Lady Escándalo

Capítulo 10

El castigo apenas empieza

Kouga tomó fuertemente del brazo a Kagome para impedir que intentara huir, pero decidió que no quería llamar la atención de las personas que caminaban a su alrededor por lo que decidió empezar a caminar con ella.

Kagome estaba convencida que aunque pidiera ayuda, Kouga podía decir que se trataba de un sirviente y por supuesto le creerían, sin pensarlo buscó a su alrededor; deseaba con todas sus fuerzas que Inuyasha apareciera y la sacara de esta situación pero debía sacarse esa loca idea de la cabeza. De ninguna manera debería pedir ayuda a Inuyasha, lo importante ahora era evitar que su familia se enterara de los planes de reunir a Sango y a Miroku y evitar que su padre supiera que el hermano del Duque Taisho las había ayudado.

Observó a su hermano, con el deseo que convencerlo de ponerse de su lado, pero debía aceptar que Kouga sabía sólo lo que su padre quería, y además, él mismo la había visto en la cama con un hombre, había deshonrado a la familia, había salido del encierro que le habían impuesto y ahora estaba vestida de hombre muy lejos de su hogar.

"Vamos, te llevaré con papá… alquiló una casa no muy lejos de aquí"

"¡No por favor Kouga… déjame ir!" – suplicó Kagome.

"Por supuesto que no, no voy a permitir que seas la querida de cualquier hombre, no encuentro otra razón para que andes de un lado para otro con esa ropa" – le contestó Kouga mientras la obligaba a caminar.

Kagome estuvo a punto de decirle que eso no era verdad, pero tenía que aceptar que la noche anterior si había estado con un hombre.

"¡Te juro que volveré a la cabaña con Kaede!"

"Oh,… claro que lo harás, de eso se encargará papá; si no es que ha pensado algún castigo mayor…"

"¡Ya basta Kouga… soy la infame Kagome Higurashi… que mas da el lugar al que me dirija…!"

"¡No voy a permitir que sigas desprestigiando el buen nombre de la familia… preferiría verte muerta antes que permitir que sigas embarrándote de porquería!" – dijo Kouga que no había aminorado el paso, llegando hasta una zona residencial muy tranquila, donde había una serie de casas pero apenas se veía movimiento de personas tanto en la calle como al interior de las viviendas. El terror invadió a Kagome.

"¡Por favor Kouga! ¡No sabes lo papá es capaz de hacer!"

"¡Por supuesto que se de lo que es capaz, sólo espero que te azote lo suficiente para hacerte recapacitar!"

Llegaron hasta una vivienda de dos plantas, las esperanzas de Kagome se deshicieron cuando vio a Saito, el sirviente particular de su padre.

"Bendito Dios… una de las hijas de mi señor ha vuelto" – lo dijo sonriendo y mirando fijamente a Kagome, una mirada que ella conocía perfectamente y que le aterrorizaba. Él había sido la persona que la había mantenido sujeta mientras su padre la golpeaba y cuando la mujer pagada por su padre, le había roto el himen.

"Así es, avísale a mi padre… estoy seguro que pronto Sango estará con nosotros, llevaré a Kagome a una de las habitaciones de arriba"

La condujo a una habitación amplia pero sin amueblar, la soltó y Kagome sólo pudo irse al rincón más lejano que pudo. Saito le había informado a Kouga que el Conde Higurashi tardaría varias horas en regresar, pero que le mandaría un aviso para que lo hiciera lo más pronto posible, por lo que se quedaron solos.

"Bien, dime ¿dónde está Sango… Kagome?"

"No lo sé, ¿por qué rayos piensas que estoy aquí? Vine a buscarla. Sabes perfectamente que aquí esta Miroku… seguramente ustedes vinieron por la misma razón" – respondió Kagome.

"Si, esperaba que estuviera aquí. No puedo creer que haya huido así… ¿sabes lo que dirá la sociedad de nuestra familia?"

"Debe haber una razón poderosa Kouga, Onigumo obtuvo la custodia de nuestro sobrino, tal vez eso la orilló a huir"

"Papá la hubiera protegido de cualquier cosa… incluso de la estúpida familia Youkai, Onigumo no le hubiera hecho nada al bebé "

"¿Estúpida familia, Kouga? Si pensabas eso porque permitiste que Sango se casara con Totosai Youkai? Y tú sabes muy bien que ella siempre quiso casarse con Miroku"

"Por favor… Sango aceptó casarse con Totosai, no sería la primer mujer que habiendo una buena cantidad de dinero de por medio hubiera decidido casarse con otro hombre; Miroku no tiene nada, comparado a la fortuna de Yoikai, además papá…"

"¡¡Papá no es el hombre que todos piensan!!"

"¡¿Por qué lo dices?! ¿Porque trató de casarte con Onigumo? Por Dios Kaogme, ¡¡lo encontramos en tu cama!!"

Kouga pensaba lo peor de ella…

"Pensaba que Sango estaba contigo…, ahora si estoy preocupado" – dijo Kouga tratando de cambiar el tema – "de verdad, ¿no sabes dónde se encuentra?"

"No lo sé"

"Ya fuimos a preguntarle a Miroku… y también dice que no sabe dónde está, de hecho se preocupó mucho e iba a ponerse a buscarla personalmente pero lo convencí de que se quedara aquí por si ella lo buscaba… No entiendo porque Sango no acudió a nosotros" – hizo una pausa y se le quedó viendo directamente – "Tampoco entiendo porque diablos te acostaste con Onigumo"

"¡¡¡Yo no lo hice!!! ¡¡¡¡Maldición!!!" – Kagome gritó, recibiendo en respuesta una cachetada.

"¡¡Pero cómo puedes decir eso… yo te vi… en tu cama y con Onigumo desnudo a tu lado!!" – respondió Kouga muy alterado.

"Yo no invite a Onigumo a mi cama…" - respondió Kagome tocando su mejilla y con lágrimas en los ojos – "Odio a ese hombre…él se metió a mi cama sin mi consentimiento"

"Kagome… ¿por qué entonces no gritaste? ¿por qué no llamaste a los sirvientes?"

"Porque yo no me había dado cuenta, estaba dormida hasta que todos ustedes entraron en la habitación. Y por favor Kouga, no me digas que no me crees, cuando éramos niños Sango y tú se percataron de cómo duermo… recuerda cuando me hacías bromas aprovechándote de la forma en la que lo hacía"

Kouga recordó las múltiples bromas que le había gastado a su hermana y una leve sonrisa apareció en sus labios.

"Eso fue hace mucho tiempo, además ¿cómo lo pudo saber Onigumo? Y suponiendo que sea cierto, eso no cambia las cosas, debiste aceptar casarte con él. Además ¿Cómo iba a saber él que papá y otras personas los íbamos a sorprender en esa situación tan comprometedora?"

"Porque esa era su intención, obligarme a casar con él"

"Pero tú lo querías… no entiendo. Papá lo dijo"

"¡¡Papá…!!! – interrumpió lo que iba a decir para no provocar el enojo de su hermano – "Papá estaba equivocado, Onigumo no me gusta, ¿Por qué iba a querer casarme con él?"

"Eso quiere decir que ¿sigues siendo virgen?" – preguntó Kouga.

Kagome se quedó callada… no podía decir que aún lo era porque justamente la noche pasada había pasado estado con el hombre que amaba y no iba a mentir.

"No"

El dolor en el rostro de Kouga volvió a reflejarse, la tomó por los hombros y la sacudió.

"Vaya hermanita… veo que no has perdido el tiempo. Si no fue Onigumo, dime quien ha tenido el honor de ser el primero… lo mataré"

"No te lo diré"

Kouga la arrojó al suelo.

"¿Cuántos han sido? ¿Con cuántos te has acostado?"

Kouga la observaba con las manos cerradas, marcadas por el coraje que tenía hacia su hermana. Kagome pensó que la golpearía pero en lugar de eso se dio la vuelta y la salió de la habitación encerrándola con llave. Se puso a llorar, ni su propio hermano creyó en sus palabras y no lo podía culpar; su historia era totalmente absurda. Además ahora debía cuidar más que nunca que la intervención de Inuyasha no fuera descubierta, Kouga lo mataría. Debía escapar, estudió la construcción pero era imposible hacerlo. Seguramente iban a hacer que se cambiara de ropa y le darían uno de los horribles vestidos que parecían destinados a las aspirantes a monjas, muy recatados. Recordó entonces la carta que llevaba en una bolsa interior del saco, la carta de Kikio; debía esconderla. Se dirigió a un lado de la habitación donde estaba la pared un poco maltratada, era el único lugar en el que se le podía dejar algo.

Escuchó a lo lejos que el reloj marcaba las 2 de la tarde, esperaba que tanto Inuyasha como Miroku hubiesen emprendido el camino. Estaba muy cansada, casi no había dormido y habían cabalgado durante mucho tiempo por lo que se acomodó en el suelo y se quedó dormida.

Después de un rato sintió que alguien la movía, era Kouga, que tenía cara de preocupación.

"Sí que te duermes ¿eh?..."

"Ya te lo había dicho" – dijo Kagome tratando de despertar, pero lo que vio la dejó paralizada de miedo. Su padre estaba ahí y la observaba sin mostrar ningún sentimiento.

"Gracias Kouga, puedes retirarte" – dijo el Conde a su hijo.

Kagome observó a Kouga, suplicando en silencio que se quedara.

"Me gustaría quedarme papá, si en verdad Kagome sabe donde se encuentra Sango…"

El conde no contestó, simplemente se acercó a Kagome con su bastón en la mano.

"Me entristece mucho encontrarte en esta situación hija, huyendo de tu casa… y con esas ropas indecentes. Dime ¿has venido aquí para continuar deshonrando el buen nombre de la familia?

Kagome estaba aterrada, pero algo había pasado en su interior, ya no estaba paralizada como antes de su aventura.

"¿Por qué iba a deshonrar el hecho de ayudar a Sango a llegar hasta aquí? Como tú mismo piensas que he hecho"

El Conde Naraku Higurashi se dio cuenta de que había pasado algo con su hija, ya no era la chiquilla que conocía.

"Me molestó mucho que hayas persuadido a tu hermana a aventurarse a ésta alocada hazaña, seguramente fue a buscar mi ayuda a la casa y tú la convenciste que de vinieran por su cuenta. ¿Qué es lo que pretendes?" – dijo fríamente.

"Vine buscando a Sango, pensé que se dirigía hacia acá. Tal vez supuso que nuevamente prohibirías que se casara con él"

"¿Prohibir? Por favor hija, ella decidió casarse con Totosai"

"Eres un hipócrita… tú la obligaste… así como pretendías hacer lo mismo conmigo obligándome a casarme con Onigumo" – Kagome nunca le había hablado así a su padre, estaba segura que el castigo no esperaría.

El Conde sacudió la cabeza mostrando "tristeza".

"Extiende tu mano Kagome, con la palma hacia arriba" – dijo con toda la tranquilidad del mundo.

"Papá…" - trató de intervenir Kouga pero el Conde lo interrumpió.

"Hijo, lamento tener que hacer esto, pero debo corregir la conducta de tu hermana" – regresó su atención hacia su hija – "Obedece Kagome"

Kagome no tenía más remedio que hacerlo, pero iba a dejar en claro ante su hermano que no era la primera vez que su padre la castigaba físicamente.

"Si papá, ya sé que debo obedecer… me enseñaste muy bien desde la primera vez que me golpeaste cuando me negué a casarme con Onigumo".

Dio un paso al frente y mostró la palma de la mano, y el Conde la golpeó con su bastón muy fuerte. Sintió que la palma se le abría y lo único que hizo fue esconderla en el pecho, con lágrimas en los ojos por el tremendo dolor que sentía.

"Nunca vuelvas a hablarme de esa forma hija. ¿Dónde está tu hermana?"

"No lo sé"

El Conde utilizó su bastón para hacer que lo mirara a los ojos.

"¿Dónde la has visto por última vez?

"La vi en casa, hace como seis meses; antes de que diera a luz"

"Estas mintiendo hija"

"Kagome por Dios… dinos la verdad" – intervino Kouga.

De acuerdo, Kagome ya no iba a seguir mintiendo.

"Lo diré sólo si papá promete que permitirá que Sango se case con Miroku"

"Por supuesto que no, Sango está de luto" – respondió el Conde.

"Entonces promete que en el futuro los apoyarás"

El rostro imperturbable de su padre empezaba a mostrar su enojo.

"No prometeré nada, vas a decirme dónde está tu hermana, yo me ocupare de su cuidado"

"Claro… como cuando la obligaste a casarse" – Kagome no pudo reprimir contestarle así a su padre.

"Levanta la mano Kagome"

Kagome obedeció, el golpe acertó donde anteriormente le había pegado, el dolor era insoportable y no pudo evitar gritar. Sabía que el castigo apenas había empezado. Kouga no iba a apoyarla al haber aceptado que si sabía el paradero de su Sango y le había mentido. Además su padre la desconcertaba cada vez más ¿por qué su urgencia de encontrar a Sango? ¿Había algo más detrás de todo esto?

Kouga se acercó a Kagome tomando delicadamente la mano herida y llevándola lejos de su padre.

"¿Es verdad que te hizo esto para obligarte a casar con Onigumo?"

"Si, esto y muchas cosas más. Kouga por favor Sango está a salvo, en una casa decente y con cuidados. Además, ¿no te parece extraño el comportamiento de papá?" – dijo viendo que el Conde estaba hablando con Saito. Nada bueno iba a ocurrir.

"¿Te ha dicho dónde está? – dijo el Conde acercándose a ellos.

"Dice que está a salvo en casa de una buena familia" – respondió Kouga.

"Vaya, esto hace que me sienta mucho más tranquilo, ansío estrechar entre mis brazos a mi hija y a mi único nieto… dime dónde están Kagome"

Kagome negó con la cabeza.

"Hija… estas poseída por algún demonio, no tengo otra justificación para esta actitud. Dime ¿qué has hecho para poner en mi contra a tu hermana?"

"Yo no le he dicho nada" – Kagome sólo sentía como el bastón tocaba la parte expuesta de su mano, estaba esperando los golpes… se lo había dicho en aquella ocasión cuando la golpeó: pequeñas cantidades de dolor pueden quebrantar la voluntad más fuerte; pero con ella no lo había conseguido.

"Dime, ¿por qué mi hija no acudió a mí en busca de ayuda?"

"¡¡Por lo que me hiciste a mí!!"

El Conde se quedó callado, dirigió una mirada a su sirviente que salió de la habitación regresando casi inmediatamente dejando caer ropa en el suelo.

"Dejaremos que te vistas de manera apropiada, después continuaremos platicando"

Kouga dudaba salir de la habitación, pero se vio obligado por que su padre que lo tomó del brazo.

Al quedarse sola Kagome sólo observó su mano, estaba roja, apunto de sangrar. El daño no había sido tan brutal como la vez pasada, cuando el propio Saito había tenido que sostener el brazo en alto porque ella ya no tenía fuerza para hacerlo por los golpes que había recibido en las piernas, nalgas y espalda. Pero lo peor, era que ahora ya nada le impedía castigarla con mayor brutalidad, en aquella ocasión le interesaba no dejarle cicatrices porque el objetivo principal era casarla con Onigumo, pero ahora ya no había nada que lo detuviera.

Esto empezaba, su papá se había detenido para que Kouga no se diera cuenta del monstruo que tenían por padre.

Pronto estaría de regreso.

Continuará

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