Lady Escándalo
Capítulo 9
¿Y si estaba embarazada?
Al salir de la habitación Kagome pensaba dirigirse lo más pronto posible al cuarto donde previamente la había dejado Inuyasha, la casa estaba en absoluto silencio, no se percibía movimiento. A estas horas, las personas que se encontraban en la vivienda debían estar durmiendo, cansados por las "actividades" que habían estado realizando a lo largo de la noche y/o por los efectos del alcohol. Kagome deseaba con todas sus fuerzas no encontrar a nadie en su camino.
Se acomodó la máscara lo mejor que pudo y decidió bajar por la escalera, ir por la cocina siendo necesario su paso por la parte principal de la casa. A lo largo de su camino fue encontrando ropa tirada, escuchó ronquidos provenientes de personas que se encontraban tiradas principalmente por los rincones de la casa. Mientras caminaba, no podía quitar la sonrisa de su boca al recordar los momentos vividos con Inuyasha… había sido maravilloso, aunque pasados unos minutos la tristeza nuevamente la invadió; sabía perfectamente que no tendrían un futuro juntos y que ésa sería la única noche que estarían juntos, pero no importaba… había valido la pena.
Apresuró su paso hasta llegar a la escalera principal; lo había logrado, sólo le faltaba subir las escaleras para llegar a su destino, sin embargo… escuchó una voz que la dejó petrificada.
"Vaya… vaya. ¿Pero a quién tenemos aquí?"
Kagome no pudo hacer otra cosa más que voltear hacia donde se escuchaba la voz y ahí estaba nada más y nada menos que el Duque Taisho.
Seshomaru estaba recargado en el marco de la puerta que estaba a unos cuantos metros de la escalera con los brazos cruzados en el pecho, observándola con gran interés.
Kagome lo reconoció al instante, era una persona que no podía pasar desapercibida en ningún lugar, su aspecto era perfecto, dudaba que hubiera participado en alguna de las "actividades" de la casa.
No contestó a su pregunta y recogiendo su vestido trató de retomar su camino pero Seshomaru se interpuso.
"Disculpe mi Lord, por favor permita que pase"
"Dime… ¿quién eres? – dijo él sin moverse un solo centímetro de su lugar, mostrando además una sonrisa que inspiraba miedo, respeto… y una mirada que amenazaba.
Kagome sintió que su corazón iba a salirse de su pecho por el ritmo tan acelerado con el que latía, estaba muy asustada, pensaba que en cualquier momento Inuyasha podía hacer su aparición ó peor aún, pudo haber subido llegado antes que ella a la habitación si había tomado la escalera de servicio.
"Te ofrezco una buena cantidad de dinero a cambio del resto de la noche" – dijo Seshomaru.
"Lo lamento mi Lord, ya casi esta amaneciendo, además estoy muy cansada" – fue lo único que ella pudo responder.
"Vaya… una verdadera ramera nunca diría que se encuentra cansada, sobre todo si hay una excelente paga de por medio. ¿Quién eres en realidad?"
¡Diablos!, había cometido un error; tuvo que haber inventado otra excusa. Kagome trató de pasar por un lado del Duque pero él se movió nuevamente interrumpiendo su huída.
"Pero, ¿qué es lo que quiere mi Lord?" – preguntó de forma desesperada.
"¿Dónde has estado durante la noche, porqué no te había visto?" – continuó preguntándole.
"He estado acompañada por un caballero"
"Ya veo" – respondió Seshomaru, quien a continuación quitó de su saco un broche que tenía el escudo de armas de la familia Taisho, enmarcado por el de su Ducado, estaba hecho de oro y una esmeralda preciosa incrustada – "Este broche a cambio de un beso"
Kagome estaba sorprendida por el ofrecimiento pero también estaba desesperada por llegar a la habitación antes que Inuyasha y además evitar que la encontrara ahí en la sala delante de su hermano.
"¿Permitirá que me vaya después? – preguntó desesperadamente Kagome.
"Permitiré que te vayas… si en ese momento aún lo deseas…" respondió Seshomaru.
Kagome no quería hacerlo… pero ¿Qué otra opción tenía?, no podía empujar al Duque sin provocar su enojo, además de que dudaba tener la fuerza suficiente para moverlo siquiera un poco.
"Está bien, mi Lord"
Seshomaru la tomó de la cintura subiéndola unos un par de escalones de forma que ella ahora estaba un poco más alta que él. Ante el movimiento inesperado, Kagome soltó su la falda que llevaba recogida situación que aprovechó Seshomaru para colocar el broche directamente en la camisola que se asomaba por encima del corpiño y acercándola más a su cuerpo.
Seshomaru apretó el agarre de su mano izquierda sobre la cintura de Kagome poniendo la derecha sobre la nuca, acercándola despacio, uniendo sus labios de manera lenta, hasta delicada. Ella se espantó al sentir la lengua de él recorrer sus labios, debía aceptar que el hombre lo hacía muy bien, sin embargo en ningún momento cerró los ojos.
En su mente estaba Inuyasha y la forma en la que él la había besado, no pudo soportarlo más y se retiró de manera abrupta del contacto.
"Veo que no lo disfrutaste… por lo menos no como yo…"
"Lo siento mi Lord" – contestó Kagome y trató de quitarse el broche, pero Seshomaru la detuvo.
"No, quédatelo… pero… sólo contéstame una cosa: el caballero con el que estuviste ésta noche. ¿Fue capaz de complacerte?"
"Si, mi Lord" – dijo Kagome no pudiendo ocultar una sonrisa en los labios y bajando la vista apenada por la pregunta.
"De acuerdo preciosa, sigue tu camino" – Seshomaru se hizo a un lado y Kagome no lo dudó ni por un instante, subió rápidamente.
Estaba agitada, tenía miedo de que Inuyasha ya se hubiera dado cuenta de que no se encontraba en la habitación. Sacó la llave y cuidadosamente abrió la puerta. No había nadie. Por primera vez desde que había dejado a Inuyasha trató de controlar su respiración, controlar el loco latido de su corazón. Tenía que reponerse de todo lo vivido durante ésa noche para ser capaz de continuar y ayudar Sango y a Shipo.
Además estaba Seshomaru, ¿por qué había querido besarla? Incluso le había propuesto estar con él. Los pensamientos iban y venían y la urgencia por huir de ese lugar crecía a cada momento.
Una vez desnuda, se limpió lo mejor que pudo con un poco de agua que había en el cuarto de aseo. Se lavó la entrepierna, estaba deliciosamente adolorida y un pensamiento llegó de la nada… ¿y si estaba embarazada? Su padre la mataría a golpes. Pero ahora no había tiempo de pensar en eso… pero… tener un bebé de Inuyasha… seguramente él se sentiría obligado a responderle, aunque pensara que no era virgen.
No… eso no podía ser… ella no se iba a interponer entre su familia y su vida en el ejercito. No iba a atraparlo con una maniobra tan sucia.
Se cambió reapareciendo "Shaoran", ocultó la ropa de mujer; le costó trabajo quitar el broche y estuvo a punto de dejarlo ahí, pero pensándolo bien, era una joya muy valiosa y probablemente en su futuro sería muy importante, podría venderla y mantenerse por algunos días. Se puso el broche en la parte interior de su ropa.
Se observó en el espejo y recordó cuando estuvo en esa misma situación con Inuyasha a su espalda acariciándola…
¡Basta! Tenía que dirigir su atención a otras cosas, fue a la ropa de Inuyasha y sacó el dinero que ahí estaba. Tomó la mitad y el resto lo regresó a su lugar, acarició la ropa con temor a que se deshiciera. No iba a volver a verlo. Además, estaba Tsubaky… ¿si Inuyasha sentía algo más por la misteriosa mujer con la que había estado? Los celos estuvieron presentes en un instante, celos de ella misma, celos de pensar que Inuyasha considerara especial a aquella persona aún siendo ella misma.
¡Dios!, pero ¿y si Inuyasha asociaba la desaparición de Tsubaky y Shaoran? Tal vez se dedicara a buscarlos, ya sea a uno o al otro.
Kagome caminaba de un lado a otro pensando en lo que debía hacer…
¡Rayos!, debía quedarse… por el bien de Sango, Shipo, Inuyasha y el suyo propio debía retrasar su desaparición, por lo menos hasta estar segura de que su hermana y su prometido se reunían, de que Inuyasha no estaría obsesionado con Tsubaky y estuviera en la posibilidad de regresar , a su vida antes de conocerlas.
La vida no era justa, ¿por qué tenía que desaparecer si no había hecho nada malo? ¿Por qué era señalada por la sociedad? Esa sociedad que tenía practicas nada decentes como las de Lady Kikio ésa noche, como las de su propio padre, las de Onigumo… si pudiera utilizar a su favor la carta que encontró con la letra de Kikio , si pudiera hacer que confesaran la infamia que habían cometido con ella… tal vez…
Regresó el dinero al lugar del que lo había tomado. Dejó de pensar en tantas cosas, deshizo la cama para dar a entender que había dormido ahí y se sentó a esperar.
En unos minutos se oyó que tocaban la puerta, y el corazón empezó a latir muy rápido, dejó pasar a Inuyasha quien la observaba detenidamente, ambos tenían ganas de abrazarse.
"Espero hayas descansado Shaoran" – dijo Inuyasha.
"Dormí bien, supongo que tu noche estuvo más interesante… no regresaste a dormir aquí"
"Sí bueno… si he dormido… un poco…" – dijo con una hermosa sonrisa en los labios, misma que hizo que Kagome se sonrojara y se volteara para que él no se diera cuenta. Al quitarse el saco cayó el papel en el que Kagome le avisaba que Seshomaru estaba ahí.
Kagome no sabía qué hacer, seguramente no lo había visto.
"¿Es tuyo éste papel?" – fue lo único que se le ocurrió preguntar al levantarlo del suelo y entregarlo a Inuyasha.
"¡Cielos! Sheshomaru está aquí" – contestó Inuyasha al leer lo escrito en el papel – "¿Quién habrá tratado de avisarme?" – dijo observándola detenidamente.
"¿Qué crees que esté haciendo aquí?" - preguntó, tratando de desviar su atención.
"Conociéndolo seguramente sospecha que estoy en la zona y ha venido a cerciorarse de que no esté aquí, será mejor que nos demos prisa, no quiero que mi hermano se entrometa en mis asuntos" - tomó la ropa que le quedaba guardándola en una bolsa y saliendo de la habitación con Kagome detrás de él, se dirigía a las escaleras principales.
"Por ahí no"- dijo Kagome tratando de detenerlo – "será mejor que bajemos por la escalera de servicio, no creo que tu hermano este por ese lado de la casa"
"¡No le tengo miedo a mi hermano!, no voy a huir de él" – se detuvo unos segundos y cambió de dirección, hacia la escalera de servicio.
"Con que no le tienes miedo a tu hermano" – le dijo Kagome un poco enojada.
"No le tengo miedo, sólo trato de no retrasar más el viaje" – le contestó – "vamos a tomar prestados unos caballos de Renkotsu, así no vamos a tener que regresar por los que dejamos en la posada" –
Salieron de la casa sin mayor problema, seguía todo en calma. Sólo se toparon con un par de criados dormidos, que roncaban a pierna suelta y tenían botellas de vino regadas a su alrededor. Sólo tuvieron que sortear al encargado de los caballos, que si bien no estaba completamente en sus cinco sentidos si les había preguntado quienes eran, situación que unas cuantas monedas pudieron arreglar.
A pesar de no saber muy bien donde se encontraban, Inuyasha pudo encontrar el camino principal hacia donde se encontraba Miroku, después de una hora de cabalgar Kagome se sentía muy cansada, por la cabalgata en sí y por no haber dormido la noche pasada. Inuyasha estaba más o menos en las mismas condiciones.
Pronto llegaron a un camino principal, después de que campesinos les confirmaran que iban en la dirección correcta recorrieron el camino sin mayor contratiempo habiendo tramos del camino en los que alcanzaban a ver carruajes.
De repente Kagome detuvo el trote de su caballo, Inuyasha regresó para preguntar qué pasaba.
"He visto el carruaje de mi padre" – contestó Kagome que estaba pálida.
"¿Hacia dónde iba?"
"Hacia donde se encuentra Miroku" – apenas respondió, el pánico que le provocaba su padre era evidente.
"No te preocupes, sabíamos que lo más probable era que viniera para acá" – trató de confortarla Inuyasha tocando suavemente su mano.
"Inuyasha, escúchame... lo importante aquí, es llevar el mensaje a Miroku y hacer que se reúna con Sango"
"¿Qué quieres decir?... ¿Y tú?... ¿Crees que voy a dejar que sufras el castigo por haber abandonado tu prisión?"
"Seguramente me regañará, pero no importa, no será nada grave" – contestó Kagome tratando que su voz no sonara débil.
"Si tu padre sólo te regañará ¿por qué Sango no acudió a él para pedir ayuda?"
"Porque impediría que se case con Miroku"
"¿Sólo es eso?... de no correr ese riesgo ¿ella hubiera ido a pedir su ayuda?"
"Claro" – Kagome mintió, sabía perfectamente que Sango jamás acudiría a su padre sabiendo todo lo que le había hecho a ella – "Mi padre es un hombre estricto, pero sólo hace lo mejor para sus hijas… además yo debería estar donde él me ordenó"
"¿Sería capaz de golpearte?" – preguntó Inuyasha, pendiente de todas las reacciones de su acompañante.
"Probablemente…" – contestó tratando de parecer despreocupada, la verdad es que Kagome, después de lo que su padre le había hecho cuando se negó a casarse con Onigumo, estaba segura que era capaz de hacer cualquier cosa.
En ésa ocasión el "pequeño castigo", como lo llamó su padre, no había tenido la intención de dejarle marcas permanentes… sólo "convencerla" de casarse, sin embargo, había sido lo suficientemente doloroso que tardó dos meses en recuperarse, pero ahora… estaba segura que incluso su vida estaría en peligro. Su padre no conocía la piedad.
Continuaron su camino hasta llegar a una posada, la intención de Inuyasha era dejar a Kagome ahí y acudir sólo a buscar a Miroku. Tendría que llevarla solamente en caso de que él prometido de Sango dudara de su palabra. Durante el camino, le indicó a Kagome que mantuviera abajo la vista para no llamar la atención.
Llegaron a la posada sin incidentes. Inuyasha conversó con el posadero, se enteró que camino había elegido el Conde Higurashi para continuar la búsqueda de su hija "loca" y su nieto y donde se encontraba acuartelado el regimiento al que pertenecía Miroku.
"Aquí me esperarás, ve pensando que vamos a hacer en caso de que Miroku no respalde a Sango, ¿arriesgará su carrera militar por ella?" – le preguntó a Kagome una vez que estuvieron en su habitación.
"Lo hará, lo conozco bien… no habrá problema, además tiene una pequeña propiedad y su familia lo respaldará… claro que no se puede comparar con los Taisho pero lo hará" – contestó Kagome, segura de la reacción de Miroku al saber todo lo que ha pasado Sango.
"De acuerdo, no vayas a salir. Aquí nadie te molestará"
"Bien, date prisa…"
Inuyasha se le quedó viendo, queriendo decirle tantas cosas… hasta que por fin salió de la habitación, Kagome cerró con llave. Caminó por la habitación hasta que se dirigió a la ventana y ahí se sentó. Parecía que el problema de Sango iba a llegar pronto a su fin, pero ella…
Tal vez si fuera capaz de encontrar a la mujer que le rompió el himen… o si utilizando la carta de Kikio la obligaba a modificar su versión y la respaldara… pero eso significaría que tendría que admitir que ella misma había estado en la "fiesta". Sacó la carta y la leyó lentamente… eran unas frases vulgares con las que Kikio le hacía saber a Renkotsu su necesidad de estar con él… obviamente con palabras bastante subidas de tono y haciéndole proposiciones demasiado sugerentes y literales.
Kagome volvió a guardar en su ropa interior la carta, no estaba segura de poder utilizarla… además Kikio había dicho la verdad, la había visto a ella con Onigumo en la cama… No podía ser…
Volteó a ver a las personas que cruzaban la calle y que tenían una vida perfectamente normal… le provocaban una envidia atroz… como quisiera ser ella la que paseaba por la calle del brazo de Inuyasha.
Pero no iba a poder ser… lo mejor era que pensara en algún lugar donde su padre no la pudiera encontrar una vez que se acabara su aventura.
En ese momento el movimiento de un hombre llamó su atención, ése hombre había estado observándola y cuando se dio cuenta que Kagome lo descubrió inmediatamente se fue.
Kagome se espantó, no podían atraparla. Que tonta había sido al sentarse al lado de la ventana exponiéndose a la mirada de los demás. No lo pensó dos veces y se dispuso a salir de la posada, le había dicho a Inuyasha que no lo haría pero algo le decía que estaba en peligro y sobre todo, si la atrapaban en la posada, la iban a asociar con Inuyasha y no podía meterlo en problemas, su padre no pararía hasta destruirlo también a él.
Salió por la parte de las caballerizas por si alguien estuviera vigilando la parte frontal de la posada. No sabía a dónde ir, no conocía el lugar. Caminó por algunas calles tratando de no llamar la atención, se detenía de vez en cuando frente alguna vitrina para asegurarse de que no la siguieran.
Cuando se detuvo frente a una tienda se quedó paralizada. Reflejada en el vidrio del establecimiento… Kagome vio la figura de su hermano Kouga. Estaba parado detrás de ella.
"¡¡Maldita sea, Kagome!! ¡¡Papá me había dicho que habías huido pero no lo podía creer!! ¡¡¿Qué diablos estás haciendo vestida de esa manera?!!
La habían atrapado.
Continuará
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Hola!!
Perdón por la tardanza… les dejo un adelanto del siguiente capítulo…
…Sí que te duermes ¿eh?…
… "Promete que permitirás que Sango se case con Miroku"…
…le golpeó la palma de la mano con su bastón…
…el castigo apenas había empezado…
Nuevamente GRACIASpor sus mensajes
