Ramsus

Recuerdos de luna y mar

La luz de la luna que entraba por las largas y estrechas ventanas iluminaba tenuemente la enorme sala situada en el sexto piso del cuartel general de la marina. De pié, mirando por una de ellas hacia la inmensidad del mar, siempre en calma en esa zona, se encontraba el Vicealmirante Ramsus navegando a la deriva por sus propios pensamientos cuando dos golpes en la puerta lo hicieron regresar a la realidad.

-Adelante -dijo sin apenas inmutarse.
Un joven de apenas 18 años con la camisa blanca, un pañuelo azul al cuello y una gorra con el símbolo de la gaviota que apenas dejaba ver sus ojos entró de forma nerviosa, casi asustada en el despacho. Hizo el saludo militar y comenzó a hablar atropelladamente del estado de los preparativos de la misión hacia el escritorio vacío del vicealmirante. Ni siquiera lo había visto.
-Vicealmirante Ramsus, señor, los miembros del equipo de carpinteros informan que tras la última inspección, su galeón personal, el Saint Andrews, está listo para zarpar del muelle principal. Los hombres que el capitán Kitakaze ha seleccionado para la misión en su nombre están preparando sus pertenencias para zarpar tal y como usted ordenó. En cuanto a las municiones especiales, nuestros artilleros casi han… -justo en ese momento, el joven marine se percató de que estaba hablando con un escritorio vacío, y se quedó completamente paralizado.
-¿Sabe por qué el nuevo galeón se llama Saint Andrews, soldado? –el vicealmirante abandonó su posición junto a la ventana y comenzó a avanzar lentamente hacia el marine, que no había podido evitar dar un respingo del susto al oír a su superior- hace mucho tiempo, cuando no era más que un soldado del cuerpo de mecánicos, yo viajaba en un acorazado con el mismo nombre que naufragó en la tormenta mas terrible que jamás haya presenciado, haciendo que cientos de marines perdieran la vida en alta mar. Sin embargo, un diminuto y frágil bote de remos consiguió que unos pocos nos salvásemos de la muerte segura aquel fatídico día. Le debo la vida a aquel barco, y el nuevo galeón, diseñado por mí hasta el último tablón, lleva su nombre como homenaje, con la esperanza de que no haya tormenta, batalla, ni rey del mar que consigan hacer que deje de navegar. El segundo mejor barco que he diseñado… -Ramsus levantó levemente la mirada y se quedó en silencio.
-¿Cuál fue el primero señor? –preguntó el marine con gesto curioso.
El vicealmirante, bastante más alto que su acompañante, bajó la cabeza y miró fijamente al muchacho, sin variar ni un ápice la seriedad que siempre marcaba su rostro.
-¿Y bien? ¿Qué pasa con nuestros artilleros? ¿Han acabado la munición que les ordené? –preguntó finalmente.
-Eh… ah… si! Los artilleros… dijeron que necesitarían un día más para acabar. –al joven soldado le costó volver a recordar el informe que traía en un principio, y tragó saliva tras hablar.
-Hmmm… dígales que tienen cinco horas para terminar. Ni un minuto más. Puede retirarse soldado.

El chico tardó un momento en asimilar las palabras de su superior y a continuación salió a toda velocidad del despacho del vicealmirante, que quedó de nuevo silencioso y levemente iluminado por los rayos de luna que entraban por las ventanas.
Aprovechando su recién recuperada soledad, Ramsus caminó despacio hacia una estantería llena de libros de carpintería de barcos, navegación y tácticas militares entre otros y cogió un viejo tomo de entre todos ellos, "Tratado sobre la pesca restringida en los archipiélagos de South Blue". Una vez lo tuvo en sus manos, lo abrió por la mitad y una pequeña llave calló al suelo. El vicealmirante puso el libro donde estaba, recogió la llave y se encaminó hacia su escritorio donde con ella abrió un cajón cerrado con un candado.
Hacía ya muchísimo tiempo que no abría ese cajón, pero si algún momento era el adecuado para volver a hacerlo sin duda era ese. Dentro, unos cuantos papeles enrollados y amarillentos estaban tal cual se quedaron la última vez que los vio. Desenrolló algunos de ellos y no pudo evitar esbozar una sonrisa al volver a verlos: Los planos de su mejor barco, el que se alzó con el tesoro más grande que había conocido, el barco de los Dark Hunters. Pero al fondo del cajón esperaba un papel más. Uno mucho más desgastado que todos los demás, hasta el punto que pareciera que iba a romperse con tan solo tocarlo. Pero no sucedió cuando Ramsus lo agarró y lo estiró para volver a verlo después de tanto tiempo.

"Ramsus el mecánico de barcos 346 millones de Berries"

Durante unos segundos, el vicealmirante sostuvo ese cartel en sus manos de pie en la soledad de su despacho, mirándolo fijamente con gesto serio. Aquella foto de su cara, aquel cartel y los planos le traían muchos recuerdos, y los atesoraba todos juntos dentro de aquel cajón de su escritorio de vicealmirante. Sin embargo había llegado el momento de anteponer definitivamente el deber a todo aquello. Jugar a ser pirata había estado muy bien, pero ahora era un marine con una misión y no iba a descansar hasta que la cumpliese.
Volvió a poner todo en su sitio, cerró el cajón con el candado y justo cuando iba a volver a guardar la llave en el viejo tomo, se detuvo un instante y cambió de opinión. A partir de ahora, la llave iría colgada en su cadena del cuello, al lado del colgante de oro con forma de papiro. Una vez hizo esto, terminó de recoger sus cosas, cogió su capa con la palabra "justicia" escrita en la espalda, la puso sobre sus hombros y abandonó el solitario despacho. Sabía que no volvería a verlo en mucho tiempo. No hasta que el capitán pirata Long Jhon Silver fuese capturado por él mismo.
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Seis días habían pasado desde que el Saint Andrews y el resto de navíos saliesen del cuartel general. Un día más y estarían fuera de la Calm Belt para entrar en Grand Line, en la zona del Nuevo Mundo.

-¿Crees que su Akuma no mi es tipo Zoan o Paramecia? -el capitán Kitakaze se acercó al vicealmirante Ramsus mientras éste miraba por la proa del barco con un catalejo.
-¿De qué demonios estás hablando?
-De la teniente Ailing, la de las alas blancas. Algunos hombres dicen que sus alas surgen de su espalda como si fuese un ángel, lo que la convertiría en Paramecia, pero otros sostienen que si quisiese podría convertirse en pájaro totalmente, signo de una Zoan. ¿Pero qué tipo de pájaro sería?
-¿Y se supone que yo debo saberlo? –dijo Ramsus algo contrariado por la pregunta- Sabes que las Akuma no mi y yo nunca nos hemos llevado muy bien. Si queréis saber cual es la fruta que probó, preguntádselo a ella directamente, pero tendrá que ser hoy, porque según tengo entendido y si no ha habido cambio en los planes se irá al amanecer.
-Por lo visto traía un mensaje de parte de Terreis, no? –volvió a preguntar el capitán Kitakaze.
-Sí, traía un mensaje de la "Almirante Alira" –contestó Ramsus poniendo especial énfasis en esa última parte- y ya le he pedido a la teniente Ailing que le lleve mi contestación. Aunque su rango sea superior al mío, no le será nada fácil superarme en el número de capturas, tenlo por seguro. Y más cuando están en juego esos magníficos zumos…
-¿Perdón?
-Eh? Nada, olvídalo. Tan solo quería decirte que no utilices el sobrenombre que utilizó la almirante cuando éramos piratas, ya que puede traerte problemas por aquí, viejo amigo.
-En cuanto a la misión, aún me cuesta creer que Silver haya regresado. –Kitakaze cambió de tema de forma burlona- Pero si los altos cargos lo dicen, entonces es más que un simple rumor. Es como si el pasado volviese para pedirnos cuentas.
-Yo no tengo nada pendiente con mi pasado –respondió Ramsus mirando de nuevo al frente- no me arrepiento de nada de lo que hice, ya que tan solo cumplí con mi deber, como ahora mismo.
-¿Crees que Silver volverá a por ella?
-¿Te refieres a la almirante Alira? Seguro que sí, ellos sí que tienen cuentas pendientes, pero para algo estoy yo aquí. Nada le sucederá a ella mientras yo siga navegando, la protegeré con mi vida si es necesario. Así fue antes, así es ahora y así será siempre.
Pero nuestra misión es adelantarnos a sus pasos. Antes de actuar contra nosotros, el capitán Silver tratará de reunir de nuevo a sus nakamas y nosotros estaremos ahí para impedirlo. –Los ojos del vicealmirante parecieron iluminarse en ese momento.
-Te noto muy motivado para esta misión, amigo.
-¿Sabes? En la época en la que nuestra banda y la de Silver navegaron por el mismo mar, tan solo hubo una única cosa que no pude lograr: Enfrentarme cara a cara con él y con su mano derecha Mijok en un duelo de honor. Y por fin tendré la oportunidad de arreglar eso. Estoy impaciente porque llegue ese momento.
-Ya veo -El capitán Kitakaze puso una mano en el hombro de su antiguo nakama y se alejó de él caminando por la borda del Saint Andrews.
-Kitakaze, espera –el vicealmirante Ramsus lo volvió a llamar desde la proa del barco y éste se giró hacia él- ¿Tu crees que me estoy poniendo fondón?