Ramsus
Encuentro Inesperado
Un sonido fuerte y seco retumbó en el
camarote del vicealmirante Ramsus mientras el capitán Kitakaze
observaba aliviado como el Den Den Mushi de la mesa dormía
plácidamente tras la ajetreada conversación y la forma "poco
delicada" de colgar el auricular que había tenido su viejo amigo.
-Entiendo que esa conversación con el tal Satsuma te haya
emocionado –dijo- pero no hace falta que maltrates al pobre bicho.
-Está perfectamente. -Ramsus se detuvo un segundo para mirar al
Den Den Mushi- ¿Sabes? Ese tipo me ha dicho que quien soy yo para
meterme en sus asuntos! ¿Pero qué se ha creído? Un pirata que ha
tenido la desfachatez de infiltrarse en la marina, que se sabe
descubierto y aun así se permite esos aires. Hoy en día le dan el
puesto de capitán de la marina a cualquiera –bufó el
vicealmirante mientras se levantaba.
-OYE!!
-Eeehh… bueno,
tú ya me entiendes. Además, lo que debes hacer es capturar a más
piratas para subir en el escalafón. El rango de Capitán nunca me ha
gustado.
-Si, pues como todos los que nos encontremos sean igual
que los últimos, ataditos en su propio barco sin poder ni moverse, a
este paso creo que me degradan.
Kitakaze levantó levemente la mirada al recordar a los piratas que encontraron dos días atrás, atados y amordazados dentro de su propio barco, y de como cuando pudieron hablar dijeron que habían sido atacados por seis piratas que decían ser los Outlaws. Desde entonces Ramsus estaba muy irascible, algo totalmente extraño en su tranquila forma de ser, y comenzaba a preocuparse de que sus hombres empezasen a notarlo.
-¿Por qué diablos no me dices qué te pasa? –preguntó
Kitakaze tras dudar unos instantes mientras miraba al pensativo
Ramsus. Este se quedó un momento sin moverse, como si no hubiese
escuchado nada, hasta que contestó sin apenas cambiar su expresión.
-Es solo que… no lo entiendo. –El vicealmirante se detuvo de
nuevo unos instantes- Desde que hablamos con el Polizonte, hemos
estado siguiendo la pista de Silver casi a la perfección: La
localización de Satsuma, las múltiples informaciones llegadas desde
isla Camarón, los piratas de hace un par de días… Pero ni rastro
del Caledonia. ¿Cómo es posible?
Ramsus comenzó a extender las
todas las cartas marítimas que había sobre su escritorio y a
señalar la ruta seguida hasta el momento.
-Fíjate bien. Una,
dos, tres islas… Silver navega por estas aguas como si fuesen
suyas. No respeta los tiempos de carga de un Log Pose para seguir
navegando, nadie lo ve en alta mar, se arriesga a entrar en isla
Camarón aun a sabiendas de que todos sus habitantes poseen las
lenguas menos discretas de Grand Line y aun así logra desaparecer…
¿Cómo lo hace? Parece como si "algo más" estuviese ayudándole
a navegar, pero no logro saber qué es. Y eso me hace sentir muy
intranquilo…
"Mas bien diría que te hace parecer temible"
pensó el capitán al ver como se ensombrecía el rostro de Ramsus.
-Ah… bueno, no te preocupes. –acertó a decir- Yo creo que
este barco es el mejor que he visto desde que salí al mar con un
bote por primera vez. Puede que el Caledonia tenga una especie de
"magia protectora" o algo así que les hace correr como si
huyesen del mismo infierno, pero si algo en este mundo puede
detenerlos, sin duda es el Saint Andrews y sus tripulantes.
-Je,
gracias amigo –contestó Ramsus con una leve sonrisa.
-Y bien
¿qué piensas hacer con Satsuma?
-Cierto… bueno, por él no te
preocupes. Ya lo tengo todo pensado...
"SEÑOR!! SEÑOR!!"
Las voces y los pasos ajetreados de unos marines se oían por el
pasillo de camino hacia el camarote, pero Ramsus y Kitakaze les
interceptaron en el pasillo. Eran dos marines, uno bajito con el pelo
rubio y bien peinado y otro mas corpulento y de piel muy oscura. Los
dos iban perfectamente uniformados y sus caras reflejaban una extraña
mezcla de preocupación y… alegría.
-¿Qué ocurre? –preguntó
el capitán.
-Capitán Kitakaze, señor. Hemos divisado un
diminuto islote a unas pocas millas a estribor en el que hay personas
pidiendo ayuda!
-¿Piratas?
-Civiles, señor. Parece un
naufragio!
-¿Un naufragio dice? –Ramsus tomó la palabra-
dígale al equipo de navegantes que pongan rumbo al islote
inmediatamente, orden directa del vicealmirante.
- SI SEÑOR!!
–Los dos marines gritaron al unísono y salieron corriendo con una
amplia sonrisa de oreja a oreja. Los dos oficiales se miraron
extrañados.
"Ahora lo entiendo todo" pensó Ramsus al asomarse por la borda del Saint Andrews apenas un minuto después de haber llegado a la playa, poco antes de la hora del almuerzo, cuando el sol más apretaba. Aquel islote de apenas quince metros de diámetro tenía tan solo 2 palmeras inclinadas cada una hacia un lado, 3 grandes piedras y un montón de trozos de madera y tela esparcidos por todas partes. Pero sin duda alguna, lo que llamaba poderosamente la atención de todos sus hombres eran las cinco preciosas mujeres que se encontraban en aquel sitio. Todas jóvenes y hermosas, sus ropas estaban demasiado destrozadas como para apenas tapar nada y estaban increíblemente contentas por haber sido rescatas, hasta el punto de que una de ellas, una preciosidad de cabellos rojos y ojos verdes, se abrazó al cuello del vicealmirante cuando éste llegó a su encuentro.
-Ah… saludos, señoritas
–Ramsus empezaba a ponerse colorado tras el efusivo saludo de la
chica- Soy el vicealmirante Ramsus de la marina. Parece que están en
problemas…
-Gracias a los cielos que por fin alguien ha venido
a rescatarnos! Y nada menos que un barco de la marina! Llevamos 2
días aquí desde que fuimos sorprendidas en nuestro velero por una
tormenta que nos hizo naufragar.
-¿Alguien más viajaba con
ustedes?
-No. Por suerte todas sobrevivimos, pero creíamos que
ya no duraríamos mucho más en este sitio tan pequeño.
-Comprendo.
–Ramsus miró a su alrededor, y pudo ver a todos sus hombres
mirando ensimismados a las 5 chicas desde lo alto del barco, incluido
el capitán.- Nuestro deber es escoltarlas hasta la siguiente isla
habitada que encontremos en nuestro trayecto. Durante el tiempo que
permanezcan en nuestra embarcación se les proporcionará ropa y
comida. Si no tienen inconveniente, claro.
-Por supuesto que no!!
Muchas gracias!!! –La chica pelirroja volvió a abrazar a Ramsus
por el cuello y le dio un beso en una mejilla mientras las otras
cuatro gritaban de alegría.
"BIEN!!" Al menos una veintena
de hombres desde el barco no pudo contener su alegría por tener a
tan "ilustres" invitadas en él.
-Me llamo Mary –dijo
la chica pelirroja a un montón de marines arremolinados junto a
ella- y estas son Linda, Elizabeth, Lucy y Soleil. Encantadas!
Había
pasado cerca de una hora desde que el Saint Andrews hubiese vuelto a
zarpar desde el islote y todo estaba revolucionado en el barco. Los
hombres tan solo tenían ojos para sus nuevas huéspedes e intentaban
cualquier cosa para tratar de estar cerca de ellas.
-¿QUÉ ESTÁ
PASANDO AQUÍ? –La voz del vicealmirante sonó atronadora por toda
la cubierta, y un silencio sepulcral se apoderó del barco- Quiero
que me escuchéis bien. No quiero ver a nadie, absolutamente nadie,
abandonar su puesto y sus tareas en el barco hasta que lleguemos a la
siguiente isla. Todo aquel que desobedezca esta orden no volverá a
vestir el uniforme de la marina en el resto de su vida. ¿QUEDA
CLARO?
-SI SEÑOR!!!
Al instante, todos los marines algo
avergonzados comenzaron a moverse rápidamente hacia sus tareas y en
cuestión de un minuto todo había vuelto a la normalidad. Por su
parte, Ramsus se acercó a las cinco chicas, que se encontraban en
medio de la cubierta. Mary salió a su encuentro.
-Lo… lo
siento. Nosotras no queríamos…
-No importa. –Ramsus cortó
su frase y le hizo una seña a Kitakaze para que se acercase- Por
favor. Les pido que vayan a sus camarotes. Ya están preparados, y
creo que necesitan descansar después de dos días en ese islote. El
capitán Kitakaze les enseñará enseguida las zonas comunes del
barco que tendrán a su disposición.
Las chicas asintieron con la cabeza y se encaminaron hacia la puerta que llevaba al interior del barco, situada a la espalda del vicealmirante, seguidas por Kitakaze. Una a una fueron pasando a su lado hasta que lo hizo el capitán. Ramsus lo agarró por el hombro justo cuando se cruzaban.
-Kitakaze, quiero que vigiles a esas chicas muy de cerca.
–dijo con una voz muy seria.
-Por supuesto señor –contestó
el capitán de forma burlona y con una sonrisa de oreja a oreja.
-Te
lo digo muy en serio. Estas chicas nos van a traer problemas.
-¿Tu
crees? –Kitakaze giró la cabeza hacia un lado para mirar al
vicealmirante- Si lo dices por los chicos, creo que ya han…
-No.
No lo digo por eso. Escúchame bien: Esas chicas no son quien dicen
ser. No han sido víctimas de ningún naufragio.
-¿Y como puedes
saber eso? –preguntó contrariado el capitán.
-Porque yo ya
estuve en uno.
