Gracias por sus reviews… : p
