Ramsus
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Encuentro en Isla Behrish
El ruido del chocar de espadas y los gritos parecían llenar toda la cubierta del Saint Andrews. En el centro de ésta, un corpulento y velludo sargento con cara de bruto se enfrentaba con su enorme espada al florete del vicealmirante Ramsus en un combate de entrenamiento bajo un sol de justicia, ante la atenta mirada de un enorme grupo de marines que animaban sin cesar. Sonidos que desaparecieron casi al instante cuando el arma del sargento salió volando.
-No! Ha vuelto a cometer el mismo
error, sargento. –la voz de Ramsus sonaba fuerte para que lo oyeran
todos los allí presentes- Se fía demasiado de su fuerza y descuida
la técnica por completo. El posicionamiento de sus piernas deja
mucho que desear y su defensa es casi nula. Lo apuesta todo al
ataque, pero sin embargo contra mí no ha podido atacar ni una sola
vez.
El vicealmirante bajó su arma rápidamente y se dirigió a
sus hombres:
-Este combate es un claro ejemplo de la preparación
que debe tener un buen marine. Al igual que en combate un equilibrio
perfecto entre ataque, defensa y técnica llevan a la victoria, en
nuestra vida debemos alcanzar el equilibrio perfecto entre cuerpo,
mente y espíritu. Tan solo así podremos estar preparados para
cualquier situación y actuar de forma adecuada según ésta lo
requiera, y no agarrotados por nuestras propias limitaciones. –Ramsus
miró a sus hombres un instante antes de continuar- Pero al igual que
en un combate nuestra arma es el instrumento para alcanzar la
victoria, en nuestra vida el honor será nuestra arma para alcanzar
la justicia. ¿Entendido?
-SI!! SEÑOR!! –todos los marines
contestaron al unísono.
El vicealmirante contestó con un gesto de asentimiento y dio por terminado el ejercicio, no sin antes agradecer al sargento su inestimable ayuda en él. Tras esto, se retiró a prepararse para la inminente llegada al primer destino de la flota: Isla Berhish.
-Mírate, ni siquiera te has arrugado
la camisa. –el capitán Kitakaze salió al encuentro de su viejo
amigo cuando estaba a punto de entrar en el camarote- Me podías
haber dejado el entrenamiento a mí.
-La próxima vez, si
quieres. Hoy me apetecía hacer algo de ejercicio. Además, los
piratas que capturamos hace tres días fueron todos para ti, no sé
de qué te quejas.
-¿Te apetecía hacer ejercicio o desahogarte
por las últimas noticias que recibimos por el Den Den mushi?
–preguntó Kitakaze en tono burlón.
-Calla, no me lo
recuerdes. El capitán Bocanegra y su flota de casi 300 hombres
capturados por la flota de la Almirante Alira en el segundo cruce de
Red Line. –contestó Ramsus en tono resignado mientras se sentaba
en su escritorio- ¿Cómo demonios puedo competir contra eso? Ya me
estoy imaginando las carcajadas que se estará pegando a mi costa.
-Quizá en Berhish puedas desquitarte.
-No. En esa isla no
vamos a capturar a ningún pirata de poca monta, si no a ocuparnos de
una vez de nuestra misión principal. Esa isla será nuestro primer
paso.
A la llegada del caluroso atardecer, una estrecha
piedra con forma de cuña apareció en el horizonte, y tan solo una
hora después, el Saint Andrews llegaba a la playa de isla Berhish.
Esta curiosa isla no era más que una ciudad que comenzaba en la
playa y que ascendía en una empinada cuesta hasta la parte alta de
la rojiza piedra, donde se cortaba bruscamente y comenzaba un
impresionante acantilado por su parte trasera. En el centro de la
cuesta había unas inmensas escaleras en las que comenzaban todas las
calles y que acababan en una pequeña plaza situada en lo mas alto,
en la que se encontraba la mansión del gobernador de la isla y
algunas más de la gente adinerada de Berhish.
Cuando el barco
amarró, el vicealmirante dio el resto de la tarde y la noche libre a
sus hombres, y le pidió al capitán que lo acompañara.
-¿Y
bien, me vas a decir de una vez a qué hemos venido aquí? –preguntó
Kitakaze.
-Hemos venido a encontrarnos con alguien que nos puede
dar una información muy valiosa sobre el paradero de Silver y del
resto de sus nakamas, y que vive en esta isla.
-¿Y donde lo
vamos a encontrar?
La única respuesta del vicealmirante fue
mirar hacia otro lado y señalar con el dedo. Los peores presagios
del capitán se habían cumplido: En lo más alto de la isla.
La
noche empezaba a caer cuando los dos marines llevaban ya tres cuartas
partes de la escalera recorrida. Ninguno de los 2 reconocería jamás
el tremendo esfuerzo que estaba resultando para ambos subirlas, y
mucho menos cuando muchos ciudadanos curiosos les estaban mirando
desde las ventanas o las calles. Para hacer menos pesada la escalada,
los dos continuaban hablando.
-Aún no me has dicho el nombre
del tipo con el que vamos a encontrarnos. –dijo resoplando
Kitakaze.
-Lo sé. Pero todo tiene un motivo. No quería que
nadie más lo oyera, ni siquiera nuestros hombres. –la voz
entrecortada de Ramsus comenzó a desvelar el misterio- Quizá no lo
recuerdes, pero cuando tomamos parte en la guerra pirata, tu y yo no
fuimos los únicos "extraños" en ella. Había otro más, una
tercera persona que entró a formar parte de la tripulación de
Silver para poder controlarlo de cerca. Aquel tipo era un espía del
gobierno, agente de uno de los Cipher Pol, sigiloso, listo, discreto
y con una habilidad increíble para colarse en cualquier sitio. Tal
era la fama que tenía gracias a esa habilidad, que todos los que lo
conocían lo llamaban "El Polizonte".
-¿El Polizonte? Creo
que me suena… ¿Y él estaba de nuestra parte también?
-Ese es
el problema, jamás llegamos a saberlo del todo. Cuando la guerra
acabó, él se esfumó sin más, y me ha costado un esfuerzo tremendo
encontrar su paradero. Pero tras mucho intentarlo, supe que se vino a
vivir aquí, a una gran mansión comprada con la parte que le
correspondió de los botines de Silver y su sueldo como espía del
gobierno.
-Entiendo… -El capitán puso un gesto pensativo
durante un momento, hasta que lo cambió por uno de alivio al mirar
al frente- Por cierto, hablando de esfuerzos tremendos, creo que al
fin llegamos.
- Oh, vamos –el vicealmirante Ramsus se paró un
instante para colocarse la camisa y miró sonriendo a su viejo amigo-
No me digas que estas cansado!
La casa que tenían ante ellos era imponente, casi tan grande como la del gobernador. Tenía columnas de mármol a la entrada y estatuas del mismo material en el amplio jardín, que cruzaron los dos oficiales hasta llegar a la puerta, donde llamaron al timbre. Tras esperar unos instantes, la puerta se abrió y tras ella apareció la figura de un hombre joven vestido de manera informal.
-Ramsus, sabía que si alguien debía encontrarme serías tú. –dijo nada más recibirles- Me temo que ha llegado el momento de que termine de sellar mi pasado. Adelante, podéis pasar.
La conversación continuó en el ostentoso salón principal de la casa.
-Vaya, veo que no le
ha ido nada mal en la vida, señor Nack Green –dijo Ramsus mirando
los cuadros de las paredes- Mucho mejor que cuando eras "el
Polizonte".
-A ti tampoco te queda mal esa capa, "Ramsus el
mécanico de barcos". Vicealmirante, no está nada mal. ¿Qué te
trae por mi humilde morada?
-Si sigues siendo la persona que
solías ser –contestó Ramsus- lo sabrás perfectamente.
-Por
supuesto –dijo Nack sonriendo- si me retiré a esta isla, fue para
que el que fuese capaz de encontrarme tuviese que superar una última
prueba subiendo esas infernales escaleras. Yo no lo hago, para eso
tengo a mis sirvientes. ¿Una copa?
-No, gracias –contestó
Kitakaze muy serio.
-Como queráis -Nack se sirvió una para él-
Pero como bien has adivinado, estar aquí alejado de todo no ha
mermado mis habilidades, y he estado preparándome para este momento.
Veréis, nosotros tres somos muy parecidos. Hemos fingido ser quienes
no somos, cada uno con un objetivo distinto, pero ahora cada uno debe
tomar su camino y yo ya he decidido el mío: Tras esta reunión no
volveré a tomar parte en ninguno de los dos bandos.
Nack se
levantó y cogió un papel de un pequeño cofre.
-Ramsus, yo desde siempre serví al gobierno. Era capaz de hacerme pasar por cualquier persona, ganarme la confianza del peor de los criminales para después destaparlo ante los ojos de la justicia sin el menor remordimiento… Pero con Silver fue distinto. No sé que tenía aquel hombre, aquella tripulación, que me hicieron sentirme como jamás me había sentido. Por primera vez en mi vida, me hicieron sentirme libre y querido. Tal fue ese sentimiento, que una vez llegó la hora de la verdad, de hacer que Silver cayese en manos del gobierno de una vez por todas, por primera vez en mi vida me sentí incapaz de cumplir con mi trabajo. Por eso salí corriendo y me escondí aquí. Me debatí durante demasiado tiempo entre el deber y la amistad y no pude soportarlo. Pero durante este tiempo he podido reflexionar, y he llegado a la conclusión de que esto es lo mejor que puedo hacer. –Nack le entregó el papel a Ramsus- En ese papel, encontrarás la clave para ir a por Silver. No encontrarás mas ayuda en mí. Lo que tenga que pasar pasará, pero será entre Silver y tú. Yo ya no quiero tener nada más que ver con esto. Espero que lo comprendáis.
Nack agachó la cabeza y se apoyó en la pared, justo al lado de la ventana. Mientras, sentado en su butaca, el vicealmirante Ramsus desdobló la hoja de papel y la leyó con detenimiento. Al fín había llegado la clave que estaba buscando. Ya sabía por donde debía empezar.
-Satsuma, ¿eh? –una ligera sonrisa apareció en su cara- Perfecto…
