Lady Escándalo
Capítulo 8
Yo quiero todo de tí
Entraron en la cocina, el calor que ahí reinaba la reconfortó al instante, un par de criados algo borrachos trataban de mantener abastecidas las habitaciones con la suficiente cantidad de alcohol; mientras que el resto de sus compañeros continuaban tirados en un rincón con los efectos de la misma bebida.
Ninguno de los dos sirvientes se dio cuenta de que Inuyasha tomaba una canasta y metía en ella rebanadas de carnes frías, pastelillos de frutas y un tarro de nata, así como una botella de vino y un par de vasos. Al ver que Kagome no entendía lo que hacía, le aclaró la situación.
"Has dicho que tienes hambre… y yo pretendo satisfacer todas tus necesidades…" – al decir esto sus labios mostraban una sonrisa, sin embargo el tono que había usado continuaba siendo frío y distante.
Tomó un par de velas y las encendió, condujo a Kagome por las escaleras de servicio hacia lo que él consideraba era el área de la casa destinada a los niños, que seguramente estaba vacía en ésos momentos.
Inuyasha estaba muy molesto… después de todo Kagome si era una fresca. Él se había encargado de dejarla a salvo en la habitación y ella había salido a su verdadero ambiente. El único motivo por el que ella estaba en ésa fiesta era que buscaba los placeres que podía darle un hombre. Tenía ganas de llorar…
Pero iba a poseerla, si ella pensaba que se iba a burlar de él como lo había hecho con Suikotsu estaba muy equivocada. Pronto terminaría con la obsesión que había despertado en él y que lo atormentaba.
Él se encargaría de que lo recordara… probablemente iba a ser uno más de sus amantes… pero no iba a olvidarse de Inuyasha Taisho.
Llegaron a un área de la casa totalmente vacía y algo polvorienta, sin embargo se encontraba tan alejada del lugar donde se estaba llevando a cabo la orgía que hasta perecía una realidad alternativa.
Inuyasha entró en una habitación que debió pertenecer a la niñera porque estaba una cama individual cubierta por un edredón. En la chimenea había todavía leña por lo que intentó prenderla. Dejaron las cosas que llevaban en las manos en el suelo. Kagome se acurrucó en el abrigo de Inuyasha percibiendo su olor, disfrutándolo. Pero en ese momento la duda la asaltó… no era posible que ella estuviera en una habitación a solas con un hombre.
Inuyasha utilizó libros en pésimas condiciones para prender la leña de la chimenea. Kagome se acercó al fuego.
"Tardará en hacer calor" – dijo Inuyasha.
"No importa… por lo menos hay algo de luz" – respondió Kagome.
Inuyasha bajó el colchón de la cama poniéndolo en el suelo y colocó el edredón, haciendo una reverencia dijo:
"Su sofá mi Lady"
No había marcha atrás… Kagome se sentó en el colchón, Inuyasha acercó la canasta y se colocó al lado de ella cubriendo las piernas de ambos mientras el fuego calentaba la habitación.
"¿No tienes frío? – preguntó Kagome
"No"
Kagome no pudo sostener su mirada, el sólo hecho de verlo hacía que su temperatura aumentara. Sabía que en cualquier momento Inuyasha la tomaría… sólo rogaba que fuera antes de perder el valor… él abrió la botella de vino, sirvió y de entregó uno de los vasos.
"Necesito comer… de verdad tengo hambre…" – dijo Kagome, tratando de distraerse y distraerlo a él.
"¿Qué pasa?, si no comes ¿te emborracharas?... Tal vez te prefiera borracha, cariño…"
"¿Cree que necesito estar borracha para que usted pueda hacer lo que le plazca conmigo?"
"No… estoy seguro que no…" - contestó Inuyasha, estiró su brazo acariciando con la mano los labios de Kagome… la respiración de ambos se aceleró – "de niña ¿te dijeron alguna vez que no debías jugar con la comida?" - tomó una rebanada de carne y la enrolló – "¿a qué te recuerda esto?" – lo dijo haciendo alusión a un pene.
Kagome lo miró desconcertada… no sabía a qué se refería.
"Es un rollo de carne… ¿no?" – respondió inocentemente.
Inuyasha se quedó pensativo, pero continuó.
"Claro, supongo que es demasiado pequeño…" – envolvió dos rebanadas más – "¿Así te gusta más?" – puso el rollo de carne en su mano izquierda de ella e hizo que con la derecha lo tocara en la entrepierna.
Kagome se sorprendió, no sabía cómo reaccionar… pero no podía comportarse como una damisela asustada… se suponía que era una ramera. Mostró la mejor sonrisa que pudo.
"Come" – dijo él suavemente.
Kagome no tenía ganas de comer, pero no se podía negar. Pasó la lengua lentamente por sus labios y dio un mordisco, Inuyasha no había permitido que dejara de tocarlo por lo que al momento de probar el bocado, Kagome sintió movimiento en la entrepierna de él; se estaba excitando. No sabía cómo debía reaccionar una ramera en esas circunstancias. Trató de apartar su mano, pero él la mantuvo ahí.
"Quiero vino" – dijo Kagome, pensando que eso lo obligaría a soltarla, pero esto no ocurrió, él utilizó la mano que tenía libre para darle de beber directamente en la boca, sin que ella tocara el vaso y luego tomó del mismo.
"Come, vas a necesitar energías…" – le dijo suavemente al oído.
Kagome no entendía, lo que estaba pasando, dejó el trozo de carne a la mitad.
"Creo que ya no tengo hambre"
"Yo creo que eres una mujer de feroces apetitos…" – Inuyasha soltó la mano de Kagome permitiendo que la retirara de su entrepierna, para alcanzar los pasteles y la nata que había tomado de la cocina. Mientras tanto, Kagome notó la llave de la habitación que sobresalía de su bolsillo, tuvo la precaución de esconderla debajo del colchón.
Kagome observó a Inuyasha, quien a su vez veía los pastelillos… ella sabía lo que seguiría… parece que a él le gustaba la usar la comida para seducir, como había ocurrido en las anteriores dos ocasiones. En su interior la temperatura ya estaba más que elevada… recordar aquellas cosas habían prendido algo en su interior.
Inuyasha mordió el pastelillo y el relleno chorreó su mano… era de sabor fresa.
"Perfecto" – dijo Inuyasha, el sabor le encantaba.
Subió la mano que estaba manchada con el néctar de fresa a la boca de Kagome quien lo observaba como hipnotizada, obedeció la orden no dicha… lamió el líquido. El sabor era irresistible no contenta con lamer, chupó la palma limpiando en lo absoluto el dulce sabor.
Inuyasha retiró la mano con suavidad y le acercó el panecillo.
"Come" – le dijo.
Ella lo mordió pero el néctar escurrió de nuevo, él lo inclinó haciendo que el relleno cayera sobre los pechos de Kagome. Ella reaccionó tratando de cubrir el vestido pero él no le permitió hacerlo, haciendo además que se acostara.
Inuyasha limpió con su lengua lentamente, hasta la última gota que había caído en el pecho de ella quien estaba desconcertada por las sensaciones que la invadían. Eso fue aprovechado por él para desabrochar el corpiño y quitárselo a la par de la falda. De pronto estaba cubierta sólo por la camisola y una enagua; un extraño sentimiento de duda… de si él la encontraría atractiva o no, la asaltó. Inuyasha recorría el contorno de sus senos con el dedo índice.
"¿Le gusta lo que ve, mi Lord?" – preguntó en un susurro que apenas se escucho.
"Eres hermosa… como bien sabes…" – Inuyasha sólo contestó esto y llevó sus manos a los listones que sostenían la máscara para quitársela.
"¡No! ¡La máscara se queda!" – respondió llevando sus propias manos para impedir que se la quitara.
"¿Tanto te preocupa tu reputación?"
"Si"
Inuyasha acarició suavemente la mejilla.
"Dime al menos tu nombre"
"No, no puedo… sólo llámame Tsubaky"
"¿Tsubaky?" – Inuyasha acercó su rostro y la besó de la manera más tierna y a la vez profunda. Kagome tenía ganas de llorar, de hecho las lágrimas llenaron sus ojos pero afortunadamente la máscara no permitieron que se vieran.
Inuyasha repentinamente se alejó, Kagome se sentó temiendo haber hecho algo que lo disgustara pero su sorpresa fue ver que se había alejado para tomar el tarro de nata. Él le sonrió y dejo caer una cucharada de nata sobre la clavícula de Kagome e hizo que se volviera a acostar. Con su dedo él esparció la nata sobre el pecho de Kagome, bajando el camisón dejándola desnuda de la cintura para arriba. Continuó esparciendo el dulce alimento por sus senos, alrededor de los pezones que estaban deliciosamente erectos. Kagome estaba esperando ansiosa sentir sus labios por esa zona, tal como lo había hecho con el relleno del pastel, pero se quedó sorprendida cuando el dedo que había utilizado para esparcir la nata le era ofrecido.
"Come. Tienes hambre"
Kagome sólo probó con la lengua. Estaba deliciosa, tenía un leve toque de licor de naranja.
"Está muy buena… no deberíamos desperdiciarla" – fue lo único que pudo decir.
"Oh… no la vamos a desperdiciar" – al terminar de decir esto tomó más nata del tarro con el dedo y nuevamente se lo ofreció – "esta vez no sólo la pruebes, cómetela toda, dulce Tsubaky. Toda"
Kagome estaba hechizada por la forma en la que la miraba sólo pudo obedecer llevándose el dedo a su boca y saboreó la nata, iba a soltarlo pero él le indicó lo contrario.
"No, quédatelo… chúpalo… despacio…"
Enseguida, bajó su rostro hasta un pezón y lamió la nata que ahí se encontraba, Kagome se estremeció y chupó el dedo ofrecido. Inuyasha continuó su tarea con el otro pezón pero esta vez dio un ligero mordisco que sumió a Kagome en el delirio, en la delicia total. Ella mordió de manera similar el dedo.
"Muy bien preciosa… enséñame lo que quieres"
Kagome se quedó quieta, no sabía a lo que él se refería hasta que apenas tocó el dedo con su lengua, Inuyasha en seguida repitió la caricia con uno de los pezones… entonces ella comprendió el juego. Chupó más fuerte el dedo y él también lo hizo. La entrepierna empezó a palpitarle y su respiración continuaba agitada, escuchó gemidos sorprendiéndose de saber que era ella misma la que los emitía.
Esto pareció agradar a Inuyasha que le pegó aún más su cuerpo rozándola, provocándola lentamente.
"Ven, desvísteme" – dijo al ponerse de pié, ella supuso que esperaba que hiciera lo mismo.
Ella se quedó inmóvil durante unos instantes… ¿acaso él no sentía la misma urgencia de ella? Se repuso y algo mareada por el estado de éxtasis en el que se encontraba se levantó. Se observó con los pechos al aire y restos de nata regados, la enagua parcialmente en su lugar. De manera nerviosa trató de cubrirse y trató de desabrochar el chaleco de él. No podía hacerlo, estaba demasiado nerviosa. Buscó su mirada para ver si encontraba algo que le hiciera seguir, se puso de puntitas para besarlo, él respondió pero se alejó.
"Mientras más rápido termines, más pronto podremos continuar…" - dijo haciendo referencia a desnudarlo.
Kagome pensó que nunca iban a hacer el amor… retomó su tarea hasta desabrochar todos los botones, al llegar a su cintura recordó lo que había tocado cuando ayudó a vestirlo de mujer, se atrevió a acariciar tímidamente el pene de Inuyasha. Él se estremeció.
"Todo depende de la velocidad que quieres que pasen las cosas"
Kagome retiró rápidamente la mano.
"Vaya… toda una experta… no esperaba menos" – dijo nuevamente con el tono frío de hace unos minutos.
Ella no entendía porque cambiaba de humor con tanta frecuencia. Le sacó la camisa del pantalón y la retiró con la cooperación de él para sacársela por la cabeza. Estuvo embobada viendo sus músculos y el pecho marcado por la cicatriz, la acarició con el dedo.
"¿Qué te paso?"
"Un sable… en una batalla, perdí mi mejor uniforme"
Eso recordó a Kagome cuando le había dado la misma explicación a "Shaoran". Vio sus senos cubiertos con restos de nata, tomó un poco con su dedo y la esparció en la cicatriz retirándola después con la lengua, no veía la cara de Inuyasha pero notó que su respiración se aceleraba. Sintió como el bulto en la entrepierna de Inuyasha crecía y presionaba a la altura de su vientre.
"Vamos preciosa… sino te apresuras vamos a desperdiciar mis atributos"
De manera rápida y hasta torpe, Kagome desabrochó el pantalón y reuniendo el valor que le quedaba lo bajó al igual que la ropa interior. El pene de Inuyasha emergió enorme… sin saber porqué lo tomó entre sus manos… pero ahora… ¿Qué debía hacer?
"Bésalo, y se portará muy bien contigo"
Kagome lo soltó inmediatamente; aprovechando esto él se quitó por completo su ropa aventándola a un lado. Ahí estaba desnudo frente a ella. Ella sólo pudo recorrerlo con la mirada, estaba hechizada por sus músculos y su fortaleza. Agachó su cabeza evitando mirarlo directamente a los ojos.
"Necesito que me digas la verdad… no tienes tanta experiencia como pretendes hacerme creer ¿no es así?"
"Es verdad" – ella quería mentir, pero no pudo hacerlo.
"Bien… lo que te voy a preguntar es muy importante… si me mientes lo sabré y te golpearé. ¿Eres virgen?"
Kagome no supo que decir… ella no era virgen físicamente… el último favor que debía agradecer a su padre: Después del desastre con Onigumo su padre había hecho venir a una supuesta comadrona… pensó que lo peor ya le había ocurrido, pero no… su padre hizo que la sujetaran y esa mujer desgarró su himen, desechando cualquier prueba física que significara que era una mujer que no había tenido relaciones sexuales. La amenazaron que si contaba su versión de cómo había pasado todo harían llamar a un doctor que certificaría que ella ya no era virgen.
Ante su silencio, Inuyasha la apresuró.
"¿Entonces? ¿Cuál es la respuesta?"
"No, por supuesto que no soy virgen"
"Es verdad que te golpearé si me has mentido"
"No me harás sangrar mi Lord"
"De acuerdo"
Hizo que se volteara para terminar de desatarle la enagua, los toques de sus dedos en su espalda provocaron que su temperatura se elevara, cuando la ropa cayó él acarició su columna y mordió levemente la nuca de ella. Le dio nuevamente la vuelta y acarició por encima de la camisola los pezones erectos, ella trató de quitársela pero no se lo permitió.
"No, espera… creo que aún no estoy preparado para ver tu belleza completa…" – dijo acostándola nuevamente en el colchón.
"Pues yo estoy preparada para recibirte"
"¿Así?… vamos a ver..." – dijo Inuyasha arrodillándose entre las piernas de ella.
Empezó a acariciarla a partir de los tobillos hacia arriba, sus manos producían una deliciosa fricción al acariciar sus piernas, hasta que llegó a la cara interna de los muslos, ella abrió las piernas totalmente sumisa ante sus caricias. Cuando notó que el acercaba su rostro hacia el lugar donde habían estado sus manos trató de incorporarse.
"Pero, ¿qué me estás haciendo?" – dijo, aunque apenas su voz se escuchó.
"No hagas tantas preguntas" – le contestó él levantando la vista – "¿te gusta?" – preguntó cuando pasaba sus dedos a lo largo del vello de su pubis y más abajo – "claro que te gusta, parece que te hubiera puesto crema también aquí"
Con suavidad deslizó sus dedos en el interior de ella, Kagome se desplomó emitiendo un gemido fuerte equivalente a las sensaciones que él le hacía pasar. Movió sus caderas, buscando una caricia más profunda. Inuyasha puso su rostro a la altura de sus senos y con la boca empezó a chupar uno de los pezones al mismo ritmo que acariciaba con su mano su interior.
Aquello colmó a Kagome, tenía ganas de gritar por el placer que sentía, pero la poca cordura que le quedaba hacía que tratara de controlarse, pero no pudo evitar gemir fuertemente; trató de disculparse pero estaba en condiciones de emitir ninguna palabra, sólo apretó más su cuerpo al de Inuyasha.
Entonces él separó su boca y su mano de las agradables tareas que llevaba a cabo poniéndose sobre ella.
Se deslizó suavemente dentro de ella, penetrándola despacio, estaba deliciosamente apretada.
Kagome noto cómo él suspiró cuando entró completamente, sintió también como salía causándole pánico pensar que la iba a abandonar por lo que lo buscó con la cadera, sintiéndose aliviada cuando volvió a entrar.
"No tengas miedo" – dijo acariciando su mejilla – "vamos a llegar hasta el final"
A partir de ese momento se dedicó a embestirla de manera lenta y tierna al principio, pero algo salvaje se apoderó de los dos provocando que después de unas cuantas fuertes penetraciones hasta que juntos llegaron al clímax.
Kagome estaba aturdida… tan llena y tan vacía a la vez… tratando de controlar su respiración se sentía tan viva… por primera vez.
Inuyasha estaba tendido encima de ella… tuvo que hacer un gran esfuerzo por separarse un poco, feliz de verla complacida.
"Bueno, una cosa esta clara… sólo han sido patanes los que han pasado por tu cama, ¿Por qué malgastas tus encantos en ellos?"
Kagome se quedó callada… quería contarle toda la verdad, pero eso estropearía ese dulce momento; además estaba su amenaza… él la golpearía por haberlo engañado.
"No sabía de lo que me estaba perdiendo"
"¿Y ahora?"
"Ya lo sé"
"¿Qué harás ahora?"
Kagome supo en qué sentido lo decía… volvía a surgir el caballero andante… estaba segura que él pensaba que no era el primer hombre de su vida… pero si el primero en haberla hecho sentir el éxtasis y de cierta manera se sentía responsable. ¿Acaso se dedicaba a ayudar a todo el que se encontrara en el camino? Kagome tenía que liberarlo de esa responsabilidad.
"A partir de ahora, sé lo que valgo… no volveré a vender mis favores a la ligera" – dijo sentándose en el lecho.
"¿Es una promesa?"
Kagome quería decirle la verdad… decirle que lo amaba y que no podía ni siquiera imaginarse con otro hombre. Pero ésa noche era la que podía tener y no la echaría a perder. Miró su pene flácido y escuchó la risa de él.
"Pronto se recuperará" – al decir esto le quitó ahora sí por completo la camisola y la arrastró para que se acostara con él, cubriéndolos a ambos con el edredón.
Estar así en sus brazos, no podía ser más que un sueño.
"Háblame de ti" – de repente dijo Inuyasha.
Kagome se tensó ante su intención de iniciar una conversación.
"¿Serías capaz de tratar de develar los misterios de los que estoy hecha?"
"Claro, te desnudaría completa hasta llegar a tu alma"
"¿Por qué no me cuenta primero sus secretos mi Lord?"
"¿Secretos? Bueno, no es un secreto que los soldados tenemos un terrible temor antes de salir al campo de batalla."
"¿No tienes algún secreto menos militar?"
"¿Acaso quieres una lista de mis amantes?
"¿A eso se reduce todo? ¿Guerra y amor?"
"Así es… Me debes un secreto"
"No puedo develar ninguno, si lo hago me desmoronaré"
Inuyasha se levantó e hizo lo mismo con ella, llevándola ante un espejo de cuerpo completo que había en la habitación. La detuvo al frente de él, Kagome pudo observar la imagen de ambos desnudos.
"Mira… yo te mostraré tus secretos" – dijo empezando a acariciarla, los senos, los rizos de su entrepierna, sin perder un solo detalle de su rostro.
Kagome sentía que se derretía con sus caricias. Dejó caer la cabeza hacia atrás, sobre el hombro de Inuyasha. Nuevamente la respiración de ambos se aceleraba.
"No me gusta esto… no me gusta que te quedes atrás… acompáñame"
"Mentirosa" – le dijo al ver como cerraba los ojos, disfrutando de sus caricias – "puedo descubrir los secretos de tu cuerpo… el que yo los sepa no te hará daño, al contrario… te harás más fuerte" – continuó diciendo, sus palabras tenían un doble sentido que esperaba que ella entendiera – "dime tus secretos".
"¿Qué quieres?" – preguntó ella con temor.
"Lo quiero todo… Confía en mí"
"Yo confío en ti"
"No… confía en mí con todo tu ser"
Kagome levantó la cabeza, las cosas iban tomando un rumbo que no le gustaba.
"No tengo nada para ti… Inuyasha Taisho" – con trabajo Kagome deshizo el abrazo y trató de tomar sus cosas para salir corriendo.
Inuyasha la abrazó y la acostó en el colchón aprisionándola con el peso de su cuerpo y tomándola sujetándola por las muñecas.
"Esto no ha terminado"
"Ya te dije que no tengo nada para ti… Inuyasha" – contestó Kagome tratando de zafarse.
"Claro que lo tienes… yo quiero todo de ti… quiero saber tus secretos"
"No sabes lo que dices, estás loco"
"Claro que lo estoy… ¿o qué? ¿A caso tú no lo estás? Dime… Después de esto, ¿podrías estar con alguien más?"
"¡No pienso estar con ningún otro hombre!"
"¡Confía en mí por favor!" – dijo besándola apasionadamente, Kagome respondió pero no pudo contener las lágrimas, que ahora sí ni la máscara pudo detener, mismas que fueron retiradas tiernamente por las manos de Inuyasha.
"Tsubaky… llora… Pase lo que pase en el futuro, nunca olvidaremos esto."
El volvió a hacerle el amor… Kagome trató de resistirse pero terminó cediendo al hermoso sentimiento, a la cercanía del hombre que amaba… y que pronto dejaría de ver… que pronto se alejaría de ella para siempre…
Tuvo miedo por el ímpetu, la ferocidad con la que él se comportaba pero terminó por responder de la misma manera.
Inuyasha estuvo a punto de hacerla llegar al clímax en dos ocasiones, pero aun ante las protestas de Kagome se detuvo para jugar con el vino y la nata que les quedaba. Estuvo a punto de golpearlo por dejarla colgada y hasta le dijo un par de palabras altisonantes pero él sabía cómo hacer que cayera nuevamente en su embrujo. Acarició su espalda, la besó…
"Vete al demonio Inuyasha, si es que vuelves a dejarme a medias" – dijo Kagome al tener que siguiera jugando con ella, por tercera ocasión.
Inuyasha sonrió ante el reclamo de su compañera. Hizo que se ella sentara y aprovechó esto para quedarse él acostado.
"De acuerdo Tsubaky… entonces muévete tú sola… móntame"
La excitación de Kagome hizo que siguiera las instrucciones, se sentó a horcadas sobre él e hizo que su pene se fuera introduciendo poco a poco en ella. La sensación era indescriptible, cada caricia, cada roce, cada beso… todo era maravilloso. Empezó a subir y a bajar haciendo que la fricción se sintiera extremadamente bien. Observaba el rostro de Inuyasha, el placer que él también estaba sintiendo… pero era la hora de su dulce venganza. Con la fuerza de voluntad necesaria se retiró, quedándose quieta encima de él, apenas permitiendo un leve roce. Inuyasha inmediatamente abrió los ojos y cerró fuertemente los puños en el edredón.
"Pequeña villana… ¿tengo que suplicarte?"
"Si"
"Ok, por favor…" – dijo Inuyasha, sin apartar la vista de los hermosos ojos de su joven amante.
Kagome bajó nuevamente volviendo a introducir el órgano de su compañero en su interior, reinició la fricción, el movimiento hasta que ahora sí, ambos volvieron a deleitarse con la llegada al paraíso.
El cansancio los venció, durmieron un rato. Kagome se despertó, estaba acostada sobre el pecho de Inuyasha. El fuego de la chimenea se había extinguido pero una ligera luz que se dejaba ver a través de las rendijas de la ventana daba a entender que estaba amaneciendo.
Se levantó cuidadosamente para no despertarlo. Con la luz existente apenas podía ver sus rasgos, levantó su mano con la intención de tocarlo, necesitaba tocarlo pero no se atrevió hacerlo.
No pudo contener las lágrimas… era el final.
Después de ésta noche ella tenía que huir, como pudo localizó su ropa, se levantó y se cubrió rápidamente con las prendas, tratando de acomodarlas de la mejor manera. No importaba demasiado, seguramente no se encontraría a nadie sobrio por la hora que era. Sacó la llave que había escondido debajo del colchón y con sumo cuidado salió de la habitación, sin mirar atrás…
Inuyasha abrió los ojos cuando ella salió de la habitación… había sido la mejor noche de su vida y en ese momento llegaba a su fin. Cerró nuevamente los ojos, recordando todo lo vivido durante las pasadas horas, no estaba orgulloso por lo que había hecho; pero estaba contento, todo había salido bien.
Ahora sólo tenía una cosa clara… no podía seguir viviendo sin ella y de ninguna manera iba a permitir que ella lo alejara.
Recordó como la había reconocido… fue el perfume, el que él mismo había comprado soñando que algún día sería ella la que lo utilizara. Pensó que se trataba de una ramera cualquiera y eso lo había herido en el alma, sin embargo ella lo conquistó, lo sedujo con su inocencia. Había esperado que en ese momento ella le confesara que era virgen y estaba dispuesto a respetarla, incluso cuando lo negó y el estaba penetrándola lo hizo con extremo cuidado pensando que descubriría su engaño, pero no fue así, le había dicho la verdad.
Pero estaba claro que no se trataba de una mujerzuela.
Inuyasha sonrió, probablemente en ésos momentos ella estaba adquiriendo su otra personalidad como "Shaoran".
Sin duda tendrían muchas dificultades, demasiadas… la sociedad no iba a aceptar que ella se casara aún con un Taisho y, había un problema mayor: Seshomaru nunca aceptaría su relación, pero no importaba… él se enfrentaría a todos. Además ése sería un buen antídoto contra el aburrimiento.
Se puso de pié, su ánimo estaba renovado. Él lo lograría, ambos lo lograrían…
Continuará
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Adelanto del siguiente capítulo:
…"Este broche a cambio de un beso"…
…"¡Cielos! Sheshomaru está aquí"…
..."Inuyasha… lo importante aquí, es llevar el mensaje a Miroku y hacer que se reúna con Sango"…
Reflejada en el vidrio del establecimiento… Kagome vio reflejada la figura de su hermano Kouga.
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